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viernes, 30 de enero de 2026

¿OYE VOCES?

 La más reciente orden ejecutiva del presidente estadounidense Donald J. Trump para castigar con aranceles a los países que le vendan petróleo a Cuba es algo propio de cavernícolas, no "fascismo" ni "genocidio" (contra lo que gritonea el líder cubano Miguel Díaz-Canel), y Cuba no es una "nación fallida". "Cavernícola" porque es pura actitud cerril: los Republicanos tienen ese lado, como lo tuvieron los presidentes Ronald Reagan y los dos George Bush, padre e hijo, con un grado extremo de simplismo, para no pasar del "bien" y el "mal" (Reagan con "el Imperio del Mal" y los Bush con sus "Ejes del Mal"; ahora Cuba que se alía con "actores malignos"). Llegados a temas personalísimos, ya no hay el menor argumento que se sostenga, como cuando Trump describe a Cuba como "amenaza" para Estados Unidos o su seguridad nacional, por lo que hay que declarar una "emergencia". Trump tiene ese lado: no se percata de ciertas "maneras" que son ridículas, pero que más de un mercenario intelectual se tomará en serio si espera que le saquen las castañas del fuego.

      No sabemos aquí si Cuba da refugio a gente de Hezbolá o de Hamás, pero es secundario, dado que Israel ya los redujo a casi nada. Cuba no está en brazos de China, y en este sentido es una situación diferente de la de Venezuela. Pero donde sale lo más primitivo es cuando resulta que Cuba "difunde el comunismo en el hemisferio occidental", "lo que amenaza la política exterior de Estados Unidos". En este momento, Cuba no es para nadie ejemplo de mayor cosa, ni siquiera en América Latina. Es falso que se persiga con tortura a presos políticos. Cuando el presidente estadounidense Barack Obama fue a Cuba y salió por enésima vez el tema, el entonces dirigente Raúl Castro, que no bloqueó ninguna apertura, simplemente pidió la lista de los "perseguidos" para liberarlos de inmediato. Silencio. La "generación histórica" en la dirigencia cubana ya casi no está, ni hay gerontocracia, y Raúl Castro se fue a su casa

       Hay algunas cosas que debieran ser conocidas, como la alternancia estadounidense de "la zanahoria y el garrote", y la zanahoria gusta, como ocurrió con Obama: se entiende que es preferible a "comer garrote". También hubo una época en que se decía en la escuela: "métete con los de tu tamaño". Absolutamente nadie desde Cuba se ha metido a molestar o amenazar a Trump ni a Estados Unidos. Es más, las medidas de Trump entorpecen el intercambio bastante importante -y que Raúl Castro nunca ha impedido- entre los cubanos de Estados Unidos y los de Cuba, considerando que Cuba depende ya hoy en buena medida de remesas, no de tabaco y rón. Lo que hace Trump es contraproducente para gran parte de esos cubanos en Estados Unidos, y es apenas para satisfacción del ala cubano-estadounidense más cavernícola, ella también. La comunidad cubana en el exterior nunca ha sido homogénea, como lo demostraron hace mucho los llamados "maceítos". Ni hay dictadura de Raúl Castro que haya impedido los vuelos entre Estados Unidos y Cuba y cosas hasta chuscas: para quienes por ejemplo necesitan refacciones para sus automóviles de los años '50 (!), llegan desde Estados Unidos. Lo mismo con las compras en línea que se podían hacer hasta hace poco. Una dictadura supone un estado de excepción: no lo hubo con Raúl Castro. No es éste, sino Trump quien tiró los puentes tendidos. Que haya o no "cambio político" es asunto de Cuba, como lo es de los estadounidenses saber si persisten en ser gobernados por una plutocracia de apenas dos colores, azul y rojo.

         El problema del petróleo y la electricidad es otro. La dirigencia cubana, desde los años '90, creyó salir de una grave crisis apostándole todo al turismo, por lo que la inversión disponible se orientó a este sector y descuidó otros, como el de la electricidad, por lo que no todo es "el bloqueo", ni "la política", sino que hubo errores económicos graves, sin excluir negocios de una parte de la dirigencia. De ahí que el sistema eléctrico nacional no tenga capacidad suficiente. Además, Cuba depende de petróleo importado, y ahora se cierra la fuente venezolana. Luego, sigue México, que ha actuado de manera ponderada. La decisión de mandar o no petróleo a Cuba, y en qué términos, es de México. Hace rato que medio mundo ha pedido el levantamiento del bloqueo y que Estados Unidos procede como si el Derecho Internacional no fuera su asunto, de tan a pecho que se toma que lo contradigan, y encima, a pocas millas de Florida. Como sea, Cuba no es un asunto meramente de "política", ni de geopolítica. El país debe decidir por cuenta propia -en función de la prueba y error y las consecuencias, y es entre otras cosas lo cerril de Estados Unidos que impide una mayor flexibilidad económica

       La mejor manera de evitar un régimen militarista o "de cuartel" en Cuba es dejar de agredir, hostilizar, cercar y, en lo que sí tiene razón Díaz-Canel, dejarse de habladurías "vacías de argumentos". Alguna gente en Cuba ha empezado a decir que si Trump está mal, es porque "la única amenaza para los cubanos es Cuba". Si son tan "yo tengo derecho a hacer lo que me venga en gana, mientras no dañe a 'terceros' (sic)", pues como va. Nadie está usando a Cuba como plataforma de nada contra Estados Unidos. Las afirmaciones a lo Zunzunegui -"Cuba es imperialista"- llevan a preguntarse qué hay más allá de la mala fe: agredir y salir a decir que se está amenazado es propio de lo que se conoce por delirio. A ver si Trump sigue más bien decantándose por su estilo de negociación y no por lo que, para colmo, es pésima ideología de quienes se la pasan diciendo que están contra la ideología. Si hay gente a la que le gusta el "viaje", debe saber que de "pasón" en "pasón" está el riesgo de quedar "enganchado". Hay formas de ideología adictivas porque "satisfacen", pero lo de Trump y algunos más sobre Cuba -para no quedarse sin vender- sí, es delirante, más que los absurdos de Cuba: a ver si el presidente estadounidense se ahorra la psicosis -por lo que el canciller cubano, Bruno Rodríguez, afirmó que se está creando una situación "inusual y extraordinaria"- y lo peligroso de cualquiera que ya no es dueño de sí, sino que actúa porque "oye voces". A lo sumo, que secuestre a Díaz-Canel, declare lo que quiera sobre Marco Rubio, secretario estadounidense de Estado, pésimo- y deje de molestar. No vaya a ser Make Cuba Great Again (para la mafia, o que se sepa de Frank Sinatra y a quién le cantaba en La Habana...). Así es suficiente, para volver a lo ordinario y no homologarse con décadas de guerras devastadoras. (da click en el botón de reproducción).



¿OYE VOCES?

 La más reciente orden ejecutiva del presidente estadounidense Donald J. Trump para castigar con aranceles a los países que le vendan petról...