Da bastante pena leer a más de un intelectual insistir en que en Venezuela las cosas siguen para adelante después de las elecciones legislativas de este pasado 6 de diciembre y que todo es "contraofensiva de la derecha". Afortunadamente,los datos de esta "contraofensiva" se tienen y también se sabe lo que es esta derecha. Lo que no era tanto de esperar es que una parte de la intelectualidad de izquierda siguiera hablando de Bolívar, de Hugo Chávez y de la Historia cuando los problemas son terrenales.
Se lo dijeron a los chavistas muchos de los mismos chavistas, por ejemplo en el portal de Aporrea (Asamblea Popular Revolucionaria Americana): para empezar, el siguiente error estaba cerca de ser la negación de lo ocurrido, es decir, la negativa a reconocer que lo del 6 de diciembre -un triunfo aplastante de la oposición- fue una derrota del oficialismo (hasta que finalmente el presidente venezolano, Nicolás Maduro, pidió la renuncia de su gabinete). !Hubo que pedir hasta este reconocimiento, el de que una derrota es una derrota! "!Por Dios, reconozcamos la derrota!", escribió por ejemplo Reinaldo Quijada.
Lo demás es bochornoso y se asemeja en más de un aspecto a lo que ha sucedido en grande en Brasil y que sucedió en cierta medida en Argentina: corrupción. En Venezuela llegó hasta el nepotismo con el otorgamiento de cargos a la familia de Diosdado (Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, a quien lo del 6 de diciembre increíblemente le pareció "solo un tropiezo"), únicamente por ser familia de Diosdado. y la vicepresidencia a Jorge Alberto Arreaza, solo por haber sido yerno de Chávez (esposo de la hija de éste, Rosa Virginia). No es nada más cuestión de la actual primera dama, Cilia Flores, vapuleada desde la oposición por un increíble nepotismo en la administración de la Asamblea Nacional (aunque Flores no abundó en el asunto). Las críticas al nepotismo de Cabello o al cargo de Arreaza llegaron ahora desde las filas del chavismo.
En el portal de Aporrea, un columnista como Moisés González se dió vuelo describiendo asuntos como éste: "¿Hasta cuando un Ministro de Economía que no toma ni una sola medida económica?", o"¿Hasta cuando un Ministerio de alimentación y agricultura que tiene 3 años prometiendo cosechas, y ni caraotas ha podido sembrar?". El nepotismo se ha acompañado de una total ineficiencia económica.
El gobierno venezolano no impidió tampoco que los presos siguieran ordenando secuestros desde las cárceles ni que se gastaran los presupuestos de cultura en raperos y reggaetoneros de mala muerte.
La vida parasitaria de muchos altos cargos bolivarianos no es un secreto, mientras para el pueblo la política es de un asistencialismo que regala viviendas, taxis, equipos electrónicos, cocinas y hasta comida (mientras los precios del petróleo lo han permitido) para crear clientelas como herramienta política, según Javier Antonio Vivas Santana, siempre en Aporrea.
La actual Venezuela no está construyendo ningún socialismo, pero tampoco es capaz de hacer un capitalismo mínimamente serio, con instituciones y leyes impersonales y una economía que funcionen y forjen ciudadanos. A lo sumo, es el recurrente "capitalismo de compadres" que le "enseña" al pueblo o a quien se deje a imitar las peores costumbres de la oligarquía (nunca ha sido una burguesía) que ahora arrasa en las elecciones. Ni siquiera hay "boliburguesía" ("burguesía bolivariana") ni proceso "burgués" (incluso contra lo que ha llegado a sostener Heinz Dieterich), sino una incapacidad casi patológica para salir de costumbres oligárquicas que se confunden tanto con "cultura" como con "forma de ser" e "identidad".
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miércoles, 9 de diciembre de 2015
sábado, 5 de diciembre de 2015
NICARAGUA: NEGOCIOS EN VEREMOS
Cualquiera que haya estudiado la historia de la construcción de las vías interoceánicas, como la de Panamá- estudio que requiere de un esfuerzo de algunas horas superior al que pueden hacer ciertos panameños en la Fundación Ciudad del Sabor, quienes ciertamente no harán historia del capitalismo en ningún lado, ni siquiera la de Punta Paitilla-, sabe que las decisiones de tal o cual trazado no son meramente técnicas: a finales del siglo XIX, justamente en Panamá, el francés Ferdinando de Lesseps se estrelló entre otras cosas contra un fenómeno de especulacion bursátil, que ocurría muy lejos del istmo.
No es que algo así se vaya a repetir por fuerza en Nicaragua, pero tampoco es que el proyecto de canal nicaraguense sea pura cosa de técnica. El magnate de las telecomunicaciones chino, Wang Jing, metido a construir los 278 kilómetros de la vía del Caribe al Pacífico nicaraguenses, inauguró el proyecto en diciembre de 2014: en un acto en el que estuvo la cúpula del gobierno sandinista de Daniel Ortega (es el marido de Rosario Murillo), el empresario puso la primera piedra. El problema es que el asunto quedó ahí. La empresa HKND, dueña de una concesión de 100 años (medio siglo, prorrogable por 50 años) para hacer la vía interoceánica por Nicaragua, debía comenzar a trabajar poco después de colocada la primera piedra, a partir del primer trimestre de 2015. Sin embargo, sin dar demasiadas explicaciones, la tal empresa aplazó hasta finales de 2016 -un año más, dos en total- la excavación y la construcción de esclusas, por lo que hasta ahora no se ha pasado de la muy famosa primera piedra, si es que sigue ahí: miles de campesinos nicaraguenses que se verían afectados han protestado enérgicamente contra el gobierno de Managua.
El Canal de Panamá, ampliación incluida, no entra demasiado en la dinámica del extractivismo porque, a diferencia de la soya, de los minerales o del petróleo en casi toda América Latina, la vía no está en manos de transnacionales, digamos tipo Monsanto, Shell u otras (pese a quienes han venido realizando la ampliación), sino en maños panameñas (cualquiera sea la forma en que se use el excedente), como pertenencia inalienable de la nación y a cargo de la Autoridad del Canal de Panamá, de tal forma que, salvo en ocurrencias de Claxon, no puede afirmarse que Panamá es un país "canalero" al mismo título que otros son "soyeros", "mineros" o "petroleros" (o digámoslo ya: !bananeros!), como si los Tratados Torrijos-Carter nunca hubieran existido ni dado lugar a un bien público, o como si importara más congraciarse con los compadritos de Claxon -y en otras tantas dedicatorias- que atender la patria. Por lo pronto, y pese a que China depreda menos que Estados Unidos (en todo caso, no llega con Gran Garrote), es Nicaragua la que está corriendo el riesgo del estrago "extractivista", sin que sea mucho más lo que se puede adelantar (salvo cierto peligro de otro descalabro de izquierda), más allá de la primera piedra y una divertida pedrada.
No es que algo así se vaya a repetir por fuerza en Nicaragua, pero tampoco es que el proyecto de canal nicaraguense sea pura cosa de técnica. El magnate de las telecomunicaciones chino, Wang Jing, metido a construir los 278 kilómetros de la vía del Caribe al Pacífico nicaraguenses, inauguró el proyecto en diciembre de 2014: en un acto en el que estuvo la cúpula del gobierno sandinista de Daniel Ortega (es el marido de Rosario Murillo), el empresario puso la primera piedra. El problema es que el asunto quedó ahí. La empresa HKND, dueña de una concesión de 100 años (medio siglo, prorrogable por 50 años) para hacer la vía interoceánica por Nicaragua, debía comenzar a trabajar poco después de colocada la primera piedra, a partir del primer trimestre de 2015. Sin embargo, sin dar demasiadas explicaciones, la tal empresa aplazó hasta finales de 2016 -un año más, dos en total- la excavación y la construcción de esclusas, por lo que hasta ahora no se ha pasado de la muy famosa primera piedra, si es que sigue ahí: miles de campesinos nicaraguenses que se verían afectados han protestado enérgicamente contra el gobierno de Managua.
El Canal de Panamá, ampliación incluida, no entra demasiado en la dinámica del extractivismo porque, a diferencia de la soya, de los minerales o del petróleo en casi toda América Latina, la vía no está en manos de transnacionales, digamos tipo Monsanto, Shell u otras (pese a quienes han venido realizando la ampliación), sino en maños panameñas (cualquiera sea la forma en que se use el excedente), como pertenencia inalienable de la nación y a cargo de la Autoridad del Canal de Panamá, de tal forma que, salvo en ocurrencias de Claxon, no puede afirmarse que Panamá es un país "canalero" al mismo título que otros son "soyeros", "mineros" o "petroleros" (o digámoslo ya: !bananeros!), como si los Tratados Torrijos-Carter nunca hubieran existido ni dado lugar a un bien público, o como si importara más congraciarse con los compadritos de Claxon -y en otras tantas dedicatorias- que atender la patria. Por lo pronto, y pese a que China depreda menos que Estados Unidos (en todo caso, no llega con Gran Garrote), es Nicaragua la que está corriendo el riesgo del estrago "extractivista", sin que sea mucho más lo que se puede adelantar (salvo cierto peligro de otro descalabro de izquierda), más allá de la primera piedra y una divertida pedrada.
PERU: ¿PREFERENCIA POR LA IMPUNIDAD?
Sin que en la izquierda se haga mayor mención de ello, Perú se acerca a las elecciones de 2016.
Competirá Alan García, algo así como uno de los últimos dinosaurios del populismo, en este caso de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA, hoy Partido Aprista Peruano) que alguna vez, con su fundador, Víctor Raúl Haya de la Torre, quiso inspirarse de la Revolución Mexicana. Alan García, en algo que lamentó profundamente la actual primera dama peruana, Nadine Heredia, fue exonerado por el Poder Judicial local (muy concretamente, por un juez amigo de García, quien fue su padrino de promoción) en investigaciones por narcoindultos y lavado de activos, pese a los informes de una megacomisión sobre los casos. García, el gran tribuno, héroe de izquierda en lo años '80, dos veces presidente del Perú, esquivó así la "fea realidad" de su concepción del poder.
Y competirá la favorita en las encuestas hasta ahora, Keiko Fujimori, también con asuntos de dinero poco claros, pero con más de 30 % de respaldo en las encuestas. Por lo visto, una tercera parte de los votantes peruanos no tiene mayor reproche qué hacerle a un fujimorismo que también fue corrupto, aunque más astuto que el tribuno García. De hecho, en la CADE 2015 (Conferencia Anual de Ejecutivos peruana), la hija de Alberto Fujimori hizo propuestas hábiles: una ambiciosa agenda de inversión pública, un renovado apoyo a los micro y pequeños empresarios (con un sistema especial de tributación), el ataque a la corrupción y en el resto, un impulso a la policía y contra los conflictos sociales en un país que se siente inseguro. Nadine Heredia probablemente también tuvo razón al criticarle a Keiko Fujimori que quiera "refuncionalizar" el Ministerio de Economía y Finanzas para que, a fin de cuentas (según Heredia), los empresarios pongan las reglas sin trabas.
Aunque otros candidatos tienen propuestas interesantes (incluyendo al ex presidente Alejandro Toledo, partidario de la diversificación productiva, urgente en América Latina, y al ex ministro de Toledo, Pedro Pablo Kuczynski,hombre de empresa -demasiada empresa-, aunque partidario de una firme lucha contra la corrupción), solo con alianzas podrá ser derrotada Fujimori, cuyas intenciones de voto, sumadas a las que recoge García (casi un 8 %), hablan de un 40 % conservador y de un restante que con frecuencia también se inclina por lo netamente empresarial (el mismo Kuczynski) o incluso empresarial-corrupto (como parece ser el caso de César Acuña).
Competirá Alan García, algo así como uno de los últimos dinosaurios del populismo, en este caso de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA, hoy Partido Aprista Peruano) que alguna vez, con su fundador, Víctor Raúl Haya de la Torre, quiso inspirarse de la Revolución Mexicana. Alan García, en algo que lamentó profundamente la actual primera dama peruana, Nadine Heredia, fue exonerado por el Poder Judicial local (muy concretamente, por un juez amigo de García, quien fue su padrino de promoción) en investigaciones por narcoindultos y lavado de activos, pese a los informes de una megacomisión sobre los casos. García, el gran tribuno, héroe de izquierda en lo años '80, dos veces presidente del Perú, esquivó así la "fea realidad" de su concepción del poder.
Y competirá la favorita en las encuestas hasta ahora, Keiko Fujimori, también con asuntos de dinero poco claros, pero con más de 30 % de respaldo en las encuestas. Por lo visto, una tercera parte de los votantes peruanos no tiene mayor reproche qué hacerle a un fujimorismo que también fue corrupto, aunque más astuto que el tribuno García. De hecho, en la CADE 2015 (Conferencia Anual de Ejecutivos peruana), la hija de Alberto Fujimori hizo propuestas hábiles: una ambiciosa agenda de inversión pública, un renovado apoyo a los micro y pequeños empresarios (con un sistema especial de tributación), el ataque a la corrupción y en el resto, un impulso a la policía y contra los conflictos sociales en un país que se siente inseguro. Nadine Heredia probablemente también tuvo razón al criticarle a Keiko Fujimori que quiera "refuncionalizar" el Ministerio de Economía y Finanzas para que, a fin de cuentas (según Heredia), los empresarios pongan las reglas sin trabas.
Aunque otros candidatos tienen propuestas interesantes (incluyendo al ex presidente Alejandro Toledo, partidario de la diversificación productiva, urgente en América Latina, y al ex ministro de Toledo, Pedro Pablo Kuczynski,hombre de empresa -demasiada empresa-, aunque partidario de una firme lucha contra la corrupción), solo con alianzas podrá ser derrotada Fujimori, cuyas intenciones de voto, sumadas a las que recoge García (casi un 8 %), hablan de un 40 % conservador y de un restante que con frecuencia también se inclina por lo netamente empresarial (el mismo Kuczynski) o incluso empresarial-corrupto (como parece ser el caso de César Acuña).
viernes, 4 de diciembre de 2015
VENEZUELA: ¿EN QUE PAIS VIVE NICOLAS MADURO?
Dos cosas, precisadas de entrada: la oligarquía venezolana nunca ha sido ejemplo de civilidad aunque lo sea de "civilismo", y es por esa oligarquía que la tradición democrática en Venezuela es endeble, desde Juan Vicente Gómez, quien gobernó varias décadas de las primeras del siglo XX, hasta Marcos Pérez Jiménez, que estuvo por ahí en los años '50 con el eterno sueño de muchos en América Latina: el de cierta modernidad con mano dura al mismo tiempo. Algo vió el historiador mexicano Enrique Krauze en El poder y el delirio cuando alabó a Rómulo Betancourt, considerado "padre de la democracia venezolana" (curiosamente, Betancourt fue miembro del Buró Político del Partido Comunista Costarricense). Unicamente a Fidel Castro se le ocurrió armarle una guerrilla (Fuerzas Armadas de Liberación Nacional) a Betancourt.
Segunda cosa: la oligarquía venezolana, como muchas otras de la región, nunca ha podido sola. En los últimos años, organizaciones no gubernamentales y fundaciones estadounidenses (del tipo NED -National Endowment for Democracy y USAID-Agencia estadounidense de Desarrollo Internacional) han inundado de dólares a la oposición oligárquica y a las redes sociales en Venezuela para que se pasen el tiempo "exigiendo rendición de cuentas", "empoderando a la sociedad civil", "defendiendo los derechos humanos" y asuntos revolucionarios "de color" por el estilo, a los que el presidente de la Asamblea, Diosdado Cabello, piensa contestar con "amor, esperanza, dignidad"y tal vez hasta con "felicidad".
El problema es éste: si no hay tradición democrática sólida en Venezuela, ¿Por qué tendría que haberla en el "chavismo" y más de manera automática, sin educación ni ejemplo? Es más probable que no la tenga, esa tradición, al menos no muy firme.
Veamos. En la entrega de reconocimientos por el Dia del Periodista 2015 en el Palacio de Miraflores, el discurso le correspondió al leal José Vicente Rangel (el premiado, experimentado veterano contra las dictaduras y hombre de izquierda socialista/comunista), quien le pidió a Nicolás Maduro, mandatario venezolano, "abrirse al país real" (!). Rangel pidió resultados, y es que en verdad el gobierno de Maduro hace cosas por lo menos inexplicables, como multiplicar las palabras y restar las acciones eficaces. El periodista laureado le recomendó a Maduro:
-es tiempo de resultados en la batalla contra la guerra económica, con diligencia y eficacia frente al desabasto y la inflación.
-debe abrirse el gobierno a la participación de venezolanos capaces, honestos y preparados
-en el problema de la inseguridad los resultados son muy magros y la colectividad está desesperada. Deben reorganizarse los organismos policíales y de seguridad del Estado
-la burocracia está arruinando iniciativas y proyectos y puede impedir todo avance del proceso
-se intensifica la lucha a fondo contra la corrupción, elemento que impide y amenaza los cambios necesarios en Venezuela.
Que no haya resultados reales, duraderos en estos terrenos no es cosa de "ofensiva de la derecha". Lo es de ineptitud para garantizar un "piso democrático" mínimo -mientras se le ha permitido inexplicablemente a la oligarquía toda suerte de excesos- y en particular un buen funcionariado público, por lo general inexistente en América Latina.
Segunda cosa: la oligarquía venezolana, como muchas otras de la región, nunca ha podido sola. En los últimos años, organizaciones no gubernamentales y fundaciones estadounidenses (del tipo NED -National Endowment for Democracy y USAID-Agencia estadounidense de Desarrollo Internacional) han inundado de dólares a la oposición oligárquica y a las redes sociales en Venezuela para que se pasen el tiempo "exigiendo rendición de cuentas", "empoderando a la sociedad civil", "defendiendo los derechos humanos" y asuntos revolucionarios "de color" por el estilo, a los que el presidente de la Asamblea, Diosdado Cabello, piensa contestar con "amor, esperanza, dignidad"y tal vez hasta con "felicidad".
El problema es éste: si no hay tradición democrática sólida en Venezuela, ¿Por qué tendría que haberla en el "chavismo" y más de manera automática, sin educación ni ejemplo? Es más probable que no la tenga, esa tradición, al menos no muy firme.
Veamos. En la entrega de reconocimientos por el Dia del Periodista 2015 en el Palacio de Miraflores, el discurso le correspondió al leal José Vicente Rangel (el premiado, experimentado veterano contra las dictaduras y hombre de izquierda socialista/comunista), quien le pidió a Nicolás Maduro, mandatario venezolano, "abrirse al país real" (!). Rangel pidió resultados, y es que en verdad el gobierno de Maduro hace cosas por lo menos inexplicables, como multiplicar las palabras y restar las acciones eficaces. El periodista laureado le recomendó a Maduro:
-es tiempo de resultados en la batalla contra la guerra económica, con diligencia y eficacia frente al desabasto y la inflación.
-debe abrirse el gobierno a la participación de venezolanos capaces, honestos y preparados
-en el problema de la inseguridad los resultados son muy magros y la colectividad está desesperada. Deben reorganizarse los organismos policíales y de seguridad del Estado
-la burocracia está arruinando iniciativas y proyectos y puede impedir todo avance del proceso
-se intensifica la lucha a fondo contra la corrupción, elemento que impide y amenaza los cambios necesarios en Venezuela.
Que no haya resultados reales, duraderos en estos terrenos no es cosa de "ofensiva de la derecha". Lo es de ineptitud para garantizar un "piso democrático" mínimo -mientras se le ha permitido inexplicablemente a la oligarquía toda suerte de excesos- y en particular un buen funcionariado público, por lo general inexistente en América Latina.
BRASIL, EN GRANDE
Una de las ventajas que presenta Immanuel 2 ante los latinoamericanistas es la de ser de izquierda sin ser marxista. Así que, al parecer, al científico neoyorquino -otra ventaja, ya que no es "eurocentrista"- se le permite decir incluso cosas absurdas.
Recientemente, en otro de sus "artículos-jugada" (Immanuel 2 no analiza, "hace jugadas" con probabilidades), el científico social afirmó: "Brasil es una potencia importante -en términos de tamaño, población e influencia". Pudo omitir lo de la "influencia", que no se nota a escala mundial (mucho menos con la mandataria Dilma Rousseff) y quedarse con "tamaño" y "población", solo que estas cosas también las tiene el Congo.
"Brasil -escribió Immanuel 2- se volvió la principal fuerza en intentar (en la primera década del siglo XXI) construir una unidad de América Latina y el Caribe independiente de Estados Unidos y de las estructuras que éste ha construido para controlar América Latina". Es falso. ¿Alguien le oyó alguna vez a Lula o a Rousseff alguna invectiva contra Estados Unidos o la alabanza de alguna iniciativa específicamente latinoamericana? Lo que Immanuel 2 le atribuye a Brasil fue iniciativa venezolana -del extinto Hugo Chávez, y que no prosperó, entre otras cosas por la indiferencia de Brasilia- y, en casos como el de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), de Cuba. Dice Immanuel 2 que Brasil fue "campeón de la autonomía de América Latina". Digamos que no se notó demasiado, ni siquiera, contra lo que dice el neoyorquino, en la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), cuya sede está en Quito, capital ecuatoriana (y con el Parlamento en Cochabamba, ciudad de Bolivia). No hubo muchos -menos en Brasil- que se tomaran en serio la integración latinoamericana, ni en chiste (cuando la proponía Chávez) ni en serio (cuando el mandatario ecuatoriano Rafael Correa defendió la integración con actos). La grandeza de Brasil seguramente sea idea recurrente de quienes por "tamaño" se sienten herederos del país de Pedro II (Brasil dejó de ser imperio en 1889), como a veces en México otros pierden el sentido de la medida creyendo en una grandeza al estilo de la que con esplendor buscaba Agustín de Iturbide (tuvo que irse muy pronto, a diferencia de más de medio siglo imperial de Pedro II).
Que hay una "contraofensiva de la derecha" de Brasil es también relativo, aunque sea porque Rousseff no ganó con mucho más de la mitad de los votos (cerca del 51 %) y ni ella ni Lula contradicen demasiado a los grandes intereses del agronegocio y financieros (locales y extranjeros) ni a la gran potencia occidental. Lo ha reconocido el Emir del Saber: ha habido a lo sumo una que otra política neokeynesiana, pero no hay revolución ninguna ni reformas de envergadura. Entre los contrincantes de Rousseff -a quien tuvo que llegar a salvar el gran demagogo, Lula- estuvieron Marina Silva (Partido Socialista Brasileño) y Aecio Neves (Partido de la Social Democracia Brasileña). No son cinco gatos pro-dictadura fotografiados en alguna calle de Brasil por tal o cual periódico amarillista que van a tumbar a Rousseff. Ciertamente, desde un ángulo de izquierda es preferible un gobierno petista, pero también resulta pasmoso ver a grupos como el Movimiento de los Sin Tierra obligados -como lo estuvieron a partir de la Revolución Cubana tantos otros- a realizar alianzas incondicionales con quien ni los ve ni los oye, salvo en coyunturas electorales: el resto del tiempo, políticos como por ejemplo Delcidio Amaral, jefe del Partido de los Trabajadores (PT) en el Senado, están más ocupados en "meterle mano" al presupuesto de Petrobrás que en cualquier otra cosa, porque en Brasil, como en el resto de América Latina, se hace fortuna desde arriba, nunca desde abajo (dada la estructura económica), aunque Lula sea la pantalla para creerse -él parece creérselo- que "cualquiera puede" -no falta gente cercana a Lula que efectivamente lo cree y que si la ocasión se presenta, lo practica para beneficio propio. Al cabo de tanto "gobierno de los trabajadores" ( con una ayudadita del Partido Movimiento Democrático Brasileño, conocido simpáticamente como "partido atrápalotodo"), con 20 % de la Camara y 10 % del Senado bajo investigación por corrupción, en Brasil las cosas siguen decidiéndose -y en este punto tiene razón Immanuel 2 al referirse a la frecuencia de los "virajes" en la política brasileña- simplemente en alianzas "mudables" desde arriba. Es un corrupto como Eduardo Cunha quien quisiera juzgar a Rousseff por corrupción. Política "desde abajo" no la hay desde hace mucho tiempo, cuando cambió la estructura interna del PT, y lo que se hace "en grande" no es para beneficio de las mayorías. Lo peor ocurre cuando, como en los anuncios publicitarios, "todos quieren" y los medios les hacen creer que "todos pueden". Parece un arribismo "en grande". Y tal vez lo sea.
Recientemente, en otro de sus "artículos-jugada" (Immanuel 2 no analiza, "hace jugadas" con probabilidades), el científico social afirmó: "Brasil es una potencia importante -en términos de tamaño, población e influencia". Pudo omitir lo de la "influencia", que no se nota a escala mundial (mucho menos con la mandataria Dilma Rousseff) y quedarse con "tamaño" y "población", solo que estas cosas también las tiene el Congo.
"Brasil -escribió Immanuel 2- se volvió la principal fuerza en intentar (en la primera década del siglo XXI) construir una unidad de América Latina y el Caribe independiente de Estados Unidos y de las estructuras que éste ha construido para controlar América Latina". Es falso. ¿Alguien le oyó alguna vez a Lula o a Rousseff alguna invectiva contra Estados Unidos o la alabanza de alguna iniciativa específicamente latinoamericana? Lo que Immanuel 2 le atribuye a Brasil fue iniciativa venezolana -del extinto Hugo Chávez, y que no prosperó, entre otras cosas por la indiferencia de Brasilia- y, en casos como el de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), de Cuba. Dice Immanuel 2 que Brasil fue "campeón de la autonomía de América Latina". Digamos que no se notó demasiado, ni siquiera, contra lo que dice el neoyorquino, en la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), cuya sede está en Quito, capital ecuatoriana (y con el Parlamento en Cochabamba, ciudad de Bolivia). No hubo muchos -menos en Brasil- que se tomaran en serio la integración latinoamericana, ni en chiste (cuando la proponía Chávez) ni en serio (cuando el mandatario ecuatoriano Rafael Correa defendió la integración con actos). La grandeza de Brasil seguramente sea idea recurrente de quienes por "tamaño" se sienten herederos del país de Pedro II (Brasil dejó de ser imperio en 1889), como a veces en México otros pierden el sentido de la medida creyendo en una grandeza al estilo de la que con esplendor buscaba Agustín de Iturbide (tuvo que irse muy pronto, a diferencia de más de medio siglo imperial de Pedro II).
Que hay una "contraofensiva de la derecha" de Brasil es también relativo, aunque sea porque Rousseff no ganó con mucho más de la mitad de los votos (cerca del 51 %) y ni ella ni Lula contradicen demasiado a los grandes intereses del agronegocio y financieros (locales y extranjeros) ni a la gran potencia occidental. Lo ha reconocido el Emir del Saber: ha habido a lo sumo una que otra política neokeynesiana, pero no hay revolución ninguna ni reformas de envergadura. Entre los contrincantes de Rousseff -a quien tuvo que llegar a salvar el gran demagogo, Lula- estuvieron Marina Silva (Partido Socialista Brasileño) y Aecio Neves (Partido de la Social Democracia Brasileña). No son cinco gatos pro-dictadura fotografiados en alguna calle de Brasil por tal o cual periódico amarillista que van a tumbar a Rousseff. Ciertamente, desde un ángulo de izquierda es preferible un gobierno petista, pero también resulta pasmoso ver a grupos como el Movimiento de los Sin Tierra obligados -como lo estuvieron a partir de la Revolución Cubana tantos otros- a realizar alianzas incondicionales con quien ni los ve ni los oye, salvo en coyunturas electorales: el resto del tiempo, políticos como por ejemplo Delcidio Amaral, jefe del Partido de los Trabajadores (PT) en el Senado, están más ocupados en "meterle mano" al presupuesto de Petrobrás que en cualquier otra cosa, porque en Brasil, como en el resto de América Latina, se hace fortuna desde arriba, nunca desde abajo (dada la estructura económica), aunque Lula sea la pantalla para creerse -él parece creérselo- que "cualquiera puede" -no falta gente cercana a Lula que efectivamente lo cree y que si la ocasión se presenta, lo practica para beneficio propio. Al cabo de tanto "gobierno de los trabajadores" ( con una ayudadita del Partido Movimiento Democrático Brasileño, conocido simpáticamente como "partido atrápalotodo"), con 20 % de la Camara y 10 % del Senado bajo investigación por corrupción, en Brasil las cosas siguen decidiéndose -y en este punto tiene razón Immanuel 2 al referirse a la frecuencia de los "virajes" en la política brasileña- simplemente en alianzas "mudables" desde arriba. Es un corrupto como Eduardo Cunha quien quisiera juzgar a Rousseff por corrupción. Política "desde abajo" no la hay desde hace mucho tiempo, cuando cambió la estructura interna del PT, y lo que se hace "en grande" no es para beneficio de las mayorías. Lo peor ocurre cuando, como en los anuncios publicitarios, "todos quieren" y los medios les hacen creer que "todos pueden". Parece un arribismo "en grande". Y tal vez lo sea.
jueves, 3 de diciembre de 2015
ECUADOR: LA DECISION DE CORREA
Rafael Correa, el actual mandatario ecuatoriano, no podrá constitucionalmente lanzarse a una nueva reelección (la tercera consecutiva) en el año 2017. No hay nada extraordinario ni especulación mayor qué hacer: en Estados Unidos, por ejemplo, es igual (dos consecutivas, y a casa). Sin embargo, Correa podrá volverse a presentar en el año 2021 y la verdad es que Alianza País, el movimiento ciudadano que postuló al presidente, parecía hasta hace poco buscar seguir con lo mismo (algo así como #Mashi Forever). Correa puso el alto por dos motivos: sugirió que Alianza País tendría ya cuadros para sucederlo (es cierto solo en parte, probablemente), y le habría confesado al mandatario boliviano, Evo Morales (otro en busca de más reelecciones), que necesita evitar un mayor distanciamiento con la familia.
Es loable que Correa quiera dedicarle más tiempo a su familia y, por lo demás, el mismo mandatario ecuatoriano ha dicho que nadie es indispensable. El problema con las reelecciones no está exactamente en los plazos y refleja en realidad otro: mientras está infatigable en sus torneos de oratoria, la izquierda en el gobierno no suele acostumbrarse a formar cuadros (no nada más cuadros políticos, sino de toda índole) y prefiere que El Insustituible siga -repartiendo favores, además- hasta el buen día en que le cueste la vida y la salud, como le ocurrió muy probablemente por excesos al extinto venezolano Hugo Chávez. A su modo, a Cuba le ocurrió lo mismo con Fidel Castro y las cosas estarían bastante peor si Raúl Castro no hubiera orientado sus energías a consolidar algunas instituciones, notoriamente el ejército (Fuerzas Armadas Revolucionarias) y la política económica (con cierto grado de apertura a pequeños negocios privados), aunque el segundo se viste de civil y el primero vivía de verde olivo en campaña perpetua (solo le faltó abrir el frente guerrillero "¿Qué bolá?" en Malaui). Si fuera por "Fidel", no habría cuadros en Cuba, salvo los mismos que en su círculo más cercano conspiraban contra él, aguardando su muerte.
La no formación de cuadros tiene que ver con una concepción de un poder que no se atesora ni se acumula (esto es para capitalistas avaros, al parecer), sino que constituye una renta (en Venezuela es una especie de "renta Chávez") que se gasta, digamos que de manera muy magnánime y sin invertir en nada productivo (hagamos notar que, como lo señaló la asambleísta ecuatoriana Gabriela Rivadeneira en el foro argentino Emancipación e Igualdad, Correa tomó la sabia precaución de mandar a miles de estudiantes a prepararse en el extranjero, creó el centro de conocimiento Yachay e importantes centros de enseñanza técnica). Queda por saber si la Revolución Ciudadana ecuatoriana tiene a cuadros de relevo (Correa sugirió -sin imponer- algunos nombres: Doris Soliz, Jorge Glas, Lenín Moreno, José Serrano, Gabriela Rivadeneira). En Bolivia, Evo Morales está yendo demasiado lejos (¿té de coca obliga?). y cabe recordar que Chávez estaba tan mal que quería perpetuarse hasta el 2030. No se puede tener a la gente en la calle en la "revolución permanente", porque el cansancio existe.
Hasta ahora y con la excepción parcial de Cuba, el único país que logró institucionalizar un proceso revolucionario en América Latina fue México (el historiador mexicano Enrique Krauze lo ha recordado recientemente en el libro El nacimiento de las instituciones), incluso formando cuadros (desde los necesarios para la expropiación petrolera en 1938 y en el Instituto Politécnico Nacional-IPN hasta el Instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales-IEPES y el Centro de Estudios Políticos Económicos y Sociales-CEPES, ambos del Partido Revolucionario Institucional), algo hoy tirado por la borda porque el kit ideológico es ahora en México de importación estadounidense (vienen formateados hasta los gestos).
Es loable que Correa quiera dedicarle más tiempo a su familia y, por lo demás, el mismo mandatario ecuatoriano ha dicho que nadie es indispensable. El problema con las reelecciones no está exactamente en los plazos y refleja en realidad otro: mientras está infatigable en sus torneos de oratoria, la izquierda en el gobierno no suele acostumbrarse a formar cuadros (no nada más cuadros políticos, sino de toda índole) y prefiere que El Insustituible siga -repartiendo favores, además- hasta el buen día en que le cueste la vida y la salud, como le ocurrió muy probablemente por excesos al extinto venezolano Hugo Chávez. A su modo, a Cuba le ocurrió lo mismo con Fidel Castro y las cosas estarían bastante peor si Raúl Castro no hubiera orientado sus energías a consolidar algunas instituciones, notoriamente el ejército (Fuerzas Armadas Revolucionarias) y la política económica (con cierto grado de apertura a pequeños negocios privados), aunque el segundo se viste de civil y el primero vivía de verde olivo en campaña perpetua (solo le faltó abrir el frente guerrillero "¿Qué bolá?" en Malaui). Si fuera por "Fidel", no habría cuadros en Cuba, salvo los mismos que en su círculo más cercano conspiraban contra él, aguardando su muerte.
La no formación de cuadros tiene que ver con una concepción de un poder que no se atesora ni se acumula (esto es para capitalistas avaros, al parecer), sino que constituye una renta (en Venezuela es una especie de "renta Chávez") que se gasta, digamos que de manera muy magnánime y sin invertir en nada productivo (hagamos notar que, como lo señaló la asambleísta ecuatoriana Gabriela Rivadeneira en el foro argentino Emancipación e Igualdad, Correa tomó la sabia precaución de mandar a miles de estudiantes a prepararse en el extranjero, creó el centro de conocimiento Yachay e importantes centros de enseñanza técnica). Queda por saber si la Revolución Ciudadana ecuatoriana tiene a cuadros de relevo (Correa sugirió -sin imponer- algunos nombres: Doris Soliz, Jorge Glas, Lenín Moreno, José Serrano, Gabriela Rivadeneira). En Bolivia, Evo Morales está yendo demasiado lejos (¿té de coca obliga?). y cabe recordar que Chávez estaba tan mal que quería perpetuarse hasta el 2030. No se puede tener a la gente en la calle en la "revolución permanente", porque el cansancio existe.
Hasta ahora y con la excepción parcial de Cuba, el único país que logró institucionalizar un proceso revolucionario en América Latina fue México (el historiador mexicano Enrique Krauze lo ha recordado recientemente en el libro El nacimiento de las instituciones), incluso formando cuadros (desde los necesarios para la expropiación petrolera en 1938 y en el Instituto Politécnico Nacional-IPN hasta el Instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales-IEPES y el Centro de Estudios Políticos Económicos y Sociales-CEPES, ambos del Partido Revolucionario Institucional), algo hoy tirado por la borda porque el kit ideológico es ahora en México de importación estadounidense (vienen formateados hasta los gestos).
MEXICO: PRD, UNA DIFICIL APUESTA
El nuevo dirigente nacional del centro-izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD) en México, el regiomontano (de la ciudad norteña de Monterrey), Agustín Basave, tiene como característica una similar a la de muchos líderes de oposición su proveniencia: Basave fue un buen rato miembro del Partido Revolucionario Institucional (PRI), del que se distanció, a su decir, porque no le quedaba al oficialismo identidad, mucho menos socialdemócrata (de todos modos, el dirigente al ser electo fue felicitado por Miguel Angel Osorio Chong, Secretario de Gobernación mexicano). Basave dirigirá dos años -hasta poco antes de las elecciones presidenciales mexicanas -a una agrupación que lo eligió con alrededor de un 97 % de votos (pese a que no era candidato emanado de las filas del partido llamado "del sol azteca", por su emblema) y que cuenta con un nada desdeñable número de afiliados, unos cuatro millones y medio.
Basave lanzó igualmente un libro, La cuarta socialdemocracia, cuyos principales defectos son un presentación cantinflesca de quien las acostumbra, el señor Rollando, y un prólogo descuidado y despistado de Páramo el de Ludolfio. Ni el presentador ni el prologuista, incapaces de salir de la politiquería, se percataron de lo que es probablemente más valioso en el texto, las conclusiones, que llaman a una ética. Este mismo llamado lo ha hecho Basave en distintas entrevistas, insistiendo contra el mal mayor de México, la corrupción. Contra lo que muchos han dado como parte de la naturaleza humana, Basave afirma: "dudo mucho que la volición insaciable de dominar a los demás sea universal". Ha escrito igualmente: "el hombre ha sido lobo de otros hombres porque ha sido lobo de sí mismo. Acumular poder de cualquier índole con el fin de sojuzgar a los demás no es la ambición natural del ser humano: es su enfermedad". Estas observaciones no son anodinas y van con una creencia mucho más generalizada de lo que se cree en la izquierda o las izquierdas, como quiera decirse. Basave es claro sobre algunas consecuencias: así por ejemplo, sobre el hecho de que la izquierda, pasmada, cometió en la socialdemocracia y frente a la globalización el error de "mimetizarse -dice el autor del reciente libro- con el presente para evitar ser asociada con el pasado". Vamos: salió corriendo. Cabría agregar: !y con tal de no perder cotos de poder!... Lo que no buscó la socialdemocracia es una identidad para el futuro.
Basave propone formas de autonomía ciudadanas que sean ajenas a los poderes de la partidocracia y del gran capital. Dentro del PRD como hacia la sociedad mexicana, Basave sugiere una "racionalidad" que lejos de basarse en sermones o textos escolares, haga un poco al estilo estadounidense: crear normas que vuelvan mayor el costo que el beneficio del abuso (por crudamente económico que suene), aunque también una moral que sea un freno al sometimiento. En suma: donde todo el mundo habla de ciudadanos, digamos que no estaría mal tenerlos, y de verdad, no nada más para disfrazarse de tales cada vez que hay que chantajear al poder. Si Basave lo consigue, una renovación del PRD no le vendría mal a una izquierda mexicana que con el liderazgo de otro ex priísta, Andrés Manuel López Obrador, puede con su poco preparado "círculo" dañar la capital mexicana (el Movimiento de Regeneración Nacional seguramente está más interesado de lo que parece por la enfermedad del poder), crear una clientela gritona y socialmente rencorosa, apostarle más al activismo -incluso en "círculos de estudio"- que a las ideas (Basave las tiene, López Obrador no, porque está en la consigna) y entrar en el juego "libertario" de provocadores abundantes y antiinstitucionales. En suma: un contrapeso obligaría a López Obrador a "orillarse" y a ceñirse a procesos que distingan entre institución y asamblea/mitin.
Basave lanzó igualmente un libro, La cuarta socialdemocracia, cuyos principales defectos son un presentación cantinflesca de quien las acostumbra, el señor Rollando, y un prólogo descuidado y despistado de Páramo el de Ludolfio. Ni el presentador ni el prologuista, incapaces de salir de la politiquería, se percataron de lo que es probablemente más valioso en el texto, las conclusiones, que llaman a una ética. Este mismo llamado lo ha hecho Basave en distintas entrevistas, insistiendo contra el mal mayor de México, la corrupción. Contra lo que muchos han dado como parte de la naturaleza humana, Basave afirma: "dudo mucho que la volición insaciable de dominar a los demás sea universal". Ha escrito igualmente: "el hombre ha sido lobo de otros hombres porque ha sido lobo de sí mismo. Acumular poder de cualquier índole con el fin de sojuzgar a los demás no es la ambición natural del ser humano: es su enfermedad". Estas observaciones no son anodinas y van con una creencia mucho más generalizada de lo que se cree en la izquierda o las izquierdas, como quiera decirse. Basave es claro sobre algunas consecuencias: así por ejemplo, sobre el hecho de que la izquierda, pasmada, cometió en la socialdemocracia y frente a la globalización el error de "mimetizarse -dice el autor del reciente libro- con el presente para evitar ser asociada con el pasado". Vamos: salió corriendo. Cabría agregar: !y con tal de no perder cotos de poder!... Lo que no buscó la socialdemocracia es una identidad para el futuro.
Basave propone formas de autonomía ciudadanas que sean ajenas a los poderes de la partidocracia y del gran capital. Dentro del PRD como hacia la sociedad mexicana, Basave sugiere una "racionalidad" que lejos de basarse en sermones o textos escolares, haga un poco al estilo estadounidense: crear normas que vuelvan mayor el costo que el beneficio del abuso (por crudamente económico que suene), aunque también una moral que sea un freno al sometimiento. En suma: donde todo el mundo habla de ciudadanos, digamos que no estaría mal tenerlos, y de verdad, no nada más para disfrazarse de tales cada vez que hay que chantajear al poder. Si Basave lo consigue, una renovación del PRD no le vendría mal a una izquierda mexicana que con el liderazgo de otro ex priísta, Andrés Manuel López Obrador, puede con su poco preparado "círculo" dañar la capital mexicana (el Movimiento de Regeneración Nacional seguramente está más interesado de lo que parece por la enfermedad del poder), crear una clientela gritona y socialmente rencorosa, apostarle más al activismo -incluso en "círculos de estudio"- que a las ideas (Basave las tiene, López Obrador no, porque está en la consigna) y entrar en el juego "libertario" de provocadores abundantes y antiinstitucionales. En suma: un contrapeso obligaría a López Obrador a "orillarse" y a ceñirse a procesos que distingan entre institución y asamblea/mitin.
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