De cara a las elecciones a celebrarse en octubre, Evo Morales, candidato y actual presidente de Bolivia, tiene una aprobación del 70 %, similar a la del mandatario Rafael Correa en el Ecuador. No se trata de hacer unanimidad, como no la ha conseguido ni Correa, quien no tiene a su favor las principales ciudades ecuatorianas (Quito, Guayaquil, Cuenca). Con Morales es un poco distinto, puesto que tiene una aprobación alta incluso en Santa Cruz, bastión opositor (la aprobación de Morales es del 70 %) y Cochabamba. Tal vez una parte de los opositores "rasos" se haya percatado de que Evo Morales no es el "indio" -en el sentido peyorativo- que pintó la oposición.
Los planes para crear un Estado de Bienestar han funcionado bastante bien, con el sistema de bonos para jubilados, estudiantes y niños. La redistribución del excedente va mejor con la nacionalización de los hidrocarburos. Bolivia, hasta hace algún tiempo un país muy pobre y comparado a Honduras, Paraguay (hoy el más pobre del continente) y Haití -que no salen del marasmo-, ha lanzado su primer satélite y planea desarrollar energía nuclear con fines pacíficos. Los otros tres, con gobiernos de derecha, no han podido resolver los graves problemas sociales que tienen.
Para el periodo 2015-2020, Evo Morales planea reducir la pobreza extrema al 9 % (se redujo ya de 38 % a 21 %, aproximadamente, desde el año 2005 al 2012) y ampliar la cobertura de agua potable en el sector urbano (el objetivo es el 100 % de la población) y la de luz en el sector rural (hasta alcanzar al 90 % de la población). La meta -para seguir con una importante inversión pública- es también crear hospitales de alto nivel en ciudades como Tarija (cardiología), Santa Cruz (neurocirugía y nefrología), Cochabamba (oncología) y La Paz (gastroenterología), mejorando entonces significativamente la cobertura de salud.
Lo anterior no es lo más interesante, como no lo es el homenaje a la madre Tierra. Lo que cuenta mucho es que, como Correa con el centro Yachay y como Humala en el Perú con el Plan de Diversificación Productiva, Bolivia buscará asegurar la independencia científico-tecnológica y la industrialización con empleo. Se puede consolidar así el proyecto que el actual vicepresidente, Alvaro García Linera, presentó hace años como "capitalismo andino-amazónico", aunque luego haya hablado de "socialismo comunitario". Sucede que un capitalismo bueno es tal vez mejor que un socialismo malo. Falta mucho por andar, pero incluso Cuba podría aprender del rumbo tomado por tres países andinos que han ejercitado su soberanía (Ecuador, Bolivia), o que se plantean hacerlo, incluso ante China (Perú), puesto que la soberanía es para ser autónomo, no para cambiar de patrón -un problema vivo en Cuba. Tampoco es válido creerse que más vale socialismo (malo) por conocido que capitalismo (bueno) por conocer. Capitalismo pésimo es el de Honduras, Paraguay y Haití. Socialismo malo, el de Cuba, aunque con aspectos positivos. En Estado puro, no hay nada, salvo para la propaganda.
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