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domingo, 15 de mayo de 2022

MÉXICO: REESCRIBIR LA HISTORIA

 Durante los últimos sexenios en México, antes de que llegara a la presidencia Andrés Manuel López Obrador, se hizo mucho por demoler figuras de autoridad del pasado, al grado de no dejar ninguna en pie, aunque al mismo tiempo se propagara cierto aire de "nostalgia" por Porfirio Díaz, alguien de lo más autoritario. El doble movimiento dice mucho: no querer figuras de autoridad propiamente dichas, pero sí inclinarse por el autoritarismo y la "mano dura".

     Parte de la demolición fue emprenderla de manera con frecuencia torcida contra el presidente mexicano Plutarco Elías Calles (1924-1928). Todo se valió: hasta mentir, como lo hizo el escritor Ignacio Solares al inventarse en El Jefe Máximo una entrevista con Norma Mereles, pariente de Elías Calles. Solares fue debidamente cubierto por la universidad pública y pudo seguir destruyendo la Revista de la Universidad, con un manejo corrupto.

      Parte de lo simpático del caso fue el aquelarre sobre el hecho de que un Calles inventado se dedicara al espiritismo al final de sus días, como efectivamente sucedió. Fue pretexto para que la periodista Carmen Aristegui se pusiera necia sobre el tema, como si se tratara de algún "pecado" en alguien -el mismo Calles- acusado de ser feroz con la Iglesia. Aristegui ni se inmutó por el hecho de que el campeón del espiritismo fuera Francisco I. Madero, iniciador de la Revolución Mexicana.  Resultó gran "pecado" en Calles lo que ni se notó en Madero.

     Parte de la embestida consistió en omitir -a lo que contribuyó el historiador Jean Meyer- las arremetidas de la Iglesia contra la ley (la Constitución de 1917) antes de que estallara la Guerra Cristera (no ninguna "Cristiada"), por parte de gente como el arzobispo José Mora y del Río. No se quiso perseguir al pueblo católico, sino a los curas que se negaban a cumplir las leyes, cosa que se silenció (¿quién mandó cerrar los templos luego de la Ley Calles?).

     El asunto venía de atrás, y fue recuperado por el historiador Pedro Castro, a través de una biografía del militar revolucionario Francisco R. Serrano, quien conspiró con otros, entre ellos Arnulfo R. Gómez, contra Calles, Alvaro Obregón y el militar Joaquín Amaro. Es en parte el tema de La sombra del caudillo, novela de Martín Luis Guzmán, y de una película del mismo título, que nunca fueron del agrado especial del oficialista Partido Revolucionario Institucional (PRI). No que Obregón tuviera razón al querer reelegirse con amparo legal: lo de Serrano y Gómez era una tentativa de sublevación armada contra un gobierno legalmente constituído (Serrano le había propuesto a Calles disolver el Congreso), y terminó en una tragedia en Huitzilac, Morelos, con Serrano y varios de los suyos ejecutados sin Consejo de Guerra. Castro vió textualmente en los hechos el inicio de una "dictadura", sin aclarar el papel de un Calles que de todos modos retrató "asqueado". El origen de la orden de matar a Serrano quedó en entredicho: el clásico historiador Alfonso Taracena se la había atribuído a Obregón, a espaldas de Calles. Pero Castro también biografió a Obregón. Se retomó la creencia de que la institucionalización de la Revolución Mexicana se hizo sobre un mar de sangre con la matanza de Huitzilac. Fin de cualquier derecho a reprimir -en este caso, una sublevación armada, salvo prueba de que era inexistente- y a comportarse como estadista, si el tema no era de personas sino de naciente construcción del Estado luego de un largo conflicto armado.

     No queda claro por qué Calles promovió a Serrano a gobernador del Distrito Federal, ni por qué Calles no se hizo simplemente del poder luego del asesinato de Obregón, prefiriendo a un país "de un solo hombre un país de instituciones y leyes", que hasta la fecha no existe, lo que invalida toda secuencia entre el Partido Nacional Revolucionario (PNR) y el PRI. ¿Calles asesinaba a sus "rivales" para hacerse a un lado, con todo y supuesto Maximato de no más de seis años? No es verosímil.

     Después no hay que quejarse de extravagancias: olvido completo de lo que implica ser estadista, y no nada más por López Obrador (¿hay que recordar a Vicente Fox gobernando para chiquillos y chiquillas?); pérdida social del sentido de la autoridad, pero violencia difícil de contener, y una visión del pasado deformada para las necesidades del presente. El PRI no pudo haber durado más de lo que existió en el gobierno (de 1946 al 2000: 54 años, no 70), la Historia "buena" no empezó hoy precedida de ladrones salvo en pequeñitos periodos (14 años de Benito Juárez, dos de Madero, seis de Lázaro Cárdenas), y no estaría mal insistir: coincidieron contra un estadista como Calles desde la derecha hasta la izquierda, y tal vez olvidando que el mismo Calles decía que "ser radical es la nueva forma de estar en el presupuesto", al principio del cardenismo. Serrano dejó de ser un juerguista, Gómez un corrupto y Obregón la personalidad que creía que el error de Díaz había sido "envejecer". Al parecer, éso de dejar de ser un país de un solo hombre para pasar a ser un país de instituciones y leyes no es algo que haya sido especialmente escuchado. No más que las especulaciones sobre las propiedades de Calles (el biógrafo de éste, Carlos Macías Richard, ha hecho precisiones interesantes al respecto) o sobre su infancia, como si infancia fuera destino. Dicho sea de paso, no son las especulaciones de los historiadores sonorenses encumbrados en momentos oportunos -como Ignacio Almada Bay- que van a enmendar nada. La siguiente -porque la actual todavía no es lo peor- puede ser la reescritura de la Historia por los hijos del 68. No quedarán más que ellos como protagonistas o, dicho de otro modo, con los protagónicos.



viernes, 13 de mayo de 2022

A GANAR MAL ACOMPAÑADOS

 Tal vez los aportes del intelectual estadounidense Noam Chomsky a la linguística sean importantes, aunque no forzosamente lo conviertan en un genio. No es por dichos aportes que cabe juzgar lo que dice Chomsky en política: miembro de la Internacional Progresista, Chomsky suele ser lo que se llama un "ícono" del progresismo latinoamericano. Desde luego, nadie escucha al Chomsky que no conviene: el que declara por ejemplo que tal vez el hoy ex mandatario estadounidense Donald Trump pudo ser una salida para el conflicto en Ucrania.

      Con orígenes anarquistas, Chomsky es la clase de gente que ha impedido todo aprendizaje sobre la Unión Soviética, como si no tuviera relevancia. Después de todo: ¿quién se detiene en los fracasados? Dejando de lado esta manera de competir, tan interiorizada (eres un ganador o un perdedor), queda por saber hasta dónde puede llegar cualquier izquierda sin aprender de la experiencia soviética. Se trataría entonces de aprender gracias a los nuevos conocimientos y no considerar que se lo ha superado todo.

     Nótese que para Chomsky, la Revolución de Octubre de 1917 fue "una contrarrevolución" y "antisocialista", pareciera que a los pocos minutos de haber tenido lugar. Se trató del "inicio del totalitarismo moderno", sin que se sepa si alguna ve existió el totalitarismo antiguo. Todo estaba acabado en semanas, en 1918. Para Chomsky, si lo que se buscaba era "democracia industrial" (que los trabajadores tuvieran el control de los medios de producción), hubo "más socialismo" en Europa Occidental. Rusia (sic) se volvió en cambio "el lugar más antisocialista que se pudiera imaginar". . Para colmo, pareciera que fue pura propaganda llamar "éso" "socialismo", incluso en Occidente. "No hay nada que decir sobre el tema, excepto reír", ha llegado a decir el linguísta. Bueno: el "golpe" bolchevique, más que instaurar el socialismo, "lo destruyó". Chomsky ha dicho que en la Unión Soviética los trabajadores eran "virtualmente esclavos". A este ritmo, según el intelectual estadounidense, el colapso soviético fue "una victoria para el socialismo". Qué duda cabe: así lo entendieron en Occidente, como victoria, aunque no precisamente para el socialismo, sino para el síndrome NHA (No hay alternativa).

     No queda claro si tiene caso argumentar así. Lo que vale la pena mencionar es que, a la larga, esta manera de ver el mundo lleva a cosas como: "creo que Occidente no debió avanzar hacia las fronteras rusas, pero que Rusia no debió invadir Ucrania". Es en lo que da Chomsky. Efectivamente: uno cree que todo debió haber sucedido de otro modo, pero la realidad se fue por otra parte. En 1918, tal vez. O en las decisiones de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y en las del Kremlin. El problema está en que la realidad (Engels diría que siempre transcurre por el mal lado) no imita “modelos", no sigue al pie de la letra "lo que está en los libros" (tipo Sagradas Escrituras) y no se orienta por lo que "debería ser". En suma, la realidad desencanta a los intelectuales: el capitalismo tampoco se ha caído (aunque su caída no la predijo Marx, ni la auguró Lenin, quienes hablaron de muchas otras posibilidades y jamás del "derrumbe"). Una vez desencantados, quedan cosas como: "no estoy con Rusia, pero Ucrania también tiene la culpa" (Lula), "no estoy con Rusia, pero tampoco con la OTAN", y así. No es nuevo. Al final de la Guerra Fría, pululaba la gente que "no estaba con el socialismo, pero tampoco con el capitalismo", y partidaria de alguna "tercera vía" que no ha llegado, que se sepa, sobre todo que ahora lo que no se quiere es socialismo, porque nadie se coloca del lado de un perdedor, sino algo de redistribución del ingreso o semejante. "No estoy a favor de Cuba, pero tampoco del bloqueo", etcétera. No hay de qué preocuparse: la "revolución" la hace con frecuencia el capitalismo, al menos publicitariamente. El tema generalizado es: "por favor, no me confundan. En una sociedad como la que tenemos, no quiero defender nada que me signifique el aislamiento".

     Entonces en vez de perder solos, ganen mal acompañados. Con Chomsky, por ejemplo.



miércoles, 11 de mayo de 2022

DESCANSEN EN PAZ

 Seguramente es legítimo pensar que quien se aventura por el conocimiento, en cualesquiera de sus formas, tiene interés por él. De otro modo, podría ser que el conocimiento no sea más que el pretexto para dárselas de interesante y de importante. En esta medida, el conocimiento se va apagando, cuando lo hubo, y no queda más que la ínfula.

       Enrique Krauze deja como saldo la duda, hasta donde no queda limitarse a acusarlo de ser un "plagiario" y ya, como lo han hecho intelectuales cercanos al lópezobradorismo. Pero de la duda a la conclusión ya no hay mucho trecho, por no decir que a estas alturas ya se puede concluir. Algunas fotos antiguas al lado de Octavio Paz muestran por lo demás a Enrique Krauze como un junior con ínfulas.

     Krauze Sr. tuiteó recientemente: "para emular impunemente a los nazis, Putin propaga que los ucranianos son nazis". Papá Krauze fue seguido con observaciones similares por su señora, Isabel Turrent, y por Bebé Krauze (León). No queda claro qué tan bajo se puede caer queriendo agarrar "altura": hay quienes no tienen reparo en hablar, a propósito del actual gobierno mexicano, de "polpotismo", o de "estalinismo cultural". Por lo visto, todo se vale cuando se trata no de debatir, sino de descalificar y hablar no al contrincante, sino al grupito de poder que asegura la chamba y las ambiciones de ascenso, o cuando menos de figurar y no caerse..

      Putin no ha dicho nunca que los ucranianos son nazis. Ha dicho que hay formaciones nazis entre los ucranianos. Poco importa que gente como la familia empresarial Krauze lo crea o no. No piensan darse el menor trabajo de averiguarlo. Lo mejor -y más insultante- es que Putin está emulando a los nazis. Cabe preguntarse qué grado de ignorancia puede tener alguien que dice ésto, y qué grado de soberbia para permitirse dicha ignorancia. Va con el hecho de que, según la familia Krauze, Putin y los rusos están perpetrando un "genocidio" en Ucrania. No tiene ningún sentido un desmentido, aunque valga la pena hacer notar lo siguiente: Rusia está lejos de ocupar toda Ucrania y ha circunscrito sus operaciones militares a dos regiones: el corredor del Donbás a Crimea y al norte de Kíev, capital ucraniana, en una maniobra de distracción. Cualquiera que se tome el trabajo de ver un mapa podrá darse cuenta de que el grueso del territorio ucraniano está ostensiblemente fuera de cualquier intención de ocupación, por lo que absolutamente nadie está en ningún genocidio, ni por asomo. Poco importa: como ya se dijo, hay que estar en una mezcla de ignorancia y soberbia sin par para decir que el presidente ruso Vladimir Putin está "emulando impunemente a los nazis". El problema está en que ni la ignorancia ni la soberbia tienen mayor cosa que ver con algún tipo de interés por el conocimiento, ni por brindar algún servicio al público. La señora Turrent , para quien el pueblo ruso está en la "locura colectiva", no sabe lo que dice o no debiera en todo caso preocuparse: los locos rara vez son peligrosos. La gente a la vez ignorante y soberbia sí es un peligro, porque se cree dueña de poder y con monopolio, y encuentra encima quien se lo crea. Los locos rara vez han llegado al poder. Es distinto con soberbios e ignorantes. Esto autoriza a preguntarse, humanamente, por la trayectoria intelectual de Enrique Krauze, y por su valor.

      No tiene ningún sentido hablar con sofistas. Alguien debió habérselo dicho al mandatario mexicano Andrés Manuel López Obrador. Pero ocurre que la vanidad no tiene signo ideológico: es así que Krauze hace en su cuenta de Twitter la apología de Carlos Monsivaís, el populachero favorito de López Obrador. Nunca está de más insistir: en algo se reconocen los "demócratas liberales" y parte de la izquierda, aparte del anticomunismo. Tal vez sea en la creencia de que la escritura es a fin de cuentas un asunto meramente ornamental, cortesano, y orientado a unos cuantos cenáculos: cosa de manosearse y "tortearse" unos a otros haciéndose creer entre sí que fueron elegidos para la gloria, sin que los demás -quienes están fuera de estos "círculos"- tengan la menor importancia. Feliz endogamia. Cómo se echa de menos a Carlos Fuentes con su altanería propia y sus errores garrafales de análisis. Para completar el cuadro. Descansen en Paz.



lunes, 9 de mayo de 2022

MÉXICO: PIFIAS DE LA POLÍTICA EXTERIOR

La señora rehusó jugar el papel de Primera Dama. En estas condiciones, no queda claro a qué título viajó a Estados Unidos a celebrar el 5 de mayo con el presidente estadounidense, Joseph Biden, y su esposa. Nadie criticó la actuación de una señora que es intocable.

     Al poco tiempo, el esposo de la señora, es decir, el mandatario mexicano Andrés Manuel López Obrador, se fue de gira por parte de Centroamérica y el Caribe. En Honduras, fuera del protocolo, felicitó a la presidente hondureña Xiomara Castro por hacer una reforma eléctrica, sin que quede claro si no es una forma de meterse en asuntos estrictamente hondureños. López Obrador, para felicidad de la oposición mexicana, que lo recogió enseguida, se asomó a Cuba entre otras cosas para sugerir "una Revolución en la Revolución". En concreto, López Obrador dijo: "prefiero seguir manteniendo la esperanza de que la Revolución renazca en la Revolución. Que la Revolución sea capaz de renovarse para seguir el ejemplo de los mártires que lucharon por la libertad, la igualdad, la justicia, la soberanía". Ciertamente, agregó: "y tengo la convicción y la fe de que en Cuba se están haciendo las cosas con ese propósito, de que se haga la nueva Revolución en la Revolución, es la segunda gran enseñanza,, la segunda gran lección de Cuba para el mundo". No era algo sabido hasta que lo anunció el presidente mexicano. De paso, la pregunta es la misma: ¿no se entrometió en asuntos que competen únicamente a los cubanos?

      Fuera de lo anterior, en Cuba el mandatario mexicano se la pasó contando la historia más bien irrelevante de Catarino Erasmo Garza Rodríguez, en presencia de la señora, de quien no se puede saber con qué criterio elige asistir a unas cosas y a otras no, salvo que sea el de una ambición propia (digamos que es pura especulación, y de carácter transexenal). López Obrador recibió el máximo galardón cubano, dada la capacidad de las autoridades cubanas para maniobrar al que se deje, porque nadie puede decir que el mexicano haya hecho algo relevante por las relaciones cubano mexicanas: la Orden José Martí, dedicada a hombres que han hecho "grandes hazañas por la Humanidad", según la presidencia de Cuba. El resto fue en parte el consabido lloriqueo sobre el bloqueo, con la oferta del mexicano de interceder para que sea levantado. Rusia es el país más sancionado del mundo -tiene encima miles de sanciones- y no se pasa el tiempo implorando a medio mundo o todo el mundo que se las quiten.

     Previamente, en Belice, y sobre la base de puras proyecciones, López Obrador volvió sobre su idea -suponiendo que sea suya y no del señor canciller- de unir a todas las Américas a la manera de la Comunidad Económica Europea (CEE, esta vez no habló de Unión Europea). No tiene mayor sentido explayarse sobre este absurdo. Lo que llamó la atención es que el mandatario de México, a tono con sugerencias del empresario mexicano Carlos Slim, enfatizó en la necesidad de esta unidad para contrarrestar el ascenso chino y también el declive estadounidense, como si fuera una finalidad válida, y aparentemente con el fin de evitar una confrontación, se supone que entre Estados Unidos y China: “solo de esa manera, dijo López Obrador, en una America unida, integrada, hermanada podremos hacer frente a las turbulencias de la economía mundial y, lo más importante, al peligro geopolítico que representa para todo el mundo el declive económico de Estados Unidos frente a otras regiones, en especial en Asia y en particular al avance económico-comercial, que puede ser hasta hegemónico, de China”No queda claro que sea de la incumbencia de América Latina, ni que el asunto esté realmente a la orden del día, salvo en estereotipos. Las proyecciones no son tendencias y rara vez se cumplen, ni tiene mayor sentido proponerse cosas según lo que vaya a suceder en el año 2050. En todo caso, no queda claro por qué America Latina tendría que salvar a Estados Unidos de su declive, que no deja de ser relativo. Mucho menos queda claro por qué America Latina tendría que tragarse el cuento de “ la amenaza china”. El hecho es que López Obrador ha coleccionado los llamados a hacer propios los intereses de Estados Unidos.

     Es dudoso que el presidente mexicano sepa de qué habla. Es mera hipótesis que ciertas creencias salgan de la cancillería, cuyo titular no ha escondido su ambición de ser el sucesor de López Obrador, y dista mucho de ser el blanco de la oposición, que ha escogido cebarse sobre la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum. La señora, por su parte, empuja a recordar que en México la forma es fondo. Y tal vez en la actual política exterior también. Con los Van Van (da click en el boton de reproducción).


     

viernes, 6 de mayo de 2022

ECUADOR: ¿RUMBO AL ESTADO FALLIDO?

 En gran medida, el actual gobierno ecuatoriano de Guillermo Lasso se ha convertido en prolongación de su predecesor, Lenín Moreno, que no fue juzgado por el escándalo de los INA Papers. Lasso nunca debió haber llegado al cargo al tener también dinero en paraísos fiscales (Pandora Papers), lo que bajo ciertas circunstancias prohíbe la ley ecuatoriana. Sin embargo, el actual mandatario ecuatoriano ha esquivado el juicio. Por lo demás, es un secreto a voces que con Moreno gobernó de alguna manera Lasso tras bambalinas, junto a los intereses estadounidenses.

     Se tiene así una situación en la cual delincuentes persiguen a gente inocente fabricándole delitos, como le ha ocurrido ni más ni menos que al ex mandatario Rafael Correa, quien a raíz de una orden de extradición pidió y obtuvo asilo político en Bélgica. Fue gracias a que se pudo demostrar -y ante la ley belga no es tan sencillo- que la persecución contra Correa es política, y carece en este sentido de verdadero fundamento legal. Bélgica está entre los países menos corruptos del mundo, en el pelotón de cabeza. No puede decirse de ninguna manera lo mismo del Ecuador, que está un poco más allá del lugar 100 en el mundo.

      Algo positivo fue recientemente la liberación por habeas corpus para el ex vicepresidente ecuatoriano Jorge Glas, cuyas condiciones de salud se deterioraron en la cárcel. A Glas no se le pudo probar nada. Lo que se quiso evitar algunos años atrás es que apareciera una situación de "doble poder" entre Glas y Moreno. Glas ha sido uno de los mejores cuadros de la Revolución Ciudadana. Hasta cierto punto, puede decirse lo mismo del ex canciller Ricardo Patiño, que se vió obligado a exiliarse en México. No es sencillo para los partidarios de dicha Revolución encontrar cuadros, y Correa ha hecho un llamado atinado a la capacitación.

     La asambleísta Marcela Holguín sugirió hace poco que el Ecuador podría enrumbarse hacia un Estado fallido. En muchos aspectos, ya lo es, en particular por la pavorosa falta de estado de Derecho, que permite persecuciones con saña, a lo que hay que agregar el clima de inseguridad. La derecha se ha mostrado incapaz de gobernar y, atención, no tiene ideas de cambio: únicamentre proseguir con lo mismo, el desmantelamiento del Estado, ganando por defecto al propagar que "no hay alternativa", y que la que aparezca es "populista", "autoritaria", o incluso, según algunos intelectuales provincianos, "totalitaria", para infundir a la vez miedo y oportunismo. En general, salvo excepciones, a los países más a la izquierda les va mejor en las condiciones socioeconómicas de vida, trátese de Cuba o Nicaragua, pero también de un país como Bolivia. Algo del Ecuador, mientras tanto (da click en el botón de reproducción):



     

miércoles, 4 de mayo de 2022

EL ALUD

 Una de las cosas más simpáticas de la oposición mexicana es la manera en que se hace la perseguida. Hay quien advierte incluso, escudado en Hannah Arendt, que en un mundo sin sin prensa libre, "cualquier cosa puede suceder".

      Los siguientes periódicos y revistas son en lo fundamental oposición al actual gobierno mexicano, por más que dejen colado a uno que otro partidario de López Obrador: Reforma, El Universal, El Financiero, La Crónica, Excélsior, Milenio, La Razón y sus respectivas ramificaciones televisivas, cuando las hay. Cabe incluir la revista Proceso. La excepción, por lo demás parcial, es La Jornada, y muy hasta cierto punto El Heraldo. Dejando de lado Basta!, poco conocido, podría decirse que prácticamente ocho de diez diarios mexicanos se la pasan, un día sí y el otro también, contra lo que sea que haga el gobierno de López Obrador. Nadie los ha castigado en lo más mínimo: son, pues, "prensa libre", entendiendo por ello "libre" de injerencia estatal, a lo que hay que sumar cadenas informativas como la de Carmen Aristegui o Latinus. Ningún periodista de estos grupos ha sido víctima de nada que no sea, en el límite, cierta necedad en los dichos de López Obrador, pero de ninguna coacción en los hechos. Incluso se han presentado casos de periodistas amenazados -como Azucena Uresti, de Milenio- a quienes el gobierno ha ofrecido protección, frente al crimen organizado. La mano del gobierno no está detrás de ninguno de los asesinatos de periodistas cometidos en este sexenio. Ni se diga en el mundo de las revistas intelectuales: Letras Libres y Nexos han podido hacer lo que quieran, dejando de lado un roce a principios de sexenio entre Nexos y la Secretaría de la Función Pública. Se trata de lo que ha sucedido en los hechos, a reserva de que López Obrador y sus seguidores se hagan de palabras con "chayoteros", "conservadores" o lo que se quiera. Nadie ha perdido una columna, salvo Hernán Gómez Bruera, en El Heraldo, por destapar la corrupción de Julio Scherer Ibarra (Gómez Bruera es por lo demás cercano al lópezobradorismo). Epigmenio Ibarra puede seguir con sus provocaciones en Milenio, donde le tienen tomada la medida; con cierta independencia de criterio se encuentra Jorge Zepeda Patterson (también del español El País) y si acaso Lorenzo Meyer. En los periódicos enumerados no hay, por ende, mayor cabida para el lópezobradorismo, ni mayor pluralidad. Si parece quedar La Jornada, suele ser lugar de crítica al gobierno desde el ultraizquierdismo.

     El estudioso estadounidense Joel Kotkin ha explicado lo que ha sucedido con la prensa y, de una manera más general, con los medios de comunicación masiva en los últimos tiempos. No abunda gente "en el terreno" y en las redacciones no está gente experimentada, sino que hay titulados sin mayor idea de nada. Lo más grave es lo siguiente, que es muy fácil de constatar: el periodismo de investigación ha tendido a extinguirse para ser remplazado por el de opinión, por lo que no debería extrañar que algunos se quejen de la "comentocracia" o de los "opinólogos". El grueso de los medios "fuente" está por lo demás bajo control de una izquierda "demócrata liberal" (en 2018, en Estados Unidos el 97 % de los reporteros se identificaba con los Demócratas, y en Francia dos tercios por los socialistas). Este sesgo es posible de observar por igual en medios orientados al entretenimiento: Hollywood está por el "liberalismo" (en 2018, 99 % de las donaciones políticas de ejecutivos del entretenimiento fueron para los Demócratas). Al parecer, hay quienes, en un reflejo típicamente capitalista, piensan que la calidad se mide por la cantidad, como si se estuviera en un súpermercado: a mayor número de medios, más calidad porque pareciera haber "de dónde escoger".

     El problema está efectivamente en que cantidad no es calidad: de diez medios, ocho repiten lo mismo con variantes, al grado de que pareciera estarse entre franquicias de Letras Libres. Repiten lo mismo sin informar y, sobre todo, sin el menor periodismo de investigación que, insistamos, ha tendido a la extinción. No es algo que parezca preocupar demasiado.

      El gobierno de López Obrador no ha llenado el hueco, de tal manera que no parece preocuparse mayormente por informar ni por dar a conocer sobre la base de la investigación. No se trata de salir cada vez corriendo a desmentir la última de la oposición, sino de tener una iniciativa que no se tiene. Se pueden tener ocho periódicos y cadenas diferentes y diciendo más o menos lo mismo: es probable que Arendt se haya referido a la libertad de pensamiento, no a la libertad de embestir en bola sin represalias de ningún tipo y, en realidad, sin consecuencias. Libertad es aquí impunidad: de decir cualquier cosa sin un mínimo de respaldo en la información y, lo que es más, en la investigación. Tal vez quede la impresión de que, ya puestas así las cosas, efectivamente "cualquier cosa puede suceder": por ejemplo, que un puñado de "firmas" -tampoco son tantas- se la pase escandalizando en el vecindario sin que nadie las mande a callar (es probable, en realidad, que su peor efecto esté en la telecracia con toda su insolencia).. Así las cosas.



domingo, 1 de mayo de 2022

¿EN QUÉ ESTÁBAMOS?

 Lo propio de más de un intelectual del mundo subdesarrollado es creerse a pie juntillas lo que dice alguna agencia noticiosa oficial de un país central, como si la garantía de la verdad estuviera tanto en el carácter oficial como en el origen desarrollado de lo dicho. Seguramente con esta óptica podría leerse un libro reciente de Laurence Rees, británico al servicio de la BBC (British Broadcasting Corporation), Hitler y Stalin: dos dictadores y la Segunda Guerra Mundial. El texto parte de la premisa de la igualdad entre dos totalitarismos sin cuestionársela y de la creencia de que hay gente capaz de sacrificar millones de vidas a sus "sueños".

     Algunas cosas debieran llamar a cierto cuidado con las equivalencias. Resulta que lo que dicen hasta hoy muchos críticos del socialismo soviético es curiosamente parecido a lo que decía Hitler. ¿Alguna incomodidad? Ninguna. "Los gobernantes de la Rusia actual son delincuentes comunes, con las manos manchadas de sangre.", dice Mein Kampf de una manera harto parecida a la que utiliza por ejemplo el presidente estadounidense Joseph Biden para hablar del "carnicero", "asesino" y "criminal de guerra" Vladimir Putin, mandatario ruso. No faltará el que se identifique con la creencia de Hitler de que se está ante gente que "(...) emprende la misión consciente de imponer su sangrienta opresión al mundo entero", con Putin supuestamente interviniendo en las elecciones estadounidenses o en las mexicanas (lo afirmaba el candidato mexicano José Antonio Meade sin ningún problema), en los asuntos de Cataluña o en los partidos franceses de oposición- He aquí esta joya de Hitler que suscribirían muy alegremente muchos occidentales: "en el Paraíso soviético se encuentra la forma más espantosa de esclavitud que haya existido nunca en el mundo, explica nuestro Fuhrer, millones de personas aterrorizadas, oprimidas, depravadas, medio muertas de hambre (...)". Es lo que no se cansa de repetir una creencia en "los dos totalitarismos" que suele olvidarse olímpicamente del nazismo para insistir en que "no hay alternativa".

       Tal ve se olvide que, en algún momento, eran los nazis los grandes partidarios de una Ucrania independiente. Habla un miembro de las SS (unidad de protección y choque del partido nazi)  citado por Rees: "como sabíamos que con Ucrania había existido una relación especial -y que durante la Primera Guerra Mundial Ucrania ya había sido independiente durante un tiempo corto-, dábamos por sentado que cuando la ocupáramos, se convertiría en un Estado independiente, y que los soldados del país probablemente lucharían a nuestro lado contra los restos del bolchevismo". "Muchos ucranianos habían hecho una previsión parecida", agrega Rees. Es de lo más normal que la historiografía británica tenga como fuente de su "argumentación" sobre la hambruna en Ucrania en el periodo soviético la Gestapo (policía secreta de la Alemania nazi). ¿No dijo acaso Hitler que el mundo soviético era el de gente "medio muerta de hambre"?

     Dicho sea de paso, la creencia de que el ejército soviético se iba a venir abajo muy rápido al comenzar la invasión nazi es la creencia de Hitler, no la de que Stalin no sabía hacer nada bien, salvo mandar a matar. Lo curioso es que, como Simon Sebag Montefiore, Rees da los suficientes elementos para leer correctamente. Hitler, simplemente,  era alguien a quien "le disgustaba leer documentos", según su asistente personal en los años '30, Fritz Wiedemann, y el Fuhrer llegaba a comunicar decisiones importantes "sin antes haber pedido ver siquiera los dosieres propios del asunto". "Tenía la convicción -reproduce Rees- de que muchas cosas se resolvían por sí mismas, si uno no interfería". Vaya. En cambio, en sus arranques de cólera, Stalin espetaba: "mírenme: puedo aprender, leer, mantenerme al tanto de lo que pasa cada día. ¿Por qué ustedes no pueden hacer lo mismo? No les gusta aprender: se conforman con ir tirando como son, satisfechos de sí mismos".

     El libro de Rees es otro de verdades a medias. Lo que de todas maneras está dicho es que "para hacer realidad la utopía de Hitler, se pretendía que decenas de millones de ciudadanos soviéticos desaparecieran, borrados de la faz de la Tierra". El sovietismo nunca pretendió nada parecido, y es extraño que no se hable de genocidio para lo hecho por la Alemania nazi en la Unión Soviética. El mismo Rees cita "ideas" espeluznantes de Hitler, como arrasar por completo con ciudades enteras, como Moscú y Leningrado (y de hecho, se hizo con Minsk). Arrasar: aniquilar, exterminar. Hitler es un destructor nato que anunció desde 1925 lo que quería hacer con la Unión Soviética. Está citado por Rees: "detener el movimiento incesante de los alemanes hacia el sur y el oeste, y dirigir nuestra mirada hacia las tierras orientales". Esa mirada estaba puesta de forma explícita en Rusia -reconoce Rees- y "sus Estados vasallos fronterizos". Stalin y sus allegados construyeron una potencia industrial victoriosa entre los años '20 y '30 y es algo que perdura hasta hoy, considerando que el imperio zarista no sabía más que ser enorme e inútil. Para convertir a Stalin en un "exterminador", hay que ponerse a mentir...para llegar a la misma visión que tenía nuestro simpático Fuhrer sobre la Unión Soviética. Y a Hitler nadie lo ha acusado de sacrificar millones de vidas a "un ideal", para desacreditar el ideal mismo, salvo en el tema racial, que distó de ser la única preocupación de Hitler. Stalin resulta estereotipadamente "glacial", y la clase de persona que detesta que no le digan la verdad. Al principio del libro de Rees, Hitler por poco y es simpático: casi lo confunden con un camarero y no para de hablar con locuacidad seductora, mientras que el líder soviético es hermético y calla y escucha. Nuestro Fuhrer seduce: tanto que podemos ponernos de acuerdo con su visión de la Unión Soviética, aunque lo de los judíos haya sido impasable.

     Si la BBC nos dice que Putin "está manchado de sangre", es un "criminal de guerra", un "asesino" y un "carnicero", podemos repetirlo sin problema, satisfechos de haber "replicado" a la BBC, para "ir tirando" por la vida y asegurándonos de que no pagaremos en ningún momento el precio de la verdad (puesto que es relativa, no existe, conduce a millones de muertos o lo que se quiera). Tan facilón como despachar el asunto sin siquiera saber bien de qué va. Disgusta leer documentos cuando las cosas se pueden arreglar por sí solas. Que lo diga el valet parking (da click en el botón de reproducción).









AQUÍ NO HA PASADO NADA

 Hablar de la caída de la Unión Soviética, en 1991, es un asunto tabú en lo que se conoce como "Occidente", y se reduce a reaccion...