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sábado, 6 de junio de 2026

¿QUÉ PEX, QUÉ JAIS, QUÉ PEDAL, QUÉ PEDRO PINCHE PABLO?

 Como ya se ha observado, pese a la pequeñez del ser humano por su carácter finito, a diferencia del universo, aquél tiene la grandeza de saber y pensar, pero se entiende que se trata de conciencia. Esta es la que define igualmente al trabajo humano: el ser anticipa,  para lo que puede necesitar abstraer, dispone de herramientas y se transforma a sí mismo al transformar la naturaleza y el entorno. El trabajo ha jugado un papel importante en la salida del Hombre del reino animal y en la educación y el pensamiento. No quita que, hoy, sectores de la población pueden tener un trabajo alienante, poco creativo, cuando no a veces inútil, y preferir así el consumo y el entretenimiento.

       Lo que debe precisarse así es que esa grandeza del ser humano por el pensamiento se educa, requiere "de un gran esfuerzo" aunque se diga fácil (como en el antiguo anuncio mexicano de Comisión Federal de Electricidad), e implica no alienación, lo que el primero en descubrir fue Adam Smith, al criticar la especialización excesiva por el adelanto de la división del trabajo y lo que conllevaba de atrofia de la personalidad. Dentro de un sistema capitalista pleno, sin interferencia "política", el resultado del trabajo se mide por el valor y la utilidad. Mucha gente que trabaja se "hace consciente" y requiere diversos grados de educación, hasta un campesino para saber cómo sembrar o un obrero cómo reparar una máquina, al igual que un arquitecto o un ingeniero.

         No se trata entonces, cuando se habla de la grandeza de saber y pensar (como hay que pensar cuándo sembrar y cuándo cosechar), de la visión errónea que cree que el "pensamiento" es algo propio de una minoría, como "la conciencia crítica de la nación". Escribir adornándose, dar la impresión de erudición, andar en la importancia de tal o cual tema, tener "un nombre" y asuntos por el estilo no garantizan ni el valor del trabajo, ni su verdadera utilidad, por lo que no existe un privilegio particular del "intelectual", pese a que más de uno lo crea, como lo hizo a su vez con errores frecuentes la Revolución Cubana. Se deja de lado aquí al académico que suele ser visto como alguien perdido en una torre de marfil, lo que es una equivocación, por lo que hay trabajos de académicos más valiosos -en términos de valor y utilidad- que los de más de un "intelectual" que cree haber "trascendido". Una cosa es creer en valores superiores al ego y tener conciencia de que éste es limitado e incluso no puede decidir de la "eternidad"; otra cosa es el que cree que se gana la "trascendencia" del ego en el mundo terrenal y con ese ego por encima de otros valores superiores. Se trata de otra cosa: la VANIDAD con aspiración a "trascendencia", llegado el momento al margen del esfuerzo y de la utilidad. Da igual que en esta vida o en la otra se tenga un séquito o un grupo de súbditos que se lo crean. Es una ilusión. Querer "trascender" es, por lo mismo, una ilusión, aunque no tener valores trascendentes. Parte de los programitas de televisión y/o ligados a periódicos son vendedores de ilusiones para supuestos "renombres", algo típico de hábitos todavía de impregnación religiosa, y mal entendida, y dedicados a creerse lo de Mateo: "al que todo tiene, todo le será dado, y al que nada tiene, todo le será quitado". Mercenarios perfumados: ¿su importancia? Tal vez en apariencia, mucha. ¿Su valor y su utilidad? Como dijo el otro, "ahí luego me la platican". Cuánto inflas.

      Creerse que va de "pensamiento" es entonces un error frecuente cuando se trata de intelectuales: es gente alienada al poder, con el "folclore de la filosofía" ("El poder es para poder", etcétera), o que vive pensando en otro mundo. En México, toma la forma muy "chayotera" -como se dice coloquialmente- de golpear con histrionismo para "marear". Pero no faltan por ejemplo en otros lugares, como Rusia, los que se la toman a "espiritual": confunden capitalismo con "el Occidente" que es "materialista" y aunque sí, como ha señalado Daniel Estulin, hay un problema metafísico hoy en juego, o hay en parte agotamiento del "progreso", para seguir a Alexander Duguin, no se trata de un asunto viejo de "siglos", como afirma el primero, salvo que se esté rechazando, sin idea de la contradicción, lo que ha aportado el capitalismo, y que no es todo negativo; si se viera sí, no sería sino una pretensión entre de Pope y de aristócrata que se instala en una "espiritualidad" a discutir sobre lo que se conoce -curiosamente- en español como "asuntos bizantinos" (discusiones bizantinas) o sobre "el sexo de los ángeles" (claro, si ruso u Occidental). Tampoco sirve de gran cosa creerse el "excepcionalismo chino" como si, él también, por pensar en "tres dimensiones", pudiera escapar al universalismo. Ahora resulta que Rusia o China son "excepciones" a una "regla" supuestamente "occidental". El "intelectual" es retratado con frecuencia en parte del hábito social ruso como un lunático.

        La cosa parece ser entonces hoy de quien tiene la "esencia más profunda". Es un pozo sin fin, y no es para buscarse un vericueto para hacer trascender el ego propio como "portavoz del espíritu" (por mi raza hablará...). Mejor ver qué y por qué dice la raza. A ras de suelo, pero con valores. Por tener sentido del límite humano, lo contrario de querer que el EGO trascienda, sin saber ni siquiera para qué, si de él no quedará nada como tal. Paz. (da click en el botón de reproducción).




ES LO BONITO: CADA QUIEN

Parte del caer en la nada, olvidando ser propiamente humano, consiste en ver el mundo al revés, a partir del temor al aislamiento y el deseo...