Actualmente, el arte de la política consiste en no hacer ninguna.
Horacio Cartes, actual mandatario paraguayo, se especializó a principio de los '90 en los negocios, fundando el banco Amambay. Al mismo tiempo se volvió socio de Tabacalera del Este SA (cigarrillos Palermo) y luego creó Tabacos del Paraguay SA. Al poco tiempo se hizo de la licorería Acosta (convertida en Bebidas del Paraguay).
Condenado alguna vez por estafa al Banco Central del Paraguay, Cartes fue sobreseído inconstitucionalmente. Entretanto, en su estancia La Esperanza, Cartes habría permitido el tráfico de droga.
En el año 2001, Cartes se volvió presidente del Club Deportivo Libertad, tetracampeón y semifinalista en la Copa americana Libertadores en 2006. Cartes fue igualmente director de selecciones de la Asociación Paraguaya de Futbol (en 2010, cuando la selección paraguaya de futbol llegó a cuartos de final).
Esta trayectoria de éxito culminó en 2013, cuando, por el Partido Colorado (al que se afilió apenas en 2009), Cartes llegó a la presidencia paraguaya. Seguramente se traba de "rentabilizarla".
He aquí un ejemplo: cuando se creó un plan de compra directa a pequeños productores campesinos, para evitar intermediarios, el ministro asesor contra la pobreza, Juan Carlos Baruja, con varios parientes en la administración pública, solapó que los fondos de este programa, "Sembrando Oportunidades", quedaran plantados en los bolsillos de varios operadores colorados, donde rindieron sus frutos, sin llegar a los destinatarios originalmente designados (recibieron en cambio meriendas escolares compradas en el Mercado de Abasto de Asunción, capital paraguaya). No hubo castigo. Un escándalo de sobrefacturación en la contratación de seguros para automóviles en la Compañía Paraguaya de Comunicaciones quedó igualmente sin castigo. Lo mismo ocurrió con un robo de combustibles en la Policía. Cartes no estaba al tanto (como en Chile, Sebastián Piñera nunca estuvo al tanto de nada). Honor Colorado, la corriente política de Cartes, es la que tiene más narcopolíticos. Es muy simple: un hombre de negocios no se dedica a nada que no sea negocio, política incluida. De otro modo, sería hermana de la caridad, que es como los hombres de negocios ven a países como Cuba o Venezuela. Un hombre de negocios "no tiene desperdicio" y lo que pareciera por momentos haber faltado en el petismo brasileño o en los herederos de Chávez es lo que un negociante llamaría una mayor "amplitud de miras"..
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sábado, 12 de diciembre de 2015
PANAMA: TRES MANERAS DE HACER (CASI) LO MISMO
Con negocios se "desideologizan" las cosas, según pareciera probarlo por ejemplo Haití, donde el próximo presidente tal vez sea un negociante de plátano, bananaman Jovenel Moise (salvo que su rival Jude Celestin dé la sorpresa), luego de que en la figura del actual presidente, Michel Martelly, cupieran desde simpatizantes de René Préval hasta de Michel Francois, jefe policíaco de mala muerte acusado de crímenes contra la Humanidad y entre los promotores -arropados por Martelly en sus discotecas- de la expulsión del poder de Jean-Bertrand Aristide.
Con negocios se "descafeinó" el socialdemócrata Partido Revolucionario Democrático (PRD) panameño, de vuelta al poder en los años '90 con un presidente, Ernesto Toro Pérez Balladares, que había sido gerente de crédito corporativo de Citibank para Panamá y Centroamérica, en los '70. Martín Torrijos Espino, presidente un poco más adelante (2004-2009), cadete de Wisconsin en Estados Unidos, fue gerente administrativo y de operaciones de un McDonald's de Chicago por cuatro años y asesor económico de firmas internacionales de comunicación, construcción, agroexportación e industria marítima.
Tal pareciera que, viendo que el asunto era de negocios, una parte de la masa panameña decidió que fueran muy abiertos. Así fue electo un empresario, Ricardo Martinelli (2009-2014), dueño de una cadena de supermercados, Super 99, y de varias otras empresas, no pocas. Que fuera hombre de negocios no fue garantía de transparencia: Martinelli, refugiado en Miami luego de su mandato, perdió el fuero, al igual que su esposa, Marta Linares de Martinelli y su hijo Ricardo Alberto, todos metidos en la corrupción. Entre otras cosas, Martinelli Linares fue acusado de obtener de manera irregular una concesión del Estado a favor del grupo Inversión Mundial, S.A., para comercializar el bingo televisivo Buko Millonario. Linares de Martinelli fue acusada a su vez de hacer negocios en perjuicio de la administración pública en el Programa de Ayuda Nacional. En cuanto al mismo Ricardo Martinelli, se vió involucrado en peculado y corrupción en compras de comida deshidratada para escuelas públicas, en sobrecostos y pago de sobornos para infraestructura pública multimillonaria, en la obtención de información bursátil privilegiada (escándalo casa de valores Financial Pacific) y en gastos desorbitados para "consultorías" en imagen.
Como alguna gente del equipo de Macri en Argentina, señaladamente en Buenos Aires, Martinelli aprovechó sus privilegios para espiar ilegalmente a sus opositores. Gran parte de la masa panameña apenas cambió: eligió a un antiguo integrante del gabinete de Martinelli, Juan Carlos Varela ("arnulfista", entiéndase que parte de la peor oligarquía interiorana de Panamá), peleado a muerte con el de los supermercados y dueño a su vez de una conocida compañía de venta de licores y accionista de varias emisoras de radio, entre otros negocios del Grupo Varela-Varela Hermanos. Desde que "transitó a la democracia" y quedó sin militares en el gobierno (y sin ejército), la masa panameña ha podido elegir entre distintas formas de ser explotada por el mundo de los negocios, en el cual Martinelli consiguió, entre otros éxitos, el de llegar al top 15 de la corrupción mundial, según Transparencia Internacional.
Con negocios se "descafeinó" el socialdemócrata Partido Revolucionario Democrático (PRD) panameño, de vuelta al poder en los años '90 con un presidente, Ernesto Toro Pérez Balladares, que había sido gerente de crédito corporativo de Citibank para Panamá y Centroamérica, en los '70. Martín Torrijos Espino, presidente un poco más adelante (2004-2009), cadete de Wisconsin en Estados Unidos, fue gerente administrativo y de operaciones de un McDonald's de Chicago por cuatro años y asesor económico de firmas internacionales de comunicación, construcción, agroexportación e industria marítima.
Tal pareciera que, viendo que el asunto era de negocios, una parte de la masa panameña decidió que fueran muy abiertos. Así fue electo un empresario, Ricardo Martinelli (2009-2014), dueño de una cadena de supermercados, Super 99, y de varias otras empresas, no pocas. Que fuera hombre de negocios no fue garantía de transparencia: Martinelli, refugiado en Miami luego de su mandato, perdió el fuero, al igual que su esposa, Marta Linares de Martinelli y su hijo Ricardo Alberto, todos metidos en la corrupción. Entre otras cosas, Martinelli Linares fue acusado de obtener de manera irregular una concesión del Estado a favor del grupo Inversión Mundial, S.A., para comercializar el bingo televisivo Buko Millonario. Linares de Martinelli fue acusada a su vez de hacer negocios en perjuicio de la administración pública en el Programa de Ayuda Nacional. En cuanto al mismo Ricardo Martinelli, se vió involucrado en peculado y corrupción en compras de comida deshidratada para escuelas públicas, en sobrecostos y pago de sobornos para infraestructura pública multimillonaria, en la obtención de información bursátil privilegiada (escándalo casa de valores Financial Pacific) y en gastos desorbitados para "consultorías" en imagen.
Como alguna gente del equipo de Macri en Argentina, señaladamente en Buenos Aires, Martinelli aprovechó sus privilegios para espiar ilegalmente a sus opositores. Gran parte de la masa panameña apenas cambió: eligió a un antiguo integrante del gabinete de Martinelli, Juan Carlos Varela ("arnulfista", entiéndase que parte de la peor oligarquía interiorana de Panamá), peleado a muerte con el de los supermercados y dueño a su vez de una conocida compañía de venta de licores y accionista de varias emisoras de radio, entre otros negocios del Grupo Varela-Varela Hermanos. Desde que "transitó a la democracia" y quedó sin militares en el gobierno (y sin ejército), la masa panameña ha podido elegir entre distintas formas de ser explotada por el mundo de los negocios, en el cual Martinelli consiguió, entre otros éxitos, el de llegar al top 15 de la corrupción mundial, según Transparencia Internacional.
CHILE: PIÑERICOSAS
El hijo de la actual mandataria chilena, Michelle Bachelet, se vió involucrado en una historia de tráfico de influencias y especulación inmobiliaria (caso Caval), por lo que el tal Sebastián Dávalos Bachelet tuvo que renunciar al puesto que tenía en el gobierno y a la militancia en el Partido Socialista. No fue un asunto demasiado grave, aunque Bachelet reconoció que estaba golpeada -personal y políticamente- por lo sucedido, en actitud diferente a la de, por ejemplo, Lula -quien acaba de reunirse con el socialista español Felipe González para serle desleal a Venezuela-: que Luis Claudio Lula da Silva y Fabio Luis Lula da Silva estén siendo investigados por corrupción es algo que no altera a los medios de comunicación masiva ni al mismo ex presidente brasileño, el "hombre de los bonos" porque creció en la época en que los obreros los adoraban, y quien ha declarado con orgullo que "tiene otros tres hijos que no fueron denunciados".
Bachelet, por lo pronto, sacó adelante -del modo más consecuente- una ley que da mayor autonomía al Servicio Electoral chileno (Servel), lo que en principio permitirá una mejor fiscalización de los candidatos, los partidos y los gastos de campaña (no podrá haber aportes de personas jurídicas).
Bachelet, desconocida para la izquierda latinoamericanista, fue juzgada con mayor dureza que Sebastián Piñera, presidente de Chile entre 2010 y 2014. Piñera siguió con esta tendencia en América Latina a confundir el Estado con una oficina corporativa y la nación con una empresa, aunque fuera con "responsabilidad social" aparente, como en el caso de "los 33" (los famosos mineros atrapados). Simplemente, muchos parecen haber considerado normales los manejos turbios de Piñera, una de las tres mayores fortunas de Chile, acusado de irregularidades en la quiebra del banco Talca, de uso de información privilegiada para adquirir acciones en LAN, de conflicto de intereses con Chilevisión, de tardanza en vender sus empresas mientras asumía la presidencia, de elusión de impuestos de ser accionista en Copec, una minera que causó devastación ambiental, y de otros casos. Sebastián Valdés, administrador de la campaña electoral de Sebastián Piñera en 2009, era ejecutivo en Bancard/Bancorp, lugar de inversión de Piñera, por lo que apareció la duda sobre la forma en que fue financiada la llegada del empresario al Palacio de La Moneda. Las investigaciones ("casos Penta y SQM") han proseguido y aunque Piñera ha sabido eludir con hermetismo las acusaciones en su contra, está más o menos claro que no separó negocios y política. Por lo demás, no queda claro que tuviera voluntad de hacerlo ni de que fuera votado para hacerlo.
Tan es así que, al nombrar su gabinete, Piñera hizo exactamente lo mismo que Macri (amigo del empresario chileno) hoy en Argentina: Relaciones Exteriores quedó en manos de alguien del holding Falabella, Vivienda y Urbanismo, de alguien de Papelera Dimar, Hacienda, para alguien del grupo económico Angelini y el Servicio Nacional de la Mujer, para el grupo Luksic y la empresa Calaf, para no hablar de los ministros "independientes" (grupo Tantauco que debía "salvar de la Concertación" a la iniciativa privada, etcétera). Macri no ha inventado nada: ha seguido la tendencia de varios países latinoamericanos a realizar por la vía rápida lo mismo que en Estados Unidos -la injerencia del dinero en la política- toma un poquito (apenas) más de tiempo.
Bachelet, por lo pronto, sacó adelante -del modo más consecuente- una ley que da mayor autonomía al Servicio Electoral chileno (Servel), lo que en principio permitirá una mejor fiscalización de los candidatos, los partidos y los gastos de campaña (no podrá haber aportes de personas jurídicas).
Bachelet, desconocida para la izquierda latinoamericanista, fue juzgada con mayor dureza que Sebastián Piñera, presidente de Chile entre 2010 y 2014. Piñera siguió con esta tendencia en América Latina a confundir el Estado con una oficina corporativa y la nación con una empresa, aunque fuera con "responsabilidad social" aparente, como en el caso de "los 33" (los famosos mineros atrapados). Simplemente, muchos parecen haber considerado normales los manejos turbios de Piñera, una de las tres mayores fortunas de Chile, acusado de irregularidades en la quiebra del banco Talca, de uso de información privilegiada para adquirir acciones en LAN, de conflicto de intereses con Chilevisión, de tardanza en vender sus empresas mientras asumía la presidencia, de elusión de impuestos de ser accionista en Copec, una minera que causó devastación ambiental, y de otros casos. Sebastián Valdés, administrador de la campaña electoral de Sebastián Piñera en 2009, era ejecutivo en Bancard/Bancorp, lugar de inversión de Piñera, por lo que apareció la duda sobre la forma en que fue financiada la llegada del empresario al Palacio de La Moneda. Las investigaciones ("casos Penta y SQM") han proseguido y aunque Piñera ha sabido eludir con hermetismo las acusaciones en su contra, está más o menos claro que no separó negocios y política. Por lo demás, no queda claro que tuviera voluntad de hacerlo ni de que fuera votado para hacerlo.
Tan es así que, al nombrar su gabinete, Piñera hizo exactamente lo mismo que Macri (amigo del empresario chileno) hoy en Argentina: Relaciones Exteriores quedó en manos de alguien del holding Falabella, Vivienda y Urbanismo, de alguien de Papelera Dimar, Hacienda, para alguien del grupo económico Angelini y el Servicio Nacional de la Mujer, para el grupo Luksic y la empresa Calaf, para no hablar de los ministros "independientes" (grupo Tantauco que debía "salvar de la Concertación" a la iniciativa privada, etcétera). Macri no ha inventado nada: ha seguido la tendencia de varios países latinoamericanos a realizar por la vía rápida lo mismo que en Estados Unidos -la injerencia del dinero en la política- toma un poquito (apenas) más de tiempo.
viernes, 11 de diciembre de 2015
AMERICA LATINA, EL OTRO CAMBIO DE EPOCA
Los negocios, en rigor, no tienen por qué ser siempre anormales. En América Latina, sin embargo, sucede que de la misma manera en que se hacen seudopopulismos corruptos (Brasil, el kirchnerismo argentino en menor medida) o socialismos corruptos (los cubanos lo han reconocido, los boliviarianos de Venezuela no tanto), el dinero rara vez se acompaña de una trayectoria limpia. Esto es lo que Gary Becker llamó "capitalismo de compadres". El problema es que el socialismo también es "de compadres" y lo es también lo que queda del populismo. Pareciera que se busca lo mejor de ambos mundos, sin el costo de ninguno: el negocio sin la "engorrosa" y "burocrática" ley (y a pesar de que los centros metropolitanos también andan en apuros).
Con ayuda de la certera puñalada de los mismos arribistas que creó el kirchnerismo, la "clase media", Mauricio Macri, nuevo mandatario argentino, en una total confusión, nombró no un equipo de gobernantes, sino uno de gerentes: casi no hay cargo que no esté en manos de alguien que hizo carrera en los negocios, sea Shell (para el ministro de Energía y Minería), sea Telecom e IBM (para la nueva canciller), sea la cementera Loma Negra (para la cartera de Hacienda y Finanzas), sea Mc Kinsey y Bank of America (los ministerios serán supervisados por empresarios ligados a estos grupos), o incluso Random House Mondadori para el ministro de Cultura. Desde luego, esto deja suponer que habrá derrama, gestión del goteo de la misma y abundancia para todos, puesto que nadie vende un producto anunciándolo así: "compre esta porquería". En suma, será un supuesto juego de "ganar-ganar". El problema no está aquí: reside en que Macri carga con 214 denuncias en su contra desde 2007 por hacer desde negocios chuecos (enriquecimiento ilícito, estafas) hasta espionaje ilegal y violación de los deberes de funcionario público. La ahora gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal y su jefe de prensa, Miguel de Godoy, tienen en su haber lavado de activos, peculado y falsificación de documentos. Digamos que tal vez no todo es cierto: solo lo suficiente para probar que aquí, en vez de burguesía, hay una oligarquía parasitaria-intermediaria dispuesta a llevarse por la mala -sin ley ni instituciones, cosa de "ahorrar costos"- y a toda velocidad "lo que se pueda"
Este cambio de época no lo notó la izquierda latinoamericanista porque no prestó atención al naciente modo local de hacerse un lugar en lo global. Este modo lo inauguró en el año 2000 el entonces mandatario mexicano Vicente Fox (por Acción Nacional, partido de derecha), antiguo gerente ejecutivo de la Coca-Cola (para toda América Latina). Prometió la "transición a la democracia en México" y consiguió (además de crear en pocos años una fauna extraña de jóvenes con barbas seudoislámicas y aire de señorito franquista en algunas colonias de la capital mexicana) la transición de los hijos de su esposa al típico capitalismo subdesarrollado (en Petróleos Mexicanos-Pemex, Oceanografía, el sector de la vivienda y el Instituto para la Protección del Ahorro Bancario-IPAB), que consiste en aprovechar cargos públicos para otorgar negocios en forma irregular, en particular a cambio de comisiones. Todo era cuestión no de negocios (entiéndase que de inversión productiva, visión empresarial, disposición al riesgo, "instintos animales" para abrirse mercados, capacidad de innovacion, "ánimo schumpeteriano", etcétera), sino en realidad -como en la izquierda- de "saber relacionarse" y "mover influencias", cenas con coñac y arreglos del 20 % al final de las mismas. ¿Alguna relación con un verdadero empresariado, por lo menos algo cercano al Grupo Bal de Alberto Bailleres (aunque no sea idealizable), recientemente galardonado por el gobierno mexicano? Ninguna. Con Fox arrancaron doce años de "gestión sin gobierno" -léase "caos controlado", y a ritmo de tambora protofascista- que sumieron a gran parte de México en una descomposición social -en particular cívica y con total pérdida de la ética- de la que el oficialismo no alcanza hasta hoy a salir. Ese es el cambio de época: el negocio fácil, la tendencia a la extorsión como regla, la estafa, los gritos, la insolencia, la promesa al viento, el desfalco del bien público, en fin, todo lo que el izquierdismo arribista suele tener en el clóset hasta llegado el momento de hacerse del gobierno y ser bolivariano con una parte del año y de la familia en Miami. Digamos que el gabinete de Macri, siguiendo la verdadera tendencia de la época, parece el de gente para la cual gobernar es lo de menos, suponiendo que importe en algo: lo que cuenta son las "relaciones" en los negocios, lo que ni siquiera los convierte en tales, sino, para Argentina, apenas en sucursal o franquicia de los de otros, foráneos
Con ayuda de la certera puñalada de los mismos arribistas que creó el kirchnerismo, la "clase media", Mauricio Macri, nuevo mandatario argentino, en una total confusión, nombró no un equipo de gobernantes, sino uno de gerentes: casi no hay cargo que no esté en manos de alguien que hizo carrera en los negocios, sea Shell (para el ministro de Energía y Minería), sea Telecom e IBM (para la nueva canciller), sea la cementera Loma Negra (para la cartera de Hacienda y Finanzas), sea Mc Kinsey y Bank of America (los ministerios serán supervisados por empresarios ligados a estos grupos), o incluso Random House Mondadori para el ministro de Cultura. Desde luego, esto deja suponer que habrá derrama, gestión del goteo de la misma y abundancia para todos, puesto que nadie vende un producto anunciándolo así: "compre esta porquería". En suma, será un supuesto juego de "ganar-ganar". El problema no está aquí: reside en que Macri carga con 214 denuncias en su contra desde 2007 por hacer desde negocios chuecos (enriquecimiento ilícito, estafas) hasta espionaje ilegal y violación de los deberes de funcionario público. La ahora gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal y su jefe de prensa, Miguel de Godoy, tienen en su haber lavado de activos, peculado y falsificación de documentos. Digamos que tal vez no todo es cierto: solo lo suficiente para probar que aquí, en vez de burguesía, hay una oligarquía parasitaria-intermediaria dispuesta a llevarse por la mala -sin ley ni instituciones, cosa de "ahorrar costos"- y a toda velocidad "lo que se pueda"
Este cambio de época no lo notó la izquierda latinoamericanista porque no prestó atención al naciente modo local de hacerse un lugar en lo global. Este modo lo inauguró en el año 2000 el entonces mandatario mexicano Vicente Fox (por Acción Nacional, partido de derecha), antiguo gerente ejecutivo de la Coca-Cola (para toda América Latina). Prometió la "transición a la democracia en México" y consiguió (además de crear en pocos años una fauna extraña de jóvenes con barbas seudoislámicas y aire de señorito franquista en algunas colonias de la capital mexicana) la transición de los hijos de su esposa al típico capitalismo subdesarrollado (en Petróleos Mexicanos-Pemex, Oceanografía, el sector de la vivienda y el Instituto para la Protección del Ahorro Bancario-IPAB), que consiste en aprovechar cargos públicos para otorgar negocios en forma irregular, en particular a cambio de comisiones. Todo era cuestión no de negocios (entiéndase que de inversión productiva, visión empresarial, disposición al riesgo, "instintos animales" para abrirse mercados, capacidad de innovacion, "ánimo schumpeteriano", etcétera), sino en realidad -como en la izquierda- de "saber relacionarse" y "mover influencias", cenas con coñac y arreglos del 20 % al final de las mismas. ¿Alguna relación con un verdadero empresariado, por lo menos algo cercano al Grupo Bal de Alberto Bailleres (aunque no sea idealizable), recientemente galardonado por el gobierno mexicano? Ninguna. Con Fox arrancaron doce años de "gestión sin gobierno" -léase "caos controlado", y a ritmo de tambora protofascista- que sumieron a gran parte de México en una descomposición social -en particular cívica y con total pérdida de la ética- de la que el oficialismo no alcanza hasta hoy a salir. Ese es el cambio de época: el negocio fácil, la tendencia a la extorsión como regla, la estafa, los gritos, la insolencia, la promesa al viento, el desfalco del bien público, en fin, todo lo que el izquierdismo arribista suele tener en el clóset hasta llegado el momento de hacerse del gobierno y ser bolivariano con una parte del año y de la familia en Miami. Digamos que el gabinete de Macri, siguiendo la verdadera tendencia de la época, parece el de gente para la cual gobernar es lo de menos, suponiendo que importe en algo: lo que cuenta son las "relaciones" en los negocios, lo que ni siquiera los convierte en tales, sino, para Argentina, apenas en sucursal o franquicia de los de otros, foráneos
miércoles, 9 de diciembre de 2015
PANAMA: MEMORIAS DEL HOMBRE QUE PIDIO PERDON
Manuel Antonio Noriega., el último líder militar panameño y que como tal pidió hace poco "perdón", dejó escritas desde 1997 sus memorias, publicadas en inglés en Random House New York (America's prisoner). El ataque estadounidense contra Panamá en diciembre de 1989 no tuvo mucho de valiente, dada la disparidad de fuerzas entre los rivales, pero Noriega llegó a hacerse una pregunta más: el entonces presidente estadounidense, George Bush padre, parece haber tenido antecedentes de cobardía ya que, habiendo sido aviador naval, nunca quiso ahondar en una acusación en su contra, la de haber cometido un crimen de guerra al ametrallar un bote salvavidas japonés (con gente desarmada) durante la segunda Guerra Mundial-
Noriega asegura haber buscado cómo volar a Chiriquí (al norte de Panamá, en la frontera con Costa Rica), la noche de la invasión, para organizar la resistencia, pero el cerco cerca de Tocumén llevó al militar a refugiarse finalmente no en casa de ninguna amante, sino en la de la política Balbina Herrera (ausente para ese momento), en el barrio popular de San Miguelito, hasta caer en la trampa de la Nunciatura Apostólica. Dentro de los datos interesantes de las memorias, Noriega afirma que Omar Torrijos murió en lo que fue establecido por expertos panameños e internacionales-incluyendo gente afín a Torrijos- como un accidente de aviación, aunque hasta hoy siga existiendo la sombra de la duda sobre el hecho.
Lo cierto es que, mientras estuvo Noriega en el poder, no hubo dictadura en Panamá, ni formal ni real. El principal hecho de represión que se le ha querido atribuir a Noriega no se sostuvo: un tribunal de Chiriquí, en 1993 (con Guillermo Endara en la presidencia, el hombre colocado por la invasión estadounidense), no encontró nada contra el líder militar ni su hombre cercano en la provincia, mayor Luis Córdoba, en el asesinato del "opositor" Hugo Spadáfora, quien pudo haber muerto en un delito común (cuyo culpable confeso fue un indio guaymí, "Bruce Lee" Francisco Eliézer González). En los '80, sobre este caso, el coronel Roberto Díaz Herrera (nombrado embajador durante el periodo presidencial de Martín Torrijos y durante mucho tiempo refugiado en brazos del venezolano Carlos Andrés Pérez) estuvo mintiendo. El otro acto de represión, el "ataque" contra el opositor Guillermo Billy Ford en el parque Santa Ana de la capital panameña (cuando se difundió al mundo la imagen de Ford con la guayabera ensangrentada), fue probablemente una provocación de soldados estadounidenses de civil, puertorriqueños de origen (para confundirse mejor entre los panameños).
Noriega lo dice en todo momento: como jefe militar y de inteligencia (desde los '70), colaboró estrechamente con la Central de Inteligencia America (CIA) y con la DEA (Drug Enforcement Administration), aunque sin ser parte de ninguna de estas agencias, y ayudando en contactos con Cuba y contra el tráfico de droga. El general Frederick Woerner, jefe del Comando Sur en Panamá en 1989, llegó a declarar no haber visto nunca la menor evidencia de que Noriega estuviera implicado en el narcotráfico. En cambio, Endara y Ford formaron parte durante años de las directivas de bancos involucrados en el lavado de dinero del narcotráfico colombiano.
Oscar Arias, ex presidente costarricense (del Partido Liberación Nacional) y Premio Nobel de la Paz, está retratado también como otro campeón de la deslealtad: habiendo recibido incluso dinero panameño para llegar a ser mandatario, cuando lo fue sirvió los intereses estadounidenses, convirtió a la neutral Costa Rica en centro de contrainteligencia -incluida la practicada contra Panamá- y de apoyo a la "contra" nicaraguense.
El precio de no considerar y cotejar este tipo de testimonios ha sido, para Panamá, el de tener una percepción errónea de la historia propia y de las fuerzas en juego (Peter Eisner, el coautor, las precisa en el libro de memorias de Noriega), salvo para hacer negocios (de toda índole), desde las capas dirigentes y en altos cargos del PRD (Partido Revolucionario Democrático) hasta mandatarios más recientes. Por lo que toca a la izquierda, no suele ocuparse de asuntos terrenales, ni mucho menos de hechos concretos que perturben la conveniencia disfrazada de "necesidad de sobrevivencia" -ante el poder y los "amigos", sobre todo.
Noriega asegura haber buscado cómo volar a Chiriquí (al norte de Panamá, en la frontera con Costa Rica), la noche de la invasión, para organizar la resistencia, pero el cerco cerca de Tocumén llevó al militar a refugiarse finalmente no en casa de ninguna amante, sino en la de la política Balbina Herrera (ausente para ese momento), en el barrio popular de San Miguelito, hasta caer en la trampa de la Nunciatura Apostólica. Dentro de los datos interesantes de las memorias, Noriega afirma que Omar Torrijos murió en lo que fue establecido por expertos panameños e internacionales-incluyendo gente afín a Torrijos- como un accidente de aviación, aunque hasta hoy siga existiendo la sombra de la duda sobre el hecho.
Lo cierto es que, mientras estuvo Noriega en el poder, no hubo dictadura en Panamá, ni formal ni real. El principal hecho de represión que se le ha querido atribuir a Noriega no se sostuvo: un tribunal de Chiriquí, en 1993 (con Guillermo Endara en la presidencia, el hombre colocado por la invasión estadounidense), no encontró nada contra el líder militar ni su hombre cercano en la provincia, mayor Luis Córdoba, en el asesinato del "opositor" Hugo Spadáfora, quien pudo haber muerto en un delito común (cuyo culpable confeso fue un indio guaymí, "Bruce Lee" Francisco Eliézer González). En los '80, sobre este caso, el coronel Roberto Díaz Herrera (nombrado embajador durante el periodo presidencial de Martín Torrijos y durante mucho tiempo refugiado en brazos del venezolano Carlos Andrés Pérez) estuvo mintiendo. El otro acto de represión, el "ataque" contra el opositor Guillermo Billy Ford en el parque Santa Ana de la capital panameña (cuando se difundió al mundo la imagen de Ford con la guayabera ensangrentada), fue probablemente una provocación de soldados estadounidenses de civil, puertorriqueños de origen (para confundirse mejor entre los panameños).
Noriega lo dice en todo momento: como jefe militar y de inteligencia (desde los '70), colaboró estrechamente con la Central de Inteligencia America (CIA) y con la DEA (Drug Enforcement Administration), aunque sin ser parte de ninguna de estas agencias, y ayudando en contactos con Cuba y contra el tráfico de droga. El general Frederick Woerner, jefe del Comando Sur en Panamá en 1989, llegó a declarar no haber visto nunca la menor evidencia de que Noriega estuviera implicado en el narcotráfico. En cambio, Endara y Ford formaron parte durante años de las directivas de bancos involucrados en el lavado de dinero del narcotráfico colombiano.
Oscar Arias, ex presidente costarricense (del Partido Liberación Nacional) y Premio Nobel de la Paz, está retratado también como otro campeón de la deslealtad: habiendo recibido incluso dinero panameño para llegar a ser mandatario, cuando lo fue sirvió los intereses estadounidenses, convirtió a la neutral Costa Rica en centro de contrainteligencia -incluida la practicada contra Panamá- y de apoyo a la "contra" nicaraguense.
El precio de no considerar y cotejar este tipo de testimonios ha sido, para Panamá, el de tener una percepción errónea de la historia propia y de las fuerzas en juego (Peter Eisner, el coautor, las precisa en el libro de memorias de Noriega), salvo para hacer negocios (de toda índole), desde las capas dirigentes y en altos cargos del PRD (Partido Revolucionario Democrático) hasta mandatarios más recientes. Por lo que toca a la izquierda, no suele ocuparse de asuntos terrenales, ni mucho menos de hechos concretos que perturben la conveniencia disfrazada de "necesidad de sobrevivencia" -ante el poder y los "amigos", sobre todo.
NICARAGUA: EL CANAL Y LA ESPECULACION
El gobierno nicaraguense de Daniel Ortega (el marido de Rosario Murillo) puso todas sus esperanzas en el proyecto de construcción de un Canal. Ya se sabe que, en total, la obra se ha aplazado por dos años, supuestamente por motivos "medioambientales".
Wang Jing, magnate de las telecomunicaciones chino y "padre" del proyecto de este Canal, estaba hace poco en la lista de las 200 personas más ricas del mundo y había empeñado "dinero personal" (500 millones de dólares) en la vía nicaraguense, además de la inversión propuesta por la empresa HKND, que el magnate dirige. Sin embargo, a raíz de problemas con especulación bursátil en China, Wang Jing, según se anunció hace pocas semanas, perdió el 84 % de su fortuna, pasando de tener 10 mil 200 millones de dólares a mil 100 millones de dólares. Wang Jing fue el empresario del mundo -de entre los más ricos- al que peor le fue en 2015.
Un asunto de especulación bursátil se llevó a finales del siglo XIX el proyecto francés de Ferdinando de Lesseps en Panamá -el Canal fue finalmente construido por Estados Unidos- y otro asunto especulativo liquidó un proyecto algo similar en Honduras, en esa misma época. Por lo pronto, la compañía HKND ha expresado que el proyecto de la vía interoceánica sigue en pie, aunque aplazado. Por su parte, no pocos panameños dudan de la viabilidad del canal nicaraguense: el administrador de la Autoridad del Canal de Panamá a principios del año en curso, Jorge Luis Quijano, señaló que ninguna empresa estatal china tendría en realidad interés en financiar el proyecto, que parece haber sido una ocurrencia privada de Wang Jing. Hasta aquí, hay algo extraño: Estados Unidos ha "dejado hacer" un proyecto que no sería de su conveniencia. No es que al Canal de Panamá le vaya a ir mejor en lo inmediato: apostó a un boom del gas de esquisto que está en veremos. Cuando impera la especulación, las inversiones productivas son inestables y no faltan las estafas. En los tiempos actuales, y a reserva de lo que suceda con el proyecto nicaraguense, la especulación financiera tiene la primacía sobre los intereses productivos, si es que Daniel Ortega (es el marido de Rosario Murillo) puede ser alertado sobre asuntos que van más allá de la literatura, los ataques a Ernesto Cardenal (algo que no gustó ni en Cuba) y los shows mediáticos y de masas.
Wang Jing, magnate de las telecomunicaciones chino y "padre" del proyecto de este Canal, estaba hace poco en la lista de las 200 personas más ricas del mundo y había empeñado "dinero personal" (500 millones de dólares) en la vía nicaraguense, además de la inversión propuesta por la empresa HKND, que el magnate dirige. Sin embargo, a raíz de problemas con especulación bursátil en China, Wang Jing, según se anunció hace pocas semanas, perdió el 84 % de su fortuna, pasando de tener 10 mil 200 millones de dólares a mil 100 millones de dólares. Wang Jing fue el empresario del mundo -de entre los más ricos- al que peor le fue en 2015.
Un asunto de especulación bursátil se llevó a finales del siglo XIX el proyecto francés de Ferdinando de Lesseps en Panamá -el Canal fue finalmente construido por Estados Unidos- y otro asunto especulativo liquidó un proyecto algo similar en Honduras, en esa misma época. Por lo pronto, la compañía HKND ha expresado que el proyecto de la vía interoceánica sigue en pie, aunque aplazado. Por su parte, no pocos panameños dudan de la viabilidad del canal nicaraguense: el administrador de la Autoridad del Canal de Panamá a principios del año en curso, Jorge Luis Quijano, señaló que ninguna empresa estatal china tendría en realidad interés en financiar el proyecto, que parece haber sido una ocurrencia privada de Wang Jing. Hasta aquí, hay algo extraño: Estados Unidos ha "dejado hacer" un proyecto que no sería de su conveniencia. No es que al Canal de Panamá le vaya a ir mejor en lo inmediato: apostó a un boom del gas de esquisto que está en veremos. Cuando impera la especulación, las inversiones productivas son inestables y no faltan las estafas. En los tiempos actuales, y a reserva de lo que suceda con el proyecto nicaraguense, la especulación financiera tiene la primacía sobre los intereses productivos, si es que Daniel Ortega (es el marido de Rosario Murillo) puede ser alertado sobre asuntos que van más allá de la literatura, los ataques a Ernesto Cardenal (algo que no gustó ni en Cuba) y los shows mediáticos y de masas.
¿BOLIVIA MARCA LA DIFERENCIA?
A raíz de la derrota del oficialismo en Venezuela, el mandatario boliviano, Evo Morales, pidió una "profunda reflexión". Es imposible saber si tendrá lugar: la costumbre en la izquierda latinoamericana es ahogar todo debate en verborrea.
Por lo demás, la bala le pasó silbando a Morales. En un escándalo conocido como caso del "Fondo Indígena", la justicia boliviana descubrió el desvío de una partida presupuestaria (que terminó en cuentas particulares) destinada a financiar proyectos de desarrollo para organizaciones sindicales y campesinas: hubo 49 obras "fantasma" por casi 7 millones de dólares. La diferencia está en que el vicepresidente boliviano, Alvaro García Linera, afirmó que "la justicia tiene que actuar de manera independiente, sin ningún tipo de influencia de nadie. No se olviden que quien denunció el tema fue el gobierno y pedimos que se convoque a quien se lo deba hacer". Difícilmente ignora el gobierno boliviano que la corrupción de dirigencias populares -un problema que existe- ya ha costado votos, como sucedió en El Alto.
Entretanto, en vez de desperdiciar recursos, Bolivia es, junto con Ecuador, uno de los pocos países latinoamericanos que se ha tomado el desarrollo en serio. Según el portal venezolano de América XXI, Bolivia ha conseguido poner en marcha tres plantas separadoras de hidrocarburos que son las más grandes de América Latina (entre ellas, la Planta Separadora de Líquidos Carlos Villegas, en Yacuiba, al sur del país sudamericano). Por cierto que al inaugurar una de las plantas, Evo Morales específico que no es ningún "regalo". Las plantas permitirán exportar productos de industria petroquímica y GLP, pero se abrirá igualmente la posibilidad de producir fertilizantes mediante una Planta de Amoniaco y Urea en Cochabamba, a inaugurarse el año próximo, y para satisfacer demandas de la agricultura interna -además de exportar. También se crearán complejos de producción de plásticos (etileno-polietileno y propileno-polipropileno) y se tiene planeada la construcción de plantas hidroeléctricas, geotérmicas y de litio, aprovechando las enormes reservas del salar de Uyuni. De este modo, Bolivia ha sabido sacar partido productivo de la nacionalización de hidrocarburos para crear un sector clave para un proceso industrializador.
Por lo demás, la bala le pasó silbando a Morales. En un escándalo conocido como caso del "Fondo Indígena", la justicia boliviana descubrió el desvío de una partida presupuestaria (que terminó en cuentas particulares) destinada a financiar proyectos de desarrollo para organizaciones sindicales y campesinas: hubo 49 obras "fantasma" por casi 7 millones de dólares. La diferencia está en que el vicepresidente boliviano, Alvaro García Linera, afirmó que "la justicia tiene que actuar de manera independiente, sin ningún tipo de influencia de nadie. No se olviden que quien denunció el tema fue el gobierno y pedimos que se convoque a quien se lo deba hacer". Difícilmente ignora el gobierno boliviano que la corrupción de dirigencias populares -un problema que existe- ya ha costado votos, como sucedió en El Alto.
Entretanto, en vez de desperdiciar recursos, Bolivia es, junto con Ecuador, uno de los pocos países latinoamericanos que se ha tomado el desarrollo en serio. Según el portal venezolano de América XXI, Bolivia ha conseguido poner en marcha tres plantas separadoras de hidrocarburos que son las más grandes de América Latina (entre ellas, la Planta Separadora de Líquidos Carlos Villegas, en Yacuiba, al sur del país sudamericano). Por cierto que al inaugurar una de las plantas, Evo Morales específico que no es ningún "regalo". Las plantas permitirán exportar productos de industria petroquímica y GLP, pero se abrirá igualmente la posibilidad de producir fertilizantes mediante una Planta de Amoniaco y Urea en Cochabamba, a inaugurarse el año próximo, y para satisfacer demandas de la agricultura interna -además de exportar. También se crearán complejos de producción de plásticos (etileno-polietileno y propileno-polipropileno) y se tiene planeada la construcción de plantas hidroeléctricas, geotérmicas y de litio, aprovechando las enormes reservas del salar de Uyuni. De este modo, Bolivia ha sabido sacar partido productivo de la nacionalización de hidrocarburos para crear un sector clave para un proceso industrializador.
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