El "comunismo tosco" que criticaran Marx y Engels es el sueño de la clase media: propiedad privada para todos !todos propietarios privados!
Según Marx y Engels, esta es la sociedad de la competencia despiadada porque es en todos el afán de posesión: "la posesión física, inmediata (...) es considerada como única finalidad de la vida y la existencia", lo que explica, por cierto, formas de degradación violenta; la mujer cuerpo que se exhibe despierta en el depredador propietario el deseo de "sentirse dueño" poseyendo brutalmente y filmándolo (de a uno en uno o entre treinta y a tres). Toda relación no es más que un rodeo para esa posesión. Los hombres "siguen prisioneros del tener" y tienen a otra persona -que puede ser la mujer objeto- como se tiene a cualquier otra "cosa" que, por lo demás, se tira igual.
Este "comunismo tosco", de la abundancia, es el de la pelea a muerte por el estatus y así, "la envidia general, escriben Marx y Engels, constituida en potencia, es la forma (...) que reviste la avaricia, la cual se satisface así, simplemente, de otro modo. La idea de la propiedad privada se vuelve en cuanto tal, por lo menos, como envidia y afán de nivelación, en contra de la propiedad privada más rica, y esta envidia forma la esencia de la competencia". Es el querer "tener" para "poseer" y preguntarse a cada instante por qué siempre hay alguien que tiene aunque sea un centavo más que uno, y querer igualarlo o rebajarlo, para lo que vale el más crudo materialismo y la renuncia a la cultura y la civilización. Un candidato a la presidencia estadounidense puede ser idiota, pero se polemizará sobre los 12 mil dólares que costó su chaqueta Armani. ¿La deben tener todos o debe suprimirla ella?
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sábado, 11 de junio de 2016
CAPITAL-TRABAJO: EL CHANTAJE COMO REGLA
El gran capital ha promovido el desprecio por el principio de realidad ("aburrido", "serio", "reprimido en el clóset", "exigente", "autoritario", "represivo") porque ha llegado a la más inaudita de las conclusiones: decir que los huelguistas contra la flexibilización laboral estorban la Eurocopa es decir que el mundo del trabajo estorba el entretenimiento y que todo un sector de la sociedad no quiere trabajo, sino entretenimiento. Esto se debe a que, para ese capital, el trabajo es un "costo", no la fuente de la riqueza (aquí ni siquiera hay ningún "neoliberalismo" porque no se reconoce el liberalismo de Adam Smith). Por ello hay que esconder al trabajo, devaluarlo, abaratarlo (como a cualquier creación verdadera), mandarlo a China.
De ahí se deduce, para quienes participan del excedente sin producir (así tengan una "ocupación" que "gestionan" para "bienestar de su familia"), que la riqueza crea riqueza (claro: ¿cuando se ha visto a un pobre crear riqueza?), es decir, que son los ricos los que crean la riqueza (!hombre!). Es el chantaje asegurado: si no te vendes (vendes tu fuerza de trabajo o tus convicciones), y además barato, aunque no falte quien se ponga su precio, y si además no compras, yo no invierto y me voy a China o a la Bolsa. Quienes no participan del mundo del trabajo, y son muchos, forman así una sociedad de eternos agradecidos con los ricos, a los que sirven pasivamente, porque solo ven que "la inversión crea riqueza" (los más chiflados creen que la crea la especulación, pero eso ya es droga dura): la crea la inversión extranjera, no el trabajo local sin el cual esa inversión no sería posible; el turismo, no los empleados locales sin cuyos servicios no habría el turismo mismo; las remesas del trabajo de otros afuera. En América Latina, por lo demás, como ya no hay casi industria nacional y prácticamente toda actividad productiva es foránea (bajo control transnacional), se cree que la riqueza "viene de afuera", como si aquí "produjera sola", y se estimula la "derrama" desde el exterior a costa de matar al huésped que se pudre. La gigantesca masa de habitantes que participa del excedente como sea cree que, entonces, el rico crea riqueza y el trabajador está de más, por lo que se le pueden recortar todos sus derechos (es un "costo social"). El resto es vivir del chantaje con el prójimo para explotar dando derechos mínimos: !si no es como yo digo, y a mi precio, no invierto en tí!. !Pero si toda oferta crea su propia demanda!
De ahí se deduce, para quienes participan del excedente sin producir (así tengan una "ocupación" que "gestionan" para "bienestar de su familia"), que la riqueza crea riqueza (claro: ¿cuando se ha visto a un pobre crear riqueza?), es decir, que son los ricos los que crean la riqueza (!hombre!). Es el chantaje asegurado: si no te vendes (vendes tu fuerza de trabajo o tus convicciones), y además barato, aunque no falte quien se ponga su precio, y si además no compras, yo no invierto y me voy a China o a la Bolsa. Quienes no participan del mundo del trabajo, y son muchos, forman así una sociedad de eternos agradecidos con los ricos, a los que sirven pasivamente, porque solo ven que "la inversión crea riqueza" (los más chiflados creen que la crea la especulación, pero eso ya es droga dura): la crea la inversión extranjera, no el trabajo local sin el cual esa inversión no sería posible; el turismo, no los empleados locales sin cuyos servicios no habría el turismo mismo; las remesas del trabajo de otros afuera. En América Latina, por lo demás, como ya no hay casi industria nacional y prácticamente toda actividad productiva es foránea (bajo control transnacional), se cree que la riqueza "viene de afuera", como si aquí "produjera sola", y se estimula la "derrama" desde el exterior a costa de matar al huésped que se pudre. La gigantesca masa de habitantes que participa del excedente como sea cree que, entonces, el rico crea riqueza y el trabajador está de más, por lo que se le pueden recortar todos sus derechos (es un "costo social"). El resto es vivir del chantaje con el prójimo para explotar dando derechos mínimos: !si no es como yo digo, y a mi precio, no invierto en tí!. !Pero si toda oferta crea su propia demanda!
GRANDES INTERESES: VOTAR PARA EL CUPON
Los habitantes de las llamadas "democracias" occidentales y asiáticas votan (cuando votan) pero no elijen: no deciden sobre ninguno de los asuntos esenciales que los conciernen, ni siquiera el del dinero. De todos modos, votan para comprarse una participación en la distribución del excedente a cambio de negar cómo ha sido producido y de atacar el principio de realidad, el del trabajo y la creación verdadera. Es por este motivo que participan, con frecuencia "pasivamente": para no quedar fuera del reparto, pero no para cambiar nada.
¿Deciden por ejemplo los estadounidenses o los europeos sobre los gastos monumentales en armas en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) o el nivel de vida de los jerarcas militares de esta organización? De ninguna manera. ¿Deciden sobre los riesgos que la alta finanza hace correr a las economías y sobre los súper-salarios de los ejecutivos financieros, como los que se embolsaron en plena crisis de 2008? Tampoco. ¿Sobre la orientación productiva de las grandes empresas transnacionales y su deslocalización? Menos. Es más, con tal de no quedar fuera del reparto del gran excedente -que no han producido- muchos se adhieren a las formas de presión para agarrar algo (grupos de presión como minorías sexuales, mujeres, indios, etcétera...) y participan en el linchamiento de quien propone, por ejemplo, impuestos contra las grandes empresas que saquen trabajos del país (de Estados Unidos a China, por ejemplo), porque quienes participan en el reparto del excedente no ven ya cómo ha sido producido.
Estos "participantes", para lograr algo que no han producido, necesitan del principio de poder ("explotar" a cualquier prójimo dando lo menos para obtener lo más) aunado al de placer. En el mundo, según el estudioso de la televisión, Jerry Mander, 7 empresas (News Corporation, Time Warner, Disney, Sony, Bertelsman, Viacom y General Electric) controlan el 70 % de los medios de comunicación utilizando técnicas que recurren a las emociones y no a la aburrida, "seria y reprimida" reflexión (insensibilizando el lado izquierdo del cerebro); se trata de evadirse en fantasías (amores edulcorados, juegos, telecracia, viajes, marcas, signos de estatus) sin entender lo que sucede (90 % de quienes ven televisión no entienden el contenido, según el investigador Jacob Jacoby.): el placer está reñido con las comprensión de la realidad.
No se vota a políticos que cambien una realidad (aunque hay excepciones), sino a "gestores", de quienes se espera que sepan repartir lo que todos los que -juntos- participan del excedente le birlaron a la minoría que trabaja y está llamada a condiciones no muy placenteras que digamos, aquí y en China. Con el voto, en suma, se espera tener "derecho al cupón" de participación: se critica al partido que no reparte "en grande", se acepta incluso reparto de narcomoney si es "en grande" y se agrede en permanencia la comprensión (que supone ruptura de umbrales conceptuales).
¿Deciden por ejemplo los estadounidenses o los europeos sobre los gastos monumentales en armas en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) o el nivel de vida de los jerarcas militares de esta organización? De ninguna manera. ¿Deciden sobre los riesgos que la alta finanza hace correr a las economías y sobre los súper-salarios de los ejecutivos financieros, como los que se embolsaron en plena crisis de 2008? Tampoco. ¿Sobre la orientación productiva de las grandes empresas transnacionales y su deslocalización? Menos. Es más, con tal de no quedar fuera del reparto del gran excedente -que no han producido- muchos se adhieren a las formas de presión para agarrar algo (grupos de presión como minorías sexuales, mujeres, indios, etcétera...) y participan en el linchamiento de quien propone, por ejemplo, impuestos contra las grandes empresas que saquen trabajos del país (de Estados Unidos a China, por ejemplo), porque quienes participan en el reparto del excedente no ven ya cómo ha sido producido.
Estos "participantes", para lograr algo que no han producido, necesitan del principio de poder ("explotar" a cualquier prójimo dando lo menos para obtener lo más) aunado al de placer. En el mundo, según el estudioso de la televisión, Jerry Mander, 7 empresas (News Corporation, Time Warner, Disney, Sony, Bertelsman, Viacom y General Electric) controlan el 70 % de los medios de comunicación utilizando técnicas que recurren a las emociones y no a la aburrida, "seria y reprimida" reflexión (insensibilizando el lado izquierdo del cerebro); se trata de evadirse en fantasías (amores edulcorados, juegos, telecracia, viajes, marcas, signos de estatus) sin entender lo que sucede (90 % de quienes ven televisión no entienden el contenido, según el investigador Jacob Jacoby.): el placer está reñido con las comprensión de la realidad.
No se vota a políticos que cambien una realidad (aunque hay excepciones), sino a "gestores", de quienes se espera que sepan repartir lo que todos los que -juntos- participan del excedente le birlaron a la minoría que trabaja y está llamada a condiciones no muy placenteras que digamos, aquí y en China. Con el voto, en suma, se espera tener "derecho al cupón" de participación: se critica al partido que no reparte "en grande", se acepta incluso reparto de narcomoney si es "en grande" y se agrede en permanencia la comprensión (que supone ruptura de umbrales conceptuales).
jueves, 9 de junio de 2016
HITLERY EN EU: ¿POR SER MUJER?:
La relación de la familia Clinton con Goldman Sachs y Wall Street no es tan nueva ni se reduce a las sumas astronómicas (de cerca de 200 mil dólares la hora) ganadas por Hitlery al hablarle a los financieros, ni a las conferencias cuyas transcripciones no quiere la señora "de Clinton" que se den a conocer públicamente. En realidad, desde los '80, Goldman Sachs premió que los Clinton cambiaran el espíritu del partido demócrata, creando el Consejo de Liderazgo Demócrata (Democratic Leadership Council), totalmente orientado hacia lo que algunos conocen como "neoliberalismo", aunque a nombre de una muy clasemediera "tercera vía". (Hitlery había formado parte de grupos conservadores en su natal Arkansas) Fue así que William Clinton llegó a la presidencia estadounidense en los años '90. Pactó la alianza de la clase media arribista y de los nuevos ricos punto.com con las grandes corporaciones estadounidenses, y queda por ver sí puede arrastrar a "los pobres".
El mismo esposo Clinton tuvo entre sus principales consejeros de campaña al vicejefe de Goldman Sachs, Robert Rubin, quien se aseguró de que a esa campaña entrara a raudales el dinero de Wall Street. Al año de electo, el mandatario Clinton reconoció, delante de Rubin, que toda la agenda de gobierno estaba siendo elaborada a favor de Wall Street. Rubin fue finalmente secretario del Tesoro, contribuyó a aprobar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, impuso una terapia de choque en la economía rusa -eran los tiempos de Yeltsin-, desreguló las finanzas estadounidenses y se ganó el título -según el esposo Clinton- del "más grande secretario del Tesoro desde Hamilton".
Lo del empoderamiento femenino parece un chiste, ya que Hitlery progresó vendiéndose a los grandes intereses financieros y militares de Estados Unidos, como lo hizo William Clinton, y no por ser mujer. "Para toda esa niña que sueña a lo grande, afirmó Hitlery, sí, puedes ser todo aquéllo que quieras, incluso presidenta". Claro, sí se puede, basta con "saberse ofertar" en el lugar adecuado: una esquina de Wall Street, por ejemplo.
Como el matriarcado es completo, la hija de los Clinton, Chelsea (quien acaba de tener a su vez una hija) ha ocultado lo más que se pueda a una de sus antiguas y mejores amistades: ¿Ivanka Trump? Sí, la hija de Donald Trump, con quien algún tiempo coquetearon los Clinton como con todo lo que huele a gran negocio.
El mismo esposo Clinton tuvo entre sus principales consejeros de campaña al vicejefe de Goldman Sachs, Robert Rubin, quien se aseguró de que a esa campaña entrara a raudales el dinero de Wall Street. Al año de electo, el mandatario Clinton reconoció, delante de Rubin, que toda la agenda de gobierno estaba siendo elaborada a favor de Wall Street. Rubin fue finalmente secretario del Tesoro, contribuyó a aprobar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, impuso una terapia de choque en la economía rusa -eran los tiempos de Yeltsin-, desreguló las finanzas estadounidenses y se ganó el título -según el esposo Clinton- del "más grande secretario del Tesoro desde Hamilton".
Lo del empoderamiento femenino parece un chiste, ya que Hitlery progresó vendiéndose a los grandes intereses financieros y militares de Estados Unidos, como lo hizo William Clinton, y no por ser mujer. "Para toda esa niña que sueña a lo grande, afirmó Hitlery, sí, puedes ser todo aquéllo que quieras, incluso presidenta". Claro, sí se puede, basta con "saberse ofertar" en el lugar adecuado: una esquina de Wall Street, por ejemplo.
Como el matriarcado es completo, la hija de los Clinton, Chelsea (quien acaba de tener a su vez una hija) ha ocultado lo más que se pueda a una de sus antiguas y mejores amistades: ¿Ivanka Trump? Sí, la hija de Donald Trump, con quien algún tiempo coquetearon los Clinton como con todo lo que huele a gran negocio.
martes, 7 de junio de 2016
ELECCIONES MEXICANAS: UNA ATOMIZACION QUE SIGUE
Grandiosa lección cívica, la de las elecciones mexicanas recientes para gubernaturas y Asamblea Constituyente de la Ciudad de México: ¿no queremos corrupción? No, el asunto es otro. Queremos volver a los tiempos gloriosos del narcomoney, porque desde que está el partido de siempre, no alcanza. Que Acción Nacional sea campeón de la doble moral y más corrupto que el oficial Partido Revolucionario Institucional (PRI) es algo que no importa mientras estemos en placeres del oro. La izquierda escogió muy erradamente como blanco al PRI sobre la base de un "antiautoritarismo" que reivindica el derecho a un mercado sin ningún "dirigismo" ni, sobre todo, autoridad, con el agravante de que el partido oficial la ha ido perdiendo.
Agustín Basave, líder del Partido de la Revolución Democrática (PRD), decidió aliarse con una derecha que en doce años en el poder, además de estar aliada con lo peor del partido oficial (Acción Nacional no es ajeno al seductor de la patria), demostró no tener idea siquiera de un mínimo de protocolo, saqueó en grande y liquidó lo poco que quedaba de civismo, multiplicando nuevos ricos al ritmo de banda y narcocorrido. El grupo del seductor de la patria juega alternativamente a dos semáforos, el de la izquierda "libertaria" y el del conservadurismo de doble moral, con tal de destruir frívolamente toda "represión" del pasado.
Andrés Manuel López Obrador (AMLO) es, un poco parafraseando a José Valenzuela Feijoó, un cura, sino de Chiripungato, sí de Chingapeo: "ser de izquierda, ha afirmado, no es levantar el puño de esa mano y leer a Carlos Marx, sino ser buena persona. Si no sientes el sufrimiento del prójimo y de los que necesitan apoyo, de qué sirve ser de izquierda. Hay que tener amor al pueblo para serlo". Exacto, señor cura (y no haga nada con ésa mano): "no lean, no lean, que por ahí se nos llega Lucifer". AMLO -con un discurso de nivel cada vez más cercano a Vicente Fox, otro mártir de la ignorancia más supina- está ocupado excomulgando hermanos que no están mejor que él, puesto que lo han acusado, a él que es todo amor, de ser "como Hitler, que se va a quedar solo". Otro Hitler. Bueno, pues otro Hitler.
Las recientes elecciones no muestran ninguna democracia, sino la persistente atomización del país en medio de la desorganización total.
Agustín Basave, líder del Partido de la Revolución Democrática (PRD), decidió aliarse con una derecha que en doce años en el poder, además de estar aliada con lo peor del partido oficial (Acción Nacional no es ajeno al seductor de la patria), demostró no tener idea siquiera de un mínimo de protocolo, saqueó en grande y liquidó lo poco que quedaba de civismo, multiplicando nuevos ricos al ritmo de banda y narcocorrido. El grupo del seductor de la patria juega alternativamente a dos semáforos, el de la izquierda "libertaria" y el del conservadurismo de doble moral, con tal de destruir frívolamente toda "represión" del pasado.
Andrés Manuel López Obrador (AMLO) es, un poco parafraseando a José Valenzuela Feijoó, un cura, sino de Chiripungato, sí de Chingapeo: "ser de izquierda, ha afirmado, no es levantar el puño de esa mano y leer a Carlos Marx, sino ser buena persona. Si no sientes el sufrimiento del prójimo y de los que necesitan apoyo, de qué sirve ser de izquierda. Hay que tener amor al pueblo para serlo". Exacto, señor cura (y no haga nada con ésa mano): "no lean, no lean, que por ahí se nos llega Lucifer". AMLO -con un discurso de nivel cada vez más cercano a Vicente Fox, otro mártir de la ignorancia más supina- está ocupado excomulgando hermanos que no están mejor que él, puesto que lo han acusado, a él que es todo amor, de ser "como Hitler, que se va a quedar solo". Otro Hitler. Bueno, pues otro Hitler.
Las recientes elecciones no muestran ninguna democracia, sino la persistente atomización del país en medio de la desorganización total.
lunes, 6 de junio de 2016
CDMX: ACABEMOS TAMBIEN CON EL CIVISMO
Sí, es que llega a ser rutina la caricia más divina, así que mejor salgo a la calle al sonoro rugir de mi cañón: !chinga antes de que te chinguen, descendiente de Cuauhtémoc!
Hace unos cuatro años, el columnista de La Jornada, Alejandro Nadal, advertía sobre el fin de la República en México, y enumeraba los factores que estaban conduciendo a este desastre.
El problema es que República es "cosa pública", pero no un "simple concepto". El civismo, según las definiciones que pueden encontrarse en la Web, no es nada más leerse el Manual de Carreño antes de ir a cafetear con las amigas y destrozar al prójimo en la maledicencia por la espalda. Civismo es también "respeto por los objetos públicos", según algunas definiciones, y "por los objetos y las instituciones públicas", según otras, que incluyen "el cumplimiento de las obligaciones que se presentan para con la comunidad a la cual se pertenece". Ciertamente, Nadal alegaba, con razón, que las élites en cierto modo habían "desertado" la República, dedicadas a enriquecerse al vapor, con desprecio por el mundo del trabajo (incluso con el habitual racismo), convirtiendo las instituciones en mero aparato de dominación y el poder legislativo en un espacio de componendas y negociaciones turbias. Agregaba el autor, como reacción, el desencanto popular.
Con todo, hay algo más: el civismo es para ciudadanos, no para consumidores. Que se sepa, el consumidor, con su principio de placer y ninguno de realidad, "cliente-rey", no tiene absolutamente ninguna obligación de comprarse todo lo que le vendan. Decide en función de "preferencias" y es igualmente cierto que, por momentos, la política pareciera haberse reducido a "mercadeo". Sin embargo, hay algo en el inglés estadounidense muy desagradable: frente a un argumento, un estadounidense responde "lo compro" o "no lo compro" (i buy it, i don't buy it). Pareciera que por deseo mimético una parte de la sociedad mexicana ha decidido comportarse "económicamente" (lo que en español suele querer decir "de manera barata", por cierto), como sucede en Estados Unidos, que NO es una República. Todo debe "ser económico", por lo que el dizque ciudadano -que en realidad ya no es más que un negociante/marchante dedicado al regateo en todas las esferas de la vida- se pone un precio al que "deben llegarle los políticos", quienes, a su vez, pasan el tiempo ofertando a la supuesta "sociedad civil" su dime-lo-que-quiero-oír ("contigo lo haremos mejor", etcétera). Por este motivo también está cayendo la política en la demagogia: por satisfacer el principio de placer-consumo de una sociedad que, sin saber lo que es "trabajo socialmente útil", no piensa en llevársela más que "sin comprarse ninguna bronca", mientras México es el país que tiene -para quienes trabajan de verdad- las jornadas laborales más estresantes de toda América Latina (para eso están los aborígenes, ¿ves?). Para el mundo del trabajo, obligaciones sin derechos. Para la inmensa clase media que se reparte un gigantesco excedente fuera del principio de realidad (el verdadero trabajo), todos los derechos sin obligaciones, el incivismo con la unidad familiar por delante - pues sí, "la prole". Eso es lo que ofertaron casi todos, incluyendo el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Si en realidad hubiera ciudadanos, hubieran votado nulo si no les gustaba el jefe de gobierno Miguel Angel Mancera, por lo demás ni independiente ni afiliado a un partido. Sin República no hay ciudadanos ni civismo, salvo que el ciudadano se defina de otro modo: como propietario-consumidor, además, como lo hace Morena, ahí donde el espacio público es "comunitario", una especie de gran ejido, eso sí enajenable, y no el respeto del espacio privado del otro en el mismo espacio público (!hombre, lo tuyo es mío!).
Ahí está el "homo esmoguis" altiplánico en la calle, en el tránsito, en el transporte público, con excepciones populares: los dueños de la ciudad somos nosotros y todo, hasta lo ajeno, nos pertenece. Que los constituyentes hagan lo que quieran. Nos "vale". !Que oferten mejor! Nos vendemos caro y queremos consumir barato. Así está la sociedad civil.
Hace unos cuatro años, el columnista de La Jornada, Alejandro Nadal, advertía sobre el fin de la República en México, y enumeraba los factores que estaban conduciendo a este desastre.
El problema es que República es "cosa pública", pero no un "simple concepto". El civismo, según las definiciones que pueden encontrarse en la Web, no es nada más leerse el Manual de Carreño antes de ir a cafetear con las amigas y destrozar al prójimo en la maledicencia por la espalda. Civismo es también "respeto por los objetos públicos", según algunas definiciones, y "por los objetos y las instituciones públicas", según otras, que incluyen "el cumplimiento de las obligaciones que se presentan para con la comunidad a la cual se pertenece". Ciertamente, Nadal alegaba, con razón, que las élites en cierto modo habían "desertado" la República, dedicadas a enriquecerse al vapor, con desprecio por el mundo del trabajo (incluso con el habitual racismo), convirtiendo las instituciones en mero aparato de dominación y el poder legislativo en un espacio de componendas y negociaciones turbias. Agregaba el autor, como reacción, el desencanto popular.
Con todo, hay algo más: el civismo es para ciudadanos, no para consumidores. Que se sepa, el consumidor, con su principio de placer y ninguno de realidad, "cliente-rey", no tiene absolutamente ninguna obligación de comprarse todo lo que le vendan. Decide en función de "preferencias" y es igualmente cierto que, por momentos, la política pareciera haberse reducido a "mercadeo". Sin embargo, hay algo en el inglés estadounidense muy desagradable: frente a un argumento, un estadounidense responde "lo compro" o "no lo compro" (i buy it, i don't buy it). Pareciera que por deseo mimético una parte de la sociedad mexicana ha decidido comportarse "económicamente" (lo que en español suele querer decir "de manera barata", por cierto), como sucede en Estados Unidos, que NO es una República. Todo debe "ser económico", por lo que el dizque ciudadano -que en realidad ya no es más que un negociante/marchante dedicado al regateo en todas las esferas de la vida- se pone un precio al que "deben llegarle los políticos", quienes, a su vez, pasan el tiempo ofertando a la supuesta "sociedad civil" su dime-lo-que-quiero-oír ("contigo lo haremos mejor", etcétera). Por este motivo también está cayendo la política en la demagogia: por satisfacer el principio de placer-consumo de una sociedad que, sin saber lo que es "trabajo socialmente útil", no piensa en llevársela más que "sin comprarse ninguna bronca", mientras México es el país que tiene -para quienes trabajan de verdad- las jornadas laborales más estresantes de toda América Latina (para eso están los aborígenes, ¿ves?). Para el mundo del trabajo, obligaciones sin derechos. Para la inmensa clase media que se reparte un gigantesco excedente fuera del principio de realidad (el verdadero trabajo), todos los derechos sin obligaciones, el incivismo con la unidad familiar por delante - pues sí, "la prole". Eso es lo que ofertaron casi todos, incluyendo el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Si en realidad hubiera ciudadanos, hubieran votado nulo si no les gustaba el jefe de gobierno Miguel Angel Mancera, por lo demás ni independiente ni afiliado a un partido. Sin República no hay ciudadanos ni civismo, salvo que el ciudadano se defina de otro modo: como propietario-consumidor, además, como lo hace Morena, ahí donde el espacio público es "comunitario", una especie de gran ejido, eso sí enajenable, y no el respeto del espacio privado del otro en el mismo espacio público (!hombre, lo tuyo es mío!).
Ahí está el "homo esmoguis" altiplánico en la calle, en el tránsito, en el transporte público, con excepciones populares: los dueños de la ciudad somos nosotros y todo, hasta lo ajeno, nos pertenece. Que los constituyentes hagan lo que quieran. Nos "vale". !Que oferten mejor! Nos vendemos caro y queremos consumir barato. Así está la sociedad civil.
CIUDAD DE MEXICO: CUANDO QUIERE UN CIUDADANO NO HAY AMOR COMO SU AMOOOOOR...
Es decir que, cuando alguien no entiende lo que le están diciendo, no hay ya mayor posibilidad de hablar.
-¿Te gustan las peras o no?
-Respuesta: yo digo que el señor que vende las peras tiene una amante
Hace poco, los habitantes de Bolivia fueron convocados a una pregunta política sobre la continuidad de Evo Morales en el gobierno (¿debía reelegirse o no?).
-¿Quieres o no que siga Evo Morales en la presidencia boliviana?
-Respuesta: Evo Morales tuvo sexo con Gabriela Zapata
Los habitantes de Facebookistán hicieron lo mismo al ser preguntados sobre sus representantes en la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México. Batieron récord de abstencionismo.
-¿Quieres que un miembro de tal o cual partido o un candidato independiente X o Y te represente en la próxima Asamblea Constituyente?
-Respuesta: no me gusta el pito de Mancera.
Si un ciudadano no ejerce sus deberes y solo se acuerda de sus derechos, es que se rige por el principio de poder (yo "qué saco de ésto", dando lo menos para obtener lo más, es decir, explotando al prójimo) y de placer (para mi consumo). La vida política esta terminada porque el ciudadano nació (en Cartas de Derechos y Deberes, mencionados los segundos como tales en 1789) no como un cliente, comprador o representante de "la demanda", sino como ser político y cívico. En cambio, resulta que al habitante capitalino no le gustó que "por sus impuestos" le "ofertaran" el pito de Mancera.
Por lo demás, este es el tipo de propuesta "autogestionaria" que está plasmada en el programa que hizo el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), un partido mexicano que no lo tiene ni Obama y que debe soñar con una capital magonista-libertaria en pachanga permanente, sin reglamento (ni de tránsito ni de nada) ni autoridades. Si el del pito insiste en aumentar el salario mínimo para beneficiar al que trabaja (!pero hombre, un señor de hacienda no trabaja!), Andrés Manuel López Obrador, líder de Morena, no mueve un dedo. El programa de Morena se saca de la manga una renta básica (¿para los habitantes de Polanco?) y derechos laborales sin hacer valer el artículo 123 constitucional mexicano, que plasma el derecho a un trabajo digno y socialmente útil.
La derecha de Acción Nacional, en cuyos rumbos, como en los de cierta izquierda, hay un tufillo fascistón, prometió todo lo que no piensa cumplir, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), que hace alianzas peligrosas a nivel nacional con tal de ser "aintiautoritario" declamó -aunque es la segunda fuerza capitalina, no muy lejos de Morena, que no arrasó-, y los habitantes de Facebookistán se pronunciaron esta vez por un candidato del Heroico Cuerpo de Bomberos. A nivel nacional, hay consenso -salvo en una parte del PRD- para castigar al único partido con verdadera implantación nacional (y no simplemente regional), de tal modo que el país siga deshaciéndose, para ganancia de quienes saben medrar en el desmaye. The Wall Street Journal ya cantó victoria.
-¿Te gustan las peras o no?
-Respuesta: yo digo que el señor que vende las peras tiene una amante
Hace poco, los habitantes de Bolivia fueron convocados a una pregunta política sobre la continuidad de Evo Morales en el gobierno (¿debía reelegirse o no?).
-¿Quieres o no que siga Evo Morales en la presidencia boliviana?
-Respuesta: Evo Morales tuvo sexo con Gabriela Zapata
Los habitantes de Facebookistán hicieron lo mismo al ser preguntados sobre sus representantes en la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México. Batieron récord de abstencionismo.
-¿Quieres que un miembro de tal o cual partido o un candidato independiente X o Y te represente en la próxima Asamblea Constituyente?
-Respuesta: no me gusta el pito de Mancera.
Si un ciudadano no ejerce sus deberes y solo se acuerda de sus derechos, es que se rige por el principio de poder (yo "qué saco de ésto", dando lo menos para obtener lo más, es decir, explotando al prójimo) y de placer (para mi consumo). La vida política esta terminada porque el ciudadano nació (en Cartas de Derechos y Deberes, mencionados los segundos como tales en 1789) no como un cliente, comprador o representante de "la demanda", sino como ser político y cívico. En cambio, resulta que al habitante capitalino no le gustó que "por sus impuestos" le "ofertaran" el pito de Mancera.
Por lo demás, este es el tipo de propuesta "autogestionaria" que está plasmada en el programa que hizo el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), un partido mexicano que no lo tiene ni Obama y que debe soñar con una capital magonista-libertaria en pachanga permanente, sin reglamento (ni de tránsito ni de nada) ni autoridades. Si el del pito insiste en aumentar el salario mínimo para beneficiar al que trabaja (!pero hombre, un señor de hacienda no trabaja!), Andrés Manuel López Obrador, líder de Morena, no mueve un dedo. El programa de Morena se saca de la manga una renta básica (¿para los habitantes de Polanco?) y derechos laborales sin hacer valer el artículo 123 constitucional mexicano, que plasma el derecho a un trabajo digno y socialmente útil.
La derecha de Acción Nacional, en cuyos rumbos, como en los de cierta izquierda, hay un tufillo fascistón, prometió todo lo que no piensa cumplir, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), que hace alianzas peligrosas a nivel nacional con tal de ser "aintiautoritario" declamó -aunque es la segunda fuerza capitalina, no muy lejos de Morena, que no arrasó-, y los habitantes de Facebookistán se pronunciaron esta vez por un candidato del Heroico Cuerpo de Bomberos. A nivel nacional, hay consenso -salvo en una parte del PRD- para castigar al único partido con verdadera implantación nacional (y no simplemente regional), de tal modo que el país siga deshaciéndose, para ganancia de quienes saben medrar en el desmaye. The Wall Street Journal ya cantó victoria.
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