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lunes, 7 de octubre de 2013

THE KILLING PIRULES

Por motivos inexplicables, hay expertos-comentaristas que reciben premios universitarios cuando debería dárseles un Oscar, o varios. Lo que algún intelectual llamó "narrativa" ha terminado en concurso por el mejor libreto de Historia de México, sin que importe si es verdadera o falsa. Al fin y al cabo, las mejores historias, hoy, las cuentan en Hollywood. El mismo que se inventa un libreto anda por la vida criticando al que hace supuestamente ideología.
     Así, México -el escenario donde se está rodando (en cosas de cine y en otras, México es puro rodar y rodar...)- ha vivido un siglo entero padeciendo a unos "khmers tricolores" de la política. Madero, Carranza, Obregón, Calles, Alemán, Díaz Ordaz, López Portillo y de ahí p'al real, hasta Paulina Peña, son todos poco menos que una bola -así, de a montón- de traidores que no han hecho más que engañar a nuestro eterno Calzonzín Inspector y a nuestra India María, la favorita del Sub. Las dos únicas excepciones son Lázaro Cárdenas, una "bocanada de aire fresco", y yo,  Sydney Schanberg (estelarizado por mi, Sam Waterston), que en esta transición a la Democracia estoy al tanto del trasfondo de todo -lo informo a la televisión y la prensa estadounidenses- gracias a lo que me sopla mi siempre anónimo héroe, la lancherita acapulqueña que para el caso la hace de Dith Pran (protagonizado en la Otra Campaña por Hain S. Nghor).
     En fin, que estamos en este estelar, y Hollywood es Hollywood. Cuando escribo un artículo, la verdad es que a mi lector deberían darle la posibilidad de que me lea en 3D o en BlueRay, para que crea que mis palabras son de alta definición, o que de perdis sienta algún tipo de vibración en modo sensurround cada vez que menciono la palabra "autoritarismo" o "neoliberal" ("!eh tu, neoliberal, soy yo, el sheriff del condado, arriba las manos!..."), exactamente de la misma manera en que en los noticieros ponen musiquita de suspense en cada noticia grave del día, sea por inundación o por bombardeo. Con efectos especiales, de ésos que más de un malinchista adora si el que habla tiene pelo rubio, ojos rubios y dientecitos rubios, hasta puedo hacer creer que Miguel de la Madrid fue el continuador del "proyecto original de Carranza, Calles y Alemán" (la verdad, por qué no, puesto que quien esto escribe es el continuador de Benjamín Argumedo o de quien sea que tenga algún patrimonio histórico o como mínimo una entrada al Parque Temático Revolucionario -PTR, por sus siglas en español). Lo que debe leerse es -gracias al efecto especial- que la familia Cárdenas ya tiene un nuevo miembro: soy Yo, El Continuador.
     Una de las partes más emocionantes tal vez sea cuando mi Dith Pran en versión mi chica de Pie de la Cuesta (¿o era La Quebrada?) y yo, bajo un nombre falso ("Narciso"), salimos apresurados de Casa Lamm y huimos en Van -con nuestros niños y entre gritos desesperados de nuestros fans- a la embajada estadounidense, rodeada por turbas enardecidas de la CNOP, la CTM y la CNC, con rifles de asalto, machetes, tubos, chacos, tortas, monederos electrónicos, vales de despensa y playeras con el retrato de un copete siniestro y el lema ése estampado, que "te lo firmo y te lo cumplo" (en el libreto original, se oyen voces de fondo a la salida de Casa Lamm: "John, Bombón, te quiero en mi colchón, John, Bombón"...). Acelerando y abriéndonos paso luego a codazos entre la turba, logramos filtrarnos por una reja del Hotel Sheraton, subir pisos interminables en la humareda, y saltar por la azotea a la embajada donde ya nos espera el helicóptero que nos llevará a casa, a la libertad; en ése momento, por cierto, hay un close-up donde nuestros niños color mollete con queso ven con tristeza y angustia en qué se ha convertido este hermoso trópico al cabo de cien años de puras tropelías.
      La verdad, teníamos también planeado otro episodio. Es parecido, solo que de Casa Lamm al Sheraton nos debían perseguir en varios automóviles y a toda máquina -tipo Monster Truck- el Mochomo, el Barbas y el H, con la cámara en gran zoom; debía haber un pequeño corte donde aparecía Lipe Calderón (la "Fe" se la perdimos, no...) dando la orden con su mecha corta: "atrapen al gringo". Yo debía salir sin barbita rala, cosa de parecerme en algo a Mel Gibson. Este guión no cuajó porque se acabó el sexenio, nos movieron los reflectores y hubo que modificar algunos personajes en el libreto. Tal vez fuera mejor si no nos anduvieran moviendo al villano cada seis años y encima cambiándole los colores -déjenos porfis a éste de ahorita para por lo menos doce años y muy larga vida de las redes sociales- . Se equivoca quien crea que es sencillo ser el Johnny Depp de la sociedad civil mexicana y tener que actuar en las ruinas de esta republiquita que, aquí entre nos, más se cae, y más encuentra quien por cinco minutos o incluso unos pocos más de fama esté dispuesto a hacer leña del árbol caído. You are my hero. See you around.