Hay más de un elemento para pensar que el gran vendedor Juan Miguel Zunzunegui siguió la ruta del hoy extinto líder del 68, Luis González de Alba, en su Las mentiras de mis maestros, respecto de la Revolución Mexicana. Debiera evitarse, de entrada, no ver en Victoriano Huerta más que un matón entre tantos. HUerta jugó un pésimo papel, y no todos son iguales.
Probablemente no sea necesario hablar de Francisco I. Madero como "el apóstol", aunque ni él, ni Venustiano Carranza, ni mucho menos Álvaro Obregón eran "aristócratas" (Obregón dijo que su "linaje" no le importaba gran cosa), entre otras cosas porque nunca se ha hablado en América Latina de ninguna aristocracia: las pretensiones de "linaje" han sido vistas como parte de una peculiar vocación por el despojo, a lo que se dedicó la oligarquía con "don" Porfirio Díaz, creando descontento. La aristocracia no se define por "lo tuyo es mío", y el despojo está muy bien documentado: explica justamente que Emiliano Zapata, no precisamente pobre, haya caído en lo sorprendente de reclamar tierras de tiempos virreinales, sin ir mucho más lejos de una pequeña región, ciertamente, lo que ha sido hace rato profusamente explicado ("estos eran unos campesinos que hicieron una revolución porque querían volver atrás"). Tampoco es novedad que Francisco Villa era lo que hoy se llamaría coloquialmente en Mëxico "una fichita", cualquiera sea la explicación: de John Reed, o sobre todo de Martín Luis Guzmán (Villa, ojos de "fiera en su cubil"), o el vano intento de Felipe Ángeles por apaciguar a "Pancho". Ya es sabido que, llegados a la Ciudad de México, Zapata y Villa no lograron gran cosa y se fueron, y la descripción de Guzmán no es nada benévola. Es igualmente cierto que ni Zapata (pese al Plan de Ayala) ni Villa (pese a que la División del Norte no era cualquier cosa, lo que ha demostrado el historiador Pedro Salmerón) tenían grandes ideas. De todos modos, el último en creer en Zapata fue el seductor de la patria, por el nombre de un hijo y del avión presidencial, y vínculos con el historiador John Womack. Así que a explicar por qué un gran modernizador se agarró de Zapata -como los "zapatistas" en 1994-. Tal vez por demagogia como degeneración progresiva del populismo.
En México no son feriados los aniversarios luctuosos de Zapata ni de Villa, y sí el 20 de noviembre porque el chaparrito Madero inició la Revolución. No es novedad que Madero era cuando menos ingenuo, pero tal vez se hubiera logrado más si en vez de tumbarlo y matarlo realmente a la mala -y no importa mayormente lo que haya dicho Benito Juárez de Victoriano Huerta, él sí patológico y también una fichita- lo hubieran dejado gobernar. Se desataron cuando menos -son más- diez años de guerra civil, aunque el inicio se le atribuya a Zapata por irse contra Madero. Tampoco es un secreto que Venustiano Carranza estaba rodeado de gente corrupta -lo que incomodó incluso a carrancistas como Lucio Blanco, por ejemplo- y que era moderado ante el ímpetu de los que hicieron la Constitución de 1917. Se puede igualmente convenir en que el ejido no fue ninguna solución adecuada (y como es costumbre, Lázaro Cárdenas es tan poco tocado como José López Portillo, por aquéllo de los mitos). Pero en medio de las discusiones a balazos, a partir de 1920 se fue buscando pacificar al país y pasar a la "fase constructiva", por lo que nadie niega que la previa haya sido muy destructiva, incluyendo para lo heredado de "don" Porfirio. Que el régimen nacido a partir de los años '30 de la Revolución haya sido cuando menos contradictorio -entre lo que dijo proponerse y lo que hizo, igual que el capitalismo- es como la canción de "Cadetes de Linares": "pero aquí no hay novedad". Un detalle: nadie se propuso -ni siquiera el más radical, Francisco J. Múgica- ningún comunismo ni nada por el estilo.
Reducir, como lo hace Zunzunegui, TODA Revolución a la toma del gobierno por una pandilla de ambiciosos es apenas una verdad a medias, y habría que preguntarse a qué revolución se la dejó en paz: a la de Octubre de 1917 en la futura Unión Soviética le siguió la intervención armada de 14 países extranjeros y, a la vuelta de los años, menos de dos décadas, la invasión nazi. Corea del Norte tal vez no sea preferible al helado de vainilla, pero surgió ese país en medio de una guerra brutal que formalmente hasta hoy no ha terminado, como Cuba desde muy pronto a partir de 1959/1960 no ha tenido respiro, y Nicaragua fue acosada de muchas maneras en los '80. Frente a cercos externos, los gobiernos no se vuelven amables y sí, son rígidos y hasta represivos (sin exagerar la nota), para bien y para mal. Aparentemente, las cosas van mejor cuando no se molesta desde el exterior, como con China, pese a más de un desastre del chairman Mao. Ni se diga lo que se le hizo pagar al Vietnam de Ho Chi Minh. Si hablan de "la revolución de la libertad", ¿por qué no dejaron hacer la revolución en libertad y recurrieron a la agresión permanente, directa o indirecta?
México corrió con mejor suerte, salvo que González de Alba y Zunzunegui, tan preciosistas, ignoraron dos cosas de Estados Unidos (cuando menos): "no queremos un Japón como vecino", como dijo el "halcón" Zbigniew Brzezinski, y "con el libre comercio se acaba el nacionalismo" (Memorándum Negroponte). Si van a ser let it be, que sea de verdad let it be. Ni al chileno Salvador Allende (1970-1973) lo dejaron en paz. Cuando, a diferencia de alguien como Domenico Losurdo, puedan hacer alguna historia de revoluciones sin guerra de por medio, avisen (Japón fue absolutamente salvaje en China poco antes de la Revolución de 1949). Porque en muchos casos la rigidez represiva SIGUIÓ al acoso externo. Sin negar errores o problemas internos, ni la existencia de ambiciosos, por lo demás. Por cierto, en más de un caso no se enriquecieron a lo grande los líderes, a costa de nadie. No fue el caso soviético.
Si no fuera entonces más que una parte de la historia que el "tonto" de Madero recibió ayuda de Estados Unidos (y por cierto que no fue el único), habría que saber por qué Estados Unidos quiso poner lo suyo, al menos en armas, para una guerra civil entre mexicanos. Tal vez Villa no estuvo en Columbus. Pues tanto mejor o tanto peor, porque prácticamente nadie se ha metido a guerrear en territorio estadounidense: lo de Pearl Harbor lo dejaron hacer, para entrar en guerra en el Pacífico, y lo del 11/S está en espera de que le quiten algunas tachaduras al expediente para terminar probablemente de corroborar que fue "autogol", como el ya probado supuesto misil del Pentágono. El pleito corto de principios del siglo XIX fue con los británicos en Canadá, sobre todo, y para 1814 se terminó. Desde 1865, cuando concluyó un problema armado interno, la Guerra de Secesión, Estados Unidos no ha tenido ninguna guerra civil, por más de un siglo y medio, entre otras cosas porque nadie ha ido a crearles problemas (hasta del tipo "Rápido y Furioso"). Quitando la guerra de Secesión, interna, Estados Unidos lleva más de dos siglos sin que nadie se atreva a decirle qué hacer ni intervenga en su territorio.
¿Que Alemania y Japón? Se levantaron desde 1945 gracias a una gran ayuda económica estadounidense, por la Guerra Fría, como se hizo por cierto con represión fuerte el éxito de Corea del Sur. Lo hecho por González de Alba y Zunzunegui para divulgación tiene algunos puntos de interés para no andarse con mitos, sobre todo sobre la Conquista y la Colonia, y en parte sobre la Independencia (!convenciones!). Como luego, en nombre de la libertad, se trata de "editar" los hechos y su secuencia para ir a dar al otro extremo -la Revolución Mexicana no sirvió para absolutamente nada-, queda lo siguiente, para una tarea (por favor): ¿por qué, con la excepción de Costa Rica a partir de 1948, México fue el país más estable de América Latina, y está a tres años de cumplir un siglo sin intentonas armadas?¿Por qué la presencia de la Iglesia aturde menos que en otros países de América Latina?¿Y por qué la violencia se fue desatando -se les dijo "no despierten al México Bronco"- a medida en que desde en particular en los '80 los mirreyes tomaron el gobierno y, como se dice coloquialmente en México, se pitorrearon de la Revolución o de "Bomberito Juárez", "balconearon" a la patria y declararon la puritita libertad absoluta? Que por un pueblo "baboso" no funciona, ni es todo asunto de los cañonazos de pesos de Obregón: parte de la gente de abajo en México hasta los '70 DETESTABA robar y esperaba salir adelante con educación, el típico "crié a no sé cuantos hijos e hijas profesionistas". No se va a cambiar el mito de la Conquista, el de la Colonia o parte de el de la Independencia por el mito de Zunzunegui o González de Alba. Y hay mucho de vino nuevo en odres viejos, por más que a México no le haga bien deambular entre mitómanos españoles e idólatras indígenas. A la espera del que salga con que "Zunzunegui es mi ídolo".
No se trata de regodearse en el pasado como panteón de ilustres humillados y ofendidos. Pero tampoco de que la síntesis errónea para salir adelante sea compensar el complejo de inferioridad y la agresividad, además de la mezcla de mitomanía e idolatría, con lo "mega", "híper", "súper" y "monstruo" de influencia estadounidense, para estarse de "se hacía grandote" a "se hacía chiquito", arriba o abajo, y no como los demás. En cuanto a lo dicho por González de Alba, es erróneo que México no haya sabido atraer a "europeos bien trabajadores", como lo demuestra la presidentA Claudia Sheinbaum, y como si se estuviera en Argentina, donde se dice erróneamente que mientras los mexicanos descienden de los árboles, los argentinos de los barcos: mismo discurso del presidente argentino Javier Milei, "íbamos a ser potencia, y que llega la casta política". Sencillito y carismático. Compensar un sentimiento de inferioridad con uno de grandeza es más de lo mismo. Pobre Mexiquito; mejor payaso de rodeo (da click en el botón de reproducción).