El gobierno de Cuba ha dado a conocer, más con el paquete de medidas recientes, una friolera de 176, lo suficiente para que más de uno hable de "capitalismo", lo que no es del todo falso, ya que hay, como se dice, "manga ancha" para el capital extranjero, que ya la tenía en parte en el turismo, y para empresas del sector privado, de mayor tamaño que las mypimes (medianas y pequeñas empresas), además -que es del interés estadounidense- para cubanos del exterior, en algo que ya se venía anunciando.
Parte de las medidas responde a iniciativas planteadas desde hace ya mucho tiempo por Raúl Castro, y no sólo él, por cierto, en dos sentidos: acabar con el igualitarismo y con la ineficiencia estatal. El punto de partida es que, contradictoriamente, mientras el socialismo debería avanzar hacia la propiedad social, las insoslayables condiciones de cerco han llevado con frecuencia al reforzamiento, a través del Estado, del verticalismo, la centralización y la "estadolatría" como respuesta. El Estado, en vez de reducirse, se amplía en países en los cuales se trata de un "Estado" que "cae" sobre la sociedad, y que hace mucho que requiere de descentralización, pero, además, de ligar el salario a la productividad y el excedente, con cálculo costo/beneficio. No debe ser un Estado para "empleómanos" que se refugian en él sin aportar lo debido en trabajo de cantidad y calidad. Raúl Castro ya había planteado el problema y la necesidad de reducir el tamaño del Estado. Por lo que toca a la igualdad, no es lo mismo que la equidad, por lo que el igualitarismo puede ser el equivalente, por ejemplo, de dar en un mismo salón de clases la misma calificación a todos, por anticipado, al margen del esfuerzo y el mérito: con una calificación medianamente buena, los habrá que no consideren necesario esforzarse -la sobrevivencia del más inepto-, y una injusticia para el que sí quiera aprender y salir adelante. En parte, Raúl Castro buscó entre mypimes (medianas y pequeñas empresas) y en el campo, cooperativas. Las reformas anunciadas tienen un buen grado de descentralización, llevado a cabo a través de los municipios y una mayor autonomía en las decisiones. Parte de la idea es que, contra el deseo de muchos cubanos, el Estado deje de estorbar iniciativas locales.
Dicho sea de paso, es de celebrarse que no se considere "traición" la discrepancia, y como parte de la misma, hay una invitación soterrada a distintas formas de privatización en las que la entrega de participación al capital no lo es a la propiedad social ni a la iniciativa de los trabajadores, por lo que las medidas van en direcciones una positiva y otra contraria, al dejar entrar "poderes fácticos" que pueden empujar no a una sana competencia, sino a la concentración económica. Iniciativas interesantes se han planteado en la matriz energética, con energías renovables, y en lugar para pymes en el campo. Cuba no es nada más turismo.
Por lo que respecta a la empresa GAESA (Grupo de Administración Empresarial, S.A.), parte de su opacidad ha sido para evadir un bloqueo que no es inventado y para destinar recursos a la Defensa cuando se está ante el riesgo más o menos latente de agresión foránea. No parece que el presidente estadounidense Donald J. Trump la quiera, pero cree aparentemente que el secretario de Estado, Marco Rubio, es "el que sabe", cuando es alguien patológico. Lo dicho no excusa a GAESA de errores al destinar recursos excesivos al turismo y descuidar otros sectores, como el de la electricidad.
Como lo que busca hacer Cuba no está muy alejado, por ejemplo, de lo hecho por Vietnam y en parte por China, no tiene sentido seguir amedrentando y, como dijo el líder cubano Miguel Díaz-Canel, servirse del pueblo cubano como carne de cañón cuando se hacen grandes negocios con el mismo Vietnam -incluso para contrarrestar a China- y a ésta se la deja en paz. El "tráfico" entre cubanos en la isla y en Estados Unidos es un hecho, y Cuba ha abierto mayores puertas para regularizarlo. Otra cosa es que alguien obtuso como Rubio sea el siguiente en obtener el "pase" de Trump para crear una situación de "peor imposible", acelerando a los de "la resistencia"...hasta el último cubano. Lo primero es no dar por sentado que el pueblo cubano es homogéneo, porque hay divisiones, un buen rechazo a lo mal hecho en Cuba y también a que se lo quiera dizque "salvar" desde afuera. También hay gatopardismo, aunque menos que en México, por lo pronto. Si de noche todos los gatos son pardos...hágase la luz. Pero no como al capturar al presidente venezolano Nicolás Maduro. No son los fogonazos manera de hacer luz sobre las cosas. Que mejor los vecinos digan qué negocios quieren -"ya salió el peine" en Irán- para negociar y aislar a bomberos pirómanos (da click en el botón de reproducción).