Después de los atentados del 13 de noviembre en Paris, que costaron la vida de 130 personas, parecía que el mandatario francés, Francois Hollande, andaba buscando la "gran coalición" contra el EIIL (Estado Islámico de Iraq y Levante).
Hollande confesó en Moscú que Barack Obama, mandatario estadounidense, había sentenciado: "no mientras Bashar al Assad siga en el gobierno sirio".
Frente a este tipo de atentados en Occidente cada quien pone su cuota de indignación sin poner atención en nada. A diferencia de sitios rusos como Sputnik, que informan con cierta regularidad de los saldos de las incursiones aéreas rusas contra el EIIL, algo andaba raro en la prensa francesa: no informaba de ninguna operación, ni de número de vuelos de ataque, ni de daños infligidos al enemigo, pese a que Hollande había prometido actuar "sin piedad".
3 semanas después de los atentados y menos de 2 semanas después de la salida del portaviones Charles de Gaulle desde Tolón, el ministro de Defensa galo, Jean-Yves Le Drian, anunciaba que las bombas se estaban acabando. Hasta Holanda, con cuatro aviones F-16, había hecho más bombardeos que los franceses, quienes escogieron por lo demás sus blancos en Iraq y no en Siria, aunque los islamistas franceses que perpetraron los atentados habían sido entrenados en Siria.
El analista francés Jean-Dominique Merchet dió a conocer en L'Opinion que durante la agresión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) contra Yugoslavia, en 1999, la fuerza aérea francesa realizaba en promedio 52 misiones diarias (y sin que nadie, mucho menos algún serbio o montenegrino, hayan atentado contra nadie en París), contra 6 vuelos en promedio contra el EIIL.
Está bien: uno vive en la inmediatez, no existe información real en buena parte de Occidente, "yo lo ignoro todo mientras a mi no me afecte directamente (y en mi bolsillo)", salgo del aprieto pagando una módica cuota de indignación y los demás pueden hablar si quieren de los ciudadanos, la democracia y tantas otras cosas por las cuales vale la pena realizar 6 vuelos diarios y volver a meterse a la cama. Es el tipo de cariño que Occidente le tiene a su gente muerta.
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lunes, 18 de enero de 2016
domingo, 17 de enero de 2016
RUSIA Y LA EDUCACION SECUNDARIA
A finales del año pasado, el mandatario ruso Vladimir Putin reunió al Consejo de Estado para ocuparse de asuntos de educación.
Según el portal ruso Nakanune.ru, ha podido constatarse el descenso de la calidad de los conocimientos de los egresados de escuelas secundarias. Por lo visto, hasta ahora no ha funcionado mucho el nuevo ministro de Educación y Ciencia, Dmitri Livanov, pese a que jure y perjure que lo suyo es fomentar el civismo entre los estudiantes. Ya está un poco mejor que su antecesor, Andrei Fursenko, quien se proponía formar "consumidores cualificados competentes", habiendo abandonado así toda idea de ciudadanía -con lo que conlleva de ética y civismo- en plena secundaria.
El nuevo ministro quiere civismo con un gran proyecto de Educación Electrónica para estar al nivel global GIA (la Interconexión global) y las capacidades de "detección reguladora", etcétera, lo que significa que no entiende qué es civismo. Presente en la reunión, y sin ser un gran genio, el líder comunista Guennadi Ziuganov tuvo que recordar que meter todo el control del sistema de educación ruso a Internet no exime de la influencia externa que puede ser ajena a todo civismo. Ni siquiera es seguro que los contenidos de Internet tengan que ver con la educación.
Putin puso énfasis en otros valores, en la formación y orientación, en un mejor trato al maestro de escuela (revisión del sistema de remuneración del profesor en función de sus calificaciones, carga de trabajo e indicadores de calidad). El mandatario ruso pidió hacer énfasis en la educación patriótica para producir "una ciudadanía honesta y clara". Si la respuesta es conectar a todo el mundo a redes sociales, una respuesta como la que espera Putin no es segura, como no es seguro que sus funcionarios realmente lo están siguiendo a él y no a los oligarcas inscrustados en el gobierno..
Según el portal ruso Nakanune.ru, ha podido constatarse el descenso de la calidad de los conocimientos de los egresados de escuelas secundarias. Por lo visto, hasta ahora no ha funcionado mucho el nuevo ministro de Educación y Ciencia, Dmitri Livanov, pese a que jure y perjure que lo suyo es fomentar el civismo entre los estudiantes. Ya está un poco mejor que su antecesor, Andrei Fursenko, quien se proponía formar "consumidores cualificados competentes", habiendo abandonado así toda idea de ciudadanía -con lo que conlleva de ética y civismo- en plena secundaria.
El nuevo ministro quiere civismo con un gran proyecto de Educación Electrónica para estar al nivel global GIA (la Interconexión global) y las capacidades de "detección reguladora", etcétera, lo que significa que no entiende qué es civismo. Presente en la reunión, y sin ser un gran genio, el líder comunista Guennadi Ziuganov tuvo que recordar que meter todo el control del sistema de educación ruso a Internet no exime de la influencia externa que puede ser ajena a todo civismo. Ni siquiera es seguro que los contenidos de Internet tengan que ver con la educación.
Putin puso énfasis en otros valores, en la formación y orientación, en un mejor trato al maestro de escuela (revisión del sistema de remuneración del profesor en función de sus calificaciones, carga de trabajo e indicadores de calidad). El mandatario ruso pidió hacer énfasis en la educación patriótica para producir "una ciudadanía honesta y clara". Si la respuesta es conectar a todo el mundo a redes sociales, una respuesta como la que espera Putin no es segura, como no es seguro que sus funcionarios realmente lo están siguiendo a él y no a los oligarcas inscrustados en el gobierno..
RUSIA Y LA GUERRA: LA CREACION DE SINSENTIDO
Alemania era a finales de los años'30 un país feliz. Tenía un alto nivel de bienestar económico y los símbolos de éste eran, por ejemplo, las autopistas públicas y el automóvil "escarabajo", el famoso Volkswagen, hasta otros menores como la bebida Fanta. Abundaba la radio y Alemania se acercaba a los progresos del cine en color (Agfa). Si uno ve las cosas así, no hay motivos para que los alemanes se lanzaran a agredir a sus vecinos europeos, salvo alguna extravagancia "personal" de Hitler.
La Unión Soviética, a pesar de algunos años de terror (sobre todo 1937), a finales de los años 30 ya era una potencia industrial, no tenia intenciones de meterse con nadie (Stalin había proclamado "el socialismo en un solo país") y estaba en lo suyo después del pacto germano-soviético de 1939 (Ribbentrop-Molotov). Francamente: ¿pues qué les pasó?
Si Vladimir Putin, actual mandatario ruso, declara como lo hizo que la victoria de 1945 marca el inicio de la Rusia moderna, no tiene explicación sobre la agresión alemana contra la Unión Soviética, y es un asunto grave. ¿Por qué se agredieron si todo iba tan bien? Ya se ha descartado el motivo "eslavo": Alemania pactó sin problemas con los eslavos eslovacos, ucranianos, croatas y bosnios-musulmanes.
Cuando al final de la guerra las tropas soviéticas llegaron a Alemania, no podían creer lo bien que vivían los alemanes y muchos dijeron no entender por qué un país que vivía tan bien fue a agredirlos. Otros reaccionaron -por ejemplo en Prusia Oriental, según testimonios recogidos por Antony Beevor (Berlín, la caída: 1945)- saqueando simples casas alemanas de clase media creyendo que eran residencias aristocráticas, destruyendo espejos, quemando muebles y destrozando vajillas. "Poseen ganado, huertos y manzanos y sin embargo van y nos invaden", argumentaba otro. Los soviéticos estaban estupefactos ante la abundancia. La policía secreta soviética tuvo que buscar incluso que la estupefacción no se convirtiera en una exraña envidia y las cartas enviadas desde el frente eran controladas.
Puestas las cosas como las ha dejado Putin, carecen de sentido. Puestas como creían descubrirlas los soldados soviéticos al final de la guerra, también, si los alemanes ya debían estar saciados y aún así "habían querido más", y de lo ajeno (tal vez calcularon que sin consecuencias). Puestas al ritmo de "los dos totalitarismos", suponiendo sus semejanzas, ni Hannah Arendt ha explicado que la Alemania nazi y la Unión Soviética se hayan agredido (al contrario, todo el mundo encuentra normal que se hayan entendido en el pacto Ribbentrop-Molotov). Nadie querrá escuchar que la Alemania nazi quería ser una potencia colonial al mismo título que las demás y que la dejaron hacer con tal de que destruyera a los soviéticos. Puede ser esta explicación o el simple hecho "puesto ahí" de tal modo que remita al sinsentido, salvo doblándole las manos a Hannah Arendt ("totalitarismo mata a totalitarismo"). Dos países que estaban ahí de lo más felices de repente se liaron a golpes en una guerra sobre la cual cada quien debe depositar su cuota de indignación. Nada más. Hemos empezado a producir sinsentido.
La Unión Soviética, a pesar de algunos años de terror (sobre todo 1937), a finales de los años 30 ya era una potencia industrial, no tenia intenciones de meterse con nadie (Stalin había proclamado "el socialismo en un solo país") y estaba en lo suyo después del pacto germano-soviético de 1939 (Ribbentrop-Molotov). Francamente: ¿pues qué les pasó?
Si Vladimir Putin, actual mandatario ruso, declara como lo hizo que la victoria de 1945 marca el inicio de la Rusia moderna, no tiene explicación sobre la agresión alemana contra la Unión Soviética, y es un asunto grave. ¿Por qué se agredieron si todo iba tan bien? Ya se ha descartado el motivo "eslavo": Alemania pactó sin problemas con los eslavos eslovacos, ucranianos, croatas y bosnios-musulmanes.
Cuando al final de la guerra las tropas soviéticas llegaron a Alemania, no podían creer lo bien que vivían los alemanes y muchos dijeron no entender por qué un país que vivía tan bien fue a agredirlos. Otros reaccionaron -por ejemplo en Prusia Oriental, según testimonios recogidos por Antony Beevor (Berlín, la caída: 1945)- saqueando simples casas alemanas de clase media creyendo que eran residencias aristocráticas, destruyendo espejos, quemando muebles y destrozando vajillas. "Poseen ganado, huertos y manzanos y sin embargo van y nos invaden", argumentaba otro. Los soviéticos estaban estupefactos ante la abundancia. La policía secreta soviética tuvo que buscar incluso que la estupefacción no se convirtiera en una exraña envidia y las cartas enviadas desde el frente eran controladas.
Puestas las cosas como las ha dejado Putin, carecen de sentido. Puestas como creían descubrirlas los soldados soviéticos al final de la guerra, también, si los alemanes ya debían estar saciados y aún así "habían querido más", y de lo ajeno (tal vez calcularon que sin consecuencias). Puestas al ritmo de "los dos totalitarismos", suponiendo sus semejanzas, ni Hannah Arendt ha explicado que la Alemania nazi y la Unión Soviética se hayan agredido (al contrario, todo el mundo encuentra normal que se hayan entendido en el pacto Ribbentrop-Molotov). Nadie querrá escuchar que la Alemania nazi quería ser una potencia colonial al mismo título que las demás y que la dejaron hacer con tal de que destruyera a los soviéticos. Puede ser esta explicación o el simple hecho "puesto ahí" de tal modo que remita al sinsentido, salvo doblándole las manos a Hannah Arendt ("totalitarismo mata a totalitarismo"). Dos países que estaban ahí de lo más felices de repente se liaron a golpes en una guerra sobre la cual cada quien debe depositar su cuota de indignación. Nada más. Hemos empezado a producir sinsentido.
lunes, 11 de enero de 2016
NAZIS: LA DOSIS PERSONAL
El régimen nazi alemán cultivaba el deporte (para mejorar la raza aria), la vida en la naturaleza, limitada las posibilidades de fumar, restringía el maltrato a los animales y, en una de esas, Adolf Hitler incluso se enojó por los abusos que cometían los soldados alemanes en Francia bajo los efectos del alcohol: en julio de 1940, el líder nazi declaró que esperaba "que los miembros de la Wehrmacht que participen en actos criminales como resultado del abuso del alcohol sean severamente castigados" e incluso con una "muerte humillante" para los perpetradores de "delitos graves".
Al mismo tiempo, así como toleraban la homosexualidad, los nazis toleraban la droga. Desde 1938 se introdujo en el mercado alemán el "Pervitin", una metanfetamina de la compañía farmaceútica Temmler, con sede en Berlín. Empezó vendiéndose entre la población civil e incluso en chocolates para niños (!), lo que volvió la droga (el equivalente del speed) apreciada incluso por amas de casa. La droga se podía pedir por teléfono y para "entrega urgente". Fue probada con éxito para el rendimiento de estudiantes. Desde luego que no había más que un paso que dar para su uso generalizado en la guerra.
35 millones de tabletas de 3mg de "Pervitin" e "Isophan" (una droga similar) fueron distribuidas entre abril y junio de 1940 en el ejército y la fuerza aérea alemanas, que curiosamente resistían donde el enemigo parecía no aguantar mucho (en la campaña francesa de las Ardenas, los alemanes avanzaron cuatro días seguidos sin parar). En 1941, otros 10 millones de tabletas fueron distribuidas en el ejército. En el frente, dos tabletas bastaban para mantenerse despierto entre 3 y 8 horas. Hacia el final de la guerra, los nazis probaron algo así como "Pervitin más cocaína" entre la tripulación de submarinos alemanes. Así las cosas, las campañas relámpago de los nazis en Francia y luego en el frente soviético parecen haberse hecho en parte gracias a "Pervitin".El mismísimo general Erwin Rommel consumía "Pervitin".
Hitler recibió 800 inyecciones de metanfetaminas, esteroides y otras sustancias y se tomó mil 100 pastillas entre 1941 y 1945. Alemania vivió así bajo el Tercer Reich en Der Totale Rausch, la euforia total. Pasadísimos de felicidad.
Al mismo tiempo, así como toleraban la homosexualidad, los nazis toleraban la droga. Desde 1938 se introdujo en el mercado alemán el "Pervitin", una metanfetamina de la compañía farmaceútica Temmler, con sede en Berlín. Empezó vendiéndose entre la población civil e incluso en chocolates para niños (!), lo que volvió la droga (el equivalente del speed) apreciada incluso por amas de casa. La droga se podía pedir por teléfono y para "entrega urgente". Fue probada con éxito para el rendimiento de estudiantes. Desde luego que no había más que un paso que dar para su uso generalizado en la guerra.
35 millones de tabletas de 3mg de "Pervitin" e "Isophan" (una droga similar) fueron distribuidas entre abril y junio de 1940 en el ejército y la fuerza aérea alemanas, que curiosamente resistían donde el enemigo parecía no aguantar mucho (en la campaña francesa de las Ardenas, los alemanes avanzaron cuatro días seguidos sin parar). En 1941, otros 10 millones de tabletas fueron distribuidas en el ejército. En el frente, dos tabletas bastaban para mantenerse despierto entre 3 y 8 horas. Hacia el final de la guerra, los nazis probaron algo así como "Pervitin más cocaína" entre la tripulación de submarinos alemanes. Así las cosas, las campañas relámpago de los nazis en Francia y luego en el frente soviético parecen haberse hecho en parte gracias a "Pervitin".El mismísimo general Erwin Rommel consumía "Pervitin".
Hitler recibió 800 inyecciones de metanfetaminas, esteroides y otras sustancias y se tomó mil 100 pastillas entre 1941 y 1945. Alemania vivió así bajo el Tercer Reich en Der Totale Rausch, la euforia total. Pasadísimos de felicidad.
NAZISMO: TAN PURO, TAN BELLO
Hitler fue un líder "verde", entre otras cosas porque detestaba el maltrato a los animales, y por este motivo era vegetariano, al menos según el retrato que hacía la propaganda oficial, en particular la de Joseph Goebbels. Algunas anécdotas sugieren que a los comensales que comían carne Hitler les comentaba lo que sucedía en los mataderos de animales. Hitler, al parecer, no quería a los carniceros. Martin Bormann, jefe de la cancillería del partido nazi y secretario particular de Hitler, le construyó a este un invernadero en Berchtesgaden, con frutas y hortalizas, para hacer llevadera la guerra. El general de las SS ("Escuadras de defensa") belga, León Degrelle, comentó sobre Hitler: "no puede soportar comer carne, porque ello significa la muerte de una criatura viva". Sea o no cierto, el Fuhrer, eso sí, no fumaba y no veía con buenos ojos el consumo de alcohol entre la tropa alemana.
Tal vez en busca del perfeccionamiento espiritual, Hitler era aficionado a la astrología, la mitología, el yoga y la mística medieval. El nazismo vió con buenos ojos el budismo: el primer congreso budista europeo se realizó en 1933 y Alemania tenía con el Tercer Reich una colonia de monjes budistas (algunos de ellos pelearon contra los soviéticos). Heinrich Himmler, ministro del interior del Tercer Reich y comandante de las SS, acudió en 1940 a Montserrat, Barcelona, porque estaba interesado en la búsqueda del Santo Grial. Himmler concedía a los iniciados en el esoterismo un anillo especial (totenkopfring) que permitía participar en rituales especiales de solsticios y equinoccios.
Los nazis también creían en la catarismo. Otto Rahn, miembro de las SS y escritor, consideraba que los cataros serían los legitimos guardianes del catarismo en Europa.
La svástica nazi mezclaba simbología esotérica con hinduísmo.
Así, al cuidado de las criaturas vivas (los animales no humanos) y la salud física (no beber, no fumar, disfrutar de la naturaleza) los nazis agregaron intensas búsquedas espirituales.
Tal vez en busca del perfeccionamiento espiritual, Hitler era aficionado a la astrología, la mitología, el yoga y la mística medieval. El nazismo vió con buenos ojos el budismo: el primer congreso budista europeo se realizó en 1933 y Alemania tenía con el Tercer Reich una colonia de monjes budistas (algunos de ellos pelearon contra los soviéticos). Heinrich Himmler, ministro del interior del Tercer Reich y comandante de las SS, acudió en 1940 a Montserrat, Barcelona, porque estaba interesado en la búsqueda del Santo Grial. Himmler concedía a los iniciados en el esoterismo un anillo especial (totenkopfring) que permitía participar en rituales especiales de solsticios y equinoccios.
Los nazis también creían en la catarismo. Otto Rahn, miembro de las SS y escritor, consideraba que los cataros serían los legitimos guardianes del catarismo en Europa.
La svástica nazi mezclaba simbología esotérica con hinduísmo.
Así, al cuidado de las criaturas vivas (los animales no humanos) y la salud física (no beber, no fumar, disfrutar de la naturaleza) los nazis agregaron intensas búsquedas espirituales.
jueves, 7 de enero de 2016
RUSIA: LA ALEGRIA DE MEDVEDEV
La dependencia de la "aguja del petróleo" es, según el primer ministro ruso Dmitri Medvedev, una "herencia totalitaria", algo recibido de la Unión Soviética. Hasta hoy, cerca del 44 % del presupuesto ruso depende del petróleo. Las exportaciones industrias de alta tecnología son por cierto bajas: 2.3 % del total.
Cuando existía la Unión Soviética, por ejemplo en el año 1970, las exportaciones de maquinaria y equipo eran 21,5 % del total, contra 4,9 % en 2008. Las exportaciones de alimentos y materias primas eran de 8,9 %, contra 2 % en la actualidad. Así, según Evgueni Kozlovski, ex ministro de Geología de la Unión Soviética, de 1970 (cuando se acercaba el boom de los petrodólares) a 2008, la dependencia del petróleo aumentó 260 veces. Entre 1950 y 1970, en cambio, las exportaciones de maquinaria y equipo eran del 20 %. Los ingresos petroleros solían invertirse en la industria, comenzando por maquinaria e ingeniería mecánica, mientras que ahora la ciencia y tecnología no van más allá de los inventos del centro Skolkovo.
A partir de los '70, Moscú tragó el anzuelo para tener altos ingresos en dólares antes de que el dólar se depreciara por el acuerdo Plaza de 1985 y los precios del petróleo se desplomaran. Con el alza bastante posterior de los precios del crudo, Rusia volvió a la "aguja del petróleo". Medvedev habría debido explicar por qué en 25 años de reformas económicas (que incluyen el paso de Medvedev por altísimos cargos, uno en la presidencia y dos veces primer ministro) no se hizo mayor cosa en la Federación Rusa para "quitarle la aguja del petróleo" al presupuesto ni para mejorar la inversión en ciencia y tecnología y reindustrializar el país. Tal vez porque, en caso de consecuencia negativa, en vez de asumir el error propio siempre iba a resultar más cómodo y expedito alegar "la herencia totalitaria". De todos modos, Rusia es ahora un país menos dependiente de los energéticos: las exportaciones de productos manufacturados ya superan desde 2014 a las de materias primas (más de la mitad de las exportaciones son productos tecnológicos terminados, incluyendo ciertamente bastante armamento y servicios), incluso a diferencia de naciones como Australia y Noruega, y ni se diga de los países latinoamericanos en su inmensa mayoría.
Cuando existía la Unión Soviética, por ejemplo en el año 1970, las exportaciones de maquinaria y equipo eran 21,5 % del total, contra 4,9 % en 2008. Las exportaciones de alimentos y materias primas eran de 8,9 %, contra 2 % en la actualidad. Así, según Evgueni Kozlovski, ex ministro de Geología de la Unión Soviética, de 1970 (cuando se acercaba el boom de los petrodólares) a 2008, la dependencia del petróleo aumentó 260 veces. Entre 1950 y 1970, en cambio, las exportaciones de maquinaria y equipo eran del 20 %. Los ingresos petroleros solían invertirse en la industria, comenzando por maquinaria e ingeniería mecánica, mientras que ahora la ciencia y tecnología no van más allá de los inventos del centro Skolkovo.
A partir de los '70, Moscú tragó el anzuelo para tener altos ingresos en dólares antes de que el dólar se depreciara por el acuerdo Plaza de 1985 y los precios del petróleo se desplomaran. Con el alza bastante posterior de los precios del crudo, Rusia volvió a la "aguja del petróleo". Medvedev habría debido explicar por qué en 25 años de reformas económicas (que incluyen el paso de Medvedev por altísimos cargos, uno en la presidencia y dos veces primer ministro) no se hizo mayor cosa en la Federación Rusa para "quitarle la aguja del petróleo" al presupuesto ni para mejorar la inversión en ciencia y tecnología y reindustrializar el país. Tal vez porque, en caso de consecuencia negativa, en vez de asumir el error propio siempre iba a resultar más cómodo y expedito alegar "la herencia totalitaria". De todos modos, Rusia es ahora un país menos dependiente de los energéticos: las exportaciones de productos manufacturados ya superan desde 2014 a las de materias primas (más de la mitad de las exportaciones son productos tecnológicos terminados, incluyendo ciertamente bastante armamento y servicios), incluso a diferencia de naciones como Australia y Noruega, y ni se diga de los países latinoamericanos en su inmensa mayoría.
miércoles, 6 de enero de 2016
RUSIA: INAUGURARON EL MONUMENTO AL BORRACHIN
En la última celebración de la Gran Guerra Patria, el actual mandatario ruso, Vladimir Putin, dijo que el acontecimiento marcó el inicio de la "Rusia moderna".
En noviembre pasado, en la ciudad rusa de Ekaterimburgo, en los Urales, fue inaugurado el Centro Yeltsin, en honor a Boris Yeltsin, primer presidente de Rusia (de manera completamente ilegal, por cierto) luego de la caída de la Unión Soviética (1991). El Centro es financiado en parte por el Estado y en parte por donadores privados, y fue construido entre otras cosas gracias a Ralph Appelbaum, diseñador del museo/biblioteca Clinton de Arkansas (en Estados Unidos), el centro Holocausto de Washington y el Museo de la Tolerancia (Museo Judío o Museo del Holocausto) en Moscú. El Centro Presidencial Boris Yeltsin cuenta con museo, sala de exposiciones, archivo, librería, mediateca, centro educativo y centro infantil. Inexplicablemente, no tiene cantina/bar (un mexicano ya habría resuelto cómo hacerle el mejor homenaje a Yeltsin y volver al Centro "autofinanciable"). Dmitri Medvedev, actual primer ministro ruso, quien asistió a la inauguración del Centro (al igual que Putin) y a la de un monumento al mismo Yeltsin, destacó de éste "la firmeza y la voluntad", y el hecho de "no desviarse en el camino hacia los cambios en el periodo más difícil". Vaya manera de decirlo: debe agradecérsele a Yeltsin no haberse apartado de la destrucción de la Unión Soviética y del socialismo. La "firmeza y voluntad" de Yeltsin eran de conocimiento público, sobre todo cuando el señor estaba bebido (lo que no era tan raro) y/o humillaba a sus subordinados en el peor estilo soviético de posguerra, "aplastando al insecto". El asesinado opositor (a Putin), Boris Nemtsov, comparó alguna vez a Yeltsin con el zar Alejandro II, quien emancipó a los siervos, estimuló la libertad de expresión y la iniciativa privada a mediados del siglo XIX. Así las cosas, en la cabeza de Nemtsov seguramente la Unión Soviética era un país de siervos. Nemtsov (quien apodó a Yeltsin "el zar Boris") fue asesinado en febrero de 2015 cuando se paseaba por el centro de Moscú con la modelo ucraniana Anna Durystka, cuyas fotografías en las redes sociales eran tan edificantes como las borracheras de Yeltsin. Ucrania le otorgó la "Orden de la Libertad" post mortem a Nemtsov, elevado así casi a la categoría de "asesor de Alejandro II" o tal vez a la de "mejor amigo de las modelos locales"
En los '90, durante la presidencia de Yeltsin, los "niños de pantalones rosa" (Yegor Gaidar, Anatoli Chubais) destruyeron y entregaron a precio de remate al mejor postor toda la industria creada por la Unión Soviética a partir de 1929-30 y 1931, cuando Moscú decidió que la mejor manera de responder al asedio y probable ataque occidental -que podía desembocar en la destrucción de la Unión Soviética-.era hacerse de una industria fuertísima en 10 años, lo que efectivamente sucedió. En su completo extravío ideológico, Putin ni se dió por enterado de este periodo de la historia soviética. Medvedev, por su parte, debe haber andado festejando la primera vez que el ejército (no las fuerzas de seguridad) fue usado en Rusia contra su propio pueblo, en 1993 (primera vez desde la época del zar), cuando el vicepresidente ruso Alexander Rutskoi tildó las reformas económicas de "genocidio" (la hiperinflación acabó con los ahorros personales de millones de rusos que fueron a dar en la pobreza mientras un puñado de oligarcas amparados por Chubais se robó cuanto pudo). y la entrada en una guerra totalmente ineficaz contra Chechenia en 1994, por asuntos mafiosos. Con tal de "desideologizar" las cosas, con Yeltsin más de un ruso volvió al complejo zarista-imperial (Yeltsin celebró a los Romanov y se hizo enterrar por la Iglesia) y acabó, ideológicamente hablando, con una "ensalada rusa" en la cabeza, antes de llegar a la "sopa de betabel con cremia agria" (rojo y blanco) de Putin..
En noviembre pasado, en la ciudad rusa de Ekaterimburgo, en los Urales, fue inaugurado el Centro Yeltsin, en honor a Boris Yeltsin, primer presidente de Rusia (de manera completamente ilegal, por cierto) luego de la caída de la Unión Soviética (1991). El Centro es financiado en parte por el Estado y en parte por donadores privados, y fue construido entre otras cosas gracias a Ralph Appelbaum, diseñador del museo/biblioteca Clinton de Arkansas (en Estados Unidos), el centro Holocausto de Washington y el Museo de la Tolerancia (Museo Judío o Museo del Holocausto) en Moscú. El Centro Presidencial Boris Yeltsin cuenta con museo, sala de exposiciones, archivo, librería, mediateca, centro educativo y centro infantil. Inexplicablemente, no tiene cantina/bar (un mexicano ya habría resuelto cómo hacerle el mejor homenaje a Yeltsin y volver al Centro "autofinanciable"). Dmitri Medvedev, actual primer ministro ruso, quien asistió a la inauguración del Centro (al igual que Putin) y a la de un monumento al mismo Yeltsin, destacó de éste "la firmeza y la voluntad", y el hecho de "no desviarse en el camino hacia los cambios en el periodo más difícil". Vaya manera de decirlo: debe agradecérsele a Yeltsin no haberse apartado de la destrucción de la Unión Soviética y del socialismo. La "firmeza y voluntad" de Yeltsin eran de conocimiento público, sobre todo cuando el señor estaba bebido (lo que no era tan raro) y/o humillaba a sus subordinados en el peor estilo soviético de posguerra, "aplastando al insecto". El asesinado opositor (a Putin), Boris Nemtsov, comparó alguna vez a Yeltsin con el zar Alejandro II, quien emancipó a los siervos, estimuló la libertad de expresión y la iniciativa privada a mediados del siglo XIX. Así las cosas, en la cabeza de Nemtsov seguramente la Unión Soviética era un país de siervos. Nemtsov (quien apodó a Yeltsin "el zar Boris") fue asesinado en febrero de 2015 cuando se paseaba por el centro de Moscú con la modelo ucraniana Anna Durystka, cuyas fotografías en las redes sociales eran tan edificantes como las borracheras de Yeltsin. Ucrania le otorgó la "Orden de la Libertad" post mortem a Nemtsov, elevado así casi a la categoría de "asesor de Alejandro II" o tal vez a la de "mejor amigo de las modelos locales"
En los '90, durante la presidencia de Yeltsin, los "niños de pantalones rosa" (Yegor Gaidar, Anatoli Chubais) destruyeron y entregaron a precio de remate al mejor postor toda la industria creada por la Unión Soviética a partir de 1929-30 y 1931, cuando Moscú decidió que la mejor manera de responder al asedio y probable ataque occidental -que podía desembocar en la destrucción de la Unión Soviética-.era hacerse de una industria fuertísima en 10 años, lo que efectivamente sucedió. En su completo extravío ideológico, Putin ni se dió por enterado de este periodo de la historia soviética. Medvedev, por su parte, debe haber andado festejando la primera vez que el ejército (no las fuerzas de seguridad) fue usado en Rusia contra su propio pueblo, en 1993 (primera vez desde la época del zar), cuando el vicepresidente ruso Alexander Rutskoi tildó las reformas económicas de "genocidio" (la hiperinflación acabó con los ahorros personales de millones de rusos que fueron a dar en la pobreza mientras un puñado de oligarcas amparados por Chubais se robó cuanto pudo). y la entrada en una guerra totalmente ineficaz contra Chechenia en 1994, por asuntos mafiosos. Con tal de "desideologizar" las cosas, con Yeltsin más de un ruso volvió al complejo zarista-imperial (Yeltsin celebró a los Romanov y se hizo enterrar por la Iglesia) y acabó, ideológicamente hablando, con una "ensalada rusa" en la cabeza, antes de llegar a la "sopa de betabel con cremia agria" (rojo y blanco) de Putin..
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