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jueves, 8 de diciembre de 2022

NUEVO PARTIDO: PERÚ IMPOSIBLE

 Hay gente que muestra sus supuestos atributos democráticos de la misma manera en que los hooligans ingleses han acostumbrado mostrar el trasero: con un insolente rechazo a cualquier posibilidad de transformación social, puesto que ésta no interesa, sino que de lo que se trata es de "inclusión" a un estado de cosas dado.

     En este orden de cosas, no faltan mujeres a las cuales felicitar: pudo haber sido ayer Jeanine Añez en Bolivia, y puede serlo ahora Dina Boluarte en el Perú.

     Ciertas formas de indignación moral también tienen algo de vandálico. Si Alberto Fujimori dió un "autogolpe" en 1992 y disolvió el Congreso, no fue mayormente incomodado. Fujimori gobernó el Perú por un buen rato. Su hija es campeona de la democracia: acaba de hacer su respectivo "striptís" para mostrarnos sus atributos constitucionales, pese a estar metida en líos de corrupción, de lo que no se está hablando (por lo que no importa).

     El depuesto presidente peruano, Pedro Castillo, intentó solicitar asilo en México. Lo que hay que castigar es que el mandatario mexicano, Andrés Manuel López Obrador, haya decidido no chuparse el dedo. Es preferible una exhibición de democracia y gran apego a la Constitución que la posibilidad de hablar de frente. No: lo que se está pidiendo es la participación en un ritual contra Castillo que dura desde antes de que ganara la presidencia. El mejor teibolero para enseñarnos el tamaño de sus pelotas democráticas es Luiz Inácio Lula da Silva:  "entiendo que todo fue remitido en el marco constitucional ", afirmó, para deshacerse de todas sus ropas populares y agregar que lo que se necesita es "diálogo, tolerancia y convivencia democrática" (no importa que así se semeje una invitación a una charla de café), además de una "senda de desarrollo y paz". Un poco más y se quita también la tanga. Digamos que no deja de tener algo de obsceno salir así a decir tamañas palabrotas que no tienen más significado que el de "mostrarse" a los ojos del público. Mesa que más aplauda.

     Pedro Castillo dió un paso en falso, pero no es un secreto que ya lo estaban esperando. En su alocución, es Castillo quien acusó al Congreso de "destruir el estado de Derecho y la democracia". El asunto en ningún momento empezó ayer, sino que duró 16 meses en los cuales el Congreso peruano se dedicó prácticamente en exclusiva a buscar la vacancia presidencial, por lo demás fabricando pruebas a partir de lo que el presidente destituido llamó una prensa "corrupta y mercenaria que difama y calumnia con absoluto libertinaje". Metido en estos asuntos, el Congreso no hizo jamás el menor caso de unas 70 iniciativas de ley enviadas por el poder Ejecutivo para su deliberación. Esto sí se vale, como fabricar pruebas y no dedicarse más que a una sola cosa por más de un año, desconociendo la voluntad popular expresada en las urnas. No queda claro por qué haya que felicitar a los adalides de un "orden constitucional" en el que no se trabaja ni se vela por la mejora del país, sino que se ve únicamente por la división de las fuerzas del adversario hasta lograr su destrucción. ¿Alguien que conozca el contenido de las iniciativas de ley mencionadas? Puede que ni en el Congreso de vividores peruanos.

     El progresista Grupo de Puebla no dijo ni pío, porque Castillo no es del "club", Pifias del tipo se acumulan: dicho Grupo es un grupo de amigotes capaz de buscar organizar un encuentro internacional de solidaridad con Cristina Fernández de Kirchner, pero de callar por completo sobre el hecho de que Castillo estaba siendo objeto de "criminalización" por un aparato de Justicia dudoso. Basta con ver distintos casos: América Latina está viviendo con aparatos de Justicia "a modo", y fallidos (hay casos escandalosos como el del Ecuador, dado el grado de desverguenza, pese a la celebrable vuelta a liberar de Jorge Glas), pero no parece que sean reformables, salvo excepciones muy decididas como la salvadoreña. Por cierto: Castillo se aprestaba a reformar el Poder Judicial cuando desde éste salió la declaratoria de inconstitucionalidad de sus medidas. Es decir: hay que celebrar que se mantenga un "orden constitucional" que no funciona más que para volver al Perú ingobernable, y que data, por cierto, de la Constitución fujimorista. Mejor algo alegre (da click en el botón de reproducción).



      

miércoles, 7 de diciembre de 2022

¿LO ESTAMOS ENTENDIENDO?

 Recientemente, en una ceremonia de premiación, un alto funcionario de la universidad pública afirmó que la ciencia y la ideología están reñidas, además de señalar, palabras más, palabras menos, que la ciencia cuestiona y el poder busca que no lo cuestionen. Es una evidencia, a medias: la ciencia es un cuerpo de verdades establecidas, pero la investigación científica no. Hay poderes que aceptan que los cuestionen, o al menos han existido en la Historia. El funcionario agregó que la ciencia no se hace responsable de lo que suceda con las políticas públicas. Es también una verdad a medias. La "idea" de que la investigación científica es ajena a la ideología es en realidad falsa, pero es una creencia común: La Ciencia no se equivoca, mientras que la ideología está hecha para tomarle el pelo a la gente y embaucarla. Luego de la ideología siguen el negacionismo y las afirmaciones "acientíficas", para desembocar eventualmente en el "conspiracionismo". La Ciencia, en cambio, es el progreso. Incluso en el capitalismo, del que se supone que no hace ideología, sino negocios. Así, lo objetivo son los negocios, lo cual es cierto bajo el capitalismo, así tenga que caerse "La Ciencia".

     Durante la más reciente crisis sanitaria de la Covid 19, se vendió la "idea" de que la solución estaba en la vacuna, incluyendo las vacunas de ARN (m) mensajero, como las de Pfizer y Moderna. La crisis sanitaria habría cedido por la vacunación masiva. Efectivamente, las tasas de personas completamente vacunadas son muy altas en algunos lugares: 75 % en el Reino Unido, casi 70 % en Estados Unidos, la friolera de casi 79 % en Francia, , poco más de 76 % en Alemania, pero también más del 63 % en México. La vacuna habría sido la mejor y, para más de uno, la única manera de evitar complicaciones incluso mortales.

     Si lo anterior es correcto, y no se trata de una creencia vendida con tal de hacer negocios, al grado de bloquear tratamientos existentes sin vacuna, no se explica por qué hay países sin mucha vacunación donde no ha habido ninguna hecatombe: Haití tiene un porcentaje de vacunación de 2,1 %, y es la hora de que la "evidencia" no ha podido explicar por qué el país más pobre del hemisferio occidental no tuvo tampoco mayor mortalidad. Personas completamente vacunadas en Senegal: 7,8 % (y 11,1% con una sola dosis); personas completamente vacunadas en Burundi, donde la crisis sanitaria pasó completamente desapercibida: 0,3 % (igual número con una sola dosis); en Argelia, 14,5 % (17,6 % con una sola dosis). En Madagascar: 6,4 % (6,6 % con una sola dosis). No es que haya negacionismo: en los países mencionados se utilizan remedios contra la Covid-19. Otro contraste: China con casi 90 % de la población vacunada, pero Rusia con 54 %, sin que se haya oído hablar de problemas en el frente ucraniano. Rusia tiene la mejor vacuna, según se ha probado al aplicarla (Sputnik V), ya que a diferencia de otras casi no tiene efectos secundarios. ¿Hay alguno de los países mencionados con tan baja vacunación en donde se haya producido alguna catástrofe médica? En número de muertos, algunas de las catástrofes están en países que vacunaron a diestra y siniestra. Más de 300 mil muertos en México;  más de un millón en Estados Unidos. Más de 200 mil en el Reino Unido.  Casi dos mil en Senegal y 860 en Haití, con 11 millones y medio de habitantes (Senegal tiene  17 millones). No hay que buscar demasiado para mostrar que hay fallas en las "evidencias", y ya habrá ocasión de señalar cómo se vuelve "evidente" lo que conviene al negocio, lo que incluso puede llegar hasta ser "transparente": en efecto, más de uno cree que si le conviene al negocio, es garantía de que le conviene también a uno. Aquí puede entrar el funcionario de la investigación científica en la universidad pública a tratar de demostrar que no es lo propio de la ideología hacerse pasar por lo "evidente".

     Lo mismo sucede con la "evidencia" de que el cambio climático urge a utilizar energías renovables y "limpias", mientras no sea gas ruso. No es que se niegue el cambio climático, pero no hay consenso científico sobre sus causas, pese a que ahora se volverá "evidente" que hay que ponerse al automóvil eléctrico o perecer. A la izquierda, se puede tomar con lamento y sentimentalismo clasemediero, como lo hace el ex presidente uruguayo José Mujica, mezcla de Facundo Cabral, Paulo Coelho y Dalai Lama de la pampa: resulta que los políticos le deben hacer caso más aún a "La Ciencia", como si en el mundo de hoy existiera investigación científica al margen de grandes intereses económicos: la hay, pero no hace "evidencia". Mujica habla con ese desagradable tono de humildad que sugiere al mismo tiempo al imbécil de enfrente: "¿lo estamos entendiendo?".. No es demasiado extraño que La Ciencia y los gurús proliferen al mismo tiempo. Los defensores de La Ciencia, como los de La Democracia de Derechos y Libertades, no hacen más que hablar de evidencias: "es indispensable", es "imprescindible", es "ineludible", es..."evidente". Además, tienen al coro que repite: "es evideeeeente". Lo que semeja un criterio propio, sin que lo haya, es "la marca": marca Mujica, marca Lula, marca Biden, lo que sea que permita ser vedette. Si la puesta en escena funciona, es verosímil, sin que importe que no sea verdadero. Ay de aquél que no consiga hacer la distinción. 1 de cada 73 vacunados en el Reino Unido ya no están para contarlo, así sean cifras oficiales.





lunes, 5 de diciembre de 2022

MÁS DESLACTOSADO, MÁS DESCAFEINADO

 Más de un gobernante actual en el mundo, por no hablar de sus allegados, no lee. No se trata de que se pongan a las novelas de Proust o de Flaubert, sino de que conozcan los dossiers de los asuntos de los que se ocupan, pero no debe ser sencillo cuando se tiene que estar a cada rato en actos protocolarios, viajes y puestas en escena para los medios de comunicación masiva y/o las redes. Lo que sucede es que se contrata a quien haga tal o cual discurso, al que se encargue del "manejo de imagen" y a los asesores que hagan los papeles de "expertís", como se le llega a llamar al asunto. Queda por saber de dónde abrevan los asesores, máxime si las consultas se convierten en otro negocio que se vende. Tal vez no quede claro, pero no siempre hay alguien al timón del barco. No se hunde por los remeros. Entretanto, más de un gobernante, a lo mejor algo consciente de que no conoce mucho del tema que trata, considera entonces necesario envolverlo en demagogia y algo así como un "striptís" de moralina. No queda claro si hay alguien que crea que el presidente estadounidense Joseph Biden lleva el barco, y es preferible que no sea el caso. Puede no ser muy querido en algunos lugares, pero el mandatario ruso Vladimir Putin ya ha expresado sus dificultades para hablar con gente en Occidente que no distingue entre Austria y Australia.

     Es así que se termina por responder no a los problemas nacionales, sino a los organismos internacionales y a medios de comunicación masiva trasnacionalizados, que tienen su "agenda", una curiosa manera de hablar como si se estuviera entre hombres de negocios. Entre tanta "agenda", viaje y protocolo, los problemas mencionados tal vez pueden esperar (más si son "ancestrales"). Es así que, a través del Grupo de Puebla, el progresismo latinoamericano acaba de dar otro giro más a lo que debe ser el "extremo centro" o algo así. La actualización consiste en promover a diestra y siniestra el feminismo como asunto que el ex primer ministro español José Luis Rodríguez Zapatero considera clave,  en buscar la libre movilidad de las personas, tal vez para que puedan entrar a sus anchas en Estados Unidos, en impulsar la transición ecológica, léase las energías renovables ("alternativas") y la lucha contra el cambio climático, e incluir a "nuevos actores sociales". (la referencia al movimiento LGBTTTIQ+ es explícita), sin dejar de lado la desregulación de las drogas. Pasemos sobre la largueza en prometer, por ejemplo una moneda única latinoamericana. En general, no es muy diferente de las creencias de los Demócratas estadounidenses, así se "corte el cupón" de luchas pasadas de vez en cuando: un saludito a Palestina, otro a las Madres de Plaza de Mayo.

     No hay ninguna resonancia para quien se atreva a contradecir. Todos a una contra Nicaragua, por ejemplo, pero silencio cuando el presidente nicaraguense Daniel Ortega pregunta quién eligió al Papa Francisco. Ni la menor mención de lo que ocurre en Haití, hasta que no haya renta o ganancia a la vista, pero tampoco sobre Jamaica o Puerto Rico, que a su modo se caen a pedazos. En realidad, se ha perdido de vista qué sociedad se quiere a futuro. Lo único que se propone es la "inclusión" de los "excluídos" en el estado de cosas actual, salvo para hacer cambios al ritmo de la Agenda 2030 de Naciones Unidas o el Foro Económico Mundial. Esta gente que no está informada, ni parece pretender mayormente estarlo, no ha perdido lo que se aprendió en la segunda posguerra: digamos que, con la "sincronización del ritmo", la necesidad de estar siempre muy "in", nunca "out" -hay que tener éxito y no ser fracasados-, y el gran "sentido de oportunidad". Lo que está haciendo el progresismo es husmear las "ocasiones" para ver qué ventaja puede lograrse en el "margen de maniobra": en vez de aprovecharlo para resolver los problemas desde abajo, "hacer montón" y ruido para llegar a la fiesta. Que luego no se diga que el latino no es aprovechado, aunque haya excepciones, y más de lo que creen quienes están colgados de "lo que hay que tener" para ser un "actor" en el "nuevo escenario". Cuando no es lenguaje de negocios, es de espectáculo. Vaya con las puestas en escena. No son tiempos de harapos (da click en el botón de reproducción)





viernes, 2 de diciembre de 2022

UNA MIRADA

 Poco a poco, las cosas se van alineando en América Latina sobre el estilo estadounidense, que ve mal el "odio". Con frecuencia, se trata de servirse de ésto para descalificar: quien discrepe de la exhibición de ciertas minorías o del feminismo actual será sospechoso de "odiar", por lo que todo argumento queda cancelado. Se supone que la derecha, o extrema derecha, está unida por un sentimiento primario del que obtiene su fuerza, el odio, parafraseando al sociólogo Marcos Roitman Rosenmann. Nada que argumentar: "lo que pasa es que tú...", estás resentido, eres rencoroso, te pones agresivo, resultas conflictivo, y un largo rosario de etcéteras, como antes se tapaba la boca con "eres muy cartesiano", o "lo que ocurre es que eres dogmático".- No es tan nuevo, pero sí muy gringo: no hay argumento, nada más "evidencias" que, de ser contradichas o aunque sea matizadas, llevan a la hoguera del "negacionismo" o del "acientificismo".. De remate, queda la sospecha de que el que odia es "neonazi". Hay que agregar una pizca de defensa de los inmigrantes, sin que quede claro por qué no luchan en su propio país por mejores condiciones de vida, y creen que todo se resuelve con ir a un país central que, se entiende, debe "resarcir" siglos de opresión, lo que deviene en extorsión.

     Hay gente que es galardonada en la universidad pública por esta capacidad para anular el debate acusando al que discrepe o incluso contradiga de "propagador del odio", como lo hace la señora de Wendy Brown, entiéndase que la galardonada Judith Butler, cuyo aspecto no es amistoso, ni especialmente amoroso, como no lo es el de muchas mujeres estadounidenses. Para Butler, resulta que en el mundo actual "el odio se eleva a posición política". En medio de una ensalada que mezcla todas las modas, como si fuera realmente imposible distanciarse de "la agenda" (contra el cambio climático, la violencia feminicida...), Butler es premiada por ver, tal cual, un "auge del fascismo", sin que resulte claro dónde, ni qué se entiende por fascismo, al menos que se esté alertando contra grupúsculos. Del presidente estadounidense Donald J. Trump no puede tratarse: dejó la presidencia. El brasileño saliente Jair Bolsonaro también. Del presidente ruso, Vladimir Putin, menos: lo que no se condena es el descarado e histórico nazismo ucraniano. Tal vez quede quejarse de Víktor Orbán en Hungría, aunque ciertas defensas de valores tradicionales o conservadores no hacen forzosamente un "auge del fascismo". Al menos que sea tanta la "evidencia" que no haya nada que argumentar, ni debatir.

     Las cosas no se imponen: no es "evidente" que haya que reivindicar el aborto por sí mismo (en todo caso, mucho se puede debatir sobre el tema), ni que haya que admitir lo LGBTTTIQ+ sin argumentación de por medio, dejando las cosas al "te gusta o no te gusta", ni que haya que estar de acuerdo con la ideología de género (por ejemplo en su dimensión de paridad de género, que puede muy bien discutirse), salvo, insistamos, en que se trate de algún condicionamiento y, en esta medida, de extorsión (al mismo título en que se habla de "extorsión de plusvalía"): uno puede negarse a querer un "plus", como el de la señora Butler, por el solo hecho de sostener lo queer y sugerir que hay formas larvadas de corrupción, como el otorgamiento de ciertas "licencias" o "autorizaciones", dadas por "libertades", a cambio de ir callándose sobre otros temas y de que los infantes no vean lo que hacen los progenitores, más allá del cambio climático, la violencia feminicida, el rechazo contra los inmigrantes, la lucha de los pueblos originarios y el racismo. Curiosamente, aquí se gana ese "plus" que no se obtiene denunciando ya no digamos la tan llevada y traída pobreza, sino los ataques contra el poder de compra, los salarios, los sindicatos, los empleos, las prestaciones sociales, el derecho a la calidad de vida (el tema cayó en el olvido), a la educación y la salud. No: la "cuestión social" está fuera y no muy lejos de volverse tabú, al igual por cierto que el derecho de vivir en paz, es decir, con seguridad.

     No es que haya que alabar a quienes ven "comunismo" o "socialismo" donde no lo hay, pero no queda claro el por qué creciente de "prioridades" que no incumben más que a una ínfima minoría de gente, como en el caso del movimiento LGBTTTIQ+, o de ciertas "fijaciones", por llamarlas de algún modo. Lo que está claro es el deslizamiento hacia formas de deshonestidad, como la que consiste en alertar contra el "auge del fascismo", con tal de impresionar. Tampoco es muy convincente que un Juan Carlos Monedero diga que en una marcha en la Ciudad de México vió "odio" y en la del presidente "mucho amor". Quien considere que un mandatario no debiera andar haciendo de activista es entonces una víctima del "desamor", o algo así. Parece nimio, pero es la anulación del debate en plena democracia: el "amor" seguramente deba darse por la "evidencia buena" contra la mala del "odio", por lo que se está en la franca caricatura de buenos y malos. Como en los supermercados y otros lugares de consumo, es el baile de las etiquetas.

      Desde luego, se negocia la costumbre  licenciosa, signo de estatus, contra el tabú de la explotación, libertad cada vez mayor del patrono. Y de remate, el trabajador como un "diferente" más: ¿pero una sociedad se sostiene por el trabajo o por el sexo, el color de piel, incluso el nivel de ingreso o la "alteridad"? En todo caso, esta expresión de Butler no es agradable: fraude, prepotencia y desverguenza just around the corner.




lunes, 28 de noviembre de 2022

AQUÍ SE VALE DE TODO

 El tirano mexicano Porfirio Díaz (era más propiamente un tirano que un dictador) utilizó el pretexto de "injurias contra el presidente" para encarcelar en su momento al opositor Francisco I. Madero. Esto lo recordaba hace poco la señora de López Obrador, actual mandatario de México. Señora intocable, por cierto, para la oposición.

     López Obrador lo dijo en su más reciente celebración, otra vez como activista y no considerando mayormente su investidura, y es cierto: México es un "país de libertades" y entre ellas está garantizada la de "disentir". Vamos, hay libertad de casi cualquier cosa, hasta para la transgresión. Tan es así que la señora declaró a través de un tuit que "las ofensas al presidente son parte de la tolerancia y la pluralidad gubernamental".

     En la actualidad son tales las libertades que se puede decir cualquier cosa sin siquiera responder por lo dicho, que está hecho para "impactar" y no para ser respaldado por hechos o para asumir consecuencias. Es uno de los grandísimos logros de los medios de comunicación masiva. Una ofensa es algo fuerte: tiene una connotación de insulto, injuria, daño y, lo que es más, humillación. Pero ahora "perdonamos a quienes nos ofenden", en un país donde la gente con dinero y poder no duda de nuevo en humillar al que es considerado inferior, lo que antes se manejaba con cierto cuidado para "no despertar al México bronco". Gracias a que éste despertó hace rato, al parecer se vale ofender y se debe tolerar, aunque la señora habló por su espíritu sesentaiochero y no por su esposo, quien alguna vez en el sexenio salió a defenderla de una de las raras ofensas de las que fue objeto. Por lo demás, en la ofensa se descalifica, lo que cierra la puerta a cualquier debate. En suma: la señora escritora e investigadora desconoce el significado de lo que dice, puesto que implica que al ofender se cancele el debate que en principio es propio de una democracia, al menos que no sea más que una "conversación pública", es de esperar que no al estilo del programa radial "La corneta". Lo que quiso hacer la señora es darse aires de gran demócrata, sin importar el contenido de lo dicho. La cosa es impresionar, crear impresión.

     Y es que impresionar es lo que predomina cuando mandan los medios de comunicación masiva. No se escapa López Obrador: el AIFA (Aeropuerto Internacional Felipe Angeles) es "el mejor aeropuerto del mundo" , el Tren Maya es "el tren más largo del mundo" y el programa "Sembrando Vida" es el proyecto contra la desforestación "más grande del mundo". Cosa del "humanismo mexicano" -que no se tratará de entender-, ahora se habla como gringo: todo es "mega", "súper" y friki, un asunto "monstruo", de la misma manera en que la oposición y sus medios tratan de demostrar que México está "peor que nunca" y ante una corrupción si no igual, entonces "peor que antes": López Obrador es un mega-súper-friki-autoritario, un sediento "monstruo de poder", adornado como "seráfico doberman" o como "sicofante". El contenido es lo de menos: hay que "impresionar". Algunos hablan de tal manera que parecen ya no poder salir de la fuerte impresión que tienen de sí mismos: Carlos Loret de Mola sin reparar en que casi da chillidos, o Jorge Ramos arrastrado por su ritmo de AK-47 verbal, al grado que las palabras se enciman unas con otras hasta irse tropezando; Fernando del Rincón es el típico que cree que en los ojos claros está inscrita una licencia para la prepotencia y hablar desde el Olimpo. !Qué impresionante! Se vale difamar, calumniar, etcétera, sin responder por nada: al fin y al cabo, como lo quiere la señora, se está en la tolerancia. Hace tiempo, el marido entendía cierta diferencia: tolerar puede ser válido si está incluido el respeto, pero ya se olvidó que "la forma es fondo", y se envidia al gringo en su aspecto desvergonzado. Defenderse de un sinverguenza es "ser autoritario".

     Como de lo que va es de estilo de Estado Libre Asociado, a la desverguenza se suma algo más bien asimilado del exterior: la "negligencia benigna", parte curiosa del nuevo estilo del "humanismo mexicano" en algunas dependencias. "Di lo que quieras, no puedes hacer nada", así que, en serio, sigue discurriendo, más en una sociedad que, así esté americanizada, sigue creyendo en el carácter mágico de la verborrea. "Di lo que quieras, los medios de comunicación están conmigo", así que "!no pasarás !"; o dí lo que quieras, "el pueblo está conmigo y !no pasarás!". Tolerarte es verte la cara. No es la actitud presidencial, que es frontal y respeta si reconoce en el otro a un interlocutor, así sea en conflicto. Es algo muy distinto de afirmar que se permite ofender, es decir, que se tolera la transgresión del mínimo respeto debido (Loretito es el rey de la transgresión). Todo montado sobre añejo (da click en el botón de reproducción). !Me ofenden porque me envidian!



sábado, 26 de noviembre de 2022

AHORA, EL BREVE ESPACIO EN EL QUE ESTÁN

 El camino de las armas puede parecer al mismo tiempo el más difícil y fructífero, porque es semillero de héroes y mártires. En estas fechas, por diversos motivos, cubanos y gente cercana a ellos no ha dejado de vanagloriarse de lo logrado pese, se entiende, a que "los dogmas" y "la ortodoxia" (del Partido Socialista Popular -comunista) indicaban un cambio pacífico. Seguramente más de un comunista podía estarse equivocando antes de 1959, año del triunfo de la Revolución Cubana, al creer en una "alianza con la burguesía" cuando América Latina, por decirlo de alguna manera, estaba más atrasada que éso, no habiendo tales "burguesías".

     Al mismo tiempo, salvo en el caso de Nicaragua en 1979, y en una experiencia distinta de la cubana, no hubo triunfo de las armas en América Latina después de 1959. No lo hubo a pesar de que hasta ahora se recuerde con bien a quien promovió guerrillas un poco por doquier en la región, Manuel Piñeiro. Las visiones distanciadas existen, pero no por parte de los cubanos, que nunca supieron explicar a cabalidad tanto fracaso en las intentonas armadas, ni los muertos que provocaron, a la izquierda. En vez de un mínimo de crítica, lo que se distingue es el espíritu sesentaiochero y la costumbre de reiterar en el anticomunismo. Publicado en el portal de Alainet, el artículo "Fidel y el marxismo de la Revolución cubana: rebelión contra los dogmas", entronca muy en el estilo del 68 al concluir que Fidel dejó "como lección eterna de incalculable valor que para una revolución lo más sensato y recomendable , es decir, lo mejor, será siempre luchar por lo imposible".

     Ser héroe se convierte en fuero: no se puede pedir explicación del fracaso de tantos movimientos armados en América Latina. Tampoco se puede pedir explicación de que en algún momento alrededor de los '80 Fidel prometiera la llegada de un comunismo que no se produjo. Nadie le señaló al héroe su incansable quijotismo, al grado de retratar a la América Latina como un lugar de "volcanes en erupción" frente a la deuda externa que acabó pagándose varias veces. Tampoco se entienden las fallas reiteradas del "profeta" de los No Alineados que pronosticó lo que nunca llegó para el Tercer Mundo. Como lo muestra el artículo citado, de Marx y Lenin, Fidel no conocía demasiado. Es así que, hay que recordarlo, Fidel Castro terminó por decir que se hablaba de "socialismo" sin que nadie entendiera de qué se hablaba, según las propias palabras del héroe. Viene a cuento porque, pese a la voluntad mayoritaria de los cubanos, de socialismo no se habla casi entre intelectuales e incluso dirigentes políticos de la isla. De lo que se habla más es del levantamiento del bloqueo (que es un embargo), arma de dos filos. Y, claro está, de José Martí. Nunca se dice lo que dijo Martí de Marx al morir éste, acusándolo de propagar "el odio". Algunos autores poco tomados en cuenta para discutir han hecho notar las diferencias entre Marx y Martí, y lo que podría llamarse la manía del "suplemento de moral": alguna frase edificante del apóstol como sustituto regular del análisis. Vamos: pueden existir frases, pero no hay pensamiento de Fidel Castro porque era un hombre de acción -y de mucha palabra- poco dado a la teoría. Para ser más concretos, a diferencia de Stalin, que dejó así fuera de manera didáctica varios libros, Fidel no dejó más que discursos y frases hechas para la Historia. Ni siquiera algo como el "pequeño libro rojo" de Mao en China. Seguramente no sea fácil teorizar cuando en la práctica, junto a logros indudables, se tienen también errores que no se quiere abordar y no se hace más que reclamar adhesión incondicional. Lo que hace Cuba con Fidel y Martí llama la atención entre gente que, por antisoviética, anticomunista o las dos cosas, seguramente jura detestar el "culto a la personalidad".

     Pero aquí viene un viejo asunto que más de un intelectual cubano no puede dejar de sacar hasta hoy, que no ha pasado el anticomunismo. Decía de los comunistas de su tiempo el Che Guevara: "son capaces de crear cuadros que se dejen despedazar en la oscuridad de un calabozo, sin decir una palabra, pero no de formar cuadros que tomen por asalto un nido de ametralladora". Bueno, Stalin afirmaba: "es más fácil fusilar que poner a trabajar", y Raúl Castro se despidió del secretariado general del Partido Comunista de Cuba diciendo que, al parecer, la isla es "el único lugar del mundo donde la gente piensa que puede vivir sin trabajar". Llegará el momento de que los "rebeldes" tengan que rendir cuentas sin tener a la mano comunismo al que culpar. Porque son décadas de los mismos problemas que no se resuelven en Cuba y que se tapan con "ideología", cuando no es pura fraseología. La fama latinoamericana de la promesa que se queda en puras palabras es algo que ha logrado trascender a la región. Primero tomar un nido de ametralladora que trabajar, salvo que sean tiempos que se están yendo. Por cierto, ¿cómo ha podido haber tanto oportunista con la muerte de Pablo Milanés, "Pablito" para los de la isla y allegados, encontrándose al lado de los homenajes de The Washington Post y The New York Times, sin tapujos?¿O es que sigue escondido que algunos en la isla no piensan diferente de lo que Milanés decía abiertamente, al punto de declarar que el sistema cubano había fracasado? Es muy gracioso hacer el balance de los comunistas: falta todavía un poco para hacer el de los "nacional-populares", hoy en el extremo centro y en la frecuente deshonestidad (como el presidente venezolano Nicolás Maduro hablando de socialismo en su país), y haciendo lo que los "demócratas liberales", descalificar al menor desacuerdo, impidiendo todo debate. Queda el "poeta de lo cotidiano" (da click en el botón de reproducción).



miércoles, 23 de noviembre de 2022

A LA QUE FALTA

No es tan difícil entender la repercusión internacional por el reciente fallecimiento del cantante cubano Pablo Milanés, de la Nueva Trova. Ante todo, la izquierda no se aleja de las costumbres de otros, que declaran a sus amigos y preferidos "indispensables", así que Eugenia León, cantante mexicana, decidió que Milanés es un "imprescindible".
      Milanés se había alejado de la Revolución Cubana, a la que criticaba con argumentos más bien simplones, entre otras cosas despotricando contra "la ortodoxia" y la "generación histórica". No es que no se deba criticar, pero el también trovador Silvio Rodríguez, por ejemplo, suele ser menos trivial: recientemente pidió que a los jóvenes se les bombardee menos de "tanta ideología", asunto éste en el que el oficialismo cubano es insoportable, repitiendo a diestra y siniestra lo mismo. "Cuando oigo hablar de cultura, saco a Martí y a Fidel", podría ser el lema.
      Milanés dijo haber estado en "campos de concentración" (las UMAPS, Unidades Militarizadas de Ayuda a la Producción), pero no lo eran, sino que se trataba de campos de trabajo forzado: no es agradable, pero no es lo mismo. Lo que siempre fue ocultado es por qué Milanés fue a parar allí, porque no se trataba de selección al azar. ¿Por qué nunca se dice todo?
     En gustos se rompen géneros y hubo, hasta cierto punto, varios Pablo Milanés, desde el comprometido de "Yo pisaré las calles nuevamente" hasta el que supo recrear con gran gusto la música cubana tradicional en Filin y álbumes hermosos como los de Años. Había en ésto raigambre popular.
     Al mismo tiempo, en los años '80, Milanés acompañó con su música el reflujo de la izquierda y el retiro a "la vida cotidiana", de lo más clasemediero y desde luego que opuesto, diríase posmodernamente, a los "grandes relatos". Ahí sí, el señor se volvió grande, opacando al resto de la Nueva Trova, incluido Silvio Rodríguez. Ya no había que ocuparse de transformar el mundo, sino del hecho de que "todavía quedan restos de humedad/sus olores llenan ya mi soledad". No era necesario ser de izquierda para "El breve espacio en que no estás", ni para "Yolanda", así que hasta Margarita Zavala le pudo dedicar a Felipe Calderón, el ex presidente mexicano de derecha (Acción Nacional), unas palabras de Milanés, de la canción "Amor". Milanés terminó siendo, así, básicamente patrimonio de las clases medias latinoamericanas y sus lugares comunes sentimentales, hasta con el grupo Maná (Querido Pablo). Nunca se ha hecho un álbum intitulado Querido Silvio, porque era seguir con el "gran relato", por ejemplo en "El necio". Si acaso quepa lamentarse de que Silvio Rodríguez haya decidido llevar la fiesta en paz con su hijo disidente en Estados Unidos, Silvito El Libre, pero no mucho más. Por quedarse en la isla, Silvio Rodríguez ha dejado en claro que no es "Silvio El Preso". Ni está tan preso, ni Silvito es tan libre.
     Milanés debutó después de todo con el soporte de la Revolución, pero no le fue leal, y no es "miserable" recordarlo. Lo que sí lo es consiste en encumbrar a Milanés no nada más por ser "víctima" de una Revolución y criticarla, sino por encarnar, a fin de cuentas, una "libertad de escoger" muy "neoliberal", sesentera y clasemediera. "No ha sido fácil", cantó alguna vez Milanés. Pero no está de más preguntarse de nuevo por qué no hubo nunca un Querido Silvio. No era la Revolución Cubana, que lo enalteció, lo que atraía en Milanés, si es que es posible discrepar, en vez de ponerse a comulgar en la supuesta evidencia de un "imprescindible", otra imposición, y por ende de ideología (da click en el botón de reproducción, de la serie cubana "Algo más que soñar").


AQUÍ NO HA PASADO NADA

 Hablar de la caída de la Unión Soviética, en 1991, es un asunto tabú en lo que se conoce como "Occidente", y se reduce a reaccion...