Miguel Ángel Mancera fue jefe de gobierno de la Ciudad de México (CDMX) entre 2012 y 2018, sucesor de Marcelo Ebrard y defensor de Andrés Manuel López Obrador, con quien mantuvo una relación cordial hasta el final, ahora que el presidente ya no lo es. En algún momento, Mancera cayó de la gracia de la gente del Movimiento de Regeneración Nacional (MoReNa), pese a que López Obrador trató de defenderlo, incluso públicamente. Mancera terminó de caer cuando, hacia el final de su periodo, hubo un repunte de la delincuencia en la capital mexicana, por razones ajenas a Mancera y que éste trató de evitar y explicó hace poco en un programa con Eje Central. No se le conoce personalmente al ex jefe de gobierno ninguno acto de corrupción particular, aunque los haya habido en parte de su equipo, y cuando se inició como jefa de gobierno de la capital, Claudia Sheinbaum se hizo erróneamente eco de la cacería.
Mancera resultó bastante independiente, deseoso de evitar la "política" y de centrarse en resultados. Alguna gente cercana a él consideraba lo siguiente, habida cuenta de que Mancera tenía dinero heredado de su padre, a través de la cadena "Los Bisquets de Obregón": "como tiene dinero, no tiene necesidad de robar". Es una explicación extraña, porque supondría que los que roban son los que no tienen dinero. En México hay gente con recursos suficientes que encuentra de todos modos la forma de robar, y hay gente de escasos recursos que no roba, y que además se niega a hacerlo. Quien afirmó lo mencionado de Mancera se encontró con un cargo capitalino y es alguien recto, pero con el cargo no pudo evitarse creer que era un privilegio y no un nuevo servicio por brindar, por lo que empezó el trato "de arriba" o "por encima del hombro" con gente de presunta -parecía que la había- de confianza. Digamos que, para lo que ganaba la persona, tampoco había necesidad de sentirse con alguna forma de superioridad. Pero si había "grupo" en torno a Mancera, no era ajeno a cuestiones de estatus que con frecuencia los seres humanos se "huelen" entre sí como algunos animales la cola. "Cosa de olfato". Quien hablaba así de Mancera consideraba "intratable" a la gente de MoReNa, probablemente refiriéndose a un sector de clases medias bajas no exento de alguna forma de resentimiento social. Pese a las concesiones de la actual presidentA, aunque menos que antes, ahora es gente de clases medias con otra actitud la que ve con buenos ojos a Sheinbaum. Mancera se fue a proteger al Senado, pero sin despotricar. Se quedó con un programa "Entre amigos con Mancera" que muestra los límites de sectores mexicanos de clases medias, carentes de liderazgo, por más resonancia que tengan en los medios, y todo por PRIVILEGIAR el estatus sobre la igualdad formal, pese a las apariencias del trato.
Fue a través de su procurador que Mancera erró, entre otros factores. Hubo dos casos, uno conocido como "el de la Narvarte" y otro el de "Lesvy Berlín" que volvieron a mostrar las dificultades del aparato judicial mexicano. Intentos de ventaja aparte (contra el góber precioso veracruzano Javidú), "el de la Narvarte" resultó en que el procurador, cercano a Mancera, se evitó la verdad más probable: el contubernio de autoridades judiciales y policíacas capitalina con una red de trata que pudo incluir narcomenudeo. Por cuestión tal vez de estatus, el procurador quiso evadir un escándalo mayor y prefirió quedarse en una versión de los hechos descabellada. En el caso de Lesvy Berlín, una persona de 22 años asesinada por su novio, el procurador se sumó a todos los que quisieron simplificar y sacar ventaja del caso. Por más que el novio fuera culpable, se supone que andar a las cuatro de la madrugada en Ciudad Universitaria con droga y alcohol -no poco- encima es un ilícito y una irresponsabilidad, aunque no pueda servir de coartada para no investigar y "cerrar" el caso con un estigma. Se recurrió en ambos casos al estatus estereotipado por encima de la ley: "una colombiana" y "una mujer drogada". Es lo mismo que "como tiene dinero, no roba". O como asociar MoReNa con "resentidos sociales" (aunque los haya). El procurador se olvidó de "primero averigua, luego dispara".
Tal vez "Entre amigos con Mancera" se encuentre alguien que no sea de algún tipo de estatus. Así se perdió el jefe de gobierno, sin fijarse en lo que puede haber detrás del estatus de gente como Genaro García Luna, Isabel Miranda de Wallace o los que acusaron a Florence Cassez. Se estuvieron todos "olfateando": unos el resentimiento, y otros el estatus, pero sin vocación de liderazgo, o también porque no son condiciones para hacer valer la independencia de criterio. Claro, siempre habrá algo "detrás", suficiente -como le ocurrió al procurador- para no ver lo que había "delante". López Obrador fue capaz de pasar por encima de lo mencionado (y a su modo, Mancera también). Pero primero se es un ser humano (y potencial inhumano, si se prueba) antes que "la colombiana", "la chava drogadicta" o "la francesa". Incluso antes que "la mujer", por lo que tampoco hay mucho de qué disculparse, como lo hizo Sheinbaum, en el caso de "Lesvy Berlín", que es tragedia porque no es de víctima inocente -tampoco propiciatoria- contra el villano de turno. Aquí termino de contarles el corrido...(da click en el botón de reproducción).