Nicaragua es un país de Centroamérica con fuerte tradición oligárquica, lo que se expresa "en familia". Desde la Revolución de 1979, el sandinismo expresó su voluntad de tener una economía mixta, por lo que hay un empresariado local y, al mismo tiempo, una no desdeñable inversión extranjera, que incluye por cierto maquiladoras, e igualmente relaciones insoslayables con Estados Unidos. Parte de lo interesante en Nicaragua está en el sector de propiedad social.
En algo que fue bien delineado durante la administración estadounidense Reagan, que acosó por cierto duramente a Nicaragua, y en los Documentos de Santa Fe, incluso con sentido abiertamente "gramsciano" (por el italiano Antonio Gramsci), Estados Unidos sabe, entiéndase que regando dinero, hacer aparecer las intentonas de derrocamiento como "voluntad desde abajo" contra "el régimen", llegado el caso sirviéndose de fallas de éste, y regando dinero en "la sociedad civil" o, dicho de otro modo, con el "poder blando". Así, pese a una represión cierta, surgió con apariencia de "espontaneidad de las masas" la desestabilización de 2018 contra el régimen sandinista del "copresidente" Daniel Ortega, marido de su "coesposa", Rosario Murillo. Cuando perdió las elecciones de 1990, Ortega pasó a la oposición, y más tarde, regresó al gobierno con una curiosa alianza "de pacto" con ex somocistas y la Iglesia. En términos generales, a las mayorías de Nicaragua les va mejor económicamente con el sandinismo de Ortega. Con "doña" Violeta Chamorro, después de 1990, fue un desastre. Dada la tradición oligárquica y cierta forma de vivir de la familia Ortega-Murillo en el reparto El Carmen (Managua, capital nicaraguense), se olvida que cada vez que se habla de oposición pareciera que "crear dos, tres, muchos Chamorro" es la consigna. Es de buen tono a la izquierda distanciarse de Ortega "el autoritario", sobre todo cuando se tiene la oportunidad reiterada de contactos en el exterior, y es igualmente cierto que a la "coesposa" se le llega a pasar la "comano", como sucediera con el poeta y sacerdote Ernesto Cardenal, reconocido en México en su momento por la cancillería de Marcelo Ebrard. Las hermanitas Selser (Gabriela e Irene, debidamente corrompidas en el ambiente mexicano), hijas del extinto periodista argentino Gregorio Selser, biógrafo de Augusto César Sandino, también están "a tono", puesto que tener criterio propio es desafinar. Y como se ha sugerido, no es que Ortega sea radical.
Lo ocurrido en 2018, luego de que el gobierno quisiera dialogar, fue con dinero regado del extranjero, a través de organizaciones no gubernamentales, de apoyo "educativo", medios de comunicación y "pantallas" por el estilo que, si no se hurga en los financiamientos, aparecen como "independientes", sin serlo. Se trató de crear un clima "insurreccional" con "tranques" (bloqueos de vías de comunicación) y violencia contra sandinistas, a lo que el gobierno respondió con la fuerza. El problema que se planteó es el siguiente, y existe en algunos otros países: ¿aunque parezcan "espontáneas", hasta donde son permisibles expresiones de la "sociedad" -parte de lla- financiadas desde el extranjero? A raíz de ésto, Nicaragua decidió que no puede haber elecciones donde se cuelen partidos financiados desde el exterior para, como dice por cierto la presidentA de México, Claudia Sheinbaum, aparecer con un nuevo disfraz, el del "juego democrático" y la "pluralidad". Lo que dijo Ortega, en voz de persona que "chochea", como se dice en México (el señor tiene 80 años), es "no habrá más elecciones", reiterándolo, con pausas (Ortega tiene el don del discurso kilométrico), pero para agregar "para que se meta la oposición de siempre", en referencia a la que intentó de muy mala manera tumbarlo en 2018.. Como lo explicó Gustavo Porras, presidente de la Asamblea Nacional, el sentido es "no va a haber más elecciones para que vuelvan los lacayos del imperialismo", entiéndase entonces que se fijarán reglas electorales para que gente financiada desde el exterior y a su servicio no participe. Esto supone aliar democracia y soberanía a través de lo que fijarán las autoridades electorales nicaraguenses, según lo dicho por Porras a El 19 digital. Ni un resquicio para manipulación imperial. Todo parece indicar que el sandinismo estaba alertado del camino que buscaba la oposición ligada al extranjero para regresar y, como se dice, "inclinar la cancha", si hay recursos foráneos.
El departamento estadounidense de Estado, por voz de Marco Rubio, invirtió las cosas y presentó como "amenaza a la democracia" que no se quiera permitir que el imperio la amenace distorsionando la voluntad popular vía extranjerización. El secretario de Estado, Rubio, consideró que el régimen nicaraguense ha llegado al extremo de querer prescindir del "consentimiento popular", algo muy hábil cuando se riega dinero y se influye en los medios para generar un descontento artificial que aparece como de lo más natural -hasta "ganar la calle"-, sin serlo. Que haya o no dicho consentimiento debe ser decisión nicaraguense, no del exterior, pero Rubio sabe muy bien qué dice, así que, ahora, se consuma otra vez la alianza conservadora-libertaria, con las hermanitas Selser, Gioconda Belli (pese a su acertada percepción de algunos rasgos de Ortega y de otros "comandantes"), Sergio Ramírez o todos los Chamorro que se quiera coincidiendo con Rubio. Y no se trata aquí de una defensa de "coesposos" y "cohijos". Simplemente, el país no es de la familia Chamorro, pese a su muy nica y señorial arrogancia. (da click en el botón de reproducción).