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domingo, 6 de octubre de 2013

!NO SOY NECIO, NO, NO, NO Y NO!

De manera inexplicable, el Movimiento de Regeneración Nacional, de izquierda mexicana, rechazó en bloque la reforma hacendaria propuesta por el gobierno en turno de México. Simplemente, el muy "virgen" Morena ha decidido meterse en la onda sesentayochera que consiste en llevar la contra a todo, en creer que la mejor etapa de la vida es la edad del No, en afirmar que es lo mismo un gobierno blanquiazul que uno tricolor (Acción Nacional fue en realidad el primer partido en poner peros a la reforma hacendaria), y en atrincherarse en la ignorancia que justifica el activismo. Lo grave es que la izquierda coincide así con la visión estadounidense de que cualquier impuesto es malo, por definición, lo que se agrava en México porque es "pagarle a ladrones", como Raúl Salinas o Arturo Montiel. La coincidencia grave está en que, en Estados Unidos, el rico es el primero en no querer pagar impuestos.
    El portal oficial del gobierno de la República en México muestra en qué consiste la reforma. No exenta a los ricos, por lo que la Iniciativa Privada mexicana -disfrazada de clase media, también al estilo estadounidense- se apresuró a gritonear: la reforma propone impuestos a los dividendos y ganancias en la Bolsa de Valores, busca un pago progresivo del ISR (Impuesto sobre la Renta), limitando -textualmente- las deducciones y exenciones, propone incrementar la tasa máxima del ISR para las personas de mayores ingresos, incentiva el empleo formal, emprende la creación de una red de protección social (por limitada que sea, con pensión universal y seguro de desempleo), y reduce algunos gastos discrecionales en el gobierno (adquisición de vehículos, por ejemplo).
     La reacción de los ricos y la clase media es la de siempre, al grado que no aceptó impuestos a las colegiaturas, aunque, según lo demostró José Woldenberg en un periódico mexicano, quienes pagan colegiaturas seguramente están en el 10 % de privilegiados mexicanos que, a diferencia del 90% restante, no tiene a sus vástagos en escuelas públicas. Los blanquiazules seguramente llegan a considerar ofensivo el impuesto a la insolencia (la de mascarle al vecino chicle en la cara, la nueva moda global) o a la agresividad (el impuesto al alimento de la mascota que suele ser un perro, si faldero mejor, lo que dice mucho).
    Así que, para los de la sierra Morena, habría que seguir en una imitación subdesarrollada de Estados Unidos, donde: el rico no paga impuestos porque no tiene ninguna obligación social; el clasemediero tampoco paga, ya que el impuesto le impide ser rico (superarse en la vida y ser alguien, dice muy modesto); el marginal menos, aunque no sea raro verlo mover sumas de dinero que no son desdeñables. En suma, al negocio no se le pone ningún impuesto, en la creencia de que no se lo toca ni con el pétalo de un formulario, puesto que dependemos de su derrama. ¿Por qué hay que cobrarle al negocio si vivimos de él? En este tenor, tampoco hay nada que cobrarle a la izquierda, puesto que no solo de pan vive el Hombre; la labia en nombre de la Gran Causa también otorga el privilegio de estar exento de críticas y de otras obligaciones muy "impositivas".