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sábado, 5 de octubre de 2013

RAFAEL CORREA SOBRE OBAMA

El presidente estadounidense, Barack Obama, volvió a insistir en la reciente Asamblea General de Naciones Unidas en que Estados Unidos es un "país excepcional".
    Rafael Correa, mandatario ecuatoriano, acaba de pronunciarse en entrevista con Russia Today sobre lo dicho por Obama. Para Correa, Obama es una "buena persona" y una "persona inteligente". Puede ser, aunque Obama muestra a veces cierta dificultad para pensar e ir más allá de esa mezcla de marketing y religión que termina invariablemente en reality show. Parece tragedia, pero por momentos hay también algo de payasada, y ya la había con Bush. Jr.
    Con todo, Correa advirtió que éso del "país excepcional" recuerda de algún modo lo que decían los nazis antes y durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los alemanes creían ser la "raza superior" y "elegida". "Son ideas y discursos tremendamente peligrosos", argumentó el ecuatoriano. Es lo mismo que pocas semanas antes escribió Vladimir Putin, presidente ruso, en The New York Times.
    Correa no ha dicho que Obama sea nazi. Tampoco está en el estilo de Correa lanzarse a cada momento contra Estados Unidos -país en que estudió el mandatario del Ecuador, y que según él mismo es admirable, por ejemplo, por su sentido de la legalidad.
    La diferencia está en que Estados Unidos no se cree excepcional -superior, entonces- por la raza. Se trata de otra cosa, algo así como "por mi dólar hablará el espíritu". Después de todo, Obama no encontró nada mejor que defender lo excepcional de su país por la "sangre y el dinero" que ha costado (por cierto, la sangre suelen ponerla los demás). Obama pudo haber dicho: "hemos invertido mucha sangre y mucho dinero en ser un país excepcional". Se dice fácil, pero seguramente requiere de un gran esfuerzo.
    En suma, la excepcionalidad está dada - dicho a la manera de Correa- por la plata. Desde esta victoria estadounidense, más de una democracia se sostiene en una alianza de masas que tiene en la cúspide a un puñado de ricos cada vez más ricos; en el medio, a buena parte de la clase media cuya filosofía parece obvia ("ser rico es bien rico", tal vez el próximo best-seller de Kiyosaki), aunque sea a crédito o a costa de triquiñuelas con el Estado; y abajo, a un lumpen -a veces numeroso- que ve la riqueza con otra lógica, que en idioma chilorio reza que "más valen unos años como rey, que toda una vida de buey". Esta alianza ha adoptado creencias del rico: de los problemas, entre ricos, no se habla, menos en público. El resultado es toda una masa de arriba abajo que considera que cualquier problema es un costo, por lo que debe ser minimizado o incluso negado. Ya no hay posibilidad de hablar, sino que únicamente está la invitación a que el globo asista a este monólogo sobre tu DF (derecho a la felicidad) y lo excepcional que es cualquiera que alcanza el éxito -material, y por los medios que sean. No está excluído que a buena parte del planeta le suceda lo que al personaje de Dostoievski que fue sumergido por largo tiempo en la felicidad (se ahogó en ella y no quedaron más que burbujas en la superficie).
    Cierto, es peligroso y algo intuyen Correa o Putin. Es algo que ha sido poco pensado, éste asunto de una plutocracia (gobierno de los ricos, no el de Pluto ni tribilinocracia) que consigue una hegemonía que para algunos es cultural, y que muestra que los recursos a disposición del circo y de sus dueños son muchos -lo son. Otros consideran que es, como en la canción de Sabina, "una de romanos", y bastante decadente -como Sabina. La Alemania nazi estaba boyante; Estados Unidos siempre tiene a medio mundo al borde de otra cosa muy excepcional: la Gran Quiebra.