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viernes, 29 de diciembre de 2017

A SEGUIR MANIOBRANDO

Algunos analistas latinoamericanos y latinoamericanistas estaban hasta hace poco adelantando un "nuevo ciclo progresista" a partir de la resistencia opositora en Honduras, el papel del Frente Amplio en Chile y las elecciones del año 2018 (México, Brasil y Colombia). La resistencia hondureña se extinguió y el Frente Amplio jugó en Chile un papel dudoso: las elecciones las ganó el conservadurismo, con la vuelta de Sebastián Piñera. Hasta aquí, no se abrió ningún nuevo "ciclo" de nada, sino que se afianzó la restauración conservadora. De paso, esos analistas se olvidaron de las elecciones costarricenses y paraguayas.
     Unas 73 mil personalidades de Brasil y otros países firmaron el Manifiesto "Elección sin Lula es fraude" (con la esperanza de llegar a las 75 mil firmas), y en la redacción del texto volvió a despuntar la esperanza en la apertura de "un nuevo ciclo político". Hasta hace poco, quienes criticaban a los gobiernos de izquierda en América Latina y el Caribe por "extractivistas" daban por sentado el "fin del ciclo progresista". Lo que llama la atención es esta visión cíclica de la Historia. Dicho sea de paso, también la tienen algunos en la economía: la crisis podría dar lugar en algún momento a una salida que haga regresar al Estado de Bienestar. Cabe preguntarse incluso si todas estas visiones cíclicas no tienen en común la nostalgia por ese tipo de Estado, que ha sido mitificado y que parecía tener en la gloria a las capas medias.
      El "eterno retorno" no tiene que ver en realidad nada con la izquierda (y mucho menos con el marxismo o el leninismo), por más que le guste a José el Pepe Mujica, y sí en cambio con Nietzsche, el filósofo reaccionario alemán. Pero no hay garantía ninguna de que el supuesto "ciclo" vaya a repetirse, y menos para mejor, por algún automatismo, del mismo modo en que no hay Historia en línea recta.
     Para lo que ha servido esta visión cíclica de la Historia de la izquierda es, a la vez, para que los de siempre estén expectantes de las nuevas posibilidades de "tomar el poder" y para que los problemas de los gobiernos izquierdistas sean silenciados (un caso tipo es el de los ridículos del presidente Salvador Sánchez Cerén en El Salvador y del olvidado Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, con la aberrante y mentirosa expulsión de Nayib Bukele, alcalde de San Salvador), salvo excepciones como las de Alvaro García Linera en Bolivia o Rafael Correa en el Ecuador. Las dificultades son tratadas a lo sumo en petit comité y en disputas en las cuales los unos se sacan a los otros los ojos. Esa prisa por "tomar el poder" suele hacer que se deje de lado toda experiencia desde abajo porque la "convicción" es que sólo se puede hacer "algo" desde arriba, desde el "poder" mismo: redistribuir para cooptar en vez de organizar, por ejemplo. La visión cíclica es la del "eterno retorno del poder", por lo que hay que cuidar de no perderse "las posibilidades de la próxima vuelta"; en vez de enseñar y aprender, hay que saber maniobrar para estar siempre en la posición correcta  (y hasta la victoria siempre, nunca en una derrota). Lula, por ejemplo, es todo un experto en movilizar a su favor al MST (Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra), un movimiento muy horizontal, para dejarlo tirado luego desde el gobierno. La izquierda descrita -la que busca causas para las firmas- carece de cultura justamente porque no aprende ni enseña: muy "políticamente", se la pasa en la maniobra para el poder.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

ARGENTINA, MAS PREVARICACION

En 1994 tuvo lugar en Buenos Aires, capital argentina, un atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), acto que provocó la muerte de unas 85 personas y heridas a tres centenares. Las primeras pistas parecieron llevar a Irán y el grupo armado libanés Hezbolá, pero el caso se fue estancando, pese a que a raíz del mismo se emitieran alertas rojas de Interpol contra varios iraníes (cinco en total).
     Recientemente, la ex mandataria y hoy senadora Cristina Fernández de Kirchner fue acusada, al igual que varios de sus colaboradores, de "encubrir a los iraníes" mediante un Memorándum de Entendimiento entre Argentina e Irán, supuestamente destinado a reanimar el comercio entre ambos países (con rebajas de precios para las compras argentinas de petróleo) y de paso "dar impunidad" a los inculpados. Al confirmar las acciones legales del juez Claudio Bonadío, la Segunda Sala de la Cámara Federal de la justicia argentina negó la solicitud del ex director de Interpol, Ronald Noble, para testimoniar en el caso. Con las justas se retiró la acusación de "alta traición" contra Fernández de Kirchner y quedaron las inculpaciones de "obstaculizar la acción de la justicia, abuso de autoridad y encubrimiento agravado".
     Noble quiso testimoniar que Fernández de Kirchner nunca le ordenó a la Interpol suspender las órdenes de arresto contra los iraníes inculpados, por lo que la ex presidente estaría siendo acusada de un delito imaginario. Por otra parte, un estudio de ADN realizado por el FBI (Federal Bureau of Investigation/Buró Federal de Investigaciones) rechazó la tesis del "conductor suicida libanés" en el atentado. Además, el Memorándum de Entendimiento permitía seguir la indagatoria en Irán, país que no reconocía la extradición. Lo que acaba de hacer la justicia argentina es reanimar antiguas acusaciones que nunca condujeron a nada (excepto al supuesto suicidio del fiscal Alberto Nisman), pero permitieron la politización de la justicia (más que a la "judicialización de la política") bajo la influencia de quienes ahora detentan el poder en Argentina, en complicidad con intereses extranjeros. El Poder Judicial y los medios de comunicación masiva, como en otros países de América Latina, bien podrían ser co-partícipes de un caso de prevaricación con fines por completo ajenos al esclarecimiento de las cosas.

martes, 26 de diciembre de 2017

ECUADOR: LENIN EL PEQUEÑO PREVARICA

El vicepresidente ecuatoriano Jorge Glas fue condenado hace poco a seis años de prisión por "asociación ilícita" en el caso Odebrecht, y los medios de comunicación masiva, tanto del Ecuador como del extranjero, se apresuraron a dar por hecho que "no hay vuelta atrás", silenciando a la parte acusada y el asunto mismo, turbio a más no poder.
      Glas fue condenado sin pruebas, ya que ninguno de los involucrados declarantes mencionó el nombre del acusado y tampoco se aportaron evidencias materiales convincentes. El fiscal general del Estado simplemente decidió una "asociación tácita" (de "poder e influencia"), después de haber pactado con la constructora brasileña, cuyos implicados quedaron libres. En medio del fraude procesal por parte del fiscal, Glas fue condenado, por si fuera poco, con un código penal derogado, para que la sentencia incluyera por lo menos un año más. Al mismo tiempo, la Asamblea Nacional ecuatoriana decidió hacerle a Glas un juicio político por "asociación ilícita", siendo que este delito no puede ser causal de ese juicio. De remate, la Corte Constitucional ecuatoriana aceptó el pedido del ilegal juicio político. Días antes de la resolución contra Glas, en una falta total de respeto por la independencia de poderes, el mandatario Lenín Moreno, aunque admitió que no podía entrometerse, pidió en cadena nacional que hubiera "justicia" y no "tomaduras de pelo".
       El ingeniero Glas fue durante el gobierno de Rafael Correa (cuando fungió como ministro Coordinador de Sectores Estratégicos y como Vicepresidente) una pieza clave en el cambio de matriz productiva en el Ecuador, en particular en el de la energética, al grado de que el país dejó de ser importador de energía para convertirse en exportador. Este cambio era clave para ir sacando al Ecuador del subdesarrollo. Glas expulsó a Odebrecht del país: en ese momento fue amenazado por el CEO (Chief Executive Officer) de la constructora, Marcelo Odebrecht. Glas era por lo demás una de las piezas de las que quería deshacerse a como diera lugar el opositor derechista Guillermo Lasso.
      Haciéndole caso justamente a Lasso, el mandatario Moreno, a nombre de la "reconciliación nacional", convocó para principios de febrero a una consulta popular que contiene dos preguntas inconstitucionales, una de ellas haciendo retroactiva la prohibición de reelección (!leyes retroactivas!) con tal de impedirle a Correa volver a presentarse. El mismo Moreno presionó a la Corte Constitucional para que aprobara la consulta, pero al enterarse de que podía ser frenado en esta instancia (en particular por el informe de la jueza Tatiana Ordeñana), resolvió hacer pasar aquélla por decreto. El mandatario no podía saltarse el dictamen de la Corte, pero en este campeonato de prevaricación alegó que el tiempo para la resolución había vencido, lo que era falso. Una de las preguntas de la consulta destruye el ya quebrado estado de Derecho al sugerir pasarle al Ejecutivo el poder sobre el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social. Este Consejo elige a las siguientes instancias: Defensor del Pueblo, Defensor Público, Fiscalía General del Estado, Contralor General del Estado, Consejo Nacional Electoral,Tribunal Contencioso Electoral, Procurador General del Estado y Superintendentes.
     De consumarse los golpes contra Glas y en la consulta popular, el Ecuador quedaría privado de buenas posibilidades de desarrollo y de verdadero estado de Derecho (por completo).

viernes, 22 de diciembre de 2017

AMERICA LATINA, LA REGRESION

Contra lo que señalan algunos analistas latinoamericanistas, la remoción de los gobiernos de izquierda en América Latina y el Caribe no comenzó con Brasil y Argentina, sino antes.
     El presidente hondureño, Manuel Zelaya, fue destituido por órdenes de la Suprema Corte de Justicia de Honduras en el año 2009. Aunque no sean muy de confiar, la Organización de Estados Americanos (OEA) y la de Naciones Unidas (ONU) pidieron la restitución de Zelaya, que nunca tuvo lugar. Luego, en 2012, el presidente paraguayo Fernando Lugo fue destituido de su cargo por la vía parlamentaria, en un proceso de "juicio político exprés" que fue considerado como "ruptura del orden democrático" por el Mercosur (Mercado Común del Sur) y la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas). Sólo hasta 2016 fue destituida la mandataria brasileña Dilma Rousseff, mediante impeachment: fue acusada de violar normas fiscales, maquillando el déficit presupuestal ("pedaladas fiscales"). Posteriormente se comprobó que Rousseff no había hecho nada ilegal, pero ya era demasiado tarde. Dicho sea de paso, Eduardo Cunha, quien presidió el proceso contra la presidente, fue suspendido y condenado a nueve años de prisión. Varios procesos mostraron que compró a diputados. Michel Temer, el actual presidente de Brasil, tiene encima numerosas acusaciones de corrupción.
       En este contexto llegó el caso Odebrecht. En julio de 2017 se dictó prisión preventiva para el ex presidente peruano Ollanta Humala y su esposa, Nadine Heredia, quienes se entregaron a la justicia. No sólo no siguieron el mismo camino Keiko Fujimori (hija de Alberto Fujimori), quien habría recibido dinero de Odebrecht para su campaña en 2011, ni Alan García, ligado al CEO (Chief Executive Officer) de la constructora, Marcelo Odebrecht (hoy bajo arresto domiciliario), sino que el fujimorismo (Fuerza Popular) ha estado buscando controlar -para blindarse y perseguir antifujimoristas- el Tribunal Constitucional y la Fiscalía de la Nación. Humala también fue  acusado de recibir dinero de empresas venezolanas. El ex presidente Alejandro Toledo (2001-2006) está prófugo: recibió sobornos de Odebrecht. El actual presidente peruano, Pedro Pablo Kuczynski, estuvo a punto de caer al ser vinculado a Odebrecht. Pero lo cierto es que en el Perú el caso Lava Jato ("Lavado a presión") se convirtió, como lo advirtió la opositora de izquierda Verónika Mendoza (Nuevo Perú), en lo más parecido a "Lava Keiko" y "Lava Alan". En el Ecuador, el caso Odebrecht sirvió para condenar a seis años de prisión al actual vicepresidente Jorge Glas (de izquierda), en un caso de prevaricación ejemplar. Las cosas pasaron de tal modo que Glas es prácticamente un preso político.
     La ex mandataria argentina Cristina Fernández ha sido acusada de "encubrir a terroristas" mediante un pacto con Irán, que habría alentado a quienes atentaron en 1994 contra la AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina), siendo gobernante Carlos Saúl Menem. En algo curiosamente olvidado, ha sido acusado de corrupción y vive por ende refugiado en Nicaragua quien fuera presidente de El Salvador entre 2009 y 2014, Mauricio Funes, por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). En Centroamérica y el Caribe, como en el resto del continente, los acusados de derecha han salido impunes, o casi: es el caso de James Jimmy Morales en Guatemala (financiamiento electoral ilícito) y del ex presidente panameño Ricardo Martinelli (compras con sobrecostos), detenido y "protegido" en Estados Unidos.
   Si se revisan los casos de corrupción, los verdaderos y los supuestos, la aplicación de la ley en América Latina ha sido a la vieja usanza y para desplazar maliciosamente del gobierno a izquierdistas: "plata para los amigos, plomo para los enemigos", pero en una versión lo suficientemente sutil para que la masa se lo crea y permanezca pasiva.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

CHILE: LA ULTRAIZQUIERDA EN ACCION

En la reciente segunda vuelta de las elecciones presidenciales chilenas se impuso Sebastián Piñera, "conservador" cuyo hermano José ocupó importantes cargos ministeriales durante la dictadura de Augusto Pinochet. El ganador, quien se ha visto envuelto en el pasado en escándalos de corrupción (sin consecuencia ninguna), se impuso en medio de una fuerte abstención, de cerca de la mitad de los electores. El perdedor fue Alejandro Guillier, de centro-izquierda (Nueva Mayoría).
     En la primera vuelta había llamado la atención la votación para el "izquierdista" Frente Amplio, de Beatriz Sánchez (20 % de los votos), un grupo de partidos que tomó ese nombre, supuestamente, para seguir el ejemplo del Frente Amplio uruguayo. Guillier cerró su campaña para la segunda vuelta invitando al infaltable cantante de boliche que es José el Pepe Mujica, el uruguayo cuya sencillez tiene conmovido al empresariado partidario de la "excelencia personal". Pero el Frente Amplio chileno es otra cosa, y agrupa a partidos "libertarios" como Izquierda Libertaria, ecologistas (Partido Ecologista Verde), movimientos "autonomistas" (Movimiento Autonomista, Izquierda Autónoma), al Movimiento Socialismo y Libertad y al Partido Liberal y otros, incluyendo el Partido Pirata de Chile (!). En suma, este Frente Amplio, a diferencia del uruguayo, es de ultraizquierda. Uno de sus líderes, Giorgio Jackson (Revolución Democrática), exdirigente estudiantil (2011), recibió fondos del magnate estadounidense George Soros, a través de la fundación Open Society.
      En entrevista con la revista de modas Paula, Beatriz Sánchez, a su vez, tuvo un "desliz" al declarar, al ser interrogada sobre el gobierno de Salvador Allende: "yo prefiero un Estado que no sea totalitario, porque no creo en un Estado totalitario"(!). La lideresa tuvo que disculparse ante las críticas que recibió de la izquierda, en particular del Partido Socialista.
     Pese a las promesas de Guillier para granjearse votos del Frente Amplio (como la plurinacionalidad para reconocer la "autonomía" mapuche, siendo que muchos chilenos, sin ser indígenas, llevan sangre mapuche), los líderes frentistas no insistieron demasiado en su llamado a votar por el centro-izquierda. Es probable que parte de los electores del Frente Amplio se haya abstenido en la segunda vuelta y que hasta un 25 % se haya ido a votar...por Piñera, al tratarse de votantes muy jóvenes que eligen más por el "carisma" (Guillier no tiene ninguno) que por el programa (¿Guillier tenía alguno?). Que la ultraizquierda se comporte del modo descrito no tiene nada de raro. Lo extraño es que algunos analistas latinoamericanistas hayan quedado satisfechos con el "progreso de la izquierda en Chile" (el 20 % para el Frente Amplio en la primera vuelta), siendo que socialistas y comunistas (los de Guillier) sufrieron una estrepitosa derrota. Que Michelle Bachelet, la presidente socialista saliente, sea mujer no cambia en nada las cosas.
   

lunes, 18 de diciembre de 2017

¿EMPATE CATASTROFICO?

Desde 1978, el traductor Roger Dangeville había adelantado -para referirse a una larga crisis- la expresión "capitalismo senil" (Marx-Engels. La crise), que ha sido retomada por varios estudiosos (Samir Amin entre ellos). Cabe decir de entrada que Karl Marx nunca previó algo así como un "pase automático" al socialismo: no descartó una decadencia que haría palidecer a la del Imperio Romano. El capitalismo lleva medio siglo en crisis, pero tal vez  sirva de muy poco insistir en que se trata de una "crisis terminal" y en la "senilidad" del capitalismo. La intelectualidad y la academia están lejos de la mayoría de la gente, que por distintos motivos sigue creyendo en una salida capitalista a la crisis, aunque se dé exclusivamente para unos pocos. Una larga y penosa decadencia no deja de ser empero una posibilidad real, entre otras. Puede ser más o menos localizada, o más o menos generalizada.
     En esta perspectiva, no sirve de mucho establecer, por ejemplo, que hemos llegado a un mundo "tripolar" (Estados Unidos, Rusia, China), o que hay una forma -no del todo falsa- de vuelta a un mundo "bipolar" (Estados Unidos, y por el otro lado China y Rusia). Si no están explicitados los valores en juego, o si no los hay (y el hecho es que Rusia y China tienen muchísimo de países capitalistas), lo único que se estaría haciendo es agregar "cantidad" con tal de seguir jugando el mismo juego, y como si la crisis fuera éso, un "juego" en el que, más que los valores mismos, importaría nada más ganar o perder. ¿Ganar o perder qué, además de "posiciones" y "negocios"?
     En este caso, sin redefinición de valores, existiría la posibilidad de la "decadencia de la civilización" a la que se ha referido Samir Amin, con una desintegración social al "estilo"romano. "Esto implica, escribe Amín, que nadie controla el devenir de los acontecimientos, que se abren camino por la mera 'fuerza de las cosas'. En nuestra época, teniendo en cuenta el potencial destructivo del que disponen los poderes (destrucciones ecológicas y militares), el riesgo -denunciado por Marx en su momento- de que los combates destruyan a todos los bandos enfrentados es real". No tiene por qué ser un gran desastre militar: igual podría darse una larga decadencia por un "empate catastrófico" si los valores de los supuestos "jugadores" son los mismos, o casi.Es una pena que más de un analista latinoamericano examine las cosas en el mundo como lo haría en una casa de apuestas y, para decirlo con palabras del periodista venezolano, José Vicente Rangel, olvidando que "el ejercicio de la política no puede referirse a lo banal, a la maniobra artera o a la manipulación rastrera de las ideas".

viernes, 15 de diciembre de 2017

PEOR, IMPOSIBLE...

El capitalismo lleva ya medio siglo en crisis, por lo que es la más larga de su Historia, pero ésto coincide con la imposibilidad de superarlo, algo que no desean amplias franjas de la población en el planeta, por voluntad propia, por ignorancia o por la influencia de los medios de comunicación masiva, que han contagiado el "síndrome TINA" (There Is No Alternative/No hay alternativa).
     Uno de los problemas para forjar una alternativa socialista es lo que Samir Amin ha llamado "la extrema dispersión de las luchas, del plano local al mundial, siempre específicas, circunscritas a lugares y ámbitos particulares (ecología, derechos de las mujeres, servicios sociales, reinvindicaciones comunitarias, etc.). Las escasas campañas de alcance nacional o siquiera mundial, prosigue Amin, apenas han obtenido éxitos significativos que hayan comportado un cambio de las políticas aplicadas por los poderes, y muchas de estas luchas han sido absorbidas por el sistema y alimentan la ilusión de la posibilidad de reformarlo". Un gigantesco proletariado a escala mundial está fragmentado en "fracciones diferenciadas, a menudo enfrentadas entre sí". Esto vino, agreguemos, con la crisis misma y el cambio en la división internacional del trabajo a partir de los años '80, que puso a los trabajadores (y un poco a todo el mundo) a competir ferozmente entre sí, en medio de una creciente precarización.
     "En el Norte, constata Amín, se ha abandonado el tema central de la lucha de clases anticapitalista -que ha quedado reducido a su expresión más parcelaria- en beneficio de una pretendida redefinición de la 'cultura social de izquierda', comunitarista, que separa la defensa de los derechos particulares del combate general contra el capitalismo". Cuando el Norte se solidariza con el Sur, lo hace bajo una forma "humanitaria" y "caritativa" que en realidad, en vez de ser realmente solidaria, lucra con la ayuda o justifica injerencias. El Sur, a su vez, agreguemos, se dedica a extorsionar al Norte con el tema de la migración, "cobrándole al rico" o al "blanco" en vez de enfrentarse con el criollo creador del desempleo y causante de la falta de oportunidades. Son los derechos particulares del migrante sin relación con un combate general contra el capitalismo. El trabajador blanco del Norte reacciona a su vez atrincherándose en posiciones de derecha.
     "En algunos países del Sur, considera Amín, la tradición de las luchas que asociaban el combate antiimperialista con el progreso social ha cedido el puesto a ilusiones retrógradas y reaccionarias de expresión pararreligiosa o pseudoétnica". Así, "una nueva ideología de derechas ha obtenido la adhesión de los pueblos", señala el economista egipcio.
      En su peor crisis, el capitalismo ha conseguido reventar las luchas de los trabajadores, dispersándolos por el mundo, y hacerles cargar con reivindicaciones que no son las suyas, sino que empujan a una mayor competencia de todos contra todos por razones de género, edad, raza, religión, "etnia", etcétera. Sorprende un poco que las universidades, siguiendo el modelo de los campi estadounidenses, se hayan convertido en lugares de justificación de esta competencia acérrima y de confusión de la academia -que debiera ser creativa como tal - con el activismo. Este, desde el 68, no ha sido precursor de ningún adelanto democrático, sino garante de las justificaciones ideológicas que ha necesitado el capitalismo  para quebrar la unidad de quienes son productivos y re-producen la vida en sociedad.

AQUÍ NO HA PASADO NADA

 Hablar de la caída de la Unión Soviética, en 1991, es un asunto tabú en lo que se conoce como "Occidente", y se reduce a reaccion...