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domingo, 6 de marzo de 2022

RUSIA-UCRANIA: NO SOMOS TEXTOSERVIDORAS

 Ante el conflicto en Ucrania, Occidente ha seguido los guiones preestablecidos de casos previos, trátese de Yugoslavia, Irak o Libia, por mencionar los más sonados. Ya se ha dicho que tanto los "socios y aliados" como los dirigentes ucranianos están apegándose lo más que se pueda a las posibilidades de "yugoslavizar" Ucrania. 

     Hay un límite: Estados Unidos sabe que en caso de cruzar al terreno nuclear corre riesgos serios, mientras que, de otra manera, puede tratar de atizar el fuego quemándose lo menos posible, por no decir que nada. Sucede que desde hace algunos años, sin que "socios y aliados" hayan querido enterarse, Rusia es una potencia militar superior a Estados Unidos, lo que limita cierto tipo de escalada. 

     Lo que se decidió desde los años '90 en Estados Unidos es "reventar" de mil y un maneras a la Federación Rusa, lo que no excluye -así lo dispuso por ejemplo la corporación estadounidense RAND- poner aquella a correr de un lado a otro a "apagar fuegos" para dispersar fuerzas en la periferia: se trató de hacer en Nagorno Karabaj, en una disputa entre Azerbaiyán y Armenia empujada por los turcos y en Kazajistán, donde una intervención relámpago de la Organización para el Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) impidió que las cosas pasaran a mayores. Desde hace tiempo que se hace en Ucrania, que vino no sólo reforzando los lazos militares con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), sino incluso -entre las gotas que derramaron el vaso- amenazando, por boca del presidente Volodímir Zelenski, con salirse del Memorándum de Budapest de 1994, que le prohíbe a los ucranianos dotarse del arma nuclear.

     Se puede estar indignado y con razón por la segunda violación de la integridad territorial de Ucrania, luego del asunto de Crimea, pero la dizque "opinión pública" occidental, incluyendo a la izquierda y algunos comunistas, estuvo ausente de cualquier indignación ante un avance de la OTAN y otras fuerzas (desde Afganistán, por ejemplo, y hasta la actualidad, como lo demostraron los disturbios en Kazajistán) destinado a poner en entredicho la existencia misma del Estado ruso. Las cosas cambian. Es el tema principal, puesto que fue el dictado por la política exterior Demócrata desde los años '90, con el presidente William Clinton. Está en el libro de mediados de los años 90 del fallecido halcón Demócrata Zbigniew Brzezinski, El gran tablero mundial: apoderarse de Ucrania, pero también dividir a Rusia en tres. Seguramente no moleste mientras el ataque no caiga del lado de algún "socio o aliado". 

     No hay que omitir la dimensión circense, puesto que Zelenski es cómico de profesión: la petición de zona de exclusión aérea, a sabiendas de que es poner a Rusia y la OTAN y Estados Unidos frente a frente; la difusión de que "la soldadesca rusa viola a cuanta mujer ucraniana encuentra a su paso" (versión libia del asunto: seguramente Rusia distribuye Viagra entre sus tropas); la "catástrofe humanitaria que amenaza a Europa con hordas de refugiados" (versión siria del asunto: la culpa será del régime, Putin o Bashar); el espectáculo de las "centrales nucleares en peligro" (!cuidado, otro Chernóbil!: versión soviética del asunto); los supuestos ataques a "civiles indefensos, incluyendo a niños" (versión irakí del asunto: Putin, otro Sadam), etcétera. Los guiones se parecen y no se necesita mucha materia gris para pensar que se ensayó previamente en otras partes lo que finalmente habría de llegar a Rusia. Está claro que no se trata de ayudar a Ucrania, sino de hacer colapsar a Rusia.

     Todo está hecho para el siguiente propósito: endurecer de tal forma las sanciones de todo tipo contra Rusia que se le pueda apostar al colapso de este país. No indigna a nadie aunque sea en un clima incluso peor que el de la Guerra Fría, con sanciones por lo demás ajenas al Derecho comercial internacional. Para el caso, da igual que algunos se confundan (incluso dentro de Rusia) y deambulen entre la Unión Soviética y el chovinismo panruso o el imperio de los zares. La OTAN no se extendió por casualidad hacia las fronteras rusas, sino a la expectativa de algo que sólo puede ser alguna ganancia, puesto que el sistema capitalista se rige así: el beneficio de provocar y presionar también para obligar a Rusia a la carrera armamentista y a gastar recursos en ella a riesgo de no tener para otros sectores de la economía, y del descontento de la población.

     El asunto no es de izquierda ni de derecha, pese a las risitas tontas de un lópezobradorista mexicano como Jorge Zepeda Patterson, que se suma al coro contra los supuestos "trasnochados" y sus "mezquinos argumentos ideológicos" (vaya necesidad de etiquetar...), o las otras risitas de Pedro Salmerón Sanjinés, lópezobradorista de Palacio, que "ni con Putin ni con Zelenski, menos aún con la OTAN". Desde 1989-1991, es al unísono: "!sobre todo no me vayan a confundir!". Y no me confundan con Noriega, ni con Milosevic, ni con Husein, ni con al-Asad, ni con Gadafi, ni con ninguna víctima de alguna agresión occidental. !Es que "algo habrán hecho"!

     Pongamos las cosas de otra manera, puesto que no se está en un partido de futbol. Nadie dijo nada ante lo que se anunciaba como un cerco a Rusia, desde hace tres décadas, tal vez porque se cree con frecuencia en el mundo actual que, a fin de cuentas, nada tiene consecuencias. ¿Tiene el Estado ruso derecho a existir?¿O no es que no lo tenga o que sí, sino que el asunto nos tiene sin el menor cuidado, mientras no le caiga una bomba nuclear a Estados Unidos, o salvo que nos permita seguir maniobrando entre potencias para sacar nuestra renta de posición? Desde luego, hay más, y de fondo: ¿se puede negar toda la historia soviética y el debate sobre la misma creyendo que "socios y aliados" no se regocijarán con la manera de reescribir la Historia?

     Estados Unidos piensa hacer su agosto: vendiendo armas, desde luego, y jugando sobre los precios de los energéticos, en particular para ganarles a los rusos el mercado europeo de gas natural licuado. No hay que olvidarlo: "los rusos fuera; los alemanes abajo". Desde que era vicepresidente estadounidense, con la presidencia de Barack Obama, el actual mandatario Joseph Biden había anunciado que "algo muy fuerte" iba a ocurrir con Rusia. Para quien quisiera saberlo, estaba más o menos claro desde la primera guerra del Golfo, en 1991: poner a prueba el armamento soviético de Husein, como poner luego a prueba a los rusos en Siria, creando una amenaza islámica fanática capaz de infiltrarse por el Caúcaso y por Asia Central; controlar el Mediterráneo, dejando a Libia fuera de la "jugada", para adentrarse a provocar, por lo demás ilegalmente, en el Mar Negro, lo que va contra la Convención de Montreux (que invocó Turquía para bloquear a buques rusos en el estrecho del Bósforo), sin que a nadie se le ocurra defender soberanía alguna; intentar y con frecuencia lograr "revoluciones de colores" en la periferia ex soviética; inmiscuir a Japón y Corea del Sur en el escudo antimisiles contra Rusia. ¿Nadie se dió cuenta de que la OTAN mentía al instalar escudos antimisiles en Polonia y Rumania pretextando que era contra Irán y, en el colmo, contra Corea del Norte, desafiando todas las leyes de la balística?¿Por qué no se quiso tomar en serio el argumento de que la guerra en los Balcanes era para liquidar al último ejército de Europa Oriental, el yugoslavo, capaz de estorbar el avance de la OTAN hacia Rusia? Los misiles iraníes Shahab no son de largo alcance y no podían llegar más allá de partes muy limitadas del sur de Europa. ¿Para qué meter a los países del Báltico a la OTAN y ofrecer la adhesión a Suecia y sobre todo Finlandia?¿Y las provocaciones hasta en el Artico?

       Se puede condenar la violación de la soberanía territorial ucraniana si se condenan las guerras ya mencionadas, lo que no se hizo, o el golpe de Estado del Maidán en 2014 en Ucrania, sobre lo que se calló, pese a que fue depuesto un presidente legítima y legalmente electo: incluso para la izquierda, que no entendía nada, había que repetir a coro contra Husein, Gadafi, Milosevic, Bashar al-Asad -o Viktor Yanukovich- y abrirle el camino a la guerra exigiendo al mismo tiempo "no violencia", como supo denunciarlo atinadamente el estudioso comunista italiano Domenico Losurdo. No vieron venir nada porque creyeron que la caída de la Unión Soviética no traería ninguna consecuencia. Si molesta la guerra, hay que condenarla por igual donde ocurra: no nada más cuando proviene de Rusia. Es como la gracejada del antitotalitarismo: a todo vapor contra el comunismo, calla cuando los émulos de Stepan Bandera, colaborador ucraniano de los nazis, toman el gobierno en Ucrania, o cuando los rusos acaban de vencer al batallón neonazi Aidar en la misma Ucrania, al sudeste, este 2 de marzo, mientras en Kíev, capital ucraniana, el alcalde y ex boxeador Vitali Klitschko arma a sus milicias con el código supremacista blanco C14. Ninguno de los perseguidores de los "crímenes de odio" se dió cuenta de lo que se dedicaron a hacer estas milicias neonazis: matar periodistas independientes, por ejemplo. Tampoco hubo la menor protesta por los más de 13 mil muertos en el Donbás ucraniano, muchos de ellos civiles y a manos de neonazis.

     Algo no suena convincente en ciertos llamados a la pacificación (¿también quieren cascos azules?) y en el tipo de gárgaras, buches y expectoraciones de quienes, condenando a Rusia, se pasaron tres décadas o más encontrándole las coartadas a las agresiones occidentales -lo que incluye Panamá, Somalia y Yemen, como parte de una misma estrategia, sin que algunos panameños sean capaces de entender lo que firmaron a medias en 1977-. 

     Es la misma gente, coincidente entre la izquierda y la autodenominada "demócrata liberal", que se inclinó por los Demócratas -y sus aliados Republicanos del "Estado profundo"- contra el presidente Donald Trump , y gente como la hoy ex secretaria de Estado Hillary Clinton, partidaria de suministrar armas a los ucranianos para "crear un Afganistán"(lo dijo tal cual), el mismo Biden (con su hijo metido en escándalos de corrupción con gas ucraniano), el señor Bernie Sanders, convencido de que el lío lo armó Putin, y otros tantos. ¿Por qué la Justicia no ha perseguido al hijo de Biden, Hunter, siendo que estaba en los negocios más turbios en Ucrania y que el actual presidente intervino para frenar al procurador ucraniano?¿Por qué no se le dió seguimiento al caso, que trató de rastrear Trump?

      Si los occidentales y los ucranianos quiebran todas las leyes, es que están con algo de "chispa" esta noche; si el mandatario ruso lanza una operación militar de control en Ucrania, es que está "perdido de borracho" y es un ebrio de peligro al que hay que meter al ministerio público más cercano. Así funcionan las cosas entre la gente de dinero: se perdona todo. Para quien no es parte de esta gente VIP, se aplica el rigor de la ley. Es en esta perspectiva totalmente mundana que se ubican los medios de comunicación masiva occidentales y sus textoservidores o, en inglés, presstitutes, parafraseando al estadounidense Paul Craig Roberts.

      Alguien que se tome la molestia de ver un mapa de las operaciones militares podrá ver que no hay invasión alguna de Ucrania, sino una operación limitada con objetivos muy precisos. No se trata de justificarla, pero también hay algo de sentido común: es de suponer que si el vecino, además de organizar fiestas ruidosas a altas horas de la noche, de repente amenaza con venir a romperme el hocico porque "le caigo mal" y dice que a la siguiente vendrá pistola en mano, mientras el número de emergencias no contesta, estoy en el derecho de tomar las medidas apropiadas para mi defensa propia. Si nadie hace valer la ley de condóminos y tengo la oportunidad de ir a casa del vecino para quitarle el arma, tal vez deba hacerlo. Lo chistoso es que todo el mundo festeje al vecino porque "invita a sus fiestas" y "cae bien" al margen de lo que hace. El nivel occidental de opiniones sobre el enfrentamiento entre Rusia y Ucrania parece confundir la explicación y el argumento. Es decir: se justifica, pero no tiene argumentos sólidos. Si los tuviera, no censuraría al oponente. Ani Lorak, desde Ucrania, pero en ruso (da click en el botón de reproducción).







    

jueves, 3 de marzo de 2022

HAITÍ: YA SE SUPO

 De ninguna manera debe creerse a pie juntillas que en el "estado de opinión" occidental y japonés existe un interés verdadero por lo que sucede en otras latitudes. Nunca deja de ser apasionante pronunciarse a la distancia y con la creencia en la invulnerabilidad propia, a más de tragarse todo lo que dicen los medios de comunicación masiva.

      Cuando Estados Unidos deja tras suyo Estados fallidos, la verdad es que al "estado de opinión" le importa un comino: tal es el caso de Haití, donde no parece valer la pena indignarse de nada porque no reditúa. El asunto es estar siempre especulando y obteniendo ganancias en la coyuntura, así sea sin darle seguimiento a nada. Hace rato que el asesinato del presidente haitiano Jovenel Moise cayó en el olvido.

     El caso es que Joseph Félix Badio, ex funcionario del Ministerio de Justicia haitiano buscado por su involucramiento en los hechos, habló varias veces con el actual primer ministro Ariel Henry poco antes de que Moise fuera ejecutado. Pero además, ambas personas (no son personajes: no estamos en el teatro) siguieron en contacto después de muerto el mandatario. Buscado por la policía, Badio fue incluso a visitar a Henry. 

      Resulta que el crimen fue financiado, entre otros, por Rodolphe Jaar, empresario y narcotraficante. haitiano de origen palestino. Jaar y Badio se conocían muy bien, y el segundo le aseguró al primero que Henry, palabras más, palabras menos, serviría de buena tapadera. Jaar asegura que Henry ayudó a Badio a escapar. A Henry se le pidieron explicaciones: muy fácil, despidió a quienes se las pidieron. Jaar, dicho sea de paso, implicó al jefe de policía Frantz Elbé.

      Badio dijo que se unió al plan porque le aseguraron que contaba con el respaldo de Estados Unidos. Un antiguo comando colombiano , Mario Palacios, ya había sido acusado en los mismos Estados Unidos de conspirar para matar a Moise.. Jaar recibió una llamada de uno de los mercenarios colombianos poco después de la muerte de Moise: "la rata ha caído".

    El juez haitiano Gary Orélien incriminó a Henry como uno de los autores intelectuales de la muerte de Moise, y una parte del pueblo haitiano ya ha pedido la salida de Henry. El hecho es que Estados Unidos debe saber mucho, sobre todo que en su territorio han estado declarando varios de los implicados. Sin embargo, es probable que se privilegie la estabilidad de Haití: no volver sobre el tema de la lista de oligarcas haitianos involucrados en el narcotráfico, lista que le fue robada a Moise, y tomarse todo el tiempo de organizar elecciones, mientras el país sigue pudriéndose gravemente, para priorizar las conveniencias geopolíticas obvias. Para quien quiera averiguarlo, fueron los Demócratas, con la familia Clinton y su Fundación a la cabeza, que se las ingeniaron para lucrar con las tragedias políticas y naturales del país caribeño. Tal vez quepa saber que lucrar con un problema no significa resolverlo, al menos no en la cabeza de un capitalista. Situaciones como ésta, lucrar mientras se siembra el caos, son propias de los campeones del capitalismo o, más aún, del gran campeón estadounidense. ¿Qué ocurre a cada problema internacional? Una jauría se lanza a buscar su parte de ganancia para dejarlo todo tirado después. Ni modo, por ahora no se puede más que seguirle el ritmo al nefasto ex presidente haitiano Michel Martelly (da click en el botón de reproducción):



lunes, 28 de febrero de 2022

UCRANIA: ¿SÍ ENTIENDES, MÉNDEZ?

 La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se creó poco después de la Segunda Guerra Mundial con un propósito supuestamente defensivo. En rigor, el artículo 5 de esta organización militar autoriza la acción militar cuando uno de los miembros de aquélla es agredido. 

     Durante la guerra en Yugoslavia, y en particular con los bombardeos de 1999 contra territorio yugoslavo, la OTAN se convirtió claramente en un organismo de ofensiva, contra sus propios estatutos, puesto que Yugoslavia no agredió a ninguno de los miembros de aquél. Prácticamente no se le reprochó mayor cosa pese a que el artículo 1 de la OTAN llama a evitar el recurso a la amenaza o el empleo de la fuerza "de cualquier forma que resulte incompatible con los propósitos de Naciones Unidas". No se puede confiar en una organización de carácter ofensivo que viola sus propios estatutos. 

     Macedonia del Norte es miembro de la OTAN desde 2020. De acuerdo con las reglas de la OTAN, para entrar al organismo debe haberse aprobado por referéndum. El de Macedonia del Norte, que implicaba cambiar el nombre del país, contó con 36,3 % de la aprobación de la población, un 15 % menos del exigido, de tal forma que la OTAN incorpora países de manera contraria a sus propias reglas y a la voluntad de la población de países involucrados. 

     Que se sepa, la OTAN no es el brazo armado de Naciones Unidas, pero actuó como tal en 2011 al hacer valer las resoluciones 1970 y 1973 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas contra Libia, lo que le valió al organismo, otra vez a la ofensiva (Libia no atacó a ningún miembro de la OTAN), la crítica del presidente sudafricano, Jacob Zuma. 

      Ucrania no era un país miembro de la OTAN, pero al margen de los propios estatutos de la organización, el mando militar ucraniano respondía hasta hace poco al organismo internacional.

     La Organización para la Cooperación y Seguridad en Europa (OSCE), creada en 1973, que estaba velando por el cese al fuego en la línea de contacto del Donbás ucraniano, es un organismo reconocido por Naciones Unidas como acuerdo regional, de acuerdo al capítulo VIII de las mismas Naciones Unidas. LA OSCE, en el espíritu de la Carta de París, el Acta de Helsinki y la Carta de las Naciones Unidas, considera ineludible el principio de indivisibilidad de la seguridad en Europa, lo que quiere decir que la seguridad de un país no puede conseguirse a expensas de la de otro. De acuerdo con la Carta de París de 1990, “la seguridad es indivisible. La seguridad de cada uno de los Estados participantes está inseparablemente vinculada con la de los demás". Ucrania podía hacer lo que más le agradara, pero no ignorar que su eventual incorporación a la OTAN constituiría un riesgo para la seguridad rusa, al menos que no se sepa ver un mapa. La OSCE buscó no crear "nuevas líneas divisorias" en Europa: cualquiera se da cuenta de dónde a dónde se recorrió la línea divisoria, del centro de Europa hacia las fronteras rusas, pese a que incluso sucedió que Rusia solicitara ser parte de la OTAN. Es ésta que rechazó la iniciativa y fue estableciendo la línea divisoria. Ucrania dió los primeros pasos, en 2014, para adherirse a la OTAN mediante reformas constitucionales, renunciando a su estatuto previo de país no alineado. Desde la Declaración de Bucarest (capital rumana) en 2008, la OTAN hizo explícita su voluntad de incorporar a Ucrania (y Georgia), violando el principio de indivisibilidad ya mencionado. Fue en particular el presidente ucraniano Petró Poroshenko quien liquidó la neutralidad constitucional ucraniana.

      Cualquier forma de relación entre Ucrania y la OTAN es ilegal desde el punto de vista de los estatutos de la OTAN, que señalan que un país no puede ser miembro si tiene diferendos con otros o "conflictos étnicos", por lo que debido a lo ocurrido a partir de 2014 en el Donbás los ucranianos carecían de todo derecho a la organización militar, de tal modo que no se explica que haya quedado bajo supervisión de ésta el mando militar de las fuerzas armadas ucranianas. De nueva cuenta, la OTAN violó sus propios estatutos. El presidente ucraniano Volodímir Zelenski declaró lo imposible: la entrada a la OTAN con la mayor urgencia para solucionar el conflicto del Este ucraniano, en plena contradicción con las reglas de la organización militar (Plan de Acción para la Membresía). El asunto de la posible membresía de Ucrania en la OTAN comenzó cerca de una década antes de la anexión rusa de Crimea: por lo menos desde la presidencia ucraniana de Víktor Yushchenko, a partir de 2005.

      El PAM (Programa de Acción de Membresía) de la OTAN es claro: en su apartado I, punto 2, conmina a quien quiera adherirse a "arreglar disputas étnicas o disputas territoriales externas, incluyendo reivindicaciones irredentistas o disputas jurisdiccionales internas mediante medios pacíficos de acuerdo con los principios de la OSCE para perseguir buenas relaciones de vecindad". Ucrania no ha mostrado ni la voluntad de hacerlo, pero pareciera que Zelenski quiere entrar con tal prisa que no le importa atropellar las reglas mismas de la Alianza Atlántica.

     La anexión de Crimea fue un acto ilegal, pero derivado de otro cometido en Kíev, capital ucraniana, que obligó a huir a Rusia al presidente legítimamente electo Viktor Yanukovich. La ilegalidad estuvo en la emboscada de grupos paramilitares ucranianos y de mercenarios (georgianos) en la plaza del Maidán, disparándole al mismo tiempo a los agentes de seguridad (berkuts) y a la multitud de tal modo que ésta creyera erróneamente en una represión de las fuerzas del orden. El organizador de la emboscada fue Andriy Parubiy, un neonazi que después habría de considerar en el parlamento (Rada) ucraniano a Hitler como un "gran demócrata", además de haber sido recibido por el primer ministro canadiense Justin Trudeau. Nadie puso en tela de juicio que fuera mediante un golpe no muy blando que se expulsara al legítimamente electo Yanukovich.

     La Asamblea General de Naciones Unidas viene expresándose año con año contra la "glorificación del nazismo" y recomendando perseguirla. En vez de ésto, ya bajo el gobierno de Zelenski, el neonazi de Sector Derecho, Dmitri Yarosh, fue nombrado consejero principal de las fuerzas armadas ucranianas, a través del general Valeri Zaluzhni. Yarosh es un veterano ucraniano neonazi...de la Central de Inteligencia Americana (CIA) y la OTAN que desde tiempo atrás armaba en Ucrania a gente para combatir en Chechenia contra los rusos. Yarosh está vinculado con el neonazi Batallón Azov. De 2014 para acá se ha acentuado este proceso de nazificación tolerado, cuando no asesorado por países extranjeros, en especial Estados Unidos. La autodenominada "comunidad internacional", que también se hace llamar "el mundo", no ha dicho ni pío sobre este fenómeno, que llevó a la tragedia de la Casa de los Sindicatos de Odessa en 2014 (otro asunto organizado por Parubij) y a que milicias neonazis masacren a civiles en el Donbás. Ni una condena internacional. El asunto es turbio al grado de que se patrocina a neonazis contra los estatus mismos de la OTAN, que siempre en el PAM piden que quienes sean candidatos "muestren su apego a la ley y los Derechos Humanos", de acuerdo con el apartado I, inciso 2.

     Para rematar con esta atronadora manera de pasarse todos a una las leyes por el Arco del Triunfo, los Acuerdos de Minsk II obligaban a la parte ucraniana a reconocer la autonomía de una parte de las regiones de Donetsk y Lugansk, en el Donbás, incluyendo su derecho al uso del idioma ruso. Kíev se fue en la dirección contraria y en cerca de ocho años no cumplió con lo acordado. El secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, jamás movió ni un dedo ni se pronunció por el cumplimiento de los Acuerdos de Minsk.

     Cuando no hay Derecho o está para ser violado en forma orgiástica, es probable que las cosas acaben a puñetazos y en riña callejera (con gente pidiendo más cuando ulula que "Rusia pone en alerta sus fuerzas nucleares"). Como acaba de declararlo la líder francesa Marine Le Pen, "Putin no es ningún loco: es brutal e impresionante". Las reglas de Putin son dos, entre otras:

     -en una riña callejera, asegúrate de golpear primero, y

      -estás mal si crees que el bien y el uso de la fuerza están reñidos

El presidente bielorruso, Alexander Lukashenko, ya expresó que Ucrania se está jugando su existencia como Estado, ante quienes, agreguemos, le apuestan a su "yugoslavización". A lo que le apuesta Rusia puede parecer curioso: a la indivisibilidad de la seguridad europea, de tal manera que no haya otra línea divisoria y Ucrania opte definitivamente por la neutralidad; a la desnazificación de Ucrania, de conformidad con lo reclamado por la Asamblea General de Naciones Unidas, y a una desmilitarización tal que no sea la OTAN, contra sus propios estatutos, la que le diga qué hacer al ejército ucraniano. No hay que ser demasiado adulto para darse cuenta de que lo que Putin busca es lo que a los estadounidenses les encanta: enforcement, acción de fuerza aplicada en grado suficiente para hacer cumplir leyes internacionales, así haya tenido que pasar sobre la integridad territorial de Ucrania, utilizada por Occidente para convertirla en un nido de delincuentes. Quien sepa leer con algo de criterio se dará cuenta que al entregar armas a lo loco, llamar a resistir -también a lo loco- y augurar catástrofes humanitarias hasta ahora inexistentes Occidente está empujando a involucrar a la población civil ucraniana en derramamientos de sangre graves.

     Una última cosa: no queda claro si la dizque opinión pública occidental y japonesita se da cuenta de qué clase de pandilleros la gobiernan. Un favor: ¿le pueden decir al primer ministro británico Boris Johnson que se peine? No es Rod Stewart (da click en el botón de reproducción).


 




     

domingo, 27 de febrero de 2022

FRANCIA EN VÍSPERAS ELECTORALES

 No lejos de las elecciones presidenciales, el candidato del Partido Comunista Francés (PCF), Fabien Roussel, ha logrado posicionarse de manera independiente y no a remolque del favorito de la izquierda, Jean-Luc Mélenchon, de La Francia Insumisa, el amigo majadero del progresismo latinoamericano.

     A Mélenchon le ha ocurrido lo que a casi toda la izquierda, sin excluir a muchos comunistas: agarrarse de la clase media dejando de lado a los trabajadores. No tiene mayor sentido agitar el fantasma de la derecha supuestamente "fascista" de Marine Le Pen: la parte de extranjeros hoy en la población francesa (6.4 %) es inferior a 1982. En este mismo sentido, no tiene mucho sentido llegar, como Mélenchon, a tomar partido incluso por el llamado "islam político" y sus versiones tan riesgosas como los Hermanos Musulmanes. Los socialistas y gente como el mismo Mélenchon se ocupan de todas las desigualdades, menos de las de clase social: de sexo, de color de piel, de edad, lo que caiga que tenga que ver en particular con minorías. Importa mucho más llevar y traer la "diversidad", a fin de cuentas asunto de consumo, que ocuparse de la precariedad laboral o la brecha de salarios. La izquierda ha derivado incluso hacia el llamado a la "buena voluntad" de los empresarios, en nombre de la "responsabilidad social". Así se termina creyendo a la vez en el matrimonio homosexual y la flexibilización del trabajo. A diferencia de las constataciones anteriores, hechas hace pocos años en el periódico francés de centro-derecha Le Monde, no pareciera tratarse tanto de un "aburguesamiento" de la izquierda cuanto de su carácter cada vez más clasemediero, todo bajo el pretexto de que la clase obrera vota de manera conservadora y no quiere hacerle la revolución al que habla en nombre de ésta, si aún queda la palabra "revolución", recuperada por el capitalismo. Se cree "pensar" en la sociedad apenas mediante sondeos para luego darle a la gente por su lado. Los Verdes tampoco aportan demasiado: están más interesados en su "canasta bio" que en los trabajadores.

     A Roussel le quedan algunos tics como el de hablar de "los días felices" -que para muchos fueron en realidad los de la presidencia de Francois Mitterrand en los años '80- o del "feminismo" en lugar de la emancipación de las mujeres. Sin embargo, como en otros sectores de la sociedad francesa, pese a diferencias programáticas (de Francois Asselineau a Florian Philippot), el PCF se está alejando del estilo "protectorado Demócrata". Se mantiene por ejemplo la defensa de la energía nuclear, algo entendible ante los enormes costos y ostensibles fracasos de las energías "limpias". Se recupera la necesidad de seguridad para la población ante el ascenso de la delincuencia y el hecho de que ni los jueces, ni el Estado, ni por cierto Mélenchon quieran defender el trabajo de la policía bajo el pretexto ACAB, para seguir el estilo Demócrata radical (All cops are bastards, "todos los policías son unos bastardos"). Estados Unidos ya dió la pauta adulterando el caso de George Floyd para granjearse a cierta gente. No es porque se trata con frecuencia de inmigrantes que sus actos de vandalismo se justifican hasta en la Justicia, como si se temiera a la opinión pública más que a la propia conciencia. Tampoco reivindicar la gastronomía francesa -quesos y vinos, por ejemplo- es un atentado "islamofóbico" porque los musulmanes no comen carne de puerco ni toman alcohol. El feminismo está furioso con Roussel porque no le encontró nada de especialmente malo al concurso Miss Francia. Así que nada de "política inclusiva", ni "escritura inclusiva" (Francia la ha rechazado), ni de remplazo de la carne por ensalada de quinoa, ni de gritos contra el hombre blanco patriarcal y heterosexual: es probable que éstos no sean temas de mayor interés para los trabajadores y buena parte de los sectores populares. Mélenchon podría explicar por lo demás cómo aterriza en mítines islamistas donde se grita "!muerte a los judíos!". El PCF ha preferido ser el partido "del sueldo y el empleo", y también de aumentar el impuesto a las grandes fortunas. Tampoco se trata de ser el partido del paro y la asistencia social, y el PCF no aprueba el salario universal. Si se trata en verdad de "las libertades y los derechos", el derecho al trabajo y al salario digno debería ser una prioridad.. Mélenchon puede seguir enredándose en problemas que no interesan mayormente. Por cierto, tratándose de verdadera buena voluntad, se han dado acercamientos interesantes entre por ejemplo Annie Lacroix-Riz, historiadora del Polo de Renacimiento Comunista, y la Unión Popular Republicana de Asselineau.

     Los socialistas se fueron a pique y juntando a sus varios candidatos, la izquierda no pasa del 25 % de los votos, quedando las cosas entre el actual presidente Emmanuel Macron, dispuesto a poner todo lo que esté de su parte para la destrucción de Francia, y la soberanista Le Pen.

     Si alguien quiere quinoa y tofu, Roussel está en su derecho de considerar que es una opción sosa, como es normal no querer al cuscús como platillo nacional. Hay cosas en las que no es fácil estar de acuerdo con Roussel, pero es de celebrar que distintos sectores del espectro político francés, a la izquierda como a la derecha, se estén alejando del estilo de protectorado Demócrata. Por importante que se haya vuelto porcentualmente, la clase media dista muchísimo de representar a toda la sociedad y no puede imponer tampoco la actitud antisocial como norma, designando lo normal como apenas "una opción entre otras". Queda este videoclip PCF (da click en el botón de reproducción).



miércoles, 23 de febrero de 2022

CON LA DUDA

 A las pocas horas de reconocer a las "repúblicas populares" de Donetsk y Lugansk, en el Este de Ucrania, el presidente ruso, Vladimir Putin, se agarró del caso de Kosovo en otro mensaje . No era lo mejor avenido, puesto que Rusia se encuentra entre los países del mundo que no han reconocido la independencia kosovar, aunque sea porque sería darle una puñalada por la espalda a Serbia. No es la primera vez que Moscú, capital rusa, hace este tipo de referencia: ya había ocurrido a propósito de Osetia del Sur, aunque en este caso Rusia reaccionó a una agresión de Georgia. Chechenia se cuece aparte: Moscú tenía todo el derecho de intervenir, con lo que se estrenó Putin, porque el territorio es parte de la Federación Rusa. El problema está en que tanto en el caso de Crimea como en el del Donbás, Rusia violó la ley internacional. Era lo que esperaba Estados Unidos, con el presidente Joseph Biden a la cabeza, para alegar una "invasión a Ucrania" y desatar las "sanciones del infierno". Bien, se pueden dar por válidas las sanciones.

     Parte de la argumentación de Putin para justificar el reconocimiento mencionado consistió en culpar de la creación de Ucrania a Lenin, en medio de un discurso en el cual la Revolución de Octubre de 1917 fue llamada "golpe de Estado", y llovieron las críticas a los jerarcas soviéticos, algunas no del todo descaminadas. Hace tiempo que Putin considera que Lenin puso una "bomba de tiempo" con su manera de querer resolver la llamada "cuestión de las nacionalidades", creando desde entidades artificiales -como la misma Ucrania- hasta la libertad de cada integrante de la Unión Soviética de largarse cuando quisiera. El asunto se complica desde el momento que que, justamente, la inmensa mayoría no quería largarse, como lo demostró el referéndum de 1991 previo al golpe de Estado del Comité Estatal para el Estado de Emergencia, que no estaba haciendo otra cosa que suplicarle al líder soviético Mijaíl Gorbachov que se apegara a la legalidad. 

    Putin tiene que vérselas con una telecracia que ensalza de manera enfermiza el chovinismo panruso: en los programas del señor Vladimir Soloviov, una peste que no entiende lo que hace (al igual en parte que Dmitri Kiseliov, aunque éste es el encargado del grupo Rossiya Segodnya), no faltaban los "expertos" preguntándose si la mejor manera de invadir Ucrania no era comenzar por mandar soldados a Odessa. Esta gentuza juega a varias bandas a la vez: a los oligarcas, al chovinismo panruso y al más feroz anticomunismo. Lo simpático es que Putin accedió a fin de cuentas a una petición parlamentaria iniciada por el Partido Comunista de la Federación Rusa para reconocer a las "repúblicas populares" de Donetsk y Lugansk, cabe esperar que no para beneficio del grandísimo oligarca de Donetsk, Rinat Ajmedov. En todas partes está quedando claro -se incluye Kazajistán- lo que es tratar con nuevos ricos descendientes de primeros secretarios del Partido o cosas parecidas.

     Tres cosas llaman la atención. En primer lugar, la negativa de Estados Unidos y sus "socios y aliados" a considerar lo que es legal según Naciones Unidas, la indivisibilidad de la seguridad, de tal manera que la seguridad de unos no puede ganarse a costa de otros. El mensaje de una hora de Putin no fue recogido en su integridad por los medios de comunicación occidentales, pero tampoco por los medios oficiales rusos: desde Ucrania puede ponerse bajo vigilancia y reconocimiento militar toda la parte europea de Rusia, lo cual la amenaza desde ya si hay asesoría estadounidense en suelo ucraniano, como es el caso. Y existe el riesgo de que Ucrania sirva de lanzadera de armas ofensivas -Putin mencionó misiles hipersónicos- contra Rusia. No se sabe de nadie en la autodenominada "comunidad internacional" que le exija nada a Estados Unidos ni a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que tal vez podrían ingeniárselas para "yugoslavizar" Ucrania a las puertas del Kremlin. Esta "yugoslavización" seguiría las líneas de los rusoparlantes, mayoritarios en varias regiones más allá del Donbás (Centro Este y sur de Ucrania) y los hablantes de ucraniano, mayoritarios en el Centro y hacia el Occidente, que están imponiendo su voluntad a sus propios compatriotas. Intervenir por lo pronto en el Donbás, a dos días de que Kíev, capital ucraniana, estuviera por lanzar una ofensiva contra el lugar, puede ser una buena prevención. Si hay una total confusión ideológica en Moscú, en Kíev no saben bien a bien a quién venderse en Occidente.

      La segunda cosa, entonces, estriba en saber si Estados Unidos y la OTAN sabrán detenerse a tiempo para que, eso sí como sugiere Kiseliov, no les disparen en la sien. No quisieron darle ninguna seguridad de nada a Rusia, pasando entonces sobre el asunto de la indivisibilidad y reservándose el derecho a incluir a Ucrania en la organización militar. Ni quien le diga nada al patrón, salvo tímida y discretamente China. No queda claro si Estados Unidos y sus "socios y aliados" miden el riesgo de "yugoslavizar" Ucrania y de ponerse a especular con la posibilidad de mandar misiles Tomahawk desde el lugar -fue otra referencia de Putin- o incluso armarla con armas nucleares tácticas, pese a que Ucrania ha suscrito el Tratado de No Proliferación Nuclear. Hay parte de especulación y no conviene ir muy lejos, pero también se sabe que hombre precavido vale por dos.

      La tercera cosa es la siguiente. Vamos a reproducir aquí el nombre de los países a los que se refirió la traductora de CNN (Cable News Network) durante el discurso de la representante de Estados Unidos en Naciones Unidas, Linda Thomas-Greenfield: Kazistán, Turkmakestán, Kurjistán, Ubekistán y Litania  Que se sepa, nadie le pide a CNN no burlarse de esa manera del público.

     El asunto va para largo si los Demócratas estadounidenses no deponen la idea lanzada por el presidente William Clinton en los años '90 (hacer implosionar la Federación Rusa) y alguna otra lanzada por el halcón, igualmente Demócrata, Zbigniew Brzezinski (armarle un problema nuclear a Rusia). No es justificación de las ilegalidades rusas. Con todo, salvo por lo que corresponde a un puñado de gente del "Estado profundo" y secuaces, en Occidente ni se han dado cuenta de en qué dirección se mueve la OTAN, a la espera de repetir, si la ocasión se presta, guiones como los de Irak, Yugoslavia y otras. Todo está en que "la ocasión hace al ladrón", y en que Rusia le de el menor número de ocasiones a los "socios y aliados". Queda un asunto: si éstos consideran que no hay más que hablar y que Rusia no tiene porque ser oída, no tiene caso seguir entre mudos y sordos. Simplemente conviene mantener bien la puntería al apuntar a la sien de dichos "socios y aliados". si Ucrania quiere ponerse en primera fila, adelante. Kiseliov ha dicho claramente: "si se trata de la adhesión  de Ucrania a la OTAN  o del desarrollo militar  del territorio ucraniano, pondremos el cañón de nuestra pistola en la sien de Estados Unidos". Estados Unidos lo sabe, pero puede estar haciendo dos tipos de cálculos: 1) el de blofear para ganar el máximo de terreno posible desde una posición favorable, 2) el de pensar que "Rusia no se atreverá". El tan detestado por Putin, Lenin, criticaba la diplomacia secreta entre otras cosas porque, a diferencia de los espectadores actuales, no veía con buenos ojos que las potencias se pusieran a jugar al póker con los destinos de poblaciones enteras. Algo de Ucrania (da click en el botón de reproducción):



domingo, 20 de febrero de 2022

SE ME OCURRE SANCIONAR A UCRANIA

En los problemas alrededor de Ucrania, la gente de a pié es la que menos importa. Es una pena porque en la misma Ucrania hay gente servicial, aunque abundan también los estafadores al cabo de décadas de penetración estadounidense, de tal forma que más de un ucraniano "agarró el modo". No es nada más que no se hayan cumplido los acuerdos de Minsk II. Después del Maidán en 2014, el presidente Piotr Poroshenko decidió en 2019 adoptar una ley de idioma que "ucrainiza" la vida pública, para consolidar en la medida de lo posible el ucraniano como idioma de Estado. Contra lo que podría pensarse, este tipo de disposiciones, aunque no absolutas, no afectan nada más a la población mayoritariamente rusoparlante del Donbás, al Este ucraniano, de la que costaría trabajo probar que es "étnicamente" rusa y no ucraniana. Sólo la mitad de los ucranianos habla ucraniano en casa, y el ruso es hablado por la mayoría de la población también en el sur de Ucrania (de Mariúpol hasta Odessa) y en importantes ciudades del centro-Este como Dniépropetrovsk (72 % habla ruso) y Járkov (74 %). Al parecer, al perseguir todo lo ruso los gobernantes ucranianos no parecen tener empacho en proscribir a la mitad del país. Desde luego que en la península de Crimea, la comunidad rusoparlante es abrumadora (97 %), incluso más que en el Donbás, donde el hecho de que se hable ruso no quiere decir que la población no sea ucraniana.

      Ponerse a los "orígenes ancestrales", de la Rus de Kíev en adelante, no tiene demasiado sentido. Antes de ser rusa, Crimea fue otomana. Los asuntos de "esencias" pueden reservarse a los neonazis del Oeste ucraniano, de los que con algo de mala voluntad debería decirse que sufren el mal del estatus de todos los que fueran parte del imperio austro-húngaro, desde los croatas y los checos hasta los polacos y parte de los mismos ucranianos. La anexión de Crimea a Rusia fue ilegal, por más que la casi totalidad de la población en este lugar sea rusoparlante. Al mismo tiempo, se trató de la consecuencia de otra ilegalidad resultante del Maidán, cuando fue depuesto por un golpe no muy blando el presidente ucraniano Viktor Yanúkovich. En rigor, Ucrania está en su derecho de recuperar las "repúblicas" de Donetsk y Lugansk, salvo que no tiene ningún sentido imponerles el ucraniano como idioma. Rusia, de intervenir en el Este de Ucrania, lo haría ilegalmente, y no sirve de argumento bastante que unos 600 mil habitantes del Donbás tengan pasaporte ruso. En todo caso, a la espera de lo que hace Rusia, parte de la población rusoparlante del Donbás ha estado refugiándose en Rusia, que en la ciudad de Rostov del Don está lista para recibir hasta cerca de un millón de refugiados. Al optar por los Acuerdos de Minsk II, el presidente ruso Vladimir Putin decidió hasta ahora respetar la soberanía territorial ucraniana, lo que no impide velar por los ciudadanos rusos del Donbás de la manera más eficaz posible. Una parte del equipo de Putin está consciente de que Occidente quiere que Rusia muerda el anzuelo e intervenga en el Donbás para imponerle entonces a aquélla las "sanciones del infierno".

     Ucrania nunca implementó los Acuerdos de Minsk II. De acuerdo con el último acto circense del actual presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, Ucrania debería estar lo más pronto posible en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). En principio, Ucrania puede aliarse con quien más le plazca y Rusia no tiene nada qué decir. La preocupación de Putin es que, una vez en la OTAN, Ucrania decida retomar Crimea, lo que enfrentaría directamente a la OTAN y Rusia, pero no se trata más que de una posibilidad, y probablemente remota. El otro asunto es que Ucrania pueda desplegar en su territorio armas ofensivas contra Rusia. De acuerdo con las leyes internacionales, existe lo que se llama la "indivisibilidad" de la seguridad, reconocida por Naciones Unidas, que implica lo siguiente: que ningún país o grupo de países puede reforzar su seguridad a expensas de otro, y una Ucrania en la OTAN representaría un riesgo para Crimea -que Zelenski ha hablado efectivamente de "retomar". Hay más: el mismo cómico (es la profesión de origen de Zelenski) habló en estos días de la posibilidad de revocar el Memorándum de Budapest de 1994, por el cual Ucrania renunció a tener armas nucleares en su territorio. Ucrania, no es difícil verlo, acumula las violaciones de cuanta ley se le pone enfrente, a diferencia de la cautela rusa, pese a lo ocurrido con Crimea. Es asunto de los ucranianos si se dejan estafar con un golpe como el del Maidán de 2014 y quieren creerse la versión oficial. Es un poco menos su asunto cuando glorifican la colaboración con el nazismo durante la última guerra mundial. Y ya es asunto de lo que se supone que es "la comunidad internacional" cuando llama a parlotear y no a cumplir con las leyes, los Acuerdos de Minsk, la indivisibilidad de las fronteras y el Memorándum de Budapest, es decir, cuando no se da cuenta de quién viola la ley y quién no y trata a "las partes" en un supuesto pié de igualdad. Así las cosas, las sanciones por lo de Crimea pudieron ser válidas. Ahora no está claro por qué en cambio Ucrania es recompensada con toda clase de ayuda -militar y financiera- por no cumplir la ley. Es Ucrania que podría poner en riesgo a Rusia, no a la inversa. Al parecer, la "comunidad internacional" no se atreve en lo más mínimo a sancionar las violaciones a la ley, salvo que se trate de Rusia.

     El asunto es tanto más lamentable cuanto que, ancestros aparte, las relaciones entre muchos ucranianos y los rusos distan de ser malas. En Rusia viven ni más ni menos que casi dos millones de ucranianos que no han sido molestados en lo más mínimo. La cifra se elevaría con los ucranianos que lleguen del Donbás. En esta medida, la disputa armada desde Occidente es artificial, incluso, hay que decirlo, para algunos ucranianos del Oeste que no comparten la rusofobia neonazi que se expone obscenamente por ejemplo en los concursos de Eurovisión. Hasta aquí, el presidente estadounidense Joseph Biden ha sido hábil: ha puesto a media Europa a correr de un lado a otro para parlotear, mientras que Estados Unidos no habla de parlotear sino de chantajear, y tiene a Putin encajonado y obligado a hacer demostraciones de fuerza. Para un imperio supuestamente en decadencia, no está mal.No se detendrá hasta que aparezca el costo de irse a meter en la madriguera del oso. Tal vez buena parte de los rusos no haya caído en cuenta que está tratando con un imperialismo. Ya está tocando a la puerta, y no de buena manera. Hay relación con la apertura desde hace años.

     Las habladurías sobre el supuesto maltrato soviético que se repiten incluso en el Este de Ucrania (lo hace más de uno en Lugansk, por ejemplo) están de más, al igual que la propaganda de origen nazi sobre el mal llamado "Holodomor". Es posible encontrar en Ucrania gente que, incluso habiendo tenido a padres deportados, no lamenta haber recibido la educación soviética ni haber salido adelante con ésta, a diferencia de oligarcas salidos de la nada y que arribaron al poder con chapucerías. El problema es que, con la desaparición de la Unión Soviética, Ucrania no ha conseguido un perfil propio y no faltan los "libertarios" que en nombre de antepasados cosacos -que fue lo que imperó entre los ucranianos en un pasado remoto- crean a pie juntillas que Estados Unidos les trae la libertad frente a la coerción rusa y la supuesta pobreza de la Federación Rusa, siendo que los ucranianos llegan a ser bastante despiadados con su propia gente en situación de pobreza, y en la lucha por el estatus y el dinero. Esta lucha es a morir en un país donde viven 30 mil estadounidenses. No es asunto de rivalidad entre pueblos, ni de uniones ancestrales: es cosa de lo mucho que puede hacer el capitalismo para que la gente se enemiste y se mate compitiendo entre sí mientras los estadounidenses comen su pop corn y se rigen por el sencillo "divide y vencerás". Lo que sí, Ucrania, o al menos sus gobernantes, no podrán quejarse si un día se amanecen con misiles rusos apuntándoles a la sien para que entiendan lo que es amar a Dios en tierra ajena. Salvo que haya incluso que irle a apuntar más de cerca al dueño del circo. No habrá por cierto ninguna Tercera Guerra Mundial, para quienes no encuentran como vencer su vacío existencial.

     Queda el asunto de que Biden tiene también en la mira a Alemania, para cortar hasta donde sea posible sus lazos con Rusia. Desde este punto de vista, la presencia de los Verdes en el gobierno alemán es una buena oportunidad, puesto que esta agrupación "ecológica" es la más atlantista de todas las formaciones europeas. La ministra de Política Exterior alemana es de los Verdes: Annalena Baerbock.

       Puede tener a gente deleznable en su equipo y estar medio senil, pero Biden no es tonto, hasta donde sabe calcular las posibles ganancias a obtener y las posibilidades de neutralizar competidores. Esto se mide no en función de si Biden es o no popular en Estados Unidos, sino si la súperpotencia puede seguir mediante medidas financieras transfiriéndole a otros el costo de las dificultades económicas, que son las que cuentan en el mundo de los negocios, muchísimo más que Ucrania, el Donbás, la misma Rusia o Europa. Lo demás -la estrategia de la tensión, en la que es experta la OTAN- es cosa del sensacionalismo de los medios de comunicación masiva. ¿A qué ganancias le está apostando Biden en todo este asunto, y hasta dónde los rusos están dispuestos para su seguridad a elevar los costos? Este es exactamente el tono a emplear con Estados Unidos (da click en el botón de reproducción):



miércoles, 16 de febrero de 2022

UCRANIA: ¿TE DECIDES, BIDEN?

 Algunos especialistas militares consideran que para ganar una guerra en hombres se necesita el triple de los del enemigo. Alrededor del Este de Ucrania, el Donbás, hay por lo menos 125 mil soldados ucranianos, mientras que en territorio ruso, cerca de Ucrania, había hasta hace poco 100 mil hombres. Sería de suponer que Rusia es lo suficientemente tonta para correr el riesgo implícito en lo dicho.

     No hay ni ha habido ninguna amenaza rusa de invasión a Ucrania. Algunos medios de comunicación masiva anunciaron la invasión para la madrugada del 16 de febrero. Ya pasó. De manera increíble, ante el riesgo de conflicto -queda por saber cuál- nadie le ha pedido a Ucrania que cumpla con su parte de los Acuerdos de Minsk (II), y no parece que tenga la menor intención de cumplirlos. Según estos acuerdos, las milicias armadas del Donbás deberían desarmarse y volver a cerrar claramente la frontera con Rusia a cambio de tener un estatuto de autonomía reconocido dentro de Ucrania. Para este efecto, debería haber una reforma constitucional en Ucrania. El problema es que no ha salido a la palestra el político ucraniano que esté dispuesto a hacer esta concesión, menos con el clima contrario a Rusia -que no es nuevo- imperante en buena parte del territorio ucraniano.

     El famoso "ataque" es otra cosa: la posibilidad de que fuerzas ucranianas se lancen contra el Donbás. La población aquí es rusófona y más de uno tiene pasaporte ruso. En vez de reconocerle autonomía a la región, Ucrania la trataría como enemigo, violando todo lo acordado. Este es el peligro de "invasión", ningún otro.

     El gobierno ruso de Vladimir Putin se encuentra en un aprieto. Quiere atenerse a los Acuerdos de Minsk, considerándolos como la mejor solución, y respetando por ende la soberanía territorial de Ucrania. Sin embargo, la Cámara Baja (Duma) parlamentaria rusa acaba de pronunciarse erróneamente por reconocer a las autoproclamadas "repúblicas populares" de Donetsk y Lugansk, las dos que conforman el Donbás. Si se hiciera este reconocimiento, equivaldría al pretexto que Occidente está esperando para reiniciar con el asunto de que "Rusia no respeta a Ucrania", aunque sea Ucrania la que trata a sus propios habitantes como enemigos, so pretexto de que son rusófonos, y se pasa por el Arco del Triunfo los acuerdos internacionales. El error de Rusia sería jugar el mismo juego: Rusia está donde están los rusófonos, es decir, las demarcaciones de cada Estado nación deben asemejarse a las que se toman por "étnicas" o algo así, considerando por cierto que "etnia" no quiere decir nada claro. Es un error del Patido Comunista de la Federación Rusa haber promovido una resolución de este tipo en la Duma, que cae en la provocación ucraniana y encajona a Putin. Este es abogado de formación, y ha dicho que no se puede proceder a un reconocimiento que liquidaría los acuerdos de Minsk, poniendo  a todo el mundo fuera del Derecho.

     Alrededor del Donbás, junto al ejército ucraniano, se han instalado grupos neonazis como Sector Derecho y el Batallón Azov, pero hay más. La milicia Centuria, desprendimiento igualmente neonazi del Batallón Azov, ha sido entrenada por militares canadienses. No queda claro por qué no hay dos cosas: 1) la denuncia de que las democracias "liberales" que están contra la "amenaza rusa" solapan tranquilamente a neonazis, lo que es contrario a las leyes internacionales, y 2) la denuncia de la negativa de Ucrania a cumplir con acuerdos internacionales. En estas circunstancias, no queda claro por qué Occidente se ofrece como garante de la ley que "su" gente menosprecia sin inmutarse. El presidente estadounidense, Joseph Biden, nunca menciona los Acuerdos de Minsk. Nadie se lo pide, tampoco, y de los neonazis o de la población del Donbás ni quien sepa, a final de cuentas.

     Lo que puede llegar a ocurrir es un ataque ucraniano en el Donbás que obligue a Rusia a intervenir, pese a que se ha atenido al Derecho internacional, a diferencia de quienes creen que lo que gobierna no es el estado de Derecho, sino el de opinión, sobre todo dada la capacidad estadounidense para "normar" las relaciones en este terreno. La gente confunde así lo ilícito e ilícito con lo normal y anormal, de tal modo que los ilícitos ucranianos son normales y la actitud lícita del Kremlin es anormal. Aquí abajo, un escudo de la milicia del Donbás, escudo zarista: está agarrada de una confusión, aunque en legítima defensa dadas las arremetidas de Kíev, capital ucraniana, contra todo lo ruso. Más abajo, escudo de la milicia Centuria.


 


YA LLEGAMOS A DONDE ÍBAMOS

 Como ya ha habido ocasión de explicarlo, el mundo del trabajo no representa hoy una alternativa ni tiene gran cosa que proponer, por divers...