Con la excepción de Yemen, el mundo actual se encuentra prácticamente libre de conflictos bélicos graves y es infinitamente más pacífico de lo que fue en el siglo XX. Como lo ha hecho notar el estudioso italiano Domenico Losurdo en un texto reciente (Un mundo sin guerras), el grado de adelanto tecnológico y político ha desnaturalizado e historizado la guerra: no se trata de una "calamidad natural". El peor de los llamados "escenarios" sería la autoaniquilación artificial de la Humanidad mediante un conflicto nuclear, pero también se ha alejado la posibilidad de que se generalice este potencial conflicto por "destrucción mutua asegurada".
Para Losurdo, no se trata de que se llegue al fin de las guerras por el triunfo de la sociedad civil sobre Estados artificiales. Dicho de otro modo, no se trata de hacer realidad el sueño de Imagine, la canción de John Lennon, con un mundo sin ninguna clase de fronteras.
El asunto es otro: las guerras y las paces subsecuentes han sido por la voluntad imperialista de algunas potencias (pax napoleónica, de la Santa Alianza, británica, americana...). No habría que preguntarse quién tomará el relevo en la hegemonía o supremacía, a como dé lugar, sino por la universalidad del Hombre, de tal modo que nadie se crea por encima de los demás, sus semejantes.
De 1989-1991 a la fecha, prácticamente todos los conflictos bélicos han estallado por causa de Estados Unidos y sus "aliados" y "socios", quienes se han convertido en representantes de la supuesta superioridad del Bien, humanitario, convirtiendo casi en "burocratismo legalitario" -parafraseando a Losurdo- cualquier intento por hacer respetar el derecho internacional. Washington y sus acólitos se han impuesto con la "responsabilidad de proteger" como coartada y con un poco disimulado alarde de superioridad. Detrás de los nobles sentimientos está el "excepcionalismo" de la "nación indispensable" que juzga y decide, con total falta de democracia, en qué lugar, cómo y cuándo hay que hacer valer la fuerza de las armas para "mantener la paz". En suma, la paz equivaldría a extender una nueva pax americana. Si esta visión prevaleciera, el periodo muy pacífico por el que atraviesa la Humanidad sería siempre frágil, a menos que Estados Unidos se vea orillado -como ocurrió hasta ahora en Siria- a toparse con sus propios límites una y otra vez. ¿Es posible que así sea?
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martes, 2 de enero de 2018
viernes, 29 de diciembre de 2017
A SEGUIR MANIOBRANDO
Algunos analistas latinoamericanos y latinoamericanistas estaban hasta hace poco adelantando un "nuevo ciclo progresista" a partir de la resistencia opositora en Honduras, el papel del Frente Amplio en Chile y las elecciones del año 2018 (México, Brasil y Colombia). La resistencia hondureña se extinguió y el Frente Amplio jugó en Chile un papel dudoso: las elecciones las ganó el conservadurismo, con la vuelta de Sebastián Piñera. Hasta aquí, no se abrió ningún nuevo "ciclo" de nada, sino que se afianzó la restauración conservadora. De paso, esos analistas se olvidaron de las elecciones costarricenses y paraguayas.
Unas 73 mil personalidades de Brasil y otros países firmaron el Manifiesto "Elección sin Lula es fraude" (con la esperanza de llegar a las 75 mil firmas), y en la redacción del texto volvió a despuntar la esperanza en la apertura de "un nuevo ciclo político". Hasta hace poco, quienes criticaban a los gobiernos de izquierda en América Latina y el Caribe por "extractivistas" daban por sentado el "fin del ciclo progresista". Lo que llama la atención es esta visión cíclica de la Historia. Dicho sea de paso, también la tienen algunos en la economía: la crisis podría dar lugar en algún momento a una salida que haga regresar al Estado de Bienestar. Cabe preguntarse incluso si todas estas visiones cíclicas no tienen en común la nostalgia por ese tipo de Estado, que ha sido mitificado y que parecía tener en la gloria a las capas medias.
El "eterno retorno" no tiene que ver en realidad nada con la izquierda (y mucho menos con el marxismo o el leninismo), por más que le guste a José el Pepe Mujica, y sí en cambio con Nietzsche, el filósofo reaccionario alemán. Pero no hay garantía ninguna de que el supuesto "ciclo" vaya a repetirse, y menos para mejor, por algún automatismo, del mismo modo en que no hay Historia en línea recta.
Para lo que ha servido esta visión cíclica de la Historia de la izquierda es, a la vez, para que los de siempre estén expectantes de las nuevas posibilidades de "tomar el poder" y para que los problemas de los gobiernos izquierdistas sean silenciados (un caso tipo es el de los ridículos del presidente Salvador Sánchez Cerén en El Salvador y del olvidado Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, con la aberrante y mentirosa expulsión de Nayib Bukele, alcalde de San Salvador), salvo excepciones como las de Alvaro García Linera en Bolivia o Rafael Correa en el Ecuador. Las dificultades son tratadas a lo sumo en petit comité y en disputas en las cuales los unos se sacan a los otros los ojos. Esa prisa por "tomar el poder" suele hacer que se deje de lado toda experiencia desde abajo porque la "convicción" es que sólo se puede hacer "algo" desde arriba, desde el "poder" mismo: redistribuir para cooptar en vez de organizar, por ejemplo. La visión cíclica es la del "eterno retorno del poder", por lo que hay que cuidar de no perderse "las posibilidades de la próxima vuelta"; en vez de enseñar y aprender, hay que saber maniobrar para estar siempre en la posición correcta (y hasta la victoria siempre, nunca en una derrota). Lula, por ejemplo, es todo un experto en movilizar a su favor al MST (Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra), un movimiento muy horizontal, para dejarlo tirado luego desde el gobierno. La izquierda descrita -la que busca causas para las firmas- carece de cultura justamente porque no aprende ni enseña: muy "políticamente", se la pasa en la maniobra para el poder.
Unas 73 mil personalidades de Brasil y otros países firmaron el Manifiesto "Elección sin Lula es fraude" (con la esperanza de llegar a las 75 mil firmas), y en la redacción del texto volvió a despuntar la esperanza en la apertura de "un nuevo ciclo político". Hasta hace poco, quienes criticaban a los gobiernos de izquierda en América Latina y el Caribe por "extractivistas" daban por sentado el "fin del ciclo progresista". Lo que llama la atención es esta visión cíclica de la Historia. Dicho sea de paso, también la tienen algunos en la economía: la crisis podría dar lugar en algún momento a una salida que haga regresar al Estado de Bienestar. Cabe preguntarse incluso si todas estas visiones cíclicas no tienen en común la nostalgia por ese tipo de Estado, que ha sido mitificado y que parecía tener en la gloria a las capas medias.
El "eterno retorno" no tiene que ver en realidad nada con la izquierda (y mucho menos con el marxismo o el leninismo), por más que le guste a José el Pepe Mujica, y sí en cambio con Nietzsche, el filósofo reaccionario alemán. Pero no hay garantía ninguna de que el supuesto "ciclo" vaya a repetirse, y menos para mejor, por algún automatismo, del mismo modo en que no hay Historia en línea recta.
Para lo que ha servido esta visión cíclica de la Historia de la izquierda es, a la vez, para que los de siempre estén expectantes de las nuevas posibilidades de "tomar el poder" y para que los problemas de los gobiernos izquierdistas sean silenciados (un caso tipo es el de los ridículos del presidente Salvador Sánchez Cerén en El Salvador y del olvidado Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, con la aberrante y mentirosa expulsión de Nayib Bukele, alcalde de San Salvador), salvo excepciones como las de Alvaro García Linera en Bolivia o Rafael Correa en el Ecuador. Las dificultades son tratadas a lo sumo en petit comité y en disputas en las cuales los unos se sacan a los otros los ojos. Esa prisa por "tomar el poder" suele hacer que se deje de lado toda experiencia desde abajo porque la "convicción" es que sólo se puede hacer "algo" desde arriba, desde el "poder" mismo: redistribuir para cooptar en vez de organizar, por ejemplo. La visión cíclica es la del "eterno retorno del poder", por lo que hay que cuidar de no perderse "las posibilidades de la próxima vuelta"; en vez de enseñar y aprender, hay que saber maniobrar para estar siempre en la posición correcta (y hasta la victoria siempre, nunca en una derrota). Lula, por ejemplo, es todo un experto en movilizar a su favor al MST (Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra), un movimiento muy horizontal, para dejarlo tirado luego desde el gobierno. La izquierda descrita -la que busca causas para las firmas- carece de cultura justamente porque no aprende ni enseña: muy "políticamente", se la pasa en la maniobra para el poder.
miércoles, 27 de diciembre de 2017
ARGENTINA, MAS PREVARICACION
En 1994 tuvo lugar en Buenos Aires, capital argentina, un atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), acto que provocó la muerte de unas 85 personas y heridas a tres centenares. Las primeras pistas parecieron llevar a Irán y el grupo armado libanés Hezbolá, pero el caso se fue estancando, pese a que a raíz del mismo se emitieran alertas rojas de Interpol contra varios iraníes (cinco en total).
Recientemente, la ex mandataria y hoy senadora Cristina Fernández de Kirchner fue acusada, al igual que varios de sus colaboradores, de "encubrir a los iraníes" mediante un Memorándum de Entendimiento entre Argentina e Irán, supuestamente destinado a reanimar el comercio entre ambos países (con rebajas de precios para las compras argentinas de petróleo) y de paso "dar impunidad" a los inculpados. Al confirmar las acciones legales del juez Claudio Bonadío, la Segunda Sala de la Cámara Federal de la justicia argentina negó la solicitud del ex director de Interpol, Ronald Noble, para testimoniar en el caso. Con las justas se retiró la acusación de "alta traición" contra Fernández de Kirchner y quedaron las inculpaciones de "obstaculizar la acción de la justicia, abuso de autoridad y encubrimiento agravado".
Noble quiso testimoniar que Fernández de Kirchner nunca le ordenó a la Interpol suspender las órdenes de arresto contra los iraníes inculpados, por lo que la ex presidente estaría siendo acusada de un delito imaginario. Por otra parte, un estudio de ADN realizado por el FBI (Federal Bureau of Investigation/Buró Federal de Investigaciones) rechazó la tesis del "conductor suicida libanés" en el atentado. Además, el Memorándum de Entendimiento permitía seguir la indagatoria en Irán, país que no reconocía la extradición. Lo que acaba de hacer la justicia argentina es reanimar antiguas acusaciones que nunca condujeron a nada (excepto al supuesto suicidio del fiscal Alberto Nisman), pero permitieron la politización de la justicia (más que a la "judicialización de la política") bajo la influencia de quienes ahora detentan el poder en Argentina, en complicidad con intereses extranjeros. El Poder Judicial y los medios de comunicación masiva, como en otros países de América Latina, bien podrían ser co-partícipes de un caso de prevaricación con fines por completo ajenos al esclarecimiento de las cosas.
Recientemente, la ex mandataria y hoy senadora Cristina Fernández de Kirchner fue acusada, al igual que varios de sus colaboradores, de "encubrir a los iraníes" mediante un Memorándum de Entendimiento entre Argentina e Irán, supuestamente destinado a reanimar el comercio entre ambos países (con rebajas de precios para las compras argentinas de petróleo) y de paso "dar impunidad" a los inculpados. Al confirmar las acciones legales del juez Claudio Bonadío, la Segunda Sala de la Cámara Federal de la justicia argentina negó la solicitud del ex director de Interpol, Ronald Noble, para testimoniar en el caso. Con las justas se retiró la acusación de "alta traición" contra Fernández de Kirchner y quedaron las inculpaciones de "obstaculizar la acción de la justicia, abuso de autoridad y encubrimiento agravado".
Noble quiso testimoniar que Fernández de Kirchner nunca le ordenó a la Interpol suspender las órdenes de arresto contra los iraníes inculpados, por lo que la ex presidente estaría siendo acusada de un delito imaginario. Por otra parte, un estudio de ADN realizado por el FBI (Federal Bureau of Investigation/Buró Federal de Investigaciones) rechazó la tesis del "conductor suicida libanés" en el atentado. Además, el Memorándum de Entendimiento permitía seguir la indagatoria en Irán, país que no reconocía la extradición. Lo que acaba de hacer la justicia argentina es reanimar antiguas acusaciones que nunca condujeron a nada (excepto al supuesto suicidio del fiscal Alberto Nisman), pero permitieron la politización de la justicia (más que a la "judicialización de la política") bajo la influencia de quienes ahora detentan el poder en Argentina, en complicidad con intereses extranjeros. El Poder Judicial y los medios de comunicación masiva, como en otros países de América Latina, bien podrían ser co-partícipes de un caso de prevaricación con fines por completo ajenos al esclarecimiento de las cosas.
martes, 26 de diciembre de 2017
ECUADOR: LENIN EL PEQUEÑO PREVARICA
El vicepresidente ecuatoriano Jorge Glas fue condenado hace poco a seis años de prisión por "asociación ilícita" en el caso Odebrecht, y los medios de comunicación masiva, tanto del Ecuador como del extranjero, se apresuraron a dar por hecho que "no hay vuelta atrás", silenciando a la parte acusada y el asunto mismo, turbio a más no poder.
Glas fue condenado sin pruebas, ya que ninguno de los involucrados declarantes mencionó el nombre del acusado y tampoco se aportaron evidencias materiales convincentes. El fiscal general del Estado simplemente decidió una "asociación tácita" (de "poder e influencia"), después de haber pactado con la constructora brasileña, cuyos implicados quedaron libres. En medio del fraude procesal por parte del fiscal, Glas fue condenado, por si fuera poco, con un código penal derogado, para que la sentencia incluyera por lo menos un año más. Al mismo tiempo, la Asamblea Nacional ecuatoriana decidió hacerle a Glas un juicio político por "asociación ilícita", siendo que este delito no puede ser causal de ese juicio. De remate, la Corte Constitucional ecuatoriana aceptó el pedido del ilegal juicio político. Días antes de la resolución contra Glas, en una falta total de respeto por la independencia de poderes, el mandatario Lenín Moreno, aunque admitió que no podía entrometerse, pidió en cadena nacional que hubiera "justicia" y no "tomaduras de pelo".
El ingeniero Glas fue durante el gobierno de Rafael Correa (cuando fungió como ministro Coordinador de Sectores Estratégicos y como Vicepresidente) una pieza clave en el cambio de matriz productiva en el Ecuador, en particular en el de la energética, al grado de que el país dejó de ser importador de energía para convertirse en exportador. Este cambio era clave para ir sacando al Ecuador del subdesarrollo. Glas expulsó a Odebrecht del país: en ese momento fue amenazado por el CEO (Chief Executive Officer) de la constructora, Marcelo Odebrecht. Glas era por lo demás una de las piezas de las que quería deshacerse a como diera lugar el opositor derechista Guillermo Lasso.
Haciéndole caso justamente a Lasso, el mandatario Moreno, a nombre de la "reconciliación nacional", convocó para principios de febrero a una consulta popular que contiene dos preguntas inconstitucionales, una de ellas haciendo retroactiva la prohibición de reelección (!leyes retroactivas!) con tal de impedirle a Correa volver a presentarse. El mismo Moreno presionó a la Corte Constitucional para que aprobara la consulta, pero al enterarse de que podía ser frenado en esta instancia (en particular por el informe de la jueza Tatiana Ordeñana), resolvió hacer pasar aquélla por decreto. El mandatario no podía saltarse el dictamen de la Corte, pero en este campeonato de prevaricación alegó que el tiempo para la resolución había vencido, lo que era falso. Una de las preguntas de la consulta destruye el ya quebrado estado de Derecho al sugerir pasarle al Ejecutivo el poder sobre el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social. Este Consejo elige a las siguientes instancias: Defensor del Pueblo, Defensor Público, Fiscalía General del Estado, Contralor General del Estado, Consejo Nacional Electoral,Tribunal Contencioso Electoral, Procurador General del Estado y Superintendentes.
De consumarse los golpes contra Glas y en la consulta popular, el Ecuador quedaría privado de buenas posibilidades de desarrollo y de verdadero estado de Derecho (por completo).
Glas fue condenado sin pruebas, ya que ninguno de los involucrados declarantes mencionó el nombre del acusado y tampoco se aportaron evidencias materiales convincentes. El fiscal general del Estado simplemente decidió una "asociación tácita" (de "poder e influencia"), después de haber pactado con la constructora brasileña, cuyos implicados quedaron libres. En medio del fraude procesal por parte del fiscal, Glas fue condenado, por si fuera poco, con un código penal derogado, para que la sentencia incluyera por lo menos un año más. Al mismo tiempo, la Asamblea Nacional ecuatoriana decidió hacerle a Glas un juicio político por "asociación ilícita", siendo que este delito no puede ser causal de ese juicio. De remate, la Corte Constitucional ecuatoriana aceptó el pedido del ilegal juicio político. Días antes de la resolución contra Glas, en una falta total de respeto por la independencia de poderes, el mandatario Lenín Moreno, aunque admitió que no podía entrometerse, pidió en cadena nacional que hubiera "justicia" y no "tomaduras de pelo".
El ingeniero Glas fue durante el gobierno de Rafael Correa (cuando fungió como ministro Coordinador de Sectores Estratégicos y como Vicepresidente) una pieza clave en el cambio de matriz productiva en el Ecuador, en particular en el de la energética, al grado de que el país dejó de ser importador de energía para convertirse en exportador. Este cambio era clave para ir sacando al Ecuador del subdesarrollo. Glas expulsó a Odebrecht del país: en ese momento fue amenazado por el CEO (Chief Executive Officer) de la constructora, Marcelo Odebrecht. Glas era por lo demás una de las piezas de las que quería deshacerse a como diera lugar el opositor derechista Guillermo Lasso.
Haciéndole caso justamente a Lasso, el mandatario Moreno, a nombre de la "reconciliación nacional", convocó para principios de febrero a una consulta popular que contiene dos preguntas inconstitucionales, una de ellas haciendo retroactiva la prohibición de reelección (!leyes retroactivas!) con tal de impedirle a Correa volver a presentarse. El mismo Moreno presionó a la Corte Constitucional para que aprobara la consulta, pero al enterarse de que podía ser frenado en esta instancia (en particular por el informe de la jueza Tatiana Ordeñana), resolvió hacer pasar aquélla por decreto. El mandatario no podía saltarse el dictamen de la Corte, pero en este campeonato de prevaricación alegó que el tiempo para la resolución había vencido, lo que era falso. Una de las preguntas de la consulta destruye el ya quebrado estado de Derecho al sugerir pasarle al Ejecutivo el poder sobre el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social. Este Consejo elige a las siguientes instancias: Defensor del Pueblo, Defensor Público, Fiscalía General del Estado, Contralor General del Estado, Consejo Nacional Electoral,Tribunal Contencioso Electoral, Procurador General del Estado y Superintendentes.
De consumarse los golpes contra Glas y en la consulta popular, el Ecuador quedaría privado de buenas posibilidades de desarrollo y de verdadero estado de Derecho (por completo).
viernes, 22 de diciembre de 2017
AMERICA LATINA, LA REGRESION
Contra lo que señalan algunos analistas latinoamericanistas, la remoción de los gobiernos de izquierda en América Latina y el Caribe no comenzó con Brasil y Argentina, sino antes.
El presidente hondureño, Manuel Zelaya, fue destituido por órdenes de la Suprema Corte de Justicia de Honduras en el año 2009. Aunque no sean muy de confiar, la Organización de Estados Americanos (OEA) y la de Naciones Unidas (ONU) pidieron la restitución de Zelaya, que nunca tuvo lugar. Luego, en 2012, el presidente paraguayo Fernando Lugo fue destituido de su cargo por la vía parlamentaria, en un proceso de "juicio político exprés" que fue considerado como "ruptura del orden democrático" por el Mercosur (Mercado Común del Sur) y la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas). Sólo hasta 2016 fue destituida la mandataria brasileña Dilma Rousseff, mediante impeachment: fue acusada de violar normas fiscales, maquillando el déficit presupuestal ("pedaladas fiscales"). Posteriormente se comprobó que Rousseff no había hecho nada ilegal, pero ya era demasiado tarde. Dicho sea de paso, Eduardo Cunha, quien presidió el proceso contra la presidente, fue suspendido y condenado a nueve años de prisión. Varios procesos mostraron que compró a diputados. Michel Temer, el actual presidente de Brasil, tiene encima numerosas acusaciones de corrupción.
En este contexto llegó el caso Odebrecht. En julio de 2017 se dictó prisión preventiva para el ex presidente peruano Ollanta Humala y su esposa, Nadine Heredia, quienes se entregaron a la justicia. No sólo no siguieron el mismo camino Keiko Fujimori (hija de Alberto Fujimori), quien habría recibido dinero de Odebrecht para su campaña en 2011, ni Alan García, ligado al CEO (Chief Executive Officer) de la constructora, Marcelo Odebrecht (hoy bajo arresto domiciliario), sino que el fujimorismo (Fuerza Popular) ha estado buscando controlar -para blindarse y perseguir antifujimoristas- el Tribunal Constitucional y la Fiscalía de la Nación. Humala también fue acusado de recibir dinero de empresas venezolanas. El ex presidente Alejandro Toledo (2001-2006) está prófugo: recibió sobornos de Odebrecht. El actual presidente peruano, Pedro Pablo Kuczynski, estuvo a punto de caer al ser vinculado a Odebrecht. Pero lo cierto es que en el Perú el caso Lava Jato ("Lavado a presión") se convirtió, como lo advirtió la opositora de izquierda Verónika Mendoza (Nuevo Perú), en lo más parecido a "Lava Keiko" y "Lava Alan". En el Ecuador, el caso Odebrecht sirvió para condenar a seis años de prisión al actual vicepresidente Jorge Glas (de izquierda), en un caso de prevaricación ejemplar. Las cosas pasaron de tal modo que Glas es prácticamente un preso político.
La ex mandataria argentina Cristina Fernández ha sido acusada de "encubrir a terroristas" mediante un pacto con Irán, que habría alentado a quienes atentaron en 1994 contra la AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina), siendo gobernante Carlos Saúl Menem. En algo curiosamente olvidado, ha sido acusado de corrupción y vive por ende refugiado en Nicaragua quien fuera presidente de El Salvador entre 2009 y 2014, Mauricio Funes, por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). En Centroamérica y el Caribe, como en el resto del continente, los acusados de derecha han salido impunes, o casi: es el caso de James Jimmy Morales en Guatemala (financiamiento electoral ilícito) y del ex presidente panameño Ricardo Martinelli (compras con sobrecostos), detenido y "protegido" en Estados Unidos.
Si se revisan los casos de corrupción, los verdaderos y los supuestos, la aplicación de la ley en América Latina ha sido a la vieja usanza y para desplazar maliciosamente del gobierno a izquierdistas: "plata para los amigos, plomo para los enemigos", pero en una versión lo suficientemente sutil para que la masa se lo crea y permanezca pasiva.
El presidente hondureño, Manuel Zelaya, fue destituido por órdenes de la Suprema Corte de Justicia de Honduras en el año 2009. Aunque no sean muy de confiar, la Organización de Estados Americanos (OEA) y la de Naciones Unidas (ONU) pidieron la restitución de Zelaya, que nunca tuvo lugar. Luego, en 2012, el presidente paraguayo Fernando Lugo fue destituido de su cargo por la vía parlamentaria, en un proceso de "juicio político exprés" que fue considerado como "ruptura del orden democrático" por el Mercosur (Mercado Común del Sur) y la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas). Sólo hasta 2016 fue destituida la mandataria brasileña Dilma Rousseff, mediante impeachment: fue acusada de violar normas fiscales, maquillando el déficit presupuestal ("pedaladas fiscales"). Posteriormente se comprobó que Rousseff no había hecho nada ilegal, pero ya era demasiado tarde. Dicho sea de paso, Eduardo Cunha, quien presidió el proceso contra la presidente, fue suspendido y condenado a nueve años de prisión. Varios procesos mostraron que compró a diputados. Michel Temer, el actual presidente de Brasil, tiene encima numerosas acusaciones de corrupción.
En este contexto llegó el caso Odebrecht. En julio de 2017 se dictó prisión preventiva para el ex presidente peruano Ollanta Humala y su esposa, Nadine Heredia, quienes se entregaron a la justicia. No sólo no siguieron el mismo camino Keiko Fujimori (hija de Alberto Fujimori), quien habría recibido dinero de Odebrecht para su campaña en 2011, ni Alan García, ligado al CEO (Chief Executive Officer) de la constructora, Marcelo Odebrecht (hoy bajo arresto domiciliario), sino que el fujimorismo (Fuerza Popular) ha estado buscando controlar -para blindarse y perseguir antifujimoristas- el Tribunal Constitucional y la Fiscalía de la Nación. Humala también fue acusado de recibir dinero de empresas venezolanas. El ex presidente Alejandro Toledo (2001-2006) está prófugo: recibió sobornos de Odebrecht. El actual presidente peruano, Pedro Pablo Kuczynski, estuvo a punto de caer al ser vinculado a Odebrecht. Pero lo cierto es que en el Perú el caso Lava Jato ("Lavado a presión") se convirtió, como lo advirtió la opositora de izquierda Verónika Mendoza (Nuevo Perú), en lo más parecido a "Lava Keiko" y "Lava Alan". En el Ecuador, el caso Odebrecht sirvió para condenar a seis años de prisión al actual vicepresidente Jorge Glas (de izquierda), en un caso de prevaricación ejemplar. Las cosas pasaron de tal modo que Glas es prácticamente un preso político.
La ex mandataria argentina Cristina Fernández ha sido acusada de "encubrir a terroristas" mediante un pacto con Irán, que habría alentado a quienes atentaron en 1994 contra la AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina), siendo gobernante Carlos Saúl Menem. En algo curiosamente olvidado, ha sido acusado de corrupción y vive por ende refugiado en Nicaragua quien fuera presidente de El Salvador entre 2009 y 2014, Mauricio Funes, por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). En Centroamérica y el Caribe, como en el resto del continente, los acusados de derecha han salido impunes, o casi: es el caso de James Jimmy Morales en Guatemala (financiamiento electoral ilícito) y del ex presidente panameño Ricardo Martinelli (compras con sobrecostos), detenido y "protegido" en Estados Unidos.
Si se revisan los casos de corrupción, los verdaderos y los supuestos, la aplicación de la ley en América Latina ha sido a la vieja usanza y para desplazar maliciosamente del gobierno a izquierdistas: "plata para los amigos, plomo para los enemigos", pero en una versión lo suficientemente sutil para que la masa se lo crea y permanezca pasiva.
miércoles, 20 de diciembre de 2017
CHILE: LA ULTRAIZQUIERDA EN ACCION
En la reciente segunda vuelta de las elecciones presidenciales chilenas se impuso Sebastián Piñera, "conservador" cuyo hermano José ocupó importantes cargos ministeriales durante la dictadura de Augusto Pinochet. El ganador, quien se ha visto envuelto en el pasado en escándalos de corrupción (sin consecuencia ninguna), se impuso en medio de una fuerte abstención, de cerca de la mitad de los electores. El perdedor fue Alejandro Guillier, de centro-izquierda (Nueva Mayoría).
En la primera vuelta había llamado la atención la votación para el "izquierdista" Frente Amplio, de Beatriz Sánchez (20 % de los votos), un grupo de partidos que tomó ese nombre, supuestamente, para seguir el ejemplo del Frente Amplio uruguayo. Guillier cerró su campaña para la segunda vuelta invitando al infaltable cantante de boliche que es José el Pepe Mujica, el uruguayo cuya sencillez tiene conmovido al empresariado partidario de la "excelencia personal". Pero el Frente Amplio chileno es otra cosa, y agrupa a partidos "libertarios" como Izquierda Libertaria, ecologistas (Partido Ecologista Verde), movimientos "autonomistas" (Movimiento Autonomista, Izquierda Autónoma), al Movimiento Socialismo y Libertad y al Partido Liberal y otros, incluyendo el Partido Pirata de Chile (!). En suma, este Frente Amplio, a diferencia del uruguayo, es de ultraizquierda. Uno de sus líderes, Giorgio Jackson (Revolución Democrática), exdirigente estudiantil (2011), recibió fondos del magnate estadounidense George Soros, a través de la fundación Open Society.
En entrevista con la revista de modas Paula, Beatriz Sánchez, a su vez, tuvo un "desliz" al declarar, al ser interrogada sobre el gobierno de Salvador Allende: "yo prefiero un Estado que no sea totalitario, porque no creo en un Estado totalitario"(!). La lideresa tuvo que disculparse ante las críticas que recibió de la izquierda, en particular del Partido Socialista.
Pese a las promesas de Guillier para granjearse votos del Frente Amplio (como la plurinacionalidad para reconocer la "autonomía" mapuche, siendo que muchos chilenos, sin ser indígenas, llevan sangre mapuche), los líderes frentistas no insistieron demasiado en su llamado a votar por el centro-izquierda. Es probable que parte de los electores del Frente Amplio se haya abstenido en la segunda vuelta y que hasta un 25 % se haya ido a votar...por Piñera, al tratarse de votantes muy jóvenes que eligen más por el "carisma" (Guillier no tiene ninguno) que por el programa (¿Guillier tenía alguno?). Que la ultraizquierda se comporte del modo descrito no tiene nada de raro. Lo extraño es que algunos analistas latinoamericanistas hayan quedado satisfechos con el "progreso de la izquierda en Chile" (el 20 % para el Frente Amplio en la primera vuelta), siendo que socialistas y comunistas (los de Guillier) sufrieron una estrepitosa derrota. Que Michelle Bachelet, la presidente socialista saliente, sea mujer no cambia en nada las cosas.
En la primera vuelta había llamado la atención la votación para el "izquierdista" Frente Amplio, de Beatriz Sánchez (20 % de los votos), un grupo de partidos que tomó ese nombre, supuestamente, para seguir el ejemplo del Frente Amplio uruguayo. Guillier cerró su campaña para la segunda vuelta invitando al infaltable cantante de boliche que es José el Pepe Mujica, el uruguayo cuya sencillez tiene conmovido al empresariado partidario de la "excelencia personal". Pero el Frente Amplio chileno es otra cosa, y agrupa a partidos "libertarios" como Izquierda Libertaria, ecologistas (Partido Ecologista Verde), movimientos "autonomistas" (Movimiento Autonomista, Izquierda Autónoma), al Movimiento Socialismo y Libertad y al Partido Liberal y otros, incluyendo el Partido Pirata de Chile (!). En suma, este Frente Amplio, a diferencia del uruguayo, es de ultraizquierda. Uno de sus líderes, Giorgio Jackson (Revolución Democrática), exdirigente estudiantil (2011), recibió fondos del magnate estadounidense George Soros, a través de la fundación Open Society.
En entrevista con la revista de modas Paula, Beatriz Sánchez, a su vez, tuvo un "desliz" al declarar, al ser interrogada sobre el gobierno de Salvador Allende: "yo prefiero un Estado que no sea totalitario, porque no creo en un Estado totalitario"(!). La lideresa tuvo que disculparse ante las críticas que recibió de la izquierda, en particular del Partido Socialista.
Pese a las promesas de Guillier para granjearse votos del Frente Amplio (como la plurinacionalidad para reconocer la "autonomía" mapuche, siendo que muchos chilenos, sin ser indígenas, llevan sangre mapuche), los líderes frentistas no insistieron demasiado en su llamado a votar por el centro-izquierda. Es probable que parte de los electores del Frente Amplio se haya abstenido en la segunda vuelta y que hasta un 25 % se haya ido a votar...por Piñera, al tratarse de votantes muy jóvenes que eligen más por el "carisma" (Guillier no tiene ninguno) que por el programa (¿Guillier tenía alguno?). Que la ultraizquierda se comporte del modo descrito no tiene nada de raro. Lo extraño es que algunos analistas latinoamericanistas hayan quedado satisfechos con el "progreso de la izquierda en Chile" (el 20 % para el Frente Amplio en la primera vuelta), siendo que socialistas y comunistas (los de Guillier) sufrieron una estrepitosa derrota. Que Michelle Bachelet, la presidente socialista saliente, sea mujer no cambia en nada las cosas.
lunes, 18 de diciembre de 2017
¿EMPATE CATASTROFICO?
Desde 1978, el traductor Roger Dangeville había adelantado -para referirse a una larga crisis- la expresión "capitalismo senil" (Marx-Engels. La crise), que ha sido retomada por varios estudiosos (Samir Amin entre ellos). Cabe decir de entrada que Karl Marx nunca previó algo así como un "pase automático" al socialismo: no descartó una decadencia que haría palidecer a la del Imperio Romano. El capitalismo lleva medio siglo en crisis, pero tal vez sirva de muy poco insistir en que se trata de una "crisis terminal" y en la "senilidad" del capitalismo. La intelectualidad y la academia están lejos de la mayoría de la gente, que por distintos motivos sigue creyendo en una salida capitalista a la crisis, aunque se dé exclusivamente para unos pocos. Una larga y penosa decadencia no deja de ser empero una posibilidad real, entre otras. Puede ser más o menos localizada, o más o menos generalizada.
En esta perspectiva, no sirve de mucho establecer, por ejemplo, que hemos llegado a un mundo "tripolar" (Estados Unidos, Rusia, China), o que hay una forma -no del todo falsa- de vuelta a un mundo "bipolar" (Estados Unidos, y por el otro lado China y Rusia). Si no están explicitados los valores en juego, o si no los hay (y el hecho es que Rusia y China tienen muchísimo de países capitalistas), lo único que se estaría haciendo es agregar "cantidad" con tal de seguir jugando el mismo juego, y como si la crisis fuera éso, un "juego" en el que, más que los valores mismos, importaría nada más ganar o perder. ¿Ganar o perder qué, además de "posiciones" y "negocios"?
En este caso, sin redefinición de valores, existiría la posibilidad de la "decadencia de la civilización" a la que se ha referido Samir Amin, con una desintegración social al "estilo"romano. "Esto implica, escribe Amín, que nadie controla el devenir de los acontecimientos, que se abren camino por la mera 'fuerza de las cosas'. En nuestra época, teniendo en cuenta el potencial destructivo del que disponen los poderes (destrucciones ecológicas y militares), el riesgo -denunciado por Marx en su momento- de que los combates destruyan a todos los bandos enfrentados es real". No tiene por qué ser un gran desastre militar: igual podría darse una larga decadencia por un "empate catastrófico" si los valores de los supuestos "jugadores" son los mismos, o casi.Es una pena que más de un analista latinoamericano examine las cosas en el mundo como lo haría en una casa de apuestas y, para decirlo con palabras del periodista venezolano, José Vicente Rangel, olvidando que "el ejercicio de la política no puede referirse a lo banal, a la maniobra artera o a la manipulación rastrera de las ideas".
En esta perspectiva, no sirve de mucho establecer, por ejemplo, que hemos llegado a un mundo "tripolar" (Estados Unidos, Rusia, China), o que hay una forma -no del todo falsa- de vuelta a un mundo "bipolar" (Estados Unidos, y por el otro lado China y Rusia). Si no están explicitados los valores en juego, o si no los hay (y el hecho es que Rusia y China tienen muchísimo de países capitalistas), lo único que se estaría haciendo es agregar "cantidad" con tal de seguir jugando el mismo juego, y como si la crisis fuera éso, un "juego" en el que, más que los valores mismos, importaría nada más ganar o perder. ¿Ganar o perder qué, además de "posiciones" y "negocios"?
En este caso, sin redefinición de valores, existiría la posibilidad de la "decadencia de la civilización" a la que se ha referido Samir Amin, con una desintegración social al "estilo"romano. "Esto implica, escribe Amín, que nadie controla el devenir de los acontecimientos, que se abren camino por la mera 'fuerza de las cosas'. En nuestra época, teniendo en cuenta el potencial destructivo del que disponen los poderes (destrucciones ecológicas y militares), el riesgo -denunciado por Marx en su momento- de que los combates destruyan a todos los bandos enfrentados es real". No tiene por qué ser un gran desastre militar: igual podría darse una larga decadencia por un "empate catastrófico" si los valores de los supuestos "jugadores" son los mismos, o casi.Es una pena que más de un analista latinoamericano examine las cosas en el mundo como lo haría en una casa de apuestas y, para decirlo con palabras del periodista venezolano, José Vicente Rangel, olvidando que "el ejercicio de la política no puede referirse a lo banal, a la maniobra artera o a la manipulación rastrera de las ideas".
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