Manuel Antonio Noriega., el último líder militar panameño y que como tal pidió hace poco "perdón", dejó escritas desde 1997 sus memorias, publicadas en inglés en Random House New York (America's prisoner). El ataque estadounidense contra Panamá en diciembre de 1989 no tuvo mucho de valiente, dada la disparidad de fuerzas entre los rivales, pero Noriega llegó a hacerse una pregunta más: el entonces presidente estadounidense, George Bush padre, parece haber tenido antecedentes de cobardía ya que, habiendo sido aviador naval, nunca quiso ahondar en una acusación en su contra, la de haber cometido un crimen de guerra al ametrallar un bote salvavidas japonés (con gente desarmada) durante la segunda Guerra Mundial-
Noriega asegura haber buscado cómo volar a Chiriquí (al norte de Panamá, en la frontera con Costa Rica), la noche de la invasión, para organizar la resistencia, pero el cerco cerca de Tocumén llevó al militar a refugiarse finalmente no en casa de ninguna amante, sino en la de la política Balbina Herrera (ausente para ese momento), en el barrio popular de San Miguelito, hasta caer en la trampa de la Nunciatura Apostólica. Dentro de los datos interesantes de las memorias, Noriega afirma que Omar Torrijos murió en lo que fue establecido por expertos panameños e internacionales-incluyendo gente afín a Torrijos- como un accidente de aviación, aunque hasta hoy siga existiendo la sombra de la duda sobre el hecho.
Lo cierto es que, mientras estuvo Noriega en el poder, no hubo dictadura en Panamá, ni formal ni real. El principal hecho de represión que se le ha querido atribuir a Noriega no se sostuvo: un tribunal de Chiriquí, en 1993 (con Guillermo Endara en la presidencia, el hombre colocado por la invasión estadounidense), no encontró nada contra el líder militar ni su hombre cercano en la provincia, mayor Luis Córdoba, en el asesinato del "opositor" Hugo Spadáfora, quien pudo haber muerto en un delito común (cuyo culpable confeso fue un indio guaymí, "Bruce Lee" Francisco Eliézer González). En los '80, sobre este caso, el coronel Roberto Díaz Herrera (nombrado embajador durante el periodo presidencial de Martín Torrijos y durante mucho tiempo refugiado en brazos del venezolano Carlos Andrés Pérez) estuvo mintiendo. El otro acto de represión, el "ataque" contra el opositor Guillermo Billy Ford en el parque Santa Ana de la capital panameña (cuando se difundió al mundo la imagen de Ford con la guayabera ensangrentada), fue probablemente una provocación de soldados estadounidenses de civil, puertorriqueños de origen (para confundirse mejor entre los panameños).
Noriega lo dice en todo momento: como jefe militar y de inteligencia (desde los '70), colaboró estrechamente con la Central de Inteligencia America (CIA) y con la DEA (Drug Enforcement Administration), aunque sin ser parte de ninguna de estas agencias, y ayudando en contactos con Cuba y contra el tráfico de droga. El general Frederick Woerner, jefe del Comando Sur en Panamá en 1989, llegó a declarar no haber visto nunca la menor evidencia de que Noriega estuviera implicado en el narcotráfico. En cambio, Endara y Ford formaron parte durante años de las directivas de bancos involucrados en el lavado de dinero del narcotráfico colombiano.
Oscar Arias, ex presidente costarricense (del Partido Liberación Nacional) y Premio Nobel de la Paz, está retratado también como otro campeón de la deslealtad: habiendo recibido incluso dinero panameño para llegar a ser mandatario, cuando lo fue sirvió los intereses estadounidenses, convirtió a la neutral Costa Rica en centro de contrainteligencia -incluida la practicada contra Panamá- y de apoyo a la "contra" nicaraguense.
El precio de no considerar y cotejar este tipo de testimonios ha sido, para Panamá, el de tener una percepción errónea de la historia propia y de las fuerzas en juego (Peter Eisner, el coautor, las precisa en el libro de memorias de Noriega), salvo para hacer negocios (de toda índole), desde las capas dirigentes y en altos cargos del PRD (Partido Revolucionario Democrático) hasta mandatarios más recientes. Por lo que toca a la izquierda, no suele ocuparse de asuntos terrenales, ni mucho menos de hechos concretos que perturben la conveniencia disfrazada de "necesidad de sobrevivencia" -ante el poder y los "amigos", sobre todo.
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miércoles, 9 de diciembre de 2015
NICARAGUA: EL CANAL Y LA ESPECULACION
El gobierno nicaraguense de Daniel Ortega (el marido de Rosario Murillo) puso todas sus esperanzas en el proyecto de construcción de un Canal. Ya se sabe que, en total, la obra se ha aplazado por dos años, supuestamente por motivos "medioambientales".
Wang Jing, magnate de las telecomunicaciones chino y "padre" del proyecto de este Canal, estaba hace poco en la lista de las 200 personas más ricas del mundo y había empeñado "dinero personal" (500 millones de dólares) en la vía nicaraguense, además de la inversión propuesta por la empresa HKND, que el magnate dirige. Sin embargo, a raíz de problemas con especulación bursátil en China, Wang Jing, según se anunció hace pocas semanas, perdió el 84 % de su fortuna, pasando de tener 10 mil 200 millones de dólares a mil 100 millones de dólares. Wang Jing fue el empresario del mundo -de entre los más ricos- al que peor le fue en 2015.
Un asunto de especulación bursátil se llevó a finales del siglo XIX el proyecto francés de Ferdinando de Lesseps en Panamá -el Canal fue finalmente construido por Estados Unidos- y otro asunto especulativo liquidó un proyecto algo similar en Honduras, en esa misma época. Por lo pronto, la compañía HKND ha expresado que el proyecto de la vía interoceánica sigue en pie, aunque aplazado. Por su parte, no pocos panameños dudan de la viabilidad del canal nicaraguense: el administrador de la Autoridad del Canal de Panamá a principios del año en curso, Jorge Luis Quijano, señaló que ninguna empresa estatal china tendría en realidad interés en financiar el proyecto, que parece haber sido una ocurrencia privada de Wang Jing. Hasta aquí, hay algo extraño: Estados Unidos ha "dejado hacer" un proyecto que no sería de su conveniencia. No es que al Canal de Panamá le vaya a ir mejor en lo inmediato: apostó a un boom del gas de esquisto que está en veremos. Cuando impera la especulación, las inversiones productivas son inestables y no faltan las estafas. En los tiempos actuales, y a reserva de lo que suceda con el proyecto nicaraguense, la especulación financiera tiene la primacía sobre los intereses productivos, si es que Daniel Ortega (es el marido de Rosario Murillo) puede ser alertado sobre asuntos que van más allá de la literatura, los ataques a Ernesto Cardenal (algo que no gustó ni en Cuba) y los shows mediáticos y de masas.
Wang Jing, magnate de las telecomunicaciones chino y "padre" del proyecto de este Canal, estaba hace poco en la lista de las 200 personas más ricas del mundo y había empeñado "dinero personal" (500 millones de dólares) en la vía nicaraguense, además de la inversión propuesta por la empresa HKND, que el magnate dirige. Sin embargo, a raíz de problemas con especulación bursátil en China, Wang Jing, según se anunció hace pocas semanas, perdió el 84 % de su fortuna, pasando de tener 10 mil 200 millones de dólares a mil 100 millones de dólares. Wang Jing fue el empresario del mundo -de entre los más ricos- al que peor le fue en 2015.
Un asunto de especulación bursátil se llevó a finales del siglo XIX el proyecto francés de Ferdinando de Lesseps en Panamá -el Canal fue finalmente construido por Estados Unidos- y otro asunto especulativo liquidó un proyecto algo similar en Honduras, en esa misma época. Por lo pronto, la compañía HKND ha expresado que el proyecto de la vía interoceánica sigue en pie, aunque aplazado. Por su parte, no pocos panameños dudan de la viabilidad del canal nicaraguense: el administrador de la Autoridad del Canal de Panamá a principios del año en curso, Jorge Luis Quijano, señaló que ninguna empresa estatal china tendría en realidad interés en financiar el proyecto, que parece haber sido una ocurrencia privada de Wang Jing. Hasta aquí, hay algo extraño: Estados Unidos ha "dejado hacer" un proyecto que no sería de su conveniencia. No es que al Canal de Panamá le vaya a ir mejor en lo inmediato: apostó a un boom del gas de esquisto que está en veremos. Cuando impera la especulación, las inversiones productivas son inestables y no faltan las estafas. En los tiempos actuales, y a reserva de lo que suceda con el proyecto nicaraguense, la especulación financiera tiene la primacía sobre los intereses productivos, si es que Daniel Ortega (es el marido de Rosario Murillo) puede ser alertado sobre asuntos que van más allá de la literatura, los ataques a Ernesto Cardenal (algo que no gustó ni en Cuba) y los shows mediáticos y de masas.
¿BOLIVIA MARCA LA DIFERENCIA?
A raíz de la derrota del oficialismo en Venezuela, el mandatario boliviano, Evo Morales, pidió una "profunda reflexión". Es imposible saber si tendrá lugar: la costumbre en la izquierda latinoamericana es ahogar todo debate en verborrea.
Por lo demás, la bala le pasó silbando a Morales. En un escándalo conocido como caso del "Fondo Indígena", la justicia boliviana descubrió el desvío de una partida presupuestaria (que terminó en cuentas particulares) destinada a financiar proyectos de desarrollo para organizaciones sindicales y campesinas: hubo 49 obras "fantasma" por casi 7 millones de dólares. La diferencia está en que el vicepresidente boliviano, Alvaro García Linera, afirmó que "la justicia tiene que actuar de manera independiente, sin ningún tipo de influencia de nadie. No se olviden que quien denunció el tema fue el gobierno y pedimos que se convoque a quien se lo deba hacer". Difícilmente ignora el gobierno boliviano que la corrupción de dirigencias populares -un problema que existe- ya ha costado votos, como sucedió en El Alto.
Entretanto, en vez de desperdiciar recursos, Bolivia es, junto con Ecuador, uno de los pocos países latinoamericanos que se ha tomado el desarrollo en serio. Según el portal venezolano de América XXI, Bolivia ha conseguido poner en marcha tres plantas separadoras de hidrocarburos que son las más grandes de América Latina (entre ellas, la Planta Separadora de Líquidos Carlos Villegas, en Yacuiba, al sur del país sudamericano). Por cierto que al inaugurar una de las plantas, Evo Morales específico que no es ningún "regalo". Las plantas permitirán exportar productos de industria petroquímica y GLP, pero se abrirá igualmente la posibilidad de producir fertilizantes mediante una Planta de Amoniaco y Urea en Cochabamba, a inaugurarse el año próximo, y para satisfacer demandas de la agricultura interna -además de exportar. También se crearán complejos de producción de plásticos (etileno-polietileno y propileno-polipropileno) y se tiene planeada la construcción de plantas hidroeléctricas, geotérmicas y de litio, aprovechando las enormes reservas del salar de Uyuni. De este modo, Bolivia ha sabido sacar partido productivo de la nacionalización de hidrocarburos para crear un sector clave para un proceso industrializador.
Por lo demás, la bala le pasó silbando a Morales. En un escándalo conocido como caso del "Fondo Indígena", la justicia boliviana descubrió el desvío de una partida presupuestaria (que terminó en cuentas particulares) destinada a financiar proyectos de desarrollo para organizaciones sindicales y campesinas: hubo 49 obras "fantasma" por casi 7 millones de dólares. La diferencia está en que el vicepresidente boliviano, Alvaro García Linera, afirmó que "la justicia tiene que actuar de manera independiente, sin ningún tipo de influencia de nadie. No se olviden que quien denunció el tema fue el gobierno y pedimos que se convoque a quien se lo deba hacer". Difícilmente ignora el gobierno boliviano que la corrupción de dirigencias populares -un problema que existe- ya ha costado votos, como sucedió en El Alto.
Entretanto, en vez de desperdiciar recursos, Bolivia es, junto con Ecuador, uno de los pocos países latinoamericanos que se ha tomado el desarrollo en serio. Según el portal venezolano de América XXI, Bolivia ha conseguido poner en marcha tres plantas separadoras de hidrocarburos que son las más grandes de América Latina (entre ellas, la Planta Separadora de Líquidos Carlos Villegas, en Yacuiba, al sur del país sudamericano). Por cierto que al inaugurar una de las plantas, Evo Morales específico que no es ningún "regalo". Las plantas permitirán exportar productos de industria petroquímica y GLP, pero se abrirá igualmente la posibilidad de producir fertilizantes mediante una Planta de Amoniaco y Urea en Cochabamba, a inaugurarse el año próximo, y para satisfacer demandas de la agricultura interna -además de exportar. También se crearán complejos de producción de plásticos (etileno-polietileno y propileno-polipropileno) y se tiene planeada la construcción de plantas hidroeléctricas, geotérmicas y de litio, aprovechando las enormes reservas del salar de Uyuni. De este modo, Bolivia ha sabido sacar partido productivo de la nacionalización de hidrocarburos para crear un sector clave para un proceso industrializador.
VENEZUELA: ¿HASTA LA DERROTA, SIEMPRE?
Da bastante pena leer a más de un intelectual insistir en que en Venezuela las cosas siguen para adelante después de las elecciones legislativas de este pasado 6 de diciembre y que todo es "contraofensiva de la derecha". Afortunadamente,los datos de esta "contraofensiva" se tienen y también se sabe lo que es esta derecha. Lo que no era tanto de esperar es que una parte de la intelectualidad de izquierda siguiera hablando de Bolívar, de Hugo Chávez y de la Historia cuando los problemas son terrenales.
Se lo dijeron a los chavistas muchos de los mismos chavistas, por ejemplo en el portal de Aporrea (Asamblea Popular Revolucionaria Americana): para empezar, el siguiente error estaba cerca de ser la negación de lo ocurrido, es decir, la negativa a reconocer que lo del 6 de diciembre -un triunfo aplastante de la oposición- fue una derrota del oficialismo (hasta que finalmente el presidente venezolano, Nicolás Maduro, pidió la renuncia de su gabinete). !Hubo que pedir hasta este reconocimiento, el de que una derrota es una derrota! "!Por Dios, reconozcamos la derrota!", escribió por ejemplo Reinaldo Quijada.
Lo demás es bochornoso y se asemeja en más de un aspecto a lo que ha sucedido en grande en Brasil y que sucedió en cierta medida en Argentina: corrupción. En Venezuela llegó hasta el nepotismo con el otorgamiento de cargos a la familia de Diosdado (Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, a quien lo del 6 de diciembre increíblemente le pareció "solo un tropiezo"), únicamente por ser familia de Diosdado. y la vicepresidencia a Jorge Alberto Arreaza, solo por haber sido yerno de Chávez (esposo de la hija de éste, Rosa Virginia). No es nada más cuestión de la actual primera dama, Cilia Flores, vapuleada desde la oposición por un increíble nepotismo en la administración de la Asamblea Nacional (aunque Flores no abundó en el asunto). Las críticas al nepotismo de Cabello o al cargo de Arreaza llegaron ahora desde las filas del chavismo.
En el portal de Aporrea, un columnista como Moisés González se dió vuelo describiendo asuntos como éste: "¿Hasta cuando un Ministro de Economía que no toma ni una sola medida económica?", o"¿Hasta cuando un Ministerio de alimentación y agricultura que tiene 3 años prometiendo cosechas, y ni caraotas ha podido sembrar?". El nepotismo se ha acompañado de una total ineficiencia económica.
El gobierno venezolano no impidió tampoco que los presos siguieran ordenando secuestros desde las cárceles ni que se gastaran los presupuestos de cultura en raperos y reggaetoneros de mala muerte.
La vida parasitaria de muchos altos cargos bolivarianos no es un secreto, mientras para el pueblo la política es de un asistencialismo que regala viviendas, taxis, equipos electrónicos, cocinas y hasta comida (mientras los precios del petróleo lo han permitido) para crear clientelas como herramienta política, según Javier Antonio Vivas Santana, siempre en Aporrea.
La actual Venezuela no está construyendo ningún socialismo, pero tampoco es capaz de hacer un capitalismo mínimamente serio, con instituciones y leyes impersonales y una economía que funcionen y forjen ciudadanos. A lo sumo, es el recurrente "capitalismo de compadres" que le "enseña" al pueblo o a quien se deje a imitar las peores costumbres de la oligarquía (nunca ha sido una burguesía) que ahora arrasa en las elecciones. Ni siquiera hay "boliburguesía" ("burguesía bolivariana") ni proceso "burgués" (incluso contra lo que ha llegado a sostener Heinz Dieterich), sino una incapacidad casi patológica para salir de costumbres oligárquicas que se confunden tanto con "cultura" como con "forma de ser" e "identidad".
Se lo dijeron a los chavistas muchos de los mismos chavistas, por ejemplo en el portal de Aporrea (Asamblea Popular Revolucionaria Americana): para empezar, el siguiente error estaba cerca de ser la negación de lo ocurrido, es decir, la negativa a reconocer que lo del 6 de diciembre -un triunfo aplastante de la oposición- fue una derrota del oficialismo (hasta que finalmente el presidente venezolano, Nicolás Maduro, pidió la renuncia de su gabinete). !Hubo que pedir hasta este reconocimiento, el de que una derrota es una derrota! "!Por Dios, reconozcamos la derrota!", escribió por ejemplo Reinaldo Quijada.
Lo demás es bochornoso y se asemeja en más de un aspecto a lo que ha sucedido en grande en Brasil y que sucedió en cierta medida en Argentina: corrupción. En Venezuela llegó hasta el nepotismo con el otorgamiento de cargos a la familia de Diosdado (Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, a quien lo del 6 de diciembre increíblemente le pareció "solo un tropiezo"), únicamente por ser familia de Diosdado. y la vicepresidencia a Jorge Alberto Arreaza, solo por haber sido yerno de Chávez (esposo de la hija de éste, Rosa Virginia). No es nada más cuestión de la actual primera dama, Cilia Flores, vapuleada desde la oposición por un increíble nepotismo en la administración de la Asamblea Nacional (aunque Flores no abundó en el asunto). Las críticas al nepotismo de Cabello o al cargo de Arreaza llegaron ahora desde las filas del chavismo.
En el portal de Aporrea, un columnista como Moisés González se dió vuelo describiendo asuntos como éste: "¿Hasta cuando un Ministro de Economía que no toma ni una sola medida económica?", o"¿Hasta cuando un Ministerio de alimentación y agricultura que tiene 3 años prometiendo cosechas, y ni caraotas ha podido sembrar?". El nepotismo se ha acompañado de una total ineficiencia económica.
El gobierno venezolano no impidió tampoco que los presos siguieran ordenando secuestros desde las cárceles ni que se gastaran los presupuestos de cultura en raperos y reggaetoneros de mala muerte.
La vida parasitaria de muchos altos cargos bolivarianos no es un secreto, mientras para el pueblo la política es de un asistencialismo que regala viviendas, taxis, equipos electrónicos, cocinas y hasta comida (mientras los precios del petróleo lo han permitido) para crear clientelas como herramienta política, según Javier Antonio Vivas Santana, siempre en Aporrea.
La actual Venezuela no está construyendo ningún socialismo, pero tampoco es capaz de hacer un capitalismo mínimamente serio, con instituciones y leyes impersonales y una economía que funcionen y forjen ciudadanos. A lo sumo, es el recurrente "capitalismo de compadres" que le "enseña" al pueblo o a quien se deje a imitar las peores costumbres de la oligarquía (nunca ha sido una burguesía) que ahora arrasa en las elecciones. Ni siquiera hay "boliburguesía" ("burguesía bolivariana") ni proceso "burgués" (incluso contra lo que ha llegado a sostener Heinz Dieterich), sino una incapacidad casi patológica para salir de costumbres oligárquicas que se confunden tanto con "cultura" como con "forma de ser" e "identidad".
sábado, 5 de diciembre de 2015
NICARAGUA: NEGOCIOS EN VEREMOS
Cualquiera que haya estudiado la historia de la construcción de las vías interoceánicas, como la de Panamá- estudio que requiere de un esfuerzo de algunas horas superior al que pueden hacer ciertos panameños en la Fundación Ciudad del Sabor, quienes ciertamente no harán historia del capitalismo en ningún lado, ni siquiera la de Punta Paitilla-, sabe que las decisiones de tal o cual trazado no son meramente técnicas: a finales del siglo XIX, justamente en Panamá, el francés Ferdinando de Lesseps se estrelló entre otras cosas contra un fenómeno de especulacion bursátil, que ocurría muy lejos del istmo.
No es que algo así se vaya a repetir por fuerza en Nicaragua, pero tampoco es que el proyecto de canal nicaraguense sea pura cosa de técnica. El magnate de las telecomunicaciones chino, Wang Jing, metido a construir los 278 kilómetros de la vía del Caribe al Pacífico nicaraguenses, inauguró el proyecto en diciembre de 2014: en un acto en el que estuvo la cúpula del gobierno sandinista de Daniel Ortega (es el marido de Rosario Murillo), el empresario puso la primera piedra. El problema es que el asunto quedó ahí. La empresa HKND, dueña de una concesión de 100 años (medio siglo, prorrogable por 50 años) para hacer la vía interoceánica por Nicaragua, debía comenzar a trabajar poco después de colocada la primera piedra, a partir del primer trimestre de 2015. Sin embargo, sin dar demasiadas explicaciones, la tal empresa aplazó hasta finales de 2016 -un año más, dos en total- la excavación y la construcción de esclusas, por lo que hasta ahora no se ha pasado de la muy famosa primera piedra, si es que sigue ahí: miles de campesinos nicaraguenses que se verían afectados han protestado enérgicamente contra el gobierno de Managua.
El Canal de Panamá, ampliación incluida, no entra demasiado en la dinámica del extractivismo porque, a diferencia de la soya, de los minerales o del petróleo en casi toda América Latina, la vía no está en manos de transnacionales, digamos tipo Monsanto, Shell u otras (pese a quienes han venido realizando la ampliación), sino en maños panameñas (cualquiera sea la forma en que se use el excedente), como pertenencia inalienable de la nación y a cargo de la Autoridad del Canal de Panamá, de tal forma que, salvo en ocurrencias de Claxon, no puede afirmarse que Panamá es un país "canalero" al mismo título que otros son "soyeros", "mineros" o "petroleros" (o digámoslo ya: !bananeros!), como si los Tratados Torrijos-Carter nunca hubieran existido ni dado lugar a un bien público, o como si importara más congraciarse con los compadritos de Claxon -y en otras tantas dedicatorias- que atender la patria. Por lo pronto, y pese a que China depreda menos que Estados Unidos (en todo caso, no llega con Gran Garrote), es Nicaragua la que está corriendo el riesgo del estrago "extractivista", sin que sea mucho más lo que se puede adelantar (salvo cierto peligro de otro descalabro de izquierda), más allá de la primera piedra y una divertida pedrada.
No es que algo así se vaya a repetir por fuerza en Nicaragua, pero tampoco es que el proyecto de canal nicaraguense sea pura cosa de técnica. El magnate de las telecomunicaciones chino, Wang Jing, metido a construir los 278 kilómetros de la vía del Caribe al Pacífico nicaraguenses, inauguró el proyecto en diciembre de 2014: en un acto en el que estuvo la cúpula del gobierno sandinista de Daniel Ortega (es el marido de Rosario Murillo), el empresario puso la primera piedra. El problema es que el asunto quedó ahí. La empresa HKND, dueña de una concesión de 100 años (medio siglo, prorrogable por 50 años) para hacer la vía interoceánica por Nicaragua, debía comenzar a trabajar poco después de colocada la primera piedra, a partir del primer trimestre de 2015. Sin embargo, sin dar demasiadas explicaciones, la tal empresa aplazó hasta finales de 2016 -un año más, dos en total- la excavación y la construcción de esclusas, por lo que hasta ahora no se ha pasado de la muy famosa primera piedra, si es que sigue ahí: miles de campesinos nicaraguenses que se verían afectados han protestado enérgicamente contra el gobierno de Managua.
El Canal de Panamá, ampliación incluida, no entra demasiado en la dinámica del extractivismo porque, a diferencia de la soya, de los minerales o del petróleo en casi toda América Latina, la vía no está en manos de transnacionales, digamos tipo Monsanto, Shell u otras (pese a quienes han venido realizando la ampliación), sino en maños panameñas (cualquiera sea la forma en que se use el excedente), como pertenencia inalienable de la nación y a cargo de la Autoridad del Canal de Panamá, de tal forma que, salvo en ocurrencias de Claxon, no puede afirmarse que Panamá es un país "canalero" al mismo título que otros son "soyeros", "mineros" o "petroleros" (o digámoslo ya: !bananeros!), como si los Tratados Torrijos-Carter nunca hubieran existido ni dado lugar a un bien público, o como si importara más congraciarse con los compadritos de Claxon -y en otras tantas dedicatorias- que atender la patria. Por lo pronto, y pese a que China depreda menos que Estados Unidos (en todo caso, no llega con Gran Garrote), es Nicaragua la que está corriendo el riesgo del estrago "extractivista", sin que sea mucho más lo que se puede adelantar (salvo cierto peligro de otro descalabro de izquierda), más allá de la primera piedra y una divertida pedrada.
PERU: ¿PREFERENCIA POR LA IMPUNIDAD?
Sin que en la izquierda se haga mayor mención de ello, Perú se acerca a las elecciones de 2016.
Competirá Alan García, algo así como uno de los últimos dinosaurios del populismo, en este caso de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA, hoy Partido Aprista Peruano) que alguna vez, con su fundador, Víctor Raúl Haya de la Torre, quiso inspirarse de la Revolución Mexicana. Alan García, en algo que lamentó profundamente la actual primera dama peruana, Nadine Heredia, fue exonerado por el Poder Judicial local (muy concretamente, por un juez amigo de García, quien fue su padrino de promoción) en investigaciones por narcoindultos y lavado de activos, pese a los informes de una megacomisión sobre los casos. García, el gran tribuno, héroe de izquierda en lo años '80, dos veces presidente del Perú, esquivó así la "fea realidad" de su concepción del poder.
Y competirá la favorita en las encuestas hasta ahora, Keiko Fujimori, también con asuntos de dinero poco claros, pero con más de 30 % de respaldo en las encuestas. Por lo visto, una tercera parte de los votantes peruanos no tiene mayor reproche qué hacerle a un fujimorismo que también fue corrupto, aunque más astuto que el tribuno García. De hecho, en la CADE 2015 (Conferencia Anual de Ejecutivos peruana), la hija de Alberto Fujimori hizo propuestas hábiles: una ambiciosa agenda de inversión pública, un renovado apoyo a los micro y pequeños empresarios (con un sistema especial de tributación), el ataque a la corrupción y en el resto, un impulso a la policía y contra los conflictos sociales en un país que se siente inseguro. Nadine Heredia probablemente también tuvo razón al criticarle a Keiko Fujimori que quiera "refuncionalizar" el Ministerio de Economía y Finanzas para que, a fin de cuentas (según Heredia), los empresarios pongan las reglas sin trabas.
Aunque otros candidatos tienen propuestas interesantes (incluyendo al ex presidente Alejandro Toledo, partidario de la diversificación productiva, urgente en América Latina, y al ex ministro de Toledo, Pedro Pablo Kuczynski,hombre de empresa -demasiada empresa-, aunque partidario de una firme lucha contra la corrupción), solo con alianzas podrá ser derrotada Fujimori, cuyas intenciones de voto, sumadas a las que recoge García (casi un 8 %), hablan de un 40 % conservador y de un restante que con frecuencia también se inclina por lo netamente empresarial (el mismo Kuczynski) o incluso empresarial-corrupto (como parece ser el caso de César Acuña).
Competirá Alan García, algo así como uno de los últimos dinosaurios del populismo, en este caso de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA, hoy Partido Aprista Peruano) que alguna vez, con su fundador, Víctor Raúl Haya de la Torre, quiso inspirarse de la Revolución Mexicana. Alan García, en algo que lamentó profundamente la actual primera dama peruana, Nadine Heredia, fue exonerado por el Poder Judicial local (muy concretamente, por un juez amigo de García, quien fue su padrino de promoción) en investigaciones por narcoindultos y lavado de activos, pese a los informes de una megacomisión sobre los casos. García, el gran tribuno, héroe de izquierda en lo años '80, dos veces presidente del Perú, esquivó así la "fea realidad" de su concepción del poder.
Y competirá la favorita en las encuestas hasta ahora, Keiko Fujimori, también con asuntos de dinero poco claros, pero con más de 30 % de respaldo en las encuestas. Por lo visto, una tercera parte de los votantes peruanos no tiene mayor reproche qué hacerle a un fujimorismo que también fue corrupto, aunque más astuto que el tribuno García. De hecho, en la CADE 2015 (Conferencia Anual de Ejecutivos peruana), la hija de Alberto Fujimori hizo propuestas hábiles: una ambiciosa agenda de inversión pública, un renovado apoyo a los micro y pequeños empresarios (con un sistema especial de tributación), el ataque a la corrupción y en el resto, un impulso a la policía y contra los conflictos sociales en un país que se siente inseguro. Nadine Heredia probablemente también tuvo razón al criticarle a Keiko Fujimori que quiera "refuncionalizar" el Ministerio de Economía y Finanzas para que, a fin de cuentas (según Heredia), los empresarios pongan las reglas sin trabas.
Aunque otros candidatos tienen propuestas interesantes (incluyendo al ex presidente Alejandro Toledo, partidario de la diversificación productiva, urgente en América Latina, y al ex ministro de Toledo, Pedro Pablo Kuczynski,hombre de empresa -demasiada empresa-, aunque partidario de una firme lucha contra la corrupción), solo con alianzas podrá ser derrotada Fujimori, cuyas intenciones de voto, sumadas a las que recoge García (casi un 8 %), hablan de un 40 % conservador y de un restante que con frecuencia también se inclina por lo netamente empresarial (el mismo Kuczynski) o incluso empresarial-corrupto (como parece ser el caso de César Acuña).
viernes, 4 de diciembre de 2015
VENEZUELA: ¿EN QUE PAIS VIVE NICOLAS MADURO?
Dos cosas, precisadas de entrada: la oligarquía venezolana nunca ha sido ejemplo de civilidad aunque lo sea de "civilismo", y es por esa oligarquía que la tradición democrática en Venezuela es endeble, desde Juan Vicente Gómez, quien gobernó varias décadas de las primeras del siglo XX, hasta Marcos Pérez Jiménez, que estuvo por ahí en los años '50 con el eterno sueño de muchos en América Latina: el de cierta modernidad con mano dura al mismo tiempo. Algo vió el historiador mexicano Enrique Krauze en El poder y el delirio cuando alabó a Rómulo Betancourt, considerado "padre de la democracia venezolana" (curiosamente, Betancourt fue miembro del Buró Político del Partido Comunista Costarricense). Unicamente a Fidel Castro se le ocurrió armarle una guerrilla (Fuerzas Armadas de Liberación Nacional) a Betancourt.
Segunda cosa: la oligarquía venezolana, como muchas otras de la región, nunca ha podido sola. En los últimos años, organizaciones no gubernamentales y fundaciones estadounidenses (del tipo NED -National Endowment for Democracy y USAID-Agencia estadounidense de Desarrollo Internacional) han inundado de dólares a la oposición oligárquica y a las redes sociales en Venezuela para que se pasen el tiempo "exigiendo rendición de cuentas", "empoderando a la sociedad civil", "defendiendo los derechos humanos" y asuntos revolucionarios "de color" por el estilo, a los que el presidente de la Asamblea, Diosdado Cabello, piensa contestar con "amor, esperanza, dignidad"y tal vez hasta con "felicidad".
El problema es éste: si no hay tradición democrática sólida en Venezuela, ¿Por qué tendría que haberla en el "chavismo" y más de manera automática, sin educación ni ejemplo? Es más probable que no la tenga, esa tradición, al menos no muy firme.
Veamos. En la entrega de reconocimientos por el Dia del Periodista 2015 en el Palacio de Miraflores, el discurso le correspondió al leal José Vicente Rangel (el premiado, experimentado veterano contra las dictaduras y hombre de izquierda socialista/comunista), quien le pidió a Nicolás Maduro, mandatario venezolano, "abrirse al país real" (!). Rangel pidió resultados, y es que en verdad el gobierno de Maduro hace cosas por lo menos inexplicables, como multiplicar las palabras y restar las acciones eficaces. El periodista laureado le recomendó a Maduro:
-es tiempo de resultados en la batalla contra la guerra económica, con diligencia y eficacia frente al desabasto y la inflación.
-debe abrirse el gobierno a la participación de venezolanos capaces, honestos y preparados
-en el problema de la inseguridad los resultados son muy magros y la colectividad está desesperada. Deben reorganizarse los organismos policíales y de seguridad del Estado
-la burocracia está arruinando iniciativas y proyectos y puede impedir todo avance del proceso
-se intensifica la lucha a fondo contra la corrupción, elemento que impide y amenaza los cambios necesarios en Venezuela.
Que no haya resultados reales, duraderos en estos terrenos no es cosa de "ofensiva de la derecha". Lo es de ineptitud para garantizar un "piso democrático" mínimo -mientras se le ha permitido inexplicablemente a la oligarquía toda suerte de excesos- y en particular un buen funcionariado público, por lo general inexistente en América Latina.
Segunda cosa: la oligarquía venezolana, como muchas otras de la región, nunca ha podido sola. En los últimos años, organizaciones no gubernamentales y fundaciones estadounidenses (del tipo NED -National Endowment for Democracy y USAID-Agencia estadounidense de Desarrollo Internacional) han inundado de dólares a la oposición oligárquica y a las redes sociales en Venezuela para que se pasen el tiempo "exigiendo rendición de cuentas", "empoderando a la sociedad civil", "defendiendo los derechos humanos" y asuntos revolucionarios "de color" por el estilo, a los que el presidente de la Asamblea, Diosdado Cabello, piensa contestar con "amor, esperanza, dignidad"y tal vez hasta con "felicidad".
El problema es éste: si no hay tradición democrática sólida en Venezuela, ¿Por qué tendría que haberla en el "chavismo" y más de manera automática, sin educación ni ejemplo? Es más probable que no la tenga, esa tradición, al menos no muy firme.
Veamos. En la entrega de reconocimientos por el Dia del Periodista 2015 en el Palacio de Miraflores, el discurso le correspondió al leal José Vicente Rangel (el premiado, experimentado veterano contra las dictaduras y hombre de izquierda socialista/comunista), quien le pidió a Nicolás Maduro, mandatario venezolano, "abrirse al país real" (!). Rangel pidió resultados, y es que en verdad el gobierno de Maduro hace cosas por lo menos inexplicables, como multiplicar las palabras y restar las acciones eficaces. El periodista laureado le recomendó a Maduro:
-es tiempo de resultados en la batalla contra la guerra económica, con diligencia y eficacia frente al desabasto y la inflación.
-debe abrirse el gobierno a la participación de venezolanos capaces, honestos y preparados
-en el problema de la inseguridad los resultados son muy magros y la colectividad está desesperada. Deben reorganizarse los organismos policíales y de seguridad del Estado
-la burocracia está arruinando iniciativas y proyectos y puede impedir todo avance del proceso
-se intensifica la lucha a fondo contra la corrupción, elemento que impide y amenaza los cambios necesarios en Venezuela.
Que no haya resultados reales, duraderos en estos terrenos no es cosa de "ofensiva de la derecha". Lo es de ineptitud para garantizar un "piso democrático" mínimo -mientras se le ha permitido inexplicablemente a la oligarquía toda suerte de excesos- y en particular un buen funcionariado público, por lo general inexistente en América Latina.
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