Si los líderes de Francia, el Reino Unido o Canadá creyeran en lo que fueron a decir en el Foro Económico Mundial de Davos, contra la "ley del más fuerte", hubieran hecho algo concreto -lo hicieron en Groenlandia- para detener la ocupación israelí en Gaza. En realidad, ni siquiera es asunto de doble moral, sino de perversión y de fariseísmo, al permitir la delincuencia y al mismo tiempo los golpes de pecho. Síntoma de toda una época de adoración equivocada, que consiste en creer ante todo en el gran negocio.
Fue con el presidente estadounidense Joseph Biden que Israel, sionista y no "fascista", se lanzó no sólo contra Gaza, sino también contra el gobierno sirio de "Bashar". ¿Reacción? Ninguna. El presidente entrante en Estados Unidos, Donald J. Trump, pidió a Israel parar, y lanzó un plan de paz cuyos detalles se conocen mejor a raíz de Davos.
Israel lleva mucho tiempo desconociendo por completo el Derecho Internacional, pero le está permitido en los hechos. ¿En algún momento los líderes de Francia, el Reino Unido y Canadá pensaron en interponer una fuerza de paz en Gaza, como la propuesta para Ucrania?¿O en sanciones contra Israel? ¿En algún momento alguna izquierda confrontó a Israel en serio por lo hecho en Siria, sin el "pero" de "Bashar"? Ya hubo ocasión de referirse a cómo terminaron varios movimientos del antiguo Tercer Mundo. La "causa palestina", muy olvidada por décadas, resurgió en parte, como ocurrió en la universidad pública mexicana, por influencia de sectores de magnates interesados en bloquear a Trump. Desafortunadamente, hay enfrentamientos en los que no es obligatorio tomar parte: como hubo ocasión de explicar, la "causa" palestina se terminó junto con la Guerra Fría, el liderazgo prolongado del hoy extinto Yasir Arafat y los Acuerdos de Oslo de 1993 que significaron lo que la izquierda no quiere reconocer: una DERROTA. Lo que siguió fue, en parte misma por el efecto de la derrota y la desorientación, la corrupción creciente de la dirigencia palestina (Autoridad Nacional Palestina) y la radicalización a la derecha, especialmente en Gaza, con Hamas, una agrupación de lo más dudosa. Pagó la población palestina, pero "causa" no hay desde hace tiempo: además de condenar a Israel, no estaría de más señalar que algo no es tan inocente entre los palestinos, y que "el Sur" no basta para justificarlo todo. Ni es cuestión de repetir "resistencia" al infinito: como dijo alguna vez el panameño-nica José de Jesús Martínez, no se trata de ir "de victoria en victoria hasta la derrota final" (de la que Panamá, por ejemplo, ya no se repuso). Vaya actitud de familia acomodada: cae la Unión Soviética y "aquí no ha pasado nada". A la causa palestina le pasó, y hubo por lo demás gente para advertir sobre las consecuencias y los males internos de los palestinos y sus dirigencias. La agresión sionista es sólo una parte de la historia.
Tal vez alguna gente de buen corazón haya decidido ayudar a la población palestina, y atenderla debió ser la prioridad, ante la falta de fuerza real para detener a Israel. Aunque por lo pronto signifique algo de paz, el plan de Trump para la "nueva Gaza", un "espectáculo digno de ver", es más de lo mismo: promoción inmobiliaria desaforada -hasta 180 rascacielos- y urbanización en la zona de Rafah, a lo largo de la costa mediterránea, con infraestructura para el turismo. "Riviera Gaza". Un puerto junto a la frontera con Egipto y un aeropuerto. El yerno de Trump, Jared Kushner, encargado de presentar el proyecto en Davos, condicionado a una paz duradera, habló de una "nueva Rafah" y una "nueva Gaza" con viviendas, escuelas e instalaciones médicas. La "nueva Gaza" debiera ser un centro industrial. El estilo es "a lo Dubái". ¿Se cumplirá? Es ante todo un plan de negocios y, como tal, es imperialista, para completar el sionismo israelí que controla más de la mitad de Gaza y la ciudad de Rafah.
De los males, es el menor, antes que la polarización entre el sionismo y el extremismo de Hamas. Todavía no está dicho que el plan se cumplirá. Pero culmina la derrota palestina en medio de una cierta vocación de supuesta "resistencia" que incluye la negativa a reconocer las consecuencias de la caída de la Unión Soviética sobre la causa palestina y lo sucedido dentro de ésta y la relación entre dirigencias y población. Todo el mundo habla de ella, pero se quedó sola. Que es frente a lo que se preferirá "aquí no ha pasado nada". Si es que además el asunto no se pudre o no aparece una Gaza de "dos velocidades" con corporativos y hoteles gigantes medio vacíos. Que el plan estadounidense aparezca como el menor de los males no impide que aparezca también la idiotez de la ganancia, cuando hay cosas más apremiantes que crear fachadas de prosperidad,suponiendo que funcione la Junta de Paz (da click en el botón de reproducción).