Entre 2003 y 2013, Brasil creó más de 20 millones de puestos de trabajo formales y al salario mínimo no le fue tan mal, ya que creció en términos reales. Apareció la "clase C" de millones de beneficiados por programas de asistencia (como Bolsa Familia) que permitieron que muchos pasaran de la pobreza a la "clase media" (84 % de los empleados formales está en la franja de dos salarios mínimos, algo que tampoco es tan sensacional que digamos)..
Al mismo tiempo, Brasil retrocedió en la obligatoriedad (establecida en la Constitución de 1988) de otorgar servicios como salud y educación, para no decir que también seguridad y transporte. Estos servicios están hoy subfinanciados en Brasil, donde en cambio se los alienta de distintas formas a la mercantilización, que los vuelve onerosos. En caso de enfermedad o de quererse cierta educación de calidad, es recomendable pasar por un sector privado que cobra, a diferencia del sector público. Gracias a sus nuevos ingresos, los antiguos pobres y ahora "clasemedieros" brasileños pueden comprarse esos servicios, aunque muchas veces a crédito, porque los ingresos no alcanzan. Así, según un estudio de Lena Levinas ("La financierización de la política social: el caso brasileño") citado por Raul Cebiche en un rotativo mexicano de izquierda, el crédito tiene comprometido casi el 48 % del ingreso de las familias brasileñas de hoy, contra 22 % en el año 2006. Pagar el crédito supone restringir el consumo: la "clase C" destina 65 % de sus flamantes ingresos a pagar créditos y 35 % a la compra de productos, de tal modo que los pobres han sido sacados de su antigua condición para entrar en un consumo de masas donde los más privilegiados son los intereses financieros.
Lo que se adquiere es cada vez menos nacional, porque la gran clase media brasileña está consumiendo, no produciendo (si en 2001 el crédito representaba el 22 % del producto interno bruto, para 2014 llegó al 58 %, según cifras de Levinas). Como la actividad "brasileña" dominante es la intermediación financiera, el consumo importado, en cambio, ha aumentado mucho (por ejemplo en los electrodomésticos), de tal modo que la creación de puestos de trabajo y cierta defensa del salario mínimo no están acompañados de ganancias crecientes de productividad ni de innovación en las cadenas productivas. Así, el salario puede servir para endeudarse y comprar productos chinos.
Por lo demás, el Estado gasta en asistencia gracias a impuestos sobre el consumo de los mismos pobres, que de este modo financian su propia política de asistencia para endeudarse y comprar "a lo chino". Gracias a políticas sociales como la descrita, sacar a la gente de cierta pobreza (o de la marginalidad) puede ser un negocio redondo, pagado por los antiguos pobres a los intereses financieros.
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viernes, 30 de octubre de 2015
miércoles, 28 de octubre de 2015
EL FACILISMO, O EN QUE CEBICHE NO SE EQUIVOCA
No todos los candidatos independientes en América Latina debieran ser vistos con desconfianza, como si no hubiera otro modo de hacer política que con los partidos tradicionales.
Por lo demás, algunas cosas no están del todo claras: así por ejemplo, el líder del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) mexicano, Andrés Manuel López Obrador, a quien nadie hace caso entre sus "amistades" (no las escogió, se le "pegaron") cuando escribe un libro del interés de El poder en el trópico (con pasajes muy esclarecedores sobre la historia del estado de Tabasco), anda como disco rayado contra la "mafia del poder". Si bien los casos que menciona López Obrador ameritan reflexión (el modo de construcción del nuevo aeropuerto capitalino, etcétera), el líder no parece comprender que no pueden suspenderse los negocios, menos en las condiciones de América Latina. Lo que cuenta es que se hagan con la mayor transparencia posible. Salvo en el problema de la corrupción, López Obrador ha dejado de entender la institucionalidad mexicana -aunque esté muy maltrecha- y no duda en pelearse torpemente con candidatos independientes como El bronco Jaime Rodríguez Calderón, vencedor de las elecciones para la gubernatura del norteño estado de Nuevo León ("seguridad, educación, trabajo" fue el lema de este candidato en el Modelo García), y con el regente del Distrito Federal, Miguel Angel Mancera, cuya política -ciudadana y no partidista- es de resultados y no de andanadas verbales. El quid está en que Morena se está pareciendo a una clientela que no forma ni para pasar lista y López Obrador a lo que rechaza ser, otro "redentor de la patria". En cambio, ni Rodríguez Calderón ni Mancera han tenido inconveniente en guardar las formas y tender puentes con el oficialista Partido Revolucionario Institucional (PRI), si ello permite concretar acciones.
No puede atribuirse únicamente a "golpes blandos" (ciertamente existentes, como la arremetida de los fondos buitres en Argentina, hace ya algún tiempo) la crisis por la que atraviesan Argentina, Brasil y hasta cierto punto Venezuela, país con menor tradición populista, pero "costumbres" como la de un Carlos Andrés Pérez que la izquierda tanto celebró. En un artículo publicado recientemente en un portal de izquierda (Rebelión), Raul Cebiche criticaba con razón el viejo facilismo latinoamericano, que ahora ha consistido en repartir muy generosamente y sin exigencia alguna -las palabras son de Cebiche- la "derrama" del boom extractivista. Cebiche expresa lo mismo que Rodríguez Calderón cuando éste diferencía un bronco de un mansito: para éste, es "a mi, que me resuelvan", sin tener que mover un dedo, sin esfuerzo porque excusas nunca faltan.Tiene toda la razón del mundo Cebiche cuando dice que "en la producción, y no en la distribución, están las bases de un mundo mejor". Los hay que están esperando si la "derrama" cae por clientela o por negocio redondo, pero sin aportar nada a la verdadera vida colectiva ni al progreso y la emancipación de cada quien. Brasil, Argentina y México -puede que en cierto modo Venezuela también- han dejado de aportar a América Latina como lo hicieron en el pasado y tal vez sea el brasileño el caso más escandaloso. Así, como lo sugiere Cebiche, el asunto tarde o temprano acaba en pleito por la captura de bienes materiales y simbólicos, todo con emociones y poder por delante, pero sin reflexión ni verdadera organización -lo que sucede en este terreno en América Latina es verdaderamente penoso. El Estado cubano, agreguemos, no anda tan perdido en estas lides: redistribuye hasta lo que nadie produce -palabras huecas- y lo que otros más se roban en el camino entre Santiago e Isla de Pinos.
Tienen razón Cebiche & Co. cuando escriben: "para modificar una cultura es necesario practicar otra cultura, asentada en otros valores y en otras relaciones entre las personas (...) Porque el facilismo, entre otros problemas que presenta, permite que la irresponsabilidad individual se ampare en el colectivo". Cuba, Nicaragua y Venezuela deben saber mucho de ésto -hay revoluciones que lo han practicado por décadas, con las peores y más mezquinas relaciones personales, mientras despotricaban contra la responsabilidad comunista- tanto como los populismos brasileño, peronista y de algunos sectores conservadores del priísmo mexicano, aunque éste se ha mostrado, formalmente al menos, más receptivo en los últimos tiempos a las expresiones de independencia de ciudadanos nacientes -como tales, casi en pañales, pero no por ello menos dispuestos al aprendizaje de otra cosa que el clientelismo y sus pedidos de mansitos y militantes "bien portados".
Por lo demás, algunas cosas no están del todo claras: así por ejemplo, el líder del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) mexicano, Andrés Manuel López Obrador, a quien nadie hace caso entre sus "amistades" (no las escogió, se le "pegaron") cuando escribe un libro del interés de El poder en el trópico (con pasajes muy esclarecedores sobre la historia del estado de Tabasco), anda como disco rayado contra la "mafia del poder". Si bien los casos que menciona López Obrador ameritan reflexión (el modo de construcción del nuevo aeropuerto capitalino, etcétera), el líder no parece comprender que no pueden suspenderse los negocios, menos en las condiciones de América Latina. Lo que cuenta es que se hagan con la mayor transparencia posible. Salvo en el problema de la corrupción, López Obrador ha dejado de entender la institucionalidad mexicana -aunque esté muy maltrecha- y no duda en pelearse torpemente con candidatos independientes como El bronco Jaime Rodríguez Calderón, vencedor de las elecciones para la gubernatura del norteño estado de Nuevo León ("seguridad, educación, trabajo" fue el lema de este candidato en el Modelo García), y con el regente del Distrito Federal, Miguel Angel Mancera, cuya política -ciudadana y no partidista- es de resultados y no de andanadas verbales. El quid está en que Morena se está pareciendo a una clientela que no forma ni para pasar lista y López Obrador a lo que rechaza ser, otro "redentor de la patria". En cambio, ni Rodríguez Calderón ni Mancera han tenido inconveniente en guardar las formas y tender puentes con el oficialista Partido Revolucionario Institucional (PRI), si ello permite concretar acciones.
No puede atribuirse únicamente a "golpes blandos" (ciertamente existentes, como la arremetida de los fondos buitres en Argentina, hace ya algún tiempo) la crisis por la que atraviesan Argentina, Brasil y hasta cierto punto Venezuela, país con menor tradición populista, pero "costumbres" como la de un Carlos Andrés Pérez que la izquierda tanto celebró. En un artículo publicado recientemente en un portal de izquierda (Rebelión), Raul Cebiche criticaba con razón el viejo facilismo latinoamericano, que ahora ha consistido en repartir muy generosamente y sin exigencia alguna -las palabras son de Cebiche- la "derrama" del boom extractivista. Cebiche expresa lo mismo que Rodríguez Calderón cuando éste diferencía un bronco de un mansito: para éste, es "a mi, que me resuelvan", sin tener que mover un dedo, sin esfuerzo porque excusas nunca faltan.Tiene toda la razón del mundo Cebiche cuando dice que "en la producción, y no en la distribución, están las bases de un mundo mejor". Los hay que están esperando si la "derrama" cae por clientela o por negocio redondo, pero sin aportar nada a la verdadera vida colectiva ni al progreso y la emancipación de cada quien. Brasil, Argentina y México -puede que en cierto modo Venezuela también- han dejado de aportar a América Latina como lo hicieron en el pasado y tal vez sea el brasileño el caso más escandaloso. Así, como lo sugiere Cebiche, el asunto tarde o temprano acaba en pleito por la captura de bienes materiales y simbólicos, todo con emociones y poder por delante, pero sin reflexión ni verdadera organización -lo que sucede en este terreno en América Latina es verdaderamente penoso. El Estado cubano, agreguemos, no anda tan perdido en estas lides: redistribuye hasta lo que nadie produce -palabras huecas- y lo que otros más se roban en el camino entre Santiago e Isla de Pinos.
Tienen razón Cebiche & Co. cuando escriben: "para modificar una cultura es necesario practicar otra cultura, asentada en otros valores y en otras relaciones entre las personas (...) Porque el facilismo, entre otros problemas que presenta, permite que la irresponsabilidad individual se ampare en el colectivo". Cuba, Nicaragua y Venezuela deben saber mucho de ésto -hay revoluciones que lo han practicado por décadas, con las peores y más mezquinas relaciones personales, mientras despotricaban contra la responsabilidad comunista- tanto como los populismos brasileño, peronista y de algunos sectores conservadores del priísmo mexicano, aunque éste se ha mostrado, formalmente al menos, más receptivo en los últimos tiempos a las expresiones de independencia de ciudadanos nacientes -como tales, casi en pañales, pero no por ello menos dispuestos al aprendizaje de otra cosa que el clientelismo y sus pedidos de mansitos y militantes "bien portados".
lunes, 26 de octubre de 2015
AMERICA LATINA: LA MODA INDEPENDIENTE
América Latina pareciera estarse plagando de candidatos independientes que rebasan a los partidos políticos tradicionales. El fenómeno no es de fácil interpretación, porque dentro de estos independientes hay de todo, incluyendo algunos que, bien vistos, son menos independientes de lo que dicen ser.
El comediante guatemalteco Jimmy Morales, por ejemplo, es menos independiente de lo que parece ser y detrás de él se encuentra, aunque remozado, el Frente de Convergencia Nacional, una agrupación de ex militares veteranos de la cruenta guerra interna que vivió por décadas el país centroamericano. Aunque dice querer rescatar la institucionalidad de Guatemala, el lema del cómico de Moralejas es el típico de los grupos conservadores, cuando no algo peor: "Dios, familia y honor", un auténtico retroceso (para no ir más lejos, este es el tipo de lemas que manejan las dictaduras, los regímenes del tipo franquista o incluso filonazis como algunos del Este europeo). Entretanto, el derrocado Otto Pérez Molina reiteró en entrevista con Russia Today en Español que fue objeto de una maniobra estadounidense.
Han existido otros independientes como Rafael Correa en Ecuador, quien partió casi de cero y, no está de más insistir, no era ni siquiera el candidato de los "bolivarianos" pro-Hugo Chávez. A su modo, en el Perú, Ollanta Humala también apareció como un outsider a quien es un poco fuerte -salvo que estemos en guerra declarada- acusar de "traición" cuando siempre mantuvo un perfil bajo. Humala se va con problemas graves, como el de haber permitido una mayor injerencia militar estadounidense en el Perú, pero también habiendo dejado atrás la corrupción del aprismo de Alan García y del fujimorismo. A Correa le saltó otro "independiente" que ganó Quito, capital ecuatoriana, Mauricio Rodas, alguna vez ligado al partido social-cristiano, aunque tal vez no es lo más importante.
En recientes elecciones bolivianas, en El Alto, Soledad Chapetón se llevó la alcadía entre otras cosas por la corrupción atribuida a funcionarios oficialistas. Chapetón había sido parte de Unidad Nacional, una agrupación con algo populista de derecha encabezada por Samuel Doria Medina, un empresario cementero. Ahora, en Bogotá, capital colombiana, otro respaldado por un payaso (Antanas Mockus), el centro derechista Enrique Peñalosa (quien se lanzó recolectando firmas para su candidatura) dejó muy atrás a la izquierdista Clara López. Por si fuera poco, en México arrasó hace poco en la tercera ciudad del país, Monterrey, El bronco Jaime Rodríguez Calderón (también recolectando firmas), ex miembro del oficialista Partido Revolucionario Institucional.. Un caso más es el del susto que está metiendo en Argentina el candidato Mauricio Macri, ex presidente del club de futbol Boca Juniors, jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires desde 2007 y líder de la alianza Cambiemos. En general, muchos de estos candidatos independientes han arrasado (Morales con cerca de 70 %, Rodas con 58 %, Chapetón con 55 %, el Bronco con casi 50 %...)
Nada de lo enumerado significa el fin de un "ciclo progresista" muy ambiguo: el estilo "político" del Partido de los Trabajadores en Brasil, los escándalos de los "K" en Argentina (aún magnificados), cierto tipo de conducción oficialista en México (el menos grave de estos tres casos de corrupción de origen populista), muestran escasez de ideas, de cuadros y de sólidos programas nacionales, cuando no se trata incluso de formas de suicidio político por extranjerización a ultranza. Dejando de lado el caso de Correa(y parcialmente el de Luis Guillermo Solís en Costa Rica, otro independiente), la reacción de los outsiders no es mejor: quieren su turno en los negocios, aunque alegando decencia frente a una corrupción de los demás que no se puede negar ni es parte de ningún "golpe blando", sino del viejo modo de "acumular capital" en América Latina. Con excepciones (Correa, hasta cierto punto Solís), no hay mucho de donde escoger entre la estadolatría en desuso (salvo para saquear por arriba vendiéndolo todo al mejor postor) y el negocio tipo el peruano Hernando de Soto, dizque desde abajo ("dizque", por no faltan grandes intereses al acecho). A lo que pareciera estar transitando América Latina en este glorioso "cambio de época" -con clases medias en extremo traicioneras, como la estadounidense- es a por ahora dos muy pobres formas de hacer capitalismo y de "agarrar donde se pueda", por arriba, por abajo, por la izquierda (también sucede) o por la derecha.
El comediante guatemalteco Jimmy Morales, por ejemplo, es menos independiente de lo que parece ser y detrás de él se encuentra, aunque remozado, el Frente de Convergencia Nacional, una agrupación de ex militares veteranos de la cruenta guerra interna que vivió por décadas el país centroamericano. Aunque dice querer rescatar la institucionalidad de Guatemala, el lema del cómico de Moralejas es el típico de los grupos conservadores, cuando no algo peor: "Dios, familia y honor", un auténtico retroceso (para no ir más lejos, este es el tipo de lemas que manejan las dictaduras, los regímenes del tipo franquista o incluso filonazis como algunos del Este europeo). Entretanto, el derrocado Otto Pérez Molina reiteró en entrevista con Russia Today en Español que fue objeto de una maniobra estadounidense.
Han existido otros independientes como Rafael Correa en Ecuador, quien partió casi de cero y, no está de más insistir, no era ni siquiera el candidato de los "bolivarianos" pro-Hugo Chávez. A su modo, en el Perú, Ollanta Humala también apareció como un outsider a quien es un poco fuerte -salvo que estemos en guerra declarada- acusar de "traición" cuando siempre mantuvo un perfil bajo. Humala se va con problemas graves, como el de haber permitido una mayor injerencia militar estadounidense en el Perú, pero también habiendo dejado atrás la corrupción del aprismo de Alan García y del fujimorismo. A Correa le saltó otro "independiente" que ganó Quito, capital ecuatoriana, Mauricio Rodas, alguna vez ligado al partido social-cristiano, aunque tal vez no es lo más importante.
En recientes elecciones bolivianas, en El Alto, Soledad Chapetón se llevó la alcadía entre otras cosas por la corrupción atribuida a funcionarios oficialistas. Chapetón había sido parte de Unidad Nacional, una agrupación con algo populista de derecha encabezada por Samuel Doria Medina, un empresario cementero. Ahora, en Bogotá, capital colombiana, otro respaldado por un payaso (Antanas Mockus), el centro derechista Enrique Peñalosa (quien se lanzó recolectando firmas para su candidatura) dejó muy atrás a la izquierdista Clara López. Por si fuera poco, en México arrasó hace poco en la tercera ciudad del país, Monterrey, El bronco Jaime Rodríguez Calderón (también recolectando firmas), ex miembro del oficialista Partido Revolucionario Institucional.. Un caso más es el del susto que está metiendo en Argentina el candidato Mauricio Macri, ex presidente del club de futbol Boca Juniors, jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires desde 2007 y líder de la alianza Cambiemos. En general, muchos de estos candidatos independientes han arrasado (Morales con cerca de 70 %, Rodas con 58 %, Chapetón con 55 %, el Bronco con casi 50 %...)
Nada de lo enumerado significa el fin de un "ciclo progresista" muy ambiguo: el estilo "político" del Partido de los Trabajadores en Brasil, los escándalos de los "K" en Argentina (aún magnificados), cierto tipo de conducción oficialista en México (el menos grave de estos tres casos de corrupción de origen populista), muestran escasez de ideas, de cuadros y de sólidos programas nacionales, cuando no se trata incluso de formas de suicidio político por extranjerización a ultranza. Dejando de lado el caso de Correa(y parcialmente el de Luis Guillermo Solís en Costa Rica, otro independiente), la reacción de los outsiders no es mejor: quieren su turno en los negocios, aunque alegando decencia frente a una corrupción de los demás que no se puede negar ni es parte de ningún "golpe blando", sino del viejo modo de "acumular capital" en América Latina. Con excepciones (Correa, hasta cierto punto Solís), no hay mucho de donde escoger entre la estadolatría en desuso (salvo para saquear por arriba vendiéndolo todo al mejor postor) y el negocio tipo el peruano Hernando de Soto, dizque desde abajo ("dizque", por no faltan grandes intereses al acecho). A lo que pareciera estar transitando América Latina en este glorioso "cambio de época" -con clases medias en extremo traicioneras, como la estadounidense- es a por ahora dos muy pobres formas de hacer capitalismo y de "agarrar donde se pueda", por arriba, por abajo, por la izquierda (también sucede) o por la derecha.
viernes, 23 de octubre de 2015
EU-RUSIA: ¿UNA DECAPITACION BARATA?
Estados Unidos es una superpotencia capitalista y como tal no hace guerras costosas. Lo de Vietnam fue un error que Washington ha tratado de corregir desde 1991, con la guerra del Golfo. Fue un error no por la pérdida de vidas vietnamitas (no importaron demasiado), sino por la de soldados estadounidenses, en el entendido de que cada vida estadounidense es una "inversión" (familiar).
Estados Unidos llegó al final de la primera Guerra Mundial (1914-1918), una guerra que Washington no había peleado, a imponer condiciones y al arbitraje con los "14 puntos" de Wilson (1918). Luego, Estados Unidos se asomó entre 1943 y 1944 (año del "Día D" en Normandía, Francia), bastante después de la derrota nazi en Stalingrado (1942), para imponer toda clase de condiciones a los europeos frente a Moscú.
En la actualidad, Estados Unidos no está planeando una guerra desde su territorio contra la Federación Rusa. En abierta violación del Tratado sobre Misiles de Alcance Medio y Corto (INF), que impide pasarlos del mar a tierra firme, Washington está creando su escudo antimisiles en países como Rumanía (en Deveselu, una antigua base aérea soviética construida en 1942, a unos 100 kilómetros de Bucarest, capital rumana) y calculando el despliegue de misiles MK-41. La segunda parte de esta armazón del escudo antimisiles debe estar lista en Polonia en el año 2018. El proyecto ha seguido pese a que el mandatario estadounidense, Barack Obama, habló de congelarlo, durante un discurso en 2008 en Praga, capital checa. En septiembre pasado, Polonia ratificó que desplegará el escudo antimisiles (despliegue de cohetes de mediano alcance SM-3 y un radar). En cuanto a las lanzaderas de MK-41, son idénticas a las que usan los buques militares estadounidenses para los misiles Tomahawk.
Hace poco, Estados Unidos puso en operación en Hungría un radar tridimensional, el octavo desplegado en Europa del Este (en Hungría operan tres radares en Bankut, Medina y Bekescsaba). La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ha seguido con sus ejercicios militares en Europa del Este y tragándose en los hechos a Ucrania.
El asunto es de lo más sencillo, sobre todo que ya no se trata de proteger a nadie de una supuesta "amenaza iraní": en caso de conflicto con Rusia, todos estos países europeos quedaran en la mira de una represalia o de un ataque preventivo (defensivo) de Moscú, con lo cual los europeos se destrozarán entre si mientras Estados Unidos se reserva el aparecer como el árbitro, en una repetición de los "escenarios" de 1914-1918 y 1939-1945. Que Rusia sea agredida no le importa a nadie en Occidente si es que se impone la convicción de que Moscú tendrá una capacidad de respuesta mínima. Que los afectados sean un polaco, un rumano o un húngaro -o un ucraniano- es algo que tampoco entra en alguna contabilidad con cargo a la cuenta estadounidense, así que no importa: el cargo es a la cuenta europea. Una coalición de "aliados y socios" puede hacer bien el trabajo de cargar con buena parte de los costos mientras Washington se reserva la parte de león de la ganancia, si el asunto llega a funcionar y se repite con Rusia el guión largamente ensayado ya en varios otros países. Ningún habitante occidental están tan loco como para rechazar una oferta de lo más tentadora -la gran ganancia para uno con los costos cargados a los amigos- . Y lo que quiere Estados Unidos es crear esta oferta. Por la completa indiferencia e insensibilidad occidentales, incluyendo la de varios países del Este europeo, Washington ya ganó una parte del negocio, el de una opinión "pública" reducida a meros actos de compra-venta (compro seguridad, vendo solidaridad, por ejemplo).
Estados Unidos llegó al final de la primera Guerra Mundial (1914-1918), una guerra que Washington no había peleado, a imponer condiciones y al arbitraje con los "14 puntos" de Wilson (1918). Luego, Estados Unidos se asomó entre 1943 y 1944 (año del "Día D" en Normandía, Francia), bastante después de la derrota nazi en Stalingrado (1942), para imponer toda clase de condiciones a los europeos frente a Moscú.
En la actualidad, Estados Unidos no está planeando una guerra desde su territorio contra la Federación Rusa. En abierta violación del Tratado sobre Misiles de Alcance Medio y Corto (INF), que impide pasarlos del mar a tierra firme, Washington está creando su escudo antimisiles en países como Rumanía (en Deveselu, una antigua base aérea soviética construida en 1942, a unos 100 kilómetros de Bucarest, capital rumana) y calculando el despliegue de misiles MK-41. La segunda parte de esta armazón del escudo antimisiles debe estar lista en Polonia en el año 2018. El proyecto ha seguido pese a que el mandatario estadounidense, Barack Obama, habló de congelarlo, durante un discurso en 2008 en Praga, capital checa. En septiembre pasado, Polonia ratificó que desplegará el escudo antimisiles (despliegue de cohetes de mediano alcance SM-3 y un radar). En cuanto a las lanzaderas de MK-41, son idénticas a las que usan los buques militares estadounidenses para los misiles Tomahawk.
Hace poco, Estados Unidos puso en operación en Hungría un radar tridimensional, el octavo desplegado en Europa del Este (en Hungría operan tres radares en Bankut, Medina y Bekescsaba). La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ha seguido con sus ejercicios militares en Europa del Este y tragándose en los hechos a Ucrania.
El asunto es de lo más sencillo, sobre todo que ya no se trata de proteger a nadie de una supuesta "amenaza iraní": en caso de conflicto con Rusia, todos estos países europeos quedaran en la mira de una represalia o de un ataque preventivo (defensivo) de Moscú, con lo cual los europeos se destrozarán entre si mientras Estados Unidos se reserva el aparecer como el árbitro, en una repetición de los "escenarios" de 1914-1918 y 1939-1945. Que Rusia sea agredida no le importa a nadie en Occidente si es que se impone la convicción de que Moscú tendrá una capacidad de respuesta mínima. Que los afectados sean un polaco, un rumano o un húngaro -o un ucraniano- es algo que tampoco entra en alguna contabilidad con cargo a la cuenta estadounidense, así que no importa: el cargo es a la cuenta europea. Una coalición de "aliados y socios" puede hacer bien el trabajo de cargar con buena parte de los costos mientras Washington se reserva la parte de león de la ganancia, si el asunto llega a funcionar y se repite con Rusia el guión largamente ensayado ya en varios otros países. Ningún habitante occidental están tan loco como para rechazar una oferta de lo más tentadora -la gran ganancia para uno con los costos cargados a los amigos- . Y lo que quiere Estados Unidos es crear esta oferta. Por la completa indiferencia e insensibilidad occidentales, incluyendo la de varios países del Este europeo, Washington ya ganó una parte del negocio, el de una opinión "pública" reducida a meros actos de compra-venta (compro seguridad, vendo solidaridad, por ejemplo).
domingo, 18 de octubre de 2015
URUGUAY: COMO SEGUIR EN COSTA GAVRAS
El libro La agonía de la democracia, de Julio María Sanguinetti, resume con abundancia de hechos la Historia de Uruguay en diez años que van de 1963 a 1973, aunque tal vez falte un poco de mayor precisión sobre lo que en esos años cambió en la estructura social y economica del país sudamericano, el que alguna vez le atrajo a Costa Gavras.
José Pepe Mujica ha sido el héroe uruguayo en el mundo en los últimos años. Mujica fue guerrillero del MLN (Movimiento de Liberación Nacional). Tupamaros, que se caracterizó por acciones espectaculares. Es el tipo de idealista que gusta en Estados Unidos y en parte en el occidente europeo. Que haya o no fuerza social que haya respaldado el ruido de sables importa menos, o incluso nada.
El libro de Sanguinetti deja en claro que el MLN estuvo bajo influencia del éxito cubano, pero no del comunismo, mucho menos del soviético. El líder histórico comunista uruguayo, Rodney Arismendi, aparece en las páginas de Sanguinetti como alguien reiteradamente renuente a la lucha armada, aunque las bases comunistas, por lo demás con fuerza sindical, tendieran a radicalizarse. Para 1972, cuando el enfrentamiento entre el MLN y las fuerzas armadas se había endurecido, el régimen la emprendió contra comunistas en los sucesos trágicos del 14 de abril de ese año.
El MLN-Tupamaros quedó derrotado en 1972. El Frente Amplio se fundó a principios de 1971. Sanguinetti insiste en un hecho sabido: la dictadura de Juan María Bordaberry se instaló después de la derrota de la guerrilla, lo que pareciera inexplicable. El militar izquierdista Líber Seregni reconoció alguna vez el error que había en ir instalando a la sociedad uruguaya en la dinámica militar, y para 1973 lo reconocían también algunos "Tupamaros" (contra esta dinámica y sus riesgos advirtió Carlos Quijano en el semanario uruguayo Marcha), según lo recoge el libro de Sanguinetti.
Queda la incógnita: ¿Por qué un golpe cuando ya no parecía necesario? Sanguinetti no dice nada al respecto y pareciera quedarse en la tendencia -cierta- del MLN a empujar hacia la polarización.Por el año (1973) y por las circunstancias, el golpe pareciera haber estado dirigido a desarticular las fuerzas progresistas pacíficas, en particular las del Frente Amplio (que iban desde comunistas hasta demócrata-cristianos), buscando evitar un triunfo como el de la Unidad Popular en 1970 en Chile. La radicalización sorda del MLN habría servido como pretexto para que las fuerzas armadas uruguayas golpearan a un conjunto de grupos realmente democráticos (comunistas incluidos) e institucionalistas -incluso antes del golpe se atacó al batllismo- que podían conseguir un cambio mucho más importante que el de la utopía "Tupa", carente, según trasluce en el libro de Sanguinetti, de todo análisis detallado de la situación real y fundamentalmente "antiinstitucional", como Good Dynas y Cebiche -que no encuentran sujetos sociales del cambio serios, no "marginales". Al fin y al cabo "libertario", Mujica soportó por su parte las peores dificultades físicas sin verdadera formación moral (cursilería aparte), según lo prueban las medidas que su gobierno avaló.
José Pepe Mujica ha sido el héroe uruguayo en el mundo en los últimos años. Mujica fue guerrillero del MLN (Movimiento de Liberación Nacional). Tupamaros, que se caracterizó por acciones espectaculares. Es el tipo de idealista que gusta en Estados Unidos y en parte en el occidente europeo. Que haya o no fuerza social que haya respaldado el ruido de sables importa menos, o incluso nada.
El libro de Sanguinetti deja en claro que el MLN estuvo bajo influencia del éxito cubano, pero no del comunismo, mucho menos del soviético. El líder histórico comunista uruguayo, Rodney Arismendi, aparece en las páginas de Sanguinetti como alguien reiteradamente renuente a la lucha armada, aunque las bases comunistas, por lo demás con fuerza sindical, tendieran a radicalizarse. Para 1972, cuando el enfrentamiento entre el MLN y las fuerzas armadas se había endurecido, el régimen la emprendió contra comunistas en los sucesos trágicos del 14 de abril de ese año.
El MLN-Tupamaros quedó derrotado en 1972. El Frente Amplio se fundó a principios de 1971. Sanguinetti insiste en un hecho sabido: la dictadura de Juan María Bordaberry se instaló después de la derrota de la guerrilla, lo que pareciera inexplicable. El militar izquierdista Líber Seregni reconoció alguna vez el error que había en ir instalando a la sociedad uruguaya en la dinámica militar, y para 1973 lo reconocían también algunos "Tupamaros" (contra esta dinámica y sus riesgos advirtió Carlos Quijano en el semanario uruguayo Marcha), según lo recoge el libro de Sanguinetti.
Queda la incógnita: ¿Por qué un golpe cuando ya no parecía necesario? Sanguinetti no dice nada al respecto y pareciera quedarse en la tendencia -cierta- del MLN a empujar hacia la polarización.Por el año (1973) y por las circunstancias, el golpe pareciera haber estado dirigido a desarticular las fuerzas progresistas pacíficas, en particular las del Frente Amplio (que iban desde comunistas hasta demócrata-cristianos), buscando evitar un triunfo como el de la Unidad Popular en 1970 en Chile. La radicalización sorda del MLN habría servido como pretexto para que las fuerzas armadas uruguayas golpearan a un conjunto de grupos realmente democráticos (comunistas incluidos) e institucionalistas -incluso antes del golpe se atacó al batllismo- que podían conseguir un cambio mucho más importante que el de la utopía "Tupa", carente, según trasluce en el libro de Sanguinetti, de todo análisis detallado de la situación real y fundamentalmente "antiinstitucional", como Good Dynas y Cebiche -que no encuentran sujetos sociales del cambio serios, no "marginales". Al fin y al cabo "libertario", Mujica soportó por su parte las peores dificultades físicas sin verdadera formación moral (cursilería aparte), según lo prueban las medidas que su gobierno avaló.
sábado, 17 de octubre de 2015
URUGUAY: GOOD DYNAS A LA CARGA
Edward Good Dynas es un autor que ha hecho aportes valiosos e interesantes a la ciencia social latinoamericana. Sin embargo, a últimas fechas y en una línea similar a la de su compatriota Raúl Cebiche, Good Dynas decidió embestir al geógrafo británico David Harvey, cercano al gobierno ecuatoriano de Rafael Correa.
Lo molesto de la embestida no está en la discrepancia. Está en el hecho de que el uruguayo pareció molestarse con lo que llamó el "colonialismo simpático" de Harvey. Que se sepa, el británico no está invadiendo nada en Ecuador, no anda de negrero en Esmeraldas, no vive en una plantación bananera de El Oro, no tiene esclavos ni siervos (ni siquiera pareciera ser el caso del CENEDET /Centro Nacional de Estrategia para el Derecho al Territorio, de donde salió todo un equipo a defender al geógrafo), ni remite ganancias extraordinarias a Londres. Aún así, en Good Dynas lo del colonialismo no es broma: el uruguayo se queja una y otra vez de la extranjería de Harvey, descalificándolo y descalificando a quienes lo estarían apoyando por ser algo así como una "moda" proveniente del norte e "insuficiente" para la realidad latinoamericana. ¿Qué se han creído, que son superiores a "nosotros los colonizados"? Cierto, no somos iguales: !la razón nos asiste desde Fanon y Césaire!
Más allá de ésto, Good Dynas considera que Harvey no toma en cuenta a la naturaleza (Pachamama, etcétera) ni los indios (ayllu, sumak kawsay, etcétera): vamos, el colono se viste de colono y no con taparrabos para hacer del Ecuador el paraíso del eco-turismo. Harvey no es autóctono, no lleva plumas en la cabeza, no es de los "nuestros". A "recuperar el pensamiento propio", llama Good Dynas, como si fueran excluyentes ese dizque colonialismo (es decir, lo extranjero) y lo propio (Arrubla, Marini, Zavaleta Mercado y Velasco Abad, en una extraña selección, por lo demás propia de quien desconoce lo "nuestro"). Sucede que "bajo el marxismo clásico de Harvey, sólo hay valor en los humanos y en su trabajo, y con ello no tendrían cabida los derechos de la Naturaleza". Good Dynas primero critica a Harvey por salirse del "marxismo clásico" (¿qué diablos es "éso" de "acumulación por despojo"?) y luego lo acusa de marxista clásico por un descubrimiento -si la referencia es al valor-trabajo- que es de Adam Smith, no de ningún clásico marxista (!otra descalificación del uruguayo, con ignorancia de fondo!). Este es el modo de discutir de Cebiche a Good Dynas, en la tradición de Benedetti y Galeano: "nosotros los latinoamericanos" contra "ellos los europeos" (rara vez contra los actuales estadounidenses, por cierto, con quienes anduvo Good Dynas), descalificándolos y etiquetándolos. En nada queda invalidado el aporte de Good Dynas a la problemática del neoextractivismo, como tampoco el aporte de Cebiche al conocimiento de muchos movimientos sociales que de otro modo serían desconocidos. Lo lamentable es en la izquierda el recurso a la descalificación, que casi siempre toma el lugar de un auténtico diálogo, por duro que pueda ser. En poco o en nada se ha salido de la "tradición" instaurada por el "nuestroamericanismo" cubano-revolucionario. Las "armas de la crítica" siguen pareciéndose al desenfundar "preventivo" de una pluma que ametralla. Por si acaso.
Lo molesto de la embestida no está en la discrepancia. Está en el hecho de que el uruguayo pareció molestarse con lo que llamó el "colonialismo simpático" de Harvey. Que se sepa, el británico no está invadiendo nada en Ecuador, no anda de negrero en Esmeraldas, no vive en una plantación bananera de El Oro, no tiene esclavos ni siervos (ni siquiera pareciera ser el caso del CENEDET /Centro Nacional de Estrategia para el Derecho al Territorio, de donde salió todo un equipo a defender al geógrafo), ni remite ganancias extraordinarias a Londres. Aún así, en Good Dynas lo del colonialismo no es broma: el uruguayo se queja una y otra vez de la extranjería de Harvey, descalificándolo y descalificando a quienes lo estarían apoyando por ser algo así como una "moda" proveniente del norte e "insuficiente" para la realidad latinoamericana. ¿Qué se han creído, que son superiores a "nosotros los colonizados"? Cierto, no somos iguales: !la razón nos asiste desde Fanon y Césaire!
Más allá de ésto, Good Dynas considera que Harvey no toma en cuenta a la naturaleza (Pachamama, etcétera) ni los indios (ayllu, sumak kawsay, etcétera): vamos, el colono se viste de colono y no con taparrabos para hacer del Ecuador el paraíso del eco-turismo. Harvey no es autóctono, no lleva plumas en la cabeza, no es de los "nuestros". A "recuperar el pensamiento propio", llama Good Dynas, como si fueran excluyentes ese dizque colonialismo (es decir, lo extranjero) y lo propio (Arrubla, Marini, Zavaleta Mercado y Velasco Abad, en una extraña selección, por lo demás propia de quien desconoce lo "nuestro"). Sucede que "bajo el marxismo clásico de Harvey, sólo hay valor en los humanos y en su trabajo, y con ello no tendrían cabida los derechos de la Naturaleza". Good Dynas primero critica a Harvey por salirse del "marxismo clásico" (¿qué diablos es "éso" de "acumulación por despojo"?) y luego lo acusa de marxista clásico por un descubrimiento -si la referencia es al valor-trabajo- que es de Adam Smith, no de ningún clásico marxista (!otra descalificación del uruguayo, con ignorancia de fondo!). Este es el modo de discutir de Cebiche a Good Dynas, en la tradición de Benedetti y Galeano: "nosotros los latinoamericanos" contra "ellos los europeos" (rara vez contra los actuales estadounidenses, por cierto, con quienes anduvo Good Dynas), descalificándolos y etiquetándolos. En nada queda invalidado el aporte de Good Dynas a la problemática del neoextractivismo, como tampoco el aporte de Cebiche al conocimiento de muchos movimientos sociales que de otro modo serían desconocidos. Lo lamentable es en la izquierda el recurso a la descalificación, que casi siempre toma el lugar de un auténtico diálogo, por duro que pueda ser. En poco o en nada se ha salido de la "tradición" instaurada por el "nuestroamericanismo" cubano-revolucionario. Las "armas de la crítica" siguen pareciéndose al desenfundar "preventivo" de una pluma que ametralla. Por si acaso.
viernes, 16 de octubre de 2015
URUGUAY: RAUL CEBICHE A LA CARGA
La intelectualidad uruguaya de izquierda tiene cierta facilidad para crear gente a la vez cursi y ferozmente anticomunista -tipo Benedetti o Galeano, digamos- .
Ahora, Raul Cebiche, cuyos trabajos no carecen de valor ni de interés, decidió sumarse al salón de la fama. Considera que uno de los problemas actuales de la izquierda es "la falta de voluntad para romper con el estalinismo", problema que ya había denunciado el martiniqués Aimé Cesaire. "la mayor parte de las izquierdas, argumenta Cebiche, no hicieron un balance serio, autocrítico del estalinismo". En este momento no hay ni una sola izquierda estalinista en América Latina, si es que la hay en alguna otra parte del mundo, salvo en el Partido Comunista de la Federación Rusa, por razones patrióticas y no ideológicas. Cebiche no parece saber que los últimos estalinistas se fueron con los grupúsculos pro-albaneses (por lo general llamados Partidos Comunistas ML, es decir, Marxistas-Leninistas) y admiradores de Enver Hoxa.
Criticando que se "valga todo", Cebiche lo asume y, en otro arranque, critica los "atajos que conducen a callejones sin salida, como emparejar a Putin con Lenin, por poner un ejemplo casi de moda". ¿Casi?¿Y en dónde? En ningún portal de izquierda de ningún lugar del planeta hay nadie que reivindique el camino luminoso del camarada Putin, en realidad un liberal (por Constitución en Rusia) admirador de uno que otro zar y su ministro de turno. Lenin escribió muchos libros antes de salirse a la calle a realizar la revolución (por ejemplo, El desarrollo del capitalismo en Rusia o Materialismo y empiriocriticismo), mientras que Putin juega hockey sobre hielo, entrena en el gimnasio con Dmitri Medvedev, esquía en Sochi, va de cacería a Siberia y gustos por el estilo. O Cebiche miente, o cita a idiotas (lo que no arregla nada).
Según este Cebiche, "la intervención rusa en Siria en un acto neocolonial". De acuerdo: ¿dónde están los nuevos colonos, si ni siquiera hay envío de tropas terrestres por parte de Moscú a territorio sirio? Para el uruguayo,la intervención rusa "no es más que una acción simétrica a la que se condena, usando idénticos métodos y similares argumentos". ¿Este señor no lee nada o qué? Estados Unidos, Francia e Inglaterra quieren la cabeza del gobernante sirio al-Asad, Rusia no; Moscú no usa terroristas, John McCain los ostenta. No importa: celebrar algo en Putin es un "error estratégico y un desvío ético", así que ya no estamos hablando entre iguales, sino entre éticos y carentes de ética. Es el fondo del asunto, muy latinoamericano: tu y yo no somos iguales. Esto se llama descalificación y califica a Cebiche para ese gran deporte descalificador en que suelen consistir los dictámenes de cualquier cosa entre colegas universitarios.
Cebiche acusa a Stalin de "asesinar millones" (¿lo confundió con Pol Pot?). Vamos, ningún hecho cuenta por sí mismo, salvo cuando está "arreglado a modo" para un propósito lamentable<: descalificar a ese adversario que solo existe en la cabeza...de Cebiche, el gran timonel.
Ahora, Raul Cebiche, cuyos trabajos no carecen de valor ni de interés, decidió sumarse al salón de la fama. Considera que uno de los problemas actuales de la izquierda es "la falta de voluntad para romper con el estalinismo", problema que ya había denunciado el martiniqués Aimé Cesaire. "la mayor parte de las izquierdas, argumenta Cebiche, no hicieron un balance serio, autocrítico del estalinismo". En este momento no hay ni una sola izquierda estalinista en América Latina, si es que la hay en alguna otra parte del mundo, salvo en el Partido Comunista de la Federación Rusa, por razones patrióticas y no ideológicas. Cebiche no parece saber que los últimos estalinistas se fueron con los grupúsculos pro-albaneses (por lo general llamados Partidos Comunistas ML, es decir, Marxistas-Leninistas) y admiradores de Enver Hoxa.
Criticando que se "valga todo", Cebiche lo asume y, en otro arranque, critica los "atajos que conducen a callejones sin salida, como emparejar a Putin con Lenin, por poner un ejemplo casi de moda". ¿Casi?¿Y en dónde? En ningún portal de izquierda de ningún lugar del planeta hay nadie que reivindique el camino luminoso del camarada Putin, en realidad un liberal (por Constitución en Rusia) admirador de uno que otro zar y su ministro de turno. Lenin escribió muchos libros antes de salirse a la calle a realizar la revolución (por ejemplo, El desarrollo del capitalismo en Rusia o Materialismo y empiriocriticismo), mientras que Putin juega hockey sobre hielo, entrena en el gimnasio con Dmitri Medvedev, esquía en Sochi, va de cacería a Siberia y gustos por el estilo. O Cebiche miente, o cita a idiotas (lo que no arregla nada).
Según este Cebiche, "la intervención rusa en Siria en un acto neocolonial". De acuerdo: ¿dónde están los nuevos colonos, si ni siquiera hay envío de tropas terrestres por parte de Moscú a territorio sirio? Para el uruguayo,la intervención rusa "no es más que una acción simétrica a la que se condena, usando idénticos métodos y similares argumentos". ¿Este señor no lee nada o qué? Estados Unidos, Francia e Inglaterra quieren la cabeza del gobernante sirio al-Asad, Rusia no; Moscú no usa terroristas, John McCain los ostenta. No importa: celebrar algo en Putin es un "error estratégico y un desvío ético", así que ya no estamos hablando entre iguales, sino entre éticos y carentes de ética. Es el fondo del asunto, muy latinoamericano: tu y yo no somos iguales. Esto se llama descalificación y califica a Cebiche para ese gran deporte descalificador en que suelen consistir los dictámenes de cualquier cosa entre colegas universitarios.
Cebiche acusa a Stalin de "asesinar millones" (¿lo confundió con Pol Pot?). Vamos, ningún hecho cuenta por sí mismo, salvo cuando está "arreglado a modo" para un propósito lamentable<: descalificar a ese adversario que solo existe en la cabeza...de Cebiche, el gran timonel.
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