En principio, el sistema electoral venezolano es muy fiable, y ha sido reconocido internacionalmente. Con todo, no pueden excluirse anomalías. Lo que llama la atención es que Venezuela ya no es el país de Hugo Chávez, sino un país muy dividido, puesto que el presidente Nicolás Maduro ganó con apenas poco más de la mitad de los votos, y la oposición tuvo una votación alta, de casi el 45 %. Venezuela se coloca así entre tantos países latinoamericanos partidos a la mitad, prácticamente, por lo que el "momento progresista" álgido pasó. En estas circunstancias, no es extraño ver envalentamientos de parte y parte.
Pese al nombre del partido en el gobierno (PSUV-Partido Socialista Unificado de Venezuela), Venezuela no tiene nada de socialista, y es algo que Maduro y allegados no mencionan. Más bien hacen lo siguiente: persiguen duramente, por ejemplo, al PCV (Partido Comunista de Venezuela), llegando a encarcelar a algunos de sus líderes, pero nunca tocaron a Juan Guaidó. El artífice de un fuerte anticomunismo en el gobierno venezolano es Diosdado Cabello, parte de la dirigencia del PSUV. No queda nada del "socialismo del siglo XXI" que enarbolaba Chávez y el PCV se pasó a la oposición, finalmente.
Maduro no ha mantenido la búsqueda de la integración regional que buscaba Chávez. Va menos a Cuba. Desde 2022, como ya hubo ocasión de decirlo, regresó la petrolera estadounidense Chevron a Venezuela, y hace poco obtuvo autorización local para quedarse hasta 2050. Con el beneplácito de la vicepresidente Delcy Rodríguez, Venezuela se abrió al Global Gateway, iniciativa de la Unión Europea (UE) destinada a contrarrestar las "nuevas rutas de la seda" chinas. Rusia no está entre los principales socios comerciales de los venezolanos. El presidente estadounidense, Joseph Biden, había estado suavizando las sanciones desde el año pasado.
Hay un elemento clave para comprender qué puede molestar de Maduro. El destino principal de las exportaciones venezolanas sigue siendo Estados Unidos, con un 46 %, siendo que Venezuela se dedica ante todo al petróleo. Luego sigue China. Sin embargo, Venezuela importa en primer lugar de China. Hace rato que, en distintos lugares, la administración Biden ha tratado de limitar los intercambios latinoamericanos con China: es parte de los problemas que hay en el Ecuador y en Bolivia, donde la inversión china molesta a Washington, capital estadounidense. No es que China deba quedar fuera, pero sí subordinada, como por ejemplo con la presidente Dina Boluarte en el Perú: un poquito, pero no mucho de chino. En este sentido, pese a la fuerza de los vínculos con Estados Unidos, Venezuela es molesta, y ya no por iniciativas como las de Chávez, que a Maduro no le pasan por la cabeza. La situación venezolana es así muy distinta de la de Cuba y la de Nicaragua. Según lo que reporta el Ministerio de Industria y Fomento nicaraguense, Estados Unidos no es un socio comercial importante de los nicaraguenses, cuyo comercio exterior está muy diversificado, pese a incluir a China (incluye también a Cuba, y por cierto que también a Japón, Corea del Sur e India, entre otros). Aunque Estados Unidos es un socio importante, con cerca de la mitad del comercio, Nicaragua diversifica mucho con países centroamericanos y México. No depende fuertemente de un solo producto como el petróleo, y sí más de maquila, aunque también de oro, café, tabaco, azúcar y carne. El comercio con China es el 0,44 % del total. Nicaragua comercia también con países de la UE. Venezuela, entonces, es algo distinto y que molesta, porque "ejemplo", no es para nadie: no hay modo de salir del rentismo petrolero, hay cerca de ocho millones de venezolanos en el exterior y mal manejo de la economía. Dado ese problema de rentismo, no es seguro que la oposición, demasiado ligada a Estados Unidos, pueda hacerlo mejor. (da click en el botón de reproducción).
Parte de la eficacia de la ideología está en operar lo que se conoce como "desplazamiento": algo secundario o de detalle cobra la mayor relevancia y lo importante queda relegado a segundo plano. Algunos se quedaron en México en Pancho Villa burlándose de los americanos, y ahora las cosas se presentan así: en Estados Unidos, el mexicano aparece como el villano que envenena a los jóvenes víctimas de la droga; en México, el mismo villano se convierte en héroe que se burla del gobierno y de la migra y otros estadounidenses, a modo de revancha. Es lo que "dicen" y lo que "se mira", porque en los medios de comunicación todo el mundo "lo vio clarito". Luego se enredan las cosas y cualquier verdad queda como asunto de detalle, nimio y sin relevancia, algo que no se razona. El narco acaba casi como el último reducto del nacionalismo. Lástima, porque no es así.
Desde mediados de los años '80, en medio de lo que descubrió el periodista Manuel Buendía antes de ser asesinado, parte del pacto fue que el Cártel de Guadalajara -de sinaloenses- permitiera llevar armas a la contra nicaraguense a cambio de que aquél pudiera meter droga a Estados Unidos, arreglo en el que tomó parte la Central de Inteligencia Americana (CIA): esto quiere decir, simplemente, que narcos mexicanos trabajaban para una agencia de espionaje estadounidense, a cambio de impunidad. Desafortunadamente para él, Enrique "Kiki" Camarena lo descubrió o estuvo cerca de hacerlo, y lo pagó con su vida cuando a los "descubiertos" se les pasó la mano en la tortura. Camarena era de otra agencia, la DEA (Drug Enforcement Agency, o Agencia para el Control de Drogas). Desde entonces, queriendo controlarlo, los estadounidenses se disputaban entre sí el control, así que Camarena fue víctima, en buena medida, de este relajo entre estadounidenses.
Nunca hubo en México con el presidente Felipe Calderón ninguna "guerra contra las drogas", sino un acuerdo con el Cártel de Sinaloa para privilegiarlo contra otros, por distintos motivos, a lo que se dedicó el mandatario y le entró con muchas ganas el secretario de Seguridad, Genaro García Luna, hoy preso en el lugar en el que se fue a hacer negocios: Estados Unidos. Como jefe del Cártel, el Mayo Ismael Zambada -que tenía su espacio en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) -daba información a la DEA, y estos vínculos quedaron plasmados en El traidor, libro de Anabel Hernández en el que "canta" un hijo de Zambada. Dicho de otro modo, Zambada fue largamente tolerado y cooperaba con los estadounidenses, nada más que no quedó finalmente en manos de la DEA, sino del FBI (Federal Bureau of Investigation). Fue detenido con Joaquín Guzmán López, un "Chapito", hijo de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo. Resulta que ese "Chapito", como su hermano Ovidio Guzmán López, no son claves en el actual tráfico de droga, sino que lo son los Guzmán Salazar, la otra rama de descendientes de Guzmán Loera (Iván Archivaldo y Jesús Alfredo). Es al punto que, cuando lo detuvieron, Ovidio Guzmán casi salió en el estilo de "Lupita" d'Alessio: "yo no soy el que creen". Tampoco lo era Edgar Valdéz Villareal, La Barbie, muerto de risa cuando supuestamente lo capturaron: era un infiltrado de la DEA. Los contactos de los héroes nacionales con Estados Unidos no son pocos, en particular con agencias estadounidenses, como la DEA. Cuando cayó Joaquín El Chapo Guzmán, queda por saber si no con un anzuelo a través del actor estadounidense Sean Penn, fue extraditado a toda velocidad y metido en la congeladora para silenciarlo, como García Luna. Campeones de la maña, los narcos mexicanos son utilizados y desechados según lo requiera Estados Unidos, según las circunstancias y la orientación del negocio. A veces, el gobierno mexicano ni se entera y no puede explicar cómo de una avioneta con un pasajero que sube se bajan tres, o cómo El Chapo cae de manera tan chusca entre una coladera de Los Mochis y un motel de mala muerte. Lo más hermoso es que las cosas se presentan como "la caída del villano que enfrentará a la Justicia", es decir que Estados Unidos es el "señor Justicia", cuando en realidad tiene las manos metidas hasta las cachas en el negocio para "regentearlo", y los héroes del nacionalismo mexicano no son ni tan héroes, ni tan patrióticos. Simplemente, se optó por la jubilación del Mayo, cualquiera haya sido la forma, si voluntaria o con anzuelo, por si Guzmán López hubiera sido informante del FBI. Si es el caso, da igual entrega que "secuestro", puesto que, de no querer pasar al Mayo a retiro, Estados Unidos habría seguido haciéndose de la vista gorda con el viejón. Fuerte habría sido que hubiera caído algún Guzmán Salazar, porque entonces habría querido decir que alguna mosca le picó al gringo y optó por ponerle límites, entre otras cosas, al negocio del fentanilo. Por lo pronto, ahora resulta que hasta un "Chapito" se arregla con Estados Unidos y el FBI. Y luego se sale a declarar que México es un país soberano. Con la pena con quienes presumen al "México bronco", se hacen de la vista gorda con "los pesados", y adoptan a Jesús Malverde o a la Santa Muerte. Volviendo sobre lo sugerido por Carlos Ramírez en El Independiente, Estados Unidos tiene sus primacías geopolíticas para decidir lo que le conviene o no a México, y con quién.
Si en algún momento la periodista Anabel Hernández hizo un trabajo importante, después cuando menos no tuvo problema en creerse cualquier cosa que le "filtraran" los estadounidenses, como si fueran gente de un formidable apego a la ley y valiera lo que dice cualquier testigo protegido, lo que no impide que Chiapas, con gobierno oficialista, se haya salido de control: el "Comandante Tacho", una de las glorias de la izquierda neozapatista y de anuncios de muebles, terminó ganándose la vida traficando con migrantes, al tiempo que una parte del "pueblo" optó por el franco aplauso al Cártel-que-todos-quieren, de la misma manera en que en Sonora se le quitó al mismo grupo el estorbo del Cártel de Caborca, hasta donde Rafael Caro Quintero no había entendido bien el asunto de su jubilación y roto las reglas que privilegian a una parte de "los Chapitos", cuyas andanzas no son muy secretas, como tampoco los lugares donde ponen sus retenes
Si parte de la llegada a Chiapas fue para control de la frontera, hace rato que quien fuera secretaria de Gobernación al principio del sexenio, Olga Sánchez Cordero, "medio" dijo tímidamente lo que era posible saber averiguando un poco: las "caravanas de migrantes" estaban financiadas por magnates desde Estados Unidos, sin nada de espontáneas, para crearle problemas a México con el presidente Donald J. Trump, y sin que el gobierno mexicano reclamara gran cosa, más allá de algo al "líder" Irineo Mújica Alzate. Encima, la presidente electa de México, Claudia Sheinbaum, hará caso del asunto de "los 43" de Ayotzinapa sin siquiera fijarse, sino por demagogia: es el mismo magnate que mete las manos, sin que a nadie se le ocurra pedir de ciertas "organizaciones de la sociedad civil" u "organismos no gubernamentales" que transparenten el origen de sus recursos. Es que, incluyendo a Sánchez Cordero y al ex presidente Ernesto Zedillo, la Open Society (junto con Human Rights Watch) se agencia gente -incluido el feminismo en la universidad pública- para liberalizar las drogas (además del aborto) y, en otras ocasiones, para andar molestando al ejército mexicano, lo que por lo demás puede ir junto. No está reñido molestar así y al mismo tiempo manipular para controlar el negocio de toda droga: si Don Ismael (!), con un curriculum de 60 años sin ser molestado, pasa a ser congelado y silenciado y los Guzmán Salazar siguen, mientras los otros "Chapitos" cooperan con el FBI, que después no se diga que México es soberano y no una versión de Puerto Rico. Para el caso, el tema no es con quién le irá menos mal al país, a menos que a algunos...les esté yendo bien a costa del país y agarrados de años de predominio Demócrata (unas tres décadas o poco más). Deben ser parte de los que creen que es México que, por sus migrantes y por el libre comercio, tiene a Estados Unidos agarrado de donde les platiqué. Parte de la ideología es también presentar las cosas al revés: o sea, equivocarse de cojones, creyendo que los propios son los del socio más grande del mundo (da click en el botón de reproducción). Ahorita nos devuelven Dallas y Colorado, porque mandamos "nosotros". O sea: Colorín Colorado.
Hay dos países de América Latina con ciertos sectores de la población, por lo general adinerados o de "clase media", que recurren a la psicología o el psicoanálisis: México y Argentina. La gente de menos recursos, no, entre otras cosas, en México al menos, porque con problemas afectivos recurre más al alcohol o a las drogas, no al diván. En México, a veces las familias adineradas, que propician que los hijos sean malcriados, en vez de ocuparse de ellos los remiten al psicólogo. En la "clase media" es un poco distinto.
Corrientes de psicología y psicoanálisis hay muchas, casi diríase que para todos los gustos, y el lenguaje de la psicología está en parte incorporado en la cotidianeidad, como cuando se dice de alguien, sin saber en realidad qué significa, que es "un neurótico", que tiene "esquizofrenia" o que es un "reprimido". Esquizofrenia, palabra que remite a la locura, se utiliza erróneamente para describir por ejemplo una conducta contradictoria. La otra cosa común es decir de tal o cual que está "traumado". Algunos youtubers rusos dicen casi por cualquier cosa que están "en shock". Lo anterior se complementa con la llamada "autoayuda", que prolifera en librerías: ahora cualquiera resulta "un guerrero" o "una guerrera", o se lanza a hablar de "autoestima".
En psicología y psicoanálisis, no hay realmente sustento científico, salvo en el conductismo en psicología, a grandes rasgos basado en estímulo-respuesta. Los "cognitivo-conductuales" pueden llegar a cosas simpáticas que no siempre convencen, del estilo "no es la realidad la que nos afecta, sino el modo en que la interpretamos", por lo que, en el extremo, si a alguien le duele que lo atropelle un coche, siempre puede tratar de mitigar el impacto del golpe creyendo que el problema está en "fijarse" al momento de cruzar. No hay ninguna garantía de que no se trate de que se privilegie a cada rato lo "positivo" de todo y que se apele igual a la "autoayuda", ya bajo la forma, por ejemplo, de budismo, todo mezclado. Algunas corrientes de psicoanálisis intentaron en su momento ser humanistas, en particular con Erich Fromm, totalmente en desuso, y con la logoterapia de Víktor Frankl, hoy orientada hacia una visión del mundo que es de negocios y, a fin de cuentas, de coaching. De humanismo no queda gran cosa, salvo en una que otra sensibilidad de algún psicoanalista o psicólogo en particular. Algunos cobran una fortuna por escuchar 15 minutos -poco menos de lo que dura ahora la atención de un médico en un consultorio- y hablan durante ese tiempo por celular, sin que les incomode que se les suicide uno que otro paciente, lo que más bien cuentan con cierto orgullo, si antes de tomar la decisión uno que otro dijo algo "muy importante". Hay psicoanalistas que lo encuentran todo "muy importante" y que no tardan en dejar entrever que ellos también son "muy importantes" (puesto que durante los 15 minutos interrumpen porque reciben llamadas de celular, sin duda "muy importantes", todo lo cual no deja de tener algo de ejecutivo de empresa). Luego están los de fuerte influencia de Freud que desconocen la sublimación y se ponen "pulsionales" con el "ello", sugiriendo fornicar a diestra y siniestra -muy libertaria y sesentayochista- para satisfacer el "ello". Los más no respetan la singularidad del paciente, convertido en cliente, lo que no es lo mismo, y proyectan sobre la víctima cuanto estereotipo y prejuicio social encuentran, algunos rematando al paciente si se atreve a tener un mínimo criterio propio. No falta quien crea que está ejerciendo un poder, con superioridad jerárquica, como entre los médicos. Por lo general, son los clisés de lo más banales: aparte de salir de cacería a buscar sexo por cuestiones de "energía" (no de sentimiento), se puede ser conminado dando durante décadas vueltas a la noria a alejarse de "la madre falito", por ejemplo. Hasta que se cae en la charlatanería, que es de lo más frecuente, y se paga por hablarle a la pared. Una de las grandes fallas está en el abandono de un principio básico, que es la obligación del psicólogo o el psicoanalista de hacerse "revisar" en sesión por un colega para buscar asegurarse de que no se está equivocando en grande. Hoy, psicólogos y psicoanalistas, salvo en contadísimos casos, se dedican a volver al paciente/cliente lo que llaman alguien "funcional", es decir, adaptado a la sociedad, sin importar que ésta esté enferma. Se trata en esa adaptación de ocuparse del negocio propio y de desapegarse de todo, como en gran parte de la autoayuda: en suma, de buscar el beneficio para sí sin que importe pasar por encima de los demás. Psicología y psicoanálisis están hoy muy impregnados de espíritu de negocio, y de un poco de coaching para el negocio: ver en qué situaciones hay algo que agarrar en beneficio propio y ser olímpicamente indiferente a lo demás, lo que practican los mismos psicólogos y psicoanalistas, con frecuencia llenándose el bolsillo con indiferencia a los afectos de los pacientes, sobre los cuales se hace recaer sistemáticamente la sospecha, para conseguir la actitud indiferente, con tal de ahorrarse lo que por lo demás es parte normal de la vida: a veces hay que saber afrontar sufrimientos, pérdidas, sacrificio de sí, riesgos, equivocaciones...e infelicidad, además de crearse valores. Salvo que no se quieran contradicciones y, por ende, que no se quiera movimiento, para arrostrar problemas. El complemento está en todo lo que por regla casi general se encuentra en redes, como si mandara la Constitución estadounidense y su pursuit of happiness (la búsqueda de la felicidad): es un gigantesco formateo de las mentes para volverlas indiferentes, entiéndase que insensibles, a todo lo que de lo "humano" resulte ajeno si no reporta alguna ganancia, puesto que tiende a ser la misma posición en la que está el psicólogo o psicoanalista, que cobra.
Así, se termina, en nombre del desapego y para evitarse todo lo "negativo", en la sospecha y la indiferencia ante los afectos, y en la manipulación para "ahorrarse" cualquier mal rato, como si la vida debiera "fluir" como circula el dinero, al menos para quien puede pagar para que lo formateen y le nieguen la afectividad, en la oscilación entre la pulsión y la adaptación a las exigencias de un superyó inmisericorde en la rivalidad, que no sólo está en "sociedad", hasta donde la hay y no está destruida justamente por las rivalidades: suelen empezar en familia, lugar en el que psicólogos y psicoanalistas se invitan no para educar, sino para recrear las sospechas y la rivalidad misma, porque en todo hay una "doble lectura" para lo que es de lo más útil servirse del "inconsciente" -muchas veces puramente supuesto- del otro. Es a través de esta "lectura del inconsciente" que prolifera la sospecha (por algo Paul Ricoeur incluyó a Freud entre los maestros de la sospecha), en una sociedad atomizada porque, para la competencia, el otro es un potencial sospechoso. Psicólogos y psicoanalistas hacen a fin de cuentas ideología, pero "subliminal", es decir, para que no sea percibida conscientemente, y se aproveche todo lo que se puede proyectar sobre el inconsciente...del vecino. No hay psicólogo o psicoanalista más furioso que el colocado ante su inconsciente, oculto bajo la creencia de que en consulta "se habla de todo" -como antes se confesaban los pecados- y, además, de que hay "toda libertad", pese a que se da por normal la manipulación, con raras excepciones y una que otra escuela de cierta utilidad. Tal vez no haya más lastimoso que el ser humano que ya no habla por sí mismo ni por su corazón o su razonamiento, sino que repite y se conduce como los actores de Televisa que tienen un "chícharo" en la oreja que les dicta. Si se observa bien, redes inluídas, y como en el famoso "sé espontáneo", llega el momento en que se tiene la impresión de estar no ante una conducta propia, sino dictada (da click en el botón de reproducción).
La droga es ilegal, pero ¿hasta dónde está realmente prohibida? No es sabido que sea tan difícil conseguirla. Hace ya algunos años, la ofrecían abiertamente a los turistas en las playas del puerto mexicano de Acapulco, sin que se hiciera nada. Era parte de las "amenidades". Después pudo saberse que uno de los gustos de los estadounidenses por turistear en Los Cabos, en Baja California Sur, también en México, tenía que ver con las facilidades de acceso al consumo de droga. No debe haber sido del todo falso, puesto que Joaquín El Chapo Guzmán se deba sus vueltas por Los Cabos, y en una de esas, casi cae. En la Riviera Maya, en lugares como Playa de Carmen se ha llegado al ofrecimiento más o menos abierto y frecuente de droga. Son todos lugares turísticos, lo que quiere decir que el consumo de estupefacientes es considerado parte de los "atractivos", a sabiendas de que ocurre, y sin que se capture a narcomenudistas, porque es algo que no sale en las noticias. Los "halcones" han trabajado en lugares como Acapulco y Playa del Carmen sin ser incomodados, aunque es sabido dónde están y quiénes son. Así, hay espacios muy tolerantes con el consumo de droga en sitios turísticos. Es poco probable que entre turistas no se corra la voz de que en tal o cual lugar hay realmente mucha "recreación" con estupefacientes.
En la Ciudad de México, hasta hace poco, no era raro que alguien en un antro pudiera conseguir droga, incluso de meseros, otra vez sin impedimentos. No se dice abiertamente, pero sí se sabe lo que ocurre en los subterráneos de la sociedad. Hubo un tiempo en que era igual en la universidad pública, sabiéndose incluso qué Facultad consumía más de qué (cocaína, por ejemplo). No es tan nuevo: existía desde los '80, con alguno que otro quedándose en el "viaje", y se regó droga entre estudiantes después de 1968. En este sentido, la droga fue utilizada para "aplacar" descontentos.
Como lo ha señalado Carlos Ramírez en El Independiente, en Estados Unidos se permite el tráfico y consumo de droga para "desmovilización" de la gente, afroamericanos incluidos. No es entendible por qué hay enojo en México cuando un candidato estadounidense como Donald J. Trump, eso sí no exento de extravagancias, señala que desde el Sur se mete en Estados Unidos el crimen organizado y la droga, que están presentes en toda la Unión Americana. ¿No hay mexicanos metidos en el tráfico y en actividades criminales, aprovechando entre otras cosas la emigración, como con las "mulas" (migrantes que transportan droga)?¿Para qué pegar de gritos de indignación? Alguna vez la revista mexicana Proceso publicó el mapa de los lugares de Estados Unidos donde está el Cártel de Sinaloa, y parecían franquicias de Oxxo, de tantos sitios de presencia, sin dejar de aprovechar la inmigración de mexicanos. Sucede que, con esta información sabida, Estados Unidos nunca hizo nada por parar las actividades del Cártel -tampoco en México. así haya de vez en cuando capturas ostentosas. No es tampoco secreto que Estados Unidos pactó con este Cártel, ni que hay pactos que se remontan a los '80 y que Estados Unidos favoreció para controlar el negocio y "dosificarlo", no para erradicarlo, pese a que desde los mismos '80 se dieron las "certificaciones" a tal o cual país por su lucha contra las drogas. Así que hay mexicanos traficantes -y celebrados, como en los narcocorridos- y metidos en el crimen organizado, por ende criminales. También hay muchos estadounidenses adictos y, nótese bien, canales de entrada de droga al norte y de distribución sin que Estados Unidos haga nada: esto quiere decir que en este país hay "negociantes de la muerte", y que, a final de cuentas, no es asunto de estadounidenses o mexicanos, sino de que un delito contra la salud sea tolerado como negocio y, también, por sectores no desdeñables de la población: la que no va a denunciar, por "no meterse en problemas", y la que considera que cada ser humano es libre de hacer consigo mismo lo que quiera "mientras no afecte a otros", es decir, libre incluso de suicidarse lentamente, sin que tampoco se quiera preguntar por qué problema afectivo más de uno cae en los estupefacientes, como si la total desatención afectiva y los golpes que da la sociedad no contaran. Aquí, más de uno es dejado a sí mismo en medio de la indiferencia.
Hay más, puesto que el dinero de la droga se lava y "circula": mientras sea dinero, más de uno está dispuesto a hacerse de la vista gorda. ¿Cuántos cantantes mexicanos, empezando por Vicente Fernández, no han dicho que no les importa quién les pague, así sean narcotraficantes?¿Por qué se llega a idolatrar el modo de vida narco y hasta dónde no se ha convertido en "modelo"?¿Por qué sucede que aparece la Santa Muerte en la Ciudad de México en la colonia Doctores o en Tepito cuando es una veneración llegada con el narcotráfico, y que invade incluso mercados como el de Monterrey a la vista de cualquiera?¿Por qué se niega que reconocidas empresas mexicanas tienen pactos territoriales con el narco, de ser necesario para frenar resistencias comunitarias?¿Tampoco es difundible que, dadas condiciones de trabajo que no deberían ser, más de un trailero en carretera pasa de la Coca Cola con café a drogas fuertes para mantenerse despierto?
En el fondo, es conquista de los "libertarios": Lucy in the Sky with Diamonds (LSD), que no abordan los problemas que puedan estar detrás de la adicción, sino que comparten con el negocio -que es el que sale ganando- la creencia de que es casi una "actividad lúdica", que no se debe reprimir y que a fin de cuentas es asunto privado en el que no cabe intervenir, porque pareciera que cada uno es libre de engancharse o no, free to choose, y que lo mejor sería que no hubiera prohibición. No la hay tanto: la droga circula, el dinero se lava, la sociedad lo tolera y, tarde o temprano, hay vidas destruidas (da click en el botón de reproducción).
Como ya ha habido ocasión de describirlo, el Perú tiene un Congreso repleto de legisladores involucrados en casos de corrupción. El poder Judicial tampoco está exento de este mal, se guía por los medios de comunicación masiva y decide cualquier cosa sobre presidentes o candidatos a juzgar: Alejandro Toledo, el extinto Alan García, Martín Vizcarra, Pedro Pablo Kuczynski, Ollanta Humala y Pedro Castillo. No parece que la ley importe mucho, puesto que para 2026 planean competir dos inhabilitados para hacerlo: Vizcarra y Alberto Fujimori. En principio, Vizcarra está inhabilitado para ocupar puestos públicos, y por lo que toca a Fujimori, no tiene mucho que salió de prisión y no ha terminado de cumplir la pena (25 años, desde 2009), además de que está inhabilitado para postularse habida cuenta de tener en contra delitos de lesa humanidad. Toledo está prófugo y García optó por suicidarse. No parece que el Ejecutivo sea ejemplar, a reserva de que hay casos en que se han "sembrado" acusaciones, como con Ollanta Humala.
No queda claro por qué lo que vale para Pedro Castillo se omite con Dina Boluarte, actual presidente peruana, más allá de haber estado inmiscuida en la represión contra partidarios de Castillo. Al parecer, Boluarte no está en el foco de atención de los medios, que dicen en gran medida qué atender y qué no. Cuando cayó Castillo, Boluarte de inmediato habló con "la embajada" y permitió luego la entrada al Perú de tropas estadounidenses. Boluarte está siendo investigada por corrupción, y como parte de vínculos con organizaciones criminales. Pero también la presidente posa con su homólogo ucraniano Volodímir Zelenski, a la cabeza del país más corrupto de Europa. No parece que sea algo que inquiete. Boluarte no ha cumplido con el 85 % de las promesas que hizo, según lo ha mostrado por ejemplo el diario peruano La República. Por el "caso Rólex", la casa de Boluarte ha sido allanada, por lo que la presidente estaría involucrada en problemas de enriquecimiento ilícito, aunque en el origen está un escándalo periodístico. Sea Keiko Fujimori (por "default" de su padre) o Antauro Humala, nadie pasa del 10 % de las preferencias de la gente. Con todo, es Castillo quien se encuentra preso con un sinfín de acusaciones graves en contra y mientras los medios difunden tranquilamente falsedades, como lo hace CNN (Cable News Network): si bien el mismo Castillo dió un paso en falso a modo de "autogolpe" -sólo es perdonable si lo hace Alberto Fujimori-, fue para acabar con el festín y no previa moción de vacancia del Congreso, puesto que no había tenido lugar cuando el presidente quiso disolverlo. La votación del Congreso fue después. No se trata de un simple error de CNN, sino de creerse la ficción de la democracia que no va más allá de una pura formalidad: mientras la delincuencia anda libre, del Congreso hasta los narcotraficantes, el aparato de Estado se está cayendo de corrupto para desembocar en la forma local del "caos controlado", evitando cualquier alternativa, sea Ollanta Humala o Pedro Castillo. La izquierda "progresista" de Verónika Mendoza no interesa: no llega ni al tres por ciento de preferencias actuales, según La República. El paso que falta dar es que la corrupción no sea vista como una anomalía ("todos lo hacen", supuestamente), para que predomine el aire cínico de los tiempos. Después de todo, es Castillo quien buscó enfrentarla, pese al error del "autogolpe". Lo ininteligible es qué hacen en todo ésto los "pesos y contrapesos", si cada uno a su manera -Legislativo, Ejecutivo y Judicial- está corrompido, y en serio.
La "teoría del caos controlado" manejada en Estados Unidos ha sido manejada por personas como Steve Mann, antiguo funcionario estadounidense que escribió al respecto, y que busca desideologizar a la población, aumentar las expectativas materiales y desechar valores preexistentes, que se pierda control soberano sobre la economía y que proliferen ilegalidades de distinta índole o diferencias religiosas, "étnicas" y otras, puesto que en las condiciones descritas un país no está en capacidad de oponerse a gran cosa, y mucho menos a los designios de Estados Unidos, que aparece por lo demás como "isla de orden". Se trata de debilitar al máximo al Estado-nación, de permitir el desempeño de funcionarios corruptos, de alienar a la "clase media", de convertir a partidos y movimientos en meras fachadas y de meter a la gente en problemas de "identidad" ("Chaos theory and Strategic Though"/Parameters-US Army War College Quarterly). Dicho de otra manera, se trata de dejar o hasta fomentar la putrefacción mientras no salga de control. Varios países de América Latina se han ido encontrando en este tipo de situación en el que, además, pareciera que también se provoca que se pierda el sentido del olfato, porque lo podrido no huele bien, o que se esté un un grado de atomización social tal que no haya sino inercia. Hasta ahora, ni siquiera los candidatos de apariencia de "mano dura" -Fujimori o Antauro Humala- atraen en una sociedad peruana que carece de medios para luchar contra la corrupción y la delincuencia que, como sea, no dejan de hartar a toda una parte de la sociedad (da click en el botón de reproducción).
Se ha vuelto algo un tanto frecuente que los políticos digan cosas que no tienen sentido, más que el de hacer performance para impactar, causar sensación y "seguir el ritmo", sin pensar nada, como se hace en espectáculos de masas y de entretenimiento. Así por ejemplo, Claudia Sheinbaum dijo recientemente en un evento, llamado "desarrollo industrial y TMEC" (Tratado México Estados Unidos Canadá) que México es un país soberano, en plan de igualdad y, más aún, en igualdad de circunstancias con Estados Unidos. Esta igualdad de circunstancias no existe, y es inentendible que Sheinbaum diga que no hay subordinación. Tampoco tiene sentido hablar de soberanía si es inexistente en lo económico, dado justamente el grado de subordinación al exterior y, en particular, a Estados Unidos, país que en 1994, al firmarse el TLC (Tratado de Libre Comercio), era 200 veces más fuerte económicamente que México. A lo sumo, es creer que por ser el primer socio comercial de Estados Unidos se los tiene agarrados. Es totalmente falso, puesto que, aunque México ocupe el primer lugar, no representa un porcentaje muy alto del comercio total de Estados Unidos: es poco más del 14 % (2022), apenas por encima de China y Canadá con porcentajes algo similares, y habiendo muchos otros socios (Japón y Alemania, para seguir, y la lista es larga, para el año 2022). México, en cambio, envía el 80 % de sus mercancías -falta por saber si producidas por empresas mexicanas- a Estados Unidos. ¿Cuál igualdad? Sheinbaum cree que los inmigrantes mexicanos son un "motor" de la economía estadounidense (otra manera de tenerla "agarrada"), , pero es falso: los trabajadores mexicanos, bastante concentrados geográficamente, son el 30 % de la agricultura y el 19 % de la construcción, seguida de la hotelería y la recreación con poco más del 14 %, pero hasta ahí; Por más que sean el grupo de extranjeros más numeroso entre los inmigrantes en Estados Unidos, son el 25 % de éstos. En cambio, México es el segundo receptor de remesas en el mundo, después de India, y más del 95 % llega de Estados Unidos: junto con la industria automotriz (otra vez: ¿de qué países son los productores?), las remesas se sitúan entre el primer y el segundo lugar de ingresos para México. Son las remesas que consiguen que una parte de la población mexicana pueda vivir fuera de la pobreza o la pobreza extrema. El número de hogares en Estados Unidos dirigido por mexicanos es el cuatro por ciento del total, mientras que entre 12 % y 13 % de los adultos y las familias de México recibe remesas. Eso sí, México tiene soberanía política formal, pero...depende mucho más de la coyuntura política estadounidense que Estados Unidos de la mexicana. Como es honesta, Sheinbaum da muestras de no saber honestamente lo que dice, es decir, de carecer de inteligencia.
Ya habrá momento de abundar en la chatarrización que vive México con la autodenominada "Cuarta Transformación", que ahora se sacó de la manga un "segundo piso". El segundo piso de la Ciudad de México es una superposición de tantas que no impide el desorden y los embotellamientos de un tráfico caótico. Como sea, ya no es posible saber qué se entiende en esa "Cuarta" por cultura, salvo como licencia para seguir diciendo cosas sin sentido. Ahora, según la nombrada secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, se pone a "la gente" por encima de "los intereses particulares", como si la gente no tuviera intereses particulares (?). Se refiere a "nuestros ancestros" sin percatarse de que los lituanos, ancestros de Sheinbaum, no andaban por estos rumbos en tiempos ancestrales; considera que México es un país "prodigioso", como si no hubieran muchos que creen lo mismo de su país y su cultura, empezando por los estadounidenses que todo lo hacen en grande, fabuloso y "monstruo" (también son, para repetir a Curiel, "hijas, hijos, hijes"). Pero lo grave es que considera que "las cosas son en comunidad, o no son", lo que, traído de cierta afición estadounidense, desconoce a la sociedad, compuesta de individuos, para privilegiar la comunidad que los ahoga para garantizar su sobrevivencia como tal, al igual que con frecuencia la familia: es la fachada de modernización con técnica y la comunidad mal entendida como especie en busca de sobrevivencia, como los pueblos originarios ("los pueblos originarios actúan desde el nosotros", dice Curiel de Icaza bien adoctrinada); cultura es "andar juntas, juntos, juntes" (!), expresión de lo "colectivo"; dejando de lado la retórica, Sor Juana y el tradicional saludo a la "joya de la Corona", la "grandeza cultural de México" (lo mismo se die en cada sexenio desde hace algún tiempo)... Es igual que lo montado con la Nueva Escuela Mexicana (NEM): el ahorcamiento de cualquier meritocracia basada en el trabajo y la creatividad -porque esta segunda es muy importante en la cultura-, incluso cuando se trata de verdadera ayuda a comunidades que no pueden ser idealizadas, para plegarse a mujeres, pueblos originarios y -sempiterna demagogia- jóvenes, los "clave" mencionados por Curiel de Icaza, tal vez para orientarse en el fund raising (recolección de fondos): el condicionamiento de los recursos a "causas", no a la capacidad creativa, en nombre de comunidades imaginarias o "de agenda", para que sigan trepando y copando incluso charlatanes como Marx Arriaga, que amenaza a la menor crítica con aventarse desde arriba del castillo de Chapultepec envuelto en la bandera. Y todo porque México es "soberano". En fin, algunos como este ídolo -del boliviano Evo Morales, por cierto- agradece que una vida en México haya bastado para liquidarle la voluntad propia. Si se agradece como muy suave la tremenda madriza recibida, normalmente hay algo sin sentido. En fin, se acerca otra racha de grandeza (da click en el botón de reproducción).
Seguramente se haya olvidado que en los años '80, entre otras cosas por instrucciones del Comité estadounidense de Santa Fe, comenzó una importante cooptación de élites, intelectuales incluidas, a favor de Estados Unidos, mientras en la universidad pública fracasaban las últimas rebeldías, como la del Consejo Estudiantil Universitario (CEU), en el cual estuvo la hoy presidente electa de México, Claudia Sheinbaum, que asumirá en octubre. Se fue creando lo que ahora asoma con más fuerza: la alianza de libertarios y grandes negocios. No debe olvidarse que es, también, en parte la trayectoria de la madre de Sheinbaum, Annie Pardo, científica hecha en gran medida a la sombra de Estados Unidos. No era nada más la época del CEU, sino el principio, para más de un universitario, de ir a hacerse de algún prestigio en un campus estadounidense (Roger Bartra debe saber del tema).
Regresó ahora la Oficina de la Presidencia y su chief of staff, con Lázaro Cárdenas Batel. Pese a lo que pudiera haber de guiño de ojo nacionalista, no lo es tanto. El nieto de Lázaro Cárdenas del Río e hijo de Cuauhtémoc Cárdenas, luego de un paso sin pena ni gloria por la política mexicana, se hizo de "proyección", que algunos creerán "global": más allá de su papel en la inoperante CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), la trayectoria del nieto del general pasa por la Organización de Estados Americanos (OEA, como Jefe de Misión de observadores electorales), el Woodrow Wilson Center (en el que fue académico y miembro de un Consejo Asesor para Latinoamérica), de asesor de la oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA) y en el think tank estadounidense Diálogo Interamericano. Se trata así de una persona orientada hacia afuera y, en particular, hacia Estados Unidos. Una más, luego de la misma Sheinbaum que estudió en Berkeley (Rosaura Ruiz en Irvine, también en California) y de los vínculos de gran parte del gabinete, incluyendo al Young Leader, Mario Delgado (del Foro Económico Mundial, WEF, por sus siglas en inglés), con el exterior.
En Cultura no será de otro modo, puesto que Claudia Curiel de Icaza, la escogida, luego de un rápido paso por la universidad pública, se convirtió también en parte del Young Leaders Program, que incluye a universidades como Harvard. La nombrada arrancó mal, creyendo que la cultura es cosa de "identidades", de saberse el "lenguaje de las plantas" (tal vez se haya referido al peyote) y dirigirse a todas, todos y "todes" (es decir, a las heroínas, los héroes y heroínes que nos dieron Patria). Como sea, lo de los "Young Leaders" consiste en pasear -para fogueo- a unos cuantos jóvenes escogidos por las bondades del gran capital y del territorio estadounidense para que, como se estila decir, se "replique" lo visto en el país de origen. El gabinete es, en mucho, algo orientado hacia requerimientos exteriores confundidos con los internos, al haberse ido perdiendo la capacidad de distinguir: la iniciativa privada está contenta, y se vuelve a anunciar que México será "una potencia", como cada sexenio, o casi.
Queda como asesora empresarial Altagracia Gómez, parte de una familia que ascendió en los negocios (como MINSA y DINA) en tiempos del seductor de la patria. Pese a los "polos de desarrollo" anunciados, hay un "detalle": se trata en buena medida de hacerlos girar en torno a la entrada masiva de inversión extranjera con el llamado nearshoring, que se caracteriza otra vez por la indistinción entre lo interno y lo externo, ya que el hecho de que se invierta en México no quiere decir que las empresas sean, en lo fundamental, mexicanas, y a reserva de ver lo que suceda con los "encadenamientos" locales. En Estados Unidos, por ejemplo, el complejo militar industrial, uno de los motores de la economía, hace pedidos a empresas de menor tamaño, pero las grandes son estadounidenses. En Japón, las grandes empresas también tienen todo un sistema de "encadenamientos" locales, pero las que están a la cabeza, las grandes, son japonesas. La idea es "eslabonar" en México, pero los grandes empresas son extranjeras y toman sus decisiones en función de un circuito que no es nacional, sino internacional y con matrices fuera de México, por lo que hay una diferencia. Cada vez que se anuncia como "potencia", México lo hace en el subdesarrollo: contando no con sus propias fuerzas, al grado de ya no saber cuáles son, sino con lo que venga del exterior a ofrecer algún "milagro", y sin considerar que, como lo ha hecho notar el periodista Carlos Ramírez en El Independiente, frente a lo que queda en México de nacionalismo está ante todo el interés geopolítico de Estados Unidos. Debe ser lo que Sheinbaum llama "matrimonio que no se puede divorciar". Quedan entonces no las fuerzas y las necesidades propias, sino "identidades", más de una para el turismo en busca de "patrimonios", incluyendo todo el que, al ser prehispánico o colonial, no es en rigor estrictamente "mexicano", al grado que se puede hablar de extravagancia cuando es una descendiente de lituanos que se pone a las loas de los pueblos originarios y a reducir a los españoles a "intrusos", como si hubiera un gran salto de lo precolombino a lo "global": lo típico de un país como Estados Unidos que no entiende mucho de colonia o de mestizaje y pone un McDonald's en una reservación india en pleno Oklahoma. Ni idea de lo que pasó entretanto. Es la habilidad para, reconociendo derechos sobre la base de "identidades", segregar, puesto que en realidad, entretanto, lo que pasó en Estados Unidos es en mucho segregación, y de distintos tipos. Así que lo "glocal" (global y local) es Estados Unidos con el pueblo originario en estado de "conservación" y para multiplicar la boutique de "motivos" folclóricos. El folclor -alguna vez de recorrer el país en busca de huipiles, luego de blusas bordadas rayanas uno de estos días en Pineda Covalín- tuvo su auge en los '70 (recuérdese si no a la "compañera María Esther"y su agua de jamaica): en realidad lo estaban retomando para sí barbudos libertarios y no tan lejos de lo hippie, en algo que perdió su ambiguedad justamente en los '80, cuando se fue pasando de la "rebeldía" al goce de los ofrecimientos de " derechos y libertades" del llamado "neoliberalismo", que sigue como si nada en Hacienda y con "los mercados" adecuadamente tranquilizados. Ya se sabe que todo está permitido, pero nada es posible. Véase si no: la antigua bravuconería - que ni en el charro cantor ni en Cantinflas caía en la majadería- convertida en la ostentación verbal de grosería y de lo procaz como signo de estatus.(da click en el botón de reproducción).