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lunes, 18 de enero de 2016

FRANCIA: EL JEFE DIJO QUE NO

Después de los atentados del 13 de noviembre en Paris, que costaron la vida de 130 personas, parecía que el mandatario francés, Francois Hollande, andaba buscando la "gran coalición" contra el EIIL (Estado Islámico de Iraq y Levante).
      Hollande confesó en Moscú que Barack Obama, mandatario estadounidense, había sentenciado: "no mientras Bashar al Assad siga en el gobierno sirio".
      Frente a este tipo de atentados en Occidente cada quien pone su cuota de indignación sin poner atención en nada. A diferencia de sitios rusos como Sputnik, que informan con cierta regularidad de los saldos de las incursiones aéreas rusas contra el EIIL, algo andaba raro en la prensa francesa: no informaba de ninguna operación, ni de número de vuelos de ataque,  ni de daños infligidos al enemigo, pese a que Hollande había prometido actuar "sin piedad".
      3 semanas después de los atentados y menos de 2 semanas después de la salida del portaviones Charles de Gaulle desde Tolón, el ministro de Defensa galo, Jean-Yves Le Drian, anunciaba que las bombas se estaban acabando. Hasta Holanda, con cuatro aviones F-16, había hecho más bombardeos que los franceses, quienes escogieron por lo demás sus blancos en Iraq y no en Siria, aunque los islamistas franceses que perpetraron los atentados habían sido entrenados en Siria.
      El analista francés Jean-Dominique Merchet dió a conocer en L'Opinion que durante la agresión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) contra Yugoslavia, en 1999, la fuerza aérea francesa realizaba en promedio 52 misiones diarias (y sin que nadie, mucho menos algún serbio o montenegrino, hayan atentado contra nadie en París), contra 6 vuelos en promedio contra el EIIL.
     Está bien: uno vive en la inmediatez, no existe información real en buena parte de Occidente, "yo lo ignoro todo mientras a mi no me afecte directamente (y en mi bolsillo)", salgo del aprieto pagando una módica cuota de indignación y los demás pueden hablar si quieren de los ciudadanos, la democracia y tantas otras cosas por las cuales vale la pena realizar 6 vuelos diarios y volver a meterse a la cama. Es el tipo de cariño que Occidente le tiene a su gente muerta.