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miércoles, 10 de junio de 2026

EL QUE SABE, SABE

 Las recientes elecciones en el Perú y Colombia muestran a dónde quiere parte de la administración estadounidense del presidente Donald J. Trump llevar las cosas, dejando de lado que más de un presidente peruano fue hace poco sacado -por el omnipotente Congreso- por acercarse demasiado a China. Mal haría cualquiera de las fuerzas en contienda en apresurarse a tomar un triunfo como una victoria aplastante, porque lo que dichos países muestran, como otros, es estar partidos en dos. México no lo ha estado por tener una unidad nacional relativamente mejor lograda, pese a la existencia de fuertes regionalismos, y mayor cohesión social. Ahora se trata, entre algunas pocas cosas ciertas y muchas fabricadas, de reforzar la oposición al Movimiento de Regeneración Nacional (MoReNa) en el gobierno, inventando un "narcogobierno" como facilidad para repetir, después de que se haya buscado desplazar cualquier posible influencia del hoy ex presidente Andrés Manuel López Obrador, sin que exista la menor prueba de que está orientando nada: fuera de presentar el libro que le redactaron, López Obrador se ha pronunciado sobre el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro, que lo fue; sobre el apoyo a Cuba, y sobre las veleidades de Trump. Todos, asuntos de política exterior. Habría cuando menos que tener alguna prueba de romerías de políticos a casa de La Chingada -no las hay- o de sabrá Dios qué  comunicación secreta de la actual presidencia de Claudia Sheinbaum con Don Pejelagarto. O se trata de tomar por verdaderos los supuestos de la mente propia, pero ya no se puede seguir a quien se rige así y fabrica "evidencias", como si "Mexiquito" no supiera más que de tráficos de favores e influencias. Lo que está en juego en este momento es el TMEC (Tratado México Estados Unidos Canadá) y "meter presión" -para variar- con lo que sea. Sin tomar en cuenta la rudeza de Marco Rubio, secretario estadounidense de Estado.

          Las dos fuerzas contrincantes en el Perú, luego de una primera vuelta muy dispersa, lo que se repite también (y si se pudiera, se haría en México no sólo con Acción Nacional y el Partido Revolucionario Institucional, sino también con  el Verde, mientras Movimiento Ciudadano se queda con las dos segundas ciudades, sin que importe cómo, en Guadalajara en particular), llegaron al empate técnico de la inercia. Keiko Fujimori -otra vez la derecha con aspectos criminales- gana donde siempre, costa y Amazonía, mientras que la izquierda de Roberto Sánchez en los Andes, en la sierra, abrumadoramente en el sur y el norte. Igual división en Colombia entre regiones centrales para la derecha y periféricas para la izquierda. Hay parte de mayor o menor acceso a la riqueza, pero  también de dos otros problemas: la ausencia de sujeto claro que termine de cuajar la unidad nacional, y la presencia de tendencias a la división por la apertura al exterior. El problema del sur-sureste mexicano no es el bolsillo, sino la posibilidad de no terminar de crear una fuerte fisura entre norte y sur, doblada de diferencias raciales. Por otra parte, operan en contra de esa unidad general las fuerzas de derecha, de origen oligárquico y en parte (sólo en parte) de clases medias que han escogido aliarse con el capital extranjero. Ya no es nada más renuncia al Estado, sino también a la nación, llevando al mismo tiempo  a la izquierda a ceder también en este terreno y engañando (como empezando algunos a hablar de los orígenes de "la presidentA").

        Pese a los errores del defenestrado Pedro Castillo en el Perú, llevado a "oríllese a la orilla" hasta que diera el traspié, la derecha no tiene mayor cosa que proponer propia, porque se suicidó como clase, en gran medida. Apenas vaguedades sobre la "mano dura". La izquierda se enfrenta a la "técnica del salami" para ir de rodaja de concesión en rodaja, a falta de sujeto que marque algún rumbo nacional claro. La indigencia de la derecha es tal en el Perú que no sabe más que de lo que se conoce como "terruqueo", por "terruco" ("terrorista"), asociando izquierda y Sendero Luminoso, un grupo desaparecido hace ya mucho. Dicho sea de paso, es la cuarta vez que se presenta Keiko Fujimori y la tercera que se queda enfrente de alguien de izquierda: como en el pasado al presidente Ollanta Humala (2011-2016) no se le pudo colgar lo del "terruqueo", se lo presionó con inventos de Odebrecht. Así gane la derecha, está cansando: no propone, sino que golpea y descalifica con las mismas interminables cantinelas, o golpea y dice cualquier disparate, como Alejandro "Alito" Moreno en México.

        Ya se sabe lo que hace gran parte de la derecha (no toda), cuando no hay más que una o dos personas para decirlo de frente: "poner orden" con el secretario mexicano de Seguridad, Genaro García Luna, al frente, sin que se hablara de "narcogobierno". Con la hija Fujimori "vuelve el orden": el que puso el aparato judicial archivando el caso de la misma Keiko Fujimori  para que saliera bien de la cárcel. ¿Se refiere al orden del Congreso peruano, que no deja gobernar porque, moralmente incapacitado, puede declarar "moralmente incapaz" a cualquiera que quiera poner fin al fiestonón? En fin, que Lima, la capital, no entiende a la sierra. ¿Vuelve el orden en el aparato judicial?¿Vuelve en los grandes medios de comunicación que, como en cuando menos la capital mexicana, se confunden con el año 47 del siglo XIX y llevan a la gente a creencias erróneas? "Vuelve el orden" se refiere ¿a la asociación del gobierno de Alberto Fujimori con el narcotráfico, muy ordenadita por el señor Vladimiro Montesinos? No todas las derechas son iguales, pero tampoco es raro, a diferencia de la izquierda, que con la derecha el orden lo ponga la más alta delincuencia, como Acción Nacional en México (y ni quien les diga mayor cosa por seguir delinquiendo con "Maru" Campos en Chihuahua), Juan "Robando" Hernández en Honduras, Sweet Micky en Haití, Ricardo Martinelli en Panamá, Fujishock en el Perú, el de turno en Paraguay, o Pinocho Pinochet en Chile, por aquéllo de "poner orden", para no hablar del uribismo y "Colombia exporta: paracos", o del "junior" Daniel Noboa y su forma de entrar a las embajadas "para combatir la delincuencia". Porque nada mejor contra la criminalidad que la supracriminalidad. Que es la que se le trata de sembrar "en modo policía judicial" al gobierno de México. !El que sabe, sabe! (da click en el botón de reproducción).




EL QUE SABE, SABE

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