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viernes, 10 de noviembre de 2023

MÁS MAFIA DEL PODER

 La base de lo que se entiende en México y en otros países de América Latina por "política" no suele ser el servicio, sino el clientelismo para ventaja de intereses de grupo y personales. En este sentido, las universidades públicas no son ajenas a "la política".

      Una universidad pública no tiene por qué democratizar sus instancias de gobierno, al menos que se entienda como "repartir de otro modo" las ventajas clientelares. En principio, la elección a tal o cual instancia de gobierno universitaria debería hacerse con un criterio de "notables", es decir, de personas destacadas en la academia o, si es el caso, capaces de administrar correctamente por credenciales de administración pública. El motivo de lo dicho es que suele ocurrir que las instancias mencionadas evalúen: debieran operar con criterios académicos, no "políticos". Es muy sencillo: que se sepa, ni la ciencia se "consensúa", ni el conocimiento se vota. Digamos que nadie diría: "esta comisión se opone por mayoría de votos a la ley de gravedad". El supuesto es que se distinga lo que es la ley de gravedad de "la política", en el sentido de "a quién le conviene o a quién le incomoda" la ley en cuestión. Si es de "notables", hasta el cargo más alto, lo que puede implicar autoridad, la estructura de gobierno no es asunto de "gobierno del pueblo" o "de la mayoría" (la ley de la gravedad es lo que la mayoría decida...), por lo que la democracia está de más.

    Otra cosa es que, bajo cobertura académica, las instancias de gobierno y el más alto cargo queden en manos de grupos de interés "político", clientelas, "feudos", lo que implica lo siguiente: no el premio y el reconocimiento al trabajo, sino a la pertenencia a un "grupo político" o su cercanía con él, lo que termina por dejar el trabajo al margen. Es posible ser rector sin mayor mérito académico, con un CV de eterno ayudante de un "capo" y de eterna cercanía con un grupo: la autoridad está perdida. Los portales de transparencia en los sueldos lo muestran (y no tiene ningún sentido consultarlos si se desconoce qué mérito hay o no lo hay detrás): en la cúspide abundan las recompensas políticas a gente carente de méritos académicos plenos, y en medio hay desde gente que trabaja hasta una sarta de flojos, todos confundidos. La universidad pública es capaz de hacerle todo el caso a quien no imparte docencia (lo cual es obligatorio por estatuto), a alguien que cínicamente reporta como artículos de investigación columnitas de opinión y no hace casi nada (pero recibe un premio a la investigación), o a quien se reintegra a labores habiendo perdido derecho a hacerlo. Se dan así, adulterándolas, recompensas académicas que no responden sino a politiquería clientelar y que, encima, se eternizan. Hay premiados por cooptación o por amistad con el rector, y hasta asuntos que se resuelven en el medio tiempo del futbol en el estadio universitario. En un ambiente así, todo el que tenga alguna ambición o esté en una situación precaria se cuida de "no moverse" con tal de "salir en la foto", así tenga con su silencio que pasar sobre otro colega: es el arte de guardar el silencio cómplice, de "tragar sapos", de "no soltarse", de estar en todas las informaciones (es decir, en los rumores), de aislar al que habla con franqueza, de desconocer lealtades y gratitudes, de "participar" teatralmente para "agarrar hueso" y demás linduras del sistema clientelar. El rector recién designado ni siquiera vale por sí mismo: "hombre de otro hombre", lo es de un "jefe de jefes" y del grupo que éste encabeza. Por cierto, en las condiciones descritas, más instancias se crean, más se multiplican los espacios  de malas lides entre académicos.

     Los grupos no responden a ninguna "autonomía", sino que tienen abiertas ramificaciones fuera de la universidad pública, incluyendo intereses mediáticos. Se hacen los que defienden "las funciones sustantivas", pero su "politiquería" no duda en usar durante ocho años la universidad pública como trampolín para una secretaría de Estado y, si se diera, la presidencia de un partido político. Otros, para hacerse pasar por campeones de "la democracia" en instancias electorales dudosas y con remuneraciones jugosas.

     Una estructura así, entonces, además de castigar a la "tropa" en la precariedad, no recompensa el trabajo, sino lo que se conoce jocosamente por "hacer méritos", es decir, pertenencias de grupo y "politiquería", o en ocasiones, el éxito en dinero si se inmiscuye un gran empresario. Debieran más bien, en austeridad, limitarse las instancias, y darse paso a que se premie el trabajo académico como socialmente útil y de servicio público, para que quienes lo hagan puedan estar en instancias de decisiones que, también, debieran privilegiar la academia. Dicho de otro modo, no son las instancias en sí las que están mal, sino el hecho de que sean ocupadas con criterios "políticos" ajenos a funciones sustantivas que terminarán siendo tabúes. No es de felicitar al gordito, sino a su grupo que cree en una soberanía universitaria inexistente: la autonomía no es soberanía. Si es universidad pública, es de interés general (ni siquiera "de gobierno"), como organismo descentralizado del Estado, y, en estas circunstancias, no puede obedecer a intereses "de grupo", ni manejarse por cierto con toda maña en los asuntos de plagio obviando conflictos de interés y plagios reales para generar la impresión de un "interés general" como equilibrio entre "intereses de grupo". Es verle la cara al sentido de servicio público. Qué lástima (da click en el botón de reproducción).



lunes, 6 de noviembre de 2023

AH SÍ, PEPE EL TORO NO HA MUERTO

 El detalle provinciano no falta: "he aquí al Hegel de Tepalcatepec". A pocas horas del deceso de Enrique Dussel (Ambrosini), filósofo argenmex, el periódico mexicano La Jornada lo declara "uno de los grandes pensadores filosóficos del siglo XX". Es el tiempo el que dirá, no la costumbre sacerdotal de mandar a unos al cielo y a otros al infierno. De paso, el rotativo le aumenta: de unos 50 libros, según algunos reportes noticiosos, pasa a ser el autor de 70, es decir, suponiendo que haya empezado a los 18 años (murió a los 88 años), uno por año. Es posible: Dussel (Ambrosini) cuenta en Youtube que escribió 400 páginas en tres meses. Es menos seguro que lleguen las ideas al mismo ritmo, pero puede suceder cuando se es un genio. Un poquito bribón, en su biografía en Youtube, el filósofo se dedica a crearse un personaje, resaltando los famosos con los que se codeó, pero, religioso, el personaje se hace pasar por persona. Queda por saber si los libros -además de 400 artículos- los escribió la persona o, repitiéndose, el personaje. Por poco le ha pasado al presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, a fuerza de seguir "la república amorosa" que le inspiró Dussel, pero, para bien o para mal, se impone la persona. Dussel, en cambio, no dudó en posar como si el fotógrafo le hubiera dicho: "quiero que crees la impresión de que estás pensando". Hay pocas excepciones.

Bueno, parece que lo hubieran agarrado desprevenido.

     Parte de la despedida, en medio de un alud de izquierda de palabras grandilocuentes -más los homenajes que falten hasta cansar hasta a los fieles- consistió en hacer de Dussel (Ambrosini) un marxista que no era. El filósofo argenmex de "la liberación" remplazó a los trabajadores y explotados por "el pueblo", "los pobres" -dos manías de López Obrador- y "los excluídos", seguramente que como "redimibles". No pareciera importar que entre los pobres haya de todo, incluyendo gente lumpen, hampones, sicarios, "halcones", rompehuelgas, aprovechados, mantenidos, vividores y parásitos: siguiendo a "Nosotros los pobres", son bienaventurados por nivel de ingresos, mientras que más arriba hay que ingeniárselas para ir al reino de los cielos, porque está más difícil que para un camello pasar por el ojo de una aguja. ¿Algo que ver con marxismo? Nada. Con miserabilismo, sí: lo acostumbra la izquierda para que el personaje parezca persona caritativa. ¿El "pueblo"? No es equivalente de trabajadores y explotados (a Marx, expresamente, no le gustaba andar hablando de "pueblo"), si "pueblo se entiende" por "gente de abajo". Lo de "arriba", "abajo", "en medio" y tal vez hasta "alrededor" es de nunca acabar. En realidad, puede haber incluso ricos y también clasemedieros que trabajan y son explotados. Ricos: que se pregunte en el medio del espectáculo, por ejemplo, o por la suerte de José José y la manera en que fue tratado por sus empresarios. ¿Gavilán, o paloma? "En medio" está lleno de gerentes explotados y que trabajan duro para ascender. La "gente de abajo" no es algo muy fiable: tan es así que, de "chiripa", López Obrador logró sacar a unos pocos millones de la pobreza, pero por aumento salarial a los trabajadores, dejando a muchos otros tirados debajo del autobús, incluyendo a gente en pobreza extrema. Y lo de "los excluidos", es muy extraño: ¿excluídos de qué? El mundo está lleno de gente dispuesta a pasar sobre el prójimo con tal de ser "incluida", además, como originaria, afrodescendiente, mujer, joven, homosexual, lesbiana, trans, amante de los animales, vegana o usuario de "lenguaje inclusivo" (justamente: "un mundo donde quepan todes"). El tabú es el trabajo y la explotación. La buena intuición de López Obrador fue tratar de separar política y economía en un país que, como otros de América Latina, cree que un político es culpable de robo hasta prueba de lo contrario y un empresario alguien que se ha ganado lo que tiene "con su trabajo", su esfuerzo y su dedicación. La explotación no es problema, o se entiende como "abuso", lo que no es; lo que es problema es el robo, y lo que quieren los pobres, el pueblo y los excluidos no es que cese la explotación en la producción, sino lo que se les prometió: que los políticos dejen de robar para que se reparta mejor, en la distribución y el consumo. Ahora hasta el más "originario" es un keynesiano más en la fila. López Obrador pudo haber dado el paso para pasar del problema del robo al de la explotación, pero está por verse si hay forma de ser competente y pararle al inconveniente del clientelismo, ciertos amiguismos y la entrega económica más que amorosa a Estados Unidos. En fin, Dussel (Ambrosini) deslizó un supuesto marxismo al plano del amor al prójimo y, encima, a la manía de salir de la sociedad para no ver más allá de la "comunidad", costumbre alemana.

      Dussel Jr (Peters), o baby Dussel, a sus 58 años ya es un prodigio con un CV de 162 páginas y parte de la "casta intelectual" universitaria en la que abundan los premios políticos, no al mérito en el trabajo (no es nada más un problema de 85 tecnócratas). Sin detenerse demasiado, cabe observar que Dussel Peters escaló con mañitas (detectables para quienes conozcan a los docentes universitarios más flojonazos: otra vez, no son sólo las autoridades), acaparamientos rentísticos y lo que ahora se llama "movilidad" (pasearse por aquí y por allá a costa del erario). Tal vez esta persona le haya aprendido algo al personaje paterno. En fin, cosas de la "república amorosa" y de generaciones intermedias que no logran sacudirse costumbres de grandes señores ni fraudes a la gringa. El tiempo dirá, pero es preferible no mezclar el marxismo con rentas o negocios, porque suena a incompatible. Y si ya se sabe cómo es uno, que no lo lean a uno. Porque la filosofía es de la igualdad (da click en el botón de reproducción).



¿SE SABEN ALGUNA OTRA?

 Los medios de comunicación masiva suelen estar en manos de intereses económicos poderosos y que, como tales, se ocupan básicamente de hacer negocio. No lo dicen y, más bien, llevan a serias confusiones, a las que se suman las redes sociales: la creencia de que es "la sociedad" la que se está expresando, cuando quienes lo están haciendo son los dueños de una técnica y sus empleados. Si Latinus, en México, es una empresa privada, Carlos Loret de Mola debiera ser avisado de que, por bueno que sea su salario, es un proletario, es decir, un trabajador explotado, porque la explotación no se refiere a un "abuso", sino al hecho de que a alguien no se le pague la totalidad de su trabajo, puesto que una parte debe deducirse para ganancia del empresario. Loret de Mola lo sabe, puesto que produce en masa lo que Latinus espera que le de una ganancia (esto puede incluir la "mentira producida en serie", o hasta "sobreproducción de mentiras"). El que "la mentira salga en la tele" no es garantía de verdad.

      Algunos "proletarios mediáticos", como llegan a una audiencia (más o menos calculable), se sienten con poder y pierden la cabeza, al grado de que se ha dicho de los medios que son "el cuarto poder". Hace poco, por ejemplo, el "4T" Hernán Gómez Bruera se asumió como los de programas que se erigen en auténticos tribunales, al lanzarle al "policía Omar" preguntas no propias de un periodista (y además, con una voz cada vez más chillona y desagradable). La confusión de base está entre sociedad y "opinión pública", que no son lo mismo, suponiendo que dicha opinión sea, además, plenamente "pública", lo que implicaría que no esté sujeta a negocios privados. La confusión es tal que la universidad pública -lo que queda de ella- confunde "rendirle cuentas a la sociedad" con ir al "tribunal" autoeregido de los medios de comunicación masiva, que se consideran con poder para intervenir en los asuntos universitarios (presionando, por ejemplo, sobre una elección de rector y buscando orientarla). Gran parte de la sociedad puede tener las creencias que quiera, pero ni se entera de lo que se hace en la universidad pública, como no se entera de sus desmanes (desvíos de fondos, como los de becas, o protecciones politiqueras apenas disimuladas, como la otorgada a Xóchitl Gálvez, quien reconoció un plagio -"la pendejié", dijo explícitamente- que la universidad pública negó en nombre de no quererse hacer eco de disputas electorales, textualmente). Es a través de sus "expertos" que la universidad pública se ve llevada a inmiscuirse en lo que hacen los medios de comunicación masiva, como si ese "soy 'experto' de tal o cual universidad" fuera una garantía de infalibilidad). A la larga, son los medios de comunicación masiva los que adquieren la capacidad para establecer de qué se "debe" hablar y de qué no, a partir de las técnicas de focalización de la atención. Otra demostración de que no son "la sociedad", ni mucho menos sus representantes: una parte importante de la gente de pueblo en México debe creer que la Franja de Gaza se compra en farmacias. Hay que saber cuidarse de los medios: como en el desbarre de Gómez Bruera contra "el policía Omar", es frecuente que la pregunta del medio esté hecha de tal forma que lleve implícita la respuesta. Basta un poco de maña para que se proceda de manera inquisitorial, con la llamada "prueba demoníaca": si confiesas, reconoces, y si no confiesas, es que lo ocultas, por lo que de todos modos eres culpable. Basta ver por ejemplo lo que hace el programa "Tragaluz" de Milenio, o la manera maliciosa de imponer la respuesta en la pregunta -"manita de puerco"- del "periodista" Carlos Marín. Son verdaderas pruebas de extorsión al entrevistado, que es en lo que cayó Gómez Bruera, desde la primera pregunta "inocente" al "policía Omar" (¿qué piensa de los asesinos que fueron su padre y su abuelo?).

       Pretendiendo ser jueces, por la técnica, no es raro que en los medios sean a la vez juez y parte. Es lastimoso ver a tanta gente proletaria y explotada -pagada con un salario por una empresa que se lleva una ganancia- asumir como propio el negocio del patrón, "con los de casa", confundiendo sueldo y ganancia si es gente bastante bien pagada. Lo lastimoso está en la venta que no es de las manos o de alguna otra capacidad física, o destreza, sino de la mente, que en este caso forzosamente se hace mercenaria: inquisitorial, golpeadora, mañosa, fraudulenta a sueldo, pero encima dando la apariencia de ser el patrón, sabiendo que no lo es y que, en realidad, no es libre de elegir. Su labia, su "pluma", su "firma" no tienen mercado de trabajo libre, sino que -pregúntenle a Enrique Serna, acabado- tienen que vender su mente (ni siquiera es realmente capacidad cognitiva) de manera muy específica, para producir lo esperado por el patrón, ya que de lo contrario simplemente no hay paga ni "contrato".

    El hecho es que debe tenerse claro que a un medio de comunicación masiva no hay por qué rendirle cuentas, ni admitirle los términos del debate, porque no representan con frecuencia más que intereses privados, y no el interés público o general. Tan es así que se dan el lujo de perder toda compostura en su afán de dominación y lucro, al grado de llegar al onanismo simbólico, que no es otra cosa la que practican quienes, por ejemplo, hacen "profesión" diaria del "dale donde más le duele", como si el periodismo fuera buscarle al otro el "flanco débil", incluyendo algunas prácticas de Gómez Bruera y otros "4T" que se colocan al mismo nivel de una oposición incapaz de la menor propuesta constructiva. Todo es, diario y a todas horas, "dale donde más le duele", con un buen dejo de sadismo, claro, ahora que el sado-masoquismo ya no es considerado una patología en el DSM. Si se les responde, se consideran !atacados!, lo que muestra una mentalidad de amos y señores. Es igual, para que no se diga, con quienes llamaban "Enrique" al presidente Enrique Peña Nieto o con las insistencias de Epigmenio Ibarra sobre Felipe Calderón, todo basado en poderes mediáticos. Es entonces que todo este proletariado se colorea de "lumpen" mientras se queja de la inseguridad, cuando lo menos debiera ser el respeto al derecho del otro a la "propiedad de sí". Vaya proletarios los de los medios de comunicación masiva y sus "producciones en masa". Lo que pasa cuando estás en la maniobra (da click en el botón de reproducción).









sábado, 4 de noviembre de 2023

A VER A QUÉ HORAS

 Hace mucho tiempo, casi un siglo, alrededor de 1925-1926, Joaquín Amaro encontró en México el modo de profesionalizar el ejército, entre otras con una medida muy eficaz: que los ascensos se hicieran por concurso, y no por designación personal del "jefe". De esta manera, y junto a la rotación de jefaturas de operaciones militares, no se podían formar clientelas en el cuerpo armado. México cumplirá en 2029 un siglo sin golpes de Estado, algo excepcional para América Latina.

       En la policía de la Ciudad de México, parte del éxito en la profesionalización ha sido lo mismo: ascensos sobre la base de méritos y de exámenes, y no de designaciones personales. Hasta hace algún tiempo, el estado de la policía capitalina era poco envidiable: sueldos muy bajos, "madrinas" (jefes que obligaban a sus subordinados a darles regularmente dinero, llevando al policía a abusar de la gente con las "mordidas"), etcétera. Junto a los concursos se subió el sueldo y se trata de ajustarlo anualmente. Es en cierto grado como el soldado, que tiene acceso a prestaciones para él y su familia. La eficacia de la policía capitalina se incrementó con la de las labores de inteligencia. La Ciudad de México logró en el sexenio que enrumba hacia su fin bajar los delitos de alto impacto en muy buenos porcentajes, del orden del 70 %. La idea es convertir esta capital en la más segura de toda América Latina, y es factible.

     El problema que no se resuelve en la administración pública está en que, justamente, no se consigue profesionalizarla a partir de concursos, siendo que es algo que existe en distintos países. La idea de las autoridades capitalinas ha sido automatizar procesos para evitar corrupción, pero no es lo único: puede haber incompetencia y poca amabilidad. El Servicio Civil de Carrera, basado en concursos de méritos, no ha funcionado como debiera. Estos concursos en la administración pública fueron alguna vez una gran tradición en China.

     Lo que puede lograr un sistema de concursos como el descrito es que la selección de funcionarios públicos deje de hacerse, por ejemplo, sobre la base de criterios partidistas, al margen de aptitudes reales. Estos criterios echaron a perder burocracias como la soviética o la mexicana. Sin que haya todavía una explicación clara, la convicción ideológica se vuelve "agencia de colocaciones" en el gobierno: dicho de otra manera, como se es "revolucionario" se puede estar en Turismo, Energía, Comunicaciones y Transportes, etcétera, sin la menor formación para ninguna de estas materias, pero como parte de movimientos clientelares en el aparato de gobierno. Cada vez, el "jefe" se mueve con "su" gente. También existen los puestos que se reparten a partir de sindicatos, también con criterios clientelares: "atiende" no el más capacitado, sino el de la planilla ganadora.

     En México hay alguna gente capacitada para lograr los cambios sugeridos, si logra sortear la presión clientelar enquistada en el aparato. Lo hecho en la policía capitalina debiera servir de ejemplo, pero no es seguro que se esté entendiendo a fondo el sentido del cambio. De manera muy concreta, el aparato lópezobradorista en el Movimiento de Regeneración Nacional (MoReNa) bloquea, a costa del servicio a la gente y con criterios como el parentesco, por ejemplo, en Zacatecas, Guerrero y Campeche, todos parentescos en la política, de tal forma que hay que llamar a las cosas por su nombre: nepotismo. Es probablemente una lástima que Omar García Harfuch, cuyo parentesco desagrada, no pueda llegar más alto y esté compitiendo para la jefatura de gobierno capitalina en México por razones electoreras. Pero es igualmente penoso lo que busca el "aparato" para bloquearle la participación. Claudia Sheinbaum tendrá que escoger: entre la "agencia de colocaciones" morenista, no exenta de descaro, y la selección de gente con profesionalismo. Como jefe de gobierno, Sheinbaum tuvo otro acierto: la secretaria de Salud, Oliva López, quien se atrevió a desobedecer durante la crisis sanitaria de la Covid-19 al subsecretario de Salud, Hugo López Gatell. Hay de todo, puesto que es la viña del Señor, pero no tan inescrutable: la selección por aptitud en el trabajo da mejores resultados que "lo que diga mi dedito" y las recomendaciones, los favores y las influencias, así estén amparadas en la "causa justa". !Querreque! (da click en el botón de reproducción)



miércoles, 1 de noviembre de 2023

SE NOTA, Y NO ES NOTA

 La derecha mexicana del partido Acción Nacional (PAN) tiene una indeclinable vocación por los asuntos chuecos. La actual candidata del Frente Amplio opositor, Xóchitl Gálvez, plagió unos seis párrafos de su trabajo de titulación en ingeniería: lo admitió, fue a lisonjear a las autoridades de su "querida universidad", les dijo que lo acatará todo, les presumió sus edificios inteligentes y hasta se ofreció a reponer lo que sea necesario en su texto. En suma, y sin que el piloto Guillermo Sheridan haya perdido el sueño, resultó que un plagio no es un plagio -salvo que un buen día se sancione-, sino un error de juventud que le puede pasar a cualquiera, que en nada quita el cariño por la institución en la cual se plagió y que, si lo quiere, tal vez hasta recompense con un chancecito si es su voluntad.

      Hay gente a la que las irregularidades inmobiliarias "le hacen lo que el viento a Juárez", según Santiago Taboada, alcalde de Benito Juárez en la capital mexicana, por el PAN, y mencionado como posible candidato a la jefatura de gobierno de la ciudad. La alcaldía tiene un problema: más de 100 construcciones con varios pisos de más, lo que se sabía que no estaba permitido, y que tiene ahora en la angustia a los residentes. No es todo: son cerca de mil construcciones que no respetaron las colindancias sísmicas, y que por lo mismo, implican un riesgo. El auge inmobiliario irregular cubre varias administraciones del PAN. Un antiguo jefe delegacional optó por cubrirse pasándose al Movimiento de Regeneración Nacional (MoReNa), Fadlala Akabani. Lo niega todo. Otro, Christian "Von" (Roehrich), fue a dar a la cárcel. Uno más, Jorge Romero, de quien se sabía cómo había obtenido su departamento de residencia en la demarcación, es el mentor panista de Taboada: ambos son investigados por la fiscalía capitalina. En esas condiciones, Taboada podría seguir ejemplos existentes en México y abstenerse de ofrecerse como candidato hasta que se aclaren las cosas. Sin embargo, Taboada parece no dejarse amedrentar: lo niega todo pero, por si acaso, él y Romero se fueron a amparar para que las autoridades no puedan divulgar sus investigaciones. Nada de lo dicho perturba a la oposición blanquiazul, que, a diferencia del PRI (Partido Revolucionario Institucional), no tiene mayor institucionalidad que sacar a relucir: el ex presidente Vicente Fox la desconoce en todo, vocabulario incluido (y olvidando el caso Oceanografía), y Felipe Calderón, mandatario de 2006 a 2012, también lo niega todo: no se dió cuenta, según él, de lo que hacía su secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, enjuiciado en Estados Unidos. A decir verdad, pese a que hay manera de saberlo, la inútil Fiscalía General de la República (FGR) tampoco se dió cuenta de las actividades delictivas de otra candidata a la jefatura de gobierno de la capital, Isabel Miranda de Wallace, cuya magia para salir siempre del agua sin mojarse ameritaría un premio más. Igual salió finalmente el ultracorrupto gobernador panista de Sonora, Guillermo Padrés Elías, sin olvidar a uno que otro gobernador de Acción Nacional de Tamaulipas, encargado de asuntos de Seguridad del Frente Amplio. Tampoco molesta. Desfalcar no llama tanto la atención como ser incompetente, que es lo que se estila en MoReNa (si hay una excepción, hay que echarla abajo). Alguna vez Leticia Varela, opositora, estuvo a pocos votos de ganar la delegación, pero los jueces desempataron "a su manera".  Alertados sobre la ostensible anomalía inmobiliaria, los habitantes de Benito Juárez solían culpar al jefe de gobierno de la capital entre 2000 y 2005, Andrés López Obrador, por un "bando" emitido. Lo que ese "bando" nunca dijo es que proliferaran construcciones de más de tres pisos o con colindancias mal hechas, ni que los jefes delegacionales y alcaldes hicieran las cosas de tal modo que el boom fuera para regocijo monetario ilegal de unos cuantos. Ni siquiera es seguro de que López Obrador, alguna vez habitante de Benito Juárez, se diera cuenta de lo que, para las circunstancias del país, sugería incluso lavado de dinero. Tampoco parece haberse dado cuenta el "mejor alcalde del mundo", Marcelo Ebrard, ni otro habitante de Benito Juárez, el jefe de gobierno Miguel Angel Mancera. Mucho surgió de abajo y de vecinos de la demarcación, que además de tener la sede del PAN, llegó a contar con habitantes tan ilustres como el "H", un Beltrán Leyva. La alcaldía, de teflón, ni se inmutó por este clase de huéspedes, ni, desde los '80, por la existencia de lugares de almacenamiento de droga.

      Cerremos. Durante el periodo en que López Obrador fue jefe de gobierno de la capital, Akabani, empresario de origen sirio, fue jefe delegacional de Benito Juárez (2003-2006). Hasta 2011, Akabani estuvo en el PAN. En rigor, el desfalco comenzó después, hacia 2008, con el grupo panista de "los Ocean". Cosas de la vida, el empresario aterrizó  desde 2019 como secretario de Desarrollo Económico de la Ciudad de México, a cargo...de Claudia Sheinbaum. En Benito Juárez, había sido precedido por José Espina Von Roehrich (2000-2003), luego secretario general del PAN  (2004-2007). Aunque era apenas el comienzo, Akabani  sí permitió construcciones irregulares. Como "Xóchitl": nomás tantito. La doctora es buena para ciertas infraestructuras y hacer parques: el "invisible de la foto", su padre, era empresario, y lo que hizo Sheinbaum fue dejarle el Desarrollo Económico de la capital a un empresario de ascendencia panista. Ciertamente, Akabani se lanzó contra "los Ocean", dirigidos por Romero, que disgustó finalmente a Calderón. Pero de la elección de Sheinbaum para Desarrollo Económico nunca se habló mucho. No es nota. Dicho sea de paso, Akabani perdió la alcaldía frente a Taboada, tal vez porque todavía muchos en "BJ" se creyeron que Taboada los protegería...de los ladrones (!). Sheinbaum le confió el "desarrollo económico" a un empresario (egresado de sociología). Varela se dedica hoy a cuidar animalitos. Del dinero y de Camelia nunca más se supo nada. Y da click, que canta Taboada. O éso parece.


martes, 31 de octubre de 2023

VAMOS MUDÁNDONOS

 Nadie en México ha sido consultado sobre la relocalización de empresas (nearshoring), que consiste en que se instalen cera del erróneamente llamado "mercado más grande mundo", el estadounidense. La candidata oficialista, Claudia Sheinbaum, según lo dijo en una reciente reunión con banqueros, espera "prosperidad compartida" del nearshoring, es decir, que el proceso beneficie a los trabajadores mexicanos, con salarios dignos, viviendas dignas, etcétera. Para variar, no se cuenta con fuerzas internas, sino que se las pone a disposición del exterior.

     Como el nearshoring, que argumenta un falso asunto de cadenas de suministro a raíz de la Covid 19, ya comenzó, está acentuando desigualdades en México: las inversiones que llegan se han concentrado en gran parte del norte (en particular en Nuevo León, con prolongación hacia Coahuila, y en Chihuahua) y en el Bajío, sobre todo Aguascalientes y Guanajuato, y parcialmente en Jalisco y Querétaro. El sur-sureste vuelve a quedar fuera, pese al esfuerzo del actual gobierno de Andrés Manuel López Obrador por reequilibrar el crecimiento entre sur y norte (Dos Bocas, Tren Maya, Corredor Interoceánico). Crítica de cualquier construcción nacional (refinería de Dos Bocas, Tren Maya), la oposición no lo es de otro alud de inversión extranjera, en el Corredor Interoceánico, que servirá también intereses estadounidenses.

     La relocalización en cuestión, criticada por China, no está más que buscando mano de obra barata y, tangencialmente, la cercanía del mercado estadounidense. Ahora que en Estados Unidos algunos sindicatos volvieron a ganar fuerza, como lo demostraron las huelgas en el sector automotriz, los patronos podrán responder: "nos vamos a México". Hasta ahora, los sueldos y salarios promedio no tienen nada de espectacular: equivalen más o menos a un poco más del de un policía en la Ciudad de México. Para que una familia de cuatro integrantes pueda subsistir, en varios países centrales tienen que trabajar dos miembros; en China o Brasil, tres miembros, y en México, los cuatro. A ésto es a lo que el simpático lenguaje empresarial le llama "salarios robustos y competitivos". Ocurre que las condiciones de trabajo en México son tan malas y precarias que los trabajadores aceptan cualquier cosa: en el sector secundario (industria), apenas poco más del 50 % de la fuerza de trabajo está protegido en el IMSS (Instituto Mexicano del Seguro Social), aunque tal vez deba verse como algo magnífico frente al campo (13 % protegido). No hay hábito de sindicalización independiente, pese a los cambios de principio de sexenio en materia de ley laboral. Para tener una idea, parte de la relocalización de empresas está teniendo lugar entre la franja costera china y el interior chino, donde la fuerza de trabajo es más barata. El problema de base, para el inversionista extranjero, está en que lo llamado "competitividad de costos" cayó en China: el costo laboral unitario de manufactura (salario por unidad ofrecida) aumentó 285 % en veinte años, y los salarios chinos costeros han crecido mucho (de duplicaron entre 2008 y 2019, en términos reales).   Los empresarios extranjeros están buscando salir de sus problemas, no sacar a los trabajadores de los suyos, aunque es típico de países periféricos aceptar trabajos no muy bien remunerados en empresas extranjeras antes que estar sobreviviendo en el sector informal. México tiene un "coste competitivo" inferior no nada más a China, sino también a países como Indonesia o Brasil (se sigue reportando un salario promedio en México de 4.45 dólares la hora contra 5.51 en China). La mano de obra mexicana es más barata, pero también está superando a China en productividad. Instalarse a invertir en México, que tiene acuerdos de libre comercio con unos 50 países (con el estatuto de "nación más favorecida", se eliminan en gran medida aranceles e impuestos para insumos y productos de importación y exportación)., es también sortear la guerra arancelaria entre China y Estados Unidos. Adicionalmente, la red "logística" en México se ha ido acondicionando en función de los requerimientos estadounidenses, con costos de carga por metro cúbico mucho más bajos que en China (117 puertos marítimos, 64 aeropuertos internacionales, 172 mil kilómetros de carreteras y 27 mil km de vías férreas). En vez de tres a cuatro semanas por mar, el suministro a Estados Unidos desde México se estima en 3-4 días, según el punto de destino en Estados Unidos.

      De remate, México está buscando cambiar la educación para adaptarse a estas circunstancias: ya tiene un porcentaje de graduados en ingeniería a India, Indonesia y Brasil. Dada esta "invasión informal", en el terreno económico, la universidad pública está urgidísima de renunciar a ser universidad para convertirse en lugar de enseñanza tecnológica, de computación, matemáticas e inglés, en un espítitu que es "por mi raza hablará el business". El resto amenaza en convertirse en un "conversatorio" para un poco de entretenimiento.

      No se ve mucho la "prosperidad compartida", porque la idea empresarial no es llegar a México a compartir, sino a obtener la mayor parte del pastel posible, así haga una que otra concesión relativa a unos trabajadores divididos y "segmentados" en el mundo. Hasta ahora, las cosas se están haciendo sin mucha planificación siquiera. Lo que puede llegar a hacer Sheinbaum es a rematar México a la inversión extranjera y a hacer algo así como un coaching, a falta de Estado nación al cual gobernar: hasta ahora, Sheinbaum es activista y bastante "libertaria", sin dotes de estadista. México es más que nunca el cornucopio de la abundancia orientado hacia Estados Unidos para sacarlo de apuros, un papel no muy brillante. De las necesidades nacionales, ya no hay mucha conciencia. Dicho sea de paso, antes los estadistas se involucraban en sus giras con el mundo del trabajo: visitaban fábricas, escuelas, hospitales...Ahora hacen reuniones protocolarias con el mundo de negocios para darle todas las garantías y toman "baños de pueblo" deplorables, en una especie de relajo de blusas bordadas y mítines con alguna escala para tragar comida típica, a la espera de que sigan lloviendo ayudas desde arriba, la nueva modalidad de food stamps. Ya ganó la creencia de que la riqueza la crean los ricos, no el trabajo, lo que no se creen ni los empresarios, puesto que están buscando trabajo barato, es decir, creadores de riqueza dispuestos a que se las quiten y "conformarse". En México debieran hacerse votaciones como las de Puerto Rico, donde ganan quienes se oponen a la independencia. El lópezobradorismo fue, sobre todo, una oposición al seductor de la patria, que rompió los equilibrios del antiguo oficialismo, desde el sexenio de Miguel de la Madrid (1982-1988). Ahora se trata de regresar a la "rotación", en gran medida, pero sin cuestionar la venta del país, sino aproximando su remate, porque al seductor se lo vió como "grande" por el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), pero "chico" por no "rotar". Si López Obrador hizo todo y su contrario, la gobernadora Sheinbaum puede inclinar la balanza y quedarse con lo contrario y administrar o gestionar con honestidad el remate de México. Lo único que debieran evitarse es nombres como Felipe Ángeles en un aeropuerto o Francisco Villa para un año de gobierno: no se hace nada para la historia nacional, que no importa. (da click en el botón de reproducción).






viernes, 27 de octubre de 2023

TOMAR LA POSTA

 Los "progresismos" latinoamericanos tienen cierta tendencia a encumbrar a una sola persona, y la oposición lo sabe, por lo que busca "destronar" para "descabezar". Al mismo tiempo, varios de estos liderazgos no son sinónimo de ambición de poder.

     Es algo que está claro en el caso de Rafael Correa, quien se negó a cualquier artimaña para reelegirse y se fue a Bélgica, de donde es su esposa, con la idea de dedicarse a escribir. Ha seguido activo en política -a lo que tiene todo derecho- por lo ocurrido en 2017, la traición de Lenín Moreno en Alianza País y el "vacío de autoridad" provocado por la persecución contra otros líderes de la Revolución Ciudadana, como Ricardo Patiño o sobre todo Jorge Glas. Luisa González, candidata reciente de la Revolución Ciudadana, no habló de llevar a Correa al Ecuador, aunque sí de consultarlo. No es que falten aduladores cerca de Correa, pero hay elementos para pensar que no quiere poder para sí. Lo mismo puede decirse del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, quien no desconoce las reglas del sistema político mexicano y cerró el paso a cualquier petición absurda de reelección o de tener algún cargo luego de abandonar la silla presidencial. López Obrador se irá a su rancho -finca- en Palenque y tal vez no se excluya que, de ser quien gane la presidencia, Claudia Sheinbaum lo consulte, pero sin que ello suponga injerencia. Ni Correa ni López Obrador son ambiciosos de poder, ni mucho menos se han enriquecido, El mundo mediático quiere dar otra impresión, pero para descalificar y polarizar en torno a una persona para restarle autoridad y suplantarla por las vedettes de los medios. Como sea, no es seguro que haya sido lo mejor colocarse todas las mañanas temprano como blanco de los medios de comunicación masiva. Tampoco es seguro que López Obrador haya sido ajeno del todo a ciertas pifias clientelistas, pero su figura ha sido utilizada en el aparato del Movimiento de Regeneración Nacional (MoReNa) para que algunos escalen en nombre del "bien". En su momento, Correa también señaló la presencia de ambiciosos en 2021 en torno a la candidatura presidencial de Andrés Arauz.

      Es distinto lo que ocurre con el liderazgo de Evo Morales en Bolivia, por el énfasis en los indígenas, proclives a formas de "organización" personalistas y piramidales, más allá de los méritos de Morales y sin que sea un cacique propiamente dicho. Aquí sí aparece el "hombre indispensable", no exento de cierto culto (en Oruro, por ejemplo). Lo mejor es que lo haya criticado el actual presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, por querer reelegirse torciendo la Constitución. Lula no ha hecho nada similar, pero también aparece como "hombre providencial" para los pobres. Nótese que en los casos de Morales y Lula se trata de gente venida de muy abajo: "los pobres" o los indígenas pueden no estar exentos de prácticas personalistas y clientelistas, pese a que en los dos casos hay antecedentes sindicales -no es menor cosa- que no existen en Correa o en López Obrador.

       Daniel Ortega en Nicaragua es otra cosa, dados sus antecedentes militares, como ocurría con el sempiterno Fidel Castro en Cuba, y como llegó a ocurrir con otro militar, aunque no guerrillero, en Venezuela, Hugo Chávez. Es siempre una tendencia tal que se termina por hablar de "fidelismo" o de "chavismo", lo que no ha ocurrido en cambio con Ortega, poco dado, a diferencia de Castro y Chávez, a pasarse el tiempo en la exhibición pública (aunque Ortega, cuando habla, lo puede hacer también por horas, eso sí sin histrionismo, al grado de dormir a los oyentes). El paternalismo implícito hizo daño en Cuba y en Venezuela. Por lo demás, también existe en López Obrador y en Lula, por lo que la izquierda no ha conseguido desembarazarse de cierta herencia señorial. Correa tiende a ser la excepción, pese a que no siempre se rodea de los más competentes.

     Los rasgos descritos se acentúan a falta de organización partidaria fuerte y direcciones más colectivas que permitan el "desbloqueo" generacional, aunque en más de un sentido ha tenido lugar en el Ecuador (con Luisa González) y en México (con la candidata Claudia Sheinbaum). En Brasil no fue posible, en Venezuela es sabido que Nicolás Maduro no tiene el arrastre de Chávez y en Cuba Miguel Díaz-Canel es gris. El relevo funciona así donde el personalismo está más acotado: mal se entendió si se creyó que González era  títere de Correa, o si se quiere sugerir lo mismo de Sheinbaum. Es en Bolivia donde Morales podría ceder -sin dejar el liderazgo del MAS (Movimiento al Socialismo). Lula está en la recta final y Ortega es un misterio. Lo que no es muy factible es que el relevo sea de un grupito de líderes estudiantiles excesivamente jóvenes y con cierto aire de boy scouts, como en Chile con Gabriel Boric. El hecho es que el personalismo deja entrever un bajo grado de institucionalización, si bien la derecha no está para quejarse: Estados Unidos fue el apoyo de gente "personalísima" como Anastasio Somoza Debayle en Nicaragua, Francois Duvalier en Haití, Alfredo Stroessner en Paraguay, Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana, Alberto Fujimori en el Perú o Augusto Pinochet en Chile, al grado que, siempre con apoyo estadounidense, los peruanos siguen pagando el personalismo y el nepotismo de la familia Fujimori, y los chilenos la incrustación del pinochetismo en la sociedad, como los haitianos los restos del duvalierismo. Igual fascinó en México el seductor de la patria e innombrable, que rompió las reglas de "equilibrio de intereses" del antiguo oficialismo. Quien quiera puede comparar lo que tienen los líderes progresistas y lo que han acostumbrado a hacer los amigos de Estados Unidos en términos de fortunas personales -o incluso, como en el caso de los Fujimori, de vínculos con el crimen organizado.

       Las relaciones personalistas y clientelares no son nuevas en la izquierda. Como sea, son menos fuertes que en el pasado y están en parte fabricadas por los medios de comunicación masiva para insinuar que "todos son iguales", menos los que, en vez de hacerlo por la "política", lo hacen por el dinero. Sin embargo, los presidentes-empresarios en América Latina no han funcionado: el próximo en demostrarlo será Daniel Noboa, en el Ecuador. Si la tendencia fuera a administrar, quedaría por saber en qué términos y para quiénes. 

Queda algo de alegría boliviana (da click en el botón de reproducción).





AQUÍ NO HA PASADO NADA

 Hablar de la caída de la Unión Soviética, en 1991, es un asunto tabú en lo que se conoce como "Occidente", y se reduce a reaccion...