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miércoles, 19 de abril de 2023

MURIÓ CARLITOS MARX

 "La maña" es el nombre que gente de México le dió alguna vez al crimen organizado. Aquí no se trata de crímenes, pero sí de mañas. "Bulos de indulgencias", como decía el poeta Octavio Paz, es lo que se gana con la maña. Ya se ha dicho, los seguidores de Paz no están exentos, como no lo estaba el mismo Paz.

     La izquierda hace lo mismo, con el mismo ánimo de "trascendencia" mal entendida: para cubrirse de gloria, hacerse de clientelas, pasarla bien, ahorrarse cualquier crítica -ya no se diga contradicción- e irse al cielo para tener fieles eternos. Puede tomarse el caso de un "ideólogo" de la autodenominada Cuarta Transformación mexicana, Enrique Dussel, filósofo, no exento de cargos ni de vínculos con universidades estadounidenses. De acuerdo con su Wikipedia, que seguramente tiene revisión "oficial", Dussel es autor de "más de 50 libros", lo que, aunado a otros logros (400 artículos, sin que se precise de qué tipo), lo convierten en "uno de los más prestigiosos pensadores filosóficos americanos del siglo XX". El problema está en que los 50 libros simplemente no existen: en Wikipedia están enlistados 41, en algunos casos con llamativas repeticiones, y sin que falte una antología, algo distinto de libro de autor. Cuando se aborda la minuciosa página Web del autor, los libros pueden contarse varias veces, si se incluyen las traducciones. El típico método de la maña es contar un solo libro varias veces, según el número de traducciones: un libro en español traducido al inglés y al coreano da así por resultado la supuesta autoría de tres libros, aunque no es exactamente el truco de Wikipedia con Dussel, considerado en una reciente antología universitaria como "el Hegel de Coyoacán", sin corrección alguna por parte del pensador. Si fuera un ser humano, Dussel podría ser visto en sus virtudes y defectos, y quedaría al tiempo decidir su sitio en la historia de la filosofía, latinoamericana, mundial o lo que se quiera. No parece que a Dussel le incomode la lisonja ni la construcción del "personaje".

     Recientemente falleció, también cubierto de gloria, el sociólogo e historiador mexicano Pablo González Casanova. El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) , en su "Adiós a Pablo González Casanova", escribió que éste "fue autor de más de una veintena de libros editados por CLACSO", aunque no hay mención más que de tres con opción a descarga en el sitio Web de la organización. Luis Hernández Navarro, en otra despedida, "un gigante llamado Pablo González Casanova", lo señala como autor de 24 libros. El problema está en que en Wikipedia hay 12, que, para quien la conozca, corresponden aproximadamente a la obra del también ex ocupante de numerosos cargos. No queda claro cómo hicieron las cuentas CLACSO y Luis Hernández Navarro, para llegar a 20 o 24, cuando pueden llegar aproximadamente a 13, 14 o 15. En medio de estas mañas, la universidad lo declara "hombre que influyó determinantemente en la vida democrática de nuestra nación", y su antiguo centro de trabajo destaca "su vasta obra académica  fundamental para el desarrollo de las ciencias sociales en México y el mundo" (!). No queda claro si la gente que se dedica a estas mañitas también es, desde luego, tan crítica del culto a la personalidad como lo era Paz (!), o si siente la irresistible necesidad estadounidense de convertirlo todo en Mac, Súper, Mega, Freak o Combo. Dussel es un monstruo de las ciencias sociales, y González Casanova lo era, aunque se cuela el provincianismo de nombrar a uno el "Hegel de Coyoacán".

      No es que en las Américas se tenga un especial sentido de la medida, del laconismo o de los límites. No es nada especial contra los ejemplos mencionados. Es nada más que el tiempo decide (como decide de lo humano y lo inhumano), y los Hombres no pueden tomarse por dioses. Se sabe, por lo demás, pero se dirá de manera "lateralizada" (en rumores y por la espalda, también para rebajarlo todo), según la expresión que usaba Luis Donaldo Colosio Murrieta. Y sin que importe lo más mínimo la persona, aunque del segundo quepa esperar que no terminen de perderse los Colegios de Ciencias y Humanidades (con click en el botón de reproducción).

PD: los tabasqueños tienen fama de no ser zalameros ni ganagracias, así que tal vez el presidente López Obrador, o su personaje, crean que es normal declarar a Elena Poniatowska "la mejor escritora de nuestros días" y una "santa laica". No es tan seguro, ni tan ajeno al amiguismo.


martes, 18 de abril de 2023

CHILE: TIEMPO PARA EL CIGARRITO

 Muchos países latinoamericanos, con excepciones contadas, viven en un clima de inseguridad permanente. Es lo que le ha estado ocurriendo a Chile, pese a que se supone que es un "modelo". El presidente chileno, Gabriel Boric, no logra lidiar con muchos de los problemas del país sudamericano, aunque da lecciones internacionales de democracia.

     América Latina es una de las regiones del mundo donde más y peor (con alto estrés laboral, como en México) se trabaja. Sin embargo, Chile acaba de lograr la reducción de la jornada laboral a 40 horas. Tal vez Boric quiera colgarse la medalla, pero la iniciativa fue presentada en 2017 por las diputadas comunistas Karol Cariola y Camila Vallejo, hoy portavoz gubernamental. Dicho sea de paso, Vallejo ha dicho, con razón, ver con buenos ojos a Rafael Correa, hoy ex presidente ecuatoriano, y Evo Morales, ex mandatario de Bolivia. Habida cuenta de la juventud de estas dirigentes, no son ajenas a ciertas modas, pero tal pareciera que no se ha agotado la capacidad organizativa de uno de los partidos comunistas tradicionalmente más fuertes de América Latina, con muy poca experiencia comunista. Para redondear, fue la actual ministra del Trabajo, la también comunista Jeanette Jara, la que entabló negociaciones con la oposición para que saliera avante la reforma de la jornada laboral. Nada más dos países de América Latina tienen una jornada laboral igual: Ecuador y Venezuela. Muchos otros están en las 48 horas.

     Contra lo que pudiera creerse, la reducción de la jornada laboral no es para el ocio, aunque también cuenta. Trabajar menos supone, por ejemplo, tener más tiempo para ocuparse de los hijos, educarlos y acompañarlos en sus tareas escolares. También puede ser tener más tiempo para que la persona que trabaja pueda, si lo desea, estudiar o seguir haciéndolo. Es igualmente menos tiempo en transporte para llegar al lugar del trabajo. No es nada más cuestión de hacer más agradable el trabajo, aunque también cuenta (menor deserción, mayor puntualidad, etcétera). Pese a reticencias, las empresas tienen la forma de adaptarse al cambio, en particular modificando turnos.

     La aprobación de la ley, que sufrió modificaciones, se aplicará progresivamente en los próximos cinco años y beneficiará a casi cinco millones de trabajadores, en un país de poco más de 19 millones de habitantes, así que no es algo menor. Tampoco es algo que consista en sembrar el terror o instalar la penuria: las caricaturas sobre lo que hacen los comunistas no son más que éso, y es libre quien quiera de quedarse con una mentalidad no muy capaz de ir más allá del cómic. En recuerdo de Víctor Jara (da click en el botón de reproducción).



sábado, 15 de abril de 2023

ADENDA

  Como ya se ha dicho, en 1939, en previsión de una agresión a Leningrado, ciudad a 32 kilómetros de la frontera con Finlandia, la Unión Soviética quiso negociar un intercambio de territorios con el país escandinavo. Fracasadas las negociaciones, estalló la "guerra de invierno" -llegaba a darse con temperaturas de hasta 43 grados bajo cero- y a principios de 1940 se saldó con la victoria soviética. Se ha retratado esta guerra como una heroica resistencia finlandesa frente a un ejército soviético incapaz.

     Si bien Finlandia se mantuvo formalmente neutral durante la Guerra Fría, abandonó esta posición desde los años '90, no desde que tropas rusas entraron en el Este de Ucrania. Para deshacer ciertas creencias, es necesario señalar lo siguiente.

     La primera ministra de Finlandia, Sanna Marin, que es muy joven, es totalmente ignorante, al grado de que declaró en la televisión que "Finlandia fue a la guerra con Rusia y ganó", hablando de "Rusia" por "Unión Soviética", y ya mencionados los resultados de 1940. En 300 años, Finlandia no ha ganado ni una sola guerra de las que ha librado. Marin tiene alrededor de 37-38 años. Tenía 34 al llegar en 2019 al cargo. Marin llegó a la cabeza de una coalición de cinco partidos, todos liderados por mujeres. Marin puede tener el país más feliz del mundo, pero no parece importar mucho, como tampoco en otros lugares, no tener ni idea de cosas básicas de Historia.

     Al parecer, tampoco hay gran idea de lo que pide Estados Unidos, que ha tenido históricamente su "pequeña América", sede de espionaje, en un país de apariencia neutral como Suecia. Finlandia tiene que estarle comprando armamento a Estados Unidos, pagando de su bolsa -la finlandesa, claro- la pérdida de independencia.

     Todo ésto viene sucediendo no nada más en países escandinavos, sino también gracias a políticos mujeres: Magdalena Anderson en Suecia, Marin en Finlandia, pero también Kaya Kalas en Estonia e Ingrid Simonite en Lituania (Báltico), sin contar con las maneras agresivas de la alemana Ursula von der Leyen, a la cabeza de la Unión Europea (Comisión Europea) y ex ministra de Defensa germana. No es cosa de mujeres, pero, en este caso, se han mostrado más agresivas que hombres en los cargos.

     El entendimiento convenido de Finlandia (Memorándum) directamente con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) data de 2014, antes de la entrada rusa en Ucrania, y tuvo lugar mientras el Parlamento finlandés estaba de vacaciones. El texto, después de todo, jamás fue presentado al Parlamento. En orden de aparición, primero surgió el acuerdo "contra la amenaza" y luego "la amenaza", lo que no deja de ser un poco extraño. Estas cosas pasan gracias a que, desde 2014, los medios de comunicación masiva finlandeses (periódicos y TV) han estado bajo un control riguroso, asumiéndose además como algo superior al "cuarto poder" que ya es. Hay formas sutiles pero efectivas de censura.

     La OTAN ya tiene derecho de actuar en suelo finlandés, e incluso de "ataque", pese a que Finlandia no es miembro pleno de la organización militar. Todo indica que, a veces, se tienen creencias erróneas sobre los escandinavos, porque mucho indica que quienes dirigen actualmente Finlandia no tienen una idea clara de lo que hacen, ni la cabeza mínimamente despegada de los medios de comunicación masiva.



miércoles, 12 de abril de 2023

BIENESTAR PARA LA FAMILIA

 Ha llegado a causar sorpresa que Suecia y Finlandia hayan anunciado su incorporación a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), porque se asocia todo lo que sea escandinavo con "neutralidad", aunque es inexacto. Lodos dos países mencionados tienen problemas inveterados con Rusia, aunque éste país no los ha amenazado de nada y tienen una situación diferente de la de una parte de Ucrania.

      Uno de los recuerdos que queda en la historiografía es la penosa "guerra de invierno" de 1939 entre la Unión Soviética y Finlandia, de la que este país ha querido salir embellecido. En realidad, a finales de 1939, los soviéticos buscaron negociar un itercambio territorial que protegiera con una "zona tapón" la ciudad de Leningrado (hoy San Petersburgo) de un eventual ataque. Resulta que Finlandia se alió con los nazis, cosa poco dicha, y que desde 1935 acogió aeródromos militares para atacar a los soviéticos. Los nazis y países occidentales presionaron a Finlandia para hacer fracasar las negociaciones propuestas por la Unión Soviética, que efectivamente invadió el país escandinavo en noviembre de 1939, y se llevó una victoria difícil algunos meses más tarde, en marzo de 1940. La "pobre Finlandia" no había sido neutral, sino muy amiga del nazismo alemán. Antes, había formado parte del "cordón sanitario" antibolchevique, a partir de 1918-1919.

     Suecia fue neutral desde el siglo XIX. Hubiera podido permanecer completamente neutral durante la Segunda Guerra Mundial, pero no fue del todo así. En junio de 1940, Suecia permitió el paso de equipo militar y personal alemán para atacar Noruega. A raíz de la ofensiva nazi contra la Unión Soviética en junio de 1941, una división de infantería alemana llegó a Finlandia desde Noruega, a través de territorio sueco. Suecia no dejó de comerciar con Alemania durante la guerra. Hacia el final de la guerra, Suecia prefirió ayudar a los aliados. Lo dicho no quita que Suecia haya llegado a tener una política exterior positiva durante la Guerra Fría, y que encarnara Olof Palme, socialdemócrata, pero sin dejar de cooperar estrechamente con la seguridad estadounidense y la OTAN. Apenas terminada la Guerra Fría, Suecia se fue involucrando en la política de "defensa" de la Unión Europea (UE), a la que se adhirió en 1995.

     Islandia nunca ha sido neutral. Noruega fue atacada por los nazis, y no ofreció mayor resistencia (los alemanes se tomaron el territorio noruego en dos semanas). Hubo voluntarios noruegos al lado de los nazis contra los soviéticos. El nazismo no se privó de tomar represalias contra los noruegos que se le opusieran. Invadida casi al mismo tiempo que Noruega, Dinamarca se rindió a los nazis en un santiamén. Con ello, la Alemania nazi se aseguró el control del acceso al mar Báltico y, dado que no se interrumpió el comercio con Suecia, el transporte del mineral de hierro sueco a territorio germano.

     El tema del bienestar en los país escandinavos es harina de otro costal, y tiene que ver en parte con lo contrario de lo que pregona el llamado "neoliberalismo". Baste comparar el alto gasto público noruego con el mínimo de Sudán del Sur.



domingo, 9 de abril de 2023

LO QUE ES Y LO QUE NO ES

 El socialismo es un sistema originalmente pensado no para "los pobres", ni para "l pueblo", sino para los trabajadores, algo bastante distinto. No todos los trabajadores son pobres, ni todos los pobres son trabajadores. El pueblo es más vago aún, designando algo así como "los de abajo", pero no remite al trabajo, por lo que también hay parte del pueblo que no trabaja. Además, cuando se habla de trabajadores, es de los productivos que se trata, no de los improductivos: es decir, de los que crean un "plus", si se lo quiere llamar así, para quienes lo convierten en ganancia para beneficio propio. Han existido intermitentemente experiencias socialistas, pero, al darse en países atrasados, se han mezclado con reivindicaciones más amplias, de corte nacional-popular. China no es hoy un país que reivindique a los trabajadores, y a bastantes los trata mal. Cuba y Vietnam son sobre todo resultado de movimientos de liberación nacional, incluso anticomunistas (como el movimiento 26 de Julio que triunfó en Cuba en 1959). Se trata de procesos "populares", a riesgo de que se confundan además con "las masas", siendo que éstas no fueron del interés del marxismo fundador, tampoco, como no lo fueron "los pobres" ni "el pueblo", ni siquiera "los asalariados", contra lo propuesto en éticas comunitarias como las de Enrique Dussel. No todo asalariado es un trabajador productivo.

     Los "demócratas liberales" no tienen más que caricaturas sobre el tema, reduciendo el socialismo a "terror y escasez" (y a falta de papel higiénico), a estas alturas, e incluso pese a lo que revelan de verdadero los trabajos de archivo: mucho menos terror y, también, periodos de relativo bienestar social. En algún momento, en los inicios, los trabajadores del campo y la ciudad fueron privilegiados, como en la Constitución soviética de 1936, antes de que el sovietismo fuera a dar simplemente un régimen "de todo el pueblo", una vaguedad y con demagogia.

     Fuera del "terror y la escasez", lo propio de la caricatura de "demócratas liberales" y de la izquierda progresista, está la creencia de que el socialismo, confundido además con "el comunismo", puesto que se trata de descalificar e infundir temor -no ha habido jamás país comunista alguno-, se apoderará de toda propiedad privada. Ya entradas en sembrar ellos el miedo, los clasemedieros "momios" de Chile en tiempos de Saklvador Allende (1970-1973) o de avance electoral de Andrés Manuel López Obrador propalaron -en la alcaldía mexicana Benito Juárez, por ejemplo- que de lo que se trata es de expropiar desde las viviendas de la clase media hasta de que el Estado se lleve a los niños (decían los "momios"). No ha sucedido. El marxismo no postula la abolición de la propiedad privada sino de manera muy general: se refiere no a la vivienda, el automóvil o propiedades por el estilo, sino a otra cosa, los medios de producción, algo muy distinto, de tal modo que la propiedad privada nunca ha desaparecido en los regímenes socialistas, pese a su tendencia, por motivos diversos, a ser socialismos de Estado. El problema de la propiedad privada no es "en sí", sino cuando sirve de instrumento para que unos pocos, por ser dueños de medios de producción, se adueñen de la riqueza producida por muchos, a quienes se les niega la posibilidad de disponer del fruto completo de su trabajo. El problema, dicho de otra manera, está en los mismos que hacen creer -lo que además les funciona- que es "la riqueza que crea riqueza", mediante la decisión de invertir y crear ingreso y empleo. Es decir, se cree que es el dinero que crea dinero, o que "el dinero trabaja". La idea socialista no está reñida con el derecho del propietario privado a disfrutar de lo ganado con su trabajo: en este caso, la propiedad privada no plantea problema. Otra cosa es disfrutar de lo que no se ha ganado con el trabajo propio, sino con el de otros, para limitarse a "cortar el cupón", lo que ocurre en el capitalismo actual que, no es ningún secreto, es un "capitalismo de accionistas", lo que da por cierto cierta ilusión de que la crisis se resolvería con "capitalismo productivo".

     En el sentido de lo dicho, no hay problema en reconocer los derechos legales a la propiedad privada, con toda certeza jurídica, lo que no implica, en cambio, en el socialismo (a diferencia de lo que ocurre con los regímenes nacional-populares), evitar la propiedad privada de medios de producción (para convertir ésta, y nada más ésta, en área de propiedad social). La "dictadura del proletariado" no es más que una fase transitoria (y dictadura no quiere decir forzosamente "terror", como lo mostraron por ejemplo algunas dictaduras militares reformistas en América Latina, pero ni siquiera se trata de militarizar, si se considera el sentido exacto de la palabra "dictadura", proveniente del mundo romano: los dueños de medios de producción pierden sus privilegios, que suelen incluir la protección del Derecho, comprado). Esta transición debe garantizar el paso de la propiedad estatal a la social, lo que se buscaba por ejemplo a finales de los años '30 en el sovietismo. No es así en los regímenes nacional-populares. La propiedad social no es que "todo sea de todos", algo sobre lo que Marx fuera enfático (son más bien los hippies, los partidarios hoy del "poliamor" o los destrampes de la alta sociedad que socializan hasta las mujeres, de lo que se burlaba Marx, llamando al respeto de la vida privada de cada uno). En la propiedad social hay una parte muy personal para cada uno, inviolable, de acuerdo no a la "redistribución" desde arriba, sino al reconocimiento del mérito en el trabajo, a las capacidades y, de ser ineludible, a las necesidades de cada uno. No es una comuna, ni Woodstock.

     Desde luego, mucha gente es libre de preferir otro sistema y optar por uno en el que se toman decisiones sin consultarla, sin brindarle siquiera certeza en la propiedad, y sin valorar el trabajo ni recompensar el mérito, incluso contra las primeras orientaciones del capitalismo. Lo que no es seguro es que esta opción carezca de consecuencias, pero puede ser necesario que terminen de aparecer para que se deje de creer por conveniencia, o por ignorancia (juntas son dinamita) que, después de todo, se está en el "menos malo" de los mundos. Es el mejor camino a la deshumanización, si la humanización se gana en la idea de que siempre puede haber algo mejor.

     Socialismo no es "obrerismo", porque trabajadores productivos los hay en muchos sectores, y no nada más en el industrial, ni es "campesinismo", por el mismo motivo. No es "miserabilismo": muchos trabajadores productivos no viven en la miseria, y ni siquiera en la pobreza, por lo que tampoco es pleito casado con "la clase media", en la que hay de todo. Es, en lo fundamental, rechazo a las relaciones de explotación, es decir, al hecho de que quien trabaja no pueda decidir del fruto completo de su trabajo, porque se trata de una injusticia, por más que no falten quienes estén dispuestos a aceptarla por necesidad, o por ambición. La explotación se define de manera simple como "utilización de una persona en beneficio propio", o para la Real Academia, como "aprovecharse injustamente de otro para su propio beneficio"en particular en el ámbito del trabajo. Tras la fachada de "tener intereses" y perseguirlos, en el capitalismo está legitimada la relación de explotación -más si el egoísmo está de lo más naturalizado- en las más distintas dimensiones de la vida social, incluso en aquéllas en las cuales el explotado tiene muy buenos ingresos, pero difícilmente ignora a costa de qué.



jueves, 6 de abril de 2023

ENCUENTRAN LA CUADRATURA DEL CÍRCULO

 Por Constitución, Rusia no puede asumir ninguna ideología. Si en Occidente se declararan valores oficiales por decreto, la gente se ofendería: muchos, en el relativismo más absoluto, creen que la definición de valores es un asunto estrictamente personal. Es así porque se ha perdido de vista el espacio público, copado por los intereses privados de grandes medios de comunicación masiva.

     Por extraño que parezca, Rusia ha decretado oficialmente, desde finales del año pasado, cuáles son los "valores tradicionales" y cuáles rechaza. Contra lo que se cree, no es tanto un asunto religioso. Lo de "tradicionales" suena absurdo, habida cuenta de lo que era la Rusia zarista, pero la definición oficial no se refiere nada más a ésa. Entre los "valores tradicionales" decretados en Rusia están colocados de tal manera el colectivismo (lo está), al igual que la ayuda mutua, que por momentos pareciera copiar el Código Moral del Constructor del Comunismo, de 1961. Curiosamente también, se defienden valores cívicos, ganados durante el periodo socialista (aunque los turistas rusos tengan los peores modales, junto con los estadounidenses), el patriotismo y la defensa de los más débiles y desprotegidos.

      Pese a que la Federación Rusa es capitalista, se opone, oficialmente, al egoísmo (mencionado tal cual), la permisividad y la inmoralidad. Cuando le hablan de moral, lo único que entiende Occidente es del derecho de cada quien a decidir lo que hace del ombligo y la espalda para abajo, así que, ciertamente, en Rusia se defiende la familia fuerte, la pareja de hombre y mujer y el rechazo a los asuntos LGBTTTIQ+. Uno de los motivos es que Rusia hace lo que puede para detener la caída de la natalidad y premiar las familias numerosas.

     Es interesante que se promueva el respeto por la gente mayor,el cuidado especial de la niñez, el respeto mutuo y la continuidad de las generaciones. También se incluyen la justicia y el trabajo creativo, otra prolongación del socialismo.. De raigambre religiosa están "la prioridad de lo espiritual sobre lo material" y la misericordia. Herencia también de un pasado no muy remoto, más que del zarismo, es el objetivo de una buena convivencia entre las nacionalidades y las religiones que integran la Federación Rusa.

      Puede parecer extraño, pero en parte se expresa en estos "valores tradicionales" el rechazo a lo que era el socialismo en las dos últimas décadas o poco más, antes de caer: el materialismo más chato, la falta de escrúpulos, la carencia moral y la disposición a la chapucería (el embuste) de buena parte de la burocracia, pero también de buena parte de la población, bastante vulgar. El mercado negro, el enriquecimiento súbito y la mafia no salieron de la nada. Por algo, quienes no vieron más que "éso" creyeron que esa descomposición, con un poquito para todos, era el socialismo. Un escritor como el bielorruso Vasil Bykov consideraba en estas circunstancias que había que "fusilar a todos los comunistas". Es decir, acabar con los campeones de la chapucería, sin que exista un solo texto de marxismo o leninismo que la alabe.

     No deja de llamar la atención que sea por decreto oficial que se deben difundir los valores descritos, si hay alguien para hacer caso: en la educación y en los medios de comunicación masiva locales. Lo que tienen de especial estos valores es que van en sentido contrario de un capitalismo que tiende más bien a propagar el egoísmo, la falta de misericordia en la competencia por el estatus, la injusticia en la explotación, la dificultad para el trabajo creativo y todos los medios que sean para hacerse de dinero, además del muy tranquilo atropello a los débiles y los desprotegidos. Rusia dice no tener ideología, pero sí, es la cuadratura del círculo. De todos modos, son valores que hacen cierto sentido frente a lo que impera en el capitalismo. El Documento oficial ruso habla de humanismo, algo muy deseable, pero no muy compatible con la descomposición del socialismo, el capitalismo salvaje de los '90 y la carrera posterior por entrar a una vaga abundancia.




sábado, 1 de abril de 2023

A LA RUSA

 Nikolai Pátrushev es un hombre muy poderoso en Rusia, cercano al presidente Vladimir Putin y secretario general del Consejo Nacional de Seguridad. Palabras más, palabras menos, esta personalidad declaró recientemente que Rusia puede volar Estados Unidos si la existencia del Estado ruso se encuentra amenazada.

     Hay un tema que tal vez sea difícil de entender: la Constitución rusa prohíbe que las autoridades asuman cualquier postura considerada "ideológica", por lo que es entendible que no quede más que ceñirse oficialmente a la "defensa del mundo ruso". Lo que no queda claro es el contenido, puesto que no es sencillo definirlo sin caer en la "ideología". Para Pátrushev, lo que distingue a Rusia es "un equilibrio razonable de valores espirituales y morales y desarrollo socioeconómico", lo que es bastante vago, aunque se entiende que gran parte de Occidente no se preocupa demasiado de valores espirituales y morales, al menos entre los gobernantes. Rusia se plantea así como moralmente superior frente a un Occidente decadente, en una visión que ya existía en el siglo XIX. "Rusia -ha dicho Pátrushev- molesta a un grupo de gobernantes mundiales porque tiene ricos recursos, un gran territorio, un pueblo inteligente y autosuficiente que ama a su país, sus tradiciones y su historia". Si se trata de la Federación Rusa, aún no queda clara su historia dentro de lo que fuera la Unión Soviética, y no hay con frecuencia más que una laguna de varias décadas, algo de nostalgia de "gran potencia" (para lo que cabe Stalin, mucho más que Lenin) y la muy ideológica costumbre de escupir sobre todo lo que sea socialismo. Lo que queda, habida cuenta de las restricciones constitucionales, es la alabanza de "valores tradicionales" de los que habría que saber si son exclusivos del "mundo ruso". Hasta cierto punto, hay un dejo de oposición del "espíritu" al "materialismo", reacción algo comprensible habida cuenta de lo que fueron los últimos tiempos de la Unión Soviética.

     Como no hay "ideología", las autoridades rusas no han definido lo que están construyendo, si lo hay, más allá del "desarrollo" de Pátrushev, un ex agente de seguridad a quien se le convenció que con el capitalismo es posible la "sociedad de dos tercios": en el socialismo alcanzaría para todos, pero muy poquito para cada uno, mientras que en el capitalismo 2/3 esta proporción tendría muchísimo más, aunque habría que ocuparse de ayudar a un tercio restante desfavorecido, vulnerable o como se quiera llamar. No lo dicen las autoridades, mucho menos a voz en cuello, pero Rusia es un país capitalista, queda por saber si de Estado, es decir, lo que para algunos era la Unión Soviética. Otros consideran que Rusia tiene, más simplemente, un capitalismo "político", al igual que China. 

     Parte del problema con este tipo de capitalismo está en que es corrupto, por más que Putin haya mantenido a ciertos oligarcas a raya, por cierto que por motivos de seguridad. Otros simplemente no encuentran más que dos maneras de hacer riqueza: la renta de hidrocarburos y otras riquezas minerales, y el muy poco halagador negocio de "sobreprecios" en los contratos con el Estado, pese a que algunas inspiraciones de tiempos zaristas veían con malos ojos la costumbre de hacerse de negocios desde arriba, es decir, desde el Estado. No es liberal, ni de libre competencia, ni desde abajo, aunque a diferencia de los 90 no es mafioso. Para decirlo con valores tradicionales, espiritual y moralmente: no se roba, sino que se obtienen "rentas", o "se gana al entrar" (nombre espiritual de la sobrefacturación de un proyecto con financiación estatal para luego comprar barato en el extranjero y entregar un producto de baja calidad). En perspectiva, la corrupción no disminuye, sino que los sobornos aumentan, pese a que hay dependencias encargadas de luchar contra la corrupción. No es un secreto que el gobierno de Putin no hace demasiado en esta materia, pese a que el mandatario ruso ha ofrecido "escupir como a moscas que revolotean cerca de la boca" a los oligarcas antipatrióticos. Tal vez una situación externa de menor presión permitiría hacer reformas en profundidad en el terreno mencionado, pero mientras tanto, escupir sobre décadas de pasado es una manera de mantenerse en dos cosas: la promesa de 2/3 y los privilegios para unos cuantos. Claro que el robo no tiene mayor ideología.  Así va el sano equilibrio ruso entre el gobierno y la gente, lo que no implica aprobar la creencia de que es nada más algo "a la rusa". Son maneras distintas de hacer negocios, considerando que en "Occidente" se está lejos de lo impoluto. (en la foto: Pátrushev).



AQUÍ NO HA PASADO NADA

 Hablar de la caída de la Unión Soviética, en 1991, es un asunto tabú en lo que se conoce como "Occidente", y se reduce a reaccion...