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miércoles, 1 de diciembre de 2021

A SEGUIR GOZANDO

 Los "demócratas liberales" de hoy poco tienen que ver con el liberalismo de principios del capitalismo, y ni siquiera con Adam Smith. El valor básico de dichos "demócratas" es la libertad en abstracto, la de hacer y escoger lo que se prefiera sin "dañar a otros" ni "imponerle a otros". Desde luego, el asunto no acaba aquí: suele tratarse de la libertad de hacer "lo que mejor le convenga a cada quien", lo que ya suena un poco distinto, y a fin de cuentas, de buscar el mayor beneficio personal. Parece una gran obviedad: nadie buscaría el perjuicio para sí mismo. No debiera extrañar que, como ocurre clásicamente con la ideología, se esté en la "evidencia", a tal grado que se llegue entonces a darla por algo universal o universalizable: dada su "naturaleza" o "condición", todos los seres humanos buscan de uno u otro modo el mayor beneficio individual y ahorrarse perjuicios o pérdidas.

      De aquí se desprende que no puede hablarse de ningún interés que trascienda al de la búsqueda individual ya mencionada. Se critica a Marx, pero no se sale del muy decimonónico Jeremy Bentham, para quien la "felicidad del mayor número" es desde luego deseable a condición de entenderla como la suma de la felicidad individual de cada individuo al haber logrado el mayor beneficio para sí mismo. Anótese que ni la izquierda puede con esta "evidencia": no le pasa por la cabeza que la felicidad de cada individuo y su sumatoria pueden dar en un desastre. Que se haga muy feliz a cada individuo con un automóvil particular puede terminar en unos atascones de tráfico de horas perfectamente inolvidables e insoportables. Bentham es anterior a Marx.

      Lo siguiente es que, a partir de los años '20 del siglo pasado, el "neoliberalismo" ya no apunta al Estado feudal, a diferencia de Adam Smith por ejemplo, sino a todo lo que huela a "socialismo", con mucha manga ancha, al grado de evitar aportar al bien común. ¿Por qué? Pues por lo mismo. Quien hable del bien común no deja de ser no una persona, sino un individuo que, como todos los demás, y dada ni sé qué "naturaleza" y "condición", busca su beneficio personal. No cabe más que desconfiar, entonces, de cualquiera que busque "trascender" (no en el sentido religioso) la simple búsqueda individual: no se tratará más que de un embustero que, se insiste, buscará su mayor beneficio así sea en nombre de ideales irrealizables, "porque las cosas y la realidad no son así", sino como las dicta Bentham, o como las sugiere Isaiah Berlín en sus pésimas definiciones de la libertad (como la de la libertad negativa, y las errores que pueden derivarse de una mal entendida libertad positiva, el "individuo como su propio guía", sin salir nunca del tal individuo).¿Lo demás? Pérdida de libertad y "camino de servidumbre".

     Hay en todo ésto algo muy llamativo. Cualquier propuesta de cambio es sospechosa, puesto que implica que en nombre de lo que sea se "nos" pueden quitar "las libertades". Ni cambio a la derecha, ni a la izquierda, ni a ninguna parte, puesto que por lo demás se está en una democracia "sin adjetivos" cuyo papel es garantizar que cada quien pueda buscar su mayor beneficio individual. En este sentido, curiosamente, los "demócratas liberales" son los guardianes del bien, como lo entienden ellos, e ideológicamente hablando, "saben lo que hacen, y sin embargo lo hacen", en el sentido de no ceder ni un milimetro de sí mismos en aras de un bien común siempre riesgoso, puesto que es de lo que hablan quienes en el fondo no buscan más que su propio mayor beneficio personal. Para que la serpiente pueda morderse la cola sin mayores problemas, se está incapacitado de pensar que en nombre de la democracia, los derechos y las libertades no hay más que individuos que buscan su mayor beneficio personal (es decir, nuestro glorioso Instituto Nacional Electoral busca el bien de todos y cada uno y no el mayor beneficio para, muy concretamente, los muy engrosados bolsillos de un puñado de funcionarios que desconocen las leyes de austeridad del Estado. Y si este puñado se embolsa para su mayor beneficio individual haciendo además el bien, no hay nada más explicable y exquisito). Los periodistas "demócratas liberales" persiguen -y vaya que con gran celo- el bien, no el "chayote", o el "chayote" es el mayor beneficio individual natural por hacer el bien, etcétera y etcétera. En rigor, estas "evidencias" libertarias han calado tan hondo en capas enteras de la sociedad, de diversas posturas políticas, que ni siquiera se pueden advertir dos cosas: que estos "demócratas liberales" han suplantado valores universales por una visión estrecha de lo que creen que es el bien (únicamente "para particulares"), y caído, al sembrar el recelo de cualquier cosa hecha en común, en lo que bien se puede catalogar de franca conducta antisocial. Esta es la norma en nombre del bien, la libertad, los derechos y la búsqueda individual del mayor beneficio. Quien no disfrute esta ideología es o un potencial aprovechado, ambicioso de poder y candidato al "autoritarismo", o bien un tarado irredimible que no entiende que los problemas son para ser evitados, no para ser resueltos, si es necesario dando de sí. Lo mejor es que, como lo expresara alguna vez Martín Luis Guzmán, no faltan quienes no ven que su actitud es justamente la que lleva a que todo se deshaga. Desde 1832 estamos a la espera de la felicidad capitalista del mayor número. Bentham murió en 1832 (foto).





 


martes, 30 de noviembre de 2021

EFICACES O INCONDICIONALES

 Alrededor del año 1936, Stalin y varios de sus allegados intentaron, en vano, reformar de tal modo el sistema soviético que se evitara la corrupción y burocratización. Viacheslav Molótov había hecho llamados en este sentido desde 1934, y Andrei Zhdánov siguió por este rumbo. Las pruebas existen. De lo que se trataba era de luchar contra la "partidocracia", que hacía que se dieran cargos estatales no por saber, conocimiento, o experiencia para los mismos, sino por la "pertenencia al partido", en el que llegaba a operar la cooptación y se formaban algo así como "clanes", en particular alrededor de los Primeros Secretarios (regionales, nacionales, etcétera). Los cargos se daban así por criterios "políticos". No faltaban tampoco los veteranos de la lucha en tiempos difíciles (desde el combate contra el zarismo y la Guerra Civil hasta las colectivizaciones...) que, una vez instalados, ya no consideraban que debían mejorar. Esto contrastaba con el espíritu de Stalin y gente como Serguei Kirov (asesinado en 1934) o Lavrenti Beria, por citar dos casos: buscaban la permanente superación personal, al grado de estar dispuestos a "rehacerse a sí mismos" y no dormirse en sus laureles (Stalin dejó una biblioteca de 20 mil volúmenes, por ejemplo, y Beria llegó a pedir ser relevado de cargos partidarios para poder proseguir con estudios de ingeniería). En cambio, no faltaban quienes creían que "la causa" los dispensaba de una constante mejora. Pese a que el gobierno ruso en 1996 reclasificó algunos archivos, hay material suficiente, de primera mano, para saber que los partidarios de la "desburocratización", con Stalin a la cabeza, fueron derrotados, mientras el partido prefirió armar la de San Quintín poniéndose a cazar "enemigos del pueblo", en más de una ocasión inventados, aunque hubiera ciertamente también conspiraciones reales contra el poder soviético. Si se impuso este criterio "clánico", se puede colegir entonces que se reprodujo finalmente en el Estado soviético y el partido oficial una forma de arcaísmo feudal, exactamente de la misma manera en que no debiera sorprender entonces en izquierdas como la latinoamericana la existencia de prácticas oligárquicas y clientelares, por lo demás fácilmente reconocibles en la derecha o los "demócratas liberales" locales.

      Cuba es ilustrativa. Raúl Castro puede criticar lo que quiera, como lo hizo severamente en el último Congreso del Partido Comunista de Cuba, cuando llamó la atención sobre algo así como un estado de taradez ideológica y de creencia, textualmente, de que "Cuba es el único lugar del mundo donde se puede vivir sin trabajar". No importa: los mismos hijos de la "desestalinización" y libertarios practican el culto a la personalidad de Fidel Castro, quien estuvo al frente del Estado cubano bastante tiempo más (medio siglo) que Stalin al frente de la Unión Soviética. Más de un funcionario cubano no puede moverse ni a la esquina sin citar a "Fidel" por cualquier nimiedad, o a José Martí, lo que muestra una concepción clientelista y personalista del poder, ajena a una institucionalidad sólida. La carrera de Miguel Díaz-Canel, actual presidente de Cuba, pone al descubierto por qué en la isla no se quiere publicar lo adelantado en Rusia sobre el pasado: el mandatario ni siquiera entiende, como tampoco lo entendía Fidel Castro, que el socialismo no es para el "pueblo" ni para "las masas", sino para los trabajadores del campo y la ciudad. Raúl Castro pareciera haberse inclinado por un "hombre del partido" que no garantiza empero una calidad de estadista u hombre de Estado, porque casi no tiene experiencia en el mismo, siendo por lo demás ingeniero de profesión. Ni siquiera hay mayor ideología: Cuba ha aportado mucha labia y retórica, pero un bajo grado de institucionalización y de eficacia para que las cosas funcionen para la gente (más allá de lo básico), sin culpar de todo al tan llevado y traído bloqueo. Los cubanos no compiten en ideas: monologan y se hacen de oídos sordos ante críticas internas como las de Raúl Castro (que no es el único).      

 No basta con haber sido heroico: en el Uruguay, José Mujica, con un pasado de "gloria" como guerrillero y víctima de la represión de la dictadura, no tiene oficio ninguno y el show de la sencillez difícilmente oculta una tendencia a un pseudo sentido común digamos que folclórico, sin que quede claro si este "folclore de la filosofía" -para quienes están fascinados por el marxista italiano Antonio Gramsci- equivale a capacidad para gobernar. Más de un dirigente salvadoreño del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) pudo haber sido bueno para maniobrar en una guerra y echar bala en el monte, en nombre de la causa justa: estando en el gobierno y no sin cierto acomodo en el tren de vida de algunos dirigentes, no era necesario ser un genio para percatarse de que el presidente efemelenista Salvador Sánchez Cerén era inepto, al grado de no parecer ni siquiera el maestro que es.

     Es una lástima que no se quiera considerar lo que se sabe ahora de la experiencia soviética de los años '30. El asunto terminó no en capitalismo de Estado, dados los límites muy marcados a la propiedad privada, sino en un espíritu clasemediero "de bienestar" mezclado con arcaismos feudales y una burocracia inepta, pero lo suficientemente capaz para sumir a la gente "del común" en la apatía.

      No es asunto exclusivo de la izquierda. En el gobierno mexicano de Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), el secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray, sin duda se lució cuando, nombrado para la cancillería, dijo: "vengo a aprender", confesión de que no tenía ni la menor idea de la diplomacia. De profesión abogada, Claudia Ruiz Massieu Salinas desfiló por secretarías como la de Turismo y la de Relaciones Exteriores hasta llegar a la presidencia del PRI. 

     De origen priísta, el actual canciller mexicano, Marcelo Ebrard, da sin duda la idea de alguien conocedor de protocolos e investiduras, incluso más allá de la ceremoniosidad de la que más de uno puede tener nostalgia con el presidente actual, Andrés Manuel López Obrador. Ebrard tiene una muy buena especialización en administración pública (por la Escuela Nacional de Administración francesa,ENA) y es licenciado en relaciones internacionales, pero tal vez la "política" le gane: fue secretario de Desarrollo Social del Distrito Federal y secretario de Seguridad Pública (?) del gobierno de Vicente Fox. Es una trayectoria distinta de la "simplemente activista" jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, en un momento en que López Obrador prueba que el activismo, distinto por lo demás de la militancia, puede estar reñido con lo necesario para llegar a la altura de un estadista (y tampoco cualquier presidente lo es). El problema está en saber si, como en otras épocas, todavía existe espíritu de superación personal y "rehacerse a sí mismo" aprendiendo de los errores y con labor ardua lejos de los reflectores y las plazas de pueblo: es decir, si hay modo de colocar al trabajo por encima de una "política" habitualmente mal entendida, y destinada a la "gloria" antes que a la eficacia. Es de esperar que más de una toma de posición de López Obrador en materia de política exterior no proceda de la cancillería, para darle simplemente otra faceta al "anexionismo" dominante desde hace rato en México. No tiene el menor sentido proponer una unidad de todo el continente americano "como la Unión Europea (UE)", y es quimérico querer deshacerse de la Organización de Estados Americanos (OEA) para quedarse únicamente con una Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) cuya operatividad queda por ver. ¿Ebrard está en su cargo por su capacidad de trabajo o por sus "conectes" y lo que representan para "la alianza política más amplia posible"? 

     Si la dimensión del trabajo arduo -que supone saber retirarse por periodos importantes de los reflectores, los actos protocolares y las plazas de pueblo- no está tomada en cuenta, se superponen entonces mucho de la vieja "política" y algo de la actuación para los medios de comunicación masiva o una vaga opinión pública, pero probablemente sin entender siquiera lo que se está haciendo (por ejemplo, no se puede firmar al mismo tiempo un TMEC, Tratado México-Estados Unidos-Canadá de libre comercio, y proponer algo "como la UE"). Hacer activismo y relaciones no es gobernar, y cuesta caro dejar de lado el trabajo y la superación personal, incluso en términos de democracia. El riesgo está acentuado en sociedades que no tienen como valor principal el trabajo, y no es seguro que sea la prioridad del lópezobradorismo. Las cosas no fructifican sin trabajo ni organización seria del Estado, en lugar de "la causa justa" para justificar la inoperancia y la improvisación. No es exactamente asunto de traiciones, aunque también las hay: es que la política también debe ser trabajo y conocimiento, antes que asuntos interminables de personas, clientelas -el "coro de los amigos" que reivindicaba Martí- y, encima, relaciones. Dicho sea de paso, la oposición mexicana tampoco entiende las cosas de otro modo. Volviendo al principio: el activismo no convierte a nadie en alguien capaz de gobernar, como tampoco las "alianzas políticas lo más amplias posibles" al margen del profesionalismo en los cargos públicos. Se puede compartir la causa y caer en la ineptitud, incluso entre gente de origen popular, como ocurre con la actual secretaria mexicana de Educación Pública, Delfina Gómez, para no hablar de la totalmente bienintencionada secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, que no pasa de "gestora". Por cierto: ¿no hay nadie para decirle al jefe que se puede estar equivocando?¿Y con temas de Estado y de formas de gobernar en lugar de intrigas personales?



lunes, 29 de noviembre de 2021

ESTADO, PARTIDO, ACTIVISMO

 Un partido político puede cumplir muchas funciones, y en alguna época se consideraba de importancia saber organizar y tener y difundir una ideología precisa, antes de que los autodenominados "demócratas liberales" tomaran a mal la palabra "ideología" sin siquiera entenderla. Los partidos políticos podían ser el lugar para recibir una educación política, y no nada más para fines electorales, con el subsecuente reparto de cargos.

     Alrededor del año 1936, se intentó en la Unión Soviética, sin éxito, que el partido oficial se viera obligado a competir con otras organizaciones en elecciones. La razón era la siguiente. Si se ocupa un cargo en el Estado, se debe tener la preparación profesional para ejercerlo. Dicho de otro modo, si se está en Turismo es porque se sabe de turismo, si se está en Trabajo es porque se conoce el mundo laboral, si en Hacienda porque se sabe de finanzas, etcétera. Nadie puede justificar por ejemplo que, como efectivamente ocurrió, Ernesto Che Guevara ocupara en Cuba ministerios de asuntos sobre los cuales él no sabía absolutamente nada (Industrias), o como la dirección del Banco Nacional. Puede que haya sido austero, pero como quiera, no sabía de economía. En principio, un sociólogo no es lo mejor para la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. De lo que se trataba cuando Stalin, Mólotov y Zhdánov trataron de impulsar reformas en la Unión Soviética era de que el partido bolchevique no se convirtiera en el canal para escalar y llegar a cargos sin tener experiencia para ellos, sino por el solo hecho de "ser del partido". Se puede agregar que ésto podía dar lugar a la reproducción de sistemas clientelares en nombre de lo que se entendiera por "política", y desde luego que a la falta total de profesionalismo. Las reformas fracasaron y no hubo lugar para elecciones competidas: los dirigentes partidarios, en distintos niveles, sabotearon las iniciativas encabezadas por Stalin, y se abrió la puerta a que, en nombre de la adhesión ideológica o del hecho de compartir ciertas creencias, se colaran a cargos del Estado "los del partido" sin la menor experiencia ni preparación, aunque proclives a incondicionalidades de otro tipo. 

     En Cuba pasa: la habilidad para hacerse de relaciones, a costa de las convicciones y de algún oficio, puede dar en la recompensa de ser un eterno agregado cultural en una embajada sin tener la menor idea de la diplomacia. Lo descrito frenó el desarrollo de la Unión Soviética, reproduciendo probablemente hábitos feudales, como contribuye al burocratismo en Cuba.Insistamos: la habilidad para una "política" mal entendida crea ineptitud y no está exenta de la búsqueda de beneficios personales sin verdadero respaldo en el mérito.

      No debería llamar lo dicho a escándalo. En México, los "chapulines" tomaron la costumbre, desde temprano con el Partido Revolucionario Institucional (PRI), de saltar de cargo en cargo independientemente de qué se tratara, y gracias a la afiliación "al partido". Hay gente que ha hecho "carrera" -es un decir- así sin siquiera defender los postulados priístas. Bien se puede tomar el caso de alguien de moda: Enrique de la Madrid Cordero, hijo del difunto Miguel de la Madrid, presidente de México entre 1982 y 1988. De formación abogado y aunque con maestría en Administración Pública, De la Madrid Cordero ha sido secretario de Turismo, sin que quede claro qué sabe del asunto. Fue también director de Financiera Rural, lo que no tiene nada que ver con Turismo, director del Banco Nacional de Comercio Exterior, lo que no tiene que ver con el agro ni con turismo, y coordinador en la Comisión Nacional Bancaria y de Valores. Es probable que se trate de cargos "políticos", aún con ciertas habilidades para la administración pública. Desde luego, cabe preguntarse qué podían estar haciendo en cierta época escritores al frente de embajadas: Octavio Paz o Carlos Fuentes.

      En estas condiciones, en las que se recompensan habilidades para las relaciones, prestigios y capacidad para los tráficos de favores, no puede haber profesionalización impersonal del servicio público ni por ende posibilidades de atender realmente el asunto para el cual se ha sido designado. Ahora bien, el premio al activismo tampoco es garantía de profesionalismo ni de trabajo bien hecho, y es en parte el problema de algunos gobiernos progresistas (algo que se está tratando de romper muy notoriamente en Bolivia, por ejemplo), como el de Andrés Manuel López Obrador: existen casos flagrantes que no debieron haber sido, como una magistrada al frente de una secretaría tan delicada como la de Gobernación (Olga Sánchez Cordero), que merece un perfil más "policíaco" (con perdón), un "chapulín" al frente de Seguridad y Protección Ciudadana (Alfonso Durazo, ingeniero civil y abogado), otro al frente de Educación Pública (Esteban Moctezuma, economista) o, para no perder la costumbre, alguien ajeno al oficio al frente del Fondo de Cultura Económica (FCE), que incluye una revista de economía, El Trimestre Económico, entregada a "los amigos" por filiación ideológica: Francisco Paco Ignacio Taibo II luce tan mal como Miguel de la Madrid o José Carreño Carlón (abogado), a diferencia de un Arnaldo Orfila, conocedor del oficio de editor. Tampoco queda claro que la decencia haga a una licenciada en lengua inglesa y maestra en administración pública una economista, como Tatiana Clouthier (Secretaría de Economía).A la izquierda puede darse lo mismo que al centro o a la derecha si no se está en una institucionalización sólida: la reproducción de hábitos clientelares arcaicos, y con la ineptitud y el alejamiento de las necesidades reales de la gente como resultado. La falta de profesionalismo y de trabajo en profundidad no es algo que se arregle comprándose a la gente con ayudas sociales, sin organizarla ni darle educación y cultura, ni al amparo de la justificación moral del activismo. Diversas experiencias históricas muestran que intención y voluntad no bastan: hace falta dotarse de las condiciones objetivas para lograr eficacia, lo que no se pudo en la Unión Soviética de 1936, ni en el México de un Partido Nacional Revolucionario (PNR) que estaba llamado por sus fundadores a participar en elecciones competidas. López Obrador pensó en buena medida en "la alianza política más amplia posible", pero siguió siendo "política", por lo demás con frecuencia ligada a "nombres", antes que profesionalismo en el hacer (por cierto hay secretarios completamente ausentes, como el de Agricultura y Desarrollo Rural o el de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano). El estilo, muy presidencialista (lo que no debiera llamar la atención en un país de régimen históricamente muy presidencialista), no deja de ser el del activista, con la arenga y el gusto por irse a pueblear y darse "baños de pueblo": éso no hace un estadista, "persona con gran saber y experiencia en los asuntos de Estado", según la definición más socorrida. López Obrador no tiene estas cualidades, así sea porque tampoco se han requerido siempre en el sistema mexicano (Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón o Vicente Fox tampoco las tuvieron, y se puede ir en realidad más lejos en el examen de la crisis de autoridad en nombre del "antiautoritarismo"). Esta historia continuará...Y que no se llegue a que cualquiera podría estar en la figura...


 




     

sábado, 27 de noviembre de 2021

AFGANISTÁN CAVERNARIO

 Una de las cosas llamativas del presidente estadounidense Joseph Biden está en haber considerado a Irak como invitado a la Cumbre Virtual de las Democracias, considerando que el país de Oriente Medio no existe plenamente como tal.

     Luego de la invasión a Irak, Estados Unidos tomó la decisión de desmantelar el ejército de ese país, con lo que muchos soldados quedaron sin empleo ni paga. Para obtener una, fueron a enrolarse al Estado Islámico de Irak y Levante (EIIL, también conocido como Estado Islámico), sin ser siquiera extremistas, sino incluso antiguos miembros de un gobierno secular.

     Con su reciente retiro de Afganistán, Estados Unidos logró algo similar: la desbandada del ejército, en el que más que "grandes defensores de la democracia" estaba gente medio hambrienta en busca de paga. Estos enrolados no forzosamente se pasaron en masa al talibán. Hay información de que no faltan quienes han optado más bien por enrolarse en el Estado Islámico de Khorasan, también con tal de obtener algún dinero. Este Estado Islámico (ISIS-K, por sus siglas en inglés), si bien por ahora no puede desafiar la fuerza del talibán, podría adquirir si se engrosan sus filas la capacidad no sólo para desestabilizar Afganistán, sino también el sur del Asia Central ex soviética.

      Dada la diversidad del país, no todos comparten la hegemonía pashtún en el talibán. Por ejemplo, el EI-K es una oportunidad para los tayikos de Afganistán, y con la ilusión de infiltrarse en la república ex soviética de Tayikistán para armar problemas. Alguien supo en algún momento lo que hacía, puesto que fuerzas del Estado Islámico derrotadas en Siria por los rusos fueron desplazadas masivamente a Afganistán.

     No hay lugar donde intervenga Estados Unidos que no acabe como Estado fallido, salvo excepciones. Ahí están casos como los de Somalia y Libia. En este sentido, es falso que los estadounidenses se interesen por alguna "construcción de naciones". No es a lo que fueron a Afganistán. Ahora, queda la formidable capacidad estadounidense para tomarle el pelo a la opinión pública: para "ayudar a la retirada", Estados Unidos mandó suficientes soldados a la capital afgana, Kabul, para mantener cierto control sobre lo que acontece en Afganistán al menor costo.

      Recientemente, Estados Unidos ha advertido que el ISIS-K podría atacar Estados Unidos. Es lo que ha afirmado Colin Kahl, subsecretario de Defensa estadounidense. La "idea" es buena para buscar mantener control sobre Afganistán y hacérselo pasar a la dizque "opinión pública", que repercutirá lo que tenga que repercutir.

     Es poco probable que Estados Unidos no haya calculado los efectos de la retirada en Afganistán. Ya se dice en la prensa en estos momentos que los preocupados son los chinos, los rusos e Irán, aunque los primeros se acercaron precipitadamente a los talibanes. La idea de crear problemas en la periferia de la ex Unión Soviética no parece haber desaparecido, a juzgar también por los problemas que se armaron en una provocación con migrantes en la frontera entre Belarús y Polonia y la manera de armar a Ucrania. Estados Unidos sabe calcular sus intereses, aunque le importe poco pensar -y pensar no es calcular- en las consecuencias: si las pagan otros, no aparecerán ni en las noticias. Por cierto, ¿No podría Occidente aliarse con gente algo menos cavernaria que la de esta foto del ISIS-K?



miércoles, 24 de noviembre de 2021

EU: A LIDEREAR, PUES

 Al parecer, no hay muchas formas de entender la democracia y debe quedar, como lo ha querido desde hace tiempo el ensayista mexicano Enrique Krauze, como "democracia sin adjetivos".

     El hecho es que, al ser electo, el presidente estadounidense prometió que Estados Unidos "volvería a liderear" y parece ahora dispuesto a hacerlo con la convocatoria a una próxima Cumbre Virtual de las Democracias a la que están invitados más de un centenar de países. Hay algo desagradable, y es la tendencia a considerar como "no democrático" a cualquiera que se desvíe de una forma única de ver la democracia, desde un punto de vista formal. En rigor, lo mínimo que puede decirse es que el convocante no es demasiado democrático: en primera porque, si la democracia es etimológicamente "el gobierno del pueblo", en Estados Unidos el pueblo es marginal ante la masa; y en segunda porque quien toma las grandes decisiones en Estados Unidos es una plutocracia, junto al inamovible "Estado profundo". Probablemente haya gato encerrado, como lo ha habido en otras gloriosas clasificaciones estadounidenses de lo más simplistas: Imperio del Mal, Eje del Mal, Estados "parias" o "canallas", a conveniencia. Ahora se estila creer que "la democracia está en peligro" no por lo que le imponen los grandes poderes económicos y mediáticos, sino por el surgimiento de una fauna de supuestos "autócratas", "populistas" y "neofascistas". Algo que tal vez se pudiera pedir, para quienes ven fascismo un poco por doquier, es que dejen de colgarse la medalla del combate a este fenómeno: pasó hace tiempo, lo derrotaron básicamente los soviéticos y no es agraciado saludar con sombrero ajeno, mostrando por lo demás un total desconocimiento de lo que fue el fascismo o el nazi-fascismo. Hay ni sé qué nueva manía entre izquierdistas caviar, procubanos y autodenominados "demócratas liberales" a reclamar para sí un intensa lucha contra el "neofascismo" que no pasa de las palabras y las conferencias universitarias. Al parecer, más que de pensar se trata de ponerle etiquetas a los productos ("Cuidado, este producto contiene un exceso de azúcares y de fascismo"). Por lo demás, hartan los llamados a "la resistencia" que por sí mismos no tienen nada o casi de constructivos. Y se pasa por alto tendencias medio fascistoides como la de algún país a declararse "indispensable" o "excepcional" y por ende "por encima de los demás". En fin, nunca es tarde para intentar algo así como un "fascismo amigable".

     Biden incluyó en su Cumbre a Taiwan y no a la República Popular China: más allá de la pifia diplomática, China no puede verse como "democracia" desde el momento en que se ha llegado a considerar que socialismo y democracia se excluyen por definición, así cualquier libro de texto occidental bien nacido reconociera hasta hace pocas décadas que muchos países socialistas se llamaban "democracias populares". Asimismo, se excluye a Rusia por ser una "autocracia", lo que no corresponde en absoluto a la forma de gobierno en Moscú, pero sí al estereotipo que vende. Bien podría decirse que son preferibles las democracias "de negocios", eufemísticamente llamadas de "libre mercado". Turquía está fuera por tantas volteretas y, aunque no deje de causar cierta sorpresa, no se puede incluir a las monarquías petroleras del golfo Pérsico. La inclusión de "organizaciones de la sociedad civil" es una gentil invitación a seguir en el maniqueísmo sociedad civil vs Estado para invitar, cuando se pueda, al recurso de los "golpes blandos".

     El proyecto de Biden se enmarca en algo más ambicioso: rescatar a un capitalismo en crisis -y en particular a los grandes especuladores- con la reconversión a la "economía verde" y la creación del criterio ESG ("ecológico, social y de gobernanza") para orientar con premios y castigos los flujos de dinero a los países del mundo, para ver si "califican o no". Es lo que se trae el gran capital para orientar inversiones y préstamos o cooperación: decidir si un país es democrático, de "libre mercado" y si cumple con los criterios ESG, además. El cambio climático está sirviendo de buen pretexto para hacer pasar el proyecto.

     No queda claro si Biden piensa violar la regla de oro de la beligerancia estadounidense (no abrir nunca al mismo tiempo el frente ruso y el chino), o si piensa "más en grande", lo suficiente para armar un pleito mayúsculo que llevaría a una nueva bipolaridad entre "buenos" y "malos" que los grandes medios de comunicación, la mayoría de la intelectualidad y parte de la izquierda repetirán como pericos, cotorras, cacatúas y papagayos, saturándolo todo con un binarismo que vuelva imposible cualquier razonamiento. Biden va en grande, aunque tal vez a sabiendas de que no puede ir más allá de cierto intento de "disuasión": sus grandiosos planes para Estados Unidos ya se estrellaron con la falta de presupuesto en Estados Unidos, y en esta medida se sigue en lo característico de los Demócratas desde los años '90: el capitalismo del fraude, con toda una pléyade de intelectuales dispuestos a tomarse en serio lo que no es en rigor más que una tomadura de pelo. Amamos cualquier clase de éxito; aunque, para estafar, los Clinton y los Obama eran inigualables en comparación con la parejita Biden (see picture). A ver si consigue despegar.




lunes, 22 de noviembre de 2021

CHILE: EN DISYUNTIVA

 Jugamos como nunca y perdimos como siempre. El ultraderechista y admirador del dictador Augusto Pinochet, José Antonio Kast, se alzó con la victoria en la primera vuelta de las elecciones chilenas, con cerca del 28 % de los votos, lo que no es desdeñable. Le siguió el izquierdista Gabriel Boric, de Apruebo Dignidad (Frente Amplio +Partido Comunista), con casi 26 % de los votos. Pareciera haber en la sociedad chilena una polarización que remplazó a la alternancia de partidos tradicionales, aunque el Comunista es por cierto un partido tradicional. Con Marco Enríquez-Ominami, el progresismo quedó muy abajo, con poco más del 7 % de votos, y mucho dependerá de lo que hagan en la segunda vuelta los partidarios de Franco Parisi (Partido de la Gente), quien hizo curiosamente campaña desde Alabama, Estados Unidos, y se encontraría a la derecha del espectro político.

     La verdad es que no hay tal polarización. No la hay en la medida sobre todo en que Boric, de 35 años, está lejos de representar a la izquierda tradicional, pese al apoyo recibido de los comunistas, y no tiene mayor cosa que ver con los socialistas, ni con alguna corriente de ultraizquierda. Antiguo líder estudiantil, cercano a Giorgio Jackson, a su vez no muy alejado del magnate húngaro-estadounidense George Soros, Boric presentó un programa que parece hecho por algún organismo internacional, y que sobresale por lo nulo que resulta en materia de cultura. Boric está más preocupado por los temas de moda, muy al estilo Demócrata estadounidense: el feminismo, el cambio climático y los pueblos originarios, a tal punto que buena parte de las propuestas en materia de trabajo terminan derivando hacia asuntos de género. Ciertamente, Boric retoma el sentido de las protestas estudiantiles en Chile para fortalecer al Estado en la educación y la salud, pero gran parte del resto está muy orientado al estilo Demócrata ya mencionado, al grado de que hay temas ya completamente ausentes, como el de la orientación de la política exterior, tal vez justamente porque la agenda está "transnacionalizada", a diferencia de la de Kast. Se llega en Apruebo Dignidad a cosas tan simpáticas como la protección de los afrochilenos. Curiosamente, las propuestas económicas de Boric también terminan derivando hacia asuntos de género. No hay novedad: subir algunos impuestos, crear "impuestos verdes", muchas de las propuestas las firmaría con agrado el presidente estadounidense Joseph Biden, aunque, ciertamente también, hay iniciativas interesantes en el terreno del control de la minería del litio y del cobre.

     Se puede pensar sin mucha dificultad que hay suficientes medidas en materia de educación, salud, economía, vivienda y producción del campo para apoyar a Boric, ante un Kast que es más bien un "reincidente". Es falso que Chile haya tenido una "gran tradición democrática" interrumpida luego del sacrificio del presidente Salvador Allende en 1973. La de Chile es una tradición de la hacienda y militarista, algo muy bien demostrado por el estudioso Jorge Larraín, tradición que no dudó por ejemplo en cruentas represiones a los obreros (como la de Santa María de Iquique a principios del siglo XX), ni en usar la traición, de la guerra contra José Manuel Balmaceda a finales del siglo XIX al periodo de Pedro Aguirre Cerda en el siglo XX. No es porque no es bananero que la lucha obrera en Chile no ha tendido hasta cierto punto a ser "de enclave", concentrándose en el norte minero. El pinochetismo no fue una "interrupción", mucho menos anómala, y prueba de ello está en la popularidad alcanzada por Kast en esta primera vuelta de las elecciones. En rigor, Chile no tiene algunas de las bases necesarias para enrumbar hacia el desarrollo, algo distinto de la opulencia a crédito para una parte de la población. El programa de Boric y los resultados Constituyentes pueden enrumbar hacia un cambio democrático-burgués, y no está mal, pero también hay muchos distractores. Como sea, Kast, que no es el fascismo, mostró su fuerza y las cosas se resolverán hasta la segunda vuelta de las elecciones. (Cueca chilena: da click en el botón de reproducción).



sábado, 20 de noviembre de 2021

MORIR COMO EN ENERO

 El muy buen escritor mexicano, Enrique Serna, no exento de pifias como su último libro (El vendedor de silencio), sabe de humor, pero agarra desde hace algún tiempo la costumbre de pronunciarse sobre política de tal modo que parece querer quedar bien -agregándole talento- para ganarse favores, sea en Letras libres o en Milenio. Para Serna, Cuba es una "dictadura" (lo que tal vez sea si se ignora el significado de la palabra), lo de hace algún tiempo fue "una insurrección cívica espontánea" (es muy fácil probar que fue en gran parte orquestada), las manifestaciones en la isla las reprimen "hordas de fascistas" de "pañuelos rojos" (ahora fascismo ya vale para absolutamente todo) y la molestia de los cubanos da en "una revolución de terciopelo" en ciernes (sería la segunda, después de que se conociera para quien lo deseara la forma de operar de la primera en Checoslovaquia, entre otras cosas con muertos inventados), a juzgar por el autor de "el miedo a la rosa blanca", que no deja de apreciar el arte que apoya al "movimiento social" cubano.

      Lo interesante en el texto de Serna es la idea -que lo es- de que los cubanos estarían dejando de ser súbditos para pasar a ser ciudadanos. Es una observación llamativa, hasta cierto punto, a reserva de que seguramente ignora algunas innovaciones de la más reciente Constitución cubana. Se supone que todos los ciudadanos tienen los mismos derechos y que son iguales ante la ley. De este modo, en vez de extraviarse poéticamente en asuntos que no conoce, Serna podría lanzarse a buscar el establecimiento real de la ciudadanía en México y en otros lugares de América Latina. En México, salvo que el asunto se resuelva simplemente votando (y por lo demás recordando que el respeto al voto es algo tan reciente que data apenas de 2018), simplemente no hay ciudadanos, porque la ley no opera para prácticamente nadie, salvo para los poquísimos que pueden comprársela y conseguir por ejemplo amparos para cualquier cosa. Serna puede ver cuántos delitos quedan impunes en México (94.8%, aunque la verdadera probabilidad de que un delito sea resuelto es del 0.9 %, considerando lo que no se denuncia), qué cantidad de gente está en prisión sin sentencia ni culpabilidad (42 % de los presos son inocentes) y cifras por el estilo: desde luego, en condiciones como las descritas no puede haber ciudadanía, por lo que se entiende que Serna habla desde un lugar que no es el de "los derechos y las libertades", México. Podría escribirse un pequeño artículo con algo de poesía -con todo y la muy martiana rosa blanca- para Brenda Quevedo Cruz, víctima de los abusos de poder interminables de la señora Isabel Miranda de Wallace, o para Israel Vallarta, casos que de manera inaudita el actual gobierno mexicano no ha conseguido resolver, mientras se lanza, con verdadera vocación de estilo estadounidense, a montar una Comisión de la Verdad que investigue la "guerra sucia" de 1965 a 1990. Hasta ahora, ni siquiera se ha conseguido aportar algo definitivamente nuevo sobre el caso Ayotzinapa. Es muy difícil de garantizar la erradicación de la corrupción, objetivo del gobierno de López Obrador, si se mantiene un "sistema" de Justicia como el actual, y con una "opinión pública" como la actual: mientras el fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, no consigue terminar de demostrar que los gobiernos previos al actual se dedicaron al saqueo (de la "Estafa Maestra" a Petróleos Mexicanos-Pemex), la oposición está más empeñada en paralizar al mismo Gertz aprovechando sus errores (lo que jurídicamente se conoce como mala fe), como "presunto científico" y otros, aunque no todo es inventado. No deja de resultar alegre defender la gran autonomía de un Poder Judicial que simplemente no funciona, por no decir que no está más que de florero. ¿Que la oposición haya tocado el tema? Está más ocupada en poner orden en Cuba o en Nicaragua.

      Se pueden tomar otros casos. Cualquiera que eche una mínima mirada al modo en que han venido operando todas las dependencias encargadas de impartir Justicia en el Ecuador desde el periodo del anterior presidente, Lenín Moreno, puede darse cuenta de que en el país sudamericano el estado de Derecho simplemente no existe, por lo que puede pensarse que tampoco la ciudadanía. Si es un país demasiado pequeño, puede tomarse el caso de Brasil: la "puerta giratoria" es para todo el mundo. Lo espléndido de casos como el de Enrique Serna está en festejar, rodeado de súbditos (y esperemos que no de algo rayano en la esclavitud), que los cubanos estén pasando de súbditos a ciudadanos, en vez de masacrarse con algarabía en las cárceles, como acaba de volver a ocurrir en el Ecuador (dos motines con 190 muertos en lo que va del año en la Penitenciaría del Litoral). Si es lo que dice Serna, entonces Cuba se está adelantando a parte de América Latina, al menos, donde nadie sale en "60 ciudades y pueblos" a pedir por "los derechos y las libertades". En efecto, tal vez tenga razón Serna: vale la pena que una sociedad se ciudadanice y deje la servidumbre en un océano en donde ni siquiera puede hablarse propiamente de sociedad, porque impera la ley de la jungla. 

    Lo peor está en afirmar que "(...) los herederos del castrismo se aferran a sus privilegios de casta con métodos propios de Fulgencio Batista": muy bien, que se le aplique a cualquier opositor al gobierno cubano lo que el régimen batistiano le hizo a Abel Santamaría. Es de dudarse que "alguien" como Serna lo sepa. El cantautor cubano Silvio Rodríguez le dedicó esta canción (da click en el botón de reproducción) a quien le quemaron los brazos y le vaciaron el ojo para mostrárselo a su hermana. Se reta a quien quiera demostrarlo a que lo haga, o se está hablando por hablar: que el gobierno cubano tiene este tipo de prácticas.



     

AQUÍ NO HA PASADO NADA

 Hablar de la caída de la Unión Soviética, en 1991, es un asunto tabú en lo que se conoce como "Occidente", y se reduce a reaccion...