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domingo, 21 de junio de 2026

EL QUE NO BRINQUE ES FACHO

Ya ha habido oportunidad de decir, en otro espacio, que la izquierda renunció a su historia. A su modo lo afirmó el comunista italiano Domenico Losurdo cuando se refirió a la izquierda que había "huido de la Historia". Agregó Losurdo que la izquierda pasó a ausentarse del problema de la guerra y la paz y de la necesidad de esclarecer el origen de más de un conflicto reciente. Hay excepciones, aunque con frecuencia de propaganda y no de análisis, pero ni siquiera lo que queda del movimiento comunista internacional, dividido, llega muy lejos, al confundir conceptos con elementos de retórica.

        El "presidente" ucraniano Volodímir Zelenski no es el primer neonazi que se aparece mientras gran parte de los medios silencia el hecho o se hace de la vista gorda, en el mejor de los casos. Al principio del conflicto en Yugoslavia, en 1991, los servicios secretos alemanes metieron la mano para destruir al país, de lo que ya hay elementos de prueba, canalizaron luego armas de la antigua Alemania Oriental a los separatistas, y establecieron canales de comunicación con ellos (más de los que ya habían conservado desde los años '60/70), incluido el presidente croata Franjo Tudjman, mientras se repetían un mar de creencias sobre "los serbios malosos". A través de esos servicios, Alemania ayudó a antiguos aliados de la Alemania nazi, entre los croatas y los musulmano-bosnios. Croacia resuscitó los símbolos de la época de alianza con el nazismo, buscó minimizar el exterminio de serbios, comunistas y gitanos durante la Segunda Guerra Mundial, y se puso a las canciones alemanas nazis en Zagreb, capital croata, tomando a los "serbios que matan pollitos croatas" como licencia. El asunto duró bastante, hasta la selección croata de fútbol cantando canciones de los ustashi, los aliados croatas de Hitler. Para ello estaba la reivindicación de cierta música fascista de Marko Perkovic, "Thompson", que llegó hasta los vestidores croatas. ¿Alguna condena al gobierno de Tudjman en los '90? No, que se sepa. Del lado de los musulmano-bosnios hubo terroristas -como don Osama Bin Laden, que Dios y la Santísima Muerte lo cuiden- y, hay que decirlo, gente de Irán (cinco mil toneladas de armas, formación militar y ayuda de inteligencia). ¿Algún problema? Ninguno. Todo era por "el carnicero de los Balcanes" -un yugoslavo serbio- y "odios ancestrales", o "no les entiendo nada pero los serbios son malos y mal averiguados". No se decía mucho de lo que parecía revanchismo alemán, como ahora a través de Ucrania. Total, "yo le voy al que gane". Se agregó  el espíritu lumpen de aficionados al fútbol -que también hizo la fama de los equipos serbios. Pero es que los de la selección croata están bien guapos.

       ¿Cuál sorpresa? Parte de este "renacimiento", hoy en remojo, tuvo que ver, como en Ucrania, con el regreso de la antigua diáspora, que había salido con la victoria de los comunistas. Los vínculos de los nazis croatas con El Vaticano, la Cruz Roja Internacional y Argentina son una joya, pese a que un  peronista lo niegue (el mismo líder croata nazi, Ante Pavelic, fue a recalar en Argentina). Cosas del Sur global. Más de un croata está en los intentos separatistas pasados del oriente boliviano. La conclusión lógica es que el presidente estadounidense Donald J. Trump es "fascista". Y que se silencia qué especie de gente es desde el croata Tudjman hasta Zelenski, cuando no, para un libertario, es una pobre víctima del imperialismo ruso, cuando Tudjman a su vez era una pobre víctima del proyecto de la "Gran Serbia". Pobres nazis, neta (da click en el botón de reproducción).


      

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