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viernes, 5 de mayo de 2017

PEGADO AL TELEFONO

Cruza la calle gritándole a un rectángulo pegado a la oreja. Corre el riesgo de que -en el mejor de los casos- le grite a él un automovilista. Corta una conversación para acariciar el rectángulo con su dedito, casi sensualmente. Mira distraído a las luces y señales que salen del aparato. No está distraído, en el fondo. Está concentrado en el fetiche y en el neg-ocio (neg-otium), el ocio hecho negocio, tráfico. Este hombre de la calle y los pasillos vive ocupado con su fetiche como siempre lo ha estado con los "asuntos urgentes" el hombre de negocios, para quien es distracción todo lo que no sea esa ocupación -hecha de múltiples ocupaciones- que no consiste en "darse el trabajo"- ni se diga en algo que "valga la pena". No es el fetiche en sí: es la "oportunidad" que pueda presentarse o algún supuesto riesgo. Como en la Bolsa, con la misma agitación, solo que en solitario o en la soledad compartida. Al mismo tiempo, el fetiche es marca de estatus: hay que estar conectado, no se puede no estarlo. Y significar -siempre como el hombre de negocios- que se está muy, muy ocupado.
      El resultado es la destrucción de la atención a los lados y alrededor. Bernard Stiegler (Ars Industrialis) considera que una técnica puede ser un remedio o un veneno. El problema no está en sí en el aparato, sino en el hecho de que no se ha acompañado de ninguna educación para su uso y sí en cambio del fomento a la adicción, por lo que "capta la atención". Esta misma adicción vuelve intolerable e imposible de llenar el espacio en blanco, como antaño se odiaban los silencios en las conversaciones telefónicas o en las pláticas a secas. No es otra cosa que la propagación del fetichismo y la alienación -ahora auspiciados incluso por la escuela-, la sumisión a una fuerza extraña, como si estuviera dotada de poderes mágicos, aunque creada por el ser humano. Ahora sí, el "cel" o el teléfono inteligente son el tótem: todos descendemos no del mono, sino de alguna aplicación (parental).

miércoles, 3 de mayo de 2017

SIN HORIZONTE

Solidaridad es una palabra en desuso, tabú, y que mucho menos se actúa. Hasta hace algún tiempo, luego de haber sido utilizada en exceso para toda suerte de causas izquierdistas, servía para la recuperación demagógica en programas asistencialistas y clientelares.
     La solidaridad ha sido remplazada, en el estilo estadounidense, por la caridad, el "voluntariado", lo que es tanto como decir que ser parte de una división del trabajo no es una obligación ("hoy por tí, mañana por mí"), exactamente de la misma manera en que el intelectual o el académico no pueden ver esa misma división ni el hecho de que es un llamado para "hacer equipo".
      Otra faceta es lo que Hannah Arendt llamó "la compasión que humilla", el sempiterno "yo estoy bien, tú estás mal". Pero ni caridad ni compasión remplazan el "darse el trabajo" y poner la atención en la solidaridad. Perdida de vista la división del trabajo, es que también lo está la organización, ya que organizarse supone justamente la capacidad de solidarizarse en los hechos.
      A mediados de los años '80, en una entrevista televisiva hoy reproducida por escrito, Christopher Lasch y Cornelius Castoriadis señalaban cómo iba triunfando una "cultura del egoísmo" sobre la base de la desorganización creciente de la clase obrera, puestos los obreros del mundo a competir unos con otros. Esta es una de las bases de la in-solidaridad "abajo", y se mantiene en la medida en que, efectivamente,  el llamado "mercado" es la competencia de todos contra todos y la desconfianza y/o la indiferencia son el fondo de esta rivalidad ("hoy por mí, mañana por mí"). Los medios de comunicación de masas mantienen este clima de tal modo que la dizque sociedad -pese a que la división del trabajo en la base sigue existiendo- esté atomizada e inerme para reaccionar horizontalmente: no tener ni sentir solidaridad (y ver para arriba, nunca a los lados ni alrededor) no es asunto de palabras, sino de incapacidad para la organizaciòn, la simple organización. Es la misma que es vista con desconfianza por quienes, contándose que el mundo se "autorregula" (como supuestamente el mercado), consideran que en toda organización hay siempre alguien para aprovecharse, por lo que no vale la pena dar, devolver, solidarizarse.

lunes, 1 de mayo de 2017

ESCRITURA LATINOAMERICANA: EL DEBATE AUSENTE

Todo el que puede y se lo cree, desde la academia hasta el periodismo, se lanza solo a la escritura en América Latina y gran parte del Caribe. No hay mayor noción de colectividad, ni siquiera en un latinoamericanismo que es con frecuencia de clientela y para ella - "yo escribo para mis amigos". La forma de citar lo dice todo, ya que, cuando se cita al nacional, se privilegia al compinche, al que ayudará a hacerse de una "brillante carrera" (llena de luces y ornamental), aunque con mucha mayor frecuencia se menciona al nacional para caerle encima, toda una ventaja comparada con la de ser simple y llanamente ignorado, hoy, mañana y siempre.
      Otro vicio consiste en citar regularmente al extranjero, a éste sí, quemándole incienso por el solo hecho de ser metropolitano, sea contemporáneo o pasado y "clásico". Los hay que practican como deporte la "gran cita" del extranjero, así sea desconociendo el debate de donde sale éste, y el "ninguneo", el ignorar paralela y sistemáticamente al nacional.
      Al enemigo, adversario u opositor se lo ignora -salvo tras bambalinas- o se lo lincha, en tumulto, repitiendo a coro. No hay tampoco reconstitución de un debate, reproducción de la voz del otro, admisión de su derecho a existir como otro, aunque todo el mundo se diga demócrata, como si serlo fuera más bien asunto de unanimidad, consenso. Por lo general, se descalifica y adjetiva.
      Estas prácticas no debieran sorprender en una derecha que llega a creerse que la escritura es cosa de genios, inspiraciones súbitas (líricas, poéticas, retóricas....) o de minorías selectas ("vanguardias"). Sorprende más en la retórica de una izquierda que habla de un "nosotros" que no es más que un coro para el yo que practica todo lo descrito hasta aquí, creyéndose con una "trascendencia asegurada" -una renta ya asegurada. El problema no es nada más la ausencia de debate. Es también, en la izquierda, la ausencia de la idea de que se debiera hacer equipo y al mismo tiempo respetar y fomentar las individualidades para enriquecerse mutuamente. Casi no las hay, pero los ventrílocuos, en cambio, abundan. "Nosotros" es un tumulto que le dará la espalda a una individualidad apenas aparezca. Así, sin individualidades pero en el individualismo más feroz, no se informa, no se debate, no se brinda ningún servicio público. La realidad es que no hay mayor público, porque a su vez está atrofiado y ve la ornamenta como lo que es, ornamenta.

viernes, 3 de febrero de 2017

EL NEOLIBERALISMO A EXPENSAS DEL ESTADO

Con frecuencia se desechan las ideas de Carlos Marx con este argumento: !es que son del siglo XIX! El "neoliberalismo" no tiene nada que ver con el liberalismo clásico ni con autores como, pongamos por caso, Hume, Locke, Smith, Jefferson, Tocqueville o Stuart Mill. Se habla de "neoliberalismo" por convención, sin quererlo, cuando en realidad los "neoliberales" de hoy son utilitaristas muy próximos de creencias "a lo Bentham" o de un evolucionismo como el de Herbert Spencer.
       Las creencias neoliberales están contenidas por ejemplo en un libro de Spencer que data de 1884, El Hombre contra el Estado. El lapidario Spencer escribe: "todo socialismo implica esclavitud" y advierte contra toda forma de esclavización del individuo por "la comunidad". Spencer advierte en particular contra el Estado propietario y la tendencia estatal  a apoderarse de toda la actividad económica. ¿Qué puede suceder? la esclavización por parte de una burocracia compuesta por "individuos de naturaleza humana", y con "(...)los defectos e imperfecciones (que) producirán los mismos malos (...) El amor al poder, el egoísmo, la injusticia, la deslealtad, que a menudo y a corto plazo conducen a las organizaciones privadas al desastre, engendrarán (...) males muy grandes y difíciles de evitar, puesto que la organización administrativa, vasta, compleja y provista de todos los recursos, una vez desarrollada y consolidada, llega a ser irresistible". Así, Spencer alerta contra la burocracia confundiendo al mismo tiempo socialismo con Estado propietario.
       Esa confusión no existe en Marx, quien, según consta en la Crítica del programa de Gotha, no quería en absoluto un "Estado propietario". Para Marx, el Estado debía limitarse a dos cosas: la satisfacción de determinadas necesidades colectivas (escuelas, instituciones sanitarias, etcétera) y "gastos generales de admininistración", nótese bien que "generales". No aparece aquí por ningún lado el "Estado propietario", de tal modo que el "Estado de Bienestar" del siglo XX, en sus distintas variantes (socialdemócrata, "keynesiana estadounidense", fascista, jrushoviana-brezhneviana) poco tiene que ver con el socialismo. El "neoliberalismo" sirve para otra cosa, en el nombre del mercado: para saquear y parasitar ese "Estado de Bienestar" propio del CME (Capitalismo Monopolista de Estado). Dicho de otro modo, para "vivir a expensas de..." mientras dure....

jueves, 2 de febrero de 2017

LA LIBERTAD NEOLIBERAL

Hay una economía que sustenta al "neoliberalismo" y sirve para creer que, después de todo, hay la famosa "libertad de elegir" de Milton Friedman y "libertades" para dar rienda suelta a las preferencias (de todo tipo, por lo demás).
        A un nivel de ingreso dado, se puede tener una lista de productos (unos churrumais, un gansito Marinela, un yakult, una Pepsi, unas galletas de avena Quaker Oats, etcétera) que se pueden "combinar" o "agenciar" de distintas maneras, considerando precios y otros factores: uno querrá un gansito y dos Pepsis, otro un yakult y las galletas de avena (!el ecologista!), uno más dos bolsitas de churrumais, etcétera. Pareciera que las posibilidades son infinitas. Esto del modo de agenciar preferencias puede repetirse a otro nivel, si lo que está en juego es un Mercedes Benz, una semana en Las Vegas, un crucero por el Caribe y el enganche para un Loft. Uno querrá (!el turista!) la semana en Las Vegas y un crucero. Otro preferirá el Loft y uno más el adelanto para el Mercedes Benz, siempre a determinado nivel de ingreso. Nótese que alguno podrá querer el Mercedes e irse de crucero. Todo sucede en el mundo del consumo: el inversionista podrá escoger "combinaciones" de los factores de producción (tierra, trabajo y capital): el trabajo aparece apenas como un "servicio" más a combinar con los otros factores para ser consumido.
         Desde luego, esta economía del consumo (desde mercancías hasta factores de la producción) no menciona nunca las condiciones de producción y así, cualquiera puede combinar sus preferencias como mejor le plazca y para lo que sea....a condición de olvidar las diferencias de ingreso y su origen. El tema es tabú en la "sociedad de consumo". Se omite que las diferencias de ingreso tienen su origen en diferencias en el acceso a la propiedad. Cierto, hasta quien tiene muy poco es propietario: de su fuerza de trabajo, por ejemplo (!pues que la venda y se ponga a trabajar!).
      Elegir da un "plus", sobre todo si el valor añadido es "marca de clase". Lo que ocurre, para seguir a Michel Clouscard (La bëte sauvage-La bestia salvaje) es que "el significante" se desplaza en busca de variantes del "plus" (manipulando todas las combinaciones que se quieran) sin tocar jamás el orden del significado ni del referente (por ejemplo, qué significan las diferencias de ingreso). En el mundo neoliberal, donde se compra en vez de ganarse, donde la "sociedad de consumo" es incapaz de organización, donde el "mercado del deseo" ha tomado el lugar del interés público, no se habla del "orden de la necesidad" y se hace como si no existiera. El fantástico mundo neoliberal ha salido del reino de la necesidad para entrar en el de la libertad. Al menos a determinado nivel de ingreso.

miércoles, 1 de febrero de 2017

EL NEOLIBERALISMO Y MME. LA SOCIEDAD CIVIL

Michel Clouscard lo advertía desde principios de los años '80: lo que este autor llamaba "liberalismo libertario", algo muy distinto del liberalismo, quería apoderarse de la "sociedad civil". En el neoliberalismo actual, de hecho, todos, o casi, hablan de la sociedad civil y muchos desde la sociedad civil. Clouscard había advertido que se trataba de entronizar la confusión de la libertad en general con la libertad de mercado. Para este fin sirvió relegar al mundo del trabajo y hablar, como lo hicieron en su momento entre otros los freudo-marxistas (Marcuse y demás), de "sociedad de consumo".
       En La bëte sauvage (La bestia salvaje), Clouscard demostró en pocas páginas magistrales como se instaló la cultura mundana en la sociedad civil, en busca de la adquisición "de clase" y de una moda tras otra. El mercado de la sociedad civil se convirtió en "mercado del deseo" en el cual, según Clouscard, el objeto y la relación ya no tienen que ser producidos, ganados, conquistados, digamos que merecidos: basta con comprarlos. Ciertamente, a la "gente de la sociedad civil" no le interesa tanto producir como comprar -con el "plus" mundano de clase, la "marca"- y consumir. De este modo, la sociedad civil del neoliberalismo, además de no saber organizarse y de no aportar nada al espacio público, no está interesada en trabajar y reproducir, sino en comprar y consumir. Todo está en "el deseo" y el cumplimiento del mismo. Este mercado del deseo no hace más que adentrarse en más y más permisividades si permiten comprárselas. Clouscard hacía notar que la transgresión aparece como "génesis de la inocencia"y de la "espontaneidad".
       Clouscard hacía notar también magistralmente que este "mercado del deseo" llega a creer en una naturaleza humana esencialmente buena con necesidades legítimas que, de no cumplirse, se frustran por toparse con una "sociedad represiva". Hoy cualquier cosa que emana de la sociedad civil -cualquiera de sus deseos, así se trate una y otra vezde transgredir- es impoluta y está fuera de toda sospecha. Es in acompañar a esta sociedad civil tan inocente gracias a la cual el neoliberalismo aparece en el sentido común de la época como algo que se genera "desde abajo": es, en términos publicitarios, desde "éso que tu quieres" hasta "la rubia que todos quieren". Sin organización, sin ningún compromiso con el interés público (al que la sociedad civil suplantó con sus deseos), sin trabajo (esfuerzo que respalde algo por ganar), en realidad la sociedad civil del neoliberalismo falla recurrentemente: es "llamarada de petate" (neozapatismo, Sicilia, #yosoy132, Ayotzinapa, etcétera, en el caso de México).

martes, 31 de enero de 2017

EL FALSO NEOLIBERALISMO: !NI UN PASO SIN HUARACHE!

El sentido común de la época neoliberal dicta que todo el mundo "siga sus intereses". En sí, no tiene nada de malo: alguien puede interesarse por la pintura, alguien más por el ajedrez, otro por el voleibol, uno más por las mujeres y un último por los tríos (musicales). Más sigue la gente sus intereses, más diversidad hay, mayores posibilidades de intercambio, de charlas amenas y de cooperación. Pero en el falso neoliberalismo "seguir sus intereses" no es enriquecerse en la división del trabajo: es "maximizar la utilidad", para decirlo de manera benigna. Sin decirlo con demasiada crudeza, el ser neoliberal que "sigue sus intereses" busca "sacar provecho", desde luego que ante todo para sí mismo.
        En la Teoría de la Elección Pública, que se origina en James Buchanan, miembro de la Sociedad Mont Pélerin, la idea central, como lo recuerda Fernando Escalante Gonzalbo en su Historia mínima del neoliberalismo (México, El Colegio de México), es que "los políticos, los funcionarios, son como cualquier otra gente: individuos racionales que tratan de maximizar su utilidad. No hay motivos para suponer que tengan otro propósito, miras más altas, ni una especial generosidad". En suma, en cada político o cada funcionario hay gato encerrado (cuando no un gran ladrón), por lo que es mejor tener cuidado y, digamos, preferible no aportar a una cosa pública donde todos están en el festín de la maximización de utilidades. "(...) Resulta forzoso desconfiar, resume Escalante, de quienes invocan el interés público, el bien público, o la ética del servicio público. No hay tal cosa. Y en todo caso, ésa no es la verdadera motivación de quienes lo proclaman. O sea, que la idea del interés público es para empezar un engaño". Lo mejor es "no suponer que existan ni la vocación, ni la responsabilidad, ni la ética del servicio público, porque es dudoso que nada de eso sea real".
       Desde su fantasmagórica "sociedad civil", el ser neoliberal toma, agarra, incluso saquea, "usa" -son sus derechos-, en fin, "maximiza su utilidad" y recibe -se sirve, se hace servir- bajo el supuesto de que "allá arriba" todos están haciendo lo mismo, "sirviéndose" en lugar de "servir". Nadie dice que no haya políticos o funcionarios que abusan y que incluso roban en grande. Pero otra cosa es la coartada delirante (!el jefe de gobierno de la ciudad tiene acciones en todos los grandes edificios que se construyen!) para no dar nada, pero sí reservarse el derecho a tomar sin dar o devolver.. Si todo el mundo "maximiza su utilidad", buscará el mayor provecho recelando de dar: funciona mientras hay recursos del Capitalismo Monopolista de Estado (CME), creado en la posguerra, para usufructo privado, pero es acercar la ruina -si el erario se queda seco- con el agravante de que ya no hay ninguna experiencia ni voluntad de organización para reparar. "Los políticos" no son los únicos inútiles.

NI EN EL MUNDO TE HAGO

 La extorsión es uno de los delitos que no se logra bajar en México, si bien se castiga ahora más severamente.       En tiempos del antiguo ...