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viernes, 12 de abril de 2013

CHECA AL CHECO, CHICO

De vuelta del Congo y poco tiempo antes de irse a Bolivia, el "Che" Guevara estuvo cinco meses en Checoslovaquia, de incógnito, no muy lejos de la capital de ese país, Praga.
    Es un tanto extraño que el guerrillero argentino-cubano haya optado por la clandestinidad. Checoslovaquia era un país que podía considerarse en ese entonces muy amistoso hacia Cuba, como parte del bloque socialista. Ciertamente, el "Che" no parece haberse enamorado de Praga: todo le pareció "aburrido", "gris y sin vida", alejado del socialismo.
    Sin embargo, los motivos de la clandestinidad fueron otros. Según Néstor Kohan ("Con la sangre en las venas", Ocean Sur, 2008), Guevara tenía la idea de que, ya para 1966, Checoslovaquia era un nido de agentes de la CIA (Central de Agencia Americana). Según el "Che", si los checos sabían de la estadía, "lo sabría la CIA". Observa Kohan:  "que la inteligencia estadounidense había penetrado el muro en Checoslovaquia no constituye una sospecha ingenua o paranoica".
     Casi no pasó tiempo entre el tránsito de Guevara por Checoslovaquia y la Primavera de Praga, en 1968. Puede pensarse que este suceso ocurrió porque, como el Che, los checoeslovacos estaban aburridísimos y, con tal de divertirse un poco, provocaron a los soviéticos. Había que ponerle salsa al asunto, para que no fuera ni gris, ni aburrido.
     Sucede que tal vez los agentes de la CIA pensaban...!exactamente igual!. No es que la Primavera de Praga haya sido un "compló": pero sería raro que, entre 1966 y 1968, la CIA haya dejado de considerar a Checoslovaquia como un blanco importante. Al menos que, muerto el Che en 1967, los agentes se hayan ido.
     Así, es posible pensar que la CIA había infestado Checoslovaquia para buscar al Che en los pueblos de Bohemia, Moravia o Eslovaquia. No es lo que dice Kohan. Entonces, la CIA estaba para otras cosas más: si se quedó y no evacuó a toda su gente en 1967, es posible pensar que alguna relación hay entre lo observado por el "Che" -salvo que lo declaremos totalmente paranoico- y la Primavera de Praga. Si cabe la lógica, no queda más que sostener que Guevara alucinaba, o abrir la hipótesis de que sus sospechas eran más que fundadas -como lo sugiere Kohan. Y entonces aparece el espectro de una provocación en el año 1968 (en el que se juntan el deshielo y la "revolución" juvenil), así sea aprovechando el hartazgo con lo gris y aburrido.
     Au choix. Hay aquí dos modos de volverse chiflis.