"Avanzamos al futuro juntos trabajando codo a codo con una comunicación cercana. Nuestra amistad y entendimiento es irremplazable e indestructible", dicen dos que prometen seguir siendo "socios". Pero no se trata de un comunicado entre el secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, y el Ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguei Lavrov (un hijo del deshielo que ahora pide un escudo antmisiles conjunto entre Rusia y Occidente). No: se trata del comunicado que emitieron la cantante colombiana Shakira y su ahora ex novio argentino De la Rúa para explicar que se separaron. En suma: entre el mundo del espectáculo y el de la política las diferencias ya no son tantas.
La generación de Barack Obama, el presidente estadounidense, el hombre que llegó a la Casa Blanca con un sonoro "sí se puede", está demostrando que la frase no pasa de un eslógan o de algo parecido a un anuncio publicitario que bien podría ser de Viagra o Cialis (el "we", además, no incomodaría a una Lady Gaga aficionada a las poco disimuladas orgías). Sí se puede, pero, fuera de responder a intereses creados, no parece que Obama se haya encargado de gobernar. Tampoco parece que el presidente ruso, Dmitri Medvedev, sepa qué es gobernar. Es imposible saberlo cuando se ha crecido sin tener idea de lo que es un mínimo de autoridad.
Mientras Obama sucumbe a los intereses creados en Estados Unidos y ni siquiera sabe de protocolos, Medvedev no cumple ni parece saber que pudiera hacerlo. Hace poco, a un país miembro de la Organización para el Tratado de Seguridad Colectiva, la OTSC, Bielorrusia, casi le arman una "revolución de colores", pero Medvedev, si bien felicitó al de nuevo presidente bielorruso Alaxander Lukashenko, no se tomó la molestia de denunciar injerencias demostradas, en particular desde Alemania y Polonia. La OTSC no supo qué hacer hace varios meses frente a la crisis en Kirguistán, y Lukashenko por cierto habría metido la pata, respaldando a un depuesto presidente kirguís corrupto. Mientras es imposible hacer cuajar una actuación realmente colectiva en Eurasia, Occidente sigue moviendo sus peones: ahora, con importantes inversiones de la petrolera British Petroleum en Azerbaidján, en la plataforma de Asman-Shafar, lo que a la larga les dará a los anglosajones un mayor derecho de injerencia en la región del Caspio. Cabe hacer notar que otros países de la OTSC tampoco condenaron las demostradas injerencias externas en los disturbios de hace algunas semanas en Moscú. ¿Está fracasando la idea euroasiática? Hasta cierto punto, sí: no se avanzó en ningún eje París-Berlín-Moscú y no hay modo de comprometer a China, pese a la Organización de Cooperación de Shanghai. La partida la va ganando Occidente, con Estados Unidos a la cabeza, aún si se trata de una superpotencia tan insolvente como la moral de su presidente que sabe decir eslóganes, pero no tiene idea de qué significan.
Por cierto, y contra las ideas de algunos, de la Unión Soviética muchos querían no a la "superpotencia" que en realidad no era, sino al país de los ideales de justicia e igualdad sociales, de solidaridad y al país que quiérase o no tuvo el mérito de ser el que derrocó a la peste nazi. Medvedev ha prometido una campaña más de "desestalinización" sin entender lo que desde Occidente se espera de Rusia: no que tenga una idea cierta de su Historia, sino que renuncie de una buena vez a sus méritos, que se asuma con un pasado supuestamente siniestro y que llegue el día en que plantarse con autoridad frente a intereses creados de fuerza parezca éso, algo siniestro. Por lo mismo muchos rusos no se atreven a plantarle cara al mundo occidental que les prepara justamente lo siniestro. Ya llegará tal vez el momento del aprendizaje. Así se pase por siniestro.
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sábado, 15 de enero de 2011
sábado, 8 de enero de 2011
DMITRI QUIERE A WILLIS
En el mes de diciembre hubo disturbios en Moscú, a raíz de la muerte de un fanático del futbol. Se quiso hacer de esos disturbios un problema "étnico", entre gente originaria del Cáucaso y moscovitas: lo que está probado es que hubo financiamiento exterior, por ejemplo y para variar, del magnate Boris Berezovsky, y provocaciones utilizando twitter y otras redes sociales, en las cuales grandes grupos financieros, como Goldman Sachs, invierten mucho. Las cosas se calmaron (la policía rusa tiene por cierto un Departamento especial de lucha contra la criminalidad étnica) y quedó asentado que, entre otras cosas, no hubo gente de Chechenia en los disturbios. Era una provocación para ver si desde las redes sociales se armaba una "revolución de colores", pero falló, como falló en las manifestaciones de Minsk, la capital bielorrusa, ahora que se reeligió Alexander Lukashenko, que arrestó a los líderes de oposición (algunos de los cuales juegan la carta "étnica") y punto. El problema es que en las condiciones actuales, la revolución de colores la trae Lukashenko en la cabeza, coqueteando alternativamente con Moscú y con las capitales occidentales. La ventaja para Lukashenko es que la economía bielorrusa funciona bien. En cuanto a los provocadores, intentaron lo de siempre: romper cristales y asaltar la sede de gobierno en Minsk, un guión ya muy visto.
Para quien quiera saberlo (lo ha denunciado por ejemplo el ambiguo sitio de voxnr en Internet), Estados Unidos trata de crear los problemas "étnicos" que pueda regando dinero en suburbios de capitales europeas, y habría que saber dinero proveniente de qué actividades. Lo cual no justifica la actitud de algunos inmigrantes: en Francia, por ejemplo, la mayoría de los inmigrantes NO son delincuentes, pero la mayoría de quienes delinquen sí son inmigrantes. De Moscú a París, la carta que juega Estados Unidos es la del Islam.
En estas condiciones, resulta penoso que el presidente ruso, Dmitri Medvedev, con los problemas propios de gran parte su generación (Medvedev nació en 1965), tenga tan poca idea de la autoridad que un día de éstos decida hacer un discurso a la nación rusa en el festival de Viña del Mar, flanqueado por Maná o Franco de Vita. Es decir, Medvedev sabe de rock, ruido y espectáculo, no de investiduras, así que la última fue congraciarse con el saliente gobernador de California, Estados Unidos, Arnold Schwarzenegger, Mr. Universo. Aseguró Medvedev, aficionado a los automóviles de colección, que Rusia tiene mucho que aprender de Estados Unidos. Se refería en parte a Silicon Valley, ya que los rusos buscan asesoría estadounidense para crear un equivalente "high-tec". Pero Medvedev agregó que en lo que Rusia tiene que aprender de Estados Unidos es en materia de corrupción. El presidente ruso declaró ésto mientras Washington y sus aliados le corrompen hasta los alrededores de Moscú, luego de haber corrompido el Caúcaso. Como muchos de su generación, Medvedev cree en el "milagro" estadounidense, en el rock, en los automóviles y en las estrellas de cine (nada más le falta creer en películas de mafiosos); de lo que es gobernar no sabe, la autoridad no la quiere, por principio, y de la realidad escoge nada más lo que le conviene, porque Estados Unidos tiene cada vez menos de envidiable: analfabetas funcionales y drogadictos por doquier, competitividad nula en muchos sectores, salvo excepciones, fraudes contables por sumas astronómicas, cifras económicas maquilladas, una población que no trabaja sino que vive a crédito, violencia y números inauditos de encarcelados, uno no terminaría de describir lo que es esa Roma en decadencia que para muchos es el paraíso. Justamente por estar en decadencia.
Para quien quiera saberlo (lo ha denunciado por ejemplo el ambiguo sitio de voxnr en Internet), Estados Unidos trata de crear los problemas "étnicos" que pueda regando dinero en suburbios de capitales europeas, y habría que saber dinero proveniente de qué actividades. Lo cual no justifica la actitud de algunos inmigrantes: en Francia, por ejemplo, la mayoría de los inmigrantes NO son delincuentes, pero la mayoría de quienes delinquen sí son inmigrantes. De Moscú a París, la carta que juega Estados Unidos es la del Islam.
En estas condiciones, resulta penoso que el presidente ruso, Dmitri Medvedev, con los problemas propios de gran parte su generación (Medvedev nació en 1965), tenga tan poca idea de la autoridad que un día de éstos decida hacer un discurso a la nación rusa en el festival de Viña del Mar, flanqueado por Maná o Franco de Vita. Es decir, Medvedev sabe de rock, ruido y espectáculo, no de investiduras, así que la última fue congraciarse con el saliente gobernador de California, Estados Unidos, Arnold Schwarzenegger, Mr. Universo. Aseguró Medvedev, aficionado a los automóviles de colección, que Rusia tiene mucho que aprender de Estados Unidos. Se refería en parte a Silicon Valley, ya que los rusos buscan asesoría estadounidense para crear un equivalente "high-tec". Pero Medvedev agregó que en lo que Rusia tiene que aprender de Estados Unidos es en materia de corrupción. El presidente ruso declaró ésto mientras Washington y sus aliados le corrompen hasta los alrededores de Moscú, luego de haber corrompido el Caúcaso. Como muchos de su generación, Medvedev cree en el "milagro" estadounidense, en el rock, en los automóviles y en las estrellas de cine (nada más le falta creer en películas de mafiosos); de lo que es gobernar no sabe, la autoridad no la quiere, por principio, y de la realidad escoge nada más lo que le conviene, porque Estados Unidos tiene cada vez menos de envidiable: analfabetas funcionales y drogadictos por doquier, competitividad nula en muchos sectores, salvo excepciones, fraudes contables por sumas astronómicas, cifras económicas maquilladas, una población que no trabaja sino que vive a crédito, violencia y números inauditos de encarcelados, uno no terminaría de describir lo que es esa Roma en decadencia que para muchos es el paraíso. Justamente por estar en decadencia.
sábado, 1 de enero de 2011
DE CADA CUAL Y A CADA CUAL....
En un memorable discurso pronunciado el 18 de diciembre pasado en la Asamblea Nacional cubana, Raul Castro anunció los cambios que están por venir en la isla del Caribe, mientras que Fidel Castro sigue escribiendo y dedicado a buscar el próximo apocalipsis que le garantice al comandante la eternidad y un lugar de primera fila en el otro mundo (que, como se sabe, "es posible"). Cuando estuvo George W. Bush en la Casa Blanca (primero, a raíz de un fraude electoral, por cierto), fue comparado con Hitler y no pocos intelectuales, cubanos incluidos, anunciaron que el fascismo había llegado ya. Este "fascismo etílico" duró cerca de 8 años y desembocó no en la inmortalización de nadie, ni siquiera de Condoleezza Rice (a quien Bush Jr. llamaba jocosamente "arrrooooz"...), sino en otro pronóstico intelectual errado: el regreso del keynesianismo con Obama. Ahora, Fidel Castro considera que el Tea Party tiene "ideas fascistas", en cuyo caso el siguiente sería "fascismo maternal", o Big Mother, encarnado por Sarah Palin, nacida en 1964.
Mientras Fidel se sirve para él solito la trascendencia en la Tierra, Raul Castro ha decidido sacudir a Cuba con palabras que tienen el buen sabor de la franqueza: aunque ya lo habían señalado antes otros funcionarios, el menor del dúo Castro volvió a insistir en que el paternalismo, el igualitarismo y el idealismo son hoy trabas para sacar adelante a la Mayor de las Antillas. Vistas así las cosas, el socialismo no es asunto de buenas intenciones, ni de fabricar al Hombre Nuevo de un día para otro, ni de un muy criticado voluntarismo.
Estas palabras de Raul Castro fueron impactantes: nótese bien, es preferible discrepar a "la falsa unanimidad basada en la simulación y el oportunismo", que a fin de cuentas es lo que se fabrica en Occidente a nombre del tan llevado y traido "consenso". No: Raul Castro quiere que se discrepe, siempre y cuando se haga bien y con respeto, pero que se discrepe. ¿Cuántas voces discrepan o saben qué es discrepar en Estados Unidos?
Raul Castro dijo sin tapujos que el cubano no tiene cultura económica. Quiere decir que no le importa gastar ni saber de dónde viene el gasto o de dónde sale: el Estado de Bienestar cubano, junto con garantizar lo elemental para todos, lo que es obligación de todo Estado, acostumbró al cubano a no preguntarse por el origen de los recursos y recreó la mentalidad del "asistido" siempre en busca de quién lo mantenga. Hoy, Raul Castro ha hecho un llamado a introducir ciertas relaciones de mercado no para seguir siendo un colectivo de "mantenidos" gozando del consumo, como las clases acomodadas de Occidente, sino un país en el cual la gente sepa lo que es el ahorro y la eficiencia. Buen síntoma, la productividad del trabajo ha comenzado a mejorar y lo ha hecho en relación con el salario medio.
Desde hace algún tiempo, algunos intelectuales han venido advirtiendo contra la mentalidad "neocolonial" que se ha instalado en parte de la propia intelectualidad: de hecho, por sus temas, algunas publicaciones cubanas parecen hechas en Occidente. No: lo que se pide es dejar de copiar y, como lo ha dicho la intelectual Graziella Pogolotti, tener confianza en el esfuerzo propio, lo que se debe inculcar a los jóvenes. Pogolotti hizo hace algunos meses un llamado a una apertura auténtica en la información, para ir más allá de lo oficial, de la crítica al Imperio y las loas a Hugo Chávez, y conocer lo que pasa en el mundo.
Es posible pensar que, a diferencia del pasado, no se trata de optar entre el estímulo material y el moral. Si cada cual debe recibir según sus necesidades, pero tambiémn de cada cual según su capacidad, el estímulo material bien puede acompañar una conducta moral aprobable, que no sea puro idealismo y que se pruebe en hechos. Hechos como los que muy recientemente recordara el político cubano Ricardo Alarcón: medio siglo de una Cuba capaz de ser solidaria en medio de las dificultades y el acoso, medio siglo de generosidad (que en el fondo está también en Fidel Castro)...¿Funcionará el premio al mérito? Mucho se juega -lo señaló Pogolotti en su momento- en un relevo generacional que es muy difícil, porque hay una generación de cuadros "perdida" a raíz de lo que sucedió durante el llamado "periodo especial", y seguramente no es fácil que surjan los mejor capacitados de entre oportunistas, simuladores y quienes creen que todo les es debido. ¿De dónde saldrán los cuadros? No seguramente del fidelismo que busca héroes de guerra, cuando lo que se requiere es honorabilidad y firmeza en tiempos de paz.
Mientras Fidel se sirve para él solito la trascendencia en la Tierra, Raul Castro ha decidido sacudir a Cuba con palabras que tienen el buen sabor de la franqueza: aunque ya lo habían señalado antes otros funcionarios, el menor del dúo Castro volvió a insistir en que el paternalismo, el igualitarismo y el idealismo son hoy trabas para sacar adelante a la Mayor de las Antillas. Vistas así las cosas, el socialismo no es asunto de buenas intenciones, ni de fabricar al Hombre Nuevo de un día para otro, ni de un muy criticado voluntarismo.
Estas palabras de Raul Castro fueron impactantes: nótese bien, es preferible discrepar a "la falsa unanimidad basada en la simulación y el oportunismo", que a fin de cuentas es lo que se fabrica en Occidente a nombre del tan llevado y traido "consenso". No: Raul Castro quiere que se discrepe, siempre y cuando se haga bien y con respeto, pero que se discrepe. ¿Cuántas voces discrepan o saben qué es discrepar en Estados Unidos?
Raul Castro dijo sin tapujos que el cubano no tiene cultura económica. Quiere decir que no le importa gastar ni saber de dónde viene el gasto o de dónde sale: el Estado de Bienestar cubano, junto con garantizar lo elemental para todos, lo que es obligación de todo Estado, acostumbró al cubano a no preguntarse por el origen de los recursos y recreó la mentalidad del "asistido" siempre en busca de quién lo mantenga. Hoy, Raul Castro ha hecho un llamado a introducir ciertas relaciones de mercado no para seguir siendo un colectivo de "mantenidos" gozando del consumo, como las clases acomodadas de Occidente, sino un país en el cual la gente sepa lo que es el ahorro y la eficiencia. Buen síntoma, la productividad del trabajo ha comenzado a mejorar y lo ha hecho en relación con el salario medio.
Desde hace algún tiempo, algunos intelectuales han venido advirtiendo contra la mentalidad "neocolonial" que se ha instalado en parte de la propia intelectualidad: de hecho, por sus temas, algunas publicaciones cubanas parecen hechas en Occidente. No: lo que se pide es dejar de copiar y, como lo ha dicho la intelectual Graziella Pogolotti, tener confianza en el esfuerzo propio, lo que se debe inculcar a los jóvenes. Pogolotti hizo hace algunos meses un llamado a una apertura auténtica en la información, para ir más allá de lo oficial, de la crítica al Imperio y las loas a Hugo Chávez, y conocer lo que pasa en el mundo.
Es posible pensar que, a diferencia del pasado, no se trata de optar entre el estímulo material y el moral. Si cada cual debe recibir según sus necesidades, pero tambiémn de cada cual según su capacidad, el estímulo material bien puede acompañar una conducta moral aprobable, que no sea puro idealismo y que se pruebe en hechos. Hechos como los que muy recientemente recordara el político cubano Ricardo Alarcón: medio siglo de una Cuba capaz de ser solidaria en medio de las dificultades y el acoso, medio siglo de generosidad (que en el fondo está también en Fidel Castro)...¿Funcionará el premio al mérito? Mucho se juega -lo señaló Pogolotti en su momento- en un relevo generacional que es muy difícil, porque hay una generación de cuadros "perdida" a raíz de lo que sucedió durante el llamado "periodo especial", y seguramente no es fácil que surjan los mejor capacitados de entre oportunistas, simuladores y quienes creen que todo les es debido. ¿De dónde saldrán los cuadros? No seguramente del fidelismo que busca héroes de guerra, cuando lo que se requiere es honorabilidad y firmeza en tiempos de paz.
sábado, 25 de diciembre de 2010
DISCULPEN LAS MOLESTIAS...
Hace poco, el recuperado líder cubano Fidel Castro volvió a repetir lo que había dicho el 17 de noviembre de 2005 en un discurso que llamó la atención, en especial de los jóvenes: " el más importante error -argumentó Castro- era creer que alguien sabía de socialismo, o que alguien sabía de cómo se construye el socialismo". En estas circunstancias, no se entiende por qué en los años '70 el mismo Fidel Castro declaraba que en cerca de 20 años Cuba iba a llegar al comunismo. ¿Saltándose el socialismo y parte del capitalismo?¿Castro prometió llegar a un "lugar" del que nadie sabía nada? Como dice la broma: ¿Castro es tan secreto que ni él mismo sabe lo que hace? El caso es que Cuba es un país socialista en el cual nadie sabe qué es el socialismo ni qué se está construyendo. Es decir, es como subirse a un avión, abrocharse los cinturones y que en la bienvenida el capitán X y su tripulación le digan a los pasajeros -en pleno despegue- que no se sabe cuánto durará el vuelo, ni cuál es el itinerario, porque no se sabe a dónde se dirige el aparato y, es más, que no hay pilotos, sino unos aficionados que se metieron a la cabina "a ver qué sale". Puede ocurrir en una película de Cantinflas, o sea que en Cuba se construía algo así como el "socialismo 777" ("a sus órdenes, jefe"). Con el agravante de que ningún pasajero vería con agrado que el capitán X termine su bienvenida con las siguientes palabras: "Patria o Muerte". Patria, gracias.
En Cuba no hay ninguno de los muy graves problemas del resto de Latinoamérica y se puede decir que, como Estado de Bienestar para toda la población, ha funcionado, y bien. Toda la población tiene derecho a satisfactores básicos, y de hecho los hay: el asunto de los derechos humanos elementales -los de verdad- está cumplido. Además, no se ha tratado de un proceso mayormente violento y ni siquiera hay una gran oposición digna de ese nombre porque, quiérase o no, Occidente convierte en oposición a quienes con frecuencia son delincuentes probados. Cuba les importa un rábano a esos paladines occidentales que, atacando a Cuba, buscan cotizarse mejor en Occidente. Cuba también ha destacado por su internacionalismo, una capacidad muy especial para brindar solidaridad, en particular en los ámbitos educativo y médico que, a fin de cuentas, debieran ser las obligaciones de cualquier verdadero Estado latinoamericano que prometa bienestar.
Más allá de un exitoso Estado de Bienestar, sin embargo, lo que hay en Cuba, como lo hubo en la Unión Soviética, es la idea de que todo debe ser gratuito y que no hay que esforzarse demasiado: Cuba también exporta toda una partida de gente cuyo sueño es tener lo mismo que en su país, pero al cubo, es decir, multiplicado las veces que sean posibles. Con ocio y sin mover un dedo. Es la contraparte del Estado de Bienestar puro. Cuando hay que hacerse de una ganancia en el exterior, el cubano que se aventura por cuenta propia saca lo peor: el mafioso, la jinetera, la "rumba", porque unas pocas décadas no son tantas y aún hay jóvenes que recuerdan "lo bien" que "se vivía" antes de 1959. Dentro de Cuba no es secreto el gusto por la mentira y el engaño.
El problema, según el menor, Raúl Castro, el "bellaco" del asunto, es que se copió a la Unión Soviética pero, además, se copió mal. Así que ha llegado el tiempo de reformas que no van sin riesgos. Raúl Castro parece haber querido evitar que el mando lo tuvieran quienes, sin conocer lo peor, pensaron que lo mejor era gratis y les era debido: Robaina, Aldana, Pérez Roque, Lage...El Estado de Bienestar exitoso cubano también engendró lo que engendran las clases acomodadas -medias, en particular- de Occidente. Otros en Cuba han conocido dificultades recientes, las del periodo especial, lo duro que fueron los años '90, por copiar, y copiar mal. Algo original sería hacer pasar en las reformas a los más jóvenes -aunque los años '90 se antojan noveles- junto a quienes, queriendo en 1959 lo mejor, no alcanzaron a ver el problema que creaban haciendo del socialismo un regalo. Combinar ideales con resultados concretos y recompensas al mérito verdadero es lo más parecido a la meritocracia, a lo que Raúl Castro llama "lo mejor del capitalismo" (aunque existe cada vez menos en el propio capitalismo). No hay ni puede haber pase automático al socialismo o, si se quiere, el socialismo es de quién lo trabaja y Marx no dijo otra cosa. Las iniciativas de Raúl Castro pueden tener éxito o fracasar, pero vale la pena el intento. Es decir, ver antes de despegar si el aparato en el que se piensa volar es un avión -y de calidad- o un viejo chevrolet que ya no sirve y cuyo capitán lleva un buen rato cantinfleando. En cuyo caso sería de nombrarlo el actor principal del proceso revolucionario, y el resto a lo suyo.
En Cuba no hay ninguno de los muy graves problemas del resto de Latinoamérica y se puede decir que, como Estado de Bienestar para toda la población, ha funcionado, y bien. Toda la población tiene derecho a satisfactores básicos, y de hecho los hay: el asunto de los derechos humanos elementales -los de verdad- está cumplido. Además, no se ha tratado de un proceso mayormente violento y ni siquiera hay una gran oposición digna de ese nombre porque, quiérase o no, Occidente convierte en oposición a quienes con frecuencia son delincuentes probados. Cuba les importa un rábano a esos paladines occidentales que, atacando a Cuba, buscan cotizarse mejor en Occidente. Cuba también ha destacado por su internacionalismo, una capacidad muy especial para brindar solidaridad, en particular en los ámbitos educativo y médico que, a fin de cuentas, debieran ser las obligaciones de cualquier verdadero Estado latinoamericano que prometa bienestar.
Más allá de un exitoso Estado de Bienestar, sin embargo, lo que hay en Cuba, como lo hubo en la Unión Soviética, es la idea de que todo debe ser gratuito y que no hay que esforzarse demasiado: Cuba también exporta toda una partida de gente cuyo sueño es tener lo mismo que en su país, pero al cubo, es decir, multiplicado las veces que sean posibles. Con ocio y sin mover un dedo. Es la contraparte del Estado de Bienestar puro. Cuando hay que hacerse de una ganancia en el exterior, el cubano que se aventura por cuenta propia saca lo peor: el mafioso, la jinetera, la "rumba", porque unas pocas décadas no son tantas y aún hay jóvenes que recuerdan "lo bien" que "se vivía" antes de 1959. Dentro de Cuba no es secreto el gusto por la mentira y el engaño.
El problema, según el menor, Raúl Castro, el "bellaco" del asunto, es que se copió a la Unión Soviética pero, además, se copió mal. Así que ha llegado el tiempo de reformas que no van sin riesgos. Raúl Castro parece haber querido evitar que el mando lo tuvieran quienes, sin conocer lo peor, pensaron que lo mejor era gratis y les era debido: Robaina, Aldana, Pérez Roque, Lage...El Estado de Bienestar exitoso cubano también engendró lo que engendran las clases acomodadas -medias, en particular- de Occidente. Otros en Cuba han conocido dificultades recientes, las del periodo especial, lo duro que fueron los años '90, por copiar, y copiar mal. Algo original sería hacer pasar en las reformas a los más jóvenes -aunque los años '90 se antojan noveles- junto a quienes, queriendo en 1959 lo mejor, no alcanzaron a ver el problema que creaban haciendo del socialismo un regalo. Combinar ideales con resultados concretos y recompensas al mérito verdadero es lo más parecido a la meritocracia, a lo que Raúl Castro llama "lo mejor del capitalismo" (aunque existe cada vez menos en el propio capitalismo). No hay ni puede haber pase automático al socialismo o, si se quiere, el socialismo es de quién lo trabaja y Marx no dijo otra cosa. Las iniciativas de Raúl Castro pueden tener éxito o fracasar, pero vale la pena el intento. Es decir, ver antes de despegar si el aparato en el que se piensa volar es un avión -y de calidad- o un viejo chevrolet que ya no sirve y cuyo capitán lleva un buen rato cantinfleando. En cuyo caso sería de nombrarlo el actor principal del proceso revolucionario, y el resto a lo suyo.
sábado, 18 de diciembre de 2010
MACHO DANZA CON BOBOS
Wikileaks no tiene mucho qué decir sobre Rusia, fuera de que se intentó sembrarle a Moscú la acusación de que tenía en mente atacar a tres ex repúblicas soviéticas del Báltico. Julian Assange, el héroe con cara de ángel extermidador y que, según Fidel Castro, ha puesto a temblar al Imperio, había declarado el 7 de junio pasado en el New Yorker que la idea es ayudar contra los regímenes "altamente opresivos", nótese bien, de China, Rusia y Eurasia Central (sic). Pues bien, parte del asunto de Wikileaks fue soltar la especie de que Vladimir Putin, primer ministro de Rusia, es "machista". Anders Fogh Rasmussen, el querido "fiurercito" secretario general de la OTAN, la Organización del Tratado del Atlántico Norte, debería hacerse eco de lo dicho y proponer un escudo antimachismo. De la gente totalitaria cabe esperar lo que sea.
¿O no? Hace pocos días, en San Petersburgo, en una velada de ayuda a niños enfermos, Putin demostró que es capaz de todo: digamos, hasta de rayar en el ridículo. Ante la insistencia de Sharon Stone, Putin se puso al piano y cantó (incluso canciones soviéticas) delante de Alain Delon, Kevin Costner, Goldie Hawn, Paul Anka y Mickey (sic) Rourke, entre otros. La velada terminó al ritmo del grupo de rock Zemliane. En fin, el machito hizo una demostración de fuerza con las teclas. Por esos mismos días, Madonna inauguró en los rumbos de la Plaza Roja de Moscú un club de fitness, llamado "Hard Candy", que es más o menos lo que el Kremlin se tiene que tragar desde hace años al son que le tocan.
Putin había expresado en noviembre pasado, en su amada Alemania, su idea eurasiática: crear un gran mercado y una unión desde Lisboa hasta Vladivostock, entiéndase, un continente eurasiático sin estadounidenses. El (nada macho, es un primor...) Fogh Rasmussen puso los puntos sobre las íes: de Vancouver a Vladivostock, no de Lisboa a Vladivostock. Así que ahora unos cuántos periodistas rusos debaten si convendría que Rusia se fuera incorporando a la OTAN. ¿No se molestaría China? Si la invitaran, tal vez no. En la velada mencionada, Putin cantó "¿Dónde empieza la Patria?", canción soviética de espías. ¿En Lisboa? Parece que no, que en Vancouver. La OTAN ya tiene de qué protegerse, habida cuenta del machismo de Putin. En cuanto al mismo Putin, ahora le toca, como se dice, sobrevivir a sus amigos y buscarse tal vez mejores ideólogos.
¿O no? Hace pocos días, en San Petersburgo, en una velada de ayuda a niños enfermos, Putin demostró que es capaz de todo: digamos, hasta de rayar en el ridículo. Ante la insistencia de Sharon Stone, Putin se puso al piano y cantó (incluso canciones soviéticas) delante de Alain Delon, Kevin Costner, Goldie Hawn, Paul Anka y Mickey (sic) Rourke, entre otros. La velada terminó al ritmo del grupo de rock Zemliane. En fin, el machito hizo una demostración de fuerza con las teclas. Por esos mismos días, Madonna inauguró en los rumbos de la Plaza Roja de Moscú un club de fitness, llamado "Hard Candy", que es más o menos lo que el Kremlin se tiene que tragar desde hace años al son que le tocan.
Putin había expresado en noviembre pasado, en su amada Alemania, su idea eurasiática: crear un gran mercado y una unión desde Lisboa hasta Vladivostock, entiéndase, un continente eurasiático sin estadounidenses. El (nada macho, es un primor...) Fogh Rasmussen puso los puntos sobre las íes: de Vancouver a Vladivostock, no de Lisboa a Vladivostock. Así que ahora unos cuántos periodistas rusos debaten si convendría que Rusia se fuera incorporando a la OTAN. ¿No se molestaría China? Si la invitaran, tal vez no. En la velada mencionada, Putin cantó "¿Dónde empieza la Patria?", canción soviética de espías. ¿En Lisboa? Parece que no, que en Vancouver. La OTAN ya tiene de qué protegerse, habida cuenta del machismo de Putin. En cuanto al mismo Putin, ahora le toca, como se dice, sobrevivir a sus amigos y buscarse tal vez mejores ideólogos.
domingo, 12 de diciembre de 2010
UN RUSO PIEL ROJA
Bueno, se enojó (un poco). Wikileads reveló que Estados Unidos hizo planes -en los cuales involucró a polacos y alemanes- para defender a las tres repúblicas del Báltico (Estonia, Letonia, Lituania) de un ataque ruso. Pronto debían comenzar ejercicios militares para prepararse contra esa amenaza y en los ejercicios debían participar tropas de varios países. Vaya, hasta navíos de guerra británicos. La Organización para el Tratado del Atlántico Norte, la OTAN, dió la cobertura para estos preparativos (secretos) de defensa. Lo que Wikileads no especifica es el motivo por el cual los rusos podrían atacar a tres países del Báltico, ni existe ninguna prueba de preparativos en este sentido. Ni siquiera una declaración amenazante. Ni un gruñido de Putin. Nada.
Así que el enviado ruso ante la OTAN, Dmitri Rogozin, se enojó y pidió una explicación occidental, incluyendo una del secretario general de la OTAN, el danés Anders Fogh Rasmussen, el "aires de fiurercito", como le dice Fidel Castro, líder cubano. En estos momentos, Rogozin debe seguir esperando que alguien le explique. No entiende: le dicen "mi socio" (mi partner) y le ponen un misil en la puerta de su casa. Eso no es amor. O es amor apache. Lo que el inculto niño Rogozin no sabe es que, desde la época en que los vaqueros conquistaban el Oeste (de América), hacer negocios con un estadounidense es lo más parecido a arriesgarse a perder y ser estafado. Peor si se tiene piel roja o, como sucede con los rusos, si se la tuvo alguna vez.
En efecto, el hijo de agentes de la Central de Inteligencia Americana (CIA), el presidente estadounidense Barack Obama, que no es hijo de esclavos, acaba de encontrarse en Washington con el presidente polaco Bronislav Komorovski. El señor Obama había prometido y jurado que dejaba de lado los planes de Bush Jr. para poner escudos antimisiles en Polonia y la República Checa. Pues bien, Obama y Komorovski acaban de acordar colocar en Polonia el año 2018 interceptores de tierra SM-3, además de incrementar la cooperación entre fuerzas aéreas militares. Esos interceptores se sumarán sin duda a los Patriots que llegan a Morag, también en Polonia. En suma, Obama no tiene palabra y se dedica como sus antecesores al deporte vaquero preferido, que viene siendo la estafa del prójimo. Rogozin, para colmo, no parece haber protestado por todo ésto, con el agravante de que Estados Unidos quiere interceptar misiles balísticos de largo alcance e intercontinentales (Irán no los tiene ni en sueños, y lo que tiene de armas Teherán podría llegar a suelo polaco, pero únicamente en plan de peregrinación). ¿Rogozin? No entiende que siendo ruso le vean cara de ruso, no protesta por lo esencial y exige que lo traten como partner. Se enojó. Cosas típicas de gente totalitaria.
Así que el enviado ruso ante la OTAN, Dmitri Rogozin, se enojó y pidió una explicación occidental, incluyendo una del secretario general de la OTAN, el danés Anders Fogh Rasmussen, el "aires de fiurercito", como le dice Fidel Castro, líder cubano. En estos momentos, Rogozin debe seguir esperando que alguien le explique. No entiende: le dicen "mi socio" (mi partner) y le ponen un misil en la puerta de su casa. Eso no es amor. O es amor apache. Lo que el inculto niño Rogozin no sabe es que, desde la época en que los vaqueros conquistaban el Oeste (de América), hacer negocios con un estadounidense es lo más parecido a arriesgarse a perder y ser estafado. Peor si se tiene piel roja o, como sucede con los rusos, si se la tuvo alguna vez.
En efecto, el hijo de agentes de la Central de Inteligencia Americana (CIA), el presidente estadounidense Barack Obama, que no es hijo de esclavos, acaba de encontrarse en Washington con el presidente polaco Bronislav Komorovski. El señor Obama había prometido y jurado que dejaba de lado los planes de Bush Jr. para poner escudos antimisiles en Polonia y la República Checa. Pues bien, Obama y Komorovski acaban de acordar colocar en Polonia el año 2018 interceptores de tierra SM-3, además de incrementar la cooperación entre fuerzas aéreas militares. Esos interceptores se sumarán sin duda a los Patriots que llegan a Morag, también en Polonia. En suma, Obama no tiene palabra y se dedica como sus antecesores al deporte vaquero preferido, que viene siendo la estafa del prójimo. Rogozin, para colmo, no parece haber protestado por todo ésto, con el agravante de que Estados Unidos quiere interceptar misiles balísticos de largo alcance e intercontinentales (Irán no los tiene ni en sueños, y lo que tiene de armas Teherán podría llegar a suelo polaco, pero únicamente en plan de peregrinación). ¿Rogozin? No entiende que siendo ruso le vean cara de ruso, no protesta por lo esencial y exige que lo traten como partner. Se enojó. Cosas típicas de gente totalitaria.
sábado, 4 de diciembre de 2010
DOS TIPOS WIKILIQUIDOS
Dmitri Rogozin, el actual representante de Rusia ante la OTAN, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), tiene la fortuna de que su señora esposa, sin vulgaridad, ni pornografía ni obscenidad, es decir, sin nada de parecido a la loca loca de Shakira, ni menos aún a Cristina Aguilera y sus video-orgías apenas disimuladas, le haya dedicado recientemente un video en Youtube, con una canción que lleva por título "Quédate para siempre". Dadas las características de la residencia que aparece en el video, residencia que seguramente es la oficial, es de suponer que Tatiana Rogozina, al cantar "Quédate por siempre", está pensando "quédate conmigo", no "quédate por siempre en esta residencia".
Rogozin, como nació en 1963 (dos años después de Obama y dos antes de Medvedev), tiene todos los cables cruzados, como se dice a veces coloquialmente. Rogozin quiere ver a una Rusia que sea una "Gran Potencia" y escribió sobre ello en un libro bastante difundido e intitulado "Enemigo del pueblo". En ese libro, el actual representante de Rusia ante la OTAN deplora el decaimiento ruso luego de la muerte de Stalin, por ejemplo, considerando desde luego a Stalin a un estadista que convirtió a "Rusia" (era la Unión Soviética) en una gran potencia. Rogozin podría cantarle a su país lo mismo que Rogozina le canta a Rogozin: "sé lo que quieres, sé lo que piensas, sé como te sientes". Ah, si Rusia se quedara para siempre...
Medvedev, igual de perdido, fue a proponer a la reciente reunión magna de la OTAN en Lisboa (también puede escribirse: "fue a proponer a la reciente reunión de la mega OTAN en la hyper Lisboa") que el escudito ése (el antimisiles) lo compartan por zonas los occidentales y Rusia: si viene un misil hacia Europa via Rusia, pues Rusia lo derriba. Y si viene un misil a Rusia via Europa, pues que la OTAN o los estadounidenses lo derriben. La verdad, Medvedev en el cuarto de los juguetes es un niño ejemplar.
Ahora resulta que Rogozin está indignado porque a la propuesta de Medvedev nadie le hizo el menor caso, ni nadie se tomó en serio eso de "socios iguales". Rogozin considera que el desprecio occidental es sorprendente e incluso ilógico. Bueno, es que aquí está el problema: en buena lógica, nadie trata como igual a quien acaba de derrotar. En los eventos deportivos, por ejemplo, cuando uno no llega ni al tercer lugar, pues no se sube al podium. En la economía de mercado, cuando uno sufre pérdidas no pide a su competidor, el que le ganó la clientela, que le pague los costos. Es decir que los occidentales pecan de locos, no de tontos: los ganadores no tratan en pie de igualdad a los perdedores, los tan famosos "loosers". Rogozin considera que en Estados Unidos no les hacen caso a las propuestas rusas porque hay todavía "un partido de la Guerra Fría". ¿Rogozin añora a un Stalin y quiere que Estados Unidos liquide su "partido de la Guerra Fría"?
Medvedev no se queda atrás. Dijo en estos días que si no le hacen caso a la propuesta rusa de escudo antimisiles, volverá la carrera armamentista. Parece que no entiende qué está haciendo la OTAN en un gigantesco arco de bases militares que abarca casi toda Europa Oriental, Turquía, parte del Caúcaso, Afganistán y otros lugares de Asia Central. ¿No es carrera armamentista, ni lo es el gasto astronómico de Washington en proyectos militares a cual más chiflado?
Se dice ya que, de las cerca de 200 bombas atómicas estadounidenses que hay en Europa, serán "removidas" de Alemania, Bélgica y Holanda, pero llevadas...pues más al Este, a la base militar italiana de Aviano (por cierto: ¿Putin no tiene mejores amigos que Berlusconi, afecto a las orgías en Cerdeña y otros Wikilugares?). Que haya bombas nucleares en Italia es pasarse el Tratado de no Proliferación Nuclear por alto, o dejarlo tan chueco como la Torre de Pisa. ¿Rogozin o Medvedev tienen algo que decir al respecto? Europa, además, con un Plan Integrado de Sistema Energético, está buscando depender menos de los hidrocarburos rusos.
Pese a sus delirios de "Gran Potencia" (no fue éso lo que interesó al mundo de la Unión Soviética), Rusia es la perdedora y se espera que se comporte como tal: si es posible, renunciando por completo a sí misma, a su propia historia (cargándole los muertos de Hitler a Stalin, como hace Wikipedia) y a cualquier iniciativa que arroje ganancias y signifique pérdidas para otros, porque se está en el mercado y lo peor es que, habiendo renunciado a todo, Rogozin y señora y Medvedev y señora creen que, como en tiempos del socialismo, las cosas les tienen que salir gratis. Por ejemplo, que le dejen, gratis, a Rusia ser una "Gran Potencia". En mala hora crió el socialismo soviético tanto niño mimado. Y encima, tanto ingrato con quien los mimó a más no poder. Dos tipos de cuidado...
Rogozin, como nació en 1963 (dos años después de Obama y dos antes de Medvedev), tiene todos los cables cruzados, como se dice a veces coloquialmente. Rogozin quiere ver a una Rusia que sea una "Gran Potencia" y escribió sobre ello en un libro bastante difundido e intitulado "Enemigo del pueblo". En ese libro, el actual representante de Rusia ante la OTAN deplora el decaimiento ruso luego de la muerte de Stalin, por ejemplo, considerando desde luego a Stalin a un estadista que convirtió a "Rusia" (era la Unión Soviética) en una gran potencia. Rogozin podría cantarle a su país lo mismo que Rogozina le canta a Rogozin: "sé lo que quieres, sé lo que piensas, sé como te sientes". Ah, si Rusia se quedara para siempre...
Medvedev, igual de perdido, fue a proponer a la reciente reunión magna de la OTAN en Lisboa (también puede escribirse: "fue a proponer a la reciente reunión de la mega OTAN en la hyper Lisboa") que el escudito ése (el antimisiles) lo compartan por zonas los occidentales y Rusia: si viene un misil hacia Europa via Rusia, pues Rusia lo derriba. Y si viene un misil a Rusia via Europa, pues que la OTAN o los estadounidenses lo derriben. La verdad, Medvedev en el cuarto de los juguetes es un niño ejemplar.
Ahora resulta que Rogozin está indignado porque a la propuesta de Medvedev nadie le hizo el menor caso, ni nadie se tomó en serio eso de "socios iguales". Rogozin considera que el desprecio occidental es sorprendente e incluso ilógico. Bueno, es que aquí está el problema: en buena lógica, nadie trata como igual a quien acaba de derrotar. En los eventos deportivos, por ejemplo, cuando uno no llega ni al tercer lugar, pues no se sube al podium. En la economía de mercado, cuando uno sufre pérdidas no pide a su competidor, el que le ganó la clientela, que le pague los costos. Es decir que los occidentales pecan de locos, no de tontos: los ganadores no tratan en pie de igualdad a los perdedores, los tan famosos "loosers". Rogozin considera que en Estados Unidos no les hacen caso a las propuestas rusas porque hay todavía "un partido de la Guerra Fría". ¿Rogozin añora a un Stalin y quiere que Estados Unidos liquide su "partido de la Guerra Fría"?
Medvedev no se queda atrás. Dijo en estos días que si no le hacen caso a la propuesta rusa de escudo antimisiles, volverá la carrera armamentista. Parece que no entiende qué está haciendo la OTAN en un gigantesco arco de bases militares que abarca casi toda Europa Oriental, Turquía, parte del Caúcaso, Afganistán y otros lugares de Asia Central. ¿No es carrera armamentista, ni lo es el gasto astronómico de Washington en proyectos militares a cual más chiflado?
Se dice ya que, de las cerca de 200 bombas atómicas estadounidenses que hay en Europa, serán "removidas" de Alemania, Bélgica y Holanda, pero llevadas...pues más al Este, a la base militar italiana de Aviano (por cierto: ¿Putin no tiene mejores amigos que Berlusconi, afecto a las orgías en Cerdeña y otros Wikilugares?). Que haya bombas nucleares en Italia es pasarse el Tratado de no Proliferación Nuclear por alto, o dejarlo tan chueco como la Torre de Pisa. ¿Rogozin o Medvedev tienen algo que decir al respecto? Europa, además, con un Plan Integrado de Sistema Energético, está buscando depender menos de los hidrocarburos rusos.
Pese a sus delirios de "Gran Potencia" (no fue éso lo que interesó al mundo de la Unión Soviética), Rusia es la perdedora y se espera que se comporte como tal: si es posible, renunciando por completo a sí misma, a su propia historia (cargándole los muertos de Hitler a Stalin, como hace Wikipedia) y a cualquier iniciativa que arroje ganancias y signifique pérdidas para otros, porque se está en el mercado y lo peor es que, habiendo renunciado a todo, Rogozin y señora y Medvedev y señora creen que, como en tiempos del socialismo, las cosas les tienen que salir gratis. Por ejemplo, que le dejen, gratis, a Rusia ser una "Gran Potencia". En mala hora crió el socialismo soviético tanto niño mimado. Y encima, tanto ingrato con quien los mimó a más no poder. Dos tipos de cuidado...
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