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martes, 16 de marzo de 2021

TODO VALE

 A un autor de la sección "Confabulario" del periódico mexicano El Universal se le debe una nueva andanada de anticomunismo disfrazado de "antitotalitarismo": hay que decirlo así porque los "antitotalitarios" en circulación prácticamente nunca se enredan con el nazi-fascismo, sino que se dedican reiteradamente a mostrarles a los presentes que cualquier intento por cambiar el estado de cosas existente acarrea el peligro de caer en manos de gandules que en nuestro propio nombre nos metan al Gulag, nos fusilen o nos hagan pasar toda suerte de privaciones, hambrunas incluidas. Así que ahora resulta que "el totalitarismo comenzó en Kronstadt" en 1921. 

     Dejemos de lado aquí el trabajo que hiciera alguna vez el autor italiano Domenico Losurdo para demostrar quién inventó la palabreja "totalitarismo" y cómo no sirve para mayor cosa desde el punto de vista científico, aunque sea muy útil para la propaganda (pues sí: fueron propagandistas del fascismo italiano y el nazismo alemán los primeros en usar la palabra "totalitario"). Si alguien quiere hacerse pasar por culto utilizando el lenguaje de Benito Mussolini, no se puede impedir, al menos no en democracia. Es parte de "los derechos y las libertades" ("yo digo lo que se me pegue la gana").

      Para "demostrarlo" (lo de los gandules), uno puede citar el muy difundido texto El libro negro del comunismo (1997), coordinado por el historiador francés Stéphane Courtois (un "anarco-maoísta" arrepentido), omitiendo lo siguiente. A poco de publicado este texto, en cuya gloriosa introducción Courtois le atribuye al comunismo unos 100 millones de muertos, varios de los coautores prefirieron desligarse del asunto porque el cálculo, por decirlo de algún modo, estaba demasiado "grueso" y sumaba cualquier cosa. Courtois ha llegado más lejos recientemente: hizo una biografía del líder ruso Vladimir I. Lenin (Lenin. El inventor del totalitarismo) que lo convierte, atención, en el precursor de todos los "totalitarismos", incluyendo el nazismo y el fascismo. La verdad sea dicha, no falta gente con razones objetivas para creer que un cuadrado es un círculo si se lo dictan sus intereses

     Seguramente importen poco las investigaciones de archivo serias que ya demostraron que el número de muertos en la Unión Soviética en el periodo bolchevique-socialista (porque nunca hubo comunismo) no llega ni al millón (no nos faltan 43, sino que nos sobran 99), junto a los trabajos del estadounidense Grover Furr (también de archivo) que muestran por lo demás cómo las víctimas se concentran en los años 1937-1938 en una provocación de Nikolai Ezhov al poder soviético, que se encargó de pararlo y ejecutarlo. Pero hoy estamos de buenas, así que, como el señor Courtois o como el difunto disidente ruso Alexander Solzhenitsin, vamos a sumar 99 millones 200 mil muertos para felicidad de quienes conocen sus intereses. Pues bien, de acuerdo con El libro negro del capitalismo (1998), coordinado por Gilles Perrault, entre 1900 y 1997 el capitalismo mató justamente a unos 100 millones de seres humanos. Nos podemos ir a michis, porque de otra manera habría que rehacer cálculos y concluir que el capitalismo mató a cerca de 99 millones 200 mil seres más que el "experimento comunista". Ni que fuera tan difícil: tan sólo en la primera Guerra Mundial, que comenzó en 1914 y es previa a la Revolución rusa de Octubre (1917), el capitalismo se escabechó a 18 millones de personas. Por seguir "sus intereses", por cierto. Sin hablar del siglo XIX, las aventuras coloniales, la trata de esclavos, etcétera...Desde el punto de vista de quienes sabemos que lo más realista es seguir nuestros intereses, se concluye que cualquier alternativa al capitalismo es genocida... Desde luego, en el capitalismo se supone que podemos seguir  nuestros intereses con la entera libertad de no morirnos de hambre o fusilados.

      El asunto, como se ve a juzgar por la primera Guerra Mundial, iba fuerte antes de Kronstadt, donde, supuestamente, los "representantes del proletariado" se habrían puesto a matar maquinalmente proletarios, sin que quede claro tampoco por qué se consideraría "proletarios" a marinos, que es lo que había en esa localidad. Uno puede desechar lo que se dijo oficialmente sobre el asunto, pero no los hechos: ¿por qué se supo en la prensa internacional del motín de marinos dos semanas antes de que ocurriera?¿Los marinos de Kronstadt eran de origen obrero o campesino de zonas reaccionarias de Ucrania que no tenían nada que ver con proletarios?¿El motín fue "espontáneo" o "patrocinado" gentilmente por emigrados blancos, que desde Francia hasta Finlandia se la pasaron adulando a los amotinados y haciéndoles llegar ayuda?¿Qué hacían en el asunto bancos franceses y rusos, compañías de aseguradoras, la Cruz Roja, etcétera? El problema es que la fuente no es en realidad el sovietismo oficial y ni siquiera Trotski, sino el mismo historiador anarquista estadounidense citado por el autor en "Confabulario", Paul Avrich, quien habla incluso de un Memorándum Secreto para ayudar militarmente a los amotinados. Es más, el caso está peor, porque el Avrich citado, simpatizante del amotinamiento de los marinos, afirmó que "Kronstadt presenta una situación en la cual el historiador puede simpatizar con los rebeldes, y conceder, no obstante, que los bolcheviques estuvieron justificados al someterlos. Al reconocer este hecho se capta en verdad toda la tragedia de Kronstadt". ¿Cuándo citamos a un autor y cuándo no?¿Le hacemos "cirugía" a lo que afirmó?¿Usamos además otra fuente desacreditada por los mismos que tomaron parte en su elaboración (el libro coordinado e introducido a la mala por Courtois)?¿O nos apoyamos en el escritor -novelista- británico Martin Amis que también inventa cifras y ha sido severamente criticado por otros especialistas británicos, como Orlando Figues, por equiparar a la ligera comunismo y nazismo, por falta de humildad, porque "no escribimos historia para llamar la atención sobre nosotros mismos", porque no se hace charlatanería con trabajos de otros, porque se escriben pasajes "repugnantes y faltos de decoro" y porque en el texto sobre el muy temible Koba hay errores básicos en casi todas las páginas? El auténtico protagonista del libro de Amis (al decir de El País), Koba el terrible: las risas y los 20 millones de muertos... no es Stalin, sino Martin Amis. Finalmente, citar a Trotski, el artífice de la represión en Kronstadt, tampoco es de lo mejor: Grover Furr acaba de publicar un texto con documentación de archivo en el cual se prueba la colaboración del mismo Trotski con el nazismo, el fascismo y el nacionalismo ucraniano (2020: New Evidence of  Trotsky's Conspiracy).

     Después de los trabajos historiográficos recientes, basados en un uso serio de archivos, un comunista no tiene por qué tener "un pozo siniestro en la conciencia", ni acostumbraría prestarle a Lenin falsedades como la siguiente frase: "ríndanse o serán ametrallados como conejos". El hecho es que hoy en día se puede decir lo que se quiera y adornarse con lo que sea: nuestros intereses nos permiten creerlo y sobre todo desacreditar cualquier palabra dicha desde una ética confundida con "la moral" como "coartada" de la "dizque gente de bien". La coartada es otra: corrómpete porque así es la naturaleza humana, la misma que nos dicta cómo seguir nuestros intereses y obtener desde ventajas hasta ganancias, y no intentes siquiera sugerir que hay alternativa porque no conduce más que a la muerte y la escasez. Está muy bien, salvo que lo que se coarte sea en realidad la posibilidad de cualquiera de tener acceso a información fidedigna y no a interminables montajes. La Carta Mundial de Etica para los Periodistas (Carta de Munich) sugiere "respetar la verdad, cualesquiera sean las consecuencias, en razón del derecho del público a estar informado". En principio, entonces, el público debiera estar primero, es decir, antes que nuestros intereses, que la prestación de servicios a nuestros amigos para quedar bien y en posición de recibir favores, y que la manita de puerco ideológica a las historias en nombre exclusivo de "la libertad": no se la tiene de servirle al lector cualquier cosa, incluso adulterada, y de engañarlo utilizando la coerción apenas velada ("o el actual estado de cosas o el terror", etcétera). Hacer todo lo descrito sin tener "un pozo en la conciencia" supone no tenerla y haberla remplazado por el peor sentido común de la época. Todo vale.

     Por cierto, ¿por qué el señor Courtois (foto) causa repulsa?



domingo, 14 de marzo de 2021

MEIN FUHRER: HASTA CON TIA CUQUIS...

 ¿Y si abrimos el clóset?

Claro, nos encontramos con más, y más, y más amigas de Mein Fuhrer.

     Durante los años treinta, el sionismo tuvo una relación bastante estrecha con el nazismo. Es más, así suene a escándalo, el nazismo no dejó de ser un soporte financiero para la creación del Estado de Israel, con tal de deshacerse de los judíos. Isaac Shamir, quien llegara a ser primer ministro de Israel (1983-1984 y 1982-1996), nacido en Bielorrusia,  se unió al sionismo en 1929. Su pequeña facción juvenil era admiradora del fascismo italiano de Benito Mussolini y ni más ni menos que del nazismo y Hitler. Entre 1940 y 1941, el grupo de Shamir hizo reiterados intentos para contactar a ambos líderes, para buscar una alianza contra los británicos. Estos sionistas enviaban cartas a los líderes nazi-fascistas denunciando los "decadentes" sistemas políticos británico y francés, y tratando de garantizar que estos no tendrían ningún papel en un futuro Estado judío que se estableciera en Palestina. Cabe recordar que en su momento lo que habría de ser el Estado de Israel era el Mandato Británico de Palestina (incluía el territorio de los actuales Israel, Palestina y Jordania), que duró de 1922 a 1948. Dado el carácter pequeño de la facción sionista de Shamir, ni Mussolini ni Hitler le prestaron demasiada atención. El asunto lo revelaría tiempo después la prensa estadounidense.

     En 1983, Lenni Brenner publicó un libro intitulado 51 documentos: la colaboración sionista con los nazis. A partir de aquí puede deducirse que el régimen de Mussolini veía con agrado la extrema derecha sionista de Menájem Beguin, a la postre sexto primer ministro de Israel (1977-1983) y Premio Nobel de la Paz. Nacido también en la actual Bielorrusia (Brest), Beguin se enroló a temprana edad, siendo adolescente, en el movimiento sionista Beitar, de Zeev Jabotinsky. Después de todo un periplo, Beguin llegó en plena segunda Guerra Mundial a Palestina a combatir contra los británicos. Pero quienes tuvieron la mejor "sociedad" entre sionistas y nazis fueron los del movimiento (sionista) de David Ben-Gurión y Chaim Weizmann (primer presidente del Estado de Israel y hombre de origen bielorruso también). En una Convención Sionista de 1933, se buscó un "Acuerdo de Transferencia" -pese a que desagradó a más de un judío- con los hitlerianos que asegurara el viaje de judíos alemanes a Palestina (habrían llegado hasta 60 mil) a cambio de que el sionismo le ayudara a una Alemania que buscaba volver a arrancar económicamente con la exportación de bienes manufacturados a la misma Palestina. Por este camino, resulta que entre 1933 y 1939 más del 60 % de las inversiones en la Palestina judía se originaron en la Alemania nazi. Los hitlerianos respaldaron así las colonias judías en Palestina, que pudieron sortear un periodo difícil. El acuerdo citado arriba no es ningún secreto: se conoce como Acuerdo Haavara y fue firmado por la Federación Sionista de Alemania, el Banco Leumi (dependiente de la Agencia Judía para Israel) y la Alemania nazi. Los judíos alemanes que llegaban a Palestina lo hacían en barcos nazis que ondeaban la bandera con la esvástica.

      Ya se ha dicho que el futuro territorio israelí estaba bajo mandato británico. El libro de Hitler, Mi lucha (Mein Kampf) no es nada comparado con los lances del primer ministro británico Winston Churchill contra el "judeo-bolchevismo" y a favor del sionismo ("Zionism vs Bolshevism. A Struggle for the Soul of the Jewish People").

     Cuando Htiler comenzó a proscribir toda oposición en la Alemania nazi, dejando únicamente un partido, no persiguió empero al Partido Sionista local, que obtuvo un estatus legal. Con Hitler estaban permitidas desde las marchas sionistas hasta las publicaciones sionistas, y altos dignatarios nazis fueron invitados a conocer la Palestina judía durante seis meses en 1934. Joseph Goebbels, el propagandista nazi, le dió toda la difusión al asunto. Si dejamos de hacernos de la vista gorda, resulta que Churchill y los nazis tenían la misma visión favorable del sionismo contra el bolchevismo. Por cierto, el primero en decir que había demasiados judíos en Alemania no fue Hitler, sino el ya mencionado Weizmann, quien afirmaba que "ningún país puede sorportar demasiados judíos". Hay algo más curioso todavía: el artífice de la alianza con el sionismo fue Adolf Eichmann (al grado de ponerse a aprender hebreo), artífice también de campos de concentración y sentenciado a muerte en Israel en la posguerra después de haberse refugiado en Argentina. Por lo demás, para más señas, el Acuerdo de Haavara está descrito al detalle en un libro de Edwin Black, The Transfer Agreement. En 2002 fue publicado el libro de Bryan Mark Rigg, Hitler Jewish's Soldiers (Los soldados judíos de Hitler). Unas 150 mil personas con orígenes judíos pelearon en las fuerzas hitlerianas cuando fue necesario para enfrentarse al "bolchevismo".

     Hay ciertos asuntos que no pierden actualidad. A la sombra de los Demócratas estadounidenses, en la Ucrania posterior al Euromaidán de 2014 resurgieron grupos armados fascistas, como el Batallón Azov....financiados por magnates judíos, en particular por Igor Kholomoiski, de Dniepropetrovsk. Es lo que ocurre cuando se abren clósets: se encuentra uno recuerdos del Coque, perdón, de tía Cuquis de los amigos y las amigas de Fito, como los siguientes, qué días aquéllos...




jueves, 11 de marzo de 2021

MÉXICO, SIEMPRE LIBERTARIO

 El asunto de manosear un poco por doquier la Historia no es nuevo. Por lo pronto, el gobierno de la Ciudad de México-in-Berkeley tomó la decisión de cambiarle el nombre al famoso Arbol de la Noche Triste (donde lloró el Conquistador Hernán Cortés por una derrota transitoria) para optar por "calzada de La Noche Victoriosa" (albures aparte, es de suponer), con lo cual la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, parece haber decidido tomar partido por los aztecas contra los tlaxcaltecas, totonacas, huejotzingas, texcocanos y otros, aliados de los españoles, que pueden irse, como dice la canción, a chillar a otra parte. Sheinbaum pretende que los mexicanos "recuerden su origen" y "no olviden" lo que nunca les sucedió, puesto que no existían al momento de la Conquista, salvo en la cabeza de José Alfredo Jiménez, quien alguna vez se autoproclamó "descendiente de Cuauhtémoc" en "El hijo del pueblo". Asimismo, ya no existirá la avenida Puente de Alvarado, que le debe su nombre a Pedro de Alvarado, un Conquistador ciertamente poco amable que desató la masacre del Templo Mayor. La avenida se llamará México-Tenochtitlan, porque "cómo es posible que el perpetrador de la matanza del Templo Mayor tenga el nombre de una avenida". En fin, digamos que es pasable mientras no se le ponga "boulevard Martí Batres Guadarrama", por aquello de que la actual jefa de gobierno de la capital mexicana no tiene el mejor sentido de las proporciones.

      Desde el pasado ya se había cometido la torpeza de embestir por ejemplo contra el presidente Plutarco Elías Calles (1924-1928) en nombre del "antiautoritarismo". Sitios oficiales del actual gobierno de México siguen con la cantinela a la que muy curiosamente se fueron a sumar analistas políticos extranjeros. A decir verdad, fue una ocurrencia periodística llamar a Calles "Jefe Máximo de la Revolución", porque en cualquier proceso no faltan los aduladores. Ahora bien, o el asunto del "Maximato" es una pura convención o Calles no sabía para nada lo que hacía, puesto que luego de asesinado Alvaro Obregón optó por no seguir al frente del gobierno y por dar el famoso discurso en el cual propuso pasar de ser "el país de un hombre a una nación de instituciones y leyes". No dejaría de ser gracioso que Calles fuera el primero en pisotear su propia sugerencia: no la hizo embriagado, ni de poder, puesto que lo soltó y le dió el paso al presidente provisional Emilio Portes Gil, obregonista, cuyas Memorias son muy contrastadas sobre el mismo Calles, al que en muchos aspectos no obedeció. Portes Gil sugiere que el problema estaba en parte en la corte de aduladores que buscaba por arribismo rodear a Calles.

     Sigue el asunto del "nopalito" (por baboso) Pascual Ortiz Rubio, presidente de México de 1930 a 1932. Primero, el actual gobierno de México sostiene que Calles impuso a Portes Gil ("según te portes, gil") para debilitar la facción obregonista. Es un sinsentido. Al ser asesinado Obregón, las sospechas de un pueblo acostumbrado a la maledicencia recayeron sobre Calles, quien en vez de imponer cedió el lugar justamente a obregonistas como Portes Gil. Si la iniciativa de acabar con Obregón fue de la Confederación Regional Obrera Mexicana, lo que es hipotético, Portes Gil la hizo a un lado. Volvamos al "nopalito": Pedro Salmerón Sanginés, historiador afín al lópezobradorismo, escribió alguna vez, basándose en una importante labor de documentación, que el tal Ortiz Rubio no fue el candidato de Calles, ya que era Aarón Sáenz. Lo que escriben los portales del gobierno de México sobre el tema son falsedades, y Ortiz Rubio fue otra vez producto de la corte de los adulones que estaba dispuesta incluso a pasar por encima de las preferencias manifiestas de Calles. Está documentado que Ortiz Rubio no seguía en todo a Calles.

     Ortiz Rubio renunció en 1932 y, contra lo que afirma Wikipedia, Calles no se había "autoproclamado Jefe Máximo de la Revolución", al menos que no estuviera en sus cabales, puesto que deseaba un país de instituciones y leyes y no de "un solo hombre", salvo que fuera un mentiroso consumado. Al asumir Abelardo L. Rodríguez como presidente interino en 1932, dejó en claro mediante circular oficial que se le obedeciera a él y que se dejara de consultar a Calles. Fernando Benítez llegó a escribir que "el poder de Calles ya desde los tiempos de Abelardo Rodríguez era más aparente que real". En todo caso, los portales del gobierno de México debieran hacerle caso por ejemplo a sus propios historiadores, como Salmerón Sanginés. Resulta por lo demás extraña la moda, no tan nueva, de entusiasmarse con Obregón, el "vital", para desmerecer a Calles, "el mental", en una veta que exploró mal Enrique Krauze (Calles. Reformar desde el origen), alguien que parece creer que los hijos naturales están destinados a provocar conflictos religiosos antes de ir a dar en el espiritismo que nadie le ha reprochado a Francisco I. Madero. Lo que desde Ignacio Solares hasta Carmen Aristegui se estuvo haciendo al vapor con la figura de Calles en sexenios pasados fue inaudito, al grado de que en El Jefe Máximo el primero se atrevió a inventarse entrevistas con familiares del presidente que nunca tuvieron lugar y fueron oficialmente desmentidas, pero tapadas por la universidad pública, entonces a cargo de alguien de reconocida filiación priísta. El remate llegó en parte del pequeño documental El general, de Natalia Almada, bisnieta de Calles que no entendió nada. Las grabaciones de Alicia Calles, hija del supuesto Jefe Máximo, no dejan lugar a dudas: se veía envuelto y sufría por la corte de adulones que lo rodeaban, esperando algún favor, al grado de ser llamados por Calles "políticos del pilar" por su costumbre de recargarse en el ídem a la espera de una entrevista con el líder.

     El analista político de fuera de México que llegó a señalar que después de un Calles "autoritario" llegó el gobierno más benigno de Lázaro Cárdenas no parece estar al tanto de quién consolidó la figura del personalísimo Ejecutivo en México, cooptando de paso alrededor del mismo a las masas. Como sea, lo que no deja de ser bochornoso, en la parte que le toca a Krauze, es la falta de entendimiento de lo que deja una buena educación, desde el hecho de recibirla de un padrastro hasta el de convertirse en maestro de escuela (fue el caso de Calles). Francisco J. Múgica, maestro también e hijo de maestros, finalmente hecho a un lado por Cárdenas, buscaba que la política mexicana toda dejara de orientarse por asuntos personales y cesara de ser "éso´que se hace entre políticos" para ser "éso' que se hace entre el político y el pueblo". Para más señas, se ha llegado a decir que Múgica es de las personalidades preferidas del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (Múgica fue un importantísimo constituyente en 1917). El lópezobradorismo es, como todo lo descrito previamente, un fenómeno humano: no lo encabeza un maestro, sino un activista, no está exento para nada de arribistas, tiene que vérselas con una pésima oposición y no le falta una buena dosis de ignorancia e ineptitud, aunque no sean generalizables. Estamos, para variar, no en honor a la verdad sino a las ocurrencias y a la mitomanía que puede hacer de una noche triste una noche victoriosa, de ronda o de lo que sea con tal de ser de Berkeley. En fin, fuera Pedro de Alvarado, para que "los mexicanos no olviden" que, entre Chimalpopoca y los campi estadounidenses, no transcurrió nada, salvo alguna que otra pulsión "autoritaria", etcétera, etcétera... Aquí abajo, la doctora, de cerca...(ya autorizó el uso de faldas por los varoncitos en las escuelas y la no persecusión de los actos de vandalismo cada Día Internacional de la Mujer, así se trate literalmente de quemar mujeres policías, lo que según la propia jefa pues es...violencia de género).



miércoles, 10 de marzo de 2021

MÉXICO: SIN TANTITA PENA

 Por algún motivo, el actual presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador se puso a llorar hace tiempo en un mitin en la plaza capitalina de las Tres Culturas en Tlatelolco, durante una conmemoración de la matanza de estudiantes del 2 de octubre de 1968. Y es que, por otros motivos, el asunto terminó efectivamente en algo para llorar.

     Una parte de los líderes estudiantiles de 1968, encabezada por Raúl Alvarez Garín, a la larga homenajeado en la universidad pública por un rector de clarísima filiación priísta (del Partido Revolucionario Institucional, PRI), se dedicó por décadas a perseguir al presidente Luis Echeverría Alvarez (1970-1976), pese a que no fuera ni de lejos el principal culpable por lo ocurrido ese día en Tlatelolco. Muy pocos quisieron esclarecerlo y un caso más bien positivo fue el de Luis González de Alba, ya fallecido como Alvarez Garín. González de Alba rozó el problema presente de la provocación en el movimiento mexicano de 1968, al grado de que en los cubos de basura en las calles "alguien" dejaba piedras durante las manifestaciones para que fueran lanzadas contra las fuerzas del orden. No fue más que un detalle, como muchos de los "extraños" hechos retomados por González de Alba en el texto Tlatelolco. Aquella tarde.

     Mucho indica que, desde el principio, el movimiento fue empujado por provocaciones, y no nada más por las de gente como el líder Sócrates Campos Lemus, luego funcionario de Echeverría. Como lo ha demostrado Angeles Magdaleno Cárdenas, el asunto venía de lejos: de la formación, a principios de los años '60, de un cuerpo paramilitar dentro del PRI, De la Lux, que encontró el modo de atrincherarse con Alfonso Corona del Rosal en el Departamento del Distrito Federal (DDF, que dirigió el mismo militar y funcionario entre 1966 y 1970). De la Lux fue creado entre Corona del Rosal, a la sombra de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP) del PRI y Alfonso Martínez Domínguez, regente del DF entre 1970 y 1971, año cuando ocurrió el "halconazo" del 10 de junio. Hay indicios de provocaciones desde el DDF, a través del servicio de Limpia, que habrían llegado a cobrar más fuerza en 1968 durante las tomas del Zócalo a finales de agosto y luego del Instituto Politécnico Nacional y la Vocacional 7. Se trataba de llevar al movimiento estudiantil a un enfrentamiento más frontal para utilizarlo como "masa de maniobra" en recambios en el poder priísta que favorecieran a Estados Unidos. El hecho es que fueron francotiradores de Corona del Rosal, no pocos (a diferencia de los del Estado Mayor Presidencial de Luis Gutiérrez Oropeza), los que provocaron la tragedia del 2 de octubre, lo que se puede reconstituir con varias pruebas: desde testimonios de periodistas de El Universal a quienes la tarde del 2 de octubre se les dijo que "ahora sí cae Díaz Ordaz", por boca de los francotiradores en cuestión, hasta testimonios apenas escondidos de la salida de aquellos en masa de Tlatelolco en la madrugada del 3 de octubre, sin ser molestados. El papel del ejército (contra el que iban dirigidas algunas acciones de los francotiradores) y del Batallón Olimpia (destinado a capturar a los líderes del movimiento estudiantil) no es clave en el desencadenamiento de la matanza, según lo sugiere por lo demás no sin desazón Tlatelolco. Aquella tarde.

     Ni el movimiento estudiantil fue "estudiantil-popular" , ni Luis Echeverría, secretario de Gobernación en 1968, estaba al servicio de la Central de Inteligencia Americana (CIA, como lo demostró el ex agente de ésta, Philip Agee), pese a los contactos establecidos bajo el código LITEMPO. Echeverría, ya siendo presidente, destituyó a Martínez Domínguez después del "halconazo" del 10 de junio. Es muy poco probable que Fernando Gutiérrez Barrios, titular de los servicios de inteligencia en 1968, haya sido lo que retrata la serie "Un extraño enemigo" (de 2018, Televisa/Amazon Prime Video). Llama en cambio la atención que se haya silenciado por completo la enorme culpabilidad de Corona del Rosal, en particular, para privilegiar la coincidencia política entre la derecha empresarial y el izquierdismo infantil "libertario" en el ánimo de linchar a Echeverría. A éste, en efecto, el Comité 68 y gente como Alvarez Garín, gran amigo de Elena Poniatowska, buscaron incluso inculparlo de un inexistente genocidio. El genocidio es "la aniquilación o el exterminio sistemático y deliberado de un grupo social por motivos raciales, políticos y religiosos". La balacera bruta del 2 de octubre de 1968 fue deliberada, pero no para aniquilar o exterminar a los estudiantes como "grupo social" (???), siendo que había por lo demás en la plaza desde vecinos del lugar hasta curiosos y gente de paso. La plaza quedó despejada en poquísimos minutos, pero la balacera siguió y se repitió luego en altas horas de la noche, con un objetivo de provocación al ejército y no de aniquilación o exterminio de gente que simplemente no estaba en el lugar. Se puede agregar que en tiempos de Echeverría no faltaron las quejas de la derecha empresarial, al grado de atribuirle al mandatario la muerte del empresario Eugenio Garza Sada, a reserva de que la Dirección Federal de Seguridad haya cometido errores. No fue un crimen de Estado, sobre todo que no fue gente del gobierno la que ejecutó al hombre de negocios.

     ¿Por qué la izquierda mexicana no difundió los hallazgos sobre el 2 de octubre de 1968? Tal vez porque se acababa la renta política. Como sea, quedó impedido así un análisis de las contradicciones del régimen priísta, que distó mucho de ser un "monolito autoritario". Lo que hacen los medios de comunicación masiva son cada vez más caricaturas, que vuelven a la gente incapaz de reconstituir cualquier complejidad y de conceptualizar las cosas. Se puede agregar que el manejo sobre el caso Colosio, que la actual secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, dió por cerrado, es igualmente incapaz -también gracias a gente de los medios de comunicación masiva- de dar con algún atisbo de verdad, como si no debiera caerse en ésta más que por error. Con la venia de Héctor Aguilar Camín, el último fiscal del caso, Luis Raúl González Pérez, se las ingenió para no ver ciertas evidencias pese a haber abierto más de una veintena de líneas de investigación. Hay evidencias que fueron dejadas libres, así, sin tantita pena, como Alfonso Corona del Rosal por los grandes adalides de las Comisiones de la Verdad. Música, maestro (da click en el botón de reproducción).


 









lunes, 8 de marzo de 2021

EL SALVADOR: AHORA, POR MÁS RESULTADOS

 Otra vez las coincidencias: los autodenominados "demócratas liberales" y el progretariado han coincidido en sospechar del presidente salvadoreño Nayib Bukele, llamado ya "autoritario" por una que otra extravagancia, pero cuyo partido, Nuevas Ideas, acaba de arrasar en las elecciones municipales y legislativas de El Salvador, aún con un alto porcentaje de abstención, cercano al 50 %. Con el control legislativo, Bukele podrá ahora llevar adelante medidas que de otro modo le eran sistemáticamente bloqueadas.

     La derrota del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) fue estrepitosa, sin que por ello esta organización se decida al análisis y la autocrítica. Se prefiere el silencio, pero puede decirse que desde antes de que terminara la guerra, en 1992, los cuadros dirigentes de la agrupación estaban perdiendo su origen popular para ser remplazados por gente de clase media que en la paz encontró sobre todo el modo de ver por sí misma y acomodarse, sin renunciar al clientelismo. Es lo mismo que ha practicado la extrema derecha de la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), todo sin cambiar las condiciones de vida de la gente en un país que la guerra interna cambió económicamente: dirigente del FMLN preocupado por hacer análisis, el hoy extinto comunista Jorge Shafik Handal constataba que a raíz de la guerra El Salvador había cambiado de fisionomía socioeconómica y se había vuelto, entre otras cosas, un país de servicios, ya más allá del tradicional exportador y productor de café y algodón. Entre otras cosas mediante las remesas, El Salvador se volvió en extremo dependiente de Estados Unidos, además de hacerse un país más urbanizado y al mismo tiempo muy gravemente azotado por la violencia de miles de pandilleros.

     No deja de ser algo disgustante que Bukele se vuelva sospechoso de "neoliberalismo" o "promperialismo" y que en la cadena oficial rusa Russia Today, por ejemplo, se diga del mandatario que es algo así como un "producto a la venta" que la gente compra sin saber siquiera qué contiene, como lo sugirió Inna Afinogenova. Bukele ha obtenido hasta ahora buenos resultados en su gestión (en particular en materia de reducción de la violencia y de creación de infraestructuras) y sin duda podrá hacer más sin politiqueros bloqueando por bloquear las necesidades presupuestales. Tampoco es seguro que no haya programa: se trata de modernizar El Salvador buscando al mismo tiempo no superar todos los problemas sociales, algo imposible, pero sí buscando que los sectores más vulnerables jueguen en condiciones de mayor igualdad de oportunidades y no con la eterna cancha inclinada. De poco sirve ser insidioso y dar a entender, como lo hace por ejemplo El Faro a través de Carlos Dada, que después de todo Bukele no es más que un "ser caído" como todos, pero además un "narcisista antidemocrático". La democracia no trata de que "quepan todos por igual", el honrado y el corrupto, sino de que haya igualdad de oportunidades para una verdadera meritocracia y no para que se eternicen en el gobierno los más maliciosos, mañosos y ladrones porque "se les ha hecho justicia". Puede que el equipo de Nuevas Ideas/Gana de Bukele no sea el mejor, pero la gente se puede ir formando en el ánimo de servir y no de servirse. Hay gente para decir que en el equipo de Bukele se coló una que otra persona de la ARENA, pero no para señalar que hay ministros provenientes del FMLN (como María Ofelia Navarrete, María Chichilco) y efemelenistas con buenas expectativas, como Dagoberto Gutiérrez, con el muy buen tino de distinguir entre oligarquía y burguesía. Para Gutiérrez, quien se toma el trabajo de hacer análisis en vez de despachar calificativos a diestra y siniestra como El Faro, ocurrió con los Acuerdos de Paz que a la oligarquía se sumó una clase política dedicada a pelearse el presupuesto estatal y los puestos gubernamentales, además de los negocios empresariales ligados con la gestión pública. Los partidos se olvidaron de hacer política y se volvieron empresas, según Gutiérrez, lo que contribuyó a la despolitización de la gente. Tal vez sea la hora en El Salvador de lo que Gutiérrez llama "un capitalismo medianamente desarrollado" que nunca ha existido, pero que es preferible a la alternancia entre oligarquía y cleptocracia. No hay mayor lugar para esconderse: el FMLN no perdió ciertas concepciones oligárquicas del mundo, aunque quisiera entronizarlas a través de un Estado que ni siquiera supo gobernar.

     La actual democracia salvadoreña es un triunfo del antiguo FMLN. Pero la gente no luchó por algún tipo de cleptocracia o de clientelismo, y es legítimo entender que prefiera al menos un desarrollo "medianamente decente". El progretariado se puede quedar, como El Faro, en la colección de epítetos frente a una propuesta de cambio que acaba de ganar más del 70 % de los votos. El siguiente discurso (click en el botón de reproducción, para los hispanohablantes) muestra que, en todo caso, Bukele no es ningún tonto, y que es dable esperar resultados en vez de palabras (o ronquidos, en el caso del anterior presidente efemelenista Salvador Sánchez Cerén).


 


viernes, 5 de marzo de 2021

LOS ALIADOS VAN DE COMPRAS

 Más se acerca uno a la cronología de la segunda Guerra Mundial sin montajes y mayor claridad se puede tener sobre lo siguiente: no existieron "dos totalitarismos" (el nazi y el soviético) que provocaron el conflicto y "democracias liberales" que tuvieron que entrar al rescate. El gran capital de dichas democracias respaldó prácticamente en todo momento el nazismo y el fascismo, aunque tampoco puede decirse de éstos que hayan sido la "culminación" de dichas democracias, o de la Ilustración, etcétera.

      Para el 2 de febrero de 1943 ya estaba decidida la suerte de la guerra cuando el Ejército Rojo soviético derrotó al ejército alemán en Stalingrado. Los demás "aliados", en particular los anglosajones, se apersonaron en Europa meses después, hasta julio de ese año, y el primer ministro británico, el completamente cínico Winston Churchill, tuvo la gentileza de decir a qué llegaron. El 31 de julio de 1943, en efecto, Churchill le escribió al presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt que la intervención en Italia debía dirigirse....pues no, no a parar el fascismo, sino a evitar "el caos, la bolchevización y una eventual guerra civil" en ese país. A lo que más decía temerle Churchill era al "rampante bolchevismo", por lo que los anglosajones trataron de pactar con el rey, Victor Manuel III, que había colaborado estrechamente...con el líder fascista Benito Mussolini y con el militar de extrema derecha Pietro Badoglio, héroe de guerra fascista que al mismo tiempo se encargó de darle un golpe al mismo Mussolini. Durante su avance por la península italiana, los "aliados" se encargaron de ir dispersando la resistencia antifascista y comunista. El departamento estadounidense de Estado y el secretario estadounidense de Guerra, Henry Stimson, buscaron poner en el gobierno italiano a Dino Grandi, un alto oficial de Mussolini al que consideraban "llevado al fascismo por los excesos del comunismo" (?). De hecho, el romance estadounidense con Mussolini terminó apenas en 1940, después de comenzada la segunda Guerra Mundial, y luego de haber durado por cerca de dos décadas, en los '20s y los 30, al igual que las simpatías de Churchill hacia el Duce. Badoglio había sido bajo el fascismo un colonialista consumado en Etiopía, donde se hizo nombrar virrey, y en Tripolitania (Libia occidental ). Dino Grandi, furibundo anticomunista, había conseguido que las potencias occidentales se llevaran bien con la Italia fascista, de la cual fue embajador ni más ni menos que en Gran Bretaña en los años '30. Durante el ascenso de la Italia de Mussolini, las potencias occidentales no se dieron cuenta de las aventuras en Etiopía, Libia o Albania. Italia invadió Albania en abril de 1939. Por cierto, Grandi se fue tranquilamente a Brasil después de la guerra, para dedicarse a los negocios. Seguramente se conozca poco que los estadounidenses, al entrar por el sur de Italia, fueron instalando autoridades ligadas a la mafia que tan bien conocían en suelo de Estados Unidos (y con frecuencia de origen italiano, lo que facilitaba las cosas).

     Mientras les fue posible, Churchill y Roosevelt buscaron marginar a Francia y en particular al general Charles De Gaulle. De combate tardío a finales de 1942 en el norte de Africa, el par anglosajón estuvo tratando con el almirante francés colaborador y pro-fascista Francois Darlan, ministro de Guerra y Mercante en el primer gobierno colaboracionista de Philippe Pétain, y luego ministro del Interior y de Asuntos Exteriores y jefe de Gobierno, hasta ser remplazado por Pierre Laval. De Gaulle tuvo que decirles a los anglosajones: "pueden comprar traidores, pero no el honor de Francia".

     Con el desembarco del 6 de junio de 1944, más de año y medio después de que la guerra se hubiera decidido y mientras el líder soviético esperaba desde hace siglos la apertura del llamado "segundo frente", los anglosajones se apersonaron de nuevo en Europa para evitar el "rampante bolchevismo". Recordemos: cuando Hitler invadió Polonia el 1o de septiembre de 1939, los aliados, pese a declararle la guerra a Fito, no movieron un dedo sino hasta nueve meses después, y tan sólo para que Francia se rindiera en pocas semanas y Gran Bretaña se dedicara a esperar a que el tipejo la calmara con los bombazos sobre Londres, la capital. La reaparición en la Sicilia italiana es hasta unos tres añitos después. La "batalla de Inglaterra" duró hasta mayo de 1941 (in extremis, porque las cosas se estaban calmando desde octubre de 1940), casi el momento en que Mein Fuhrer decidió atacar a la Unión Soviética. Muy pocos -los partisanos- lo estuvieron molestando en el frente occidental. ¿Qué hicieron los "aliados" durante buena parte de la guerra?¿Esperar a que Fito liquidara a los soviéticos?¿Por qué reaparecieron a los muy pocos meses de que se dieron cuenta de que no había sido así, y a tratar con nazi-fascistas sabrá Dios si radicalmente moderados o moderadamente radicales? (en la foto, mio caro Benito, de jovenazo).



miércoles, 3 de marzo de 2021

MEXICO: MÁS BLABLABLAR

 Al parecer, algunos intelectuales, al unísono con los Demócratas estadounidenses, se han estado preparando para dictaminar qué es democrático y qué no lo es. Así lo hizo en estos días el mexicano Roger Bartra dejando por fin ver la sonrisa de la más refinada mala fe que lo caracteriza desde hace tiempo, y que alguna vez motivó que el señor Pablo González Casanova lo acusara de practicar la deshonestidad polémica.

     En efecto, en conferencia reciente, Bartra quiso preparar el camino para hablar del actual gobierno mexicano como de "posdemocracia", algo arriesgado si se diera por sentado que aquél debe ser derrocado como sea para volver al "régimen menos malo que conocemos", la democracia. Bartra volvió sobre uno de sus temas preferidos: el lópezobradorismo ni más ni menos que como "restauración del antiguo régimen" (entiéndase que el del Partido Revolucionario Institucional, PRI), e incluso "restauración del PRI primero", que entonces aludiría en un completo sinsentido al periodo del presidente Miguel Alemán Valdés (1946-1952). Contra lo que dice Wikipedia, el PRI no se fundó en 1929 con el nombre de PNR (Partido Nacional Revolucionario): no fue a la sombra del ex presidente Plutarco Elías Calles (1924-1928), bajo tierra cuando se fundó el PRI (1946), que se consolidó el presidencialismo ni la típica corporativización de las masas (ambos, "logros" del "zorro con sayal franciscano", Lázaro Cárdenas, entre otras cosas con el Partido de la Revolución Mexicana). Está corporativizacion, cercana en algunos aspectos a la de los fascismos y sólo formalmente parecida a la de los regímenes socialistas, caracteriza a los populismos y se pasa hoy por alto para tildar a cualquiera de "populista", aunque sólo sea por el hecho de ser demagógico, algo que no le falta al mandatario mexicano Andrés Manuel López Obrador. Este podrá sin duda tener alguna nostalgia de un "milagro mexicano" que no conoció mayormente, de Antonio Ortiz Mena, explícitamente (uno de los artífices de ese supuesto "milagro"), o de cualquier cosa que haga caer en el mito del pasado del "Estado de bienestar", pero hay dos cosas que simple y llanamente no se pueden hacer a la vez: buscar erradicar la corrupción en el Estado (tema sistemáticamente eludido por la oposición) y convertirla en un auténtico deporte abierto al público en general. La oposición o Loretito podrán armar los escándalos que quieran, pero deberían ser llamados a dos cosas: 1) a probar que el gobierno actual ha robado, y 2) a probar que nunca intuyeron siquiera que los gobiernos anteriores se dedicaban a robar de lo lindo. Vale para Pepe Woldenberg ( puesto que se trató de Pepe y Roger), quien sugirió alegremente y sin pruebas que las fallas administrativas descubiertas por la Auditoría Superior de la Federacion serían “ posibles raterías” y no fallas administrativas ( lo que no sería de extrañar en el relajo actual).

     Bartra quiso volver sobre un supuesto "nacionalismo" del lópezobradorismo que no es tal, aunque sea porque el actual gobierno mexicano ratificó el acuerdo de libre comercio que deja a México en pésimas condiciones -casi de Estado Libre Asociado- ante Estados Unidos (T-MEC, Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá). Cabe recordar que bajo los gobiernos del PRI, al menos hasta cierto periodo, estaba prohibido comerciar en más de un 50 % con un solo país. La "base popular" que por lo demás le atribuye Bartra al lópezobradorismo es incierta, salvo en lo que toca al reparto de algunas ayudas sociales. El actual mandatario mexicano llegó a la presidencia en plena contradicción, ya sin "sólo el pueblo puede salvar al pueblo" o incluso sin demasiada "honestidad valiente" , y más con "amor y  paz”: López Obrador obtuvo sus mejores resultados entre la gente de más ingresos (64 %) y con escolaridad de universidad o más (65 % votaron por el actual mandatario).Parametría publicó hace mucho que quien eligió al actual presidente de México fue la clase media y no exactamente "el pueblo". El cuento del "populismo" sale sobrando, y es el partido populista por excelencia, el PRI, el que en las elecciones de 2018 se granjeó a los más pobres y a la gente sin estudios o apenas con primaria. El populismo fue en su momento un movimiento del "pueblo" contra la "oligarquía", pero el lópezobradorismo tampoco se metió con la "oligarquía", sino con la "mafia del poder", es decir, con los políticos corruptos, no con oligarcas. El populismo parece haber sido en cambio en el pasado una auténtica fábrica de políticos corruptos. Los rasgos "dictatoriales" que Bartra le atribuyó al gobierno mexicano actual son ridículos, salvo que se hable sin asegurarse primero de que uno tiene las neuronas conectadas: no hay toques de queda ni por la Covid 19, ni persecusión contra opositores que pueden decir del gobierno actual absolutamente cualquier cosa, insultos incluidos, sin que les ocurra nada. ¿Y los exiliados o los políticos opositores torturados, etcétera? En verdad, es hacer pasar por seria cualquier frivolidad.

     Lo más llamativo en la conferencia del experto en la deshonestidad polémica fue la cantinela de que la Guía ética para la transformación de México del actual gobierno es "religiosa", cuando si de algo peca es de libertaria y sesentaiochera, aunque no deje de tener aciertos, y no pocos. Después de todo, no deja de resultar curioso que la más refinada mala fe vea en ciertos preceptos de moral universal una "jaula": era lo propio del antiguo régimen, que fue mezclando -hasta suicidarse como clase política-  "la corrupción somos todos" con el relativismo moral ("a mi nadie me dicta ninguna moral") propio del autodenominado "neoliberalismo", que fue a caer en el fomento de la conducta apenas disimuladamente antisocial. Roger Bartra prefirió por lo visto quedarse en la amoralidad. No está de más hacer notar el mutis de la oposición cada vez que salen a relucir escándalos de corrupción de gobiernos anteriores, así los maneje sin suficiente firmeza el fiscal Alejandro Gertz Manero: como se trata de amoralidad, no hay que hacerse responsables de nada, más allá de entelequias, es decir, no hay que responder de nada ante nadie, y para lo demás nos arreglamos entre cuates que nunca faltan para salir del agua sin mojarnos.

     Queda el asunto del autoritarismo. Sin duda, el lópezobradorismo peca de ser justamente ésto, lo que indica una fuerte y excesiva dependencia de una sola persona y la tendencia a esperar que los asuntos se compongan desde arriba, así se diga que fueron ganados desde abajo (aunque no es exactamente lo que indica el origen social de la votación para el mandatario mexicano). Pero autoritarismo falta, al grado de que cualquiera se siente libre de hacer y decir lo que le venga en gana sin que se pueda instaurar siquiera un mínimo civismo (y ni siquiera se puede pretender ya formar ciudadanos porque se arriesga una embestida del relativismo de la "diversidad"). Es tal el arraigo de décadas del llamado "neoliberalismo" que el presidente mexicano o la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, no se atreven al enforcement (a la aplicación) de nada, y mucho está en veremos. El hecho es que en rigor, discursos como el de Roger Bartra no significan en realidad gran cosa (lo que se llama realmente significar), aunque contribuyan a la contaminación ideológica y la completa toxicidad de los medios de comunicación masiva que no debieran inmiscuirse así en la vida de la universidad pública. Vaciar el debate académico de sustancia no es cualquier cosa, ni dejarlo a la buena del tráfico de favores. (foto: el tipo en cuestión).




AQUÍ NO HA PASADO NADA

 Hablar de la caída de la Unión Soviética, en 1991, es un asunto tabú en lo que se conoce como "Occidente", y se reduce a reaccion...