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miércoles, 20 de febrero de 2013

RUSIA: REORIENTACION DEL SOVIETISMO

Varias tendencias nuevas se perfilan en Rusia, a juzgar por lo comentado hace poco (luego del Foro Gaidar) por el columnista de Ria Novosti, Alexandre Latsa.
     El vice primer ministro ruso, Dmitri Rogozin, es partidario de hacer del complejo militar-industrial -sigue muy presente entre los "directores rojos". en la industria de defensa, aviación, espacial, médica y de maquinaria- la locomotora de la economía, para aprovechar el impacto en lo que este funcionario llama "una producción civil competitiva". A diferencia del pasado, ahora se trataría de algo así como un "keynesianismo militar", mixto (público-privado). El interés no está en el armamento en sí ni en encarecerlo o en gastar por gastar en él, ya que Rusia ha pensado en una defensa no muy cara. De lo que se trata es más bien de servirse de la tecnología para fines civiles (así como Internet en Occidente se derivó de producción con fines militares).
     El sentido de este viraje es dejar de depender del extractivismo, la renta petrolera. Dmitri Medvedev, primer ministro ruso, así lo planteó en enero: debe reducirse la dependencia de los hidrocarburos y es preciso avanzar en la modernización tecnológica.
     Un tercer punto ha sido planteado por un consejero económico del presidente Vladimir Putin, que es Serguei Glaziev. Hay que limitar el impacto de los movimientos especulativos en la economía rusa y no vale recurrir al dinero extranjero barato. El crédito nacional podría reactivarse ofreciendo un desarrollo productivo que capte la masa que hoy se fuga a la especulación.
     Lo anterior supone la reactivación del mercado nacional. Al mismo tiempo, ha vuelto a hacerse presente la "idea Primakov": Rusia debe fortalecer sus lazos con China, y en general con Asia, ante los tumbos que da Europa. La supervivencia del sovietismo se encuentra en el lugar que ocupa el Estado soberano en esta orientación.
     El lugar de China no está tan claro, en realidad. Tampoco el del sujeto de esta nueva orientación: Medvedev sugiere fortalecer la clase media, pero hay en Rusia una fuerte impregnación de un espíritu "nuevo rico", que es también rentista, ocioso y que contiene incluso arcaismos feudales, los de la señorita condesa insolente y cruel y los del barón de la pereza. Pero el nuevo proyecto, está, y la oligarquía "liberal" -con sus Kasianov, Nemtsov, Kasparov o Projorov- ha quedado fuera de capacidad de dañar en exceso.

viernes, 15 de febrero de 2013

MAÑANA

La cultura es para mañana.
    Al gringo no le interesa. El quiere divertirse. Vende espectáculo o incluso circo, pero el criollo se compra basura de marca creyendo que es cultura y de altura. No lo es.
     Al intelectual tampoco le interesa. Quiere prestigio y cree que cultura es el nombre del ornamento con el cual se adorna. ¿Ya viste mi cultura?
     Si no hay "factor subjetivo" para cambios radicales (es decir, de raíz), es en la medida en que son décadas de desprecio por la cultura. Al revolucionario no le interesa: él está en "la grande" y la cultura es para después, cuando la abundancia permita las pequeñas cosas. Entretanto, lo que cuenta es "movilizar a las masas", denunciar o sermonear, y meterse a la Historia con mayúscula - todos, es decir, "moi et mes amis". La cultura es como la academia: cosa de "pequebús" aburridos, el tedio, nada de trascendencia. No es "lo que hay que tener". Es preferible el gag o la boutade, pero de alto impacto.
     Como las revoluciones del siglo XX se hicieron casi todas en el Tercer Mundo (al que nunca perteneció Rusia), la política siempre fue más importante que la cultura. Al grado que Mao le llamó Revolución Cultural a una medida que, además de política, era anticultural. La política es "la grande". La cultura es el lujo del pequebú y su triste cotidianeidad sin masas ni musas (las del intelectual, ese gran chulo de musas). En Cuba se hace poca cultura: los intelectuales suelen hacer una política con citas interminables de Martí, el Che y Fidel, dirigidas al líder y/o a la clientela de fieles y al cargo. Política cultural, hasta el presupuesto, siempre. Cultura política, no. El resultado es la poca o nula cooperación del intelectual cuando se trata de abordar los problemas culturales: que lo haga Raúl, pues el intelectual está en la gran fibra sensible que es la poesía, esa forma trascendente de mirarse el ombligo, o de enseñarlo a la que lo desee.
      Incluso en Rusia, país con muy buena educación (al menos hasta generaciones recientes), con artes y ciencias envidiables, se paga el precio de remplazar cultura por política, lo que fue agitprop. El régimen del actual presidente ruso Putin, aunque positivo, da más de un tumbo cuando de orientarse "culturalmente" se trata: no sabe y va de la idealización de un pésimo Solzhenitsin a la de una religión ortodoxa que no resuelve gran cosa.
      Así que hay de dos sopas: o economía (al estilo estadounidense), o política (al estilo tercermundista, donde la revolución es asunto de "echarle muchas ganas"). Si no hay "factor subjetivo", pero tampoco lo que una derecha todavía sensata llama a veces "valores", es por el más absoluto desprecio por la cultura que es un saber. A la derecha o a la izquierda, la incultura da en "no saber": no saber vivir, ni saber convivir, ni saber gobernar, ni saber formar, ni saber educar. Y no es asunto del número de libros por leer. El presidente estadounidense Barack Obama tal vez pueda citar tres libros que marcaron su vida, pero cultura, no tiene ninguna, aunque hace chistes medio chistosos sobre los perros en casa y los gustos de Michelle.
     Las cosas están en que, sin educación ni cultura, no hay mucho por construir. A lo sumo, con técnica, se puede garantizar que las cosas fluyan. Que circulen. Pero que cambien, no. Suponiendo que se quiera cambiar.
      Está de pensarse...
      Ay no, ahorita no...

miércoles, 6 de febrero de 2013

FUMAROLAS

La periodista rusa Anastasia Popova acaba de mostrar en el canal 24 (ruso) un contundente documental sobre Siria.
     El documental reproduce las imágenes que filma la oposición siria, favorita de Occidente. Por ejemplo, cada vez que ejecuta a un prisionero de guerra desarmado, esa oposición lo filma y se asegura de que el video se vea: es una forma de sembrar el terror entre la población civil, desarmada. El nombre de este tipo de acto es terrorismo, tal cual.
     Entre sus "joyas", la oposición tiene un video de un niño pateando a un prisionero de guerra desarmado, poco antes de ser ejecutado. Este émulo del "Ponchis" de Jiutepec no es un psicópata, es el "legítimo representante del pueblo morelense", no.
     Cada vez que esta jauría ejecuta a prisioneros desarmados, pega de alaridos, con que "Allah es grande". Como lo dice un testigo, habría que saber si es religión ejecutar a prisioneros o a civiles desarmados, o incluso cortarles la lengua, degollarlos (filmando las cabezas decapitadas) y mutilarlos. ¿Está en el Corán? El testigo oficial sirio, filmado por Popova, sostiene que el Islam no tiene nada qué ver: dicen "Allah es grande" para acallar la conciencia cada vez que hacen una fechoría. Siendo peor que animales, se cuentan que van a "trascender".
     Como Allah no es suficiente y la verdadera religión poco tiene que ver, estos héroes de la "primavera siria" se meten bastantes drogas, de tal forma que otro testimonio oficial cuenta que, cuando a los drogados se les dispara (para herirlos levemente y capturarlos), no sienten nada y siguen con que "Allah es grande". La droga es tan grande como Allah (y seguramente, permite verlo). Ya drogados, los "legítimos representantes del pueblo sirio" pueden matar a cualquiera sin conciencia siquiera de lo que están haciendo. Tratar este asunto como religioso es ponerse a teorizar sobre un pasón, pero bueno, por qué no.
     A fin de cuentas, estos amigos de Occidente son la versión pobre, informal y aldeana del psicópata estadounidense que se fuma otra cosa: la idea de que es el "número uno", poco importa de que no pase de asno del Middle West. Bueno, los otros se meten droga en serio para matar y una experiencia religiosa que de humano no tiene nada. Ni de islámico, por cierto.
     Ahora, fumémonos un discurso contra Bashar, que al fin y al cabo el principio de realidad, frente al placer del poder, sale sobrando.

domingo, 3 de febrero de 2013

¿Y EL RELEVO GENERACIONAL EN CUBA?

Durante años, la Revolución Cubana se dedicó a granjearse apoyos intelectuales adulando. No se ganó mucho. Los adulados, ya engreídos, se dedicaron apenas pudieron a criticar a Cuba. Otros, dentro de la isla, se han hecho monumentos a sí mismos jugando a la incondicionalidad. Son incondicionales del Gran Líder y quieren para ellos incondicionales. Después de todo, junto al Gran Líder está el Gran Intérprete -de Martí y de Fidel- con su propia clientela.
     A esta intelectualidad revolucionaria no le importó educar ni crear desde abajo. Algo parecido ha ocurrido en parte de la burocracia. Contra lo que dice gente como Pablo Milanés, el problema no está en "los históricos" ni en quienes tienen más de 70 años. El problema es que atrás vienen pocos y los intermedios son adulones. No hay relevo generacional y Raul Castro ha sido el primero en decirlo: "no haber resuelto este último problema en más de medio siglo es una verdadera verguenza, que cargaremos en nuestras conciencias durante muchos años". Según el menor de los Castro, Cuba sufre "las consecuencias de no contar con una reserva de sustitutos debidamente preparados, con suficiente experiencia y madurez para asumir las nuevas y complejas tareas de dirección en el Partido, el Estado y el Gobierno". Raúl Castro no se anda con rodeos: "o rectificamos -ha llegado a decir- o ya se acabó el tiempo de seguir bordeando el precipicio, nos hundimos y nos hundiremos".
     Eso sí: con Raul Castro, los problemas se hablan. En Occidente, no. La nave, va. Los problemas aquí parecen solucionarse comprando. A los que vienen atrás se los compra, y el joven, a su vez, se acostumbra a que todo le sea debido sin el menor esfuerzo, o a que las cosas se consigan con chantajes. En vez de cargar con un problema en la conciencia (dicho sea siguiendo a Raul Castro), el occidental pone dinero y paga. Lo fantástico es el joven occidental lleno de derechos -que repite: "yo tengo derecho, yo tengo derecho, yo tengo derecho"- que no tiene posibilidad de un buen trabajo, ni de un oficio, ni de educación de calidad, ni de estabilidad en las relaciones personales, ni de saber de valores, nada. El resultado es el joven al estilo estadounidense: un arrogante -por narcisista- que es al mismo tiempo un simple de espíritu (!bienaventurado!). ¿Derechos del joven en Occidente?A no ser maltratado (igual que el animal), lo que significa muchas veces a que no se le exija nada; y a divertirse. En Cuba, al menos, la actitud de algunos es distinta y de inquietud, no de complacencia ante el irresistible ascenso de la idiotez y la falta de saberes.

domingo, 20 de enero de 2013

SRITA COMETA (MICHIKO FUMAMOTA)

Al fin. Después de todo, lo que anheló desde hace décadas buena parte de la izquierda (moderada, un poco centrista) fue un "capitalismo con rostro humano". Quien le ha dado este rostro es el Soruyo que "gobierna" a Estados Unidos y es, según un analista ruso, un animador, no un presidente. Es el "organizador de la comunidad".  Es un pacificista frustrado y un belicista de clóset. Se sabe que siempre dice "no", pero no se sabe si es capaz de decir "sí". Algunos -de nuevo, en la izquierda- creen que está haciendo una política keynesiana.
    El Soruyo tiene algo de nostálgico, como el Smokey Robinson que le canta. Como Ray Charles, otro gran filósofo estadounidense, el esposo de la Capullo está convencido de que "America is beautiful", más si lo canta Beyoncé frente al Capitolio. Por momentos, sale el nuevo rico, con Usher y Jay-Z, lleno de ganas de arrancarle algo al ricachón ("coopela, o cuello"), lo que por cierto no es keynesiano.
     John F. Kennedy fue llamado alguna vez "el primer presidente de Hollywood". Al Soruyo le dicen "la estrella pop de la política" estadounidense. No tiene programa ni ideas, pero qué bien canta: complace a todos, ricos y "pobres" por igual, a Wall Street y al Pentágono, pero también a una mayoría latina feliz de ser explotada por un patrón de Primer Mundo. Es la clase media por excelencia: las "oportunidades", el club de los optimistas, el sol que sale para todos, el "light", la empresa con responsabilidad social, el jefe que deja buenas propinas...y todo, con ritmo, muy buen ritmo.
     Cuando uno oye a los cantantes que apoyan al Soruyo (de Katy Perry a Marc Anthony, pasando por el vaquero Brad Paisley y Chris Cornell), se percata de lo mucho que ha ayudado el sesentaiochero a darle al más conservador de los capitalismos ese "rostro humano": desactiva cualquier discrepancia. A cambio, los del 68 tienen satisfecho su narcisismo.
     En Cuba, donde el asunto toma abiertamente una forma antisocial que exaspera a más de uno, Los Principales lo resumen en una polémica canción, "Kimba pa que suene":
     "Hoy me desperté con ganas
     "Y no había nadie en la casita
     "Menos mal que tengo a Manuela
     "Menos mal que tengo a Manuelita"
Es la quintaesencia de lo que queda del American Dream.
   

miércoles, 9 de enero de 2013

RUSIA: LO QUE QUEDA

Gracias a la existencia de un sólido antecedente soviético, no queda en Rusia mayor cosa del llamado "neoliberalismo".
     En un discurso pronunciado a mediados de diciembre pasado, el actual presidente ruso, Vladimir Putin, advirtió que no todo en la vida es seguir el interés privado. "No es posible lograr la prosperidad -señaló Putin- si hay ruinas, desorden e inseguridad fuera de tu casa. No es posible vivir por separado, sin ayudar al pobre, sin crear responsabilidad para con la familia, el grupo profesional o la asociación".
    Putin hizo un llamado a la responsabilidad cívica. También apeló al patriotismo, que supone tratar la Historia propia con "amor y respeto". Esto supone "servir al país y a la sociedad". En vista de este tipo de discurso, algunos analistas como Alexandre Latsa consideran que Putin es parecido al extinto mandatario francés Charles De Gaulle, aunque habría que restarle cierto deseo excesivo de grandeza a este tipo de afirmaciones.
    De hecho, a diferencia de más de un ruso que convierte el dinero en grandeza patriotera, de masas, Putin, aunque llamó al "renacimiento de la conciencia nacional", rechazó el nacionalismo y, más aún, el chovinismo y la discriminación contra cualquier grupo "étnico". Lo único que no está permitido es servir al extranjero, ya que la soberanía no está en tela de juicio.
    Del discurso del mandatario ruso se desprende que los gobernantes deben poner el ejemplo, ya que no se trata de eslóganes: es necesario luchar contra la corrupción, fortalecer el servicio público. "Si una persona escogió el servicio público -afirmó Putin- debe estar lista para restricciones, para el escrutinio público y para llenar determinados requisitos". Queda abierta la posibilidad de limitar con mucho abusos de poder y enriquecimientos a costa del Estado. El sentido de responsabilidad debe quedar evidenciado, según Putin, por "las acciones diarias de las autoridades".
     Los políticos serán llamados literalmente a cuentas (es decir, a no tener tantas cuentas en el extranjero).
     A estas alturas, Putin únicamente puede ser llamado "autoritario" sobre la base de la más crasa ignorancia. Quedaría por saber si Occidente aguantaría un florecimiento ruso, que tiene buenas condiciones demográficas e históricas para realizarse. No es poca cosa.

viernes, 4 de enero de 2013

CREAR DOS, TRES, MUCHOS MALLS ES LA CONSIGNA...

"Estado de Bienestar" no quiere decir mayor cosa, como tampoco "mercado", por cierto.
     Hitler creó un grandioso Estado de Bienestar: militarizado, pero con buena infraestructura pública (unas carreteras sin par), sin desempleo, con eficiencia, con un nivel de vida que asombró a los rusos cuando al final de la Segunda Guerra Mundial llegaron a suelo germano. ¿Cómo era posible que un país que lo tenía todo se hubiera lanzado a semejante agresión?
     A finales de los años '30, Franklin D. Roosevelt no había resuelto del todo la crisis y el desempleo seguía siendo relativamente elevado. Estados Unidos mejoró gracias al keynesianismo militar (la guerra permitió emplear a mujeres y a negros y migrantes) y a la conflagración mundial. Desde entonces, la potencia pasó a depender de la guerra para mantener el "Estado de Bienestar". El bienestar del estadounidense depende de la capacidad para pasarle la factura a buena parte del mundo.
     El "Estado de Bienestar" de posguerra en algunos países latinoamericanos sí, fue de bienestar: es más, de una forma de bienestar que se llama peculado, malversación de fondos públicos. Algunos hicieron en forma bastante grosera lo que otros en el mundo desarrollado: servirse del Estado para enriquecerse, con la figura del "político-empresario". El Estado populista fue un "Estado de Bienestar", aunque hubo algunos con más "bienestar para su familia" que otros.
     "Estado de Bienestar" es la versión keynesiana del radicalismo según el cual "otro mundo es posible". En el límite, cabe hacer lo que Francois Hollande en Francia o Barack Obama en Estados Unidos: arrancarles algo de dinero a los ricachones -que suelten o que se vayan con Gerard Depardieu a engañar rusos-. No hay que tocar nunca a la clase media, aunque la estadounidense viva por encima de sus medios. La tarta debe crecer, para que haya más para un "todos" que quiere decir "nosotros" y un nosotros que significa "yo y mi familia".
     Escoger entre "neoliberales" y "keynesianos" no es cosa de trabajadores con intereses propios. Es cosa de oscilar entre el "patrón malo que no suelta" y el "patrón bueno", a ver si afloja y no se aflige. Si no afloja, a ver si se puede con transa, y que el patrón robe pero deje robar, etcétera. Es todo lo contrario del interés de clase. Así como no se puede hablar de capitalismo ni de socialismo, ni tampoco de imperio, tampoco es posible ya hablar de clases. Al rato será imposible hablar de sociedad, ya que no habrá nadie.
     Un estadounidense pobre no pasa de ser un millonario en aprietos. Un estadounidense rico tiene derecho a que lo rescaten, ya que el rico es el que la detona y la derrama. La gallina de los huevos de oro está en el rico, no en el que trabaja (¿qué le podríamos arrancar a un trabajador? Nada). Tampoco es posible hablar de trabajo, por lo demás. La clase media es la que "redistribuye": y claro, redistribuir consiste en que la clase media salga de media para llenarse los bolsillos y ser media alta, tirando a rica baja o a rica media (es decir, medio rica...). ¿Qué tal si redistribuimos la riqueza entre quienes ya la tienen, pero la redistribuimos de otro modo? Queremos pastel, pastel, pastel...
¿Hay un exceso de centros comerciales? Bien: saturemos al mundo de consumidores con mayor bienestar: es ganar-ganar, ya que así vendemos más, de lo que sea.
     Circulen, por favor.

YA LLEGAMOS A DONDE ÍBAMOS

 Como ya ha habido ocasión de explicarlo, el mundo del trabajo no representa hoy una alternativa ni tiene gran cosa que proponer, por divers...