El estudio de las relaciones internacionales hoy suele estar reducido, como suele estarlo el análisis mediático sobre las mismas, a dos cosas:
-la especulación geopolítica o "geoestratégica", pero sin valores de por medio y sin mayor peso de la diplomacia. La geopolítica, aunque necesaria en la medida en que, como decía Napoleón, "todo Estado hace la política de su geografía", es una supuesta "ciencia", muy darwinista, que surgió en buena medida en Alemania (pese a los aportes británicos) con Friedrich Ratzel, teórico del "espacio vital" y prosiguió con alguien muy cercano al nazismo, Karl Haushofer. En una versión caricaturesca, ponerse siempre a la geopolítica es como jugar Monopoly, algo que difícilmente podría ser el objeto de estudio de las relaciones internacionales. Por su cercanía final con el nazismo, la geopolítica fue más o menos proscrita después de la segunda Guerra Mundial.
-igual o peor de dañino ha sido el estarse a la aplicación -como los militares estadounidenses, para empezar- de la "teoría de juegos" a las relaciones internacionales. En esta teoría un jugador toma decisiones no razonando, sino calculando, en particular "adelantándose" a lo que probablemente haga el otro. En sus peores versiones, la "teoría de juegos" supone que los jugadores engañan y blofean con tal de llevarse ganancias. Así por ejemplo, toda la política exterior rusa y la actitud del líder ruso Vladimir Putin han sido interpretadas en masa en Occidente como maniobras para engañar o blofeos para adquirir ventajas "geopolíticas" (Ucrania, Siria), sin que el aparato mediático y los "estudiosos" se pregunten si están ante estadistas o ante jugadores de póquer. Es así porque al mismo tiempo se cree que los planes de agresión occidentales y de algunos asiáticos contra la Federación Rusa son en realidad otros tantos blofeos para justificar la existencia de una gran "burocracia" (la de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, por ejemplo) que "hace jugadas", pero que supuestamente nunca pasará a los actos.
El resultado es que entre Monopoly y Turista Mundial, el estudio de las relaciones internacionales fue destruido y el aparato mediático se pone a las "jugadas" -a lo sumo, para demostraciones de "poder" siguiendo a la escuela realista- creyendo que todo es, a fin de cuentas, un juego, frívolo y mundano, algo que incluye a los portales rusos RT y Sputnik que hacen reportajes frecuentes sobre la tercera Guerra Mundial y qué hacer en caso de guerra nuclear. Algunos más ponen el aderezo de "grandes conspiraciones" que de todos modos significan lo mismo: jugar con la vida de millones (en los "análisis" incluidos) desde arriba y sin ninguna participación (¿democrática?) de los candidatos a muertos.
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viernes, 2 de junio de 2017
jueves, 1 de junio de 2017
ECUADOR: AVANCES EN LA AUTOCRITICA
Lenín Boltaire (sic) Moreno llegó a la presidencia ecuatoriana -con Jorge Glas para la vicepresidencia- con una diferencia mínima de votos ante su competidor de derecha y pro-oligárquico Guillermo Lasso. Afortunadamente, Moreno decidió detener un poco la música latinoamericanista de peña folklórica para pasar a una auto-crítica seria que estaba impedida por el culto izquierdista al mandatario saliente Rafael Correa, aunque no fuera la intención del mismo Correa.
En una carta dirigida a la hoy ex Secretaria Ejecutiva de Alianza País, Doris Soliz (remplazada por Gabriela Rivadeneira y su arriesgada retórica), Moreno lanzó varias ideas y directrices de acción importantes: 1) la necesidad de formar cuadros sólidos, 2) el énfasis en la lucha contra la corrupción, y 3) la necesidad de contar con una ciudadanía responsable. En efecto, contra lo que está sucediendo en distintas latitudes, la "ciudadanía" no puede ser sólo sujeto de derechos y no asumir compromiso ninguno. Recibidos éstos, debe hacerse partícipe del acontecer nacional. "Es muy importante -le escribió Moreno a Soliz- que los grandes desafíos futuros sean asumidos por toda la sociedad, por la ciudadanía entera y no sólo por el Estado. El nuevo país debe ser el resultado de la corresponsabilidad entre la ciudadanía y el Estado". Esta afirmación muestra que Alianza País es mucho, menos populismo.
¿Cómo se relaciona lo anterior con la formación de cuadros? "Para que este principio de corresponsabilidad se pueda materializar -le escribió Moreno a Soliz- se requiere emprender una verdadera cruzada de formación política, que no debe ser entendida de ninguna forma como adoctrinamiento, sino como la entrega de elementos, análisis, información para que los ciudadanos actúen de manera consciente e informada" -por cierto que lo contrario de lo que ocurre en muchas democracias actuales, en las cuales los "ciudadanos" que no son tales, ni siquiera "empoderados", no están informados de nada. Aunque sin referirse directamente al problema de la cultura, Lenín Moreno afirmó: "debemos ser autocríticos y reconocer que en estos años no hemos logrado llevar elementos inspiradores suficientes para cambiar el YO interior de nuestro pueblo. Debemos reconocer que la infraestructura y lo material, central para transformar el país, difícilmente cambia al sujeto en su interior". Tan es así que la cultura oligárquica persistió -incluso en la intelectualidad- y estuvo a punto de arrebatar el gobierno a Alianza País.
Moreno dejo abierta la puerta a la participación clave del sector privado, siempre y cuando, desde el mismo, se consiga salir de la economía primario-exportadora y diversificar la economía.
La carta a Doris Soliz hizo notar: "ninguno de los desafíos podrá ser enfrentado si cada acción, cada política, cada programa no se apoyan o construyen sobre la base de una gran transformación ética y de valores; valores democráticos, de solidaridad, de generosidad, valores que no permitan ni toleren la corrupción". Y aquí sí: "ningún avance material podrá ser sostenible ni suficiente sin esa transformación cultural".
"¿Deberíamos -se preguntó Moreno- superar la lógica de partido, de un espacio entre nosotros sin abrirnos a los movimientos sociales y políticos que comparten los principios básicos del proyecto político?
Moreno, aunque abrió la puerta al diálogo con mujeres, indígenas y ecologistas que en la práctica tienen valores oligárquicos o peor (el socio-biocentrismo de Alberto Acosta, para quien el Hombre es Naturaleza, es neo-fascista), también la abrió para salir de la tendencia a la endogamia latinoamericanista e intelectual y formó un gabinete diverso (con muy buenos nombramientos, como en Justicia y en Cultura).
En una carta dirigida a la hoy ex Secretaria Ejecutiva de Alianza País, Doris Soliz (remplazada por Gabriela Rivadeneira y su arriesgada retórica), Moreno lanzó varias ideas y directrices de acción importantes: 1) la necesidad de formar cuadros sólidos, 2) el énfasis en la lucha contra la corrupción, y 3) la necesidad de contar con una ciudadanía responsable. En efecto, contra lo que está sucediendo en distintas latitudes, la "ciudadanía" no puede ser sólo sujeto de derechos y no asumir compromiso ninguno. Recibidos éstos, debe hacerse partícipe del acontecer nacional. "Es muy importante -le escribió Moreno a Soliz- que los grandes desafíos futuros sean asumidos por toda la sociedad, por la ciudadanía entera y no sólo por el Estado. El nuevo país debe ser el resultado de la corresponsabilidad entre la ciudadanía y el Estado". Esta afirmación muestra que Alianza País es mucho, menos populismo.
¿Cómo se relaciona lo anterior con la formación de cuadros? "Para que este principio de corresponsabilidad se pueda materializar -le escribió Moreno a Soliz- se requiere emprender una verdadera cruzada de formación política, que no debe ser entendida de ninguna forma como adoctrinamiento, sino como la entrega de elementos, análisis, información para que los ciudadanos actúen de manera consciente e informada" -por cierto que lo contrario de lo que ocurre en muchas democracias actuales, en las cuales los "ciudadanos" que no son tales, ni siquiera "empoderados", no están informados de nada. Aunque sin referirse directamente al problema de la cultura, Lenín Moreno afirmó: "debemos ser autocríticos y reconocer que en estos años no hemos logrado llevar elementos inspiradores suficientes para cambiar el YO interior de nuestro pueblo. Debemos reconocer que la infraestructura y lo material, central para transformar el país, difícilmente cambia al sujeto en su interior". Tan es así que la cultura oligárquica persistió -incluso en la intelectualidad- y estuvo a punto de arrebatar el gobierno a Alianza País.
Moreno dejo abierta la puerta a la participación clave del sector privado, siempre y cuando, desde el mismo, se consiga salir de la economía primario-exportadora y diversificar la economía.
La carta a Doris Soliz hizo notar: "ninguno de los desafíos podrá ser enfrentado si cada acción, cada política, cada programa no se apoyan o construyen sobre la base de una gran transformación ética y de valores; valores democráticos, de solidaridad, de generosidad, valores que no permitan ni toleren la corrupción". Y aquí sí: "ningún avance material podrá ser sostenible ni suficiente sin esa transformación cultural".
"¿Deberíamos -se preguntó Moreno- superar la lógica de partido, de un espacio entre nosotros sin abrirnos a los movimientos sociales y políticos que comparten los principios básicos del proyecto político?
Moreno, aunque abrió la puerta al diálogo con mujeres, indígenas y ecologistas que en la práctica tienen valores oligárquicos o peor (el socio-biocentrismo de Alberto Acosta, para quien el Hombre es Naturaleza, es neo-fascista), también la abrió para salir de la tendencia a la endogamia latinoamericanista e intelectual y formó un gabinete diverso (con muy buenos nombramientos, como en Justicia y en Cultura).
miércoles, 31 de mayo de 2017
DESDE EL RENTIER STATE
Mientras el sovietismo se instalaba en la mentira a partir del putsch de 1956 y el tercermundismo (China incluida, luego de un paréntesis autárquico) pasaba de una alianza circunstancial con Moscú al "pacifismo" en el acercamiento a Washington, las democracias "liberales" se dedicaron entre otras cosas...a matar, por lo que no están muy bien colocadas que digamos para juzgar las atrocidades de los demás, reales o supuestas.
Francia, por ejemplo, no abandonó por las buenas sus colonias, y no nada más por la guerra de Argelia entre los '50 y los '60. Desde antes hubo masacres de los colonialistas franceses en Indochina (como en My Trach, Vietnam) y Madagascar (durante la rebelión malgache de la inmediata posguerra). El primer ministro británico Winston Churchill era un matón consumado en asuntos coloniales. Estados Unidos, por su parte, comenzó su carrera temprano: intervino en Haití en 1915, en República Dominicana en 1916, en México en 1914, todas fechas anteriores a la Revolución Rusa, ni se diga a la Guerra Fría. Durante ésta, Estados Unidos contribuyó a derrocar al gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala en 1954 (antes de la Revolución Cubana, por lo tanto) y al gobierno democráticamente electo y ultrapacífico de Salvador Allende en Chile en 1973. No queda claro que tiene que ver todo este historial (mucho más largo...) con el liberalismo, ni por qué quienes reprueban los horrores -cada vez más desmentidos por las investigaciones históricas de archivo- del sovietismo no dicen nunca ni una palabra de las "prácticas democráticas" francesas, británicas y estadounidenses en ultramar.
A la larga, estos tres países quedaron como modelo justamente de democracias autodenominadas "liberales" y respetuosas de "las libertades", entiéndase que las suyas. En efecto, en un mundo inusualmente pacífico como el de hoy, las poquísimas guerras que quedan (en particular en Siria) han sido causadas por las mismas tres potencias, pero sin que se pueda hablar de imperialismo, algo reservado para la política exterior...rusa. Este ha sido el principio del desvirtuamiento del estudio de las relaciones internacionales, que únicamente considera la perspectiva de estos centros "hegemónicos", aunque su autoridad esté en duda si uno se atiene a la perspectiva histórica. Las "pacíficas democracias liberales" (donde en realidad impera el rentnerstaat que denunciara Lenin) estudian cómo llevar la paz a los rincones más criminales del planeta.
Francia, por ejemplo, no abandonó por las buenas sus colonias, y no nada más por la guerra de Argelia entre los '50 y los '60. Desde antes hubo masacres de los colonialistas franceses en Indochina (como en My Trach, Vietnam) y Madagascar (durante la rebelión malgache de la inmediata posguerra). El primer ministro británico Winston Churchill era un matón consumado en asuntos coloniales. Estados Unidos, por su parte, comenzó su carrera temprano: intervino en Haití en 1915, en República Dominicana en 1916, en México en 1914, todas fechas anteriores a la Revolución Rusa, ni se diga a la Guerra Fría. Durante ésta, Estados Unidos contribuyó a derrocar al gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala en 1954 (antes de la Revolución Cubana, por lo tanto) y al gobierno democráticamente electo y ultrapacífico de Salvador Allende en Chile en 1973. No queda claro que tiene que ver todo este historial (mucho más largo...) con el liberalismo, ni por qué quienes reprueban los horrores -cada vez más desmentidos por las investigaciones históricas de archivo- del sovietismo no dicen nunca ni una palabra de las "prácticas democráticas" francesas, británicas y estadounidenses en ultramar.
A la larga, estos tres países quedaron como modelo justamente de democracias autodenominadas "liberales" y respetuosas de "las libertades", entiéndase que las suyas. En efecto, en un mundo inusualmente pacífico como el de hoy, las poquísimas guerras que quedan (en particular en Siria) han sido causadas por las mismas tres potencias, pero sin que se pueda hablar de imperialismo, algo reservado para la política exterior...rusa. Este ha sido el principio del desvirtuamiento del estudio de las relaciones internacionales, que únicamente considera la perspectiva de estos centros "hegemónicos", aunque su autoridad esté en duda si uno se atiene a la perspectiva histórica. Las "pacíficas democracias liberales" (donde en realidad impera el rentnerstaat que denunciara Lenin) estudian cómo llevar la paz a los rincones más criminales del planeta.
lunes, 29 de mayo de 2017
MULTIPOLARIDAD QUE NO ES PAZ
Del lado capitalista, durante la segunda posguerra no existía una tendencia tan marcada a la unipolaridad como en la actualidad. Europa Occidental no era "una sola", en particular por la posición de independencia francesa con Charles de Gaulle, posición que en materias económica y militar siempre incomodó a Washington. Hasta los años '70, España, Portugal y Grecia no estaban integrados en la Comunidad Económica Europea y los dos primeros países seguían con su política colonial propia: por ejemplo, Portugal en Angola, un país que a la larga otearía hacia Estados Unidos, muchos años después de la independencia lograda con Agostinho Neto. A su vez, el Reino Unido, que con John Maynard Keynes (partidario del Bancor y no del dólar en las negociaciones de Bretton Woods de 1944) entró tardíamente a la unidad europea y prefirió durante un buen trecho de la posguerra la EFTA (European Free Trade Association- Asociación Europea de Libre Comercio).
Lo más notorio hoy es la pérdida de autonomía francesa en materia de política exterior, y en segundo lugar, la impronta que tiene ahora Estados Unidos sobre España. Ambos giros de estos países europeos hacia Estados Unidos tuvieron lugar en los años '80 del siglo pasado. Hoy, Estados Unidos interviene abiertamente en asuntos internos de estos países: el ex presidente estadounidense Barack Obama, por ejemplo, felicitó en dos ocasiones al finalmente ganador de las elecciones francesas y galardonado de la French American Foundation, Emmanuel Macron (premiado en 2012, mientras que el mandatario saliente Francois Hollande lo fue en 1996).
Cabe señalar que el Tercer Mundo no se redujo a un tablero de "ajedrez" entre Estados Unidos y la Unión Soviética, aunque la multipolaridad de entonces hizo el mundo más violento de lo que es ahora, por lo que "multipolaridad" no es ningún equivalente de paz. La prueba de que no todo era Guerra Fría está en la existencia del Movimiento de los No Alineados (Noal) y en posiciones "intermedias" como la de México, pese a un fuerte anticomunismo en buena parte de los medios oficialistas. Hoy el Tercer Mundo está bajo una influencia estadounidense mucho más fuerte que antaño (por ejemplo en Africa), pese a la competencia china, sobre todo en materia económica. Los símbolos tercermundistas -Mahatma Gandhi o Nelson Mandela, en menor medida el Che Guevara- han sido recuperados por el "poder blando" estadounidense, que tomó el lugar violento de las antiguas potencias coloniales, con resultados positivos (para Washington), incluso en casos de derrotas militares como la de Vietnam.
Lo más notorio hoy es la pérdida de autonomía francesa en materia de política exterior, y en segundo lugar, la impronta que tiene ahora Estados Unidos sobre España. Ambos giros de estos países europeos hacia Estados Unidos tuvieron lugar en los años '80 del siglo pasado. Hoy, Estados Unidos interviene abiertamente en asuntos internos de estos países: el ex presidente estadounidense Barack Obama, por ejemplo, felicitó en dos ocasiones al finalmente ganador de las elecciones francesas y galardonado de la French American Foundation, Emmanuel Macron (premiado en 2012, mientras que el mandatario saliente Francois Hollande lo fue en 1996).
Cabe señalar que el Tercer Mundo no se redujo a un tablero de "ajedrez" entre Estados Unidos y la Unión Soviética, aunque la multipolaridad de entonces hizo el mundo más violento de lo que es ahora, por lo que "multipolaridad" no es ningún equivalente de paz. La prueba de que no todo era Guerra Fría está en la existencia del Movimiento de los No Alineados (Noal) y en posiciones "intermedias" como la de México, pese a un fuerte anticomunismo en buena parte de los medios oficialistas. Hoy el Tercer Mundo está bajo una influencia estadounidense mucho más fuerte que antaño (por ejemplo en Africa), pese a la competencia china, sobre todo en materia económica. Los símbolos tercermundistas -Mahatma Gandhi o Nelson Mandela, en menor medida el Che Guevara- han sido recuperados por el "poder blando" estadounidense, que tomó el lugar violento de las antiguas potencias coloniales, con resultados positivos (para Washington), incluso en casos de derrotas militares como la de Vietnam.
sábado, 27 de mayo de 2017
BLOQUE SOCIALISTA Y MULTIPOLARIDAD
Durante la posguerra, el mundo era mucho más multipolar de lo que es hoy, y no se reducía a la simple contienda bipolar entre un bloque capitalista y uno socialista.
El "campo socialista" o "bloque socialista", como se quiera llamar, estaba dividido. Un polo lo dirigía la Unión Soviética (su aliado más fiel era probablemente la República Democrática Alemana-RDA). Otro polo lo dirigió China a partir de la ruptura sino soviética de 1960 y chinos y soviéticos pelearon entre sí, incluso con las armas (por ejemplo en Angola) en el Tercer Mundo. Vietnam, por ejemplo, que era un país asiático que se reclamaba socialista, fue atacado en 1979 por China y el conflicto se extendió a Camboya. En Europa del Este, Yugoslavia decidió muy pronto seguir su propio camino (socialismo auto-gestionario) y buscarse aliados en el Movimiento de los No-Alineados (Noal). La pequeña Albania se alió con la Unión Soviética, luego con China y siguió finalmente sola, en un camino extravagante como el de Norcorea (Rumania también siguió a partir de los años '70 su propio camino). Se pueden contar de este modo por lo menos tres polos (soviético, chino y yugoslavo), y por cierto que no todo el Tercer Mundo se alineó con uno u otro campo, socialista o capitalista (como ocurrió con India y en buena medida con México, por ejemplo).
La ruptura sino soviética es un hecho de 1960 que influyó en la intelectualidad tercermundista y de más de un país central luego del putsch soviético de 1956 -que desprestigió al sovietismo y lo asoció con "terror", como lo asociaría luego con "escasez"-. Es por este motivo que hasta la actualidad se le otorga -sobre todo en el Tercer Mundo- un papel protagónico a China como "polo del futuro" o en una nueva "bipolaridad" (Occidente-Asia u Occidente-Eurasia) que no pasa de estar en ciernes (proyecto Un Cinturón, Una Ruta, con las llamadas "nuevas rutas de la seda" chinas). incluso pese a que India y Estados Unidos tendrían proyectos propios. Este supuesto protagonismo chino -en realidad es regional y no global- hunde sus raíces en la visión del mundo de los baby-boomers que crecieron con las "proezas" de Mao (Revolución Cultural, etcétera...) y luego el gran despegue de China contra el autoritarismo y el estancamiento soviéticos, por lo que no hay un cambio de época radical, mucho menos hacia una mayor multipolaridad: el mundo ex soviético y China están mucho más americanizados que en el pasado.
El "campo socialista" o "bloque socialista", como se quiera llamar, estaba dividido. Un polo lo dirigía la Unión Soviética (su aliado más fiel era probablemente la República Democrática Alemana-RDA). Otro polo lo dirigió China a partir de la ruptura sino soviética de 1960 y chinos y soviéticos pelearon entre sí, incluso con las armas (por ejemplo en Angola) en el Tercer Mundo. Vietnam, por ejemplo, que era un país asiático que se reclamaba socialista, fue atacado en 1979 por China y el conflicto se extendió a Camboya. En Europa del Este, Yugoslavia decidió muy pronto seguir su propio camino (socialismo auto-gestionario) y buscarse aliados en el Movimiento de los No-Alineados (Noal). La pequeña Albania se alió con la Unión Soviética, luego con China y siguió finalmente sola, en un camino extravagante como el de Norcorea (Rumania también siguió a partir de los años '70 su propio camino). Se pueden contar de este modo por lo menos tres polos (soviético, chino y yugoslavo), y por cierto que no todo el Tercer Mundo se alineó con uno u otro campo, socialista o capitalista (como ocurrió con India y en buena medida con México, por ejemplo).
La ruptura sino soviética es un hecho de 1960 que influyó en la intelectualidad tercermundista y de más de un país central luego del putsch soviético de 1956 -que desprestigió al sovietismo y lo asoció con "terror", como lo asociaría luego con "escasez"-. Es por este motivo que hasta la actualidad se le otorga -sobre todo en el Tercer Mundo- un papel protagónico a China como "polo del futuro" o en una nueva "bipolaridad" (Occidente-Asia u Occidente-Eurasia) que no pasa de estar en ciernes (proyecto Un Cinturón, Una Ruta, con las llamadas "nuevas rutas de la seda" chinas). incluso pese a que India y Estados Unidos tendrían proyectos propios. Este supuesto protagonismo chino -en realidad es regional y no global- hunde sus raíces en la visión del mundo de los baby-boomers que crecieron con las "proezas" de Mao (Revolución Cultural, etcétera...) y luego el gran despegue de China contra el autoritarismo y el estancamiento soviéticos, por lo que no hay un cambio de época radical, mucho menos hacia una mayor multipolaridad: el mundo ex soviético y China están mucho más americanizados que en el pasado.
viernes, 26 de mayo de 2017
BOBOS CON MACRON
Emmanuel Macron, nuevo presidente de Francia, se benefició entre otros de los votos de la mayoría de los partidarios de Jean-Luc Mélenchon, izquierdista. En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas, en la cual se enfrentaron Macron y la supuestamente "fascista" Marine Le Pen -otra vez a las palabrotas-, 25 % de los simpatizantes de Mélenchon se abstuvieron, pero el 62 % de los mismos, según la periodista Diana Johnstone, votó por Macron. Así las cosas, casi no hubo votos para Le Pen en el campo izquierdista. Quienes votaron en gran medida por Marine Le Pen fueron trabajadores y otros miembros de las llamadas "categorías populares" (53 %).
Siempre según Johnstone, por Macron votó el 90 % de la ciudad de París, algo explicable en la medida en que los trabajadores viven fuera de ella y está tomada por los bobos ("categorías socio-profesionales superiores", y bourgeois bohëme). Según Johnstone, esta segunda categoría está integrada entre otros por periodistas, comentaristas y personalidades del show business (muchas son nuevas ocupaciones de los servicios que reproducen la ideología dominante, aunque sin siquiera mencionar la palabra "ideología"). Los bobos de París están empleados -para seguir a Johnstone- en los ramos del negocio de la fabricación ideológica de los nuevos "derechos humanos": periodistas, profesores, consultores, y miembros de la industria del entretenimiento. De remate, el 80 % de los ancianos ("personas de la tercera edad"), categoría en la que abundan los rentistas, votó por Macron.
Diana Johnstone ha recordado que Macron se lanzó en un mitin en Lyon a decir que "no existe la cultura francesa", de la misma manera en que Jean-Yves Le Drian es ministro "de Europa y de Asuntos Exteriores" y Sylvie Goulard, ministra de Defensa, declaró tranquilamente que "no se siente francesa". Con tal de parar a un fascismo fantasmático, el izquierdismo (gauchisme) fue a regalarle sus votos a quien, sin sentirse ni siquiera realmente francés (es "europeo"), tiene pensado seguir con reformas al código del trabajo, del tal modo que el neo-fascismo rampante golpee a los trabajadores...con el apoyo del izquierdismo "á la Mélenchon" (y la indiferencia de los hijos de papá bobos que pululan por doquier).
Siempre según Johnstone, por Macron votó el 90 % de la ciudad de París, algo explicable en la medida en que los trabajadores viven fuera de ella y está tomada por los bobos ("categorías socio-profesionales superiores", y bourgeois bohëme). Según Johnstone, esta segunda categoría está integrada entre otros por periodistas, comentaristas y personalidades del show business (muchas son nuevas ocupaciones de los servicios que reproducen la ideología dominante, aunque sin siquiera mencionar la palabra "ideología"). Los bobos de París están empleados -para seguir a Johnstone- en los ramos del negocio de la fabricación ideológica de los nuevos "derechos humanos": periodistas, profesores, consultores, y miembros de la industria del entretenimiento. De remate, el 80 % de los ancianos ("personas de la tercera edad"), categoría en la que abundan los rentistas, votó por Macron.
Diana Johnstone ha recordado que Macron se lanzó en un mitin en Lyon a decir que "no existe la cultura francesa", de la misma manera en que Jean-Yves Le Drian es ministro "de Europa y de Asuntos Exteriores" y Sylvie Goulard, ministra de Defensa, declaró tranquilamente que "no se siente francesa". Con tal de parar a un fascismo fantasmático, el izquierdismo (gauchisme) fue a regalarle sus votos a quien, sin sentirse ni siquiera realmente francés (es "europeo"), tiene pensado seguir con reformas al código del trabajo, del tal modo que el neo-fascismo rampante golpee a los trabajadores...con el apoyo del izquierdismo "á la Mélenchon" (y la indiferencia de los hijos de papá bobos que pululan por doquier).
miércoles, 24 de mayo de 2017
SIN REGLAS DEL JUEGO
El especialista estadounidense en relaciones internacionales (After Victory) John Ikenberry sostenía en los años '90 que la potencia vencedora de una guerra debe integrar a los vencidos en un sistema institucional que deje en claro las "reglas del juego", de tal modo que, pese a la hegemonía o supremacía, el vencedor pueda hacer concesiones y tomar en cuenta el lugar y el punto de vista del que perdió. Así sucedió en 1945 o incluso desde un poco antes (1944 en Bretton Woods): Estados Unidos diseñó para Occidente y parte de Asia reglas del juego que quedaron plasmadas en instituciones del tipo de la Organización de Naciones Unidas o del Fondo Monetario Internacional.
Actualmente, pese al supuesto fin de una "guerra" (la Guerra Fría), no se ha remodelado el sistema internacional, ni desde el punto de vista político (el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, por ejemplo), ni desde el económico, ni mucho menos desde el militar (persistencia de la Organización del Tratado del Atlántico Norte). Desde este punto de vista, la situación se parece un poco más a la de entre-guerras en el siglo XX, cuando después de la paz de 1919 las instituciones creadas (como la Sociedad de Naciones) iban colapsándose. Las instituciones internacionales existentes hoy en día han sido instrumentalizadas descaradamente por Estados Unidos, que les impone su dictado sin tomar mayormente en cuenta a los demás, de tal modo que no ha habido manera de proceder a reformas ni a refundaciones. Así las cosas, detrás de las instituciones ya no hay "reglas del juego", sino un juego "sin reglas" (se vale todo, incluso violar abierta y cínicamente la ley y el derecho internacionales). Sucede que este "juego sin reglas" parece convenir a la potencia que se cree vencedora y la más fuerte y a sus aliados, mientras como punta de lanza el izquierdismo "a lo Lennon" también aborrece la institucionalidad. Es otra prueba de que no ha habido cambio de época, sino la inercia de lo creado en la posguerra, que va descomponiéndose, sin "salto cualitativo", a pesar de que el mundo vive un periodo de paz sin precedentes.
Actualmente, pese al supuesto fin de una "guerra" (la Guerra Fría), no se ha remodelado el sistema internacional, ni desde el punto de vista político (el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, por ejemplo), ni desde el económico, ni mucho menos desde el militar (persistencia de la Organización del Tratado del Atlántico Norte). Desde este punto de vista, la situación se parece un poco más a la de entre-guerras en el siglo XX, cuando después de la paz de 1919 las instituciones creadas (como la Sociedad de Naciones) iban colapsándose. Las instituciones internacionales existentes hoy en día han sido instrumentalizadas descaradamente por Estados Unidos, que les impone su dictado sin tomar mayormente en cuenta a los demás, de tal modo que no ha habido manera de proceder a reformas ni a refundaciones. Así las cosas, detrás de las instituciones ya no hay "reglas del juego", sino un juego "sin reglas" (se vale todo, incluso violar abierta y cínicamente la ley y el derecho internacionales). Sucede que este "juego sin reglas" parece convenir a la potencia que se cree vencedora y la más fuerte y a sus aliados, mientras como punta de lanza el izquierdismo "a lo Lennon" también aborrece la institucionalidad. Es otra prueba de que no ha habido cambio de época, sino la inercia de lo creado en la posguerra, que va descomponiéndose, sin "salto cualitativo", a pesar de que el mundo vive un periodo de paz sin precedentes.
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