Estados Unidos se conduce hace rato como si no hubieran leyes internacionales y únicamente valiera la ley del más fuerte, ante la complacencia de los amantes del poder que imponen el silencio sobre el problema, con la creencia de que no pasará nada, puesto que "el más fuerte es el más fuerte".
Washington podría así tratar de emplazar misiles de corto alcance en Europa, ahora que los estadounidenses se acaban de retirar del Tratado INF (Intermediate- Range Nuclear Forces, que prohibía los "euromisiles"). ¿Ha renunciado Washington a una provocación contra Rusia contando con su aislamiento y el respaldo de una dizque "opinión pública" desinformada y embrutecida, de tal modo que Moscú no se atreva a contestar? Es probable que no.
Visto lo anterior, en un discurso anual ante la Asamblea Federal, el mandatario ruso Vladimir Putin simplemente apeló al sentido más hondamente capitalista de los estadounidenses, el cálculo costo/beneficio, y aseguró que en caso de emplazamiento de misiles en Europa, Rusia responderá apuntando directamente a los centros de mando, que están en Estados Unidos, dejándolos sin la posibilidad de hacer una guerra por encargo.
He aquí lo que dijo Putin, ahora que por fin y enhorabuena los rusos han captado que los estadounidenses no entienden más que de "costo/beneficio": "están en su derecho de pensar lo que quieran, pero seguro que saben contar, pues que calculen primero el alcance y la velocidad de nuestros sistemas de armas avanzados, es todo lo que pedimos, que lo calculen, y sólo después tomen decisiones que puedan provocar graves amenazas para nuestro país". Washington todavía puede tratar de montar una provocación, pero Rusia garantiza que el territorio estadounidense no saldrá indemne. Es algo que hasta el momento la supuesta "opinión pública" no puede hacer consciente porque carece de los "elementos de cálculo": Moscú ya tiene, con las armas hipersónicas, la superioridad sobre Washington. Pero es imposible saber qué oyó esa "opinión" (si es que oyó), que se comporta de forma asquerosa, por ejemplo en el "asunto Rusia" contra el mandatario estadounidense Donald Trump: sigue calculando erróneamente, contando con que obtendrá la máxima ganancia sin costo, es decir, gratis y con cargo a Moscú.
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lunes, 4 de marzo de 2019
viernes, 1 de marzo de 2019
ECUADOR: !AL LADRON!
Una de las involucradas en las offshore, María Auxiliadora Patiño, es hija de Conto Patiño, otro amigo del mandatario, que recibió 18 millones de dólares de la empresa china Sinohydro por el contrato de la central hidroeléctrica Coca Codo Sinclair (provincia de Napo). Conto Patiño y Xavier Macías hicieron lobby para la empresa china incluso en Cuba. Siempre contaron con que Lenín Moreno ganaría la presidencia ecuatoriana para amparar los negocios con Sinohydro.
Cabe señalar que la ley ecuatoriana prohíbe desde 2017 a los funcionarios públicos hacer negocios en paraísos fiscales (offshore).Otro hermano del presidente, Darwin Moreno Garcés, tiene un cargo administrativo que supervisa contratos en la Contraloría General del Estado.
La justicia ecuatoriana ha decidido no hacer nada ante este caso que involucra a gente cercana a Lenín Moreno. El contralor Pablo Celi se anticipó y aseguró que no habrá investigación. La fiscal Ruth Palacios dijo por su parte que todo lo que llegue a su despacho se procesará como "normal". La prensa y la televisión callaron por completo, y algunos funcionarios del gobierno de Moreno salieron a desmentir lo que ningún medio ecuatoriano había anunciado, volviendo el asunto incomprensible para la audiencia. No ha habido protección contra denunciantes como el agredido legislador Ronny Aleaga, quien acusó formalmente a Lenín Moreno, incluso en España, por fraude fiscal, corrupción y lavado de activos. Como sea, el caso que involucra al círculo íntimo de Lenín Moreno está documentado, por lo que hay pruebas contundentes, a diferencia de lo que ocurriera con el ex vicepresidente Jorge Glas. Pero en el Ecuador, hasta ahora, se prefiere la acusación sin pruebas y Moreno, mientras tanto, pacta el regreso del Fondo Monetario Internacional (FMI) para cerrar la traición con broche de oro.
miércoles, 27 de febrero de 2019
CON EL PODER, PARA EL PODER...Y EN EL PODER
Quienes se pliegan al poder, cualquier poder, suelen creer en el fondo o alegar que "el mundo siempre ha sido así", desde la Biblia. ¿Por qué habría de cambiar? Es lo que hay y resulta necesario aprender a jugar las reglas del poder, si es necesario pasando por encima de los demás. La intelectualidad dizque liberal adereza el plato con la creencia en el "fin de la Historia": si no siempre fue así, es lo menos malo que hay y no queda de otra.
En el fondo se cree que el mundo creado es demasiado grande para caerse (too big to fail), a diferencia de quienes sostienen que es demasiado grande para sobrevivir (too big to survive). Es el asombro del Hombre ante un mundo que en realidad sí ha cambiado, y muy rápido, para llegar al gigantismo y la desmesura, artificial y distinta del infinito natural. Hasta hace poco en la Historia el mundo era rural y no urbano, no había tantos habitantes en la Tierra ni tal capacidad de producción y circulación de mercancías. El mundo sí ha cambiado: las urbes son gigantescas, la población no para de crecer y hay sobre-producción, la misma que da la sensación de una abundancia apabullante. La creencia en el poder por el poder puede ser también una forma de resignación ante un gigante ante el cual el Hombre, solo, no puede nada. No queda al alcance "hacer algo" más que a "otro insignificante", al que se le puede jugar a la mala porque tal vez es "demasiado pequeño para responder" o defenderse. El mundo está lleno de resignados e impotentes ante el gigantismo artificial del poder que se colocan con ínfulas por encima de cualquiera que se deje, con tal de sentirse un momento "por encima", "grandes" y no insignificantes. Es parte de la deshumanización del mundo. Son los resignados e impotentes ante el poder y su gigantismo quienes buscan hacerse de alguna "potencia" pateando al de abajo y a quien es percibido como débil. Son los que desconocen el infinito natural porque les recuerda la pequeñez y fetichizan el gigantismo artificial.
Así como es falso que el mundo siempre ha sido así, puesto que en tiempos de la Biblia no estaba lleno de shopping centers, es equivocado el camino que cree que se sale de la insignificancia aplastando a quien se deje o tratando a los demás como piezas de algún juego. Este camino no hace sino agravar el gigantismo, esta vez el de las mayorías que con tal de no "quedar fuera"se mueven en sincronía gregaria con lo que dicta el poder ("puesto que todos lo hacen"). En realidad, el mundo de hoy, ante este tipo de competencia, no debería tratar de la alteridad, sino de la capacidad para humanizarlo reconociendo en otro a un prójimo ("próximo") o semejante.Pero estas dos palabras ya casi no se emplean en "la especie", porque suenan a religión. No todos los seres son iguales: hay quienes plegándose contribuyen a la deshumanización, agravando las cosas, y hay quienes buscan la humanización siempre inacabada del mundo. La humanidad nunca está dada, pero el poder suele tomar este "inacabamiento" por insignificancia y debilidad, la misma de la que tantos huyen para "ser alguien", así se queden enanos por dentro. En el fondo, el Hombre está en "falta en el ser" (y no "en el tener"), como decía el psicoanalista Jacques Lacan. Taparlo con poder "porque siempre ha sido así" es contribuir a deshumanizar el mundo, anulando toda distancia ante el gigantismo artificial y creándola ante el prójimo.
En el fondo se cree que el mundo creado es demasiado grande para caerse (too big to fail), a diferencia de quienes sostienen que es demasiado grande para sobrevivir (too big to survive). Es el asombro del Hombre ante un mundo que en realidad sí ha cambiado, y muy rápido, para llegar al gigantismo y la desmesura, artificial y distinta del infinito natural. Hasta hace poco en la Historia el mundo era rural y no urbano, no había tantos habitantes en la Tierra ni tal capacidad de producción y circulación de mercancías. El mundo sí ha cambiado: las urbes son gigantescas, la población no para de crecer y hay sobre-producción, la misma que da la sensación de una abundancia apabullante. La creencia en el poder por el poder puede ser también una forma de resignación ante un gigante ante el cual el Hombre, solo, no puede nada. No queda al alcance "hacer algo" más que a "otro insignificante", al que se le puede jugar a la mala porque tal vez es "demasiado pequeño para responder" o defenderse. El mundo está lleno de resignados e impotentes ante el gigantismo artificial del poder que se colocan con ínfulas por encima de cualquiera que se deje, con tal de sentirse un momento "por encima", "grandes" y no insignificantes. Es parte de la deshumanización del mundo. Son los resignados e impotentes ante el poder y su gigantismo quienes buscan hacerse de alguna "potencia" pateando al de abajo y a quien es percibido como débil. Son los que desconocen el infinito natural porque les recuerda la pequeñez y fetichizan el gigantismo artificial.
Así como es falso que el mundo siempre ha sido así, puesto que en tiempos de la Biblia no estaba lleno de shopping centers, es equivocado el camino que cree que se sale de la insignificancia aplastando a quien se deje o tratando a los demás como piezas de algún juego. Este camino no hace sino agravar el gigantismo, esta vez el de las mayorías que con tal de no "quedar fuera"se mueven en sincronía gregaria con lo que dicta el poder ("puesto que todos lo hacen"). En realidad, el mundo de hoy, ante este tipo de competencia, no debería tratar de la alteridad, sino de la capacidad para humanizarlo reconociendo en otro a un prójimo ("próximo") o semejante.Pero estas dos palabras ya casi no se emplean en "la especie", porque suenan a religión. No todos los seres son iguales: hay quienes plegándose contribuyen a la deshumanización, agravando las cosas, y hay quienes buscan la humanización siempre inacabada del mundo. La humanidad nunca está dada, pero el poder suele tomar este "inacabamiento" por insignificancia y debilidad, la misma de la que tantos huyen para "ser alguien", así se queden enanos por dentro. En el fondo, el Hombre está en "falta en el ser" (y no "en el tener"), como decía el psicoanalista Jacques Lacan. Taparlo con poder "porque siempre ha sido así" es contribuir a deshumanizar el mundo, anulando toda distancia ante el gigantismo artificial y creándola ante el prójimo.
lunes, 25 de febrero de 2019
HAITI PROTESTA
Haití se encuentra en estos días en plena ebullición, sin que los medios de comunicación masiva mencionen nada, salvo excepciones. Las protestas callejeras y del sector Democrático y Popular están de algún modo ligadas a Venezuela.
En efecto, hace varios años, Caracas, capital venezolana, creó PetroCaribe, una empresa destinada a vender petróleo a precios preferenciales, cuando el precio estaba por las nubes. Haití, con René Préval en la presidencia, fue uno de los países beneficiarios del proyecto, que debía ayudar a programas sociales, como salud, educación y construcción y mantenimiento de carreteras. Sin embargo, el progresismo de Préval fue desplazado por la presidencia de Michel Martelly, quien a su vez favoreció al actual mandatario Jovenel Moise, ganador en 2017 gracias a un fraude. Durante los mandatos de Martelly y Moise, con Haití convertido en un "país ONG (Organización No Gubernamental)" y feudo de la Fundación Clinton y la caridad del dudoso actor Sean Penn, el dinero de PetroCaribe fue espectacularmente malversado. Entre 2008 y 2016, quince ex ministros y actuales altos cargos se vieron envueltos en la malversación. Dicho sea de paso, Estados Unidos nunca vió con buenos ojos la participación haitiana en PetroCaribe y se lo advirtió a Préval desde 2006. Washington amenazó con represalias.
Con la llave del petróleo venezolano ahora cerrada, Haití ve cernirse la amenaza de medidas recetadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) que llevan al aumento del costo de la vida. Es algo grave para un país donde 8 de cada 10 habitantes viven en la pobreza y 3 de cada 10 en la pobreza extrema. Sólo la mitad de los haitianos tiene acceso a la salud y la mortalidad infantil triplica el promedio de América Latina. Haití se ha mantenido a flote en buena medida gracias a remesas. Pero además, Washington ha decidido jugar rudo: mandó a siete matones, incluidos dos serbios, a trabajar con el gobierno de Moise, presumiblemente para atentar contra líderes de la oposición.
No está de más insistir en que los grandes de este mundo, de izquierda incluidos, no están preocupados en lo absoluto por las condiciones de vida del pueblo haitiano, salvo para lucrar con la pobreza, y en cambio organizan "ayuda humanitaria" para Venezuela. Para los haitianos, ¿qué tal el FMI?
viernes, 22 de febrero de 2019
CALCO Y COPIA
El líder soviético Mijaíl Gorbachov inauguró en su momento una moda. Cada vez que no sabía qué responder a quienes le hacían una pregunta, en vez de decir "no sé", lo que hubiera sonado mal para un dignatario, contestaba: "es un problema de una gran complejidad". En las ciencias sociales también se puso de moda la complejidad. De repente, todo se volvió muy complejo. De hecho, el mundo de hoy es muy, pero muy complejo. Y hasta Gorbachov (foto) es ciertamente complejo.
En principio, la sociedad tiene regularidades (para no llamarlas "leyes", algo que pudiera parecer determinista y ofender a los partidarios del "todo contingente"), pero no son las mismas que las que observan las ciencias exactas. Lo que hace Immanuel Wallerstein, en el sentido de aplicar teorías físicas de Ilya Prigogine al campo de las ciencias sociales, no tiene más valor que el de la analogía y muchos límites. Tal vez lo anterior explique la regularidad con la que los científicos sociales yerran en sus predicciones, más aún al querer "aplicar" modelos de las ciencias exactas. Tampoco se puede aplicar por ejemplo tal cual la teoría del caos.
Como sea, la moda ha calado hondo entre los científicos sociales y los comentócratas, que, sobre todo en América Latina, tienden a ver la Historia como asunto de "retornos cíclicos", como el que se supone que debiera darse con los progresismos. En parte, la aplicación de teorías de las ciencias exactas a las sociales es algo que puede provenir del mundo financiero ("el aleteo de una mariposa en Vietnam puede provocar un tsunami en Islandia", etcétera, por lo que la Bolsa de Tokio repercute en la de Buenos Aires), que aspira, sin lograrlo, a la exactitud. Y en parte, la creencia en "eternos retornos" es mitómana. Francisco Franco ganó la guerra civil española y no hubo regreso de la República. Augusto Pinochet instauró la dictadura en Chile y no hubo regreso del socialismo democrático como lo quiso Salvador Allende. El mundo está lleno no de "eternos retornos", sino de cambios irreversibles y de desgracias irreparables, con consecuencias, mientras el Hombre actual sigue creyendo en la gratuidad de la Historia, es decir, en la ausencia de consecuencias, y menos aún graves.
Si acaso, la Historia sigue una espiral (puede ser ascendente pero también descendente) y da la impresión de pasar varias veces por lo mismo, lo que por cierto une a las distintas generaciones entre sí, pero en realidad nunca es lo mismo: se progresa o se está en regresión pasando cada vez por un lugar único. Lo que ocurra depende de que los sujetos históricos se asuman o no como tales (por cierto que el trabajo sería lo único que se opone a la entropía). El sentido de la espiral depende de una dialéctica, y los intentos por calcar las ciencias exactas sobre las sociales, "a lo Wallerstein", están para negarla olímpicamente, con frecuencia por desconocimiento, es decir, por ignorancia. Tal vez no sea tan complejo. A gente como Wallerstein se le premia por ser de izquierda no marxista y por haber remplazado una filosofía por el calco de la ciencia exacta. Es así que el mismo Wallerstein contribuyó a destruir las ciencias sociales suplantando la filosofía en la epistemología (el estudio de los fundamentos del conocimiento).
Como sea, la moda ha calado hondo entre los científicos sociales y los comentócratas, que, sobre todo en América Latina, tienden a ver la Historia como asunto de "retornos cíclicos", como el que se supone que debiera darse con los progresismos. En parte, la aplicación de teorías de las ciencias exactas a las sociales es algo que puede provenir del mundo financiero ("el aleteo de una mariposa en Vietnam puede provocar un tsunami en Islandia", etcétera, por lo que la Bolsa de Tokio repercute en la de Buenos Aires), que aspira, sin lograrlo, a la exactitud. Y en parte, la creencia en "eternos retornos" es mitómana. Francisco Franco ganó la guerra civil española y no hubo regreso de la República. Augusto Pinochet instauró la dictadura en Chile y no hubo regreso del socialismo democrático como lo quiso Salvador Allende. El mundo está lleno no de "eternos retornos", sino de cambios irreversibles y de desgracias irreparables, con consecuencias, mientras el Hombre actual sigue creyendo en la gratuidad de la Historia, es decir, en la ausencia de consecuencias, y menos aún graves.
Si acaso, la Historia sigue una espiral (puede ser ascendente pero también descendente) y da la impresión de pasar varias veces por lo mismo, lo que por cierto une a las distintas generaciones entre sí, pero en realidad nunca es lo mismo: se progresa o se está en regresión pasando cada vez por un lugar único. Lo que ocurra depende de que los sujetos históricos se asuman o no como tales (por cierto que el trabajo sería lo único que se opone a la entropía). El sentido de la espiral depende de una dialéctica, y los intentos por calcar las ciencias exactas sobre las sociales, "a lo Wallerstein", están para negarla olímpicamente, con frecuencia por desconocimiento, es decir, por ignorancia. Tal vez no sea tan complejo. A gente como Wallerstein se le premia por ser de izquierda no marxista y por haber remplazado una filosofía por el calco de la ciencia exacta. Es así que el mismo Wallerstein contribuyó a destruir las ciencias sociales suplantando la filosofía en la epistemología (el estudio de los fundamentos del conocimiento).
miércoles, 20 de febrero de 2019
MEXICO: AMLO, LA "MAFIA DE LA CIENCIA" Y LA HOGUERA DE LAS VANIDADES
El presidente de México tiene la costumbre de hablar las cosas directamente, sin rodeos, y es algo que molesta, sobre todo en el centro del país, de maneras cortesanas. Hace pocos días, a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el mandatario mexicano, se le ocurrió decir que también en la ciencia y en la cultura hay mafias y cotos de poder, por "increíble" que parezca. Pues bien, algunos científicos consideraron "insultante" lo dicho, y de paso salieron a reclamar más dinero para la ciencia. No está de más señalar que el modo de pedir y pedir dinero por parte de universidades que suelen despilfarrarlo es algo escandaloso. No es que no rindan cuentas: suelen hacerlo justificando ese mismo despilfarro y maquillando cifras, aprovechando que hasta hace poco los gobiernos lo aceptaban porque estaban en lo mismo.
Los científicos mismos suelen encargarse de mantener una imagen impoluta, porque, se supone como si fuera el Medioevo, son gente más interesada en "trascender" que en ocuparse de asuntos terrenales como el dinero. No, los científicos están hablando con las musas, como le corresponde a un genio, o bien "comprometidos con la sociedad a la que se deben", como le corresponde a un evangelizador. En la universidad pública cada quien está en su cubículo buscando inspiración y no en los pasillos intrigando contra el colega vecino. El reino de los científicos no es de este mundo. Ser científico es casi un sacerdocio.
La realidad es otra y en países con tradición de clientelas, el mundo de la ciencia es clientelar, por lo que sí hay cotos de poder (también hay pugnas por el poder en el mundo desarrollado, pero por otras razones). Después de todo, los científicos son asalariados estatales y la universidad pública funciona como una Secretaría de Estado. La multiplicación de instancias de evaluación se presta a discrecionalidades y corrupción. En el mundo de la ciencia hay influyentismo y amiguismo, y ni siquiera la introducción reciente de códigos y comisiones de ética evita esas pandemias, que por lo demás no se ventilan, contra lo que quisiera ahora AMLO. No se ventilan bajo el supuesto completamente erróneo de que la ciencia está alejada de los "intereses materiales" y de que los científicos no están determinados por nada, más que por sus "derechos y libertades". En el mundo de la ciencia hay omertá, la ley del silencio.
No es un fenómeno de siempre, sino que tiene mucho que ver con el cambio de las condiciones de trabajo desde los años '80, que llevaron a una gran regresión y a muchos científicos a participar en la desvalorización de la universidad, accediendo a formas apenas encubiertas de privatización y saqueo, siguiendo patrones foráneos, al grado de llegar a tratar la vida académica interna como "ilegítima". Así se introdujo la competencia de todos los intereses particulares por encima del interés general, que se volvió meramente retórico: la autonomía es un discurso de una casta de intermediarios que no quiere perder su posición privilegiada para extraer una renta. Como dijo alguna vez el escritor siciliano Leonardo Sciascia, donde no quedan más que intereses particulares es que ha ocurrido la sicilianización del lugar. Por lo demás, un ingenuo AMLO suele tener a la mafia en sus narices en educación superior y en divulgación de la cultura.
Los científicos mismos suelen encargarse de mantener una imagen impoluta, porque, se supone como si fuera el Medioevo, son gente más interesada en "trascender" que en ocuparse de asuntos terrenales como el dinero. No, los científicos están hablando con las musas, como le corresponde a un genio, o bien "comprometidos con la sociedad a la que se deben", como le corresponde a un evangelizador. En la universidad pública cada quien está en su cubículo buscando inspiración y no en los pasillos intrigando contra el colega vecino. El reino de los científicos no es de este mundo. Ser científico es casi un sacerdocio.
La realidad es otra y en países con tradición de clientelas, el mundo de la ciencia es clientelar, por lo que sí hay cotos de poder (también hay pugnas por el poder en el mundo desarrollado, pero por otras razones). Después de todo, los científicos son asalariados estatales y la universidad pública funciona como una Secretaría de Estado. La multiplicación de instancias de evaluación se presta a discrecionalidades y corrupción. En el mundo de la ciencia hay influyentismo y amiguismo, y ni siquiera la introducción reciente de códigos y comisiones de ética evita esas pandemias, que por lo demás no se ventilan, contra lo que quisiera ahora AMLO. No se ventilan bajo el supuesto completamente erróneo de que la ciencia está alejada de los "intereses materiales" y de que los científicos no están determinados por nada, más que por sus "derechos y libertades". En el mundo de la ciencia hay omertá, la ley del silencio.
No es un fenómeno de siempre, sino que tiene mucho que ver con el cambio de las condiciones de trabajo desde los años '80, que llevaron a una gran regresión y a muchos científicos a participar en la desvalorización de la universidad, accediendo a formas apenas encubiertas de privatización y saqueo, siguiendo patrones foráneos, al grado de llegar a tratar la vida académica interna como "ilegítima". Así se introdujo la competencia de todos los intereses particulares por encima del interés general, que se volvió meramente retórico: la autonomía es un discurso de una casta de intermediarios que no quiere perder su posición privilegiada para extraer una renta. Como dijo alguna vez el escritor siciliano Leonardo Sciascia, donde no quedan más que intereses particulares es que ha ocurrido la sicilianización del lugar. Por lo demás, un ingenuo AMLO suele tener a la mafia en sus narices en educación superior y en divulgación de la cultura.
lunes, 18 de febrero de 2019
¿GOBERNANTES QUE GOBIERNAN?
Existen diferentes formas de gobernar y hasta formas de no hacerlo. El hecho de que alguien esté en una presidencia no significa automáticamente que gobierne. En la actualidad, con el poder de los medios de comunicación masiva, el "gobernante" puede verse obligado a servirles y pasarse el tiempo en actividades de representación, más las de protocolo que exigen por ejemplo la iniciativa privada y los organismos internacionales. !Actos y más actos! Gobernar no es figurar. Para muchos gobernantes, la pregunta es: ¿a qué hora trabajan?¿en qué momento revisan los "expedientes" y se enteran de otra cosa que no sean las intrigas del poder?
En el pasado hubo gobernantes que se la pasaban trabajando y casi no aparecían en público. Hoy es al revés, pasan su tiempo en público y no trabajando en un despacho o gabinete,por lo que más de un mandatario puede ser sorprendido en la crasa ignorancia sobre su país. Uno de los problemas con los gobernantes de izquierda es que no siempre saben delegar e institucionalizar el poder, por lo que ya en el gobierno el presidente continúa con el activismo y los "baños de pueblo". En realidad, es una manera de intentar sortear con apoyo popular ese insoportable tribunal en que se han convertido los medios de comunicación masiva, y ahora también las redes sociales. De acto de masas en acto de masas, no hay empero tiempo de estar al tanto, leyendo y preguntando en particular. Si no hay tiempo para leer y para actividades similares, ¿a qué hora se enteran los gobernantes de lo que sucede por ejemplo en la cultura?¿Le dan importancia?
El mandatario ruso Vladimir Putin, por ejemplo, es una excepción. Pasa mucho tiempo fuera de los reflectores y no nada más para hacer deporte, sino para examinar sus "expedientes". Hay otros presidentes, como el de Francia, Emmanuel Macron, que a fuerza de calcular el efecto mediático de todo terminan por tener deslices que provocan escándalos (foto de arriba, el señor presidente Macron con "hijos de la república" en la isla de Saint Martin). Macron los acumula. Este tipo de gobernante responde a intereses predeterminados y es casi un figurín (que puede terminar en figurón). Pero el hecho es que el trabajo en lugar de la multiplicación en actos protocolarios es cada vez menos frecuente en altas esferas, que mientras tanto encargan discursos e "informes expertos" a otros y casi no meten sus narices en los "expedientes". Uno de los últimos líderes soviéticos, Yuri Andropov, tuvo alguna vez en la primera mitad de los años '80 la sinceridad de declarar: "no conocemos la sociedad en que vivimos". ¿Cuántos lo admitirían hoy con igual sinceridad, siendo por lo demás cierto?¿Cuántos pueblos pagan la ignorancia de sus gobernantes y los experimentos de laboratorio de asesores "expertos"?
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