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lunes, 28 de agosto de 2017

SU LUCHA

Cuando llegó Donald J. Trump a la presidencia de Estados Unidos se volvió chic acusarlo de neo-nazi, al grado que incluso algunos izquierdistas vieron en él al nuevo Fuehrer. El "juego" lo llevan los Demócratas estadounidenses y los neo-conservadores republicanos, curiosamente aliados, y los participantes no parecen darse cuenta de lo que podría implicar la caída de Trump para las relaciones internacionales.
       Recientemente, la revista alemana Stern sacó en su portada una fotografía de Trump, envuelto en la bandera estadounidense, haciendo el saludo nazi. Esta portada se acompañó de un artículo llamado Sein Kampf ("Su lucha"), en alusión al Mein Kampf ("Mi lucha") escrito alguna vez por Hitler. El Centro Simon Wiesenthal, una organización judía localizada en Los Angeles y dedicada a estudios del Holocausto, consideró, luego de algunas críticas a Trump, que "pintar al presidente como un nuevo Hitler por parte de una prominente publicación alemana es inverosímil y más allá de lo aceptable". "Los alemanes, agregó el Centro, con toda seguridad saben que al usar indebidamente símbolos nazis se está diluyendo crímenes del pasado". El problema es que muchos no piensan que sea "indebido": Trump es el Fuehrer. Lo mismo se había dicho por cierto de George W. Bush, al grado que en tiempos de este mandatario izquierdistas y portales cubanos buscaron a los abajo-firmantes para alertar contra el "fascismo". Para los admiradores incondicionales de Hannah Arendt, hay que decir que ver en casi cualquiera a un nuevo Hitler es una forma de banalización del Mal.
       Hace no mucho tiempo, el presidente venezolano, Nicolás Maduro, declaró tranquilamente: "los chavistas somos los judíos del siglo XXI. No llevamos la estrella de David amarilla, llevamos el corazón rojo de ganas de luchar y pelear por la dignidad humana y vamos a derrotar a los nazis del siglo XXI". Si se reconoce que Maduro está, por así decirlo, un poquito "pasado" en sus declaraciones, entonces puede verse también que tachar a Trump de nazi o neo-nazi es igual de "pesadito". Pareciera que hasta con las palabras se pueden hacer burbujas especulativas, que algunos -los abajo-firmantes- confunden por lo demás con el supuesto heroísmo de la Gran Indignación Moral. Es cosa de no quedarse fuera.