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domingo, 25 de diciembre de 2016

ADAM SMITH, DECLARADO INOCENTE

Alan Greenspan fue jefe de la Reserva Federal estadounidense (la "Fed", el "banco central" de la súper-potencia) en un largo periodo, de 1987 a 2006, así que tuvo tiempo de servir desde a Ronald Reagan hasta a los Bush, padre e hijo, pasando por William Clinton. Greenspan se alarmó antes de 2008 por la "exuberancia irracional" de los mercados y confesó que se había creído tranquilamente que en el mercado, como en un libro del economista Adam Smith, una "mano invisible" se encarga de arreglarlo todo si cada quien sigue sus fines egoístas.
      El problema es que Smith, en el siglo XVIII, habló del egoísmo al pasar, así como de una "mano invisible" que entendía como Divina Providencia. En realidad, más allá de la Economía Política (La riqueza de las naciones), Smith, padre del liberalismo económico, escribió la Teoría de los sentimientos morales, en la cual explicó su filosofía: una sociedad no podía subsistir sin la cooperación entre sus miembros y la simpatía entre ellos (probablemente el equivalente de lo que hoy se conoce por "empatía").
      "Los hombres -escribió el escocés Smith- sólo pueden existir en sociedad; están expuestos a causarse daño mutuamente y necesitan ayudarse entre sí. Cuando se prestan ayuda recíprocamente por amor, gratitud, amistad y estima, la sociedad florece y es feliz (...)". Una sociedad así "(...) no puede darse entre aquellos que se sienten inclinados a causarse perjuicios y daños. Si los ladrones y asesinos tratasen de formar una sociedad viable, al menos tendrían que abstenerse de robarse y matarse entre ellos mismos", cosa que, agreguemos, los mal llamados "neoliberales" de los últimos treinta y pico de años no supieron ni quisieron hacer.
     Para Smith, había pasiones sociales y antisociales. "Una persona, escribió, nunca debe llegar a anteponer su interés al de cualquier otro hasta el punto de dañar y atropellar a los demás en su propio beneficio, aunque el beneficio del uno fuera mucho mayor que el daño o atropello causado al otro".
      Vista desde el liberalismo, la época que arrancó en los '80 -con el antecedente de las "treinta vergonzosas" (trente honteuses) de posguerra, como las llegara a llamar el comunista francés Michel Clouscard- fue la de las pasiones antisociales, saqueando el Capitalismo Monopolista de Estado (CME), y por cierto que no un supuesto "Estado de Bienestar". El "golpe de mano" para pervertir al CME -a favor de los monopolios y sacándole al Estado sin darle- se originó en la posguerra y culminó con el ascenso de los ambiciosos que estuvieron por más de tres décadas llamándole "liberalismo" (o "neoliberalismo", anzuelo que se tragó la izquierda) a conductas que hubieran asqueado a Smith. Greenspan, laureado "conferencista Adam Smith", dice por su parte no haber sabido lo que estaba haciendo. Smith sabía lo que escribía.