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miércoles, 7 de diciembre de 2016

¿PUEDE EU DEJAR DE SER UN PAIS RENTISTA?

A partir de los trabajos de Rudolf Hilferding y John A. Hobson (en la medida en que formaban parte de una reflexión colectiva), V.I. Lenin previó a principios del siglo XX la tendencia del capitalismo, bajo su forma imperialista, al estancamiento y en particular a la descomposición.
      El proyecto proto-fascista estadounidense desde la época de Ronald Reagan, prolongado por los Bush, los Clinton y Obama, contaba con ampliar el imperio, en la locura de llevarlo a todo el globo terráqueo, sin calcular que el imperialismo afectaría a la nación estadounidense misma, corroyéndola en el mundo del trabajo. La ampliación "hacia el mercado exterior" derrumbó así muros y "tendió puentes" -para las corporaciones trasnacionales- con la caída del sovietismo y la desenfrenada apertura china. Se trataba simplemente de prolongar esta tendencia, pero la elección de Donald Trump mostró que otras tendencias están en juego.
       Los Bush, los Clinton y Obama buscaron afianzar el flujo de "tributo" desde el mundo hacia el imperio e impedir cualquier otra forma de "circulación" de los excedentes internacionales. Estos proto-fascistas lo hicieron al precio de convertir a Estados Unidos en el tipo de "Estado rentista" (Rentnerstaat) que denunciaba Lenin. Hobson, citado por el líder bolchevique ruso en El imperialismo, fase superior del capitalismo, escribía que el parasitismo acompañaba a esta descomposición y consistía, entre otras cosas, en que "el Estado dominante utiliza sus provincias, sus colonias y los países dependientes, con el objeto de enriquecer a su clase dirigente y corromper a las clases inferiores a fin de que permanezcan tranquilas". Esta corrupción se estaba llevando a cabo en Estados Unidos con promesas de "inclusión" por "segmentos" (mujeres, jóvenes, minorías raciales y de género, etcétera) en una versión light del corporativismo fascista (con derecho de cada "segmento" al "corte de cupón"), y teniendo como pivotes a la clase media y la familia (algo igualmente frecuente en los fascismos), en lugar del empresariado productivo y el mundo del trabajo. "Volver a hacer grande a América", lema de Trump, no quiere decir forzosamente hacerla grande a costa de los demás, sino que "Estados Unidos sea para los estadounidenses", amenazados de un doble descalabro: externo e interno. De todos modos, no es en 100 días y sin atacar a fondo la financiarización  que se puede revertir una tendencia imperial a la descomposición, aunque tal vez se pueda llegar a otra "administración de las cosas"