Mi lista de blogs

lunes, 29 de noviembre de 2021

ESTADO, PARTIDO, ACTIVISMO

 Un partido político puede cumplir muchas funciones, y en alguna época se consideraba de importancia saber organizar y tener y difundir una ideología precisa, antes de que los autodenominados "demócratas liberales" tomaran a mal la palabra "ideología" sin siquiera entenderla. Los partidos políticos podían ser el lugar para recibir una educación política, y no nada más para fines electorales, con el subsecuente reparto de cargos.

     Alrededor del año 1936, se intentó en la Unión Soviética, sin éxito, que el partido oficial se viera obligado a competir con otras organizaciones en elecciones. La razón era la siguiente. Si se ocupa un cargo en el Estado, se debe tener la preparación profesional para ejercerlo. Dicho de otro modo, si se está en Turismo es porque se sabe de turismo, si se está en Trabajo es porque se conoce el mundo laboral, si en Hacienda porque se sabe de finanzas, etcétera. Nadie puede justificar por ejemplo que, como efectivamente ocurrió, Ernesto Che Guevara ocupara en Cuba ministerios de asuntos sobre los cuales él no sabía absolutamente nada (Industrias), o como la dirección del Banco Nacional. Puede que haya sido austero, pero como quiera, no sabía de economía. En principio, un sociólogo no es lo mejor para la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. De lo que se trataba cuando Stalin, Mólotov y Zhdánov trataron de impulsar reformas en la Unión Soviética era de que el partido bolchevique no se convirtiera en el canal para escalar y llegar a cargos sin tener experiencia para ellos, sino por el solo hecho de "ser del partido". Se puede agregar que ésto podía dar lugar a la reproducción de sistemas clientelares en nombre de lo que se entendiera por "política", y desde luego que a la falta total de profesionalismo. Las reformas fracasaron y no hubo lugar para elecciones competidas: los dirigentes partidarios, en distintos niveles, sabotearon las iniciativas encabezadas por Stalin, y se abrió la puerta a que, en nombre de la adhesión ideológica o del hecho de compartir ciertas creencias, se colaran a cargos del Estado "los del partido" sin la menor experiencia ni preparación, aunque proclives a incondicionalidades de otro tipo. 

     En Cuba pasa: la habilidad para hacerse de relaciones, a costa de las convicciones y de algún oficio, puede dar en la recompensa de ser un eterno agregado cultural en una embajada sin tener la menor idea de la diplomacia. Lo descrito frenó el desarrollo de la Unión Soviética, reproduciendo probablemente hábitos feudales, como contribuye al burocratismo en Cuba.Insistamos: la habilidad para una "política" mal entendida crea ineptitud y no está exenta de la búsqueda de beneficios personales sin verdadero respaldo en el mérito.

      No debería llamar lo dicho a escándalo. En México, los "chapulines" tomaron la costumbre, desde temprano con el Partido Revolucionario Institucional (PRI), de saltar de cargo en cargo independientemente de qué se tratara, y gracias a la afiliación "al partido". Hay gente que ha hecho "carrera" -es un decir- así sin siquiera defender los postulados priístas. Bien se puede tomar el caso de alguien de moda: Enrique de la Madrid Cordero, hijo del difunto Miguel de la Madrid, presidente de México entre 1982 y 1988. De formación abogado y aunque con maestría en Administración Pública, De la Madrid Cordero ha sido secretario de Turismo, sin que quede claro qué sabe del asunto. Fue también director de Financiera Rural, lo que no tiene nada que ver con Turismo, director del Banco Nacional de Comercio Exterior, lo que no tiene que ver con el agro ni con turismo, y coordinador en la Comisión Nacional Bancaria y de Valores. Es probable que se trate de cargos "políticos", aún con ciertas habilidades para la administración pública. Desde luego, cabe preguntarse qué podían estar haciendo en cierta época escritores al frente de embajadas: Octavio Paz o Carlos Fuentes.

      En estas condiciones, en las que se recompensan habilidades para las relaciones, prestigios y capacidad para los tráficos de favores, no puede haber profesionalización impersonal del servicio público ni por ende posibilidades de atender realmente el asunto para el cual se ha sido designado. Ahora bien, el premio al activismo tampoco es garantía de profesionalismo ni de trabajo bien hecho, y es en parte el problema de algunos gobiernos progresistas (algo que se está tratando de romper muy notoriamente en Bolivia, por ejemplo), como el de Andrés Manuel López Obrador: existen casos flagrantes que no debieron haber sido, como una magistrada al frente de una secretaría tan delicada como la de Gobernación (Olga Sánchez Cordero), que merece un perfil más "policíaco" (con perdón), un "chapulín" al frente de Seguridad y Protección Ciudadana (Alfonso Durazo, ingeniero civil y abogado), otro al frente de Educación Pública (Esteban Moctezuma, economista) o, para no perder la costumbre, alguien ajeno al oficio al frente del Fondo de Cultura Económica (FCE), que incluye una revista de economía, El Trimestre Económico, entregada a "los amigos" por filiación ideológica: Francisco Paco Ignacio Taibo II luce tan mal como Miguel de la Madrid o José Carreño Carlón (abogado), a diferencia de un Arnaldo Orfila, conocedor del oficio de editor. Tampoco queda claro que la decencia haga a una licenciada en lengua inglesa y maestra en administración pública una economista, como Tatiana Clouthier (Secretaría de Economía).A la izquierda puede darse lo mismo que al centro o a la derecha si no se está en una institucionalización sólida: la reproducción de hábitos clientelares arcaicos, y con la ineptitud y el alejamiento de las necesidades reales de la gente como resultado. La falta de profesionalismo y de trabajo en profundidad no es algo que se arregle comprándose a la gente con ayudas sociales, sin organizarla ni darle educación y cultura, ni al amparo de la justificación moral del activismo. Diversas experiencias históricas muestran que intención y voluntad no bastan: hace falta dotarse de las condiciones objetivas para lograr eficacia, lo que no se pudo en la Unión Soviética de 1936, ni en el México de un Partido Nacional Revolucionario (PNR) que estaba llamado por sus fundadores a participar en elecciones competidas. López Obrador pensó en buena medida en "la alianza política más amplia posible", pero siguió siendo "política", por lo demás con frecuencia ligada a "nombres", antes que profesionalismo en el hacer (por cierto hay secretarios completamente ausentes, como el de Agricultura y Desarrollo Rural o el de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano). El estilo, muy presidencialista (lo que no debiera llamar la atención en un país de régimen históricamente muy presidencialista), no deja de ser el del activista, con la arenga y el gusto por irse a pueblear y darse "baños de pueblo": éso no hace un estadista, "persona con gran saber y experiencia en los asuntos de Estado", según la definición más socorrida. López Obrador no tiene estas cualidades, así sea porque tampoco se han requerido siempre en el sistema mexicano (Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón o Vicente Fox tampoco las tuvieron, y se puede ir en realidad más lejos en el examen de la crisis de autoridad en nombre del "antiautoritarismo"). Esta historia continuará...Y que no se llegue a que cualquiera podría estar en la figura...


 




     

sábado, 27 de noviembre de 2021

AFGANISTÁN CAVERNARIO

 Una de las cosas llamativas del presidente estadounidense Joseph Biden está en haber considerado a Irak como invitado a la Cumbre Virtual de las Democracias, considerando que el país de Oriente Medio no existe plenamente como tal.

     Luego de la invasión a Irak, Estados Unidos tomó la decisión de desmantelar el ejército de ese país, con lo que muchos soldados quedaron sin empleo ni paga. Para obtener una, fueron a enrolarse al Estado Islámico de Irak y Levante (EIIL, también conocido como Estado Islámico), sin ser siquiera extremistas, sino incluso antiguos miembros de un gobierno secular.

     Con su reciente retiro de Afganistán, Estados Unidos logró algo similar: la desbandada del ejército, en el que más que "grandes defensores de la democracia" estaba gente medio hambrienta en busca de paga. Estos enrolados no forzosamente se pasaron en masa al talibán. Hay información de que no faltan quienes han optado más bien por enrolarse en el Estado Islámico de Khorasan, también con tal de obtener algún dinero. Este Estado Islámico (ISIS-K, por sus siglas en inglés), si bien por ahora no puede desafiar la fuerza del talibán, podría adquirir si se engrosan sus filas la capacidad no sólo para desestabilizar Afganistán, sino también el sur del Asia Central ex soviética.

      Dada la diversidad del país, no todos comparten la hegemonía pashtún en el talibán. Por ejemplo, el EI-K es una oportunidad para los tayikos de Afganistán, y con la ilusión de infiltrarse en la república ex soviética de Tayikistán para armar problemas. Alguien supo en algún momento lo que hacía, puesto que fuerzas del Estado Islámico derrotadas en Siria por los rusos fueron desplazadas masivamente a Afganistán.

     No hay lugar donde intervenga Estados Unidos que no acabe como Estado fallido, salvo excepciones. Ahí están casos como los de Somalia y Libia. En este sentido, es falso que los estadounidenses se interesen por alguna "construcción de naciones". No es a lo que fueron a Afganistán. Ahora, queda la formidable capacidad estadounidense para tomarle el pelo a la opinión pública: para "ayudar a la retirada", Estados Unidos mandó suficientes soldados a la capital afgana, Kabul, para mantener cierto control sobre lo que acontece en Afganistán al menor costo.

      Recientemente, Estados Unidos ha advertido que el ISIS-K podría atacar Estados Unidos. Es lo que ha afirmado Colin Kahl, subsecretario de Defensa estadounidense. La "idea" es buena para buscar mantener control sobre Afganistán y hacérselo pasar a la dizque "opinión pública", que repercutirá lo que tenga que repercutir.

     Es poco probable que Estados Unidos no haya calculado los efectos de la retirada en Afganistán. Ya se dice en la prensa en estos momentos que los preocupados son los chinos, los rusos e Irán, aunque los primeros se acercaron precipitadamente a los talibanes. La idea de crear problemas en la periferia de la ex Unión Soviética no parece haber desaparecido, a juzgar también por los problemas que se armaron en una provocación con migrantes en la frontera entre Belarús y Polonia y la manera de armar a Ucrania. Estados Unidos sabe calcular sus intereses, aunque le importe poco pensar -y pensar no es calcular- en las consecuencias: si las pagan otros, no aparecerán ni en las noticias. Por cierto, ¿No podría Occidente aliarse con gente algo menos cavernaria que la de esta foto del ISIS-K?



miércoles, 24 de noviembre de 2021

EU: A LIDEREAR, PUES

 Al parecer, no hay muchas formas de entender la democracia y debe quedar, como lo ha querido desde hace tiempo el ensayista mexicano Enrique Krauze, como "democracia sin adjetivos".

     El hecho es que, al ser electo, el presidente estadounidense prometió que Estados Unidos "volvería a liderear" y parece ahora dispuesto a hacerlo con la convocatoria a una próxima Cumbre Virtual de las Democracias a la que están invitados más de un centenar de países. Hay algo desagradable, y es la tendencia a considerar como "no democrático" a cualquiera que se desvíe de una forma única de ver la democracia, desde un punto de vista formal. En rigor, lo mínimo que puede decirse es que el convocante no es demasiado democrático: en primera porque, si la democracia es etimológicamente "el gobierno del pueblo", en Estados Unidos el pueblo es marginal ante la masa; y en segunda porque quien toma las grandes decisiones en Estados Unidos es una plutocracia, junto al inamovible "Estado profundo". Probablemente haya gato encerrado, como lo ha habido en otras gloriosas clasificaciones estadounidenses de lo más simplistas: Imperio del Mal, Eje del Mal, Estados "parias" o "canallas", a conveniencia. Ahora se estila creer que "la democracia está en peligro" no por lo que le imponen los grandes poderes económicos y mediáticos, sino por el surgimiento de una fauna de supuestos "autócratas", "populistas" y "neofascistas". Algo que tal vez se pudiera pedir, para quienes ven fascismo un poco por doquier, es que dejen de colgarse la medalla del combate a este fenómeno: pasó hace tiempo, lo derrotaron básicamente los soviéticos y no es agraciado saludar con sombrero ajeno, mostrando por lo demás un total desconocimiento de lo que fue el fascismo o el nazi-fascismo. Hay ni sé qué nueva manía entre izquierdistas caviar, procubanos y autodenominados "demócratas liberales" a reclamar para sí un intensa lucha contra el "neofascismo" que no pasa de las palabras y las conferencias universitarias. Al parecer, más que de pensar se trata de ponerle etiquetas a los productos ("Cuidado, este producto contiene un exceso de azúcares y de fascismo"). Por lo demás, hartan los llamados a "la resistencia" que por sí mismos no tienen nada o casi de constructivos. Y se pasa por alto tendencias medio fascistoides como la de algún país a declararse "indispensable" o "excepcional" y por ende "por encima de los demás". En fin, nunca es tarde para intentar algo así como un "fascismo amigable".

     Biden incluyó en su Cumbre a Taiwan y no a la República Popular China: más allá de la pifia diplomática, China no puede verse como "democracia" desde el momento en que se ha llegado a considerar que socialismo y democracia se excluyen por definición, así cualquier libro de texto occidental bien nacido reconociera hasta hace pocas décadas que muchos países socialistas se llamaban "democracias populares". Asimismo, se excluye a Rusia por ser una "autocracia", lo que no corresponde en absoluto a la forma de gobierno en Moscú, pero sí al estereotipo que vende. Bien podría decirse que son preferibles las democracias "de negocios", eufemísticamente llamadas de "libre mercado". Turquía está fuera por tantas volteretas y, aunque no deje de causar cierta sorpresa, no se puede incluir a las monarquías petroleras del golfo Pérsico. La inclusión de "organizaciones de la sociedad civil" es una gentil invitación a seguir en el maniqueísmo sociedad civil vs Estado para invitar, cuando se pueda, al recurso de los "golpes blandos".

     El proyecto de Biden se enmarca en algo más ambicioso: rescatar a un capitalismo en crisis -y en particular a los grandes especuladores- con la reconversión a la "economía verde" y la creación del criterio ESG ("ecológico, social y de gobernanza") para orientar con premios y castigos los flujos de dinero a los países del mundo, para ver si "califican o no". Es lo que se trae el gran capital para orientar inversiones y préstamos o cooperación: decidir si un país es democrático, de "libre mercado" y si cumple con los criterios ESG, además. El cambio climático está sirviendo de buen pretexto para hacer pasar el proyecto.

     No queda claro si Biden piensa violar la regla de oro de la beligerancia estadounidense (no abrir nunca al mismo tiempo el frente ruso y el chino), o si piensa "más en grande", lo suficiente para armar un pleito mayúsculo que llevaría a una nueva bipolaridad entre "buenos" y "malos" que los grandes medios de comunicación, la mayoría de la intelectualidad y parte de la izquierda repetirán como pericos, cotorras, cacatúas y papagayos, saturándolo todo con un binarismo que vuelva imposible cualquier razonamiento. Biden va en grande, aunque tal vez a sabiendas de que no puede ir más allá de cierto intento de "disuasión": sus grandiosos planes para Estados Unidos ya se estrellaron con la falta de presupuesto en Estados Unidos, y en esta medida se sigue en lo característico de los Demócratas desde los años '90: el capitalismo del fraude, con toda una pléyade de intelectuales dispuestos a tomarse en serio lo que no es en rigor más que una tomadura de pelo. Amamos cualquier clase de éxito; aunque, para estafar, los Clinton y los Obama eran inigualables en comparación con la parejita Biden (see picture). A ver si consigue despegar.




lunes, 22 de noviembre de 2021

CHILE: EN DISYUNTIVA

 Jugamos como nunca y perdimos como siempre. El ultraderechista y admirador del dictador Augusto Pinochet, José Antonio Kast, se alzó con la victoria en la primera vuelta de las elecciones chilenas, con cerca del 28 % de los votos, lo que no es desdeñable. Le siguió el izquierdista Gabriel Boric, de Apruebo Dignidad (Frente Amplio +Partido Comunista), con casi 26 % de los votos. Pareciera haber en la sociedad chilena una polarización que remplazó a la alternancia de partidos tradicionales, aunque el Comunista es por cierto un partido tradicional. Con Marco Enríquez-Ominami, el progresismo quedó muy abajo, con poco más del 7 % de votos, y mucho dependerá de lo que hagan en la segunda vuelta los partidarios de Franco Parisi (Partido de la Gente), quien hizo curiosamente campaña desde Alabama, Estados Unidos, y se encontraría a la derecha del espectro político.

     La verdad es que no hay tal polarización. No la hay en la medida sobre todo en que Boric, de 35 años, está lejos de representar a la izquierda tradicional, pese al apoyo recibido de los comunistas, y no tiene mayor cosa que ver con los socialistas, ni con alguna corriente de ultraizquierda. Antiguo líder estudiantil, cercano a Giorgio Jackson, a su vez no muy alejado del magnate húngaro-estadounidense George Soros, Boric presentó un programa que parece hecho por algún organismo internacional, y que sobresale por lo nulo que resulta en materia de cultura. Boric está más preocupado por los temas de moda, muy al estilo Demócrata estadounidense: el feminismo, el cambio climático y los pueblos originarios, a tal punto que buena parte de las propuestas en materia de trabajo terminan derivando hacia asuntos de género. Ciertamente, Boric retoma el sentido de las protestas estudiantiles en Chile para fortalecer al Estado en la educación y la salud, pero gran parte del resto está muy orientado al estilo Demócrata ya mencionado, al grado de que hay temas ya completamente ausentes, como el de la orientación de la política exterior, tal vez justamente porque la agenda está "transnacionalizada", a diferencia de la de Kast. Se llega en Apruebo Dignidad a cosas tan simpáticas como la protección de los afrochilenos. Curiosamente, las propuestas económicas de Boric también terminan derivando hacia asuntos de género. No hay novedad: subir algunos impuestos, crear "impuestos verdes", muchas de las propuestas las firmaría con agrado el presidente estadounidense Joseph Biden, aunque, ciertamente también, hay iniciativas interesantes en el terreno del control de la minería del litio y del cobre.

     Se puede pensar sin mucha dificultad que hay suficientes medidas en materia de educación, salud, economía, vivienda y producción del campo para apoyar a Boric, ante un Kast que es más bien un "reincidente". Es falso que Chile haya tenido una "gran tradición democrática" interrumpida luego del sacrificio del presidente Salvador Allende en 1973. La de Chile es una tradición de la hacienda y militarista, algo muy bien demostrado por el estudioso Jorge Larraín, tradición que no dudó por ejemplo en cruentas represiones a los obreros (como la de Santa María de Iquique a principios del siglo XX), ni en usar la traición, de la guerra contra José Manuel Balmaceda a finales del siglo XIX al periodo de Pedro Aguirre Cerda en el siglo XX. No es porque no es bananero que la lucha obrera en Chile no ha tendido hasta cierto punto a ser "de enclave", concentrándose en el norte minero. El pinochetismo no fue una "interrupción", mucho menos anómala, y prueba de ello está en la popularidad alcanzada por Kast en esta primera vuelta de las elecciones. En rigor, Chile no tiene algunas de las bases necesarias para enrumbar hacia el desarrollo, algo distinto de la opulencia a crédito para una parte de la población. El programa de Boric y los resultados Constituyentes pueden enrumbar hacia un cambio democrático-burgués, y no está mal, pero también hay muchos distractores. Como sea, Kast, que no es el fascismo, mostró su fuerza y las cosas se resolverán hasta la segunda vuelta de las elecciones. (Cueca chilena: da click en el botón de reproducción).



sábado, 20 de noviembre de 2021

MORIR COMO EN ENERO

 El muy buen escritor mexicano, Enrique Serna, no exento de pifias como su último libro (El vendedor de silencio), sabe de humor, pero agarra desde hace algún tiempo la costumbre de pronunciarse sobre política de tal modo que parece querer quedar bien -agregándole talento- para ganarse favores, sea en Letras libres o en Milenio. Para Serna, Cuba es una "dictadura" (lo que tal vez sea si se ignora el significado de la palabra), lo de hace algún tiempo fue "una insurrección cívica espontánea" (es muy fácil probar que fue en gran parte orquestada), las manifestaciones en la isla las reprimen "hordas de fascistas" de "pañuelos rojos" (ahora fascismo ya vale para absolutamente todo) y la molestia de los cubanos da en "una revolución de terciopelo" en ciernes (sería la segunda, después de que se conociera para quien lo deseara la forma de operar de la primera en Checoslovaquia, entre otras cosas con muertos inventados), a juzgar por el autor de "el miedo a la rosa blanca", que no deja de apreciar el arte que apoya al "movimiento social" cubano.

      Lo interesante en el texto de Serna es la idea -que lo es- de que los cubanos estarían dejando de ser súbditos para pasar a ser ciudadanos. Es una observación llamativa, hasta cierto punto, a reserva de que seguramente ignora algunas innovaciones de la más reciente Constitución cubana. Se supone que todos los ciudadanos tienen los mismos derechos y que son iguales ante la ley. De este modo, en vez de extraviarse poéticamente en asuntos que no conoce, Serna podría lanzarse a buscar el establecimiento real de la ciudadanía en México y en otros lugares de América Latina. En México, salvo que el asunto se resuelva simplemente votando (y por lo demás recordando que el respeto al voto es algo tan reciente que data apenas de 2018), simplemente no hay ciudadanos, porque la ley no opera para prácticamente nadie, salvo para los poquísimos que pueden comprársela y conseguir por ejemplo amparos para cualquier cosa. Serna puede ver cuántos delitos quedan impunes en México (94.8%, aunque la verdadera probabilidad de que un delito sea resuelto es del 0.9 %, considerando lo que no se denuncia), qué cantidad de gente está en prisión sin sentencia ni culpabilidad (42 % de los presos son inocentes) y cifras por el estilo: desde luego, en condiciones como las descritas no puede haber ciudadanía, por lo que se entiende que Serna habla desde un lugar que no es el de "los derechos y las libertades", México. Podría escribirse un pequeño artículo con algo de poesía -con todo y la muy martiana rosa blanca- para Brenda Quevedo Cruz, víctima de los abusos de poder interminables de la señora Isabel Miranda de Wallace, o para Israel Vallarta, casos que de manera inaudita el actual gobierno mexicano no ha conseguido resolver, mientras se lanza, con verdadera vocación de estilo estadounidense, a montar una Comisión de la Verdad que investigue la "guerra sucia" de 1965 a 1990. Hasta ahora, ni siquiera se ha conseguido aportar algo definitivamente nuevo sobre el caso Ayotzinapa. Es muy difícil de garantizar la erradicación de la corrupción, objetivo del gobierno de López Obrador, si se mantiene un "sistema" de Justicia como el actual, y con una "opinión pública" como la actual: mientras el fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, no consigue terminar de demostrar que los gobiernos previos al actual se dedicaron al saqueo (de la "Estafa Maestra" a Petróleos Mexicanos-Pemex), la oposición está más empeñada en paralizar al mismo Gertz aprovechando sus errores (lo que jurídicamente se conoce como mala fe), como "presunto científico" y otros, aunque no todo es inventado. No deja de resultar alegre defender la gran autonomía de un Poder Judicial que simplemente no funciona, por no decir que no está más que de florero. ¿Que la oposición haya tocado el tema? Está más ocupada en poner orden en Cuba o en Nicaragua.

      Se pueden tomar otros casos. Cualquiera que eche una mínima mirada al modo en que han venido operando todas las dependencias encargadas de impartir Justicia en el Ecuador desde el periodo del anterior presidente, Lenín Moreno, puede darse cuenta de que en el país sudamericano el estado de Derecho simplemente no existe, por lo que puede pensarse que tampoco la ciudadanía. Si es un país demasiado pequeño, puede tomarse el caso de Brasil: la "puerta giratoria" es para todo el mundo. Lo espléndido de casos como el de Enrique Serna está en festejar, rodeado de súbditos (y esperemos que no de algo rayano en la esclavitud), que los cubanos estén pasando de súbditos a ciudadanos, en vez de masacrarse con algarabía en las cárceles, como acaba de volver a ocurrir en el Ecuador (dos motines con 190 muertos en lo que va del año en la Penitenciaría del Litoral). Si es lo que dice Serna, entonces Cuba se está adelantando a parte de América Latina, al menos, donde nadie sale en "60 ciudades y pueblos" a pedir por "los derechos y las libertades". En efecto, tal vez tenga razón Serna: vale la pena que una sociedad se ciudadanice y deje la servidumbre en un océano en donde ni siquiera puede hablarse propiamente de sociedad, porque impera la ley de la jungla. 

    Lo peor está en afirmar que "(...) los herederos del castrismo se aferran a sus privilegios de casta con métodos propios de Fulgencio Batista": muy bien, que se le aplique a cualquier opositor al gobierno cubano lo que el régimen batistiano le hizo a Abel Santamaría. Es de dudarse que "alguien" como Serna lo sepa. El cantautor cubano Silvio Rodríguez le dedicó esta canción (da click en el botón de reproducción) a quien le quemaron los brazos y le vaciaron el ojo para mostrárselo a su hermana. Se reta a quien quiera demostrarlo a que lo haga, o se está hablando por hablar: que el gobierno cubano tiene este tipo de prácticas.



     

jueves, 18 de noviembre de 2021

CAPITALISMO CON BENDICIÓN

 El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, acusado por su manejo de la epidemia de la Covid-19 de "genocida" por el líder izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, nunca suprimió el programa estrella del segundo, Bolsa Familia, que ayudó a algunos millones de brasileños a salir de la pobreza extrema y la pobreza, y tuvo resultados, no demasiados, en materia de combate a la desnutrición infantil y para la educación. Apenas ahora se planteó cambiar dicho programa por otro, Auxilio Brasil, que durará por lo pronto hasta 2022. Bolsonaro sostenía que Bolsa Familia era, para el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula, una manera de comprarse los votos de los pobres. Lo llamativo es que ahora es Bolsonaro quien está acusado exactamente de lo mismo de cara a las elecciones brasileñas de 2022.

     Bolsa Familia es algo que fue celebrado por ejemplo por el Banco Mundial. No falta algún representante del gran capital, como lo es el presidente estadounidense Joseph Biden, que no deje de recurrir a medidas de ayuda para los más pobres. Y a su modo, en síntonía con Biden (quien también propuso cambios en los impuestos), el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador propuso recientemente ante Naciones Unidas este tipo de transferencias a escala planetaria. Lo particular de López Obrador es que aspira a que estas ayudas sociales lleguen a la gente pobre sin que haya intermediarios, de tal forma que se minimice el potencial uso clientelista del dinero.

     Lula hizo las cosas de lo más contradictorias: Bolsa Familia junto con permitir la acelerada desindustrialización de Brasil. López Obrador no es ajeno a contradicciones similares: desde el principio del sexenio ha sido advertido de que las ayudas sociales no resuelven para nada los problemas de fondo de la economía mexicana, aunque hay algo más de novedoso: el dinero sale, en principio, de lo ahorrado en el gobierno al lucharse contra la corrupción, lo que no era el caso de programas sociales de gobiernos anteriores. Es muy pronto para juzgar de los resultados de esta lucha, que también ha emprendido a su modo el presidente salvadoreño Nayib Bukele, expresando que "si nadie roba alcanza para todos". El hecho es que, hasta ahora, en México el programa estrella es el de ayuda para los adultos mayores. No es seguro que otros programas estén funcionando tan bien y entre los peor evaluados están, por cierto, los que tienen que ver con las Universidades del Bienestar Benito Juárez.

     Este tipo de ayudas, como este tipo de insistencia en el "bienestar", no deja de tener un origen keynesiano, aunque el Estado no esté despilfarrando para financiarlas. Esto quiere decir que, de manera indirecta, se trata de evitar que no se caiga el consumo porque se vería perjudicada entonces la iniciativa privada, que no tendría a quién vender. Lo que queda claro, y le ha sido señalado desde el principio a López Obrador, es que estos programas sociales no resuelven ningún problema de fondo, aunque si solventan el consumo en medio de una prolongada crisis capitalista. Como sea, las ayudas tampoco son sensacionales en sus montos, antes al contrario, ni existe orientación clara sobre el modo en que se pueden usar, lo que sí es en cambio el caso de Bolsa Familia, por lo que mejoraron indicadores de nutrición y educación (Bolsa Familia condicionó la ayuda al recibimiento de educación). Pese a la eliminación de intermediarios, las ayudas sociales en México no conllevan ninguna orientación para su uso: un estudiante "becado" puede por igual comprarse libros que gastarse lo recibido en cervezas. No es el caso de El Salvador, dicho sea de paso, donde el gobierno ha estado orientando el gasto hacia infraestructura vial, reparación de escuelas y construcción de hospitales, por ejemplo.

      Jair Bolsonaro llevó a cabo durante un tiempo de la crisis sanitaria la renta básica universal. Esta idea la promueven desde el Foro Económico Mundial de Davos, explícitamente temeroso de protestas sociales, hasta el muy gentilmente caritativo Papa Francisco. No queda muy claro por qué -como sucede con la ayuda a los adultos mayores en México- se universaliza en vez de focalizar, y tampoco está entonces claro por qué se debería restarle a quien lo necesita para darle a quien francamente no lo necesita. La creencia que subyace, "derechohumanitaria" llevada al terreno económico, es que todos los seres humanos son iguales porque toda vida es en sí misma respetable, lo que es jurídicamente cierto, y de manera muy abstracta: no se puede colegir que no haya diferencias de fondo (más allá de las que están de moda: de género, raciales, incluso de ingreso...) que lleven a poder distinguir entre un ser humano realmente humano y otro inhumano, aunque sea por el hecho de llevarse una parte de riqueza que no ha para nada creado y que, en este sentido, no debiera pertenecerle, por el solo hecho de ser propietario privado. Es "el valor de la persona humana" al margen de toda consideración ética, de palabra y sin tomar en cuenta hecho alguno, mucho menos si es social. No cuentan las diferencias basadas en el trabajo, en el esfuerzo, en el mérito, en los valores, etcétera, sino que toda vida es igual a otra por el simple hecho de ser vida, "condición humana", "naturaleza humana": para el caso, se le podría dar la misma ayuda social a un productor que a un parásito, el mismo trato a un verdugo que a su víctima, el mismo gusto a un libertino que a un decente, hasta caer en lo que ya se pregona desde hace rato, contra la posibilidad de hacer juicios de valor: no existe manera de discernir y por este motivo algunos programas de ayuda social e ideas como la de una renta básica universal empujan en el sentido de perder el discernimiento, por la creencia de que fuera de "la vida" en general no existe ningún patrón de medida, mucho menos socialmente establecible, que pueda fijar un "más allá" de cada individuo por separado.

     Hay etapas por las que pueden pasar países subdesarrollados, sin que les hagan mayor mal, pero de lo que se trata es de buscar salvar al capitalismo. Hay que observar quiénes proponen la renta básica universal. Así sea -como debe ser- con bendición papal. !Salud!


 


martes, 16 de noviembre de 2021

MÉXICO: DEFINITIVAMENTE DOMINGO

 Se le atribuye al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, la creencia de que "la política es el arte de escoger entre inconvenientes". Cabe preguntarse qué ocurre cuando la pesada herencia del llamado "neoliberalismo" no deja más que inconvenientes: uno de ellos es que una parte de la clase media se sienta con derecho a "apadrinar al pueblo" sin promover a gente del mismo pueblo a ningún cargo ni permitirle una movilidad ascendente de verdad al poder, algo que por lo general se rehúye (o ni siquiera se piensa).

     Uno de los resultados puede ser el manejo de ciertos programas sociales en un estilo de hacienda, como lo hace por ejemplo la señora "universitaria" Raquel Sosa Elízaga en las bastante fallidas Universidades del Bienestar Benito Juárez. Simplemente se trata -y denegando con toda arrogancia el reclamo popular- a gran parte de los maestros como a peones sin derecho alguno, en un asunto que ya lleva un buen rato y que es un desperdicio para un proyecto no tan malo, pero en manos equivocadas, sin que López Obrador se dé mayor cuenta. Eso sí, el trato a muchos maestros como peones de hacienda no es un invento de la funcionaria mencionada, puesto que a ciertos niveles la universidad pública no procede mejor con su tropa de asignatura.

     Otro ejemplo es el del inamovible sinverguenza de origen estadounidense John M. Ackerman. Por si no se ha dado cuenta Guillermo Sheridan (y no puede hacerlo), quien logra combinar la más refinada mala fe con la grosería maliciosa, en otro legado del estilo populista, Ackerman no hace más que reproducir, como su mujer y Dios se lo dan a entender, lo que puebla Nexos o Letras Libres: el hábito clientelar, que se acompaña de acaparamiento y de una muy peculiar forma de endogamia, con la alegre participación de toda (o casi) la intelectualidad lópezobradorista. Es así que, gracias a que la universidad pública no hace mucha academia pero sí mucha política y muñequeo en exceso, el de origen gringo (porque ésto le da un estilo desembozado a su cinismo, con menos máscara) puede publicar con "editoriales de reconocido prestigio" (que se prestan) pseudolibros sin más valor que el que les otorga la coyuntura, y en lo que se embarca lamentablemente a personas con ética como el ex mandatario ecuatoriano Rafael Correa (sin que se salve en cambio demasiado el “Demócrata “ ex funcionario del Ecuador, Rene Ramírez Gallegos). No falta la voz de personas fallecidas que, luego de haber creado sectas de abuso sexual, literalmente, consiguen encima colarse para "darle la vuelta a la muerte", es decir, para cumplir con el anhelo de más de un intelectual en América Latina: "trascender", desde luego, de tal forma que algunos se crean que están ante un ser inmortal al que lo inhumano le es por lo mismo perfectamente permitido, hasta llegar al desdoblamiento entre lo que se escribe y se "dicta" y lo que se hace con los demás con la actitud en el día a día. Es lo mismo para la señora Sosa Elízaga, y se puede leer en el rostro la ínfula y la incapacidad para mover un solo músculo de alguna emoción. 

     A la mitad del sexenio, la cultura y la educación parecen ya casi definitivamente perdidas en el lópezobradorismo, que en este terreno es, como lo sugiriera hace poco con delicadeza Armando Bartra, incapaz de construir, porque -tal vez para "trascender"- es más fácil pasársela en la "resistencia". No deja de ser algo simpático que gente del lópezobradorismo como Pedro Miguel o Epigmenio Ibarra siga en una feroz "resistencia"...ante una oposición más bien nula, y que encima se roba tranquilamente los temas y lemas de la izquierda (en efecto, son ahora los "demócratas liberales" quienes están en pié de lucha contra el "pensamiento único" y en un plan de "hasta la victoria, siempre").

     Algo no está nada bien en esta conducción de clase media que no permite el ascenso de gente de abajo, que por lo demás necesita ser educada, formada y vuelta consciente, por más "buena" que parezca en su espontaneidad. No queda claro por lo demás si una parte de esta "gente buena del pueblo", como el Bryan o el Brandon, no está en espera de un estilo de vida que termine de hacerle perder sus raíces. ¿Lo que se ofrece es un estilo de vida en lugar de educación, cultura y desde luego, trabajo? (foto: el señor De la Concha).




AQUÍ NO HA PASADO NADA

 Hablar de la caída de la Unión Soviética, en 1991, es un asunto tabú en lo que se conoce como "Occidente", y se reduce a reaccion...