Rusia ya se encuentra casi totalmente cercada por fuerzas militares occidentales, que tienen una presencia activa en el Artico, el Báltico, Europa del Este (desde Polonia hasta Rumania y Bulgaria) y los Balcanes, Turquía, el Caúcaso (salvo Armenia) y parte de Asia Central. Los rusos no están muy lejos de perder toda influencia en el mundo árabe, salvo (por ahora) en Siria.
Rusia está perdiendo posiciones en Asia Central. El conflicto en Afganistán le ha costado a Rusia: desde el año 2001, un poco más de un millón de jóvenes rusos -de entre 15 y 34 años- ha muerto por drogadicción, según la Oficina Federal de Lucha contra las Drogas rusa (FSKN). La población rusa es de 143 millones de habitantes. Uno de cada tres crímenes en Rusia está ligado al uso de estupefacientes y la heroína proviene de Afganistán, desde donde entra por las repúblicas ex soviéticas de Asia Central. Este millón de muertes se ha producido durante la presencia de fuerzas militares occidentales en suelo afgano. En cerca de 10 años, la drogadicción en Rusia ha costado más de la mitad de fallecimientos del terror estalinista. Pero la "aritmética de los números" nada más existe para sacar ganancia, no cuando los que pierden son los "no-ciudadanos" fuera de Occidente, los "bárbaros".
Pese a la muerte de Bin Laden, Occidente se queda en Afganistán y llevará a cabo parte de su repliegue hasta el año 2014. La cada vez más descocada secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, acaba de declarar a Afganistán "aliado preferencial" de Estados Unidos. Según Clinton, "este estatus permitirá a Afganistán aumentar el potencial de su ejército y ampliar la cooperación con Estados Unidos, en particular, con la fuerza armada estadounidense". El embajador de Rusia ante Naciones Unidas, Vitali Churkin, pidió hace poco que la Organización del Tratado del Atlántico Norte, la OTAN, explique la razón por la cual piensa seguir con cierta presencia en suelo afgano después del año 2014.
Uzbekistán acaba de salir de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, OTSC, lo que beneficiará a Washington. En el pasado, Uzbekistán ya coqueteó con Estados Unidos y Occidente en su conjunto en el grupo GUUAM (Georgia, Ucrania, Uzbekistán, Azerbaidján y Moldavia). Azerbaidján, en el Caúcaso, se ha aliado ni más ni menos que con Israel y no ha dado facilidades a los rusos. Dicho sea de paso, Moldavia (Europa del Este) acaba de prohibir toda referencia al comunismo.
Tadzhikistán, en Asia Central, le está poniendo trabas a Rusia para renovar la presencia militar en Dushanbe, Kurgan-Tube y Kulyab. El país centroasiático coquetea abiertamente con Estados Unidos, explorando la posibilidad de darle a Washington una base en el aeropuerto de Aini, y con China, además de un país como Qatar, que han jugado un papel importante en la desestabilización del mundo musulmán. En Tadzhikistán está la mayor fuerza militar rusa fuera de Rusia, pero esta fuerza podría verse menguada. Dos golpes, en suma, cerca de Afganistán: en Uzbekistán y en Tadzhikistán. De paso, Kazajstán, Uzkekistán y Kirguistán -donde la OTSC nunca pudo cumplir su papel- prestaran su territorio si es necesario como puente entre Occidente y Afganistán. No por nada Afganistán sigue siendo pieza clave y no habrá un retiro completo de Occidente. Como pretexto, Bin Laden no lo hizo nada mal.
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viernes, 13 de julio de 2012
lunes, 9 de julio de 2012
CHECHENIA: SE LES CHISPOTEO
No pasó mucho tiempo entre el desplome de la Unión Soviética, poco después de la invasión a Panamá, y el inicio de hostilidades en el mundo musulmán, incluido el de la Federación Rusa.
Cuando se armaron las hostilidades en Chechenia, a mediados de los años '90 del siglo pasado, abundaron explicaciones sobre el problema de las nacionalidades en la ex Unión Soviética. Es un problema que ha existido, por cierto que desde antes de Stalin, si se considera lo conflictivo que fue el Caúcaso en tiempos del imperio zarista. En todo caso, hubo funcionarios soviéticos que advirtieron de la presencia de grupos armados en las fronteras de la todavía Unión Soviética, antes de que desapareciera. Entre quienes lo advirtieron estuvo Vladimir Kriuchkov, de la inteligencia soviética, KGB.
En plena guerra de Chechenia, la izquierda latinoamericana y quienes explicaban las cosas desde España tomaron el camino más fácil: el conflicto se debía al "autoritarismo" y casi "terrorismo de Estado" ruso, y a una actitud "imperial" (guión favorito de la derecha francesa, por ejemplo), parecía que contra un deseo muy legítimo de autonomía o hasta independencia. ¿Qué tal un nuevo Tercer Mundo dentro de ese frío y burocrático imperio?
Gracias a un documental reciente, "Plan Cáucaso", hoy es posible tener otra información. La primera guerra de Chechenia involucró directamente a un agente turco, Merrij Berkan Yashar, con nacionalidad chechena, pero perteneciente al hoy gobernante partido turco Akparti (Partido Justicia y Desarrollo), y ligado al Departamento de Estado estadounidense. Mediante empresas fantasma se financió la guerra e incluso la toma de Grozni, capital chechena, a mediados de los '90. En estas finanzas turbias estaban metidos oligarcas rusos, como Boris Berezovski, y los terroristas chechenos -atacaron en repetidas ocasiones a población civil rusa desarmada- fueron "promovidos" y alentados por el asesor del Pentágono estadounidense, Richard Perle, y un cercano a la Central de Inteligencia Americana, CIA, Charles Waterman. Es decir que, mientras la izquierda se ponía a discutir sobre "el socialismo que queremos" y a despotricar contra Rusia, Moscú era objeto de una agresión imperial, pero desde el imperio estadounidense y sus mercenarios de turno, Turquía,
los oligarcas rusos y los terroristas chechenos. No parece que incomode a nadie, hasta hoy, que quien dice combatir el terrorismo lo fomente, como ocurrió en Kosovo desde bastante antes del desplome de Yugoslavia. Pos total, ya qué.
viernes, 6 de julio de 2012
CUBA: ¿HASTA LAS CUANTAS...?
Hay varios tipos de cubano que llegan al exterior. Un tipo es el de quien llega a cantar loas a la Revolución, porque es color de rosa o sabe a menta, y hasta para algunos, a fresa y chocolate. Al que canta loas muchas veces no le incomoda conspirar en lo oscurito para preparar otras revoluciones más. Otro tipo, el segundo, es el del cubano embaucador, que llega a Occidente a saquear, a consumir todo lo que no tuvo; es quien, con tal de tener "bienestar para su familia", no tiene problemas en robarle al incauto que se crea el cuento del trópico fogoso. El tercer tipo es el de quien busca de otro modo su parte del león: complaciendo al león y diciendo lo que no decía en Cuba, inventando monstruosidades de Fidel, represión, hambre y disidencia presta a lo que sea. Con este tipo de exportaciones (muy distintas de los internacionalistas de verdad), Cuba no se ha ganado muy buena fama que digamos.
Luego están los intelectuales y artistas que interpretaron al revés el mandamiento de Fidel: "dentro de la Revolución, todo, contra la Revolución nada". !Al contrario! Dentro de la Revolución, nada: no dicen nada que les quite el privilegio, los viajes, las invitaciones, la importancia y, en cuanto a muchos de fuera, son incondicionales, no leales. Al poco tiempo, fuera de la Revolución, todo: desencantados porque la Revolución no se hizo a la medida del deseo de tal o cual, firman desplegados airados sin siquiera incomodarse al mentir, como ocurrió con españoles, mexicanos y otros "indignados" en el "Yo acuso al gobierno cubano", por los asuntos Zapata y Fariñas. Estos amigos, cuando se trata de ser leales, ya no están: la Revolución los encumbró lo suficiente para que se vayan dando un portazo. Dentro de la Revolución, nada.
El actual presidente de la República de Cuba, Raul Castro, se ha propuesto luchar contra la corrupción (ningún intelectual, o casi, se ha movido para apoyarlo). Textualmente, se trata hoy de desterrar las actitudes simuladoras y oportunistas: hay, ha dicho Raul Castro, que "acostumbrarnos todos a decirnos las verdades de frente, mirándonos a los ojos, a discrepar y discutir, a discrepar incluso de lo que digan los jefes". Por cierto, agrega el menor de los Castro, hay que hacerlo "en las reuniones, no en los pasillos". Es decir, no estaría mal desterrar la costumbre de simular lo que Raul Castro llama "falsa unanimidad" y el formalismo y, a la par, otra costumbre, la de conspirar, criticar por la espalda y seguir con algo que destruyó a más de una organización comunista: al decir del presidente cubano, un "secretismo inútil". Son los mecanismos de la corrupción que podrían hacerle un daño terrible a Cuba. Raul Castro lo ha dicho también textualmente: no estaría mal que lo que se resuelve no caiga en saco roto.
La pregunta es: ¿cuántos, en Occidente, incluyendo al mundo intelectual, están dispuestos a criticar a sus jefes en vez de adularlos, a dejar de simular unanimidad mientras se llenan de privilegios particulares, y a exponer las quejas en reuniones, no en pasillos y con el "te cuento que fulano o fulanita..."?
Los amigos elogian por la espalda y critican de frente.
Luego están los intelectuales y artistas que interpretaron al revés el mandamiento de Fidel: "dentro de la Revolución, todo, contra la Revolución nada". !Al contrario! Dentro de la Revolución, nada: no dicen nada que les quite el privilegio, los viajes, las invitaciones, la importancia y, en cuanto a muchos de fuera, son incondicionales, no leales. Al poco tiempo, fuera de la Revolución, todo: desencantados porque la Revolución no se hizo a la medida del deseo de tal o cual, firman desplegados airados sin siquiera incomodarse al mentir, como ocurrió con españoles, mexicanos y otros "indignados" en el "Yo acuso al gobierno cubano", por los asuntos Zapata y Fariñas. Estos amigos, cuando se trata de ser leales, ya no están: la Revolución los encumbró lo suficiente para que se vayan dando un portazo. Dentro de la Revolución, nada.
El actual presidente de la República de Cuba, Raul Castro, se ha propuesto luchar contra la corrupción (ningún intelectual, o casi, se ha movido para apoyarlo). Textualmente, se trata hoy de desterrar las actitudes simuladoras y oportunistas: hay, ha dicho Raul Castro, que "acostumbrarnos todos a decirnos las verdades de frente, mirándonos a los ojos, a discrepar y discutir, a discrepar incluso de lo que digan los jefes". Por cierto, agrega el menor de los Castro, hay que hacerlo "en las reuniones, no en los pasillos". Es decir, no estaría mal desterrar la costumbre de simular lo que Raul Castro llama "falsa unanimidad" y el formalismo y, a la par, otra costumbre, la de conspirar, criticar por la espalda y seguir con algo que destruyó a más de una organización comunista: al decir del presidente cubano, un "secretismo inútil". Son los mecanismos de la corrupción que podrían hacerle un daño terrible a Cuba. Raul Castro lo ha dicho también textualmente: no estaría mal que lo que se resuelve no caiga en saco roto.
La pregunta es: ¿cuántos, en Occidente, incluyendo al mundo intelectual, están dispuestos a criticar a sus jefes en vez de adularlos, a dejar de simular unanimidad mientras se llenan de privilegios particulares, y a exponer las quejas en reuniones, no en pasillos y con el "te cuento que fulano o fulanita..."?
Los amigos elogian por la espalda y critican de frente.
ECONOMIA MUNDIAL: PRONOSTICOS SOMBRIOS
Los pronósticos sobre la economía mundial son más bien sombríos. Desde principios de abril pasado, el Fondo Monetario Internacional, FMI, aventuró en un informe que la "recesión" podría durar cinco años más, luego de lo ocurrido con las burbujas inmobiliarias y con altos niveles de endeudamiento interno. Algunos pronósticos rusos hablan de que la recesión se prolongará entre tres y cinco años. Según Alexei Kudrin, ex ministro ruso de Finanzas, las perspectivas de recuperación podrían estar sobrevaloradas. A principios de julio, el FMI lo dió a entender a su modo: Estados Unidos podría caer en recesión en 2013, por los desacuerdos políticos sobre los impuestos y los gastos. Si se confirmara este pronóstico, Europa, Japón y China se verían afectados, según el FMI. Lo más grave tal vez sea que la crisis no ha modificado gran cosa el modo de pensar de quienes administran el caos.
En la reciente reunión del Grupo de los 20 en Los Cabos, México, el presidente ruso, Vladimir Putin, llegó a proponer la regulación de un sistema financiero hasta hoy desbocado. En particular, Putin sugirió regular la circulación de los derivados de papeles de valor y aplicar los Protocolos de Basilea para la calidad del capital bancario. Esta iniciativa, como otras de Putin en el pasado, fue desoída. No hay modo de conseguir la menor reforma del sistema monetario y financiero internacional.
Se ha perdido de vista que la crisis comenzó hace mucho, entre finales de los años '60 y principios de los '70 del siglo pasado: desde luego, nadie con privilegios económicos exorbitantes dirá que el mundo capitalista lleva más de cuatro décadas en crisis y que podría llegar al medio siglo, de confirmarse pronósticos como los del FMI. Es el sacrificio de generaciones enteras (basta con ver las desmesuradas tasas de desempleo entre la población joven de España o Grecia, por ejemplo).
En vez de favorecer una salida, la crisis da lugar en el capitalismo al inmovilismo de los privilegiados y a proyecciones a futuro basadas en "mediciones", no en lo que significan los números y las especulaciones para muchos seres humanos. No hay "tanto peor, tanto mejor", ni la desigualdad supone "levantamientos" para lograr cambios radicales. A partir del nuevo cuento del "ganar-ganar" (la idea empresarial de que pueden existir juegos donde "todos ganan"), la actitud que se ha generalizado en las últimas décadas es la de medrar y sacar ventaja, la que sea. Todo es cuestión de apuestas: un día a Japón, otro día a la Unión Europea, luego a China, mañana a las potencias emergentes, como hace algún tiempo a los "cuatro dragones". Si hay desigualdad, se le saca partido.
Con todo, hay actitudes más prudentes que otras, y mentalidades distintas. Pese a que no se ha enemistado con los oligarcas que le son cercanos, Putin le ha apostado en cierta medida a un saneamiento de la economía rusa que le permita prever el impacto de choques externos y por cierto, depender menos de las materias primas en el futuro. En junio pasado, el actual presidente ruso afirmó que Rusia no apuesta por un "apocalipsis de la economía mundial". Confía más bien en que la situación cambie a mejor. Es una posición que en su momento defendían los soviéticos, puesto que en Occidente no salió nada positivo de la Gran Depresión de 1929, que degeneró hacia una agresión contra Moscú. Así que no es Rusia que le apuesta al apocalipsis económico. Otros son los que, al cabo de cuatro décadas de no querer renunciar a una posición dominante, prefieren el caos si son los competidores los que se hunden, y si además hay cómo medrar en el desorden. Es por cierto el viejo error de las democracias occidentales, que pensaron medrar sin consecuencias a raíz de la crisis de 1929, liquidando además cualquier testigo de esta actitud medrosa.
En la reciente reunión del Grupo de los 20 en Los Cabos, México, el presidente ruso, Vladimir Putin, llegó a proponer la regulación de un sistema financiero hasta hoy desbocado. En particular, Putin sugirió regular la circulación de los derivados de papeles de valor y aplicar los Protocolos de Basilea para la calidad del capital bancario. Esta iniciativa, como otras de Putin en el pasado, fue desoída. No hay modo de conseguir la menor reforma del sistema monetario y financiero internacional.
Se ha perdido de vista que la crisis comenzó hace mucho, entre finales de los años '60 y principios de los '70 del siglo pasado: desde luego, nadie con privilegios económicos exorbitantes dirá que el mundo capitalista lleva más de cuatro décadas en crisis y que podría llegar al medio siglo, de confirmarse pronósticos como los del FMI. Es el sacrificio de generaciones enteras (basta con ver las desmesuradas tasas de desempleo entre la población joven de España o Grecia, por ejemplo).
En vez de favorecer una salida, la crisis da lugar en el capitalismo al inmovilismo de los privilegiados y a proyecciones a futuro basadas en "mediciones", no en lo que significan los números y las especulaciones para muchos seres humanos. No hay "tanto peor, tanto mejor", ni la desigualdad supone "levantamientos" para lograr cambios radicales. A partir del nuevo cuento del "ganar-ganar" (la idea empresarial de que pueden existir juegos donde "todos ganan"), la actitud que se ha generalizado en las últimas décadas es la de medrar y sacar ventaja, la que sea. Todo es cuestión de apuestas: un día a Japón, otro día a la Unión Europea, luego a China, mañana a las potencias emergentes, como hace algún tiempo a los "cuatro dragones". Si hay desigualdad, se le saca partido.
Con todo, hay actitudes más prudentes que otras, y mentalidades distintas. Pese a que no se ha enemistado con los oligarcas que le son cercanos, Putin le ha apostado en cierta medida a un saneamiento de la economía rusa que le permita prever el impacto de choques externos y por cierto, depender menos de las materias primas en el futuro. En junio pasado, el actual presidente ruso afirmó que Rusia no apuesta por un "apocalipsis de la economía mundial". Confía más bien en que la situación cambie a mejor. Es una posición que en su momento defendían los soviéticos, puesto que en Occidente no salió nada positivo de la Gran Depresión de 1929, que degeneró hacia una agresión contra Moscú. Así que no es Rusia que le apuesta al apocalipsis económico. Otros son los que, al cabo de cuatro décadas de no querer renunciar a una posición dominante, prefieren el caos si son los competidores los que se hunden, y si además hay cómo medrar en el desorden. Es por cierto el viejo error de las democracias occidentales, que pensaron medrar sin consecuencias a raíz de la crisis de 1929, liquidando además cualquier testigo de esta actitud medrosa.
martes, 3 de julio de 2012
EL PRI, O DE COMO VER DOBLE
Así como en Rusia (donde la Revolución fue en 1917) hay división entre sovietismo y comunismo, en México (donde la Revolución comenzó antes, en 1910) hay "dos PRI" (Partido Revolucionario institucional), un PRI-sistema y un PRI-idea. No es un secreto que el candidato del Movimiento Progresista en las recientes elecciones mexicanas, Andrés Manuel López Obrador, viene del PRI, como su importante mentor, Enrique Gonzalez Pedrero. El virtual ganador de las elecciones en el estado de Tabasco, Arturo Nuñez, viene del PRI, como el poblano Manuel Bartlett (ex gobernador del estado de Puebla), y el ganador en el estado de Morelos, Graco Ramírez, viene del Partido Socialista de los Trabajadores, en buena medida "satélite" del PRI a raíz de la apertura política con López Portillo, en 1977. Han existido otras separaciones (por ejemplo, de la colimense Socorro Diaz).
El PRI-sistema heredó de la segunda posguerra (a partir del "cachorro de la Revolución") la costumbre de la manipulación, el golpe -con frecuencia bajo- a cualquier resistencia, bastante desfachatez y lo que Octavio Paz vió bien en una entrevista reproducida en "Pasión Crítica": en México (así era hasta el hoy ex presidente Vicente Fox), no hay empresario que pase a la política, pero se pasa por la política para hacerse de negocios (llenarse los bolsillos, vaya). Seguramente sea la costumbre del grupo del estado de México que nació en la segunda posguerra a la sombra de Isidro Fabela. El PRI-sistema dió el golpe -preparado desde 1982, o incluso algo antes- que consumó en 1988-1994. Sus tentáculos llegan incluso a parte del derechista Acción Nacional (el muy derechista Manuel Espino se fue al PRI-sistema) y a parte de "las izquierdas", obnubiladas por los cuentos del "centro político" (el regente de la ciudad de México, mejor alcalde del mundo y ambicioso a más no poder), o por una aparente radicalidad (el petismo ligado en el origen al PRI-sistema y su familia). En la división que se originó en 1988, el PRI-sistema ha terminado convertido en PRI-dinero. Parte del PRI-idea (pese a los clientelismos petistas o amarillos) sigue reivindicando la existencia de la nación mexicana y de las instituciones (la fortaleza inicial de la Revolución Mexicana), en serio, no al servicio del "bienestar para la familia". Hay que saber leer la votación, incluida la de Morelos, Tabasco y Puebla, o la presidencial: México, cayéndose como Estado-nación, deambula entre dos PRI. Ni a la izquierda ni a la derecha, sino todo lo contrario. Parece difícil que el PRI-sistema se sacuda la infuencia del dinero y de una tecnocracia que ni siquiera entiende para qué persiste en "reformas estructurales". En el PRI-idea tampoco hay deslinde completo frente a los privilegios creados entre 1988-1994.
Los jóvenes y los intelectuales (incluidos algunos del PRI-sistema y los arrimados al "centro de la izquierda") se han tragado por su parte un guión estadounidense: supuestamente, estamos viendo una película del buen demócrata contra el villano autoritario, que es también de "la ciudadanía" contra "el system" (dizque de partido único, lo que nunca fue el caso, ni después de 1977, ni antes). Desde principios de los años '80, el Comité reaganiano de Santa Fe, mediante dos documentos (I y II, disponibles en la Web), dijo a quien lo quisiera oir que Estados Unidos quería ver al PRI fuera del poder en México: al PRI-idea, se entiende. Nada de nacionalismo.
Quienes juegan al vídeo-juego de demócratas contra autoritarios (llevando incluso a Peña Nieto a decir lo que sea, del estilo "no volverá el pasado" o "somos una nueva generación") tienen algo en común: hijos del golpe de 1988-1994, que consistió en hacerle creer a México que es de "primer mundo" (con el Tratado de Libre Comercio), jamás, insistamos, jamás hablan de nación (ni en la "república del amor" hippie y de derecho a a felicidad que le sembraron al PRI-idea), aunque sí mucho de poder, y a como dé lugar (si es necesario, pasando por alto la institucionalidad, a la vez provocando y colocándose en "el centro", el sistema-dinero). Son los hijos del golpe de 1988-1994: se manifiestan en la calle -con el apoyo de intelectuales demagogos hasta lo penoso, porque los niños enseñan a los viejos, ahora- porque quieren, en vez de un país real, una alternancia de Primer Mundo (con un izquierdista amarrado por la clase media, la intelectualidad y la "cultura"). Es el sistema-dinero contra el que ha peleado López Obrador, alertando sobre lo que está pasando no en el poder, sino en las "instituciones" y en la sociedad toda. Ocurre la descomposicion para regocijo de conspiraciones que sí hay y que, como el diablo, tienen la ventaja de hacer creer que no existen. Los documentos de Santa Fe I y II llamaban a coptar a los intelectuales: ya está, porque el marketing funciona, y funciona muy bien.
Por cierto: dice el fiscal -el que arrasa, sí, porque también hay honestidad en México- que las cosas se ganan con trabajo, no descalificando a los demás. Ojalá se consolidara una izquierda para ciudadanos (en vez de ciudadanos de a mentis al servicio de megalómanos de izquierda o del PRI-sistema): la vocación de servicio, en suma. Es de Primer Mundo.
El PRI-sistema heredó de la segunda posguerra (a partir del "cachorro de la Revolución") la costumbre de la manipulación, el golpe -con frecuencia bajo- a cualquier resistencia, bastante desfachatez y lo que Octavio Paz vió bien en una entrevista reproducida en "Pasión Crítica": en México (así era hasta el hoy ex presidente Vicente Fox), no hay empresario que pase a la política, pero se pasa por la política para hacerse de negocios (llenarse los bolsillos, vaya). Seguramente sea la costumbre del grupo del estado de México que nació en la segunda posguerra a la sombra de Isidro Fabela. El PRI-sistema dió el golpe -preparado desde 1982, o incluso algo antes- que consumó en 1988-1994. Sus tentáculos llegan incluso a parte del derechista Acción Nacional (el muy derechista Manuel Espino se fue al PRI-sistema) y a parte de "las izquierdas", obnubiladas por los cuentos del "centro político" (el regente de la ciudad de México, mejor alcalde del mundo y ambicioso a más no poder), o por una aparente radicalidad (el petismo ligado en el origen al PRI-sistema y su familia). En la división que se originó en 1988, el PRI-sistema ha terminado convertido en PRI-dinero. Parte del PRI-idea (pese a los clientelismos petistas o amarillos) sigue reivindicando la existencia de la nación mexicana y de las instituciones (la fortaleza inicial de la Revolución Mexicana), en serio, no al servicio del "bienestar para la familia". Hay que saber leer la votación, incluida la de Morelos, Tabasco y Puebla, o la presidencial: México, cayéndose como Estado-nación, deambula entre dos PRI. Ni a la izquierda ni a la derecha, sino todo lo contrario. Parece difícil que el PRI-sistema se sacuda la infuencia del dinero y de una tecnocracia que ni siquiera entiende para qué persiste en "reformas estructurales". En el PRI-idea tampoco hay deslinde completo frente a los privilegios creados entre 1988-1994.
Los jóvenes y los intelectuales (incluidos algunos del PRI-sistema y los arrimados al "centro de la izquierda") se han tragado por su parte un guión estadounidense: supuestamente, estamos viendo una película del buen demócrata contra el villano autoritario, que es también de "la ciudadanía" contra "el system" (dizque de partido único, lo que nunca fue el caso, ni después de 1977, ni antes). Desde principios de los años '80, el Comité reaganiano de Santa Fe, mediante dos documentos (I y II, disponibles en la Web), dijo a quien lo quisiera oir que Estados Unidos quería ver al PRI fuera del poder en México: al PRI-idea, se entiende. Nada de nacionalismo.
Quienes juegan al vídeo-juego de demócratas contra autoritarios (llevando incluso a Peña Nieto a decir lo que sea, del estilo "no volverá el pasado" o "somos una nueva generación") tienen algo en común: hijos del golpe de 1988-1994, que consistió en hacerle creer a México que es de "primer mundo" (con el Tratado de Libre Comercio), jamás, insistamos, jamás hablan de nación (ni en la "república del amor" hippie y de derecho a a felicidad que le sembraron al PRI-idea), aunque sí mucho de poder, y a como dé lugar (si es necesario, pasando por alto la institucionalidad, a la vez provocando y colocándose en "el centro", el sistema-dinero). Son los hijos del golpe de 1988-1994: se manifiestan en la calle -con el apoyo de intelectuales demagogos hasta lo penoso, porque los niños enseñan a los viejos, ahora- porque quieren, en vez de un país real, una alternancia de Primer Mundo (con un izquierdista amarrado por la clase media, la intelectualidad y la "cultura"). Es el sistema-dinero contra el que ha peleado López Obrador, alertando sobre lo que está pasando no en el poder, sino en las "instituciones" y en la sociedad toda. Ocurre la descomposicion para regocijo de conspiraciones que sí hay y que, como el diablo, tienen la ventaja de hacer creer que no existen. Los documentos de Santa Fe I y II llamaban a coptar a los intelectuales: ya está, porque el marketing funciona, y funciona muy bien.
Por cierto: dice el fiscal -el que arrasa, sí, porque también hay honestidad en México- que las cosas se ganan con trabajo, no descalificando a los demás. Ojalá se consolidara una izquierda para ciudadanos (en vez de ciudadanos de a mentis al servicio de megalómanos de izquierda o del PRI-sistema): la vocación de servicio, en suma. Es de Primer Mundo.
viernes, 29 de junio de 2012
SOBRE CHINA
China no ha hecho gran cosa por consolidar alguna alianza con Rusia, sea en el Grupo de Shanghai, sea en la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, OTSC, que acaba de sufrir un golpe con la partida de Uzbekistán. Así como Europa se cree muy "del Atlántico", China, en vez de apostarle a Eurasia, lo hace al "la era del Pacífico" y a la relación con Estados Unidos. Hay, sí, ciertos esfuerzos por diversificar las relaciones monetarias internacionales, de tal modo que las reservas chinas en dólares han disminuido y el yuan -moneda china- se utiliza en intercambios con muchos países. Una parte creciente del comercio entre China y Japón debiera hacerse en un futuro próximo en yuanes o con el yen (moneda japonesa).
China carga sobre sus hombros con el hecho de ser algo así como el gran esquirol del mundo, con un lema del tipo "proletarios del mundo, hundíos": casi en cualquier parte del mundo, no aceptar la flexibilización laboral implica vérselas con la amenaza empresarial del "me voy con la China"- la concubina que todos quieren. China carga también sobre sus hombros con el hecho de contribuir a mantener un consumo chatarra, también un poco por doquier, dándole a más de un subdesarrollado la "idea" de que podrá ser primermundista de contrabando (es decir, con productos chinos). Y China carga sobre sus hombros con la depredación ambiental, en muchos casos (no siempre): ocurre con la soya en el Cono Sur, por ejemplo. Esquirolear, favorecer el consumo de calidad dudosa y depredar no son virtudes.
A diferencia de Brasil, un país cuyo mercado nacional no está boyante, China podría verse obligada a ocuparse del suyo para salir de un tipo de crecimiento que puede que sea muy grande (si la economía se guía por criterios como los de la pastilla azul), pero que conlleva ya sobreproducción y persistentes problemas de caída en la tasa de ganancia. Por ahora, en vez de reorientar el "modelo", China busca producir todavía más, para aumentar la masa de ganancia. Pero cambios de estructura, no los hay.
Estados Unidos sabe que China no puede igualar a Washington en materia militar. En materia económica, habría que saber quién se traga a quién. Por lo pronto, la política estadounidense hacia China ha sido más bien amistosa: el secretario estadounidense del Tesoro, Timothy Geithner, vió con buenos ojos la revaluación del yuan/renminbi, y la Reserva estadounidense permitió que algunos bancos estatales chinos operen en Estados Unidos. La política estadounidense no es de cercar a China, sino de atraerla a la órbita marítima, en el Pacífico. No es muy compatible con un "cambio de modelo" que sea menos rudo con los chinos.
Basándose en que el Estado sigue teniendo un lugar importante en la economía, algunos comunistas no ven con malos ojos el camino chino. Esto ha permitido que Domenico Losurdo, por ejemplo, apoyándose en fuentes de Wikileaks, recuerde que no hubo "matanza de Tiananmen", aunque los medios de comunicación masiva repitan hasta hoy que hubo "centenares, tal vez miles de muertos" (así de vago). La propia embajada estadounidense en China dió a conocer en su momento informes que desmentían la "matanza" (cualquiera puede consultar Wikileaks-Tiananmen por Internet).
Tal vez Occidente se equivoque en algo (y los rusos, en cambio, no tienen una adoración especial por los chinos): cree que la hipocresía -o hasta ciertas formas de grosería- son confucianismo o taoismo.Por ejemplo, Zhou Wenzhong, embajador chino en Estados Unidos, declaró a Xinhua (agencia de prensa oficial china): "China junto con los esfuerzos estadounidenses, está impulsando la reforma del sistema financiero internacional, una supervisión financiera más estricta y la preservación de la estabilidad del mercado del mercado internacional, a fin de hacer volver a la economía mundial a la vía regular de desarrollo". O el tipo es un Lao Tse o un Sun Tzu, o el embajador le está viendo la cara al público, o no sabe ni lo que dice. Cualquiera de estas tres posibilidades está en el modo chino de llevar las cosas.
Conclusión: el crecimiento chino es como un pajarito. Si uno abre la jaula, vuela, pero uno no lo vuelve a ver. Si uno cierra la jaula, uno tiene al pajarito, pero no vuela y se puede morir. Si China es la potencia del futuro, los jóvenes occidentales podrán mandarse este tipo de mensajitos por twitter o SMS. Es conmovedor hasta las lágrimas.
China carga sobre sus hombros con el hecho de ser algo así como el gran esquirol del mundo, con un lema del tipo "proletarios del mundo, hundíos": casi en cualquier parte del mundo, no aceptar la flexibilización laboral implica vérselas con la amenaza empresarial del "me voy con la China"- la concubina que todos quieren. China carga también sobre sus hombros con el hecho de contribuir a mantener un consumo chatarra, también un poco por doquier, dándole a más de un subdesarrollado la "idea" de que podrá ser primermundista de contrabando (es decir, con productos chinos). Y China carga sobre sus hombros con la depredación ambiental, en muchos casos (no siempre): ocurre con la soya en el Cono Sur, por ejemplo. Esquirolear, favorecer el consumo de calidad dudosa y depredar no son virtudes.
A diferencia de Brasil, un país cuyo mercado nacional no está boyante, China podría verse obligada a ocuparse del suyo para salir de un tipo de crecimiento que puede que sea muy grande (si la economía se guía por criterios como los de la pastilla azul), pero que conlleva ya sobreproducción y persistentes problemas de caída en la tasa de ganancia. Por ahora, en vez de reorientar el "modelo", China busca producir todavía más, para aumentar la masa de ganancia. Pero cambios de estructura, no los hay.
Estados Unidos sabe que China no puede igualar a Washington en materia militar. En materia económica, habría que saber quién se traga a quién. Por lo pronto, la política estadounidense hacia China ha sido más bien amistosa: el secretario estadounidense del Tesoro, Timothy Geithner, vió con buenos ojos la revaluación del yuan/renminbi, y la Reserva estadounidense permitió que algunos bancos estatales chinos operen en Estados Unidos. La política estadounidense no es de cercar a China, sino de atraerla a la órbita marítima, en el Pacífico. No es muy compatible con un "cambio de modelo" que sea menos rudo con los chinos.
Basándose en que el Estado sigue teniendo un lugar importante en la economía, algunos comunistas no ven con malos ojos el camino chino. Esto ha permitido que Domenico Losurdo, por ejemplo, apoyándose en fuentes de Wikileaks, recuerde que no hubo "matanza de Tiananmen", aunque los medios de comunicación masiva repitan hasta hoy que hubo "centenares, tal vez miles de muertos" (así de vago). La propia embajada estadounidense en China dió a conocer en su momento informes que desmentían la "matanza" (cualquiera puede consultar Wikileaks-Tiananmen por Internet).
Tal vez Occidente se equivoque en algo (y los rusos, en cambio, no tienen una adoración especial por los chinos): cree que la hipocresía -o hasta ciertas formas de grosería- son confucianismo o taoismo.Por ejemplo, Zhou Wenzhong, embajador chino en Estados Unidos, declaró a Xinhua (agencia de prensa oficial china): "China junto con los esfuerzos estadounidenses, está impulsando la reforma del sistema financiero internacional, una supervisión financiera más estricta y la preservación de la estabilidad del mercado del mercado internacional, a fin de hacer volver a la economía mundial a la vía regular de desarrollo". O el tipo es un Lao Tse o un Sun Tzu, o el embajador le está viendo la cara al público, o no sabe ni lo que dice. Cualquiera de estas tres posibilidades está en el modo chino de llevar las cosas.
Conclusión: el crecimiento chino es como un pajarito. Si uno abre la jaula, vuela, pero uno no lo vuelve a ver. Si uno cierra la jaula, uno tiene al pajarito, pero no vuela y se puede morir. Si China es la potencia del futuro, los jóvenes occidentales podrán mandarse este tipo de mensajitos por twitter o SMS. Es conmovedor hasta las lágrimas.
EGO. TE ABSOLVO.
A finales de febrero del año en curso, unos 100 escritores -incluyendo a ecuatorianos, españoles y mexicanos- firmaron un manifiesto "por la libertad de expresión en Ecuador", y llamando a "hablar, escribir, criticar", en defensa de tan preciado derecho. Esos escritores ni siquiera parecieran saber que la palabra "crítica" supone discernimiento. Hay quien considera que la tarea primordial de la izquierda es la crítica -no la construcción ni la propuesta, ni el análisis-, y que la institucionalización "mata a la izquierda". Es el espíritu del 68. Así que algunos no paran de criticar lo que sea, con tal de administrar y dosificar la notoriedad ante la autoridad.
Los escritores del Manifiesto consideraron un "abuso de poder" que el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, haya decidido demandar por difamación a los autores de un libro, "el Gran Hermano", y de un artículo en el periódico "El Universo". En el libro se acusa a Correa de saber de los negocios ilícitos de su hermano.
El 30 de septiembre de 2010, el presidente ecuatoriano se vió involucrado durante algunas horas en una situación confusa con fuerzas policiales: Correa alegó que era una intentona golpista. El autor del artículo de "El Universo" afirmó que el presidente ecuatoriano es "el Dictador", lo que no es, porque nadie le ha dado esta investidura, ni se la ha tomado por cuenta propia. Donde el asunto de volvió más grave es en la parte del artículo que, sin pruebas (ni siquiera hipótesis), acusó a Correa de ordenar "fuego a discreción y sin previo aviso contra un hospital lleno de civiles y gente inocente". El articulista concluyó: "los crímenes de lesa Humanidad no prescriben". En suma: Correa fue llamado "criminal", ni más ni menos. Además, un "criminal" que la emprendió contra "gente inocente", aunque ese día fallecieron en los hechos dos policías, dos militares (ninguno puede alegar ser "inocente") y un estudiante. Nótese bien: no hay pruebas de que Correa haya ordenado fuego contra el hospital, contra civiles y contra gente inocente. Lo que el editorialista de "El Universo" sugiere es que el malvado Dictador, es de suponer que ebrio de poder, ordenó: "ábranme fuego contra toda la gente inocente que encuentren por aquí". O: "fuego a los civiles, pero ya". Un loco, en suma.
Los escritores llamaron a "disentir activamente de toda forma de acoso y limitación a la libertad de expresión", aunque quien acosó al presidente Correa, acusándolo de criminal, fue el editorialista de "El Universo". No era desmesura llamar asesino al mandatario ecuatoriano: según el Manifiesto, la desmesura estuvo en el monto de la indemnización solicitada en la demanda de Correa. Tampoco hubo despropósito del periódico: el despropósito fue "jurídico", también por parte de Correa.
Ya invertidos los papeles, puede que no voluntariamente, los 100 famosos acusaron a Correa de pedir una indemnización de un monto muy alto para "obtener un rápido enriquecimiento personal". ¿Pruebas? Ninguna, así que se trató de una nueva difamación. El mandatario del Ecuador siempre dijo que ese monto estaría destinado al proyecto ambiental Yasuní-ITT.
Atacar a Correa -negándole voz, porque es "aburrido"- se ha vuelto corriente entre intelectuales "críticos" y contrarios al "autoritarismo". Hay quien se queja de que Correa insulta a los ecuatorianos: ¿pero acaso los llama criminales? Cada vez que hay pruebas, la crítica esconde la mano, aunque ya haya tirado la piedra.
El artículo 18, sección tercera de la Constitución ecuatoriana, señala como derecho de todo ecuatoriano: "buscar, recibir, intercambiar, producir y difundir información veraz, verificada, oportuna, contextualizada, plural, sin censura previa de los hechos, acontecimientos y procesos de interés general, y con responsabilidad ulterior". Simplemente, el editorialista de "El Universo" violó la Constitución, al igual que los autores de "El Gran hermano". Quienes procedieron así encontraron a unos 100 famosos listos para proceder como si el hecho de ser escritor diera derecho a fueros e impunidad, a nombre de una muy religiosa -por sacrosanta- libertad. !Religión y fueros!
Vaya. Que viva España.
Pues
Los escritores del Manifiesto consideraron un "abuso de poder" que el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, haya decidido demandar por difamación a los autores de un libro, "el Gran Hermano", y de un artículo en el periódico "El Universo". En el libro se acusa a Correa de saber de los negocios ilícitos de su hermano.
El 30 de septiembre de 2010, el presidente ecuatoriano se vió involucrado durante algunas horas en una situación confusa con fuerzas policiales: Correa alegó que era una intentona golpista. El autor del artículo de "El Universo" afirmó que el presidente ecuatoriano es "el Dictador", lo que no es, porque nadie le ha dado esta investidura, ni se la ha tomado por cuenta propia. Donde el asunto de volvió más grave es en la parte del artículo que, sin pruebas (ni siquiera hipótesis), acusó a Correa de ordenar "fuego a discreción y sin previo aviso contra un hospital lleno de civiles y gente inocente". El articulista concluyó: "los crímenes de lesa Humanidad no prescriben". En suma: Correa fue llamado "criminal", ni más ni menos. Además, un "criminal" que la emprendió contra "gente inocente", aunque ese día fallecieron en los hechos dos policías, dos militares (ninguno puede alegar ser "inocente") y un estudiante. Nótese bien: no hay pruebas de que Correa haya ordenado fuego contra el hospital, contra civiles y contra gente inocente. Lo que el editorialista de "El Universo" sugiere es que el malvado Dictador, es de suponer que ebrio de poder, ordenó: "ábranme fuego contra toda la gente inocente que encuentren por aquí". O: "fuego a los civiles, pero ya". Un loco, en suma.
Los escritores llamaron a "disentir activamente de toda forma de acoso y limitación a la libertad de expresión", aunque quien acosó al presidente Correa, acusándolo de criminal, fue el editorialista de "El Universo". No era desmesura llamar asesino al mandatario ecuatoriano: según el Manifiesto, la desmesura estuvo en el monto de la indemnización solicitada en la demanda de Correa. Tampoco hubo despropósito del periódico: el despropósito fue "jurídico", también por parte de Correa.
Ya invertidos los papeles, puede que no voluntariamente, los 100 famosos acusaron a Correa de pedir una indemnización de un monto muy alto para "obtener un rápido enriquecimiento personal". ¿Pruebas? Ninguna, así que se trató de una nueva difamación. El mandatario del Ecuador siempre dijo que ese monto estaría destinado al proyecto ambiental Yasuní-ITT.
Atacar a Correa -negándole voz, porque es "aburrido"- se ha vuelto corriente entre intelectuales "críticos" y contrarios al "autoritarismo". Hay quien se queja de que Correa insulta a los ecuatorianos: ¿pero acaso los llama criminales? Cada vez que hay pruebas, la crítica esconde la mano, aunque ya haya tirado la piedra.
El artículo 18, sección tercera de la Constitución ecuatoriana, señala como derecho de todo ecuatoriano: "buscar, recibir, intercambiar, producir y difundir información veraz, verificada, oportuna, contextualizada, plural, sin censura previa de los hechos, acontecimientos y procesos de interés general, y con responsabilidad ulterior". Simplemente, el editorialista de "El Universo" violó la Constitución, al igual que los autores de "El Gran hermano". Quienes procedieron así encontraron a unos 100 famosos listos para proceder como si el hecho de ser escritor diera derecho a fueros e impunidad, a nombre de una muy religiosa -por sacrosanta- libertad. !Religión y fueros!
Vaya. Que viva España.
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