El señor "presidente" de Ucrania, Volodimir Zelenski, que apesta a perverso narcisista y falso a bastante distancia a la redonda, no hace lo que normalmente quienes han perdido una guerra, que es capitular y/o negociar las mejores condiciones para los suyos. De entrada, el señor puede ostentar su neo-nazismo sin que nadie se sienta incómodo en el ámbito internacional y mientras le hace caso el presidente estadounidense Donald J. Trump, para hacer negocio...con pura chatarra bélica.
Zelenski no busca nada particular en el Donbás donde, para consagrar la victoria rusa, no falta más que la caída de la ciudad de Kramatorsk y terminar un colchón de seguridad en la línea del frente. Es imposible revertir algo de esta situación, sobre todo que en Ucrania no quedan muchas ganas de combatir.
Lo que está haciendo Zelenski con su guerrita de drones en suelo ruso es provocar, para lo que debe saber que hay gente en Rusia harta y que espera una represalia contra la Unión Europea, a ver si "se le hace" al "presidente" ucraniano y embarca a la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte). Así que a afectar territorio ruso con ataques a refinerías cerca de Moscú, capital rusa, para que sea espectacular, a refinerías o incluso, como recientemente, al equivalente del "Amazon" ruso (Wildberries), afectando el negocio y su almacenamiento. Antes, un ataque al control aéreo ya había desquiciado un momento los vuelos en el sur de Rusia. A ver si se puede vender -más de todo lo que ya entregó Ucrania- a la OTAN que "sí se puede" o "¿y si sí?", es decir, que se puede desquiciar la vida en territorio ruso, toda una tentación; y tal vez (si hay colas para la gasolina, por ejemplo), crear descontento dentro de Rusia y "a ver si" la sociedad rusa se fractura. Es lo que se llama estar de "ariete", no de una Ucrania incapaz de nada por sí sola, sino de quienes siguen en la idea de utilizarla para desgastar a Rusia, ya sea que la gente se canse -de hecho ya está cansada- o que alguno se "acelere" y proponga de una buena vez golpear "al Occidente colectivo", en el entendido de que, sin éste y su "guía satelital", el asunto ya se habría terminado. Todo sazonado con apresuradas especulaciones sobre el futuro del presidente ruso, Vladimir Putin.
Por lo que respecta a Putin, no tiene intención de seguir indefinidamente con el asunto, sino de completar la captura de la región del Donbás -en Dónetsk- que se pronunció en referéndum por anexarse a Rusia, y ni siquiera pelear demasiado partes de Zaporiyia en particular donde la gente se siente más ucraniana. No está en los planes de Putin recrear ninguna Novorossiya ("Nueva Rusia") tomándose por Catalina la Grande. Putin no solo viene de la seguridad soviética, sino, además del judo, del Derecho como estudio, por lo que se apega a la decisión por referéndum -como en Crimea- del Donbás, ya que antes Ucrania, en vez de conceder la autonomía, optó por masacrar rusohablantes (como ahora declara que "los rusos no debieran existir" porque "no han cambiado en milenios", ¡). Putin es algo más que "la tenebra". Así que el cálculo es terminar de tomar las regiones que optaron por irse con Rusia y que, por lo mismo, son considerados sujetos rusos, por lo que, como símil, es como si quedaran por Kramatorsk algunos ucranianos que no entienden que están en un simple y futbolero off-side. Parte de lo pro-ucraniano en Kramatorsk ya fue evacuado por Ucrania.
Al mismo tiempo, Rusia, que está trabajando en la forma de parar los drones, responde muy recíprocamente los ataques de provocación, con represalias en Ucrania, incluida la capital, Kíev. Es así que el "presidente" Zelenski "preside": con tal -al fin y al cabo, comediante de origen- en función de un guión externo, sin importarle los ucranianos. El espectáculo de los ataques a Rusia es para ganarse al "Occidente colectivo" (mala expresión), sin importar que también la vida de los ucranianos se desquicie, y éso que los rusos evitan blancos civiles. Ante la perspectiva de que Putin esté a no mucho de terminar la "operación militar especial", en términos territoriales, queda por saber si -como lo denunció el canciller ruso, Serguei Lavrov, siendo de inmediato silenciado en el "Occidente colectivo", Zelenski y su grupito corruptazo -se embolsan personalmente parte de lo entregado desde afuera- se van a quedar, ellos sí con la idea de que "mañana es para siempre"- con lo buscado cuando menos desde 2014: una plataforma de agresión a Rusia o lo que dicte el guión foráneo para el comediante, a riesgo de que le sigan respondiendo "en espejo" hasta que la logística de transporte y energética de la provocación no sea posible. Con Ucrania con un "gobierno" metido a fondo -para variar- en la corrupción-, sin mucho aprecio para una parte de sus propios ciudadanos, con todo de tal modo que nada más falta el letrero de "se vende esta casa" y actuando tipo Televisa, repitiendo como si tuviera chicharitos en el oído. Zelenski no tiene ningún amigo: ni uno que le diga que está "dando un espectáculo" (da click en el botón de reproducción).