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sábado, 26 de octubre de 2013

CHINA, RUSIA Y "ZBIG"

Zbigniew Brzezinski, el halcón estadounidense de origen polaco que es partidario de reventar a Rusia en tres, según lo hizo público desde finales de los años '90, no ha parado de apostarle desde entonces a China, antes que a Japón. El asunto es viejo, puesto que desde la presidencia de Richard Nixon, a principios de los '70, Washington se acercó a Beijing para alejar de Moscú a los chinos . George Bush padre era un buen conocedor y amigo de China, y Henry Kissinger también lo ha sido, a su modo. ¿Qué hace China? No queda claro, en geopolítica, si una política marítima o una terrestre.
     "Zbig" Brzezinski -el mismo que ideó la trampa afgana contra los soviéticos- es el artífice de lo que algunos llaman la "Operación Barbarossa II" (es lo que parece, en cámara lenta al menos...), el Escudo Antimisiles en Europa Oriental al que Estados Unidos no ha renunciado. Entre Europa y China, Brzezinski quiera encajonar a Rusia y a la Organización para la Cooperación de Shangai. Tampoco es un secreto: el libro de Brzezinski, "El gran tablero mundial", nunca negó en los 90 que Eurasia debiera ser el premio a Estados Unidos al final de la Guerra Fría. Mark Brzezinski, hijo de "Zbig", ha colaborado en estos planes y ambos son considerados el poder detrás de la política internacional del mandatario Barack Obama.
     ¿Qué quiere "Zbig"? Un "condominio" sino-estadounidense en la región Asia-Pacífico, si es necesario relegando a segundo plano a Japón. Tampoco estaba ocultado en "El gran tablero mundial". Es la misma idea de ex funcionarios del Departamento de Estado y banqueros como Stephen Harner. Lo anterior no impide amedrentar de vez en cuando a los chinos, pero no demasiado.
     La "idea" es que el Lejano Oriente y la Siberia rusos se llenen de inmigrantes chinos y que, por cierto, los chinos se lleven lo que puedan de la rica naturaleza rusa en este inmenso territorio. Lo que es visible -y lo confirmó hace poco la entrevista entre Obama y Xi Jinping- es que no hay tensión excesiva entre Beijing y Washington.
     En América Latina, el condominio sino-estadounidense lo comparten las señoras Rousseff (Brasil) y de Kirchner (Argentina), a lo que podría sumarse la señora Bachelet, y lo hacen a diferencia de Perú, Ecuador, Venezuela, Nicaragua y Cuba, que han ido mejorando de modo significativo las relaciones con Rusia (salvo en la empresa transoceánica nicaraguense, en veremos con los chinos). Es el condominio soyero en el cono sur. Y ahí están los cercanos a Obama, pese a los recientes escándalos de espionaje "entre amigos".