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domingo, 14 de abril de 2013

PERLITAS DEL DESHIELO

Nikita Jrushev fue un genio. Hasta sería posible llamarlo "cachorro de la Revolución". Hizo del deshielo algo que permitiera una "derrama" de los beneficios del "desarrollo de las fuerzas productivas". Tan es así que el sovietismo se convirtió para más de uno no en mérito, sino en "reparto", en "oportunidades para todos" y la Revolución convertida en hacerse justicia por cuenta propia (entiéndase que para el bolsillo particular, a costa del Estado).
     En la Unión Soviética, desde tiempos de Lenin, la corrupción era duramente penada. El 8 de mayo de 1918 (poco menos de un año después de la Revolución de Octubre), se promulgó un decreto sobre el soborno: era considerado un delito. Ya creada la Unión Soviética, el Codigo Penal de 1922 estableció la pena de fusilamiento por este delito. No había modo de "arreglarse", de "motivar el asunto" ni nada parecido. Por cierto, la corrupción es un fenómeno que venía de tiempos zaristas (puesto que se decidió penar el soborno en 1918).
     Jrushev, en cambio, descongeló este asunto. Envió una directiva interna a los órganos de seguridad del Estado, al KGB, para que todas las pruebas comprometedoras sobre corrupción entre los dirigentes del Partido Comunista, desde secretarios regionales hacia arriba, fueran destruidas en el lugar. Los apparatchiks quedaron así fuera de control, y la población fue invitada a "engrasar" este modo muy peculiar de desarrollar las fuerzas productivas. Comunismo se convirtió así en equivalente de carrierismo, oportunismo y otras linduras justificadas en nombre de un futuro luminoso para todos, pero todititos, mediante este modo de repartir sin relación ninguna con el mérito. !Ve y trinca!