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miércoles, 1 de noviembre de 2017

OCTUBRE 1917: ¿ERA CORPORATIVISTA LA URSS?

Sí, sí lo era, al decir del economista egipcio Samir Amin en Octubre 1917. "(...) el PC (partido comunista), dice Amin, organizaba redes clientelares populares (para la distribución y el control de todas las ventajas sociales, incluso de las más pequeñas), paralizando de este modo su eventual rebelión". El economista compara este sistema al que existió en diversos países del Tercer Mundo, aunque, agreguemos, los valores soviéticos heredados del periodo Lenin-Stalin fueran otros: "en este sentido, escribe, este tipo de partido no era en absoluto diferente, en cuanto a su naturaleza, a muchos de los partidos únicos del Tercer Mundo, que cumplían las mismas funciones (con la etiqueta del nacionalismo radical, como en el caso del nasserismo, del FNL argelino y el Baaz, o incluso sin esta etiqueta). "Este tipo de ejercicio de poder, prosigue, que divide a las clases populares mediante el clientelismo, tiene un efecto despolitizador, cuyos estragos no conviene subestimar. Los hechos demuestran hoy que esta despolitización en la URSS es de una amplitud tal que las clases populares creen que el régimen del que se han desembarazado era socialista, y por ello aceptan ingenuamente que el capitalismo 'será mejor...'. Todos los partidos que siguen este modelo se hunden como un castillo de naipes cuando sus dirigentes pierden el poder del Estado: nadie está dispuesto a arriesgar su vida para defender a un aparato de este tipo. Es por ello que las luchas en la cúpula de este tipo de partidos adoptan siempre la forma de revoluciones palaciegas sin intervención de las bases que, indefectiblemente, aceptan el veredicto del que resulta vencedor".
     En efecto, nadie se movió en la Unión Soviética para defenderla cuando cayó y son muchos los que aceptaron el veredicto del nuevo vencedor, sobre todo en lo ideológico, desde Boris Yeltsin hasta la actualidad. "La paz social, considera Amin, fue 'comprada' con la moderación del ejercicio de poder -que nunca dejó de ser autocrático-, con la mejora de las condiciones materiales y con la tolerancia respecto de las desviaciones 'ilegales", como ocurre hasta ahora en la Federación Rusa. ¿Qué sucedía? "La fachada de autocracia -escribe Amín- enmascaraba la realidad: un poder asentado en la resolución 'pacífica' de los conflictos corporativistas y que sabía gestionarlos", al igual que hoy.
     ¿Quienes componían las clientelas que negociaban entre sí? Los dirigentes de empresas (podían ser varias en un combinado) con sus sindicatos, que creaban "bloques regionales" y se enfrentaban en distintos niveles: "estos 'bloques', escribe Amín, se enfrentaban unos con otros a todos los niveles: en las 'negociaciones' ('regateos') entre los ministerios y los departamentos del Gosplan (planificación estatal), en las relaciones cotidianas con las empresas de los otros combinados (...) El poder autocrático se disputaba en el seno de una clase dirigente entre los representantes de los bloques corporativistas".
      Lo señalado explica que alguien como el extinto Boris Yeltsin, desde "su" región, haya sido un producto del sistema soviético de posguerra, al igual que Mijaíl Gorbachov (cada uno con su clientela en su momento), y que también lo sea, aunque en otra dirección (sobre todo en política exterior), el actual mandatario Vladimir Putin, que no es extraño a las contradicciones del sovietismo (dicho sea de paso, las agencias rusas de noticias Russia Today en Español y Sputnik Mundo no son para nada ajenas al clientelismo). En todos los casos, la población rusa se ha mostrado apolítica mientras "le gestionan" y aseguran ventajas mínimas y movilidad, si bien Putin por sí mismo tiene más adeptos en pequeñas y medianas ciudades que en el mundo de los oligarcas y del enriquecimiento desenfrenado. En sí, el "sistema" no se ha caído.