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domingo, 30 de enero de 2022

GRANDEZA O PEQUEÑEZ

 El abandono de la curiosidad tiene consecuencias en un mundo periodístico que ya difícilmente investiga y que, peor aún, se ha puesto a hablar sin entender claramente lo que dice, con tal de no hacer más que especular y obtener alguna ganancia, traducida en rating.

      Recientemente, en el periódico mexicano Milenio, Rafael Pérez Gay, periodista hermano del extinto José María Pérez Gay, germanófilo de confianza del actual mandatario mexicano Andrés Manuel López Obrador, lamentó (el hermano acostumbraba repetir en las páginas de La Jornada las mentiras en boga sobre Yugoslavia y los serbios): "Echeverría ha cumplido cien años y nadie lo juzgó". Seguramente un apellido permita afirmar cualquier cosa sin consecuencias. El ex presidente Luis Echeverría fue llevado a juicio bajo la presidencia del derechista (Acción Nacional) presidente Vicente Fox: aquél fue detenido por crímenes del pasado, se le dictó auto de formal prisión y estuvo bajo arresto domiciliario. En 2009 fue exonerado de los cargos y recibió la libertad absoluta. Es falso lo que Rafael Pérez Gay escribe, en el sentido de que a Echeverría "nadie lo juzgó".

     En este mismo tenor de linchamiento, ya es costumbre inveterada y casi lugar obligado para los peregrinos decir algo contra Stalin. Siempre en Milenio, Alfredo Villeda escribe "El testamento de Stalin" y, apoyado en "grandes" investigaciones occidentales (y olvidando entre ellas la de Anne Applebaum sobre el gulag), afirma: "Jrushov (sic), Beria, Malenkov, Bulganin, Kaganovich y Ordzhonikidze, o la mayoría de ellos, movieron al viejo líder a un sofá y durante las primeras doce horas lo único que hicieron fue tiempo para velar armas y asegurarse de no ser apuñalados por la espalda". El texto se refiere al momento de la muerte de Stalin, en 1953. Sergó Ordzhonikidze murió en 1937. Al parecer, no importa. En este mismo orden de cosas, para deslindar la ciencia de la ideología, el señor Jean Meyer, amparándose en "don" Antonio Lazcano (!), recuerda el "caso Lysenko" en la Unión Soviética (la "ciencia proletaria" de un genetista) olvidándose de mencionar que científicos con orientaciones contrarias a las de Lysenko pudieron recibir el Premio Stalin.

     De vez en cuando pueden leerse textos más o menos interesantes de Héctor Aguilar Camín. Sin embargo, también es posible constatar que se lanza a hablar de lo que no sabe, y sin tomarse la pena de averiguar. Hace algún tiempo, en las páginas de Milenio, describió a las dictaduras sudamericanas de los '70 apoyadas por Estados Unidos, incluyendo a Perú. Resulta que este país tuvo ciertamente una dictadura militar, la de Juan Velasco Alvarado, pero reformista y antiimperialista, además de algo cercana a la Unión Soviética. Poco importa: el apellido tal vez lo salve todo. A los pocos días, en el mismo periódico, el mismo Aguilar Camín, sumándose al coro de los apologetas del presidente chileno Gabriel Boric, festejó su "claro tránsito hacia el centro" en vez de hacer alianza con los comunistas, aunque en realidad Boric mantuvo esta alianza y nombró en su gabinete a tres comunistas, incluyendo a Camila Vallejo como portavoz de la presidencia, además de Jeannette Jara y Flavio Andrés Salazar (Bienestar y Trabajo y Ciencia y Tecnología). No es tan infrecuente encontrarle errores a Aguilar Camín cuando se pone a hablar de la realidad internacional. La conoce poco, mal y es de lo más provinciano.

     Pasemos sobre la jauría sin representatividad alguna que está terminando de empequeñecerse atacando a López Obrador: este no encabeza más que a "canallas", "miserables" o, como expectoró el cada día peor políticamente escritor Enrique Serna (desconoce de política, salvo para prestar servicios: tal vez necesite el dinero), una "caterva de rufianes". Después llega José Woldenberg y dice que López Obrador los está insultando.

      Es una lástima que la izquierda no se tome el trabajo de debatir con estos "demócratas liberales", aunque una excepción es la del argentino Atilio Borón con el escritor Mario Vargas Llosa en El hechicero de la tribu, más allá de que Borón tenga sus propias formas de desbarrar. No todo es descartable en dichos "demócratas": conocen bien el "sistema", aunque eligieron jugar sus reglas y no el camino de la autonomía profesional. Cada uno a su manera, no están exentos de nepotismo, clientelismo, endogamia y defectos del pasado parecidos. Cuando ya se trata de contradicción, olvidan que, como lo sugiere Jesús Silva Herzog Márquez, la democracia es en principio "la casa de la contradicción", y llegan a la bajeza en la descalificación. Habrá ocasión de verlo, el problema de la intelectualidad de izquierda es similar, y parecida también la manera de anular toda posibilidad de debate. De todos modos, cuando se está en las cercanías de la política y en exceso de los medios de comunicación masiva, no se puede estar en todo y leer e indagar al mismo tiempo. De ahí que lo ofrecido al público, si se trata de éso y no de escribir para quedar bien arriba y ganarse favores, se empobrezca. Lo mismo ocurre cuando Borón se pone al servicio completo de la Revolución Cubana y pasa por la adulación a algunos de sus funcionarios. En todo caso, verdadero debate hay poco, aunque algunos "demócratas liberales" lo han hecho a su modo, incluyendo entre otros a Silva Herzog Márquez, Jorge G. Castañeda, el mismo Enrique Krauze (por ejemplo en Redentores) o Rafael Rojas. No es licencia para decir cualquier cosa, sin mínima relación con la verdad bien entendida. Para estos "demócratas liberales", existía hasta hace poco algo así como "el mejor de los mundos posibles". Ya habrá ocasión de ver cómo la intelectualidad de izquierda le apuesta en cambio al famoso "lo bueno de ésto es lo malo que se está poniendo". A veces la vida no es muy seria en sus cosas, parafraseando a Juan Rulfo.

     La foto no engaña: están también Gabriel García Márquez, Carlos Monsiváis  y Elena Poniatowska.


 


jueves, 27 de enero de 2022

HONDURAS Y LA POLÍTICA ESTADOUNIDENSE HACIA AMÉRICA LATINA

 El triunfo de Xiomara Castro para la presidencia de Honduras no es poca cosa. Como ha estado ocurriendo en prácticamente toda América Latina, el sistema tradicional de partidos se ha venido desmoronando. Con la organización LIBRE (Libertad y Refundación), Castro terminó con la alternancia entre el partido Liberal y el Nacional. En esta perspectiva, pareciera que las añejas oligarquías están en serias dificultades. Castro llega con un programa medianamente progresista y, dicho sea de paso, es algo que no incomoda a Estados Unidos: Antony Blinken, secretario estadounidense de Estado, se ha apresurado a felicitar a Castro, como ya lo hizo previamente en Perú con Pedro Castillo, algo que pasó desapercibido, o como se ha festinado en Chile a Gabriel Boric. En la medida en que hay elementos anti-oligárquicos, de cambio democrático-burgués, de oferta de participación para la clase media y de limitación de las aspiraciones populares, y en particular de los trabajadores, con frecuencia en una pavorosa parálisis, no hay desafío al capitalismo, a diferencia de Cuba o Nicaragua (Venezuela se cuece aparte). Una parte de estas fórmulas de recambio empuja sin tapujos hacia el estilo Demócrata estadounidense, para la clase media.

      Queda por ver hasta donde es posible que las fórmulas mencionadas se deshagan realmente de ciertos hábitos oligárquicos. Cuando la ruptura es más o menos clara, como en El Salvador con el actual presidente Nayib Bukele, las cosas ya no son tan del agrado estadounidense. Como sea, Estados Unidos tiene cierto abanico de tolerancia y pareciera haber escogido, habría que saber en función de qué perspectiva internacional, una "política de buena vecindad", a juzgar por la negativa del mandatario de Estados Unidos, Joseph Biden, a llamar "patio trasero" a América Latina, prefiriendo referirse a ésta como "patio delantero", lo que sea que ésto signifique. Curiosamente, lo descrito se acompaña de una pérdida notoria del sentido de soberanía en algunos países latinoamericanos: Washington, capital estadounidense, se permite pronunciarse abiertamente sobre la reforma eléctrica mexicana, sin que haya reclamos, de la misma manera en que, por lo menos hasta hace poco, el embajador estadounidense en México, Ken Salazar, se paseaba tranquilamente por este país opinando a diestra y siniestra sobre política nacional, sin ser mandado a callar.

     Como lo señalara recientemente la estudiosa rusa Irina Dashkina en un evento universitario mexicano, lo que ocurre en materia de género muestra ciertos límites en los avances latinoamericanos ya descritos. Después de todo, Xiomara Castro es la esposa de Manuel Mel Zelaya, presidente hondureño derrocado en 2009. A la toma de posesión asistió Cristina Fernández de Kirchner: tiene perfil propio, pero también es la viuda del presidente argentino Néstor Kirchner, fallecido en 2010. En cuanto a Rosario Murillo, vicepresidenta de Nicaragua, es la esposa del recientemente reelecto presidente Daniel Ortega. En esta misma perspectiva, en las últimas elecciones peruanas, la seria contrincante de Castillo, Keiko Fujimori, es la hija de Alberto Fujimori y alguna vez ejerció como Primera Dama. La tradición viene de lejos. Violeta Barrios de Chamorro, presidenta de Nicaragua luego de la derrota de Ortega en 1990  y hasta 1997, es la viuda del connotado periodista opositor a la dictadura de Anastasio Somoza, Pedro Joaquín Chamorro, asesinado en 1978. y Mireya Moscoso, presidenta de Panamá en los años '90 y 2000 (1999-2004), es la viuda del igualmente connotado político Arnulfo Arias. No pareciera fácil para una mujer abrirse un camino verdaderamente independiente en América Latina, sin alguna sombra. Las excepciones no han durado mucho, trátese de Lidia Gueiler en Bolivia o de Rosalía Arteaga en el Ecuador, por pocos meses, e incluyendo por cierto a la boliviana Jeanine Añez (un año). El único caso realmente excepcional ha sido el de Laura Chinchilla en Costa Rica (2010-2014, partido Liberación Nacional). Francamente, no ha llegado el día en que esté una mujer a la cabeza del Estado cubano o del venezolano, que no ostentan en materia de igualdadde género las mismas muy buenas credenciales de Nicaragua. No se trata de contar por contar, o habría que incluir a la siniestra María Estela (Isabel) Martínez de Perón. El indicador tratado aquí dice bastante. Los partidarios de poner mujeres donde sea y para lo que sea se pueden quedar con su ahora ex canciller alemana Angela Merkel u otros recordando a Margaret Thatcher. América Latina no ha sido para crear una Golda Meier o una Indira Gandhi, aunque la segunda (nada ver que ver con Mahatma Gandhi) fuera la hija de Jawaharlal Nehru.

     Castro, en un país con más de 70 por ciento de la población en la pobreza y un Estado en bancarrota,empieza con un Legislativo dividido y el riesgo de verse paralizada -no tiene mayoría- en sus iniciativas, a reserva de que opte por una Constituyente, aunque Estados Unidos parece dispuesto a soltar bastante -hasta la intercesión de la vicepresidenta Kamala Harris-mientras las cosas se mantengan en la "moderación" y parezcan incorporar a los sectores populares, aunque se trata en realidad de tenerlos más como mejores consumidores que como sujetos activos de sus propios intereses, lo que les ha costado históricamente ser. Como sea, el precedente de ruptura con los sectores más reaccionarios quedó sentado, sin ningún peligro de "venezuelización". Algo de folclore hondureño (da click en el botón de reproducción).


 




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martes, 25 de enero de 2022

OBLIGACIONES PERIODÍSTICAS

 A propósito de una resolución reciente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) en México, que a través del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) obliga a que el Estado regule el llamado "derecho de las audiencias", no ha faltado quien se oponga a la diferenciación entre información y opinión, diciendo, palabras más, palabras menos, que ésto no es posible, ya que siempre hay un margen de "discrecionalidad" (!) y por ende de subjetividad en la presentación informativa. 

No es así. Una cosa es presentar hechos o incluso pruebas. Otra cosa es dar una opinión sobre lo que sea y pretender presentarla como parte de alguna información. No es para nada lo mismo afirmar que "un submarino ruso atacó con un torpedo un buque noruego en el mar Báltico", que aventar: "!y mire usted!!Putin amenaza otra vez! Un submarino ruso atacó con un torpedo un buque noruego en el mar Báltico". En el primer caso, la audiencia queda libre de interpretar lo que decida. En el segundo caso, se trata de venderle a la audiencia la noticia con su interpretación, ahorrándole formarse un criterio y pensar. Desde luego que es algo que tiene efectos: en la actualidad, la mayoría de la gente es incapaz de discernir y toma por verdadero lo que le venden adulterado, al grado que más de uno parece pegado con diurex (scotch o cinta adhesiva) a la última coyuntura de los medios de comunicación masiva. Es sorprendente ver hasta qué grado quienes son presentados como "analistas" o "expertos" se muestran incapaces de distanciarse mínimamente de lo que dictan los medios, hasta construir interpretaciones enteras partiendo de falsedades.

      Quienes alegan que la diferenciación señalada no es posible y que, a fin de cuentas, la audiencia es libre de escoger entre distintas "presentaciones subjetivas" suelen argumentar que no hay verdad absoluta, y que son imposibles los juicios de valor, al mismo tiempo que se colocan del lado de asuntos grandilocuentes como La Ciencia, por ejemplo en materia de la Covid 19. Tal vez se deba entender que fuera de La Ciencia, lo que queda es el show que llega a agarrar también la izquierda: el de la "narrativa" o el "relato", cuando no el del reclamo de la democracia no como lugar de decisión, sino de algo tan simpático como "la conversación pública", que es lo que reclama alguien como el falsamente premiado como investigador (por la universidad pública), José Woldenberg. Así las cosas, cualquiera será libre de decir que el premio fue político, como se acostumbra, y para "mantener equilibrios", puesto que el señor nunca ha destacado como investigador. ¿No? Bueno, en todo caso es mi opinión, subjetiva y discrecional. 

Si alguien discrepa, se puede tolerar, pero difícilmente se puede contradecir, aunque se suponga que, como lo ha sugerido Jesús Silva Herzog Márquez, la democracia es "la casa de la contradicción".

 Si no se trata de llegar a verdad ninguna sino nada más de "conversar", podemos tolerarnos entre todos perdiendo el tiempo hasta llegar ocasionalmente a las manos si alguien habla de manera directa, puesto que se tomará la franqueza por intolerancia. Una cosa es contradecir para debatir y otra instalarse en el "cotorreo" como prueba de que todo el mundo es efectivamente libre de "cotorrear" (lo que formalmente es cierto).Así pues, es factible tomar más de una columna por lo que seguramente es: cotorreo, eso sí democrático, aunque lo democrático no quite lo cotorro. En la academia se puede derivar todo hacia el conversatorio. Las cosas en democracia no se arreglan desde luego en los hechos, sino platicando al infinito. En Mexico existen curiosos y obscenos programas en los cuales la audiencia tiene que oír a locutores que ignorándola por completo “cotorrean” entre ellos hasta la exasperación.

      La decisión aludida sobre los derechos de las audiencias estaría en todo caso apegada a  la Carta Mundial de Etica para periodistas, de la Federación Internacional de Periodistas. Toda persona tiene el Derecho Humano del acceso a la información y las ideas."La responsabilidad del periodista con el público, según esta Carta, tiene prioridad sobre cualquier otra, en particular hacia sus empleadores y las autoridades públicas". El periodismo debe "respetar la verdad de los hechos y el derecho del público a conocerla constituye el deber primordial del periodista". Aquí viene lo sustancial: "de acuerdo con este deber, el o la periodista defenderá, en todo momento, el doble principio de la libertad de investigar y de publicar con honestidad la información, la libertad de comentario, y de crítica, así como el derecho a comentar equitativamente y a criticar con lealtad. El/ella se asegurará de distinguir claramente la información de la opinión". Si se quiere, la información es la verdad de los hechos y, como se dice, en más de una ocasión res ipsa loquitur, "la cosa habla por sí misma". Es por este motivo que suceden varios tipos de asuntos: 1) el silencio sobre determinados hechos, que no se dan a conocer o que se conocen, como se dice, "a toro pasado", 2) la adulteración de los hechos o su fabricación, como la falsa fotografía sobre las "armas de destrucción masiva" de Irak, que nunca existieron (y lo reconoció el funcionario estadounidense que las mostró), o los atentados de "falsa bandera" (hechos por alguien para atribuirlos a otros), o 3) la simple acusación de mentiroso a quien presente determinados hechos, sin presentar quien acusa otros que estén plenamente probados, sino respaldados únicamente en una "firma", un "nombre" o, por qué no, una autoridad. Es para enfermar a cualquiera y provoca que mucha gente prefiera no informarse. Lo cierto es que, en la actualidad, llama la atención la cantidad de gente que opina sin tener la menor información, es decir, "la verdad de los hechos", o "vendiendo" información adulterada, distorsionada, descontextualizada, etcétera. sin contar con la cantidad igualmente sorprendente de gente metida a descifrar la "realidad" mediante rumores, chismes, intrigas, maniobras, especulaciones infinitas, etcétera.

     Al respecto, prosigue la Carta mencionada: "el o la periodista no informará sino sobre hechos de los cuales conozca el origen, no suprimirá informaciones esenciales y no falsificará documentos". Esto también es importante: "la noción de urgencia o inmediatez en la difusión de la información no prevalecerá sobre la verificación de los hechos, las fuentes y el ofrecimiento de una respuesta a las personas implicadas". Digamos que en vez de negarles la voz o descalificarlas de entrada. En la misma Carta, se consideran faltas profesionales graves: la distorsión mal intencionada, la calumnia, la maledicencia, la difamación y las acusaciones sin fundamentos. Aprovechemos para decir que en ocasiones, la periodista mexicana Anabel Hernández, ciertamente valiente, podría ahorrarse "lo que le contaron" sobre la cantante Lucha Villa , que no prueba mucho, o "lo que le dijeron" sobre el cantautor ya fallecido Joan Sebastian, que tampoco es sustancioso. Los meros dichos no bastan, como lo señaló la actriz Maribel Guardia: ¿fotos, vídeos, grabaciones, pruebas judiciales?

     La Carta de Munich, de 1971, indica que es obligación del periodista "respetar la verdad, cualesquiera sean las consecuencias". También es preciso "rectificar cualquier información que resulte inexacta". El periodista debe "abstenerse de recibir algún beneficio a causa de la publicación o supresión de información". Se agrega que "el periodista no puede ser obligado a realizar un acto profesional o expresar una opinión contraria a su creencia o su conciencia". Desde el momento en que impera la creencia de que no hay verdad, sino que "cada quien tiene la suya", "discrecional y subjetiva", y de que no estamos más que en una "conversación" -tolerándonos todos-, no hay "casa de la contradicción", y no se está lejos de escoger el criterio "de mercado", puesto que "cada quien tiene sus derechos y sus libertades": esta el de confundir la verdad de los hechos con el rating, es decir, lo verdadero con lo que reporta una ganancia al menor costo. Debe saberse que es la única verdad del sistema existente, aunque no coincida desde luego con la objetividad y la imparcialidad. No es que la gente que repite sin pensar no esté consciente de lo que hace: sucede que busca algún beneficio para sí. Dejamos el asunto con una de Joan Sebastian y Maribel Guardia (da click en el botón de reproducción).



domingo, 23 de enero de 2022

RUSIA: RESPONSABLE, ¿PERO A CONCIENCIA?

 Seguramente no haya nada más erróneo que creer en la crisis generada alrededor de Rusia que los protagonistas saben exactamente lo que hacen. Estados Unidos y sus "socios y aliados" (no deja de ser llamativa esta manera de hablar de "aliados" cuando no se está en guerra formal con nadie) calculan, pero no forzosamente piensan. La verdad es que todo revela la prevalencia de asuntos de negocios: si Rusia hace tal o cual cosa, "pagará un precio", o tendrá "fuertes costos" (antes al menos se decía: "sufrirá las consecuencias"). No es el caso de Rusia, que ha heredado el universalismo soviético y quiere paz, pero no parece entender con qué clase de gente tiene que vérselas, al pedir garantías que, formalmente al menos, no son todas exigibles. En rigor, las repúblicas ex soviéticas son libres de irse con el "socio y aliado" que mejor les plazca. Rusia no puede pedir que Bulgaria, Rumania o Ucrania decidan como los rusos prefieran. Es como si la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) le dijera a Rusia con quién puede aliarse o no en la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), que incluye también a Belarús, Armenia, Kazajistán, Tayiquistán y Kirguistán

     Dentro de Rusia, no faltan las imprudencias. El Partido Comunista de la Federación Rusa reclamó el reconocimiento de las "repúblicas populares" de Donestk y Lugánsk, en el Este ucraniano, pero sería el preámbulo a la anexión y contravendría en este sentido los Acuerdos de Minsk, a los que por lo pronto se ha aferrado Rusia. Ya ha sido bastante con el paso, atención, legítimo pero ilegal de la anexión de Crimea en 2014. En el fondo llega a aparecer por momentos cierto chovinismo panruso y la idea de resuscitar, a falta de ideología clara, reivindicaciones de siglos como la que hizo el presidente ruso Vladimir Putin sobre el "origen común" de rusos y ucranianos desde tiempos de la Rus de Kíev. El terreno no debería ser el de los vínculos "ancestrales". No debiera tratarse de seguir caminos como los propuestos por un Alexander Duguin, por ejemplo, y resuscitar en el Este y parte de la costa sur de Ucrania la "Nueva Rusia" de tiempos zaristas.

     En la Web con agencias de noticias y medios de comunicación masiva occidentales reina un clima irrespirable. Nadie, por ejemplo, sugiere que Ucrania haga el favor de cumplir con los Acuerdos de Minsk. Cualquiera repite hasta caer rendido que "la amenaza rusa" o que "Putin lo uno y lo otro" sin reparar en que hasta el momento el país que está siendo "invadido" -de armas y entrenadores militares provenientes del exterior - es Ucrania (90 toneladas desde Estados Unidos, más armamento desde los países del Báltico y del Reino Unido), mientras que Rusia no ha hecho más que ejercicios militares dentro de su país. A decir verdad, tal vez no se equivoque Serguei Lavrov, canciller ruso, cuando dice que Occidente practica algo así como un "kamasutra político": ensaya hasta las más extraordinarias posiciones contra Rusia. La suplantación de los valores por el cálculo y la geopolítica en la coyuntura hacen proyectar sobre Putin y los rusos lo que pudiera ser, en realidad, cierta dificultad de los occidentales (a quienes suele sumarse alegremente el primer ministro japonés de turno) para ver más allá de sus narices e intentar comprender lo que tienen enfrente, fuera del análisis costo/beneficio. Todas las "movidas” están contempladas en este kamasutra geopolítico.

    Los anuncios de Putin sobre la superioridad armamentística rusa desde 2018 no parecen ser blofeo, en particular en materia de armas hipersónicas, pese a que Occidente se ha hecho de la vista gorda, e incluso pese a lo que sugiere un militar ruso como Leonid Ivashov, en el sentido de que cualquier "juego nuclear" no conduciría más que al suicidio en el marco del START III. De todos modos, es poco probable que, más allá de recurrentes provocaciones de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), o de las que hay en el Donbás contra la población rusófona (hacia la región se han desplazado miles de efectivos ucranianos y milicias neonazis como las de Sector Derecho), con la eventualidad de lograr un casus belli ("motivo para la guerra"), Occidente le esté apostando a un conflicto armado de gran envergadura. El lapsus del presidente estadounidense Joseph Biden sobre una "incursión menor" rusa (que podría ser, llegado el caso, una provocación de las de "falsa bandera",como se las conoce) para imponerle a Rusia "costos severos" y "daños significativos", dice mucho: lo que se busca es imponer sanciones económicas y financieras, eventualmente con la creencia de que la Federación Rusa puede hacer implosión, el viejo sueño Demócrata desde la época del presidente estadounidense William Clinton. Y de paso, evitar que Rusia y la Unión Europea (UE) estrechen lazos.

     Países de la Unión Europea son los principales socios de Rusia, que les suministra petróleo y gas, lo que Estados Unidos pretende venderles a los europeos de ser necesario. Alemania, Italia y Francia están entre los principales proveedores de Rusia, mientras que Alemania y los Países Bajos son los que más le compran a Rusia, después de China. El 40 % del gas y el 26 % del petróleo importados por la UE provienen de la Federación Rusa. La UE ha mostrado que no tiene tanta prisa como Estados Unidos en cortar todos los lazos con los rusos. Lo que Washington, capital estadounidense, acaricia desde hace décadas, por lo menos desde la administración de Ronald Reagan, es sabotear cualquier acercamiento entre Rusia y la UE, antes Comunidad Económica Europea. Lo que está menos claro es lo que busca Rusia, si acaso todavía buscara separar a europeos de estadounidenses. En todos los casos, los europeos se juegan el pellejo sin mayor conciencia, al parecer: Estados Unidos Unidos pelea hasta el último europeo, y podría ser que más de un país de la UE sea blanco de Rusia. Un conflicto armado en Ucrania metería en aprietos a Europa, suponiéndose que alguien quiera tragarse este país en bancarrota y corrupto. Rusia no, de seguro. Lo único que Moscú, capital rusa, no tiene muchas ganas de ver es misiles a cinco minutos de casa desde territorio ucraniano, colocando en dificultades las defensas antiaéreas rusas.

     Más allá de los errores que pueda cometer Rusia al pedir lo que Occidente no puede darle, o al esperar saltarse también las leyes del capitalismo, llama la atención que los mismos occidentales no tengan capacidad de discernimiento, o parezcan no tenerla, salvo que se les aparezca el "costo" o el "precio a pagar": basta con ver un mapa, suponiendo que algún occidental lo haga, para observar quién amenaza a quién, en algo anhelado desde muy temprano en la época de la Guerra Fría, y bajo el supuesto de que ésta haya concluido en algún momento. Estados Unidos y sus "socios y aliados" de ninguna manera van a soltar lo mucho que han ganado. Al parecer, han estado esperando más, provocando al territorio ruso de Transnistría, colindante con Moldavia, y obligando a tratar de "sellar" la frontera del Asia Central ex soviética con Afganistán.

     Una de las cosas que puede hacer Rusia es dejar de lado su telecracia y ocuparse de restaurar una cohesión social que no va del todo bien, para limitar las posibilidades de implosión. Lo sucedido recientemente en Kazajistán no deja de ser una advertencia. Al mismo tiempo, si no hay indicios contundentes de que Ucrania no será utilizada de plataforma para agredir a Rusia, ésta puede volver a recurrir a lo legítimo pero ilegal e intervenir en el Donbás, o terminar por apuntar armas directamente a Ucrania. Es simpático ver cómo los estadounidenses arriesgan a otros para beneficio propio, trátese de europeos o ucranianos, en medio de la indiferencia de la población del mismo Occidente, incluso convencida de una supuesta invulnerabilidad.

     La propuesta rusa es sencilla, aunque los occidentales no respetan ni el Derecho: o por la ley, porque no hay ninguna y Estados Unidos y sus "socios aliados" desconocen las existentes, o por la fuerza, con múltiples opciones entre las cuales no hay que descartar sorpresas. Rusia no está socialmente de lo mejor, pero tiene para ser autosuficiente, en particular en materia de industria militar, En caso de "sanciones del infierno", Rusia puede absorberlas: cuenta con grandes reservas (las cuartas del mundo) y no depende de inversiones estadounidenses, al estarse deshaciendo desde hace varios años de Bonos del Tesoro estadounidense. La apuesta de que dichas sanciones pudieran debilitar en extremo a Putin no es obvia. Lo que sí puede suceder es alguna fuga de capitales por la cual haya menos estorbos de oligarcas.

     La verdad sea dicha, los occidentales se creen muy ingeniosos: están jugando a "cara, yo gano; cruz, tu pierdes". Pero las fisuras se pueden entrever cuando hablan de "incursión menor", cuando ofrecen "garantías por escrito pero secretas, por favor" o cuando, la verdad sea dicha, no pelearán mayormente sino hasta el último neonazi ucraniano. Queda más ingenio: el de los latinoamericanos que creen que el pleito es con China, apreciando al "tamaño", cuando desde que era vicepresidente Biden lo anunció con Rusia. Si no hay ley posible, se estará más cerca de llegar a las manos. Rusia está haciendo lo que puede con responsabilidad, aunque no equivalga a hacerlas siempre a conciencia. Tal vez haya llegado a su límite el tiempo de los sacrificios, y tampoco se los puede pedir a buena parte de la población rusa para salvar a unos cuantos y su telecracia.Queda el cantante georgiano Vajtang Kikabidze (da click en el botón de reproducción). Con playita del Indico.




 


jueves, 20 de enero de 2022

MÉXICO: ¿LINCHAR NO ES COBARDÍA?

 En sociedades como la mexicana no importa mucho descubrir alguna verdad, sino plegarse a la verdad del poder, que se confunde con la objetiva, La verdad del poder quiso hace mucho que fuera condenado Luis Echeverría, presidente de México entre 1970 y 1976. La periodista Angeles Magdaleno ha dicho recientemente que las tendencias izquierdistas (digamos que hasta donde llegaban a serlo) de Echeverría no eran del agrado de Estados Unidos ni, en particular, de la Central de Inteligencia Americana (CIA), en cuya nómina nunca estuvo el mandatario, aunque le diera información. Tampoco eran del agrado de la clase empresarial mexicana.

    Un recuento reciente del periódico mexicano Excélsior, ahora que Echeverría cumplió 100 años, dice lo siguiente:  "Echeverría afirmó más de una vez que el Movimiento Estudiantil era un caso de la administración local del Departamento del Distrito Federal y que la incursión del ejército era responsabilidad del comandante en jefe, que constitucionalmente es el Ejecutivo federal". Gracias a la apertura de archivos es posible saber, sobre todo con la investigación de Angeles Magdaleno, que el problema estudiantil de 1968 que desembocó en los hechos del 2 de octubre no tuvo como protagonista importante a Echeverría, sino justamente a fuerzas ligadas al ejército (en todo caso al Estado Mayor presidencial) y al regente del Distrito Federal, Alfonso Corona del Rosal. Fue también desde el Departamento del Distrito Federal luego a cargo de Alfonso Martínez Domínguez que en 1971, cuando tuvieron lugar los hechos del 10 de junio, se pagaba al grupo paramilitar conocido como "Los Halcones". Martínez Domínguez fue destituído por Echeverría por los sucesos.

     Para Angeles Magdaleno, en el 68 mexicano se montó un operativo "desde la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP) del Partido Revolucionario Institucional (PRI) sumado a algunos elementos del Estado Mayor Presidencial ", a lo que hay que agregar la mano de la CIA. Martínez Domínguez fue dirigente de la CNOP. A la sombra de esta "corporación" del PRI se creó un grupo paramilitar que operó durante la década de los '60 y por lo menos hasta 1971. En términos de deslinde de responsabilidades, Echeverría tuvo razón. Lo que no parece haber querido es entrar en detalles para no romper la disciplina partidaria, puesto que en 1968 y en 1971 se trató en buena medida de lucha de facciones dentro del PRI, que como buen partido populista podía incluir corrientes tanto de izquierda como de derecha y muy anticomunistas.En esta perspectiva, Echeverría seguramente buscó guardar "equilibrios" exactamente con el mismo espíritu que lo hace hoy por ejemplo la universidad pública.

      En la actualidad están dificultadas las entradas a la Web en las cuales se puede reconstituir lo acontecido, y además ver que Ignacio Carrillo Prieto, encargado de la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP), durante el sexenio de Vicente Fox, se dedicó más a fabricar culpables que a atender una verdadera investigación, al grado de querer inventarle a Echeverría el cargo de "genocidio". Angeles Magdaleno ha detallado recientemente el ambiente en el que tuvo que trabajar dicha fiscalía, con culpables a cargo de investigaciones, líderes del 68 con frecuencia en pésimos papeles y encima una visión errónea de las guerrillas durante la "guerra sucia" de los '70, ya que no estuvieron exentas de crímenes injustificables.

       No cabe duda que el gobierno de Echeverría jugó rudo contra las guerrillas, en particular con la llamada "Brigada Blanca"(Brigada Especial Antiguerrillas), aunque fue creada en 1976. La dureza y el trato al margen de la ley se fortalecieron a raíz de la muerte del empresario regiomontano Eugenio Garza Sada, en 1973, en medio de un secuestro orquestado por la ultraizquierdista Liga Comunista 23 de Septiembre; Garza Sada habría muerto de un disparo de su chófer, con la orden de no dejarlo caer vivo. La versión de que Echeverría fue el "asesino" (en el sentido de "autor intelectual") fue manejada muy pronto por la clase empresarial y retomada más tarde por alguien como el "periodista" Jorge Fernández Menéndez: el gobierno mexicano habría sabido del secuestro tiempo antes y no habría hecho nada, aunque también se sabe que la actuación de las guerrillas no era muy predecible, sobre todo al depender de comites locales, y que, por lo demás. por algún motivo se perdió en la empresa de Garza Sada la información enviada por la Dirección Federal de Seguridad (DFS). No hay curiosamente ningún elemento -ni uno solo- en Nadie supo nada, el libro de Fernández Menéndez, que permita incriminar a Echeverría. Garza Sada acostumbraba por lo demás desplazarse armado y con escoltas. Fernández Menéndez se aventura a sugerir que Echeverría "dejó hacer" el crimen de Garza Sada, siendo en realidad que los secuestradores no querían matarlo. Y es más, Nadie supo nada sugiere una infiltración de los secuestradores por parte del temible súperpolicía Florentino Ventura, a través de Elías Orozco Salazar. Fernández Menéndez nunca se tomó la molestia de leer la versión de Orozco Salazar sobre distintos hechos, sino que preferió a delatores pagados y gente por el estilo.

     Hecho curioso, en el sitio de Memoria del actual gobierno de México sobre la Brigada Blanca aparece una credencial: la de Fernando de la Sota Rodalléguez, quien fuera agente de la CIA e involucrado en el asesinato de Luis Donaldo Colosio, candidato del PRI a la presidencia en 1994. También se deshicieron las supuestas “pruebas” del seductor de la patria para involucrar a Echeverría en el magnicidio.

     No se trata de hacerle un monumento a nadie, y es probable que se prolongue el ritual del poder contra Luis Echeverría, sin que importe en lo más mínimo la verdad, ya esclarecida, en buena medida gracias al trabajo acucioso de Angeles Magdaleno. Carece de sentido la comparación entre Echeverría y el actual gobierno mexicano de Andrés Manuel López Obrador, salvo que se trate de inculcarles miedo a la clase media y al empresariado. Los manejos económico y de política exterior, entre otros, son muy distintos, de lo que no parece darse cuenta en lo más mínimo alguien como el investigador Roger Bartra.

     Queda el asunto de que seguramente el historiador Pedro Salmerón se equivocó al llamar "valientes" a los miembros de la Liga 23 de septiembre; no porque se tratara de un asunto de "valentía" o "cobardía", sino porque Salmerón se permitió la declaración como funcionario, a cargo del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INERHM), lo que no podía hacer. Tampoco tenía caso hacer de Garza Sada una gloria nacional: fue entre otras cosas opositor a los libros de texto en 1962 y presidente de la Cruzada Nacional Anticomunista, entre los asuntos que el ensayista Enrique Krauze omitió al exaltarlo luego del craso error de Salmerón. Como la verdad es lo de menos, Salmerón quedó al borde de un premio político del lópezobradorismo: una embajada, siendo que no tiene la menor experiencia diplomática. Y es que seguramente López Obrador sea de los que se creen lo que "se dice" sobre 1968 y otras cosas más. 

     En la actualidad hay elementos suficientes para reconstituir muchos hechos históricos, pero el grueso de los medios de comunicación masiva y más de un gobernante prefieren hilvanar a partir de lo que "se dice": para estar seguro de un "se dice" escribe por ejemplo Fernández Menéndez, sin reparar en relaciones de causa a efecto y correlacionando en cambio de todo y nada. Lo cierto es que, más allá de una presidencia con claroscuros, las pruebas exoneran a Luis Echeverría Alvarez de la mayor parte de lo que se le imputa. Tal vez la autodenominada "Cuarta Transformación" quiera encontrar más con sus “comisiones de verdad”: no deja de ser simpática la coincidencia entre sectores de la clase empresarial e izquierdistas para entrar al mismo ritual y deshacerse de tal modo de toda autoridad que no quede más que una libertad, la del poder. A seguir linchando, entonces, para lavarse las manos.(foto: Echeverría con María Esther Zuno de Echeverría)





martes, 18 de enero de 2022

KAZAJISTÁN: ¿ES LA ÚLTIMA, Y NOS VAMOS?

 Salvado por la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), el presidente Kassym-Jomart Tokayev parece seguir sin entender qué le ha venido pasando a Kazajistán: 11 ministros del gobierno anterior conservaron sus cargos, pero además se promovió al ex viceministro de Información, Askar Umarov, un hombre proturco que considera que los rusos son unos "alcohólicos colonialistas". Es que no es tan obvio: la OTSC ya se largó y no llegó con soldados rusos en estado de ebriedad.

      Tampoco queda claro si los occidentales realmente entienden lo que hacen. Se la pasaron lloriqueando por la salida estadounidense de Afganistán, o festejándola como "el imperio ya no puede", pero nadie se aseguró siquiera de que saliera de ese país hasta el último norteamericano. En Afganistán, se había dicho, fue instalada una fuerza del Estado Islámico (EI) difícil de estimar en número de hombres, pero destinada a desestabilizar el Asia Central ex soviética. Instalados en el norte afgano, miles de hombres fueron llevados al lugar desde Siria e Irak, y con colaboración turca y del M16 (Inteligencia) británico. Luego, se encontró el modo de hacer pasar gente del EI a la república ex soviética de Kirguistán, por lo demás miembro de la OTSC. Kirguistán está al lado de Kazajistán. Kirguistán había estado hace algún tiempo a punto de vivir una revuelta al estilo de la ocurrida recientemente en Kazajistán.

      En la ciudad kazaja de Almaty, antigua capital donde se concentraron los disturbios, los provocadores fueron coordinados por un mando integrado por estadounidenses, británicos, turcos e israelíes. Turquía ha promocionado al EI (EI-Khorasan) al norte de Afganistán, con el involucramiento del grupo de extrema derecha turca Lobos Grises. Los turcos le venden armas a los kazajos y han empujado a que Kazajistán siga saliendo de la órbita rusa mediante el apoyo al cambio del alfabeto cirílico al latino, para facilitar la afinidad con Turquía. Es en Kazajistán que está por tener lugar el próximo cónclave de países turcófonos, el Consejo Turco. Turquía ya se había anotado un punto al empujar a Azerbaiyán, país ex soviético también turcófono, a la agresión contra los armenios en Nagorno-Karabaj.

     Los llamados "terroristas", con connivencias en el liderazgo kazajo, entraron en parte vía Kirguistán, donde abundan por cierto las organizaciones no gubernamentales (ONGs) turcas. Tan es así que, al momento de accionar la OTSC a pedido de Kazajistán, el presidente de Kirguistán, Sadyr Japarov, con verguenza por lo ocurrido prefirió que en el anuncio de la operación apareciera mejor el primer ministro. Cuando se dieron cuenta las autoridades de lo que estaba sucediendo, Kazajistán tuvo que cerrar cinco de sus siete pasos fronterizos con Kirguistán.

     El resultado de esta provocación, que forma parte entre otros de los planes de la corporación RAND (fianciada por el Departamento de Defensa de Estados Unidos) para que Rusia "disperse sus fuerzas" en conflictos en lugares cercanos, fue de más de dos centenares de muertos y miles de detenidos, con las cifras de éstos oscilando entre cuatro mil y ocho mil.

     El "padre de la nación" kazaja, Nursultán Nazarbayev, puede decir que no hay "lucha por el poder", pero es probable ue sí haya "clanes" ligados a tal o cual figura, de tal modo que fueron desde parientes hasta allegados a Nazarbayev quienes les abrieron las puertas a los provocadores. El ex jefe de seguridad de Nazarbayev y mano derecha suya, Karim Massimov, ligado al presidente estadounidense Joseph Biden y su hijo, Hunter Biden, está ahora en la cárcel por traición, al haber protegido a los provocadores a través del Comité de Seguridad Nacional...del que estaba a cargo hasta hace poco el "padre de la nación". El sobrino de Nazarbayev, Samir Abish, fue visto lidereando a "barbudos" (no los hay entre los kazajos) durante los disturbios. En fin, qué bueno que no pase nada y que la basura parezca seguir acumulándose en el gobierno kazajo. He aquí un resumen del modo de actuar occidental (da click en el botón de reproducción)


 

domingo, 16 de enero de 2022

MÉXICO: NO POR MUCHO MADRUGAR

 Al principio de su gobierno, el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), escogió a lo que se llamó pomposamente "el mejor gabinete de la Historia", en todo un afán de trascendencia por anticipado que llevó a manejar la campaña previa con la idea de "hacer Historia" ("Juntos haremos Historia"). No está de más volver a insistir en que ya no era el AMLO de 2006, que más bien prometía "honestidad valiente" y hacer conciencia de que "sólo el pueblo puede salvar al pueblo". El viraje de 2012 en adelante funcionó, y López Obrador se granjeó el apoyo de la clase media, curiosamente la que lo llevó al gobierno. Dos cosas sobresalen de entrada: el presidente mexicano hizo su trayectoria como "luchador social" o, si se prefiere, activista, sin mayor profesión. Por otra parte, ya en el gobierno no promovió a casi nadie de origen popular a cargos de importancia, dejándolos en buena medida a la conducción de clase media.

     Así las cosas, muchos cargos se dieron en la idea, políticamente válida, de hacer la alianza más amplia posible, lo que incluía en un principio a personas como el empresario Alfonso Romo, quien coordinó un programa bastante malo para el ganador de 2018. Al mismo tiempo, despuntó la faramalla al estilo Demócrata, de tal modo que había que equilibrar hombres y mujeres y jóvenes y viejos. Es probable que ésto se haya hecho sobre la base de recomendaciones y criterios ideológicos: la hija de mi comadre Bertha a la Secretaría del Trabajo, el hijo de mi compadre Lorenzo a la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, y la hija de mi compadre Pablo a la Secretaría de la Función Pública. En estas mismas circunstancias se burló la ley para nombrar a Francisco Paco Ignacio Taibo Mahojo (o Taibo II) para encabezar el Fondo de Cultura Económica. 

     En busca de dicha alianza se encontraron "nombres", como el de Olga Sánchez Cordero, quien ocupó la Secretaría de Gobernación sin saber nada del asunto, o Juan Ramón de la Fuente para la representación mexicana en Naciones Unidas, así se tratara de alguien sin experiencia diplomática. Alfonso Durazo, "chapulín" consagrado, no tenía experiencia en Seguridad Pública/Protección Ciudadana.  En la Secretaría de Educación Pública cayó otra "alianza", con Esteban Moctezuma. Tampoco tiene experiencia diplomática. De origen popular resultó prácticamente la única María Luisa Albores González, actual Secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales, hija de campesino, por lo demás conocedora de temas del campo, y alguno que otro indígena perdido por ahí (Adelfo Regino). En la actual Secretaría de Educación Pública, Delfina Gómez no da el ancho. Hay secretarios que parecieran haber sido victimas de algo así como desaparición forzada, como el de Turismo, Miguel Torruco, otra “alianza”, o el de Agricultura, Victor Villalobos.

     Por lo visto, se estaba, salvo excepciones, en la hora de las complacencias a la vez politiqueras y mercadotécnicas, aunque no todo el mundo lo haya hecho mal (Luisa María Alcalde al frente de la Secretaría del Trabajo, por ejemplo, se tomó la molestia de hacer todo un trabajo de equipo). Algunas cosas han seguido en el tenor de las alianzas, como el nombramiento de Tatiana Clouthier al frente de la Secretaría de Economía. 

     Es indudable que el actual gabinete no está para saquear al país, y no se le ha probado ningún acto de corrupción grave, salvo en la cabeza del pseudoperiodista Carlos Loret de Mola. El problema está en que, salvo excepciones, tampoco se le ha probado al gabinete ningún gran profesionalismo. Pasemos sobre la desastrosa conducción de la Secretaría de Cultura. La crisis sanitaria de la Covid 19 ha sido pésimamente mal llevada y, dejando de lado la actuación del subsecretario Hugo López-Gatell, carente de criterio propio, ojalá no haya que llegar a pensar que el único mérito del Secretario de Salud, Jorge Alcocer, una nulidad, sea el de haber fungido alguna vez como médico de cabecera de la extinta primera esposa de López Obrador. 

    Todo ocurre como si, de alguna manera, hubiera gobernado el "estado de opinión", el mismo que se apresta a inclinar la balanza por el canciller Marcelo Ebrard o por la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum. No es mucho lo que puede hacer el presidente en algún otro sentido, trátese del actual Secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, o de la secretaria de Energía, Rocío Nahle, ambos con buenas trayectorias profesionales. El "estado de opinión" está buscando otra cosa, y desde mucho antes que se pueda evaluar el desempeño de cada uno.

     AMLO se ha dirigido en este marco en direcciones completamente contradictorias: consolidar a la nación en materias como petróleo y electricidad, o equilibrio regional (para no abrir más la brecha entre el norte y el sur del país), y al mismo tiempo seguir vendiendo a Estados Unidos soberanía, como con el TMEC (Tratado México-Estados Unidos-Canadá, de libre comercio) y el corredor transístmico. No queda claro si hay conciencia del grado de contradicción en el que se llega a estar, pero lo cierto es que, además, AMLO hace gala de la ignorancia típica del activista que cree que la causa justa dispensa de la superación personal: puede proponer una gran integración hemisférica con Estados Unidos para (dicho abiertamente) contrarrestar a China o, creyéndose tal vez que el mexicano es el "pueblo más politizado del mundo", comparar el cambio en México a la "caída de la Unión Soviética", entiéndase que en positivo (el asunto totalmente maniqueo del "pueblo contra el autoritarismo"). AMLO tiene una intuición certera, la de separar el Estado de los negocios, y al mismo tiempo la autosuficiencia de pedirle a la gente seguir el ejemplo de Jesucristo. Ideología, ninguna, y sí desde hace tiempo bastante pragmatismo, al grado de hacerlo todo y su contrario.

     Lo dicho puede dejar en tela de juicio la lucha contra la corrupción, lucha que no partió desde abajo, y que por lo demás suele hacerse fuerte en estructuras intermedias, como llega a mostrarlo el partido oficial, el Movimiento de Regeneración Nacional (MoReNa). La "austeridad republicana", cumplida muy arriba, no forzosamente es eficaz en otros niveles, al hacerse recortes por "partidas" y con frecuencia sin reparar en la problemática de la calidad del trabajo, que llega a ser suplantada por otros criterios (ser mujer, originario, afrodescendiente, etcétera...), aunque se haga bien en eliminar intermediarios. Dicho de otra manera, ni el trabajo ni la meritocracia son criterios de movilidad ascendente en la autodenominada "Cuarta Transformación", y por cierto que más de un izquierdista tiene una mala comprensión y además aversión a la misma meritocracia, que tiene que ver con hacer pasar el profesionalismo antes que la relación personal y la afinidad ideológica o "politiquera". 

     No se trata así de un proyecto claro en lo que entiende por "pueblo" y el "estado de opinión" sabe a qué empuja, mientras en su ignorancia López Obrador no ve hacia qué tratan de empujarlo: hacia el control de "las masas" vía consumo y adulación, y el acercamiento al estilo Demócrata estadounidense. Es realmente demasiado pronto para evaluar el alcance de ésto que rimbombantemente se autollamó "Cuarta Transformación": ni siquiera hay un deslinde eficaz del antiguo régimen (el fiscal general Alejandro Gertz Manero tampoco parece poder sacar adelante sus casos, al menos hasta ahora), el aparato de Justicia no ha probado sus cambios, aunque se impulsan, y se premian muchas veces posiciones políticas antes que el saber hacer (por cierto que el ex priísta Manuel Bartlett es una excepción, ya que hace mucho que viene trabajando y en equipo sobre cuestiones energéticas). Los ejemplos de incondicionales sin experiencia pueden seguir: Raquel Sosa Elízaga en las Universidades del Bienestar Benito Juárez García, tratando a profesores como dueña de hacienda; "luchadores sociales" como Leopoldo de Gyves para una embajada tan problemática como la de Venezuela, y además sin ninguna formación de diplomático; los Concheiro en cargos, con uno de ellos (Luciano Concheiro) ostentando en Educación Pública falsas medallas de "luchador por la causa" como "sobreviviente de la masacre del 2 de octubre" (¿fue para efectos curriculares?); Pablo Gómez en algo delicado como la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF)...Trascendencias aparte, el balance se perfila con luces y sombras, al igual que el de López Obrador como jefe de gobierno de la Ciudad de México, y sin descartar una popularidad debida a un "pensamiento mágico" ciertamente no ausente de México, como lo ha sugerido -hay que saber escuchar- Jorge G. Castañeda. La herencia priísta no ha desaparecido, aunque al mismo tiempo se ha avanzado en tratar -tratar- de limitar las causas objetivas de corrupción, como las pirámides de intermediarios ya mencionados. Habrá que ver cómo se resuelve finalmente esta contradicción.




YA LLEGAMOS A DONDE ÍBAMOS

 Como ya ha habido ocasión de explicarlo, el mundo del trabajo no representa hoy una alternativa ni tiene gran cosa que proponer, por divers...