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martes, 1 de octubre de 2013

PROZAIC

Fiodor Tiutchev, un poeta ruso del siglo XIX, está en el origen de esta visión algo frecuente: "a Rusia no se la puede entender con la razón". Ciertamente, cuando se trata de Rusia, razonar no es fácil. Lo curioso es que esta visión es exactamente la misma que se tiene con frecuencia sobre la mujer, por lo que Rusia sería "femenina" -seguramente que emocional o sentimental, pero no muy dada a "entrar en razón" o a "entender de razones". Es lo mismo que suele pensar el mero machín latinoamericano sobre la mujer: "hay que amarla, no comprenderla". Suena seductor.
    Es el mismo tipo de "argumento" que el machín emplea en Francia, país que no es tampoco el de la razón, sino el de "l'amour" (!oui, oui!) -el hombre francés está demasiado ocupado de Inspector Clouseau. De visita en París, el machín sin señora seguramente empezará por la tarde con una pieza de oratoria sobre la Piaf y la vida en rosa, muy dispuesto al arte de amar. Solo que, después, es probable que ante la "fría europea" -puede ser francesa, pero podría ser también una rusa-, el mero machín decida destrabar la situación yéndose al french can-can, es decir, al Folies Bergéres o mejor, al Lido. El "élan" amoroso -en busca de Charlotte la Sensualité, ya algo subidito el tono- seguramente se prolongue hasta la madrugada, cuando nuestro machín, tal vez en un cuartucho de Montmartre y con unas copas encima, llegue a otra de sus conclusiones: yaaaaa, lo que espera toda mujer es sentir mariposas en el vientre, para no decirlo de modo ofensivo (aunque al machín, las copas suelen quitarle lo galante). Que al fin y al cabo, "esas" son muy "fáciles" para "aquellito". Es la misma enfermiza "idea" chewing-gum con la que llegaron los soldados estadounidenses a violar francesas en 1944, anotándose unas tres mil quinientas en nombre de "l'amour" y provocando protestas oficiales de alcaldes en pueblos del norte francés. Es el tipo de conducta del mero machín que pasará fácilmente  del muy alto vuelo lírico al muy bajo comentario o la conducta procaces.
     El rastacuer con vocación oculta de Prosper -padrote o proxeneta, el chéri de Ivanovo y sus alrededores- es legendario y también lo podría ser en Rusia, aún con procedencia del "valle manta". No es distinto de la prensa que escudada en Pussy Riot persiste en que Rusia no necesita de razones, sino de sexo. Claro, no está dicho así, sino en el nombre del amor que pregonaban cuatro grandes clásicos de la filosofía en nuestra Antiguedad de oro: John, Paul, George y Ringo. Nuestro machín, si Rusia resiste aunque sea un poco a Occidente, seguramente creerá sin hacerse preguntas que, después de todo, Vladimir Putín está histérica.