Páginas: para información y análisis, se recomiendan los sitios Counterpunch-The 4th Media-Globares

miércoles, 14 de diciembre de 2016

CAPITALISMO: EL DESCONOCIMIENTO DEL TRABAJO

El capitalismo actual ha convertido el trabajo en un absurdo que, para la mayoría, no tiene gran cosa de creativo ni gratificante. Hoy, pareciera que, como lo advertía hace algún tiempo el economista canadiense John Kenneth Galbraith, "(...) el disfrute de la vida empieza después de terminada la jornada laboral. Es entonces, y solo entonces, cuando el trabajador logra escapar de la fatiga, el aburrimiento, la disciplina de la máquina, del lugar de trabajo en general o de la autoridad directiva". Y este disfrute es un "ocio organizado" para el consumo de masas que garantice la realización de las mercancías y que evite la caída de la tasa de ganancia. El filósofo francés Dany-Robert Dufour (Le délire occidental/El delirio occidental)ha demostrado en uno de sus últimos libros cómo el ocio no es en realidad "libre" (y no existe en realidad verdadero "tiempo libre").
        El trabajo más agotador no es bien remunerado, contra lo que quería por cierto hace algunos siglos el economista clásico Adam Smith. En cambio, suelen ser bien remuneradas "ocupaciones" de "terceras personas" (funcionarios, directivos, etcétera...) que "gestionan" lo producido por otros y encuentran en ello algún tipo de placer (con frecuencia el de mandar o incluso humillar, y claro está, el de percibir una buena remuneración). "He aquí la paradoja, escribe Galbraith en La economía del fraude inocente. La palabra 'trabajo' abarca igualmente la labor de aquellos para quienes es agotador, aburrido y desagradable, y la de aquellos que no lo perciben como obligatorio y para los que constituye un placer evidente. A estos últimos el trabajo puede proporcionarles una gratificante sensación de importancia personal o el sentimiento de superioridad que acompaña el tener a otros bajo sus órdenes". Agrega Galbraith: "los sueldos, bonificaciones y stock options son más generosos en los niveles más altos, donde el trabajo es un placer" (el ya descrito).
       El fraude desde el punto de vista capitalista no está abajo: el capital busca aumentar la tasa de explotación (remunerando lo menos posible al trabajador-productor de riqueza, incluyendo al que es creativo), pero al mismo tiempo se permite desembolsos aberrantes en empleos u ocupaciones (no trabajos) tecnocráticos en los cuales el fraude consiste en la importancia personal que se dan los empleados improductivos y quienes "gestionan" lo ajeno embolsándose de éste lo máximo que puedan "Esta situación -escribía hace algún tiempo Galbraith- no provoca ninguna reacción adversa seria. Y hasta hace muy poco las exageradas compensaciones y amplios beneficios de los ejecutivos operativos y no operativos tampoco había suscitado comentarios críticos". De hecho, los estafadores en puestos directivos se adjudicaron liquidaciones exorbitantes luego de la crisis de 2008. Desde el punto de vista creativo, se "mata" al trabajo al ser castigado el esfuerzo o ser castigada la creatividad y no reconocido el aporte a la riqueza social, mientras se premia ocupaciones "inútiles", aunque importantes para la realización y reproducción del capital. El rasero de la remuneración no es el trabajo verdadero, sino el que "capitaliza" ("realiza"), por decirlo de algún modo.