A veces, la familia sirve de justificación sin que haya necesidad, sin embargo, de hacerla pasar por encima del interés público, y menos cuando se tiene, justamente, un cargo público. A veces se acepta este tipo de situación porque, como era común en la familia latinoamericana, había que anteponer a "la señora de la casa", para devolverle los favores recibidos e incluso agradecerle la "tolerancia", además de hacer algo por "sus" hijos, salvo la excepción de la hija mujer. Es un pacto de intereses bastante tradicional, y termina reflejándose en los hijos y su sentido del privilegio. Es frecuente en la izquierda, no nada más en ciertos burdos clientelismos de los "demócratas liberales". Cierto grado de lucidez se contrapone con la actitud del día a día: solidaridad -es un decir, porque se trata de complicidad, que es otra cosa- dentro del privilegio, hasta hacerse incluso un linaje, e indiferencia hacia afuera del clan cuando ya es de "enchufados" o "colocados".
Uno que otro golpe de suerte puede ayudar, pero está limitado. El sentido del deber no implica por el privilegio alguna licencia para la deslealtad. En fin, este no es un lugar de "chivatos". Pero sí hay que decir una cosa, dado que la política exterior actual de Estados Unidos está destinada expresamente no a "confrontar", sino a "disuadir" a China. Durante los '80, cuando ya se hablaba de decadencia de Estados Unidos, algunos creyeron que el próximo "hegemón" era Japón. Dos administraciones Republicanas, la de Ronald Reagan y la de George H.W. Bush, se encargaron de la "disuasión" contra Japón, además de deshacerse de líderes incómodos. Ya ha habido ocasión de hablar del tema y de cómo fue negado por gran parte de la izquierda panameña, que se "focalizó" donde los medios de comunicación centraron la atención: que si Manuel Antonio Noriega sí o si no.
En este sentido, no era necesario dar por hecho que, en 1981, el general panameño Omar Torrijos había muerto en un accidente de aviación, porque no es totalmente seguro o probado que así haya sido. Tiempo después, el "sicario económico" John Perkins afirmó que, luego de intentos fallidos por sobornar a Torrijos, para que no tratara con los japoneses y privilegiara a los estadounidenses, entró en acción la CIA (Central de Inteligencia Americana) y colocó en un corto vuelo del general una bomba en la grabadora del avión. El hermano de Torrijos, Moisés Torrijos, sostuvo que fue un atentado parte de un plan llamado "Halcón en vuelo". En cuanto a Manuel Antonio Noriega, presentó pruebas de los intentos de la CIA por asesinarlo y por asesinar a Omar Torrijos. Pero si alguien está "quemado", el privilegio supone desentenderse de aquél, tal vez porque, como le gustaba repetir al presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, "la calumnia no quema, pero tizna". Suficiente para pegarse un poco del calumniador y alejarse del "tiznado". Como sea, es muy llamativo el parecido entre lo sucedido con Torrijos y con Jaime Roldós, presidente ecuatoriano que se enfrentó a Estados Unidos (avionazo en 1981, también) y Samora Machel, líder histórico de Mozambique (avionazo en 1986). Tres avionazos muy similares, yendo el aparato a dar en un cerro en circunstancias no claras. Este fue en su momento el lado sórdido de la CIA con los Republicanos. El caso de Machel, reabierto en 1996, es el que se acercó más a la verdad en un informe sudafricano de 1998. El panameño Julio Yao agrega otro caso (no por avionazo): el del premier japonés Masayoshi Ohira (pro-China y a favor de otra forma de suministro energético para Japón). Los Republicanos estadounidenses no fueron especialmente amigables y, como ya ha habido ocasión de decirlo, no carecen de "halcones" brutales.
Los Republicanos no están exentos de volteretas, e Irán tampoco, puesto que durante el caso "Irán-Contras", a mediados de los '80, se brindaba armas al mismo Irán -a través del coronel Oliver North- para con el dinero financiar a la "Contra" nicaraguense. North era otro "halcón" (tomó parte en la invasión de Granada en 1983 y en un ataque a Libia en 1986) En perspectiva, los enredos de Estados Unidos en el Caribe y con Irán no son la última ocurrencia del presidente estadounidense Donald Trump, a la espera de saber si resuelve concluir con asuntos que no tienen que ver con MAGA (Make America Great Again), movimiento hoy dividido. Encima, todavía puede Trump seguir a otro "halcón", el secretario de Estado Marco Rubio.
Frente a lo anterior, la "soberanía panameña" no resistió, y el presidente de Panamá, José Raúl Mulino, fue a sumarse al "Escudo de las Américas" de Trump. Se le anuló a China en Panamá la concesión de operación de los puertos del Canal (Balboa y Cristóbal), con la cuasi expropiación de la CK Hutchinson (basada en Hong Kong), que tenía derechos hasta 2047. China reclamó, pero busca bajar su perfil empleando otras rutas, lo que representa pérdidas para Panamá. La política de Mulino fue la frecuente de cierto empresariado: preferir perder los dedos a los anillos. La medida panameña fue ilegal y, por cierto, la empresa china estaba en el lugar desde hace 30 años. Que "Marco Rubio defiende la soberanía de Panamá frente a China" es algo que carece de sentido. ¿Por qué el asunto? Por el ánimo de Israel de contribuir al control de la entrada del Mar Rojo y, después de todo, por el problema por el control del Estrecho de Ormuz.
Torrijos decía que "se juega con la cadena, pero no con el mico", lo que por cierto ha seguido Cuba al no correr a ponerse a la sombra de China, pese a la cooperación en energías renovables. Como data de 1997, la invitación de la Hutchinson a Panamá pudo haber sido -ciertamente con derecho propio- del gobierno centro-izquierdista (Partido Revolucionario Democrático) de Ernesto Pérez Balladares, pero el de Martín Torrijos descubrió luego que la empresa china era aprovechada, al no pagar por tierras e instalaciones (acordado con la presidente derechista Mireya Moscoso), aún siendo el mayor operador de puertos en el mundo. Una pena por Trump: no se está discutiendo de la economía estadounidense o de aranceles, sino de la "resistencia iraní" (no del "imperio de Israel" soñado por el premier sionista Benjamín Netanhayu) y, para beneplácito de los "trepas" de siempre, de lo tonto que parece el mandatario de Estados Unidos. El problema es otro: ¿el proyecto es MAGA o es Trump "concesionándolo" al mico de turno? Tampoco es tan obvio: dicho de otro modo, queda por ver si Trump sobrevive a sus amigos, entre los cuales más de uno tiene la cabeza a la vez hueca y dura. Por lo pronto, aquí no es lugar de linchamiento, y menos desde el privilegio. Ni agencia de colocaciones para quienes saben "quedar bien"(da click en el botón de reproducción).