Un periódico mexicano de izquierda parece haberse quedado roncando en la Guerra Fría. Palabras más palabras menos, las potencias se están peleando por Ucrania. ¿Será que se la quieren repartir? Si hay dos grandes potencias y Ucrania corre el riesgo de partirse en dos, entre la parte occidental pro-occidental y la parte oriental y del sur pro-rusa (separadas aproximadamente por el río Dniepr), es que cuatro deben negociar. Dos potencias más dos partes de un país, salen cuatro en la mesa de negociaciones.
Como andamos, se nota, en lo de la paridad, el periódico concluye que lo deseable es rechazar "(...) el injerencismo que uno y otro bloques han venido practicando en ese país" (Ucrania). El periódico hace mención de las alianzas occidentales y, en el otro bloque, aparece "Moscú". No parece importar lo siguiente: la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) tiene 28 miembros y ningún enemigo militar enfrente (no hay Pacto de Varsovia). En ningún momento de la crisis ucraniana ha salido a relucir la Organización para el Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), integrada por seis países que acordaron alguna vez crear una Fuerza de Reacción Rápida que al parecer no funciona: no está en ningún lado.
Si se trata del bloque Washington-Bruselas, la Unión Europea (UE) tiene 28 miembros. Enfrente no hay casi nada, salvo la Unión Aduanera, que integran Belarús, Kazajstán y Rusia, tres países. Esta Unión no es nada comparable a la Unión Europea y las relaciones entre Rusia y Belarús ni siquiera son todo lo que se pudiera esperar. En cuanto a la Comunidad de Estados Independientes (CEI), no existe más que en el papel y China considera que lo de Ucrania no es su asunto, por lo que tampoco ha existido ningún pronunciamiento de la OCS (Organización para la Cooperación de Shangai, con cinco integrantes fundadores). Mientras la OTAN y la UE no paran de pronunciarse sobre Ucrania, no hay de la otra parte ningún bloque que haya hecho algo similar: ni la OTSC, ni la OCS, ni la CEI, ni la Unión Aduanera. Lo que resulta en la realidad es que un bloque de 28 países (OTAN o UE, como se prefiera) se siente amenazado por un solo país, la Federación Rusa, por lo que son 28 contra uno, y en las narices de Moscú. Parece que las cuentas no cuadran, porque hay que andar completamente sonámbulo para establecer una paridad REAL entre 28 y uno (28 es igual a uno). ¿Qué importa? Detrás de Rusia no hay ningún bloque. Pero el esquema Ucrania la-pequeña-víctima-de-los-grandes-y-los-poderosos-que-siempre-abusan-de-nosotros-los-proles es de lo más emocionante, y lo que vende la prensa actual, casi siempre, es emoción, no información ni análisis. Así que 28 es igual a uno, porque 28 es uno y uno es uno, así que son dos bloques. ¿qué no? Por cierto: ¿ahorita a qué horas son en el mundo?
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jueves, 17 de abril de 2014
MEXICO: LA REFORMA ENERGETICA
La reforma energética en México parece haberle apostado a la "revolución del gas esquisto" (shale gas, o gas de lutita), del que el territorio mexicano tendría la tercera reserva en el mundo.
Estados Unidos estaría apostándole a esta "revolución" para meter en más problemas a Rusia, potencia en el petróleo y el gas natural. Así, el presidente estadounidense, Barack Obama, le ha ofrecido a Europa este gas (que además tendría también un país como Polonia), para que los europeos no tengan que depender del suministro de gas natural ruso. El gas de esquisto se inserta en una estrategia que apunta a mantener la hegemonía global estadounidense.
Distintos análisis sugieren: 1) que la reforma energética mexicana puede tener un carácter altamente especulativo, al bursatilizar el petróleo en Wall Street, 2) que el gas de esquisto es altamente riesgoso para el medio ambiente, aunque para las empresas transnacionales tendría una ventaja explotar el norte gasero de México antes que Texas y otros espacios estadounidenses, donde las exigencias ambientales son mayores, y 3) por el papel de las empresas transnacionales, no habrá encadenamientos productivos hacia el interior mexicano ni posibilidad de reclamarle mayor cosa a esas mismas empresas.
Suponiendo que este "boom" tenga lugar (lo que no es del todo seguro), México verá pasar a especuladores y contaminadores obteniendo poco a cambio. La historia de América Latina está llena de estos "booms" sin futuro.
Parte del problema está en que los "expertos" en México no distinguen entre tendencia (una posibilidad entre otras) y proyección a futuro (una anticipación o deseo), por lo que ya no hay modo de sacarlos de la creencia de que Estados Unidos seguirá siendo "la mayor potencia del mundo durante los próximos 50 años", que es el tipo de cosas que se oyen en las universidades -públicas- mexicanas. Es una proyección, no una tendencia. Entretanto, simplemente la economía estadounidense no arranca.
La reforma energética mexicana no fue pensada. Simplemente "se ajusta" y "se adapta" porque "no hay de otra", como efectivamente sucede cuando las únicas lecturas son las de los "informes expertos" e "informes secretos" de potencias y grandes organismos internacionales. Y es que estamos en "de todos modos Bryan te llamas". De lo poco que se logrará será tener en el registro civil nombres como "José Esquisto Hernández", "Lutita Ramírez" o "María Shale (pronunciar "sheil") Martínez" (para las niñas). Hasta la próxima recaída en "Xochiquetzal González Sánchez".
Estados Unidos estaría apostándole a esta "revolución" para meter en más problemas a Rusia, potencia en el petróleo y el gas natural. Así, el presidente estadounidense, Barack Obama, le ha ofrecido a Europa este gas (que además tendría también un país como Polonia), para que los europeos no tengan que depender del suministro de gas natural ruso. El gas de esquisto se inserta en una estrategia que apunta a mantener la hegemonía global estadounidense.
Distintos análisis sugieren: 1) que la reforma energética mexicana puede tener un carácter altamente especulativo, al bursatilizar el petróleo en Wall Street, 2) que el gas de esquisto es altamente riesgoso para el medio ambiente, aunque para las empresas transnacionales tendría una ventaja explotar el norte gasero de México antes que Texas y otros espacios estadounidenses, donde las exigencias ambientales son mayores, y 3) por el papel de las empresas transnacionales, no habrá encadenamientos productivos hacia el interior mexicano ni posibilidad de reclamarle mayor cosa a esas mismas empresas.
Suponiendo que este "boom" tenga lugar (lo que no es del todo seguro), México verá pasar a especuladores y contaminadores obteniendo poco a cambio. La historia de América Latina está llena de estos "booms" sin futuro.
Parte del problema está en que los "expertos" en México no distinguen entre tendencia (una posibilidad entre otras) y proyección a futuro (una anticipación o deseo), por lo que ya no hay modo de sacarlos de la creencia de que Estados Unidos seguirá siendo "la mayor potencia del mundo durante los próximos 50 años", que es el tipo de cosas que se oyen en las universidades -públicas- mexicanas. Es una proyección, no una tendencia. Entretanto, simplemente la economía estadounidense no arranca.
La reforma energética mexicana no fue pensada. Simplemente "se ajusta" y "se adapta" porque "no hay de otra", como efectivamente sucede cuando las únicas lecturas son las de los "informes expertos" e "informes secretos" de potencias y grandes organismos internacionales. Y es que estamos en "de todos modos Bryan te llamas". De lo poco que se logrará será tener en el registro civil nombres como "José Esquisto Hernández", "Lutita Ramírez" o "María Shale (pronunciar "sheil") Martínez" (para las niñas). Hasta la próxima recaída en "Xochiquetzal González Sánchez".
lunes, 14 de abril de 2014
OLIVER, FIDEL, HUGO ET LES AUTRES...
El realizador estadounidense de cine Oliver Stone nunca ha perdido el gusto por lo exótico. Es así que en América Latina filmó dos documentales sobre el líder cubano Fidel Castro y uno sobre el venezolano Hugo Chávez. ¿Donde está lo exótico?
En el segundo documental sobre el cubano ("Looking for Fidel"), el líder entrevistado confiesa que no es un hombre de ideas: lo suyo es la acción, lo mismo que seguramente le atrae a Stone. Fidel dice sin rodeos que no es ningún teórico, que no elabora ideas y que se considera -lo dice así- un activista. En cierto modo, Stone tampoco es alguien de ideas, ni se diga un teórico. No es "todo Fidel" que está en tela de juicio: el líder cubano no ha robado, tiene principios y un "deber ser", e hizo mucho como "buen padre" de los isleños. Sin embargo, algo incomoda: aunque dice que la gloria no es para él, Fidel, ante Stone, no para con la gesticulación y el ademán que lo convierten en histrión. Es ideal para las cámaras y también mañoso, dado a la retórica y con algo de infantil. Fidel es él y su personaje, y ha encontrado por años quien se dirija -halagándolo- al personaje. La persona está en buena medida -no del todo- sacrificada. Dirigirse al personaje, no a la persona, es un buen modo de asegurarse que el envanecido no vea nada y que siga manteniendo a todos en sus puestos, aunque no quede claro ni para cuál batalla -es lo de menos, lo de más es que estén todos en sus puestos..
Lo de Chávez es más grave -y el personaje es más histriónico. Como le sucediera graciosamente a un político mexicano (Manuel Camacho Solís, quien declaraba: "Camacho piensa que...") delante de un guerrillero (y también histrión), Chávez hablaba de sí mismo en tercera persona. A Hugo Chávez, Chávez "le permitió reivindicarse en la vida". Ya está: el personaje se ha tragado a la persona y solo falta la muerte que lo convierta en mito -y renta para los halagadores. El actual presidente venezolano, Nicolás Maduro, se apresuró a ver la mano del imperialismo en el cáncer que se llevó tempranamente a Chávez. Sin embargo, en el documental "Mi amigo Hugo", hasta Stone se da cuenta de que Chávez, en vida, no parecía cuidar mucho su salud. Lo sugiere en el mismo documental el funcionario venezolano ("chavista") Jesse Chacón, con total realismo: Chávez sacrificó su vida y no midió sus fuerzas. A su vez, el veterano político venezolano José Vicente Rangel sugiere que no cree en un cáncer causado por el imperio, ya que Rangel no olvida que "Chávez era un ser humano", por lo que no cabría mitificarlo. En el documental de Stone, Chávez, aunque alterna con el realizador y con el pueblo, tiende a dirigirse al personaje Chávez, con un reiterado guiño de ojo, un intercambio de miradas entre Chávez en persona y Chávez, el personaje. Este tipo de procesos siempre encuentran algo más que el "culto al héroe" que sugiere el historiador mexicano Enrique Krauze: el monumento en vida o el mito en muerte -en ambos casos hay una momia- están para asegurar que el reparto de favores continúe, y que permita hacerse de una renta revolucionaria, en palabras, en prestigio, en dinero y a veces en especie (que le pregunten a uno que otro comandante sandinista). Vaya: ser revolucionario es un modus vivendi, y Stone parece haber entendido que el conservadurismo se perpetúa con rentas, pero también con el teatro de personas que intuyen que convertirse en personaje no es tan legítimo como parece, porque algo popular se ha perdido -y lo que es Chávez, en el intento dejó hasta la vida.
En el segundo documental sobre el cubano ("Looking for Fidel"), el líder entrevistado confiesa que no es un hombre de ideas: lo suyo es la acción, lo mismo que seguramente le atrae a Stone. Fidel dice sin rodeos que no es ningún teórico, que no elabora ideas y que se considera -lo dice así- un activista. En cierto modo, Stone tampoco es alguien de ideas, ni se diga un teórico. No es "todo Fidel" que está en tela de juicio: el líder cubano no ha robado, tiene principios y un "deber ser", e hizo mucho como "buen padre" de los isleños. Sin embargo, algo incomoda: aunque dice que la gloria no es para él, Fidel, ante Stone, no para con la gesticulación y el ademán que lo convierten en histrión. Es ideal para las cámaras y también mañoso, dado a la retórica y con algo de infantil. Fidel es él y su personaje, y ha encontrado por años quien se dirija -halagándolo- al personaje. La persona está en buena medida -no del todo- sacrificada. Dirigirse al personaje, no a la persona, es un buen modo de asegurarse que el envanecido no vea nada y que siga manteniendo a todos en sus puestos, aunque no quede claro ni para cuál batalla -es lo de menos, lo de más es que estén todos en sus puestos..
Lo de Chávez es más grave -y el personaje es más histriónico. Como le sucediera graciosamente a un político mexicano (Manuel Camacho Solís, quien declaraba: "Camacho piensa que...") delante de un guerrillero (y también histrión), Chávez hablaba de sí mismo en tercera persona. A Hugo Chávez, Chávez "le permitió reivindicarse en la vida". Ya está: el personaje se ha tragado a la persona y solo falta la muerte que lo convierta en mito -y renta para los halagadores. El actual presidente venezolano, Nicolás Maduro, se apresuró a ver la mano del imperialismo en el cáncer que se llevó tempranamente a Chávez. Sin embargo, en el documental "Mi amigo Hugo", hasta Stone se da cuenta de que Chávez, en vida, no parecía cuidar mucho su salud. Lo sugiere en el mismo documental el funcionario venezolano ("chavista") Jesse Chacón, con total realismo: Chávez sacrificó su vida y no midió sus fuerzas. A su vez, el veterano político venezolano José Vicente Rangel sugiere que no cree en un cáncer causado por el imperio, ya que Rangel no olvida que "Chávez era un ser humano", por lo que no cabría mitificarlo. En el documental de Stone, Chávez, aunque alterna con el realizador y con el pueblo, tiende a dirigirse al personaje Chávez, con un reiterado guiño de ojo, un intercambio de miradas entre Chávez en persona y Chávez, el personaje. Este tipo de procesos siempre encuentran algo más que el "culto al héroe" que sugiere el historiador mexicano Enrique Krauze: el monumento en vida o el mito en muerte -en ambos casos hay una momia- están para asegurar que el reparto de favores continúe, y que permita hacerse de una renta revolucionaria, en palabras, en prestigio, en dinero y a veces en especie (que le pregunten a uno que otro comandante sandinista). Vaya: ser revolucionario es un modus vivendi, y Stone parece haber entendido que el conservadurismo se perpetúa con rentas, pero también con el teatro de personas que intuyen que convertirse en personaje no es tan legítimo como parece, porque algo popular se ha perdido -y lo que es Chávez, en el intento dejó hasta la vida.
domingo, 13 de abril de 2014
AMLO: PARA SEGUIR VIENDO DOBLE
El ex candidato izquierdista a la presidencia mexicana, Andrés Manuel López Obrador, sigue siendo honesto y puede distinguir entre quien lo es y quien no. El líder también defiende a la nación mexicana, que puede enfrentar a futuro nuevas dificultades por las consecuencias de una reforma energética hecha para Estados Unidos y sus intereses globales (que incluyen tener reservas cercanas seguras, un asunto tan viejo como el siglo XX y por cierto como los sexenios de Cárdenas y Avila Camacho), y no hecha para México.
Al mismo tiempo, empujado por su entorno y por el Movimiento de Regeneración Nacional, el ex candidato, que habla en sus mítines con una voz cada vez más parecida a la gastada de Vicente Fernández, se ha convertido a un estilo muy estadounidense de hacer "política", al grado de anunciar una posible nueva postulación en Los Angeles, ciudad del otro lado de la frontera. Para el dirigente del Movimiento, Martí Batres, López Obrador es "El" y "El" (un rasta de Macuspana), a la vez el tabasqueño y "nuestro Gandhi", o "nuestro Mandela", alguien que no se pertenece a si mismo, sino que tiene una persona que le pertenece al personaje. En sus mítines, López Obrador va dejando de hablar con la gente y empieza a dirigirse a su imagen.
Es así que López Obrador hace un muy buen estudio sobre el porfirismo, y lo echa a perder con un libro, "El neoporfirismo", que aunque contiene una tesis sugerente (y no tan nueva: ya la sostenía Cosío Villegas décadas atrás), se lanza a ciegas -para complacer al público- al cómic estadounidense del pueblo contra la dictadura, que encima resulta ser la del PRIAN (Partido Revolucionario Institucional más Acción Nacional). López Obrador, a diferencia del priísmo, sabe qué es nación, pero también a diferencia del priísmo, ignora al Estado: es lo que espera Estados Unidos, algo para lo que por cierto Acción Nacional sirvió bastante bien durante doce años. En medio de sus contradicciones, entre nación y Estado, el priísmo tiene un sentido de institución que López Obrador no posee. Seguramente no vendría demasiado bien que si el tabasqueño fuera presidente, el legislativo tuviera que contestarle así el informe: "presidente, amigo, el legislativo está contigo". Es tan ridículo como aquéllo de "los chiquillos y las chiquillas de México", aunque lo de López Obrador es activismo y lo de Fox era marketing.
López Obrador está siendo empujado a la extrema izquierda del espectro político, que es contestataria y que rechaza por igual una reforma fiscal priísta no tan mala como un aumento al sistema de transporte colectivo (metro) en la capital mexicana que fue decidido no para golpear a las clases populares, sino para asegurarles un buen servicio, de tal modo que no paguen lo mínimo por algún accidente máximo debido a la falta de mantenimiento. Empujado y puesto a cantarle y amenizarle a su entorno intelectual, muy poco popular, López Obrador dice "no" a todo.
Por si fuera poco, la base electoral del ex candidato izquierdista, base bastante "educada" y en buena medida clasemediera (según lo mostraron estudios postelectorales), sigue como la vieja base priísta, convencida de que debe "alcanzar para todos", de que los ricos están para aflojar, de que el carril izquierdo es para rebasar y de que ella debe estar lista para golpear, o por lo menos para mostrar el peor resentimiento si no hay reparto. Sucede que a la izquierda un ex candidato se siente en Los Angeles y otro más, un ex regente, se cree en San Francisco. Lo grave de ubicarse desde la extrema izquierda contra todo Estado -que es lo que quieren muchos seguidores de López Obrador, aunque a él le queda el beneficio de la duda- es que así no hay modo de superar al oficialismo por arriba -con más y mejor institucionalidad-; por lo bajo, el mismo oficialismo lo hace mejor, cuando se pone al "equilibrio de intereses". Más hubiera hecho el líder izquierdista -convertido en priísta bicéfalo por lo bajo (con patrioterismo y anarquismo)- con seguir el ejemplo de nuestra Ale Barrales, quien sugiere: mira mi trabajo, no mi imagen. Se puede hacer aunque sea el intento. Por difícil que resulte.
Al mismo tiempo, empujado por su entorno y por el Movimiento de Regeneración Nacional, el ex candidato, que habla en sus mítines con una voz cada vez más parecida a la gastada de Vicente Fernández, se ha convertido a un estilo muy estadounidense de hacer "política", al grado de anunciar una posible nueva postulación en Los Angeles, ciudad del otro lado de la frontera. Para el dirigente del Movimiento, Martí Batres, López Obrador es "El" y "El" (un rasta de Macuspana), a la vez el tabasqueño y "nuestro Gandhi", o "nuestro Mandela", alguien que no se pertenece a si mismo, sino que tiene una persona que le pertenece al personaje. En sus mítines, López Obrador va dejando de hablar con la gente y empieza a dirigirse a su imagen.
Es así que López Obrador hace un muy buen estudio sobre el porfirismo, y lo echa a perder con un libro, "El neoporfirismo", que aunque contiene una tesis sugerente (y no tan nueva: ya la sostenía Cosío Villegas décadas atrás), se lanza a ciegas -para complacer al público- al cómic estadounidense del pueblo contra la dictadura, que encima resulta ser la del PRIAN (Partido Revolucionario Institucional más Acción Nacional). López Obrador, a diferencia del priísmo, sabe qué es nación, pero también a diferencia del priísmo, ignora al Estado: es lo que espera Estados Unidos, algo para lo que por cierto Acción Nacional sirvió bastante bien durante doce años. En medio de sus contradicciones, entre nación y Estado, el priísmo tiene un sentido de institución que López Obrador no posee. Seguramente no vendría demasiado bien que si el tabasqueño fuera presidente, el legislativo tuviera que contestarle así el informe: "presidente, amigo, el legislativo está contigo". Es tan ridículo como aquéllo de "los chiquillos y las chiquillas de México", aunque lo de López Obrador es activismo y lo de Fox era marketing.
López Obrador está siendo empujado a la extrema izquierda del espectro político, que es contestataria y que rechaza por igual una reforma fiscal priísta no tan mala como un aumento al sistema de transporte colectivo (metro) en la capital mexicana que fue decidido no para golpear a las clases populares, sino para asegurarles un buen servicio, de tal modo que no paguen lo mínimo por algún accidente máximo debido a la falta de mantenimiento. Empujado y puesto a cantarle y amenizarle a su entorno intelectual, muy poco popular, López Obrador dice "no" a todo.
Por si fuera poco, la base electoral del ex candidato izquierdista, base bastante "educada" y en buena medida clasemediera (según lo mostraron estudios postelectorales), sigue como la vieja base priísta, convencida de que debe "alcanzar para todos", de que los ricos están para aflojar, de que el carril izquierdo es para rebasar y de que ella debe estar lista para golpear, o por lo menos para mostrar el peor resentimiento si no hay reparto. Sucede que a la izquierda un ex candidato se siente en Los Angeles y otro más, un ex regente, se cree en San Francisco. Lo grave de ubicarse desde la extrema izquierda contra todo Estado -que es lo que quieren muchos seguidores de López Obrador, aunque a él le queda el beneficio de la duda- es que así no hay modo de superar al oficialismo por arriba -con más y mejor institucionalidad-; por lo bajo, el mismo oficialismo lo hace mejor, cuando se pone al "equilibrio de intereses". Más hubiera hecho el líder izquierdista -convertido en priísta bicéfalo por lo bajo (con patrioterismo y anarquismo)- con seguir el ejemplo de nuestra Ale Barrales, quien sugiere: mira mi trabajo, no mi imagen. Se puede hacer aunque sea el intento. Por difícil que resulte.
lunes, 7 de abril de 2014
SILVIO RODRIGUEZ: SOCIALISMOS
En una entrevista para la televisión argentina en abril de 2012, quien entrevistaba al cantautor cubano Silvio Rodríguez le preguntaba por el futuro del socialismo, suponiendo que lo había. Lo más sorprendente es que el entrevistador creía que el socialismo consiste en que todos sean iguales y, por éso, todos ganen lo mismo. Esto no tiene nada que ver con socialismo y sí un poco con un capitalismo donde muchos son iguales, pero lo que se llama igualititos, y además quieren serlo, sin salirse del rebaño ni por asomo. La pregunta en la clase media capitalista es: ¿cómo puedo ser igual para que me toque lo mismo? Y la duda: ¿si no soy igual, me tocará algo o no me tocará nada? De ahí para adelante, entre iguales empieza el asunto de que los hay más iguales que otros.
Silvio Rodríguez, en respuesta, lamentó que en Cuba la sociedad no reconozca "como corresponde" a quien trabaja bien, se esfuerza bien, estudia bien o se capacita bien. Según el cantante, hay en la isla algo así como un "miedo" a que quien gane más se enriquezca. Silvio Rodríguez dijo que fue este socialismo igualitarista y de "miedo" el que amenazó con llevarse a todos "a la mierda". No sería raro que una utopía terminara en la mierda, puesto que la utopía no conduce a ningún lado.
Al cantante le surgió esta idea no con la caída del Muro, sino en 1968, luego de una "ofensiva revolucionaria". La gente hace, en concreto, y no vive de abstracciones. Silvio Rodríguez resumió en la entrevista mencionada: "creo en el mérito". No habría nada malo en recompensarlo, y con algo más que medallas. No todo mérito es algo que se le ha quitado a otro, ni se le puede decir "burgués" o "explotador" a quien ve su esfuerzo recompensado, salvo que el torcido crea que, si alguno tiene más, es por privilegio, no por trabajo: !vaya ideas! Pero son populares donde el servicio público no es meritocrático, sino que premia a quienes son incondicionales a personas y a grupos, aún sin mérito. La forma de operar del partido comunista en Cuba no ayuda, pero el problema está en la cultura y no en el partido.
El debate en Cuba sigue abierto.
Silvio Rodríguez, en respuesta, lamentó que en Cuba la sociedad no reconozca "como corresponde" a quien trabaja bien, se esfuerza bien, estudia bien o se capacita bien. Según el cantante, hay en la isla algo así como un "miedo" a que quien gane más se enriquezca. Silvio Rodríguez dijo que fue este socialismo igualitarista y de "miedo" el que amenazó con llevarse a todos "a la mierda". No sería raro que una utopía terminara en la mierda, puesto que la utopía no conduce a ningún lado.
Al cantante le surgió esta idea no con la caída del Muro, sino en 1968, luego de una "ofensiva revolucionaria". La gente hace, en concreto, y no vive de abstracciones. Silvio Rodríguez resumió en la entrevista mencionada: "creo en el mérito". No habría nada malo en recompensarlo, y con algo más que medallas. No todo mérito es algo que se le ha quitado a otro, ni se le puede decir "burgués" o "explotador" a quien ve su esfuerzo recompensado, salvo que el torcido crea que, si alguno tiene más, es por privilegio, no por trabajo: !vaya ideas! Pero son populares donde el servicio público no es meritocrático, sino que premia a quienes son incondicionales a personas y a grupos, aún sin mérito. La forma de operar del partido comunista en Cuba no ayuda, pero el problema está en la cultura y no en el partido.
El debate en Cuba sigue abierto.
domingo, 6 de abril de 2014
CUBA SIN AUTOFOBIA
A diferencia de su hermano, Raúl Castro, presidente cubano, trata de ocuparse de problemas terrenales y no demasiado de los celestiales. Así, el menor de los Castro no ha salido en ningún momento a decir que no tiene idea de qué es el socialismo, ni idea de a qué debiera parecerse éste. Raúl Castro ha demostrado que sí sabe, por ejemplo en el reciente Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba. Es muy sencillo: "de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo" (en el socialismo, ya que en el comunismo está planteado "a cada cual según sus necesidades"). El socialismo debe recompensar el trabajo y la capacidad.
En efecto, Raúl Castro considera que "para distribuir riqueza, primero hay que crearla", algo que en Cuba no es tan obvio y obliga a estimular la inversión extranjera, no exenta de riesgos, puesto que llega a crearse la impresión de que se distribuirá lo que traen otros (los extranjeros, a quienes hay que sacarles aunque sea un blue jean, cuando no la residencia fuera de Cuba).
El otro asunto es el salarial, y es más grave. Cuba no premia el mérito. Por el problema de la llamada "pirámide invertida", a mayor responsabilidad no hay mayor ingreso personal (y puede ser incluso menor), por lo que se "desestimula la promoción de los más capaces y abnegados hacia los cargos superiores". Sucede también que el salario no satisface todos las necesidades del trabajador y su familia, lo que, según Raúl Castro, "genera desmotivación y apatía hacia el trabajo". El personal calificado se va en ocasiones a trabajos mejor remunerados, pero sin relación con el nivel profesional. Dicho lo anterior, el trabajador no recibe según su aporte a la sociedad: no lo recibe quien trabaja bien, no lo recibe quien no trabaja tan bien, y no aporta a la sociedad -porque no ejerce su profesión- quien sí es remunerado.
Adicionalmente, la bonificación extrasalarial no siempre está vinculada con resultados (productividad). Finalmente, el presidente cubano considera erróneo no pagar mejores pensiones a casi un millón 700 mil jubilados.
En suma: el sistema salarial no premia el trabajo y no es meritocrático. El asunto no puede resolverse con un aumento de salarios general en el sector estatal, si el igualitarismo permanece como tal, y no aumenta la productividad y la oferta consiguiente de bienes y servicios. Según el mandatario cubano, la solución está en mejorar la productividad y en tener al mismo tiempo un sistema salarial más flexible, que mantenga conquistas sociales básicas, pero sin bloquear la recompensa especial a quienes trabajan mejor. Para lo anterior, agreguemos, el trabajo debería ser un valor en la sociedad cubana, y no siempre lo es.
El capitalismo castiga el trabajo, pero premia una capacidad: la de explotar y llevarse la mayor parte de lo de otros, aunque bajo pretexto de que es "lo debido". Así, los millonarios culpables de la crisis de 2008 por especulación , los "hombres de Davos", se premian con sueldos estratosféricos que son en realidad rentas -más que vitalicias. El famoso "1%" estadounidense (los más ricos) se tragó desde 2008 el 95 % del aumento del producto interno bruto en la superpotencia. Toda una parte de la sociedad -una inmensa clase media- no espera del trabajo, sino de la derrama de riqueza, por lo que "se vale de todo" para tener una renta de lo que sea: de un marido extranjero, de un puesto ejecutivo, a cuenta del erario por animación cultural o de la empresa por management, de un puesto de funcionario-gestor, por ser mujer, miembro de una minoría cualquiera (racial o sexual) o incluso como parte de la buena causa. Se reparte a cada cual según su capacidad para sacarle algo- lo que sea, pero que rinda- de beneficio a todo prójimo que se preste. Es lo inverso de lo que propone Raúl Castro: en Occidente, para crear riqueza, vaya, !primero hay que distribuirla! La riqueza la crean los ricos, por lo que hay que remunerarlos cada vez mejor. Y como la cosa no es de mucho esfuerzo en la gran clase media, se da lo menos, o no se da nada (ni siquiera se hace ya el esfuerzo): no vaya ser que otro lo convierta en beneficio propio.
En efecto, Raúl Castro considera que "para distribuir riqueza, primero hay que crearla", algo que en Cuba no es tan obvio y obliga a estimular la inversión extranjera, no exenta de riesgos, puesto que llega a crearse la impresión de que se distribuirá lo que traen otros (los extranjeros, a quienes hay que sacarles aunque sea un blue jean, cuando no la residencia fuera de Cuba).
El otro asunto es el salarial, y es más grave. Cuba no premia el mérito. Por el problema de la llamada "pirámide invertida", a mayor responsabilidad no hay mayor ingreso personal (y puede ser incluso menor), por lo que se "desestimula la promoción de los más capaces y abnegados hacia los cargos superiores". Sucede también que el salario no satisface todos las necesidades del trabajador y su familia, lo que, según Raúl Castro, "genera desmotivación y apatía hacia el trabajo". El personal calificado se va en ocasiones a trabajos mejor remunerados, pero sin relación con el nivel profesional. Dicho lo anterior, el trabajador no recibe según su aporte a la sociedad: no lo recibe quien trabaja bien, no lo recibe quien no trabaja tan bien, y no aporta a la sociedad -porque no ejerce su profesión- quien sí es remunerado.
Adicionalmente, la bonificación extrasalarial no siempre está vinculada con resultados (productividad). Finalmente, el presidente cubano considera erróneo no pagar mejores pensiones a casi un millón 700 mil jubilados.
En suma: el sistema salarial no premia el trabajo y no es meritocrático. El asunto no puede resolverse con un aumento de salarios general en el sector estatal, si el igualitarismo permanece como tal, y no aumenta la productividad y la oferta consiguiente de bienes y servicios. Según el mandatario cubano, la solución está en mejorar la productividad y en tener al mismo tiempo un sistema salarial más flexible, que mantenga conquistas sociales básicas, pero sin bloquear la recompensa especial a quienes trabajan mejor. Para lo anterior, agreguemos, el trabajo debería ser un valor en la sociedad cubana, y no siempre lo es.
El capitalismo castiga el trabajo, pero premia una capacidad: la de explotar y llevarse la mayor parte de lo de otros, aunque bajo pretexto de que es "lo debido". Así, los millonarios culpables de la crisis de 2008 por especulación , los "hombres de Davos", se premian con sueldos estratosféricos que son en realidad rentas -más que vitalicias. El famoso "1%" estadounidense (los más ricos) se tragó desde 2008 el 95 % del aumento del producto interno bruto en la superpotencia. Toda una parte de la sociedad -una inmensa clase media- no espera del trabajo, sino de la derrama de riqueza, por lo que "se vale de todo" para tener una renta de lo que sea: de un marido extranjero, de un puesto ejecutivo, a cuenta del erario por animación cultural o de la empresa por management, de un puesto de funcionario-gestor, por ser mujer, miembro de una minoría cualquiera (racial o sexual) o incluso como parte de la buena causa. Se reparte a cada cual según su capacidad para sacarle algo- lo que sea, pero que rinda- de beneficio a todo prójimo que se preste. Es lo inverso de lo que propone Raúl Castro: en Occidente, para crear riqueza, vaya, !primero hay que distribuirla! La riqueza la crean los ricos, por lo que hay que remunerarlos cada vez mejor. Y como la cosa no es de mucho esfuerzo en la gran clase media, se da lo menos, o no se da nada (ni siquiera se hace ya el esfuerzo): no vaya ser que otro lo convierta en beneficio propio.
martes, 1 de abril de 2014
PERU: A INTRIGAR, SE HA DICHO...
La campaña mediática desatada en el Perú contra la primera dama, Nadine Heredia, poco tiene que ver con el machismo peruano, aunque éste exista. Ese machismo no parece tan decisivo desde el momento en que ha sido Ollanta Humala, presidente peruano y esposo de Heredia, quien ha dicho de la campaña mencionada que es "abusiva", "grosera" e incluso "asquerosa". Según el presidente, se usa el pretexto de que Heredia es primera dama para neutralizarla en sus méritos como líder del Partido Nacionalista Peruano. Así, Humala considera que de lo que se trata es de descalificar el mérito, descalificación que es algo frecuente en Latinoamérica. Lo cierto es que, según explicara insistentemente en Ria Novosti la periodista peruana Vicky Peláez, Nadine Heredia tiene criterio propio, independiente, que es lo que la sociedad latinoamericana difícilmente perdona.
Si fuera asunto de machismo, hace algún tiempo habría sido repudiada la candidata de la derecha conservadora, Lourdes Flores, quien le pisó en una elección los talones al ex presidente Alan García. Una dama no incomoda demasiado, si tiene "fina estampa" y hace lo que corresponde: Violeta Chamorro en Nicaragua o Mireya Moscoso en Panamá no incomodaron por ser mujeres. Y si no la tiene, esa "finura", sino que golpea, con mucho de lumpen, tampoco es forzosamente negativo: es así que Keiko Fujimori, hija de Alberto Fujimori, alcanzó casi la mitad de los votos (poco más de 48 %) al enfrentarse electoralmente con Ollanta Humala. ¿Machismo? Ninguno, cuando se trató de la hija de Fujimori (y nadie impidió tampoco que tiempo atrás la ex esposa del mismo Fujimori, Susana Higuchi, incursionara en política).
Tampoco se sostiene que el Perú vea con malos ojos que una familia, la Humala-Heredia, se "instale" en el poder, suponiendo que fuera el caso. Si lo fuera, habría que pedir por igual que Keiko -una administradora de empresas- y su padre salgan de escena.- con todo y séquito de intrigantes ¿Hay que quejarse de la "reelección conyugal" -ni siquiera en la agenda, por el momento- pero no de la dinastía del sol naciente? En todo caso, es al machismo de Keiko al que habría que cuestionar, y no que Ollanta Humala sea el supuesto "cosito" de Heredia. Humala dió la cara por su esposa -quien tiene buena formación profesional- sin ningún machismo. Así que, con toda la herencia colonial y en nombre de todas las dependencias -que es que habló "la esposa del presidente", convertida supuestamente en "presidenta del esposo"-, hay que hacerle la vida imposible al criterio propio y al profesional. Se le hizo lo mismo a Ollanta Humala, por cierto, desde la soberbia limeña que desprecia por igual la independencia que a la provincia que habla quechua (como la de Ayacucho...) y al migrante llegado a la capital, sea con apellido Humala o con el de Heredia.
Si fuera asunto de machismo, hace algún tiempo habría sido repudiada la candidata de la derecha conservadora, Lourdes Flores, quien le pisó en una elección los talones al ex presidente Alan García. Una dama no incomoda demasiado, si tiene "fina estampa" y hace lo que corresponde: Violeta Chamorro en Nicaragua o Mireya Moscoso en Panamá no incomodaron por ser mujeres. Y si no la tiene, esa "finura", sino que golpea, con mucho de lumpen, tampoco es forzosamente negativo: es así que Keiko Fujimori, hija de Alberto Fujimori, alcanzó casi la mitad de los votos (poco más de 48 %) al enfrentarse electoralmente con Ollanta Humala. ¿Machismo? Ninguno, cuando se trató de la hija de Fujimori (y nadie impidió tampoco que tiempo atrás la ex esposa del mismo Fujimori, Susana Higuchi, incursionara en política).
Tampoco se sostiene que el Perú vea con malos ojos que una familia, la Humala-Heredia, se "instale" en el poder, suponiendo que fuera el caso. Si lo fuera, habría que pedir por igual que Keiko -una administradora de empresas- y su padre salgan de escena.- con todo y séquito de intrigantes ¿Hay que quejarse de la "reelección conyugal" -ni siquiera en la agenda, por el momento- pero no de la dinastía del sol naciente? En todo caso, es al machismo de Keiko al que habría que cuestionar, y no que Ollanta Humala sea el supuesto "cosito" de Heredia. Humala dió la cara por su esposa -quien tiene buena formación profesional- sin ningún machismo. Así que, con toda la herencia colonial y en nombre de todas las dependencias -que es que habló "la esposa del presidente", convertida supuestamente en "presidenta del esposo"-, hay que hacerle la vida imposible al criterio propio y al profesional. Se le hizo lo mismo a Ollanta Humala, por cierto, desde la soberbia limeña que desprecia por igual la independencia que a la provincia que habla quechua (como la de Ayacucho...) y al migrante llegado a la capital, sea con apellido Humala o con el de Heredia.
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